Bueno, como había dicho, hoy subo dos capítulos, y aquí esta el quinto de este fic.
Me gustaría hacer una recomendación; he decidido que de ahora en adelante dejaré el link de algunas canciones que me gusten, para que vosotras también podáis disfrutar de ellas.
Aunque, conociendo mis gustos, seguramente a la mayoría no os guste. Pero es que me hace ilusión xD.
La primera canción que recomiendo es, como no podía ser de otra forma, del grupo 30STM (30 Seconds To Mars), dónde está uno de mis amores plátonicos, Jared Leto, cantante de la banda, y con una voz, tengo que añadir, que te deja sin aliento.
Si, me vuelve loca jajajaj.
Y aquí os dejo con la canción que da nombre a su nuevo álbum.
Espero que os guste.
Se llama THIS IS WAR, y el link es de Youtube
.com/watch?v=LPajZ0074Ks
No tengo mucho más que decir, puesto que ya he dicho todo antes... sólo me queda añadir...
¡Disfrutad de este capitulo!
Capitulo 5: La tormenta
-¡Hermione! ¡Hermione abre la puerta!
La aguda voz de Vilma me despertó, sobresaltándome tanto que casi me caigo de la cama.
Ella golpeaba la puerta con un ímpetu poco habitual considerando que eran las siete de la mañana.
Desganada y adormilada fui a abrir la dichosa puerta, encontrándome con un caro (y horroroso) vestido color marfil embutido en el delgadísimo cuerpo de mi tía.
-Me has despertado.- murmuré malhumorada.
-Entonces te he hecho un favor sino llegarías tarde a clase.
-¿Qué quieres?
-Venía a avisarte de que hoy Harold y yo no estaremos en casa en todo el día, tal vez no regresemos hasta mañana en la tarde.
Fruncí el ceño.
-Podrías habérmelo dicho antes, hubiera sido todo un detalle por tu parte.
-Cuidado con ese tono impertinente niña, podría traerte malas consecuencias.
-¿Se puede saber a donde vais?- pregunté más que molesta.
-¡No te importa niña!
Empezó andar hacia las escaleras y antes de comenzarlas a bajar se volvió hacia mí.
-Que no me entere yo de que haces alguna estupidez en nuestra ausencia. Sabes lo que podría pasar.
Cerré de un portazo antes de que pudiera decir algo más, me senté a lo indio sobre la cama e intenté tranquilizarme un poco.
'Sabes lo que podría pasar'
Recordé sus palabras.
Sabía perfectamente lo que pasaría si hacía alguna estupidez.
Un centro de menores. Me mandarían a un centro de menores. Un lugar muy desagradable para cualquier persona, pero a estas alturas empezaba a pensar que cualquier lugar sería mejor que esta casa.
Claro que no estaba dispuesta a dejar a mis nuevos amigos que me brindaban un gran apoyo.
De pronto recordé la discusión de ayer con Ginny y el motivo de ésta.
Empecé a encontrarme mal, ese dolor en el pecho volvía a torturarme.
Me tumbé en la cama y cerré con fuerza los ojos.
A veces me gustaría poder desconectar del mundo, de la realidad, poder transportarme a algún lugar donde nada tuviera sentido, donde los recuerdos se pudieran olvidar.
Pero eso es algo imposible.
Pude oír como mis tíos salían de la casa y cogían el coche marchándose a vete a saber donde.
Me quedaba sola, en una casa enorme a la que no le tenía ni un poco de cariño y sería por más de un día.
Y lo aprovecharía.
No pensaba moverme de donde estaba, me quedaría en cama todo el día con mis lamentaciones y mi soledad.
Hoy no me apetecía fingir que no ocurría nada y que estaba bien.
...
La estúpida de Granger había decidido encerrarse nuevamente en su mundo lleno de amargura.
Cada vez a Draco le parecía más imposible poder ayudarla, lo que significaba que él se quedaría así para siempre.
Pero no, no, eso no pasaría. Él siempre conseguía todo lo que se proponía y esta vez no iba a ser una excepción.
Esa Granger era dura de roer, pero no era un caso imposible. Esa palabra no existía en su diccionario y hoy que sus insoportables tíos se habían ido aprovecharía para acercarse a ella y averiguar la forma de sacarla de ese abismo para poder sacarse a sí mismo del abismo en el que se encontraba.
¿Pero cómo hacerlo?
No podía plantarse delante de ella como si nada, le daría un infarto, o peor, se enfurecería.
Tenía que pensar en algo, no podía desperdiciar esa ocasión.
Tras hacer un agujero en el suelo de tanto ir de un lado a otro, sólo se le ocurrió una forma de poder hablar con ella sin provocar una catástrofe y la idea no le agradaba en absoluto.
Como odiaba tener que fingir ser comprensivo y amable.
Salió de la habitación de la castaña y se apresuró en bajar las escaleras.
No le hacía ninguna gracia mojarse, pero no le quedaba de otra.
...
Unos golpecitos en el cristal del balcón me despertaron.
Estaba teniendo un sueño agradable y me lo habían interrumpido. Fuera lo que fuese me había puesto de un humor de perros.
Me senté en la cama y miré el balcón. Alguien estaba tirando piedrecitas al cristal.
Sin poder contener la curiosidad fui a asomarme, no podía ni imaginar quien sería el o la idiota que me había despertado.
Salí a la fría y lluviosa mañana de otoño, cuidadosamente me asomé para ver mejor la calle.
Y me sorprendí, me sorprendí mucho al ver a Draco Malfoy abajo, calado hasta los huesos y con una piedra en la mano, preparado para lanzarla (demasiado grande, por cierto).
Al parecer estaba desesperándose de que no saliese.
Fruncí el ceño, ¿qué diablos hacía Draco Malfoy delante de la puerta de mi casa?
-¿¡Que haces aquí! ¡dije que no quería volver a verte!
-Eso no es verdad,-dijo muy seguro de sí mismo –además deberías sentirte afortunada de que esté aquí.
-¡Eres un creído y un egocéntrico!
Me giré dispuesta a entrar en la habitación, estaba lloviendo, hacía frío, estaba en pijama y no tenía ganas de oír los insultos de ese cretino.
-¡Eh, Granger!-no pude evitar girarme- ¿vas a dejarme aquí?
-¿Y por qué no?
-Estoy empapado.- puntualizó como si eso lo explicara todo.
-¿Y? Ése es tu problema.
Nos miramos desafiantes durante unos segundos, hasta que un trueno interrumpió nuestra batalla de miradas.
Miré el cielo y vi como las nubes cada vez eran más negras, se acercaba una gran tormenta.
Suspiré, o más bien gruñí.
No podía dejarle ahí, en medio de la tormenta. Mi conciencia no me lo permitía.
Entré a la habitación y la crucé, salí al pasillo y bajé las escaleras rápidamente.
Fui a la entrada y abrí la puerta de un tirón.
Y ahí estaba él nuevamente, con sus ojos como el mercurio mirándome fijamente, su cabello rubio mojado y pegado a la cara, su camisa negra tan mojada que se podía distinguir su muy bien formado torso.
Nunca me había fijado en el perfecto hombre que era, apuesto, con un cuerpo envidiable y con esos hermosos ojos fríos y duros que te miraban tan intensamente.
-¿Quieres una foto? Te duraría más.
Sentí arder mis mejillas y le miré furiosa, él tenía esa sonrisa cínica en la cara, igual de hermosa que de letal.
-Debería dejar que te ahogaras en la tormenta.
-Los dos sabemos que jamás permitirías algo así.
Profundizó su sonrisa y me dieron ganas de golpearle en la cara.
-Pasa- gruñí.
Entró con tanta elegancia que estuve a punto de hacer que se tropezara para que se dejase de esos aires de grandeza.
Cerré la puerta y me volví hacia él cruzándome de brazos.
-¿Qué haces aquí?
-Intentar no mojarme.
Entrecerré los ojos exigiendo una explicación mejor. Él rodó sus ojos.
-La tormenta me sorprendió y pasaba por aquí.
Bueno, no es que fuera muy detallada pero por ahora me servía.
-Ven.
Lo guié hasta mi habitación, algo que me ponía un poco nerviosa, era la primera vez que llevaba a un chico a mi cuarto y no podía evitar tener esas extrañas sensaciones en el estómago.
Entramos y cerré la puerta tras él.
Me lo quedé mirando, estaba de espaldas a mí observando la estancia. Empezó a andar hacia mi cama con la intención de sentarse.
-¡No, quieto!-le interrumpí en mitad de la acción.
Él levantó una ceja, algo que (tenía que admitirlo) le hacía verse condenadamente sexy.
No dijo nada, pero no hacía falta que lo hiciera.
-Vas a mojar mi cama. Estate ahí quieto, vuelvo en seguida.
Salí de mi cuarto y fui a la habitación de mis tíos. Fui directa al armario de mi tío y cogí unos pantalones viejos y una camisa de cuadros que tenía de su juventud y que no se deshacía de ella porque decía que le traía muy buenos recuerdos.
Cuando volví a mi habitación encontré a Malfoy mirando la calle y chorreando agua por cada poro de su pálida piel.
Al oírme se volvió hacia mí.
Me acerqué a él, manteniéndome a una distancia considerable, seguía enfadada con él y no podía evitar desconfiar.
Era un completo desconocido rodeado de misterios, pero que por alguna razón me hacía sentir segura en su presencia.
Y eso me confundía, ¿cómo es posible desconfiar y confiar en una persona al mismo tiempo?
Es de locos.
Oí como carraspeaba y vi como levantaba la ceja nuevamente, me había quedado mirándole fijamente como una idiota.
Sentí arder mis mejillas y fruncí el ceño.
Odiaba que me pasara eso.
-Ponte esto.
Hizo una mueca al mirar la ropa.
-¿Algún problema?
-Esa ropa es horrible.
-Pues te aguantas. Si no te gusta quédate con esa ropa mojada, no es mi problema.
Le tiré la ropa al suelo y me senté en la cama de brazos cruzados, ignorándole completamente.
Era un desagradecido. Encima que después de cómo me trató el otro día le acojo en mi casa para que un rayo no le partiera en dos, me viene con exigencias y quejándose por todo.
Oí como bufó, claramente molesto.
Ni siquiera le miré, cogí el libro que estos días ocupaba mi cómoda y seguí leyéndolo.
-Por lo menos me podrías dar una toalla para poder secarme.- gruñó.
Levanté la vista de las páginas del libro y abrí los ojos como platos.
Malfoy estaba justamente enfrente de mí, sujetando la ropa que le había dado en un puñado arrugado en su mano derecha, con el ceño fruncido, lo que demostraba que estaba más que enfadado.
Pero lo que me sorprendió fue ver que su empapada camisa negra estaba completamente desabrochada, dejando a la vista el pecho blanquecino y muy bien trabajado de Malfoy.
Para entonces mi cara ya estaba roja como un tomate.
En un impulso que no pude controlar le tiré el libro que tenía en las manos.
Él lo esquivó fácilmente, pero eso no impidió que se enfadara más de lo que ya estaba.
-¡EH!-se quejó- ¿¡Qué crees que estás haciendo!
Furioso.
Esa era la palabra que ahora mismo le venía como anillo al dedo. Jamás le había visto así, y realmente asustaba.
Pero no era el único que estaba furioso, y yo no me dejaba asustar tan fácilmente.
-¡Eso es lo que yo me pregunto! ¿¡Qué demonios crees que estás haciendo! ¡Eres un pervertido!
El semblante de Malfoy se relajó y una sonora carcajada salió de su boca.
-¿Te pongo nerviosa Granger?- se burló.
-¡Cállate!- me puse de rodillas sobre la cama- ¡no puedes desnudarte delante de mí!
-Eres una santurrona Granger.
-Cierra el pico y ve a cambiarte al baño.- le dije señalándole a la puerta que tenía detrás de él.
Con una sonrisa burlona en la cara se metió al baño. Suspiré aliviada.
Me levanté a recoger el libro que había tirado en un momento de insconciencia. Yo jamás maltrataba de esa forma las cosas.
Todo era culpa de ese Malfoy, hacía sacar lo peor de mí. Me hacía perder el control sobre mi misma y me hacía enfurecer con mucha facilidad, demasiada diría yo.
Mientras tanto Draco se quitaba su ropa mojada y se secaba lentamente.
Aún no podía creer que Granger le haya tirado un libro. Antes nadie se atrevía a ni respirar sin su permiso.
Aunque tenía que admitir que le había sorprendido la reacción de la castaña. Si hubiera sido una de las chicas con las que solía encontrarse seguramente le habría intentado seducir. Pero ella no era así, ella era diferente.
Rara más bien.
Al menos había conseguido que le dejara entrar a la casa, ahora solo quedaba que le cogiera confianza.
Pero tenía el presentimiento de que eso no sería tan fácil, ni para ella ni para él.
Al salir del baño se encontró a Granger mirando como las nubes descargaban toda su furia en grandes gotas de agua.
Tenía la mirada perdida y ensombrecida, y sujetaba con las dos manos el libro que hace unos instantes le había tirado.
Le miró unos segundos y luego volvió a fijar la vista en la lluvia.
Él se sentó en su cama sin saber como empezar.
Oh, diablos. Estas cosas a él nunca se le han dado bien. Nunca ha sabido hablar con una persona de sus problemas, ni si quiera dejaba que la gente se sincerara con él.
Pero algo tenía que decir, si no todo este teatrito no habrá servido de nada.
-Siento lo de tus padres.
Se maldijo internamente. No debería haber dicho eso, pero así le salió.
No había podido evitarlo. Sabía que no era la mejor forma de empezar una conversación, todo ese tema era intocable para ella, y eso lo sabía perfectamente.
Ella le miró sorprendida, tanto que se le calló el libro de las manos.
-¿Cómo sabes eso?- dijo sin salir de su asombro.
-Yo lo sé todo sobre ti.- declaró con una sonrisa no muy alegre, más bien frustrada.
La castaña frunció el ceño pero dijo nada. Se agachó a coger su libro y fue a dejarlo en su cómoda.
Se sentó en el borde izquierdo de la cama (mientras que Draco estaba en el central).
-No quiero tu compasión –susurró –, no quiero la compasión de nadie.
Ninguno de los dos se miraba, Draco miraba el frente mientras que Hermione miraba sus manos que se encontraban en su regazo.
-No es compasión. No puedo sentir compasión por ti ni por nadie.
Hermione le miró sorprendida por su respuesta y por la frialdad de sus palabras, en cambio Draco seguía mirando al frente.
-¿Por qué dices eso?
-Porque es la verdad.
Hermione no dijo nada y volvió a mirar sus manos. Estuvieron un rato en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.
Hermione preguntándose que sentido tenían esas palabras y que quería decir con que sabía todo sobre ella, mientras que Draco revivía recuerdos desagradables.
-Has dicho que sabías todo sobre mí…- dije al cabo de un rato.
Malfoy me miró de reojo, se levantó y se puso a mirar por el balcón, dándome la espalda.
-Si supiera todo sobre ti, tu y yo estaríamos mucho mejor, créeme.
Con cada palabra que decía mi confusión se hacía más grande.
-¿Qué quieres decir? Hablas pero no dices nada. Deja de hacerte el misterioso y contéstame por una vez a lo que te pido.
No alteré mi voz pero el tono era serio y enfadado. Ya me estaba hartando de sus jueguecitos.
-Contéstame a una pregunta –dijo mirándome – y yo responderé a la tuya.
Fruncí el ceño.
-¿Y porqué no contestas tu la mía y después yo a la tuya?
Me sonrió con esa sonrisa torcida que cada vez me gustaba –y asustaba – más, levantó una ceja y mi corazón se aceleró inevitablemente por una fracción de segundo.
-Porque aquí soy yo el que pone las reglas y porque a la que le interesa este trato es a ti. Yo tarde o temprano lo averiguaré.
Profundicé más mi ceño y bufé exasperada, cruzándome de brazos.
Cerré los ojos, muestra de resignación-
-Está bien, dispara.
-¿Literalmente?- se mofó.
-¡Habla!
De repente su semblante cambio de divertido a volverse completamente serio.
-¿Por qué lo hiciste?
Le miré confusa y extrañada.
-¿Qué?
-¿Por qué intentaste suicidarte?
Bajé la mirada.
Me levanté y le di la espalda.
-No te importa.- susurré.
-Contéstame.- me susurró.
Me sobresalté al sentir su aliento en mi oído.
Sin que me diera cuenta se había acercado a mí y ahora lo tenía detrás de mío, demasiado cerca.
Cerré los ojos e inspiré la aroma que desprendía, un olor a menta mezclado con una seductora colonia. Su olor me envolvió y me dejé llevar por esa grata sensación que mi ser podía volver a sentir después de tanto tiempo, esa paz y seguridad que tanto anhelaba.
-Porque…la muerte es apacible y fácil, pero la vida…la vida es mucho más complicada y dolorosa.
Mi voz fue un débil susurro impregnado de esa amargura y dolor que me destruía poco a poco por dentro.
Sentí como esa paz y seguridad se desvanecían conforme se alejaba de mí.
Y tuve el impulso de correr hacia él y estrecharle fuertemente en mis brazos para que no se fuera de mi lado nunca más y así no se pudiera llevar esa paz y seguridad que tanto necesitaba, pero pude contenerme a tiempo.
-Entiendo.- dijo volviendo a mirar a la lluviosa mañana.
-F-fue un momento de debilidad. Yo… me avergüenzo de mi misma.- Intenté justificarme, pero no había nada que justificara tal acción.
-La próxima vez que tengas uno de esos momentos piensa en el daño que haces. No creas que eres a la única que haces daño ni la única que sale perjudicada.
Su voz fue dura y carecía de sentimiento, parecía un témpano de afilado hielo.
Algo que me dolió.
-¿Ah, no? Pues dime a quién más hago daño porque a mí no se me ocurre nadie.-
Malfoy abrió la boca para contestarme pero el timbre sonó, interrumpiéndole.
Los dos nos quedamos mirando la puerta de mi habitación.
Volvió a sonar, una y otra vez, así que inevitablemente tuve que dejar de lado nuestra conversación e ir a abrir.
-Enseguida vuelvo.- murmuré sin tan siquiera mirarle.
Bajé rápidamente las escaleras, pues la persona que tocaba sin cesar fundiría el timbre a ese paso.
Abrí la puerta de un tirón.
-¡Hermione!
La voz de Ginny sonó como un reproche, usó el mismo tono que usan las madres cuando descubren alguna travesura.
Ginny estaba cruzada de brazos y con el ceño fruncido, detrás de ella estaban Harry y Ron –este último con cara de enfurruñado –.
-¿Qué hacéis aquí?-
-¿Tu qué crees? ¡Sacarte de estas cuatro paredes!
-No, no. Ahora no puedo salir.
-Oh, si. Si que puedes. Y hoy traigo refuerzos.- dijo señalando a Ron y Harry.
-Si, a la fuerza.- se quejó Ron.
No pude evitar sonreír.
-Hermione, Ginny tiene razón. Hoy ni si quieras has ido a clase y eso es muy raro en ti.
Suspiré.
Estaba claro que no me dejarían tranquila hasta no salirse con la suya.
-Venga, vamos a tu habitación y te ayudo a elegir la ropa.- dijo Ginny empujándome hacia dentro.
-¡No! –Ginny dejó de tirar de mí al oír mi contestación –, q-quiero decir que no hace falta. Mejor espera aquí- dije avergonzada.
Pero no podía permitir que vieran a Malfoy.
¿Qué pensarían?
No lo quería ni imaginar, y con la mente perturbada de Ginny…
Subí con trote rápido las escaleras y abrí la puerta de mi habitación.
-Tienes que…- Cuando entré el cuarto estaba vacío, sin nadie –…irte.
Una vez más se había ido sin decirme nada.
Una vez más se había desvanecido.
CONTINUARÁ
Bueno, como podéis ver, Draco y Hermione empiezan a conocerse un poquito más. Seguramente el próximo capitulo lo suba mañana.
Rezad para que sea así. xD
Dejad REVIEWS por faaaa!
¡os quierooooo!
¡Besos y achuchones para todos!
