Primera impresión

Recuerdo haber sido transferida. También recuerdo haber tenido el trabajo perfecto, el lugar perfecto, las personas perfectas, y yo, lista y preparada para ayudarlas. Mi sueño de infancia había sido arrancado de raíz el día que mi padre falleció y las palabras de aliento de mi madre cesaron con él. Nunca necesite de alguien más para lograr algo, no, no era de esas pero… siempre necesite de una inspiración, y… ¿Quién podría escribir una historia o plasmar sus más profundos sentimientos sin una inspiración o motivación? Ya no tenía nada positivo en que pensar ni nada más que esperar, cuando más cerca estaba de alcanzar algo tropezaba, y dolía, por dentro y por fuera, había dejado mi gran anhelo por un trabajo que me unía a personas como yo, heridas y desoladas.

Mi nombre es Ellie, o Elizabeth y…el resto no importa, me sacaron de un buen hospital, restaron mi sueldo y me trasladaron a la Cárcel del Condado de California…

Yu-huuu!...

Otro punto a mi suerte, parecía que hasta mi trabajo temporal iba a apestar. En serio que no quería trabajar en un lugar así, y atender a los que menos lo merecen, es decir ¿Acaso ni Dios estaba de mi lado? Todos los que me conocen saben cómo pienso y soy, y este no es el mejor lugar para mí. Soy fuerte, siempre lo dije y pobre del que diga lo contrario pero… jeje... andar rodeada de prisioneros y cuidarlos simplemente no es lo mío. Sé que sueno muy molesta y quejona pero es que todo parecía ir justamente a donde no quería que valla, deseaba ser feliz más que nada y algo sabía muy bien, ahora nada me iba a detener, ni siquiera esto.

"Ellie, adivina, comienzas esta tarde. Tienes solo un paciente" dijo otra enfermera quien fue transferida conmigo a este…"lugar".

"Uhm… ¿y quién es?" pregunte amablemente. La verdad estaba muy nerviosa y aunque no sabía el nombre de esta señora al menos me quitaba los nervios el saber que no era la única en esta situación. Cabe recalcar también que no exageraba pues normalmente los reos que requerían tratados médicos eran los más peligrosos o tenían algún tipo de herida por algún tiroteo ¿Qué se yo? Yo solo quería que pasara y punto, hacer mi labor y regresar a casa cuanto antes.

"Mmm… podría buscar el informe, pero recién entre, y no deseo meterme en problemas tan pronto" la mujer guiño un ojo tomando una pequeña bandeja llena de pastillas y lo que parecía un consomé. "Buena suerte, cariño" sonrió y salió de la habitación.

Asentí con la cabeza y mire alrededor. El lugar era enfermizo, sin mencionar el falso olor a hospital, el lugar estaba limpio, si, pero era fofo, aburrido, y sin necesidad de ser un reo urgía salir corriendo de allí.

Pronto me acostumbraría, estaba más que segura… siempre era así, al principio duro y luego rutinario, solo que ahora sería un poco diferente la situación. Arregle un poco mi cabello de tal forma que el gorro con el mini símbolo de la cruz sostuviera mi flequillo y me senté en una silla que había por ahí a esperar que los cinco minutos que faltaban para que sea "esta tarde", ya casi me dolía la barriga de los nervios y el hambre, juraba que el reloj corría pues cada vez que lo miraba faltaba menos. Rayos.

Un hombre corpulento entro al consultorio y me hiso señas para seguirlo. Ni un "Hola" siquiera… al parecer todos aquí trataban a las personas como reos, solo los nuevos no lo hacían, quienes de seguro terminarían haciéndolo de igual manera con el tiempo.

El hombre, quien supongo es un policía o guardia, me dirigió a mí y a otra chica. Las paredes demacradas conducían a corredores y corredores llenos de puertas grises o rejas. Las puertas tenían vidrios enormes en su parte superior, de tal forma que se veían todas y cada una de las actividades de los reos. Sentí un poco de nauseas ante el olor.

"Disculpe, señor" llame al guardia que nos dirigía "¿En qué parte estamos?"

El hombre sonrió y señalo un mini letrero pegado en un pilar. Oh, lo que faltaba, decía a todo cantar; Sala de cuidados médicos, solo personal autorizado…

"Señorita, le aseguro que este será la mejor sala de por aquí" continuó, entendiendo mi expresión.

Supongo que fue sarcasmo, ¿no?, si esto era lo mejor pues no creo que dure mucho… soy alérgica a muchas cosas y una de esas era el olor a gente pudriéndose.

"Por acá, señorita" le indico una puerta y la chica simplemente extendió su pequeño brazo en busca del juego de llaves para aquella puerta.

"Sígame" jure que esta vez me hablaba a mí, pues camino de largo sin ver los pasillos ni nada. Sentí un hueco en el estomago mientras nos dirigíamos a la ultima puerta del largo corredor. El hombre se detuvo frente a la puerta y saco una sola llave. A estas alturas ya había devorado gran parte de mis uñas del pulgar e índice, y no era por gusto, realmente no…

Un señor, obviamente un doctor de unos 38 años abrió la puerta por dentro la puerta, asintió hacia el guardia y me dirigió una mirada seria.

"Buenas tardes señorita" saludo el señor "Soy el doctor Freeman y atiendo al paciente Rue Ryuzaki. He sabido que es una excelente enfermera y asistente, también una ex novelista".

"No, doctor Freeman, nunca llegue a ser una verdadera novelista" corregí.

"Así veo" masculló. "Bueno vamos al grano. Sería preferible que no mantenga mucho contacto con el paciente, pues también es un reo, y de los más peligrosos".

Trague saliva audiblemente y casi la vomito al sentir una ráfaga de aire con olor a alcohol y vendajes. Eché un vistazo de reojo a la celda, no parecía una en absoluto… Era grande y de alguna rara manera reducida al mismo tiempo. Cuatro paredes y una cama ortopédica ocupaban gran parte del lugar, aunque el ocupante no se podía distinguir ya que sabiamente la camilla estaba volteada a un costado donde no era posible verlo a menos que entraras a la celda. Se supone que eso era bueno, ¿cierto? o sea, ese hombre era un asesino, no debería estar en un lugar visible donde los policías que hacían las rondas podían verlo, ¿verdad?

Solté una risita nerviosa al pensar que tan feo podría estar, je… la verdad quería pensar que era por eso. No imaginaba otro motivo por el cual lo quisieran mantener tan alejado, siendo alguien de cuidado deberían poder y querer ver todo lo que hace. Volteé el rostro solo para encontrarme con las miradas curiosas de ambos hombres. Aich… ¿que ya nadie puede pensar en paz?

"Mmm… está bien… ¿ya puedo pasar?" pregunté sonriendo.

"Claro, aunque cabe recalcar que los informes son privados y nada se puede fotocopiar. Desde hoy en el consultorio encontrará las medicinas de su paciente con su nombre y orden de administración" explicó.

"Muy bien doctor Freeman" asentí despidiendo con la mirada al guardia y al doctor. Necesitaba enfrentar esto sola y por algún motivo irracional me había entrado una curiosidad y en serio quería entrar de una buena vez. Aferre la carpeta que estaba en la puerta y pase a la habitación leyendo su contenido. Que mal, solo decía el nombre del reo-paciente, esto no me duraría de excusa por mucho… Ya adentro de la celda me dirigí a la mesita al otro lado de la camilla contando los pasos en mi mente. La celda-habitación era sumamente pequeña y al parecer era la más amplia que había visto hasta momento. Cuatro simples pareces color mate, techo, piso, mesita y camilla más contenido, nada más. Coloqué la carpeta ignorando la manila con el informe y me voltee a encarar a mi nueva responsabilidad…

Hielo, hielo fue lo que sentí bajar por mi espalda en medio de un estremecimiento ante lo que vi. El hombre, Rue Ryuzaki, estaba semiacostado en la camilla con ese par de ojos y piel a carne viva mirándome fijamente. Las personas normalmente vemos este tipo de cosas, es mas sentimos este tipo de cosas únicamente al ver una peli de terror, no en la realidad, no es algo que alguien deba ver, mucho menos tener que cargar de responsabilidad.

El hombre estaba totalmente cubierto con vendas y una sabana recién lavada, lo único que se podía ver era su rostro –o lo que quedaba de el- y manos, todo lo demás estaba oculto, y gracias al cielo que era así. Me sentí muy incómoda… no podía dejar de mirarlo aunque quisiera, me era imposible y al mismo tiempo necesario, por un momento quise salir corriendo llorando al baño más cercano y vomitar la pizza del día anterior, pero contuve todo y lagrimas y me acerque con un jarabe que me tocaba administrarle a esta hora. No estaba segura de cómo hacer esto, el estaba totalmente quemado y me preguntaba si él podría beber el jarabe por sí mismo o si alguna maquina lo tendría que ayudar o algo por el estilo.

"Ab-abra la boca por favor" dije con voz temblorosa. No me gusto para nada, no quería que sepa que sentía miedo, incomodidad o nauseas ¡rayos!...

Trague audiblemente y cerré los ojos con fuerza, ¿Qué pensara?, ¿Acaso cree que soy una completa idiota por mi reacción, o tal vez sabe que tengo miedo y muy en el fondo lastima? Pretendí ignorar todas estas preguntas, alcancé una cuchara y vertí el contenido del jarabe en ella, e indique al paciente de abrir la boca al acercar la cuchara a sus labios.

Lo hiso con mucha dificultad y pude apreciar lo mal que estaba. Llagas y carachas en su rostro se agrietaron y casi pude sentir el mismo dolor que el al ver sus ojos llenarse de lagrimas para luego enjuagarse automáticamente, regresando a la misma mirada curiosa e indiferente de antes. Le di la cucharada delicadamente. ¿Qué podría pasar por su cabeza ahora?, ¿Creerá que puede intimidarme con esa mirada?... Ja, ya quisiera.

Es decir admito que el hombre inspiraba terror, era algo así como una versión más real y humana de Freddy Kruger –lo cual lo hacía aun peor- pero con cabello y lo que parecían… unos muy inyectados y extraños ojos carmesí, pobre… cuanto ha de sufrir… No me malinterpreten, aunque esto sea una cárcel no puedo dejar de ser humana y sentir lástima por alguien en estas condiciones. Soy una mujer firme y futurista, creo vivamente que la justicia hace lo correcto, pero lamentablemente tengo eso que se llama "sentir el dolor ajeno"… literalmente… así sea de la peor gente… no puedo ver a alguien golpearse sin imaginarme que me suceda a mi también, apesta, si, y por eso no veo muchas pelis de miedo jeje…

Tape el jarabe y lo puse sobre la mesita, dudaba de lo que debía hacer. Me senté en la silla junto a la mesita y memoricé todo en aquella habitación, prácticamente ignorando al hombre quemado en la camilla y su insistente mirada… Recorrí la mirada por todos lados hasta llegar al informe en la mesa. Mal, mal, mal… nunca debieron decirme que no lo debía leer, si no, ni me hubiera fijado ¡y no me picarían las manos por leerlo! Abrí un poco la manila y apareció de nuevo el nombre del reo seguido por otras líneas explicando todo su caso y condición.

"Reo: Rue Ryuzaki"

"Estado: Enjuiciado, cumpliendo condena"

"Cargos: Múltiples asesinatos, 1er grado"

"Estado del reo: Quemaduras de tercer grado en el 85% de su cuerpo, inmovilidad total"

"Medico: Ellizab-…"

"¿Uhm?" ese era mi nombre, ¿yo soy su doctora? Solo soy una enfermera ¡no estoy especializada y ni sabía de esto! Cerré la manila, tenía que ir a hablar con el doctor Freeman, y necesitaba salir de aquí, no aguantaría esa mirada en mi espalda ni un segundo más. Me levanté y miré al hombre que aun mi miraba ¿Cómo pudo ser? No recuerdo haber oído de eso, un asesino quemado, si claro… de todas maneras, porque estaba así…

"¿Que habrás hecho para quedar así?" murmuré olvidando su presencia y saliendo de la celda.

"No querrás saber…" respondió una voz grave y poco clara, proveniente de la celda.

Me voltee dedicándole una graciosa –me arrepiento sinceramente- cara de susto. Vi como sonrió de lado sin mucho esfuerzo, a claro…con que el señor no podía ni tomar una cucharada de jarabe por si mismo pero si burlarse de quien lo atendería… aii pero que listo de su parte. Cerré la puerta ¡Ese tipo es un fenómeno! Está bien, puede que exagere pero me daba igual ahora. Yo… yo solo quería descansar y olvidar todo… quería renunciar también a "Rue Ryuzaki" o como sea que se llamase…

Mi nuevo trabajo es… uff… es que solo a mi… genial, Ellie, te tocó un asesino quemado…