L miró con extrañeza a Light y a Teru, que entraron juntos a la sala.

-Me voy a llevar a este baka a tomar un café para que se tranquilice- dijo el moreno.

-Si, pero no se me olvida que tienen a Hiro aquí y voy a volver.

-Como quieras; pero yo te recomendaría que vayas preparándole una buena defensa a tu novio.

-No contestes- advirtió Maiah tocándole el hombro. Teru se contuvo y salió junto a Light y los dos shinigamis, aunque no fueron a un café sino al parque, al aire libre, donde no los oyeran.

Durante diez minutos, Maiah explicó en que circunstancias había conocido a Hiro y prestado su Death Note para que ejecutara su venganza. En ella había vertido todos sus poderes, que teóricamente ayudarían al rubio a protegerse del mundo, pero no había funcionado: Hiroki era tímido y asustadizo por naturaleza, y los poderes solo habían aumentado su temor a ser descubierto.

-Ahora entiendo que no le hice bien cargándole toda esa responsabilidad- observó ella- tiene tantas características de shinigami que es casi uno de nosotros.

-Pero tu dijiste que si renuncia a la propiedad de la Death Note lo perderá todo- recordó Teru, impaciente- si lo hace L no encontrará como culparlo de esos crímenes.

-Eso tal vez, ¿pero como explicarán lo de las alas que el y Matt vieron?- preguntó Light.

-No hay forma… a menos que… no, no podemos.

-¿Qué se te ocurrió, Maiah?

-Supongo que L tomará esas alas como algo sobrenatural y maligno, asociado al poder de Sohryu. Pero si viera algo similar…; si viera a otra persona hacer lo mismo…

-¿Un segundo Sohryu?- preguntó Ryuuk.

-Em… no precisamente.- La princesa de los shinigamis le robó a Ryuuk la manzana que estaba por engullir y le dio un mordisco.- Um, esto es una delicia… ¿en que estaba? Ah, si. Hacer que L y el equipo presencie como alguien mas vuela con estas alas y mata.

-¿Estás sugiriendo que Light o yo tomemos una Death Note y finjamos ser Sohryu?

-¡Claro que no, eso seria estúpido! En primer lugar, porque solo las mías les darían alas: una la tengo yo y la otra es la que escondiste, así que no hay posibilidad. Segundo, si tu o Light se convierten en dueños de la Death Note, L se vería en la obligación de apresarlos, aunque los quiera a ambos.

-Corrección: a el puede quererlo, a mi me ama.

-¡No es tiempo de bromas, Yagami!- exclamó Teru enojado.- Tienes razón en todo lo que dices, Maiah, pero siendo así, ¿Cuál fue la idea que se te ocurrió para salvar a mi Hiro?

-A mi padre no le gustara saberlo, pero que remedio. Hiro también es mi amigo y me necesita.

(…)

Light y Teru regresaron al edificio donde L tenia prisionero a Hiroki, ambos listos para representar una escena que con suerte les salvaría el trasero a todos.

-L, te exijo que me dejes ver a Hiro- dijo Mikami con tono imperioso- tus sospechas no son suficientes para mantenerlo aislado y en esas condiciones.

-Está bien… pero ya sabes que te estoy vigilando. Near, llévalo.

Near le vendó los ojos y lo condujo a la celda, en donde la tranquilidad de animo actoral del mayor sufrió una sacudida: nada podía prepararlo para ver a su delicado ángel atado a una camilla vertical, con una venda de acero sobre los ojos, y amordazado para que no pudiera hablar, con las mejillas húmedas por las lagrimas que se escapaban de sus ojos ciegos. Volvió su rostro a la cámara de seguridad desde donde sabía que L lo observaba.

-¡L, esto es demasiado! ¡No puedes tratar así a un sospechoso!

Hiro se removió al oír la voz de su novio junto a el, y Teru corrió a su lado. El rubio retomó su llanto de horror de inmediato, sin poder creer que su novio aun lo quisiera y estuviera ahí apoyándolo y tratando de obtener su libertad. ¿Acaso se merecía esa suerte?

-Voy a sacarle la mordaza quieras o no- desafió Mikami.

-Creo que tenías razón, Light- dijo L al moreno en voz baja- Teru se enamoró.

-¡Teru, lo siento, lo siento!- exclamó Hiro al borde de la histeria, mientras el de lentes lo abrazaba y le caía a besos, dolido al verlo tan humillado.

-Tranquilo, mi amor, no llores, yo te sacaré de aquí, lo juro. No tienen nada en tu contra.- Volvió a exhibir su tono petulante, lleno de ira contra su viejo amigo.- Esto es un abuso a las leyes, L. No puedo creer que llegues tan lejos. ¡Solo mira…!

-Teru, parece que no me conocieras. Es mi modo de trabajar.

-¡Por Dios! Maniatar a un chico de 18 como si fuera un asesino serial no es lo que yo entiendo por trabajo. ¡Hiroki no ha sido acusado formalmente de nada! Están violando sus derechos y yo me encargaré de iniciarles juicio a todos si algo le sucede estando en estas condiciones.

El rubio logró calmarse un poco gracias a la calidez del cuerpo de Teru junto al suyo, que olía muy bien, y a sus amenazas en contra de L, muestra de su preocupación y su ira. La verdad era que sin Teru no valía la pena seguir adelante, pero si él lo apoyaba, ¿debía esforzarse por librarse de sus cadenas y volver a ser un tipo normal? Como una respuesta a sus silenciosas preguntas, Maiah apareció junto a ellos, con aire decidido.

-Hiro-san, hemos estado conversando y concluimos que hay una sola forma de salvarte.

-Teru, ¿Cómo vas a hacer?- preguntó llorando.

-Debes renunciar a la propiedad de mi Death Note, para que pierdas todos los poderes y los recuerdos que te comprometen. Tus alas se desintegrarán y quedarás muy débil por un tiempo, pero es en ese momento que yo puedo aprovechar la energía que liberarás para mostrarme ante los humanos, por un tiempo limitado. Si L y los otros detectives me ven yo los convenceré que soy el asesino que llamaron Sohryu, y quedarás libre de culpas.

-No debes temer, amor- susurró Teru a su lado con ternura- esta injusticia no durará, y luego yo voy a llevarte a casa y a cuidarte. ¿Si? ¿Mushi mushi?

-Okidoki- contestó Hiro con una risa nerviosa. Teru volvió a besarlo y a meterle su lengua dentro sin la menor vergüenza, tratando de pasarle toda su fuerza y de paso calentarlo un poco; se merecía al menos eso al estar en esa horrible celda, solo y atemorizado por su futuro.

-Teru, preferiría que salgas ya- pidió L con firmeza.

El mayor miró con desagrado hacia la cámara de vigilancia, luego volteó para acariciarle la mejilla a Hiro una última vez. En ese momento Maiah comenzó a batir sus alas con toda la fuerza posible, haciendo caer a Teru en una especie de sopor que dejó estupefactos a los detectives y que hizo chillar al rubio convincentemente de miedo. La shinigami lo instruyó.

-¡Es mejor que lo hagas ya, Hiro-san! ¿Renuncias a la propiedad de la Death Note?

Hiro movió afirmativamente la cabeza tanto como pudo, y todo sucedió de pronto. Maiah le apoyó una mano en el corazón y rápidas y translucidas corrientes de energía se salieron de él y pasaron a ella. L se paró de repente al ver las citadas alas negras, que titilaban una y otra vez como una lamparita floja, hasta que éstas se desarmaron y las plumas volaron para todos lados. Uno tras otro los detectives corrieron a la celda sin hacer caso de las medidas de seguridad que ellos mismos habían puesto, alarmados por esa escena sobrenatural. Light llegó de último, como habían acordado.

-¿Qué diablos es esto, L?- exclamó Near asustado.

-¡Ayúdenme, por favor!- gritó Hiro, ahora asustado de verdad. Llevaba las alas tan arraigadas en él que ahora sentía como si estuviera desangrándose. Light se le acercó pese a las advertencias de L de que era peligroso y destrabó la venda de acero que le cubría los ojos: Hiroki gritó histéricamente por la excesiva luz y se desmayó antes que el moreno hubiera desatado la ultima correa que lo tenia atado, cosa que alarmó a Teru, quien también se veía débil pero se arrastró hasta ellos.

Maiah absorbió cada pluma y sus propias alas azules resplandecieron, junto con su cuerpo de sombras. El primero en vislumbrarla fue L, quien se aterrorizó por la fantasmal mujer. Cuando ella recogió toda la energía posible, pronunció la regla protocolar numero 10 (Visión) y todos los allá presentes pudieron verla con claridad, excepto Hiro, que seguía desmayado.

-L, mi amor, ¿Qué te pasa?- exclamó Light yendo hacia el y abrazándolo sobre el suelo, adonde había caído. Tenía los ojos desorbitados, y su novio se sintió un poco culpable por hacerlo sufrir esa farsa; sabía que le tenía pánico a las cosas sobrenaturales, pues no podían ser explicadas, y él era un hombre de lógica y razón. Juró que lo compensaría por ese mal rato, como sea.

Maiah miró a todos los humanos allí presentes con altivez, como correspondía a una princesa y diosa de la muerte. Al hablar, lo hizo directamente con L.

-Humano insolente, has interferido en mi trabajo. Debería castigarte por eso.

-¿Q… quien eres tu?- preguntó el aludido, nervioso.- ¿Qué eres tu?

-¿Qué parece que soy?- agitó su cabellera de sombras- soy una shinigami. Mi nombre es Maiah.

-Es imposible- balbuceó Mello- los shinigamis no existen.- Maiah le clavó una mirada fría.

-¿Cómo te atreves a negar mi existencia?

Su ira parecía tan real que hasta Teru y Light temblaron, cada uno con su novio entre los brazos. Era la situación más irreal que habían vivido jamás.

-Al perseguir a ese muchacho- señaló a Hiro- me han obligado a abandonar este plano en donde estaba cumpliendo con una misión sagrada. ¡Estoy tan enojada por eso que no se me ocurre un castigo lo bastante justo! Tal vez deba matar al chico.

-¿A que te refieres?- preguntó L temblando- ¿Qué misión, y que tiene que ver con Sohryu?

-Sohryu o como prefieran llamarlo no es mas que un humano común cuyo cuerpo tomé prestado temporalmente- explicó con tono amenazador- mi misión no te concierne. Lo cierto es que ese chico tenia tanto rencor encima, odio por las personas que lo lastimaron, que pensé en hacerle un favor deshaciéndome de sus enemigos. Ya que me prestó su cuerpo yo le presté mis poderes para la venganza.

-¿Estás diciendo que Sohryu hizo un trato contigo?- el tono de Matt denotaba asombro.

-¡No!- todos agacharon al oír su voz restallar como un látigo.- Yo no hago tratos. Hiro solo era el recipiente perfecto para mi espíritu. ¿Quién perseguiría a un joven tan angelical? Ahora que ustedes lo descubrieron ya no me sirve. Pueden ejecutarlo si quieren.

-Maldita shinigami- la insultó Teru- ¿Usaste a mi novio a tu antojo y ahora vas a permitir que lo maten?

-¿Y a mi que me importa lo que le pase ahora?

-¡Mikami, no!- exclamó Light sujetándolo por la manga cuando el mayor se paró para enfrentar a Maiah- no puedes pelear contra una shinigami, no tienes oportunidad.

-Cierto- corroboró ella- callado y tranquilo sino quieres morir.

La Hime desplegó sus alas y se elevó.- Ya que lo mencionas, no mataré a Hiro como atención a estos años que he pasado con el. Lo que los detectives quieran hacerle ya es otra cosa.

-Ohh, muchas gracias por tu generosidad- dijo Teru con ironía. Maiah le sonrió.

-De nada. Ahora… me voy, y espero que jamás vuelvan a cruzarse en mi camino.

Batió sus alas con fuerza y atravesó el cielorraso con naturalidad como si fuera una cortina, dejando una estela de su presencia tras de si para que nadie dudara de la realidad que acababan de vivir. Teru desvió la vista del punto de donde había desaparecido Maiah y se concentró en Hiroki, que no había despertado aun.

-¿Hiro? Mi amor, por favor, despierta. ¿Qué te hizo esa shinigami, querido? ¡Oh, Dios mío, no mueras, te lo ruego!

-Tranquilo, no ha muerto- consoló L. Había recuperado su aplomo tras la partida de Maiah y se había acercado al rubio, oyendo los latidos de su corazón.- Solo está desmayado, probablemente agotado.

El abogado fiscal Teru Mikami le dirigió una mirada de rabia y confusión a su amigo de la infancia (fingida, claro).- ¿No estarás pensando en retenerlo aquí, no? ¡Hiroki está muy debilitado, necesita un medico! Además no es su culpa haber sido el instrumento de esa perversa diosa.

-Ya lo se- suspiró L abatido- estoy acostumbrado a capturar criminales humanos, no dioses de la muerte. Solo que jamás hubiera sospechado que existieran.

-¿Entonces que harás ahora, mi amor?- preguntó Light, tenso.

-¿Qué se supone que haga? Dejarlo libre. No se que dirán las leyes, pero creo que no se lo puede acusar por haber sido poseído. Al menos Teru se encargaría de destruir cualquier argumento que yo presentara en su contra. Siendo así lo mejor es que Hiro quede en libertad… eh… ¿me oyen?

Hiro estaba muy pálido y Teru se alarmó de verdad, a pesar que Maiah le había dicho que seria así cuando renunciara a sus poderes. Sin esperar autorización ni perder el tiempo con formalidades, lo alzó en volandas y lo sacó del edificio para llevarlo a su auto a la primera guardia que encontrara. Light y L fueron tras el.

(…)

Media hora más tarde, Hiro abrió perezosamente los ojos: lo primero que vio fue un techo blanco inmaculado, y lo segundo fue el rostro preocupado de Teru.

-Oh, gracias a Dios que ya despertarte- exclamó con alegría.

-Me duele la cabeza… ¿Qué me pasó?

-¿Qué es lo último que recuerdas?- preguntó L, sentado al otro lado de la cama junto a Light.

-Que tu secuaz pelirrojo me apuntó con arma en la calle y me detuvo- dijo en son de reproche- supongo que realmente me apresaron de una forma terrible, a menos que sea una pesadilla mía.

-No, no fue una pesadilla. Así pasó- confirmó Light.

-¿Creen que soy Sohryu? Están locos. Yo no seria capaz de matar a nadie.

-Claro que no, ángel mío. L lo comprendió y te dejó en libertad.

-Bueno, siendo así… se irguió un poco y miró con atención el lugar donde estaban.- ¿Qué es este sitio?

-El hospital Helen-Dreyfus.

-¿Pero que hago aquí?

Teru le tomó una mano y se la acarició con delicadeza.- Estabas muy agotado y sufriste un fuerte desmayo; nos preocupamos mucho porque no despertabas, así que te derivaron a un cuarto en vez de permanecer en la guardia. Tranquilo, el doctor dijo que estarás bien.

-Espero que si. Realmente quiero ir a casa.- Miró a Teru de reojo y se ruborizó.- Contigo.

L y Light apartaron la vista justo a tiempo para que Mikami le diera un suave beso en los labios a su joven novio, que de repente no se sintió mas cansado.

Teru no sabia si Hiro recordaba algo de lo sucedido y fingía que no o de verdad no sabia, pero desde luego no iba a preguntárselo en publico. Ya había convenido con L que no quería decirle al rubio lo que había pasado, pues era demasiado fuerte y de seguro no lo soportaría. Si había perdido la memoria no iba a ser él el que le metiera ese cuento en la cabeza de haber sido poseído por un shinigami y asesinado a varios hombres. Hiroki era demasiado tierno como para soportar una verdad tan dura, y tal vez esa era su oportunidad de brindarle un nuevo futuro, libre de tormentos y culpas del pasado.

Por la tarde, cuando el medico se convenció que no sufría nada grave, Hiro fue dado de alta con una lista de vitaminas para fortalecerse y prevenir futuros episodios similares. Teru se lo llevó a su propio departamento con una inmensa sensación de alivio. Lo cargó en sus brazos hasta el dormitorio y lo depositó en su cama con delicadeza, sonriendo.

-Ya que necesitas reposar, quédate aquí mientras yo te preparo algo rico para comer.

-De acuerdo- asintió el rubio graciosamente. Una vez Teru se hubo ido, cerró los ojos tratando de recordar algo más de esa misteriosa pesadilla transcurrida desde que lo capturaran hasta que despertó en el hospital. Una confusa sombra femenina… y unas plumas azules volando en todas direcciones. Nada más. Resignado, abrió los ojos para acomodarse mejor entre los almohadones y contemplar la vista que se extendía tras el ventanal de cristal del cuarto. Era tan precioso que podía sentirlo en la piel. Sonrió. Era afortunado.

-Bien, ya está todo en marcha- dijo Teru entrando nuevamente y sentándose a su lado.- ¿Qué pasa, querido? ¿Estás bien?

-Si, claro… pensaba nomás en la suerte que tengo.- Se explicó con dificultad.- Se que no soy una ganga para ningún hombre, pero aun así estás conmigo.

-Y siempre estaré- le aseguró. Se miraron largamente antes de acercarse y prodigarse un beso lleno de amor y ternura, perdiéndose en el calor de sus cuerpos abrazados. Teru sintió un cosquilleo al saborear esos labios deliciosos que había admirado desde el primer momento que los vio. Su mundo se contrajo a la núbil figura del rubio.

-Te amo, Hiro- le susurró de un modo sexy- ¿Qué quieres que haga ahora mismo… para hacerte sentir mejor? ¿Qué deseas de mí?

-La verdad…- su estomago lanzó un ruido muy poco apropiado.- Desearía que termines de hacer la comida, porque me muero de hambre.

Teru rompió a reír a carcajadas, encantado.- ¡Okay, mi amor! Ya mismo voy a controlar eso. Te vas a relamer de gusto con mi comida casera.

Hiro le hizo un mohín pícaro que lo elevó a las alturas, mucho mas alto que con las alas de un shinigami. Esa era la verdadera belleza ilimitada, que no tiene fin: la de un tierno chico que sonríe de amor.

Escena extra…

-L, ¿quieres un helado? Hay una caja en el refrigerador.

-Dos bochas de fresa y dos de crema, por favor- asintió el pelinegro desde el sofá de su casa. Cuando Light apareció llevando los potes con helado, lo hizo sentarse junto a él y lo miró dispuesto a saber toda la verdad y nada mas que la verdad.- Light, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Seguro…

-¿Qué es lo que sabias tu al respecto de los shinigamis?- la cara de Light palideció un poco.- Porque no hay quien me quite de la cabeza que sabias algo antes que apareciera Maiah. No digo que fueras su cómplice, es evidente que no sabias que Hiro estaba poseído, pero algo sabias. O intuías. ¿Quieres decirme que era?

-L, tienes que prometer que no te enfadarás. Tenía prohibido hablar de esto con nadie.

Te lo prometo…

Está bien.- Suspiró y dejó su helado para tomar su mochila, puesta a un lado del sofá. L lo vio sacar una bolsa de papel madera sin tener idea de que se proponía, y su desconcierto creció cuando extrajo de ella una manzana roja y apetitosa.

¿Para que es esa manz…?

-¡Entrega especial!- exclamó Light, y al instante apareció Ryuuk en todo su look de shinigami hambriento, arrebatándole la manzana y saludando a L con desparpajo.

-¡Pero que… que… que demonios… otro shinigami…!

-L, este es Ryuuk… ¡no, no te asustes! Mi trabajo solamente consiste en llevarle manzanas a los shinigamis, soy un simple mensajero para el Consejo de Alimentación del Mundo Shinigami. ¿L? ¡L, no te desmayes tu también, vamos, tu me pediste que te contara la verdad!

Fin