He aquí con un nuevo capítulo! Gracias por sus comentarios, chicas! estos me animan a seguir escribiendo ;D
Bueno, este capítulo es sumamente diferente a los dos anteriores, espero les guste de igual manera!
Avertencia: Desde ahora en adelante la categoria M se verá claramente y en este capítulo ocurre una situación sexualmente violenta, si no te gusta, te aconsejo no leer.
Disclaimer: Tanto los personajes como el mundo de Harry Potter no me pertenecen, ya que, si fuera así, ese epílogo no existiría y Harry y Draco estarían juntos, felices y llenos de amor (y sexo), pero lamentablemente son propiedad de JK y WB, yo sólo los manipulo un poquito.
Ahora, a leer se ha dicho!
III
Así paso más de una semana entera, llena de evasivas y silencios. Amigos alterados y movimientos precavidos. Salidas nocturnas de Harry y tardes en soledad por tu parte, tratando de analizar las primeras. A pesar de decirle a Harry que lo apoyas, no muestra interés por tu ayuda.
El verdadero problema es que tu sentimiento competitivo se vació completamente en Draco Malfoy.
Él debe ser tuyo.
Al principio comenzó con un deseo de humillación y ansias de venganza, pero aquella paja que tuviste anoche ahora dice otras cosas.
Eso te altera.
Es verdad, los celos debido a Harry continúan, al igual que el inmenso cariño hacia Hermione, sin embargo el deseo hacia tu enemigo rubio es cada vez más patente. No has dejado de espiarlo y observarlo. Él no se ha metido con ustedes y eso es lo que más deseas, poder demostrar de forma agresiva la represión sexual a la que te sometes. Sólo un intercambio de palabras groseras ayudaría aunque sea un poco a aquel empalamiento que te da cuando le ves.
Volviendo al ahora, en este momento te encuentras en Defensa Contra Las Artes Oscuras. Tu cabeza es sostenida por tu mano, tu mano por la presión del codo contra la mesa. No has dormido bien últimamente y por lo que viste la última vez que fuiste al baño, en el espejo, unas enormes ojeras se sitúan bajo tus ojos.
Tu compañero de banco – es decir, Harry – da una patada exasperada a la mesa. Recibe una mirada reprobatoria por parte de Snape, que no puede restar puntos a Gryffindor porque significaría interrumpir a su alumno Blaise Zabini, quien responde, al parecer de forma correcta, una pregunta hecha anteriormente. Igual sabes que antes de finalizar la clase, la casa de los leones habrá perdido por lo menos 75 puntos.
Ves que, disimuladamente, Harry deja un pedazo de pergamino sobre tus, casi nulos, apuntes. Una notita, al igual que el jueves antepasado –hoy ya es lunes- y no puede ser nada nuevo. La abres.
"Es todo. Va más de una semana y sigues igual… ¡además no nos has dicho lo que pasa! Le diré a Snape que te sientes mal. ¡Parece que te han lavado el cerebro! Lo lamento, Ron, ya es demasiado."
Acto seguido, Harry levanta la mano, captando de inmediato la atención del profesor.
- ¿Si, Potter? ¿Acaso tiene algo que agregar? – pregunta con ironía.
- No, señor, pero Ron no se siente bien, ¿puedo llevarlo a enfermería?
Snape posa su mirada en ti.
- Oh, ¡qué sorpresa! El señor Weasley sí puede verse peor – se burla, causando una gran cantidad de risas por parte de sus estudiantes de Slytherin.
Recuperas un poco de color, sonrojándote por la vergüenza y la rabia. Te muerdes la lengua tratando de detener el centenar de frases que mueren por insultar a ese murciélago
- Bien, bien, señor Weasley. Será llevado a enfermería. - dice, pero al ver como Harry se levanta, corrige – Será llevado a enfermería por el señor Malfoy.
El aludido da un saltito a su mención. Había estado serio, concentrado en sus pensamientos, pero al escuchar la orden dada por Snape su ceño se frunce y la expresión de asco no se hace esperar. Su padrino le dice con la mirada que no tiene otra opción, provocando que se levante, con las manos en los bolsillos se dirija a la puerta y te mire con exasperación.
El ya tan conocido retorcijón baila en tu estómago.
- Vamos, Wasley que… - iba a decir algo ofensivo, lo sabes, pero se detuvo abruptamente. Salió del lugar, imaginaste que te estaría esperando fuera.
Te levantas, fingiendo frustración, no la sientes, es tu oportunidad.
De soslayo miras a Harry, tratando de tranquilizarlo. Tú no serás el perjudicado en este paseo. Se queda perplejo ante tu mirada alegre. Ahora su preocupación lleva a su mirada hacia la puerta, tus pasos la siguen en la misma dirección.
Antes de salir, una voz grave habla.
- Ah, y 50 puntos de Gryffindor por la interrupción. Siga con su descripción, Zabini.
Bufas.
Ya te encuentras afuera.
El rubio te espera al lado de la puerta, apoyando superficialmente su cuerpo en el muro. Manos en los bolsillos, gestos relajados y sus hermosos ojos grises fijos en algún punto del suelo.
- No tienes por qué acompañarme, Malfoy, sé llegar sólo – dices con brusquedad, pero rezando internamente por un milagro que le hiciera querer ir contigo.
Malfoy sube la vista de repente, no se ha percatado de tu presencia hasta ahora. Su rostro se recompone, frunce el ceño y levanta sus barreras.
- Suena tentador, Weasley, pero si lo hago resultaré perjudicado y no me apetece tener más problemas – responde, para luego empezar a caminar. Le sigues.
Lo miras de reojo, sólo a unos pasos de su cuerpo. Te sientes poderoso, eres mucho más fuerte que él y tu estatura y musculatura son considerables.
Ahora, si no mal recuerdas, por aquí había… ¡Bingo! Sala en desuso a la vista. Está tan cerca de la puerta, sólo un empujón y listo, todo lo demás es tarea sencilla.
1… 2… 3… y te acobardas.
¿Qué harías? ¿Cómo lo harías? ¿Debes seducirlo? Tu experiencia es nula. Cierto que has visto uno que otro material porno y algo sabes del tema, pero esto excede tus conocimientos. ¡Por Godric, es un chico! ¡Y encima Malfoy!
De pronto, algo de tu antiguo yo se hace notar.
Asco. Repulsión. Odio hacia esa persona.
Eso es lo que te ha invadido cuando pensaste en lo que tendrías que hacer para llevar a cabo tu plan. Todos los días has organizado el momento paso por paso, mil veces y siempre cambia algo, pero ahora, teniéndole tan cerca, teniendo la posibilidad de hacer tus fantasías realidad, te has angustiado. No quieres hacerlo…
Niegas con la cabeza, disipando toda idea que pertenecería a un cobarde, eres un gryffindor y debes ser valiente para poder enseñarle a Harry y a Malfoy de lo que eres capaz.
- Weasley, ya llegamos. – le escuchas decir, deteniendo tus pensamientos. ¿En serio la enfermería se encontraba tan cerca? Ni cuenta te has dado.
- Ehh… bueno, gracias – dices casi sin pensarlo. Lo ves pestañear sorprendido.
- Ya, ahora sí he comprobado lo enfermo que estás – se cruza de brazos y sonríe sarcástico.
Viene la frase ofensiva. La esperas y mentalmente ingenias cómo contraatacar.
Te quedas esperando.
- Bien, como ya estás "a salvo", vuelvo a clases. – y, sin decir más, da media vuelta y se aleja con ese andar tan sofisticado y seductor.
¿Es que acaso no se da cuenta de que con eso te hace enloquecer y dejar tus impedimentos heterosexuales de lado? Y no sólo eso, su aire de chico malo y abusivo, combinado con su belleza externa, lo hacen irresistible y sacan más de un suspiro, caso que te ha incluido en estos últimos doce días. Quizás no sientas lo mismo que cuando estás con Hermione – definitivamente no estás enamorado de él –, pero este deseo carnal es inmenso y no puede ser dejado de lado.
Te preguntas seguido cómo pudo tu interés en los hombres ser tan rápido y repentino. Una noche pensabas en que sería un plan perfecto, una estupenda idea y a la mañana siguiente te sientes atraído por tu mejor amigo y por tu enemigo.
Esto tiene sólo una explicación: magia.
Al nacer y ser criado en el mundo mágico conoces perfectamente lo poderosa que es la magia, que no tiene límites. Muchas veces tus padres te contaron que cuando quieres algo con desesperación, ésta hace todo para ayudarte a cumplirlo. Sin embargo, sólo te ayudará, no es como cuando pides un deseo que se cumple de inmediato. En este caso, anhelas tanto superar a Harry, que cuando pensaste en el cómo, tu magia adaptó tu cuerpo, hormonas, sentimientos y todo lo que conlleva para que te sientas atraído por las personas del sexo masculino.
Levantas la mirada, Draco Malfoy aún está a la vista. Tus piernas son largas y no te demorarías en alcanzarlo. Casi sin darte cuenta, comienzas a caminar. Ya estás cerca. Estás a su lado. Agarras su túnica, tiras de ella. Abres la puerta de la sala en desuso y lo empujas dentro. Haces un hechizo para cerrar la puerta y otro para silenciar el lugar. Ambos dentro, silencio, acorralado. Ya está.
- ¿Qué demonios, comadreja? ¡¿Es que acaso tu cerebro se averió por completo? – te reclama poniéndose de pie, ya que lo has tirado prácticamente al suelo. Comienza a sacar su varita…
- ¡Exmpelliarmus! – conjuras de inmediato, lanzando su varita a algún lugar de la habitación y, antes de que hiciera un accio - ¡Incárcero! – las manos del rubio quedan fuertemente amarradas con cuerdas, al parecer el Ejército de Dumbledore te ayudó bastante a fortalecer tus reflejos.
- ¡Suéltame, tarado! ¡Gritaré! Cuando se enteren de esto…
- Por mucho que grites, nadie te oirá… y dudo seriamente que quieras que alguien se entere – empiezas a avanzar en su dirección, causando su retroceso. Quieres dejarlo sin salida, aprisionarlo contra la muralla, él te lo facilita.
- Weasley, le informo a esa cabeza tuya que si lo que deseas es matarme, más de alguno se dará cuenta – dice irónicamente, aún calmado y con una sonrisa de superioridad, aún así sigue caminando hacia atrás.
- Oh, Malfoy, matarte no es precisamente lo que te quiero hacer… - listo, su espalda ya tocó el muro, con tus brazos a la altura de su cabeza lo encierras, debe saber que no tiene oportunidades de escarpar sin varita, atado y con tu corpulento cuerpo impidiéndoselo. Acercas tus labios a su oído - ¿Qué tal si hacemos algo más placentero?
Se tensa al fin.
- Ni se te ocurra, Weasley. No sabes lo que estás haciendo, te arrepentirás y no tienes idea en lo que te estás… - tapas su boca con tu mano izquierda.
- Shh… - chitas tratando de parecer sensual – mientras más relajado estés, más lo disfrutarás. He sabido por ahí que los hombres no te disgustan para nada – Continúas diciendo junto a su oreja.
Sientes un fuerte dolor en tu mano, aquella que le impedía hablar a Malfoy ha sido mordida por el mismo.
- Un hecho es que me gusten los hombres y otro muy diferente es que me gustes tú. No lo hagas - te mira con un odio tan letal que te sientes orgulloso.
"¿Qué tal, Harry? A ti nunca te ha mirado así."
Pegas tu cuerpo al suyo, demostrándole la semi erección causada por su persona mientras la presionas contra su pierna. Sus rostros están tan cerca que sientes su dulce aliento chocar contra tus labios, lo que te calienta aún más, pero no te provoca ansias de besarlo, eso no lo haría alguien que tiene tus intenciones.
Las manos atadas del rubio te dan un golpe en el estómago. No te duele porque tu torso está lo suficiente trabajado como para dañarse, aún así consideras que esas manos son peligrosas y las ubicas arriba de la cabeza de Malfoy, sujetadas con fuerza por tu brazo izquierdo.
Desabrochas su túnica y comienzas a acariciar su torso. Tus labios se sitúan en su cuello y los besos que das dejan un camino ensalivado.
- Weasley, he dicho que te detengas, realmente no sabes lo que haces… las consecuencias que traerá – dice tratando de zafarse aunque aún se ve calmado. Ejerces presión sobre él.
- ¿Alguna vez has hecho caso cuando digo algo? – preguntas recibiendo nada más que silencio de su parte - ¿Ves? Entonces, ¿por qué debería yo hacer algo que tú dices?
Con ayuda de tus dientes y la succión de tu boca le dejas una perfecta marca en un sector poco más arriba de la clavícula. Resalta tanto en esa perfecta piel pálida…
- Para que no olvides lo que va a ocurrir a continuación… - sonríes con maldad. ¡Dios, ya no pareces tú! ¿Qué te ha pasado, Ron?
De forma no verbal mandas a la túnica desprenderse automáticamente del cuerpo del rubio y va a caer al lado de sus cuerpos. Él sólo queda en pantalones. Te relames.
Haces un hechizo para que los brazos del chico se mantengan arriba y tus dos manos y lengua descienden lentamente por su pecho. Está bien esculpido, tiene forma, pero no musculatura excesiva. Tus dedos se entretienen jugando con una tetilla. Ups, quizás has apretado demasiado, ya que escuchas un gemido de dolor por su parte. Sonríes.
Sigues bajando hasta que te topas con el pantalón, lo desabrochas con lentitud.
- ¿Hasta dónde quieres llegar? – te observa desde arriba con repulsión y asco. Está serio a pesar de todo, ¿acaso no tiene miedo?
Estás enojado, quieres que sufra por todo lo que les ha hecho a ti y a tus amigos, que se sienta tan humillado que no se atreverá a pasar frente a ti, que su orgullo sea pisoteado de tal forma que quedará hecho una vergüenza.
- Me detendré cuando ruegues que no siga, suplícame que no continúe.
Malfoy no habla, es por eso que bajas sus pantalones. Esperando su respuesta, juegas con el elástico de sus calzoncillos y al no obtenerla, los bajas. Quedas frente a frente con su miembro.
- Vaya, veo que alguien está deprimido por aquí. Felicitaciones, Malfoy, te lo tenías guardadito ¿ah? Lamento decirte que el mío no está en las mismas condiciones – le muestras el bulto bajo tus pantalones.
El odio en los ojos del slytherin aumenta, sólo que ahora se dirigen a un punto fijo detrás de ti.
A pesar de que no entra en tus planes darle placer, te incorporas y vuelves a lamer su cuello mientras tu diestra aprisiona su entrepierna y comienza a moverse de la base hacia la punta, sabes que eres bueno haciéndolo, pues ya tienes mucha práctica contigo. Lo sientes tenso, aún más que antes, imaginas que se muerde la lengua para no gemir pues algo está despertando allí abajo y por mucho asco que le des al rubio, una paja sigue siendo una paja.
Cuando la velocidad es más potente y su miembro se ha endurecido lo suficiente, te detienes, sabes que lo has frustrado. Mejor para ti.
- Y ahora, Malfoy, me toca a mi – dices y, antes de que replicara, lo das vuelta dejándolo de frente a la muralla.
- Weasley, enserio espero que no tengas pensado hacer lo que creo. ¡¿Es que te has vuelto loco? ¿Qué mierda te pasa? – grita con voz grave, ahora sí parece un poco asustado.
- Sólo ansias de venganza y superación… si quieres que pare, ya sabes qué hacer: deja tu orgullo de lado y ríndete ante mí.
El rubio da vuelta el rostro y te mira sobre el hombro, con decisión en los ojos.
- Nunca.
Te enfureces, sabes que por mucho que sigas con lo que tienes en mente, si no se rinde moralmente, no habrá servido de nada, si no le afecta en su orgullo de la forma en que quieres que le afecte, uno de los puntos más importantes de tu plan se ha ido: el de humillar a Malfoy.
Aún queda una cosa por hacer y es la que más te importa: superar a Harry.
La rabia y desespero hacen que bajes tus pantalones y calzoncillos. Sostengas las caderas del rubio con ambas manos y…
¿Ron, no te das cuenta de lo que vas a hacer? Te has vuelto loco, estás cegado por la ira y la envidia. ¿Cómo has llegado a esto? Eres tan impulsivo que no te has detenido a pensar en lo que estás haciendo y en lo que harás a continuación.
"Ya no hay marcha atrás."
… y de una estocada lo penetras. Un grito ahogado escapa de su garganta, trata de aguantar el dolor. Sus manos se convierten en puños y sus ojos se cierran con fuerza, involuntarias lágrimas escapan.
Tú no te enteras de nada, lo sientes tan estrecho, tan bien. Crees que si te movieras en este momento te correrías de inmediato, por lo que evitas hacerlo y te mantienes quieto. Luego de 10 segundos, las ganas de más te envuelven y provocan que salgas de su cuerpo casi por completo y te vuelvas a clavar sin consideración. Así lo haces una, dos, tres veces más… y sigues.
Draco abre los ojos y, de pronto, sus facciones no muestran sentimientos, mira un punto fijo en el muro, allí mismo apoya la frente que se golpea con cada movimiento, sabe que tendrá un gran moretón el día de mañana, pero no parece importarle. La lágrimas escurren de sus orbes a pesar de que desea con todo su ser detenerlas, no quiere sentirse débil. Sus brazos… ya casi ni siente sus brazos…
Después de un movimiento mucho más bruscos que los anteriores, te corres. Respiras con dificultad y reposas tu frente sudada en el hombro del otro chico, sales de su interior y al ver hacia abajo te horrorizas, la sangre te hace volver a la realidad y dar cuenta de lo que has hecho.
Miras hacia adelante, alejándote un par de pasos. Malfoy se desmoronaría si el hechizo que sostiene sus manos en alto no lo impidiera.
Abrochas tus pantalones, sin importante los fluidos que pudieras tener y, mudamente, deshaces los dos conjuros que aprisionaban al rubio.
Cae como peso muerto al suelo, te das cuenta de que está consciente. A duras penas se acomoda los pantalones, levantándose superficialmente alcanza su túnica y se la pone. Su rostro se encuentra inexpresivo e imperturbable. Sosteniéndose de la muralla con los brazos débiles y entumidos, se pone de pie. Su mirada dura en el suelo.
- Vete antes de que alcance mi varita… - habla en un susurro.
- Pero… tú… yo… Malfoy, de verdad no se….
- En serio, si aprecias tu vida, vete…
Y le haces caso, tal como deberías haberlo hecho antes. Dices un rápido Alohomora y corres por el pasillo. ¿Qué acabas de hacer, Ron?
Te sientes tan sucio y afligido que tus piernas te llevan inconscientemente a la sala común, específicamente al baño, a la ducha.
Tomarás un baño de media hora y aún así te seguirás sintiendo un escoria, seguirás siendo un ser asqueroso y vil.
No me maten, está bien? es un hecho que debía sí o sí ocurrir en la historia y yo sufrí lo suficiente escribiéndolo
Espero sus reviews! ellos son mi paga ;D
No leemos!
