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- Misa-san, necesito que me hagas un favor – dijo el insomne sin moverse ni un milímetro.
¿Qué pretendía Ryuuzaki? ¿Acaso quería besarla? Los labios del moreno se le antojaron apetecibles en aquel momento. En lo más profundo de su subconsciente, esperaba que la besase.
- ¿Podrías firmarme esto? – preguntó el detective, sacándole de su trance.
Ryuuzaki alzó su mano izquierda, mostrándole lo que sería una copia de uno de los discos que había sacado al mercado. Consternada y decepcionada, observó al joven con unos ojos que reflejaban que se acababa de llevar un chasco bien grande.
El chico fingió ignorar ese gesto, sonriendo interiormente al deducir lo que la modelo había pensado a causa de su acercamiento. Agitó el álbum, inquiriéndole a la rubia que le diese una respuesta y dejase de hacerse la muda.
- Sí… - murmuró ella, aún afectada por el reciente acontecimiento.
Maldijo su facilidad para hacerse ilusiones. Se sentía exactamente igual que cuando se llevaba una negativa por parte de Light, con la diferencia de que, en este momento, no tenía por qué sentirse así. Lawliet no era nada suyo, ni siquiera podría decirse que fuesen amigos, sus caminos simplemente se habían cruzado por casualidad. Pero… ¿no le había pasado lo mismo con Light? Su enamoramiento en sí había sido una mera casualidad. Tal vez… tal vez si Light no hubiese sido tan apuesto, si no hubiese sido Kira…. Tal vez no se hubiese enamorado de él.
Lawliet le tendió un rotulador, esperando que la modelo saliese de su burbuja y regresase al mundo real. Misa reaccionó de manera instintiva, tomando el rotulador antes de que sus dedos pudiesen hacer contacto con los de él. No quería ningún roce o éste sería su perdición.
Abrió la caja del CD, extrayendo la portada para plasmar allí su firma antes de volver a colocarla en su sitio. Había pensado en ponerle algún tipo de dedicatoria, pero se retractó al darse cuenta de que no sabía con qué palabras dirigirse al investigador.
- Gracias, Misa-san – dijo el moreno – Como muestra de mi agradecimiento, te daré mi última fresa.
Le dio la espalda durante unos instantes, desplazándose unos centímetros para agarrar la fruta entre los dos dedos que siempre utilizaba. Procedió a girarse, acercando la fresa a los labios de la Idol, quien no podía dejar de mirarle. Sus labios se entreabrieron, dando paso al dulce manjar con el que el detective le obsequiaba. Apenas había comenzado a saborear la fresa cuando sintió otros labios presionando los suyos, unos labios muy distintos a los de su novio. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue apartarle de un empujón, pero aquella embriagadora sensación que le transmitía el beso de L pudo con ella e hizo que quisiera continuarlo.
Fue el joven quien se encargó de finalizar lo que él mismo había empezado. Separándose lentamente de la rubia, permitiendo que esta viese su imperturbable rostro. Misa hizo un amago de abrir la boca para decir algo, pero las palabras se negaban a salir y aquella acción no quedó más que en un intento de vocalizar. Él permaneció en silencio, limitándose a observar los cómicos gestos de la modelo.
- ¿Ryuuzaki, qué fue eso? – consiguió preguntar, haciendo un enorme esfuerzo.
- Mmm… - se llevó un dedo a los labios – Era mi última fresa, quería aprovecharla.
Estaba claro que Lawliet era un caso perdido. La rubia enrojeció de la vergüenza, emitiendo un resoplido que indicaba su consternación. Si L pretendía volverle loca, lo estaba consiguiendo. Cada palabra, cada movimiento, cada cosa que hacía se quedaba grabada en su retina.
Mucha gente pensaba que Misa era estúpida, pero la realidad era que Amane Misa se hacía la estúpida. Todo era mucho más fácil para ella cuando el mundo creía que no tenía dos dedos de frente y la trataban como a una niña pequeña. No podría determinar el momento en el que empezó a comportarse de esa manera, pero de lo que estaba segura era de que quería dejar de hacerlo. Quería dejar de ser la niña tonta. Quería parecer inteligente a ojos de L.
- Misa-san, supongo que recordarás que mañana es el día de tu cita con Light-kun – mencionó el chico.
¿Cómo olvidarlo? Llevaba semanas esperando que llegase ese momento y sin embargo ahora no lo recibía con tanta calidez como de costumbre. Se sentía confusa y probablemente esto se manifestase al día siguiente, en compañía de Light. Teniendo en cuenta lo listo que era su novio, se daría cuenta enseguida de que algo pasaba por la cabecita de Misa y seguramente llegaría a pensar que sería alguna de sus tonterías.
- Sé que te gustaría pasar más tiempo a solas con él – continuó Ryuuzaki – Pero me temo que no puedo permitir eso. Ambos seguís siendo sospechosos de ser Kira y el segundo Kira, con lo cual es imposible dejaros solos. Es por eso que yo iré con vosotros en vuestra cita – concluyó, sonriendo de lado.
- ¡¿QUÉ?
Una cita con Light era algo que sería capaz de superar, pero una cita con L no entraba para nada en sus planes. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo podía esperar comportarse con normalidad si el sujeto que acababa de besarle minutos atrás ibas a estar a su alrededor?
