Nuevamente estoy aquí y con un capitulo nuevo, siento a ver tardado, pero la página no me ha ido hasta ahora. La verdad es que no he podido mirar los reviews que me habéis dejado, pero estoy segura de que serán geniales.

Gracias a todas aquellas que lo han echo y que han decidido seguir este fic.

En fin, capitulo dos, no hay mucho que decir. La historia no ha hecho más que empezar y aún no puedo comentar mucho sin el riesgo a desvelar algo xD.

Espero que sea de vuestro agrado, ¡mis queridos y queridas lectoras!

¡Disfrutad de la lectura!

PD: Prometo responder a todos y cada uno de vuestros hermosos reviews


Capitulo 2: Ojos azules

Abrí los ojos de golpe.

La débil luz de un nuevo día se colaba por mi balcón. Confusa me senté en la cama.

Aún podía sentir esa calidez que me invadió anoche, fue extraño, por primera vez en mucho tiempo me sentí bien y lo más raro es…que no tuve pesadillas.

Eso no pasaba desde el accidente, desde entonces no he dormido bien ni una sola noche… hasta hoy.

Dejé de pensar en tonterías y fui al baño para asearme; hoy me esperaba un día muy largo y debía estar lo más presentable posible.

Me miré en el espejo y la imagen que me devolvió no me gustó nada. Mi pelo estaba todo despeinado y revuelto (resultado de una noche movidita) y los rizos estaban mal definidos, me fijé en los ojos, antes me gustaba el color almendra que brillaba con la luz del sol, ahora ese brillo se había apagado y sólo eran dos cuencas vacías, sin vida.

Suspiré.

Tenía que dejar de pensar en esas cosas o no duraría mucho más en este mundo. Me vestí con unos vaqueros y una camiseta negra de cuello de barco y bajé a desayunar.

Iba caminando con paso lento por la acera, solo faltaba una calle para llegar al instituto y yo me rehusaba a entrar.

No podría soportar los murmullos que se arremolinarían sobre mí, las miradas acusadoras e incriminatorias y todas las preguntas estúpidas con las que me bombardearían.

Suspiré abatida; no tenía más remedio que soportar todo eso.

Llegados a este punto ya me encontraba delante de la puerta de entrada, parada como una tonta sin el valor suficiente para afrontar sus estupideces.

Un mar de alumnos de caros ropajes y sofisticados peinados se adentraban en el edificio, regalándome algún que otro empujón.

Llené mis pulmones de aire y valor y paso a paso fui entrando al recinto.

Podía sentir el peso de las miradas clavadas en mí y ver como mis predicciones se cumplían.

Aceleré el paso y fui directa al aula, me senté en mi mesa y esperé pacientemente al profesor.

El resto de la mañana transcurrió de la misma manera; los profesores me preguntaban por mi salud, algún graciosillo hacía alguna broma pesada, otros no paraban de preguntar el típico "¿qué sentiste?" o "¿no te dio miedo?" y los pocos que no sabían la "graaan" noticia se enteraban y ponían el grito en el cielo con un "yo jamás haría eso" y de regalo una mirada desagradable hacia mi persona.

Pero, afortunadamente, la mañana ya había concluido y me dirigía a la salida lo más rápido que podía.

-Disculpa…

Dos chicas se pusieron delante de mí; una rubia y la otra pelirroja.

Reconocí a la rubia como Luna Lovegood, una chica de mi clase.

La pelirroja volvió ha hablar.

-¿Tu eres la chica que se intentó suicidar?

-¡Ginny! – le regañó Lovegood.

La miré sorprendida por lo directa que había sido, pero rápidamente salí de mi asombro e intenté seguir con mi camino sin dirigirles la palabra, pero la pelirroja me lo impidió poniéndose delante de mí, nuevamente.

-Perdona, creo que ha sido un poco descortés de mi parte, soy Ginny Weasley.

-¿Qué es lo que quieres?

Lo dije lo más duro que pude, no iba a permitir a nadie más ni una sola burla.

-Verás, mi amiga –señaló a Lovegood- no ha tenido la oportunidad de hablar contigo antes y no se atrevía ha hacerlo fuera de las clases y le he echado una mano.

-Por favor Ginny, déjame a mí.

Ginny le sacó burla y Luna la ignoró totalmente para dirigirse a mí.

-Discúlpala, ella es así de… alocada. Sólo quería decirte que cuando necesites algo puedes contar conmigo, sé lo duro que tiene que ser para ti todo esto y a nadie le viene mal una ayudita.

Me quedé mirándolas con la boca abierta. Habría esperado cualquier cosa excepto esa. ¿Ofrecerse amistosamente para ayudarme? Eso parecía imposible para mí, una persona tan desgraciada como yo no se encontraba con personas así por la vida.

Asentí sin poder salir de mi asombro.

-Bueno, ya nos veremos. Un placer Hermione Grenger. - Dijo Ginny guiñándome un ojo.

Vi cómo sus figuras se perdían en la lejanía, yo seguí con mi camino justo por el lado contrario.

Un viento otoñal se había levantado y revolvía mi cabello despeinándolo más de lo que ya estaba.

La calle por la que iba (por extraño que parezca) estaba desierta y yo iba sumergida en mis pensamientos, no podía dejar de pensar en el giro que había dado mi vida en los últimos meses. Es tan distinta a como era antes… al igual que yo, ya no soy la misma de antes. Mi burbuja de cristal se rompió hace tiempo y dejé de ser la niña inocente que creía que el mundo era de color rosa. Todo lo contrario, ahora para mí el mundo se ha vuelto negro, es un pozo sin fondo en el que caigo y del que nadie puede sacarme, pues mis gritos no son oídos por nadie.

Me paré repentinamente. Volvía a sentir la misma calidez con la que había despertado y de pronto todos los pensamientos oscuros que se estaban formando en mi cabeza estaban desapareciendo lentamente. Pero esta vez no era sólo eso, esta vez tenía la sensación de que había alguien más, me sentía observada y no pude evitar que un escalofrío me recorriera por todo el cuerpo.

Miré hacia atrás pero no había nadie. Aceleré el paso, y aunque mis ojos me decían que allí no había nadie más a parte de mí, mi mente me decía que no estaba sola y el que mi vida sea un desastre, no quiere decir que mi mente también lo sea y yo confío en mis instintos, así que salí de ahí pitando.

Me encontraba en mi habitación, revisando la materia que hoy habíamos dado y con los auriculares puestos al máximo.

Hoy era miércoles, lo que significaba sesión de té de "la tía Vilma y la panda de pijas cincuentonas y chismosas".

Podía oír sus voces chillonas desde mi cuarto diciendo lo bajo que había caído no se quien, lo mal que solía vestir ésta, lo arruinados que estaban los otros, etc…

Una sarta de estupideces.

Sólo se dedicaban a criticar a todo el mundo. Algo que odio en las personas.

Por eso ponía mi cacharro musical a tope, para no tener que oír a esas víboras.

Estaba tumbada bocabajo en mi cama, leyendo la metamorfosis de los anfibios cuando escuché cómo algo caía al suelo y se rompía en miles de trocitos.

Me sobresalté y quité mis auriculares de un tirón.

Me incorporé un poco y miré a mí alrededor. Todo parecía estar tranquilo, entonces vi un marco de foto bocabajo en el suelo, al pie de la ventana, el cristal se había roto en varias partes.

Me levanté y lo recogí del suelo, volví a mirar a mí alrededor. Había algo que me perturbaba, pero no sabría decir el qué.

-¿Hola? ¿Tía Vilma?

Fruncí el ceño.

-Vamos Hermione, sólo faltaría que te volvieras loca. Aquí no hay nadie a parte de ti.

Aun no me acostumbraba a mi habitación, era demasiado grande para mi y siempre evitaba los rincones oscuros.

Miré el marco roto y se me encogió el corazón.

En la foto podía verme a mí misma con trece años y a mi lado mis padres, los tres sonrientes. Era la foto de la acampada que hicimos ese año, unos de los mejores días de mi vida.

Y ahora ellos ya no estaban.

Una lágrima resbaló por mi mejilla. Acaricié la foto con anhelo y nostalgia.

-Mierda, me he cortado.

Me llevé el dedo a la boca y dejé la foto encima de la repisa de la ventana. Me dejé resbalar por la pared hasta quedar sentada en el suelo.

Y otra vez volví a llorar y a recordad esos días en que mi vida era más fácil y en los que yo era feliz.

Me encontraba en un lugar oscuro y frío, no podía ver nada más a parte de negrura. De pronto divisé a mis padres a lo lejos, sonrientes y felices.

Empecé a correr hacia ellos, corría y corría pero nunca llegaba a ellos. Parecía que cuanto más corría más se alejaban de mí.

Los llamaba llorando y gritando, suplicándoles que no se fueran, que me llevaran con ellos.

Tropecé y caí al suelo y vi como desaparecían de mi vista.

Me arrodillé y lloré descontroladamente, y entonces lo oí.

Era un susurro que me llamaba. Me sequé las lágrimas y escuché más atentamente.

-Despierta, despierta…

Sólo era un susurro, pero podía distinguir la voz de un hombre.

Miré a mí alrededor pero sólo había oscuridad. Entonces apareció una figura ante mí, no distinguía quien era, lo único que pude ver eran dos ojos azules que me miraban con intensidad.

-¡Despierta!

Abrí los ojos de golpe, estaba acurrucada en el suelo y respiraba agitadamente, mis mejillas estaban mojadas y mi brazo roto me dolía más que de costumbre ya que se encontraba en una mala postura.

Me levanté y miré la habitación. Estaba tal y como la había dejado, pero yo buscaba a alguien, no sé a quien, pero me daba la sensación de que alguien había estado aquí hace poco.

Ese 'despierta' había sido demasiado real. Tal vez había sido Vilma, intentando despertarme… aunque era la voz de un hombre… y el tío Harold todavía trabajaba.

Sacudí la cabeza para deshacerme de esas ideas paranoicas.

Miré por la ventana, ya había oscurecido y las calles estaban húmedas. Al parecer había llovido.

Cogí mi chaqueta del armario y bajé las escaleras. Estaba a punto de salir por la puerta cuando Vilma me detuvo.

-¿A dónde crees que vas?

-A dar una vuelta.

-¿A estas horas? Son las ocho de la noche y Harold esta a punto de venir. Sabes que no le gusta que te vayas por ahí y menos sola.

-Tranquila, estaré aquí para cenar.

Y cerré la puerta de un portazo.

Salí a la calle y fui a ninguna parte.

Lo único que necesitaba era salir de esa casa de locos y despejarme un poco.

Mis pasos me llevaron al centro de la ciudad, dónde la gente iba y venía sin parar. Eso es lo que necesitaba, rodearme de extraños y no pensar en nada más que en los escaparates de las tiendas.

Me paré en un semáforo en rojo, los coches pasaban a toda velocidad por la carretera, pero hubo algo que me llamó la atención.

En frente, al otro lado de la calle, había un hombre. Pude fijarme en su cabello rubio y su cuerpo bien formado, pero lo que me llamó la atención fueron sus ojos claros. Desde esa distancia no podía distinguirlos bien pero… tenía la sensación de que no era la primera vez que los veía.

Una furgoneta pasó tapando mi visión y cuando se fue no quedaba ni rastro del chico.

Me quedé un poco confundida y decidí que lo mejor sería volver a mi supuesta casa.

Iba caminando por el patio, era la hora del descanso y hoy hacía un día soleado, algo raro en esta ciudad.

Iba sumida en mis pensamientos cuando oí como gritaban mi nombre.

Mire a todos lados y divisé a Ginny Weasley agitando su mano desde un banco.

-¡Hermione, ven con nosotros!

Sonreí tímidamente y negué débilmente con la cabeza.

Ginny no desistió y vino hacía mí más rápido de lo que pensé que podría, me cogió de la mano y tiró de mí hacía donde se sentaba ella con sus amigos.

El panorama que me encontré fue algo…extraño, pero a la vez divertido.

Luna estaba en el borde del banco, agachada mirando a dos mariquitas, parecía muy entretenida y alejada de todo lo que le rodeaba.

A su lado había dos chicos, uno moreno y con gafas y el otro igual de pelirrojo que Ginny, peleando por un trozo de manzana.

- … hambre. Así que, tengo derecho a comérmelo. Estaba diciendo el pelirrojo.

-No, Ron. Tú te has comido la mayoría, por lo tanto me corresponde a mí.

-De eso nada.

El pelirrojo se lanzó a por la manzana, pero el de las gafas la cogió antes y se lo llevó a la boca.

El otro chico le miró incrédulo, sin poder creerse que lo hubiera hecho.

-¡Te vas a enterar!

Ginny carraspeó, pero no le hicieron caso.

-¡Hey! ¡Chicos comportaros! Tenemos visita.

Los dos nos miraron (Luna seguía en su mundo) e inmediatamente se sentaron correctamente y nos sonrieron.

Ginny suspiró.

-Chicos esta es Hermione- los dos me sonrieron- Hermione, él es Harry, y éste es el idiota de mi hermano, Ron.

-Hola. Dije un poco tímida.

Hacía mucho que no me relacionaba con la gente y había perdido la costumbre.

-¡Ya sé quien eres!- dijo Ron- tú eres la que se intentó suicidar, la chica huérfana.

Mi intento de sonrisa desapareció y endurecí mi mirada.

Vi como Harry le daba un codazo a su amigo.

-¡Ron! –dijo Ginny –, ¡eres un insensible sin tacto!

Luna levantó la mirada y nos miró, confundida.

-Un placer conoceros.

Dijo con voz neutra.

Di media vuelta y me fui.

Oí como Ginny me llamaba pero pasé de ella. Fui directa al baño y cerré la puerta de un portazo.

Apoyé mi mano buena en el lavabo y me miré al espejo. Tenía los ojos rojos y brillosos, pero no lloraría, no esta vez.

Mojé mi cara con agua, para intentar tranquilizarme. Volví a mirar al espejo con la cara húmeda.

Pero en el espejo no estaba sólo mi reflejo, detrás de mi estaba otra vez ese chico, el del semáforo, con sus ojos azules-grisáceos mirándome intensamente y despreocupadamente, casi aburrido.

Me giré rápidamente y grité como nunca lo había hecho.

El chico levantó una ceja y miró detrás de él, volvió a mirarme y vi como ponía los ojos en blanco y cruzaba los brazos.

-¿¡Q-quien eres! Y qué demonios haces aquí.

El chico rubio (ahora que me fijaba mejor era rubio platino) entrecerró sus ojos y me miró interrogante.

-¿Y ahora con quien hablará esta loca?

El chico habló. Su voz era grave y arrastraba las palabras.

Yo fruncí el ceño.

-¿Con quién va a ser? Contigo idiota. ¿Acaso ves a alguien más por aquí? Y por si no lo sabes éste es el baño de las chicas así que...

La puerta del baño se abrió y por ella entraron tres chicas que iban a mi clase.

-¿Con quién hablas Granger?

-Pues con...

Al mirar donde se encontraba el chico vi que ya no estaba.

Me quedé sin palabras, miraba incrédula el lugar donde antes había un tipo de casi dos metros de altura.

¡Como diablos se había ido!

Salí del baño rápidamente. Oí que decían algo como 'se ha vuelto loca de remate?. Lo ignoré completamente.

Vamos, Hermione. Tiene que tener su lógica, él estaba allí. No lo has soñado, era real...

Él era real.

Tu no estas loca, no lo estas, no lo estas...

Decidí que lo mejor sería volver a la casa de mis tíos. Hoy había sido un día muy largo y no me encontraba en condiciones de escuchar cómo Napoleón ejerció de dictador.

A lo lejos dos ojos azules la vigilaban sin quitarle el ojo de encima ni por un instante.

Estaba confundido, la chica le había visto y eso era prácticamente imposible.

Tendría que averiguar porqué había sucedido. Y de ahora en adelante llevar cuidado en cómo actuar, no podía permitir que pasara más veces.

En silencio la siguió a una distancia prudente.

Pero pronto averiguaría que no podría hacer nada al respecto y que lo que acababa de suceder marcaba el principio del cambio en la vida de ambos.


¡FIN... del capitulo dos!

Sé que es poco satisfactorio y cortito, pero es lo que hay por ahora. Mañana subiré el capitulo tres, ¡prometido!

¡No os olvidéis de dejar reviews!

Así haréis de esta escritora (aficionada), una escritora (insisto... AFICIONADA) ¡FELIZ...HAPPY HAPPY!

Nos leemos pronto

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