Konichiwa minna-san! Lamento haber tardado tanto en subir el capítulo u.u… pero entre los parciales y los finales no había tenido tiempo de pasarlo a la máquina. Bueno, como dije, este es último capítulo. Pero no se preocupen, prometo hacer más ff de esta pareja… cuando tenga algo de tiempo .U. Había iniciado uno, me quedó demasiado OOC así que lo dejé, pero ya tengo otro en la cabeza y sé que, esta vez, quedará lo suficientemente aceptable para publicarlo o.ó.

Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece. Todo es propiedad de Akira Amano.


-¿Me llamaste, Gokudera?- Pregunté al ingresar a su oficina.

Él se veía bastante ocupado. Los papeles inundaban su escritorio y su tipeo sobre el teclado de la notebook era tan veloz que apenas lograba ver sus dedos. Se veía estresado, agobiado y de muy mal humor.

-Al fin apareces, maldito intento de samurai- dijo apenas levantando la mirada mientras continuaba trabajando- ¿Dónde están tus informes? Debiste haberlos entregado hace horas!

Solté una carcajada y rasqué mi nuca. El decirle la verdad podría costarme la vida, viendo la actitud que tenía. Pero si pusiera una tonta excusa y él descubriera la verdad por cuenta propia, no sólo me mataría, también me torturaría.

-Bueno… jajaja aún no los he empezado a hacer- respondí.

Podía sentir el aura oscura que su cuerpo emanaba en aquellos momentos, el cual comenzaba a volverse punzante. Se sentía como si alguien te estuviera clavando una espada en el pecho. Reí nuevamente para suavizar el ambiente, aunque no tuve demasiado éxito con ello.

-Es que… el viejo tenía mucho trabajo y no podía dejarlo sólo y…-en cuanto sacó la dinamita, decidí callarme e intentar detenerlo.

-Estupido baseball freak! Eres un inútil! Hasta la Estúpida Vaca y el Cabeza de Cesped han hecho ya su trabajo!- gritó mientras se desquitaba con la pobre madera de su escritorio.

-Gomene gomene… prometo tenerlo listo para esta noche- dije intentando tranquilizarlo, sonriéndole como siempre. Aunque, por alguna razón, eso parecía enojarlo más.

-Eso no basta, Idiota!- Dijo ya casi resignación, masajeándose la sien.

Parecía realmente cansado y más nervioso de lo normal. Conociéndolo, "por el bien del Jyuudaime y de la familia Vongola", se estaba sobreesforzando, presionándose más del o que debería para tener todo absolutamente listo en tiempo y forma. Así de perfeccionista era Hayato cuando se trataba de la familia.

-Hayato parece muy estresado ¿Por qué no descansas un poco?- le sugerí sonriéndole

-Cállate idiota. ¿De quién crees que es la culpa?- me respondió y, entonces, pareció darse cuenta de algo que lo molestó nuevamente- ¿Cuántas veces te tengo que decir que aquí no me llames por mi nombre?

Solté una carcajada. No entendía porque Hayato se empeñaba tanto en mantener nuestra relación en secreto a los demás, especialmente a Tsuna.

-Ma ma… ¿Hayato necesita que lo ayude a descansar?- le cuestioné, comenzando a acercarme "peligrosamente" a él.

Él notó mis intenciones y me miró de forma amenazante. Reí, sabía perfectamente lo que estaba pensando. Cuando llegué a su escritorio, me incliné hacia delante, quedando nuestros rostros demasiado cerca.

-No te preocupes. Nadie vendrá en estos momentos, Hayato- comenté, rozando nuestros labios provocadoramente…

Cabeza de pulpo!-Gritó sempai al entrar a la oficina sin tocar la puerta antes.

Nos quedamos congelados con su intervención inesperada durante un segundo, sin embargo, Hayato reaccióno a tiempo, empujándome hacia atrás. Eso había estado cerca… quizás, y con suerte, sempai no lo había notado.

-Toca la puerta antes de entrar, cabeza de césped!-gritó Gokudera molesto.

-Pero eso no sería extremo- se quejó sempai.

Reí por la situación, aunque aquello molestó más a Hayato quien me dedicó una mirada de "vete".

-Iré a hacer mis informes-comenté, mientras me dirigí a abandonar la oficina, deteniéndome por unos instantes, al llegar a la puerta.- Gokudera…

Al llamarlo, tanto él como Ryohei sempai me miraron por mero instinto. Sonreí.

-Ti amo- le dije en su idioma natal que hace poco había aprendido por cuestiones laborales.

Hayato se sonrojó y desvió su mirada para evitar mostrar aquello. Sempai parpadeó sin entender. Era una suerte que él aún no supiera italiano. Por alguna razón, supe lo siguiente que Hayato diría.

-Idiota…- murmuró ante lo cual sonreí divertido y luego abandoné su oficina.

No importa cuando tiempo pasase, Hayato nunca cambiará, pero está bien, porque por eso mismo lo amo.