Finalmente aparezco con un nuevo capítulo de esta historia, aunque con unos cuantos días de retraso. Tuve un breve bloqueo mental combinado con la falta de tiempo, aunque por suerte se me ocurrió algo que aparecerá más adelante en la historia. Aprovecho también para recordar que los personajes no son de mi propiedad y agradecer las Reviews.
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Estaba nerviosa, muy nerviosa. Llevaba horas dando vueltas de un lado para otro en el interior de su habitación. Le había costado horrores elegir qué ropa se pondría, pero finalmente se había decidido por un corsé negro que parecía de cuero y una falda roja de cuadros escoceses junto con unas botas altas decoradas con varias hebillas a los laterales. Estaba terminando de ponerse uno de sus colgantes del que pendía una cruz cuando recordó lo acontecido el día anterior. En un reflejo inconsciente, se llevó una mano a los labios, pudiendo sentir el sabor de la fresa en sus papilas gustativas como si la fruta todavía estuviese allí.
- Ryuuzaki… - susurró.
Cerró los ojos con fuerza, tratando de borrarse la idea de la cabeza. Eso ni siquiera había sido un beso en toda regla, el propio detective había admitido que lo había hecho porque quería aprovechar la fresa. ¿Lo diría en serio o fue una simple excusa? Amane Misa no dejaba de pensar en ello, preguntándose qué podía sentir Ryuuzaki, pero, sobretodo, preguntándose qué sentía ella misma.
- Hoy tendré mi cita con Light. Cuando esté a su lado me olvidaré completamente del pervertido. Estoy segura – se dijo en un intento de autoconvencerse.
Sin embargo, no podía estar segura al cien por cien debido a que el moreno también estaría presente en la cita, estorbando como de costumbre. El sonido de su teléfono móvil consiguió que un atisbo de esperanza apareciese en su rostro, significaba que Yagami ya había llegado.
Salió precipitadamente de la habitación, esquivando los montones de ropa que había dejado esparcidos por el suelo, y se dirigió al punto de encuentro con el corazón en un puño. Entonces le vio, allí de pie, tan apuesto como siempre y observando despreocupadamente el lugar sin haberse percatado siquiera de su presencia.
- ¡Liiiiiight! – exclamó antes de correr hacia él y estrujarle en sus brazos.
Hubiese sido mucho mejor si su novio le hubiese respondido el abrazo, pero el joven continuó sin moverse, permitiéndole que le abrazase pero sin mover sus brazos. Ni un roce, ni una muestra de cariño… Era como abrazar a una escultura griega, hermosa pero inerte al mismo tiempo.
- Te echaba de menos, Light – le dijo una sonriente Misa.
- Yo también – respondió él en un tono poco convincente.
- ¿Dónde iremos? – preguntó, fingiendo ignorar el modo en el que le había respondido.
- No lo sé – dijo el castaño – Eso es cosa de Ryuuzaki…
- Maldito Ryuuzaki baka estropea-citas – comenzó a despotricar la rubia por lo bajo.
Justo en ese momento el famoso detective hizo su entrada triunfal. Vestía las mismas ropas de siempre, una camiseta blanca de manga larga y unos pantalones vaqueros, pero, a diferencia de cómo solía ir normalmente, llevaba unas zapatillas desgastadas cubriendo sus pies, los cuales casi siempre estaban descalzos.
- Misa-san, como pensé que querrías algo especial, mandé la construcción de un centro comercial que ocupa tres de las plantas de este edificio – informó el ojeroso – Las personas que he puesto como encargados son de mi total confianza, por lo que no serviría de nada tratar de transmitirles algún tipo de orden que estuviese contra mi persona en el caso de que alguno de vosotros pensase hacerlo. El centro comercial incluye diversas tiendas de ropa que, según mis averiguaciones, deben de ser del gusto de Misa-san; una heladería, los helados están deliciosos, os lo aseguro; una sala de cine con películas de actualidad, una cafetería y un restaurante con un aspecto algo refinado – continuó – Absolutamente todas las estancias están vigiladas por cámaras de seguridad que retransmiten imágenes a tiempo real a los puestos de control situados en las otras plantas del edificio. Cualquier intento de escapar será registrado por las cámaras y posteriormente anulado.
La boca semiabierta de la muchacha reflejó su claro asombro después de escuchar todo lo que L había dicho. No podía asimilar cómo había sido capaz de organizar eso él solo, pero lo que menos asimilaba todavía era que lo hubiese hecho por ella. Nadie nunca se había molestado tanto, a no ser que quisiese obtener algo a cambio, para complacerla.
El moreno no dijo ni una palabra más y giró sobre sí mismo, dándole la espalda a la pareja para encaminarse al ascensor, donde después tuvo que esperar a la llegada de ambos. Apretó un botón con el dedo índice de su mano siniestra y automáticamente las puertas del artilugio se cerraron. Lo único que se oyó mientras bajaban fue el propio sonido de la maquinaria, un ligero zumbido que se volvió de lo más incómodo pero que nadie se atrevió a interrumpir. Cuando alcanzaron la planta adecuada, un "clin" anunció que habían llegado a su destino y las puertas se deslizaron hasta abrirse. L fue el primero en salir, seguido de cerca por un impaciente Light y una más que confusa Misa que no hacía más que calentarse la cabeza con ideas estúpidas.
- Primero iremos ahí – dijo Ryuuzaki, invadiendo el silencio que les había estado atormentando durante todo el tiempo.
Su brazo izquierdo señaló una tienda de ropa. No muy grande pero tampoco muy pequeña. Cuyo escaparate estaba adornado con unos maniquís de largas cabelleras negras los cuales llevaban unos hermosos corsés que seguramente serían del gusto de la modelo. Ésta, fascinada por el aura misteriosa que desprendía la tienda, soltó el brazo de su novio y anduvo sin compañía alguna para perderse tras atravesar la puerta.
Las miradas de los dos hombres se cruzaron, desafiantes, aprovechando la ausencia de la chica. En los ojos de Light brillaba un fulgor extraño, motivado por las incesantes ideas que se le ocurrían de cómo asesinar a L sin convertirse en un sospechoso. El detective había cometido el error de revelar que había cámaras, por lo que Yagami Light no movería un solo dedo ese día. Tenía la certeza de que tarde o temprano acabaría por matar a Ryuuzaki y, tras haber eliminado a su mayor enemigo, se alzaría como el Dios del nuevo mundo donde él fuese la justicia y decidiese quién podía vivir y quién no.
Elle Lawliet, mundialmente conocido como L, tenía unos pensamientos muy distintos en aquel mismo momento. Su mirada transmitía cierto resentimiento contenido. Por una parte, envidiaba a Light porque Amane Misa estaba perdidamente enamorada de él. Por otra, sospechaba, y siempre lo había hecho, que él era Kira, "The Killer", el asesino que había matado a cientos de criminales por todo el globo y no había dudado en quitarse de en medio a cualquiera que se interpusiese en su camino. Él no descansaría hasta haber atrapado a Kira aunque su vida estuviese en peligro durante el proceso. No podía permitirlo. La justicia siempre vence y… Lawliet era la justicia.
Mientras tanto, una mujer que ignoraba la tensión reinante entre ambos jóvenes, dedicaba todo su tiempo y atención a las prendas de ropa que tenía ante sus ojos. Se paseó por la tienda, mirando todo con detenimiento y clasificándolo en "cosas que compraría" y "cosas opcionales". El siguiente paso para una buena compra era probarse la ropa y decidir si combinaban con su estilo y, sobretodo, con su cuerpo. Sin embargo, era incapaz de decidir qué prenda escoger… Si no podía hacer eso… ¿cómo iba a elegir entre un hombre que era atento con ella o su apuesto pero distante novio?
- Deberías probarte esa falda de ahí, Misa-san – sugirió una voz, de pronto – Te sentaría muy bien.
La rubia giró la cabeza y se encontró frente a frente con el pálido rostro del ojeroso detective. Éste señalaba una falda que se asemejaba al tutú de una bailarina, aunque un poco más larga y de color negro, de la que pendían unas cinco cadenas finas de color plateado que le daban un aspecto original. La joven miró al pelinegro y le dedicó una sonrisa de agradecimiento antes de tomar la falda e internarse en la sección de probadores.
El joven esperó impaciente, preguntándose si la modelo saldría para pedir su opinión una vez se hubiese puesto el atuendo que él había elegido. Su duda fue resuelta en cuanto oyó el sonido de las cortinas al deslizarse por la varilla metálica de la que colgaban. Amane Misa había hecho su aparición estelar luciendo la falda negra que, para su sorpresa, le sentaba insultantemente bien. L, atónito, tuvo que esperar unos segundos hasta recuperar el habla y ser capaz de formular una sencilla frase que constaba de dos palabras:
- Estás preciosa.
Ni siquiera añadió su habitual "Misa-san". Estaba tan sumamente embobado que Light hubiese podido apuñalarle por la espalda sin que se diese cuenta de ello. La muchacha se sonrojó ligeramente y le miró durante unos instantes antes de volver a meterse en el probador y cerrar nuevamente la cortina. Dentro, se apoyó contra una de las paredes y se dejó caer lentamente hasta acabar sentada en el pequeño banco de madera que allí se encontraba. El escuchar aquel cumplido de labios de Ryuuzaki había conseguido que su corazón latiese más deprisa de lo habitual. Su novio ni siquiera se había dignado a presentarse y probablemente se hallase dando vueltas por el improvisado centro comercial absorto en su propio mundo. Finalmente, se armó de valor y asomó la cabeza por la cortina, esperando encontrarse con la oscura mirada del investigador que con tanto ahínco solía observarla. Eso nunca sucedió. Él ya se había ido.
- Light-kun… ¿te molestarías si yo tratase de conquistar a Misa-san?
El castaño, sentado en el borde de una de las enormes macetas que decoraban el recinto, alzó la mirada y la posó en los ojos del detective. Nunca hubiese esperado que Ryuuzaki preguntase algo así y mucho menos que se interesase por la estúpida rubia con la que tenía que cargar continuamente.
- Si estoy con Misa es porque tú mismo dijiste que eso sería útil para la investigación. No sé por qué me preguntas ahora que si me importaría. Ya sabes que no – respondió Light con seriedad.
L escudriñó su mirada en busca de la más mínima señal de mentira. Pero la voz del joven sonaba firme y convencida, como si verdaderamente estuviese dispuesto a entregarle a Amane en bandeja.
- Entonces lo haré – concluyó el moreno.
Entonces, algo se activó en el interior de Yagami Light. Algo que no había sentido con anterioridad. ¿Celos? No. ¿Amor? No. ¿Impotencia? No. ¿Entonces qué? El detective había confesado estar dispuesto a arrebatar a la modelo de sus garras. No obstante, él acababa de darse cuenta de un dato importante. Amane Misa era de su propiedad. Y él nunca perdía.
