¡Hallo!
Como prometí, aquí os traigo el tercer capítulo de "Mi ángel negro" , seis paginitas solamente, pero como ya dije, los primero capitulos de este fic son cortitos. Lo siento, pero me salieron así.
¡PERDONADME! Sé que no he contestado ni uno de vuestros reviews, pero no es mi culpa. La página no me va bien, y no me deja verlos, o eso, o es que yo soy medio lela.
En fin, intentaré responderos, antes o después, tendréis respuesta.
Gracias a todos los que me leéis, aún no sé ni cuantos sois ni quienes sois, pero ¡gracias! ^^
¡Nos leemos pronto!
Capitulo 3: Noche en vela
Ha pasado un mes desde que volví a las clases después del pequeño incidente (prefiero no llamarlo por su nombre), y todo es tan… extraño.
Sigo con mi vida rutinaria, voy a clases y he vuelto a volcarme en los estudios al igual que antes, aunque no con el mismo fin.
Antes sólo pensaba en ser la mejor de la clase y así labrarme un buen futuro, en cambio ahora sólo busco la distracción. Intento mantenerme ocupada la mayor parte del tiempo para no pensar en nada ni en nadie.
Una de las mejores cosas que me han sucedido en estos últimos meses tan trágicos son mis nuevos amigos.
Al final resultó que los amigos de Ginny y Luna no eran tan malos como yo creía. De hecho al siguiente día Ron y Harry me pidieron disculpas, y aunque Ron a veces sea un poco irritable, ha resultado ser un gran amigo, al igual que Harry.
En realidad todos son unas personas increíbles, cada uno con algo particular que lo hace especial, y gracias a ellos todo me resulta más fácil ahora.
Pero ni si quiera ellos pueden llenar ese vacío en mi pecho, y cuando estoy sola se hace más grande y los siento presente en todos mis sentidos.
Me va desgarrando por dentro lentamente y creo que nunca podré recuperarme de este golpe que me ha dado la vida.
Con mis tíos sigue todo igual, Vilma sigue siendo igual de insoportable y el tío Harold se ha vuelto sobre protector. Me prohíbe salir a partir de las ocho de la noche, según él es por mi seguridad pero más que un tío preocupado por la pobre desamparada de su sobrina, parece un carcelero haciendo de guardián en la celda de un criminal.
Del chico misterioso no sé nada, desde aquel día no lo he vuelto a ver o a imaginar o lo que sea que fuera eso.
La verdad, mejor así, estaba empezando a pensar que mi cordura se estaba viniendo abajo.
Suspiré.
Esto es lo que sucede cuando te desvelas una noche, te pones a pensar y pensar y lo único que consigues con eso es hundirte más en los problemas.
Volví a cambiar de postura en la cama, odiaba cuando no podía dormirme. Era algo insoportable, las noches de insomnio son muy largas y aburridas.
Al final desistí en el intento de dormir y me levanté y miré en rededor en busca de algo que hacer.
Salí al balcón, un poco de aire fresco no me vendría mal. Me apoyé en la barandilla y miré al cielo. Hoy era una noche despejada y se podía apreciar las estrellas. Claro que, nada comparado con el cielo de un bosque dónde no hay luz y las estrellas se ven mejor y más hermosas.
¿Hay algo mejor que mirar las estrellas?
Papá y yo podíamos pasarnos toda la noche en la terraza enriqueciéndonos con tal belleza, él me decía el nombre de las constelaciones una y otra vez y luego jugábamos ha hacer figuras con ellas; no importaba si era invierno o verano.
Extrañaba tanto esas noches…
Repentinamente aparté la mirada del cielo y clavé mis ojos en la oscura calle. A veces mi mente me jugaba malas pasadas con recuerdos demasiado dolorosos.
Me concentré en la calle y las casas de enfrente, era lo mejor para olvidarse del dolor. Eran las tres de la mañana y el día siguiente era un día laboral, por lo que la calle estaba vacía excepto por un perro negro abandonado que rebuscaba en la basura.
Empezaba a tener frío e iba a volver a la habitación cuando de pronto vi como un hombre de cabellos rubios desaparece por la esquina.
¿Es posible que fuera el chico del baño?
Sin pensármelo dos veces entré en mi habitación, me puse mi abrigo largo sobre el pijama y bajé las escaleras sigilosamente para no despertar a mis tíos.
Crucé la calle lo más deprisa que pude y seguí los pasos de aquel hombre.
Pasé la esquina esperanzada de ver al misterioso hombre que había divisado desde mi balcón, pero me llevé una decepción al ver que la calle estaba vacía.
Sin poder remediarlo salí corriendo en su busca, pasé varias calles y cada vez mi respiración era más agitada.
¿Por qué hacía esto?
Ni si quiera estaba segura de que fuera aquel chico, de hecho ni si quiera estaba segura de no habérmelo imaginado.
Tal vez fuera eso, tal vez tenía que asegurarme de que era real, que no era un producto de mi imaginación, que no me estaba volviendo loca.
Poco a poco fui bajando el ritmo, cansada de tanto correr, hasta que paré completamente. Respiraba entrecortadamente y sentía mis pulmones doloridos.
Después de tanto no vi a nadie, las calles estaban todas desiertas y no quedaba ni rastro de ese hombre al que se supone había visto.
En ese momento sentí unas pisadas detrás de mí. Mi cuerpo se tensó, me giré lentamente y pude ver a tres hombres de unos veinticinco años acercándose a mí.
-Mira lo que tenemos aquí, una niña.- Dijo el que iba en el medio, (parecía el jefe)
-Una niña muy linda.
-¿Qué hace una niñita como tu vagando por las calles tan solita a estas horas de la noche? ¿Acaso te has perdido?
Conforme fueron hablando se fueron acercando y ahora los tenía prácticamente encima. Retrocedí instintivamente, no me gustaba nada la mirada de esos tres; no anunciaban nada bueno.
-Tíos dejad a la chica, ¿no veis que esta asustada?- Habló el jefe. Tenía unos ojos negros que intimidaban bastante, y los pelos revueltos y negros y esas pintas de… matón, no ayudaban mucho a su imagen.
Fruncí el ceño, definitivamente esto no me gusta nada.
El azabache se acercaba más y más, mientras que los otros dos se quedaron en la retaguardia.
Yo seguí retrocediendo con cuidado de no tropezarme. Mi plan era llegar hasta la próxima esquina y salir corriendo, no era muy ingenioso ni seguro, pero era lo único que tenía.
-¿Quieres que juguemos un rato?
Puse tal cara de horror que se rió de mí.
-Tranquila niña, te divertirás, lo prometo.
-Ni se te ocurra ponerme un dedo encima.
De dónde saqué el valor para decir esas palabras no lo sé, pero no causaron en efecto que yo esperaba.
Su expresión, que hasta ahora había sido relajada e incluso amigable, se volvió dura y se podía notar que mi comentario le había hecho enfurecer.
Suspiró, parecía abatido.
-Tenía la esperanza de que esto no fuera así –me miró intensamente –, lo siento niñita, ha sido tu elección, será a la fuerza.
Me asusté, me asusté mucho y mi instinto me mandó a correr lo más deprisa que podía.
Pero antes de que pudiera si quiera llegar al final de la calle, el mal nacido ese ya me había atrapado.
Me acorraló entre él y la pared con un fuerte golpe, no pude evitar gemir del dolor que me produjo, algo que pareció satisfacer al grandullón.
Mientras tanto los otros dos estaban de espectadores, riendo y disfrutando de la desgracia de la chica que se había cruzado en su camino.
El hombre me sujetó de los brazos con fuerza y empezó a besar mi cuello.
Temblaba de arriba abajo, intentaba contener las lágrimas pero me era imposible. Me retorcía todo cuanto podía pero era inútil, era demasiado fuerte para mí.
-Si te mueves tanto será peor para ti.- Me gruño en el oído.
Esto no podía estar pasando, tenía que ser otra pesadilla. Ya había sufrido lo suficiente, y lo seguía haciendo, no podía pasarme esto, ¡no era justo!
Pero no era una pesadilla.
Podía sentir perfectamente sus asquerosos besos en mi cuello y como sus sucias manos recorrían mi cuerpo con frenesí.
Y yo estaba sola, no había nadie que me ayudara.
Siempre ha sido así, siempre he estado sola…
Comencé a llorar más fuerte y desistí en liberarme de él.
Me rendí.
Ya no me quedaban fuerzas.
-No estás sola.
Abrí los ojos.
Había sido como un susurro en mi cabeza, pero sabía que había sido real.
Y con esas tres simples palabras recuperé la fuerza y empecé a forcejear con todas mis ganas.
El hombre gruñó colérico. Se apartó un poco de mí, me cogió de los brazos y me tiró al suelo.
Dolió, pero algo dentro de mí se quedó más tranquilo.
Aunque ese pensamiento fue demasiado repentino, ya que volvió a levantarme y empezó a zarandearme.
-¡Estate quieta!
-¿Y dejar que tus asquerosas manos me toquen…? ¡Nunca!
-Maldita zorra.
Levantó una mano con la intención de pegarme, yo volví mi cara y cerré los ojos con fuerza, esperando el golpe y rezando por que no fuera muy fuerte.
Y entonces apareció. De la nada, como siempre.
Tenía el ceño fruncido y pelos platinos le caían por la frente, ensombreciendo sus ojos grisáceos.
Un gran alivio recorrió mi cuerpo al verle, no sé porqué pero sentía que nada me pasaría ahora que estaba él.
Supongo que sería porque ya no estaba sola.
Agarró la mano del azabache con fuerza y lo miró con asco.
-No se les pega a las mujeres. ¿Tú madre nunca te lo dijo?
Arrastraba las palabras y su tono de voz era de indiferencia. Lo único que sus ojos mostraban era asco.
El azabache se zafó de su mano y se giró hacía él, sin soltarme.
-¿Y tu quien eres?
-Suéltala.
Fue una orden bien clara aunque seguía sonando a indiferencia.
Repentinamente los otros dos hombres se pusieron uno a cada lado de su jefe, con los brazos cruzados y los pechos hinchados, intentando aparentar ser unos machotes.
-¿Y si no quiero que harás?
El chico misterioso –decidí llamarlo así –, puso una sonrisa de medio lado que más bien parecía una mueca-sonrisa.
-Pues la cogeré yo.
Abrí los ojos sorprendida, no esperaba una respuesta de ese modo.
Los demás parecían igual de sorprendidos que yo.
-Inténtalo, a ver si puedes.
-Muy bien.
Se acercó más a mi cautivador y lo miró fijamente, era una mirada ruda, feroz, intimidatoria.
-Suéltala.
Esta vez fue un gruñido feroz que hizo que me soltara inmediatamente.
Me aparté de él y me puse al lado del chico misterioso.
-Hey tío, relájate. Sólo queríamos divertirnos un rato.
-La próxima vez buscaros un gato.
Me cogió del abrigo y me arrastró con él.
Andaba de prisa y no se paró hasta haber pasado algunas calles.
Se volvió hacía mí, parecía enojado, aunque no lo demostró.
-A veces me pregunto como puedes ser tan estúpida.
-¿Qué?
Puso los ojos en blanco y me miró de nuevo con esa indiferencia que parecía caracterizarle.
-Vuelve a tu casa.
Más que un consejo o una petición fue una orden y eso me molestó, ¿quién se creía que era éste para darme órdenes?
-No quiero.
Frunció el ceño claramente molesto.
-Eres una niña caprichosa.
-Y tu un idiota que aparece y desaparece de la nada.
Bufó y se pasó una mano por el pelo, despeinándolo.
-Esto no debería estar pasando.- Murmuró para sí mismo.
-¿Qué no debería estar pasando?
-Vete a tu casa antes de que te encuentres con esos imbéciles de nuevo.
-No me has contestado.
-No pensaba hacerlo.-se burló.
Fruncí el ceño. ¿Es posible odiar a alguien sin apenas conocerle?
Porque empezaba a molestarme e irritarme como nadie conseguía hacerlo, ni siquiera Ron.
-Muy bien, quédate aquí. Pero no pienso volver a ayudarte si te los encuentras.
Empezó a alejarse sin tan siquiera dejarme hablar.
-¡Nadie te lo ha pedido!
-¡Olvídame!- gritó a lo lejos.
Solté un gritito de frustración y cuando lo perdí de vista me dí cuenta que no le había preguntado absolutamente nada de lo que tenía pensado.
Es increíble como una persona puede hacer que pierda el control de mi mente de una manera tan fácil.
-Estúpido.
-Hermione. ¡Hermione!
-¿Qué?
-No has escuchado nada de lo que he dicho, ¿verdad?
-Perdona Ginny, es que hoy estoy un poco despistada.
Ginny y yo estábamos en la cola de la cafetería esperando nuestro turno para pedir la comida.
La pelirroja me miró inquisidoramente.
-¿Tiene algo que ver algún chico?
-¿¡Qué! N-no, claro que no.
-Pues tu nerviosismo indica lo contrario.
-Pues te equivocas, simplemente anoche no dormí bien. ¿Qué me decías?
-¡Ah, si! Te hablaba de la fiesta.
-¿Fiesta?- hice una mueca.
-No pongas esa cara. ¡La fiesta de Halloween! Será divertido. Pero hay que prepararlo todo, el disfraz, el peinado, los zapatos…
-Para, para, para. Creo que yo no estoy para ese tipo de fiesta.
-Oh, si. Tu estas más que preparada para Halloween. Si hace falta te llevo de los pelos, pero tu te vienes.
Rodé mis ojos.
Ciertamente no me apetecía nada una fiesta.
-Vamos será divertido y te distraerás. Necesitas salir un poco, te pasas la vida en la casa de tus tíos.
-¿Cuándo será?
-Pues el 31 de octubre, ¡cuándo si no! Se hará en el gimnasio, ya veras, todos los años lo decoran y este año harán un buen trabajo. Iremos todos, Harry, Ron, Luna, tu, yo, también el guaperas de…
Ginny siguió nombrando a todos los tíos buenos que acudirían a la fiesta.
Tal vez ella tenga razón, paso demasiado tiempo en casa de mis tíos.
Y no pasará nada por ir un rato, ¿verdad?
A lo lejos, un enfurruñado chico de ojos como el hielo la observaba cuidadosamente. Cada vez le era más difícil mantenerse al margen, ¿cómo hacerlo si te pueden ver en cualquier momento?
Se supone que eso no debería pasar, pero claro, ella siempre tiene que ir al contrario que todo el mundo.
No podía negar que le causaba mucha curiosidad el por qué del problemilla. Tal vez se dejara ver más a menudo, total, no incumplía ninguna norma.
Además, esa chica necesitaba más ayuda de la que él había creído, y necesitaba ayudarla.
Porque si no lo hacía se quedaría así para siempre, y eso, no iba a permitirlo.
CONTINUARÁ...
¿Qué os ha parecido?
Por favor, si algo no entendéis, hacédmelo saber, haré todo lo posible para explicaroslo, si es que puedo.
A veces no me doy cuenta que otras personas pueden que no entiendan todo porque ellas no saben todo lo que yo tengo en la mente, no sé si me explico xD.
Os pido un poco de paciencia, las cosas se irán sabiendo poco a poco. Pero al final todo se sabrá :)
¡No os olvidéis de dejar reviews!
¡Besotes!
(LLL)
