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Ya había pasado una semana desde que la modelo y el conocido detective mantuviesen tan extraña conversación. No había hablado con él desde entonces. Aquel día, la joven, ofendida por el comentario despectivo hacia su novio e impulsada por su impetuoso orgullo, había abandonado la habitación dejando a L con sus cavilaciones. Sin embargo, una parte de ella tenía la sensación de que Ryuuzaki estaba en lo cierto. Esa parte de ella creía que lo único que hacía Light era ilusionarla para después desmoronar sus esperanzas de un solo golpe.

- Pero Misa quiere serle útil a Light-kun – se dijo en busca de consuelo.

No obstante, Yagami debería ser más considerado con ella. Misa lo daba todo por él y a cambio sólo recibía unas cuantas palabras despectivas, fingidas frases de amor y algún que otro "Déjame, estoy trabajado". Cuando estaba con L sucedía todo lo contrario. Ryuuzaki le observaba, le preguntaba cosas… por lo menos se fijaba en ella.

- Ryuuzaki es un baka pervertido… ¡No me gusta!

Dio una vuelta por su habitación, meditando sus palabras con cada paso que daba, hasta finalmente dejarse caer en su cama y quedarse mirando al techo. No podía negar que su impresión acerca del moreno estaba cambiando considerablemente. Al principio le había parecido un tipo raro con alguna extraña enfermedad mental que le hacía actuar de esa manera tan inusual, pero ahora… ahora pensaba que era una persona realmente interesante y digna de que la Idol le prestase un poquito de su tiempo.

Fue sacada de su ensimismamiento cuando escuchó que tocaban a la puerta de su cuarto. Inmediatamente, se incorporó de tal manera que parecía haber recibido una descarga eléctrica y se quedó mirando a la puerta preguntándose quién podía ser. Estaba claro que Light no iba a molestarse en ir a visitarle, entonces sólo quedaba una persona posible…

- ¿Misa-san, puedo pasar? – preguntó una voz masculina al otro lado de la puerta.

El corazón le dio un vuelco. Su pulso se aceleró llegando a alcanzar una velocidad sorprendente. Podía sentir sus propios latidos martilleándole el pecho. Parecía que aquel músculo vital luchase por salirse de ahí. La muchacha dudó sobre si responder o no, bien podría fingir que estaba dormida. Pese a todo, tenía ganas de verle.

- Entra – respondió, arrepintiéndose al instante de haberlo hecho.

Oyó como el pomo de la puerta se giraba y ésta se abría. Enseguida sus ojos azules pudieron visualizar la figura del desgarbado detective que caminaba encorvado, arrastrando sus pies descalzos con una expresión de curiosidad en su afilado rostro. Misa le siguió con la mirada, deteniéndose durante unos segundos en su despeinado cabello negro.

"Aunque no tenga ningún estilo, a él le queda bien" – pensó la modelo.

Mientras la chica se regañaba a sí misma por culpa de sus recientes pensamientos, L continuaba su avance preso de una extraña sensación que aumentó en cuanto se fijó en la ropa que llevaba la rubia. Se trataba de un simple camisón negro de tirantes, con encaje a la altura del escote, que dejaba a la vista gran parte de sus perfectas piernas. Conforme se acercaba a ella, captaba más detalles que le obligaron a mirar hacia otro lado para evitar perder la calma.

La modelo estaba tan ocupada tratando de desviar sus pensamientos que no se dio cuenta de su condición hasta pasado un buen tiempo. Fue entonces cuando la sangre se acumuló en sus mejillas haciendo que éstas mostrasen su vergüenza a modo de sonrojo.

- ¡No mires, Ryuuzaki! – le gritó, corriendo a un lateral de la habitación para tomar la bata que colgaba de un perchero y ponérsela sobre el camisón.

"Demasiado tarde" – pensó el detective, aunque luego le dirigió la palabra a la joven – Misa-san, siendo modelo, deberías estar acostumbrada a que te miren – apuntó.

- ¡Pero Misa no quiere que seas tú el que mire! – respondió ella, gritando de nuevo.

El moreno se llevó el pulgar a los labios, pensando que la contestación de la joven estaba totalmente fuera de lugar. Con aquella respuesta había admitido que estaba acostumbrada pero al mismo tiempo había confesado que se sentía avergonzada en su presencia. Tales palabras serían objeto de investigación para el detective, mas ya tendría tiempo para ello.

- Como quieras – dijo él, sin apartar el dedo pulgar de sus labios – Vine a preguntarte si querrías tomar el té conmigo – continuó, haciendo referencia al motivo que le había llevado hasta allí – Pensé que debes estar muy aburrida aquí sola sin nada interesante que hacer.

La joven frunció el ceño, incrédula. ¿Verdaderamente Ryuuzaki se estaba preocupando por ella? No, eso era imposible, ni siquiera el propio Light había dado muestra alguna de estar interesado en ella… ¿por qué habría de hacerlo el detective? Le miró, sonrojándose al instante tras corroborar que no había mentira en aquellos ojos negros como el carbón.

- De acuerdo – dijo, aceptando su propuesta – Pero nada de aprovechar para mirar a Misa, ¿entendido? – le advirtió.

- Está bien, está bien – dijo el investigador, alzando el pulgar de su mano derecha.

La rubia le dedicó una pequeña sonrisa y siguió a L cuando éste comenzó a caminar, deslizando los pies desnudos por la moqueta produciendo un sonido similar al de la fricción. Misa todavía se preguntaba cómo era capaz de andar tan encorvado sin que le doliese la espalda. Esa era una de las muchas cosas que no sabía sobre Ryuuzaki.

En el cuarto donde el moreno realizaba sus investigaciones ya se había dispuesto una mesita con un juego de té y una considerable cantidad de terrones de azúcar que seguramente sería digerida por el chico. Éste apoyó su pie izquierdo en uno de los sillones, subiéndose de tal manera para luego voltearse y quedar sentado en una posición agazapada. Tras eso, le indicó a la modelo que se sentase en el sillón que tenía justo enfrente y comenzó a servir el té.

- ¿Azúcar? – le preguntó amablemente el detective.

La muchacha miró a la taza del ojeroso joven, rebosante de azúcar hasta tal punto que los terrones se caían del recipiente y quedaban sobre la mesa. Sin ocultar su sorpresa, negó con un leve movimiento de cabeza.

- No tomo nada con azúcar – argumentó – Lo dulce engorda y volvería muy fea a Misa.

El moreno la miró interesado. Era la primera vez que escuchaba a Amane Misa hablar con tal seriedad en su presencia. Parecía que realmente estaba convencida de que consumir cualquier tipo de dulce podría afectar a su perfecta figura.

- Yo no estoy de acuerdo con eso, Misa-san – aseguró él – Las cosas dulces engordan si no desgastas correctamente la glucosa que te aportan. Considerando que tú estás todo el día yendo de un lado para otro, aunque sea en el interior de tu habitación, deberías de consumir tal cantidad de glucosa. No obstante, la mejor manera de evitarlo es utilizando tu cerebro. Si jugases al ajedrez conmigo cualquier dulce que comieses sería desgastado al instante – le explicó con tranquilidad – Además, no existe dulce en el mundo capaz de hacer que tú te veas fea – añadió para concluir.

La modelo guardó silencio, procesando toda la información recibida lentamente hasta que asimiló la última frase del extraño personaje que tenía ante ella. En cuanto comprendió lo que había dicho, sus mejillas se sonrojaron y su pulso tembló junto con la taza que sostenía en las manos, derramando un poco del té.

- ¡No digas esas cosas, Ryuuzaki-san! – le regañó – Por tu culpa manché la mesa de té.

- Lo siento – se disculpó L, bajándose del sillón y situándose junto a la rubia – Yo lo limpiaré.

El chico tomó una servilleta con los dedos índice y pulgar de su diestra y la extendió sobre la mesa. El blanco papel rápidamente empezó a absorber el líquido, tiñéndose del color del té. Mientras tanto, el nerviosismo de la rubia no hacía más que ir en aumento debido a la inesperada cercanía con el investigador. Casi podía percibir el dulce aroma que despedía la piel del chico, causado con total seguridad por su dieta compuesta exclusivamente de cosas azucaradas.

El detective giró la cabeza, inclinándose para mirar los ojos de la modelo más de cerca. Misa estuvo a punto de sufrir un infarto cuando eso sucedió. Incluso el joven podía escuchar los violentos latidos del corazón de la Idol japonesa.

- Misa-san, necesito que me hagas un favor – dijo el insomne sin moverse ni un milímetro.

¿Qué pretendía Ryuuzaki? ¿Acaso quería besarla? Los labios del moreno se le antojaron apetecibles en aquel momento. En lo más profundo de su subconsciente, esperaba que la besase.