-Life is Like a Boat-
Capitulo III.
Escucharon la voz del hombre, demasiado sincera e infantil en un intento por levantarle el ánimo a la joven que ahora lo miraba con una mueca de reproche en su rostro, como si todo se encontrara bien. La risa tranquila de Yamada provocó un escalofrío en los dos arquitectos que instintivamente miraron a Nomiya, pero él se limitó a sonreír antes de arrogar su cigarro a medio consumir y alejarse de ahí con un simple.
-"Me marchó de aquí"-
Por primera vez a Miwako no e importó que Nomiya arrojara al suelo su cigarrillo tan deliberadamente.
-"¡Nomiya espera!"- Lo llamó en voz alta, olvidándose que hasta hace un instante se encontraban de incógnitos en el parque. Pero él no hizo caso y se alejo despidiéndola con un gesto de la mano.
Yamada sabía que eso pasaría, era algo tan propio en Morita que ni siquiera se dio cuenta en que instante la había dejado de consolar para hacerla reír, con aquella facilidad que de pronto tuvo la impresión de que si fuese un poco más valiente como su amigo sería capaz de expresar sus emociones sin ningún temor.
Le lanzó un gesto de fingida molestia cuando Morita despeinó su cabello, pero al instante una risa se escapó de sus labios, la misma que enmudeció de pronto al escuchar su nombre. Abrió sus ojos y se giró en automático hacía la voz, topándose con Miwako y Yamazaki.
Shinobu vio como su amiga se había puesto de pie en una fracción de segundo mirando con sus asustados ojos en dirección a las dos personas que permanecían con la misma expresión de estar en un irreparable error.
Como si cada uno supiera lo que el otro pensaba, avanzaron hacía donde la chica los miraba confundida. Fue Miwako la primera en saludar, siendo imitada por el hombre.
-"¿Él, Nomiya-san estuvo aquí?"- Cuestionó a forma de saludo, buscando al hombre con sus asustadizos ojos azules.
Yamazaki fue el primero de los dos en salir al rescate, hablando atropelladamente se inventó una rápida excusa. De cualquier forma agradeció la tardada intervención de su compañera.
-"Nomiya estará bien, no tienes por qué preocuparte Yamada. Fue una simple coincidencia que justo hoy decidiera dar un paseo por este lugar, seguramente volverá a la oficina y cuando regresemos nos lanzara una de sus agrias miradas antes de ignorarnos por el resto de la tarde"-
Yamazaki la miró de reojo preguntándose si Yamada se estaría creyendo aquella mentira.
-"¡Oh!"- Fue la única expresión que brotó de sus labios, experimentando de pronto un sentimiento de traición hacía el hombre que no había vuelto a ver.
En ese momento antes de que la tensión aumentara Morita atrajo la atención de todos con aquella facilidad para hacer que los demás olvidaran sus problemas concentrándose en los encargos de cerámica.
-"Yamazaki. Lo sabes ¿cierto?"-Preguntó con una mueca de estar en problemas ante la realidad que ambos arquitectos conocían.
-"Lo sé; y creo que lo mejor es que no regresemos a la oficina"- Propuso, agitando aún la mano viendo como los dos amigos se alejaban de ellos ajenos al nuevo problema.
-"Es una buena idea, pero Nomiya es una persona adulta y sabrá entender que Yamada-san se encontraba con un buen amigo; solo eso"- Debatió la mujer, tratando de justificar la idea que mantenían en mente de su amigo.
-"Enserio lo crees así Miwako"-
-"No"- Se dio por vencida al ver que incluso para ella era difícil de entender lo de hace un momento, y dando con esto finalizada las pocas esperanzas que aun albergaban.
Miwako dejó escapar el aire acumulado en sus pulmones preguntándose si Yamada se había dado cuenta de sus actos. Le había pedido que confiara en él, sin importar las circunstancias Nomiya estaba dispuesto a apoyarla, y eso incluía volverse el paño de lágrimas para ella. Pero Miwako sabía que ante los ojos del hombre el haber visto llorar a Yamada frente a otra persona era prueba que Ayumi seguía sin tomar enserio a Nomiya.
Morita le ofreció a su amiga su celular, permaneció con el brazo extendido esperando a que Ayumi lo tomara, pero la joven tan solo le lanzó una mirada de desconcierto al celular y a su amigo al mismo tiempo.
-"Puedes usarlo para llamarle"- Le explicó sin dejar de sonreírle.
-"¡Ehh!"- Exclamó nerviosa jugando con sus manos.
-"Ese hombre, Nomiya puedes llamarlo si lo deseas"-
Yamada se detuvo un instante, extrañada por la naturalidad con que hablaba su amigo acerca de Nomiya. Reinició su caminó cuando Morita contestó la pregunta que nunca hizo.
-"Lo conocí aquella vez, en el hanami. Mayama llegó tarde porque estaba con su equipo de trabajo y tu te fuiste sin decirle a alguien, ¿lo recuerdas?. Esa noche Mayama me representó a sus amigos, los tres estuvieron hablando de él, por eso lo conozco y creo que no es una mala persona."-
-"Lo que tengo que decirle no puede ser dicho por teléfono, será mejor si lo hago de frente"-
-"Entonces asegurarte de hacerlo, ¿de acuerdo neechan?"-
Ayumi se sintió mejor después de hablar con Morita. El joven artista se había despedido de ella colocando su mano sobre su cabeza y mientras Yamada lo veía alejarse tuvo la certera conciencia que las cosas se podrían mejorar si se mostraba tan entusiasta como su amigo.
Nomiya miró una última vez el mensaje en su ordenador antes de borrar el archivo y escuchar la puerta abrirse. Aún cuando pretendía permanecer despreocupado, concentrándose en un aburrido trabajo, supo que sus dos compañeros lo miraban desde sus lugares de trabajo intercambiando miradas esperando que uno de los dos dijera algo.
Evadiendo aquellos rostros se puso de pie y tomó su abrigo fingiendo cumplir con algún encargo.
-"!¿Nomiya?¡"-
-"Lo siento Miwako, un cliente me espera"-
Ambos arquitectos supieron que aquella excusa era una mera mentira. Yamazaki fue el primero en darse cuenta cuando echó una rápida mirada a la computadora del hombre.
-"No esta"- Dijo atrayendo la atención de la mujer.
Cuando Miwako se puso de pie frente la computadora supo a que se refería, el monitor que usualmente les mostraba imágenes de una rueda de la fortuna había sido remplazado por un simple fondo azul, y lo último que pudo hacer por su amigo fue intercambiar una mirada de temor con Yamazaki.
Nomiya realizó una respetuosa reverencia disculpándose frente al hombre, repitió el mismo gesto al menos dos veces más, dándole por única explicación un simple –lo siento, pero en este momento no puedo hacerlo-. Al final aquel hombre de elegante porte, terminó por aceptar la noticia.
Cuando Nomiya se alejó del edificio supo que aquello no sería suficiente con Luigi. Su jefe aunque excéntrico y normalmente de temperamento apacible sabía actuar con profesionalismo la mayoría de las veces, y si eso implicaba mostrarse serio y exigir resultados con voz gruesa no dudaba en hacerlo. A pesar de conocer las consecuencias de sus actos no le importó, los últimos seis meses fuera de Tokyo fueron suficientes para darse cuenta que no podía alejarse de ahí hasta resolver sus propios problemas.
El calor del día comenzaba a disminuir y el fresco aire de la tarde ayudaba a despejar su mente. Por un momento mientras avanzaba por las cada vez menos transitadas calles de Tokio le molestó que su mente se fuese aclarando y sus emociones apaciguando.
Porque ahora que podía pensar con claridad se sentía molesto, detestando aquella sensación de sentirse como un inexperto adolescente esperando lleno de incertidumbre que sería lo siguiente en aquella relación que no había empezado pero ocasionaba muchos dolores de cabeza.
Deseó tener algo frente a él que pudiera golpear, de ese modo buena parte de su enojo sería liberado. La idea de comenzar a odiar a aquella chiquilla voluble fue demasiado tentadora, así una vez que se volviera el objeto de su molestia podía tener una buena excusa para olvidarla, pero no pudo hacerlo y no hizo el menor esfuerzo por intentarlo.
Él mejor que nadie sabía que Yamada no tenía la culpa, aquella chica simplemente se había presentado a su vida por una mera coincidencia y fue él quien desde ese momento había hecho lo imposible para llamar su atención.
Si tan solo se hubiera retirado a tiempo, seguramente su cordura se encontraría intacta. Por no mencionar que de alguna forma él había cambiado la vida de Yamada, orillándola con sus comentarios a olvidarse de Mayama; sin haberse planteado antes que derecho tenía a interferir en su vida.
Supo que lo mejor que podía hacer era aclarar las cosas con ella, y permitir que hiciera su vida como mejor lo creyera, pero a la par de aquella idea algunos trabajos a los que antes les había restado importancia ahora se presentaban a él como urgentes por resolver. Escudando con esto la falta de tiempo para poder verla.
Algunas voces llamaron su atención preguntándose tan pronto levantó el rostro al frente en qué momento había llegado hasta ese lugar. Hubiera resultado tan fácil conducir su auto pero prefirió caminar y ahora se encontraba en el distrito donde Yamada vivía.
Escuchó su voz y al instante dio un paso atrás quedando fuera de la vista de la mujer. Espió a la joven viendo como platicaba animada junto a un hombre de su edad, ambos cargaba algunas cajas y cuando ella no veía a su compañero, él cambiaba su sonrisa por un gesto de dolor. Nomiya sintió lastima del hombre por qué sabia que significaba esa cara, aquel hombre al igual que él estaba enamorado de Yamada, desconocía si ese sentimiento era igual de fuerte pero al juzgar por su semblante al menos parecía sincero.
Cuando escuchó la despreocupada risa de la mujer se dio la media vuelta alejándose de ahí, pensando que al igual que Mayama había ignorado y rechazado sus sentimientos, Yamada se dedicaba a hacer lo propio con quienes la rodeaban.
つづく...
-Sherrice_Adjani-
