Bueno aquí les traigo el siguiente capitulo :) ¡saludos!


Secuestrados

El festival

Esa noche Madana suspiró pesadamente estando sentada en su cama. La pesadilla que había invadido una vez en sus sueños cuando ella era más joven había regresado por primera vez en años. Era algo simple pero aún así fue suficiente como para poder mantenerla despierta en medio de la noche...

Una figura oscura salía de las sombras y se acercaba tomándola y llevándola para así alejarla de todas las personas que amaba y todo con lo que estaba familiarizado con ella. Ella luchaba contra la sombra; pateaba, gritaba y lloraba reclamando que la devolvieran a su casa, donde sus padres y hermanos la protegerían de este sujeto desconocido. Mientras trataba de liberarse empezó a caer en un abismo oscuro sin fondo… y despertó, sintiendo en su cuerpo escalofríos y temblores como si hubiera estado bajo el agua helada. Fue... miedo... fue el miedo lo que hizo que Madana no pudiera volver a conciliar el sueño esa y otras noches; Madana tuvo que hacer un esfuerzo para reunir valor y no ir a ir a la habitación de sus padres, pero el temor de que la figura en sus sueños podría cobrar vida y el hecho de que alguien intente llevársela no desaparecía.

Cuando era niña en esas noches que tenía esas pesadillas iba corriendo a un lugar en donde se sintiera protegida, esas noches ingresaba en la habitación de sus padres y sacudía suavemente a su madre para despertarla y explicarle que había tenido un mal sueño. Esa era una de las muchas cosas que ella amaba de su madre, Eri no hacia ninguna pregunta al respecto, lo que Madana agradecía y solo se limitaba a empujar a Madara para despertarlo y explicarle que la niña había tenido un mal sueño y se quedaría en la cama con ellos durante la noche. Él suspiraba y murmuraba, tomaba unos pantaloncillos que estaban al lado de su cama para ocultar su indecencia de la joven, y Eri a su vez cogía una camisa holgada y se la ponía, Madana se acostaba en la cama entre ella y su marido. La niña finalmente se sentía segura después de abrazar a la mujer, dejando que acaricie su cabello mientras la escuchaba susurrarle que ella estaba a salvo y que los sueños no podrían hacerle daño. De vez en cuando en las noches de pesadillas iba con su padre y lo abrazaba y a su vez su madre se les unía en su abrazo. Madana rápidamente volvía a caer en la inconciencia y se sentía de nuevo segura y amada.

Pero eso fue cuando era joven y fue una edad adecuada para tener miedo de las pesadillas en la noche. Madana tenía doce años ahora, ya era demasiado grande como para estar invadiendo la habitación de sus padres, solo por el miedo de su propia imaginación. Suspiró pesadamente y se propuso de nuevo a tratar de dormir con la esperanza de que el mal sueño no volviera. Pero después de un tiempo se dio por vencida, se levantó pesadamente de la cama y salió de su habitación dirigiéndose al jardín para tomar el aire de la noche. Madana se arrodillo en el césped húmedo y frío. Miró al cielo estrellado quedándose perdida en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta cuando alguien se le acercaba.

"uh… ¿tienes problemas para dormir?" escuchó. Madana levantó la vista y vio a Eri vestida con una bata de dormir.

"Sí... pero... pensé que no debería molestarlos..." confesó ella.

"¿Te importa si te acompaño?"

"No me importa", respondió Madana. Eri sonrió suavemente y se sentó a su lado. Madana la observaba, "¿tampoco puedes dormir? ¿Es el ronquido de papá o algo así?" curioseó inocentemente.

"¡Oh, no! Ese problema ya lo solucioné hace años con un poco de ninjutsu médico" señaló Eri. "Los adultos a veces simplemente no somos capaces de poder dormir..."

"Oh..."

"¿Hay algo en tu mente?" inquirió Eri.

-No... Sólo problemas para dormir..." Madana suspiró.

"Siempre has tenido ese problema" observó Eri pacíficamente.

"¿Eso significa que algo anda mal conmigo?" la más joven le preguntó.

"No, puede significar muchas cosas, pero eso no quiere decir que algo está mal contigo..."

"¿todos tienen problemas para dormir?"

"Todos han tenido sus momentos, ¿no te acuerdas de la noche en que Mai entro corriendo y gritando algo acerca de monstruos y saltó sobre su padre?" recordó Eri divertida.

Madana pensó por un minuto. "... Oh sí, pero ella aterrizó mal y papá tuvo un muy duro despertar porque ella le dio un rodillazo en esa área..." relató recordando lo sucedido.

Eri se rió "Sí, y cuando Mai paro de gritar sobre los monstruos nos reímos todos, pero tu padre no estaba muy divertido." Madana rió también, se sentía tan tranquila alrededor de la mujer de cabello tan blanco como si estuviera cubierto de nieve. Después de que las risas se habían apagado las dos miraron al cielo otra vez.

"¿uh…mamá...?"

"¿Hmm?"

"¿Qué me pasaba cuando yo era pequeña...?"

"¿y Eso de donde viene?" Eri la miraba interesada. Madana solo se encogió de hombros.

"Quiero hablar, pero…no puede realmente pensar en otra cosa..."

"Ya veo... bueno... pues eras una pequeña hiperactiva, sonriente y perseguías a tus hermanos junto con Mai alrededor de toda la casa. Eras muy exigente con la comida, aunque..." corto Eri pensativa.

"¿Tenía problemas para dormir en aquel entonces?"

"En realidad, era muy normal para tu edad el que te despertaras un par de veces por la noche, entre tú y tu hermana, tu padre y yo teníamos que tomar turnos" reveló Eri.

"No recuerdo que papá me ayudara a dormir..." se quejo Madana.

"solamente tenias dos años en aquel tiempo" explico Eri "Él tenía su propia manera de hacer las cosas, yo les tarareaba una canción de cuna, pero él las cargaba a ti o a Mai y las traía aquí, se sentaban a escuchar los sonidos de la noche... A mi también me gustan los grillos y el mar en la distancia... aunque le dije que era la forma perezosa de hacerlo, pero igual lograba dormirlas, así que no podía quejarme... lo hizo con tus hermanos también " relato en voz baja con una sonrisa.

"Ya veo" Mientras ellas hablaban, Madana sentía como sus párpados lentamente se volvían más pesados, Eri finalmente la condujo de vuelta a la cama cuando noto como Madana comenzaba a tratar de ocultar sus bostezos. La pequeña Uchiha no quería regresar a la cama aun, ya que ella no tenía la oportunidad de hablar con su madre muy a menudo durante el día, siempre estaba demasiado ocupada cuidando de sus otros hermanos, así como mantener la casa en orden. Pero Eri insistió diciendo que si quería asistir al festival tenía que tratar de descansar un poco.

A la mañana siguiente Madana y Mai decidieron pasar su tiempo entre el entrenamiento matutino y limpiando el viejo estanque en el jardín. Su madre les había dicho que no podían conservar ningún tipo pez que ganaran en el festival a menos que limpien bien el estanque para que los nuevos habitantes puedan vivir en ella con alegría.

El estanque una vez estuvo repleto con todo tipo de kois y peces de colores, también poseía una pequeña fuente que corría como una cascada dándole un aspecto tranquilo y relajante. Pero por desgracia un día en que Izuna era aún muy pequeño, Eri había ido a la ciudad con Mai y Taro para comprar alimentos, mientras que Madara se quedó en casa con Jiro, Madana e Izuna. Madara había puesto a su hijo más pequeño a dormir una siesta y observaba como Madana y Jiro jugaban tranquilamente en la sala, y después de un rato fue a su estudio para pasar el tiempo hasta que el Eri regresara. Nadie sabía que Izuna había despertado y decidió salir a hurtadillas de su habitación. Se fue al jardín para intentar coger uno de los peces del estanque como había visto que sus hermanos mayores lo hacían, pero el pobre muchacho había resbalado y cayó en el estanque profundo. Sin saber lo que había sucedido o qué hacer, Izuna entro en un estado de shock. A causa de su propio pánico casi se ahoga. Pero por suerte Jiro y Madana salieron de la casa después de escuchar un chapoteo demasiado fuerte como para ser un pez, y vieron a su hermano pequeño en la superficie del agua con los ojos abiertos y muy sorprendido al tratar de salvar su propia vida. Jiro trató de sacarlo y Madana le gritó para que tratara de nadar al borde, Madara escuchó el escándalo y salio de inmediato lo mas rápido posible hacia el estanque. Cuando se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, rápidamente sacó a Izuna del estanque y fue capaz de revivirlo. Eri se había asustado tanto cuando se enteró de lo sucedido a su hijo menor mando a que el estanque fuera vaciado hasta que Izuna tenga edad suficiente para saber nadar. Al ver lo mal que se sintió al casi perder a uno de sus hijos Madara había accedido a los deseos de su esposa y le prometió a los niños que una vez que crezca Izuna se volvería a llenar el estanque. Aunque cada vez que miraba el soporte de la laguna vacía no podía evitar el recordar ese incidente.

Eri estaba sonriendo mientras ayudaba a Madana a vestirla con su kimono de color rosa pálido. "Oh Madana te ves tan hermosa" exclamo mientras le envolvió la cintura de su hija en una faja roja, una vez terminado le ato una cadena de color púrpura. Madana se ruborizó. Eri paso algunos dedos a través de su flequillo oscuro, "Hmm... tu cabello es demasiado corto como para que te haga algún peinado... te conviene llevarlo suelto" explicó mientras volteaba a Madana para que pudiera mirarse en el espejo.

"Wow..." Madana estaba sorprendida de sí misma. Mai se asomo por la puerta con su kimono ya puesto y sonreía con emoción.

"Mamá ¿quién crees que se ve linda?" Mai bromeó mirándose a sí misma en el espejo, su kimono hacia notar de que ella estaba comenzado a desarrollarse. Madana frunció el ceño un poco y miró su propio pecho. Ella seguía siendo plana, en otra ocasión le había preguntado a Eri por qué ella y su hermana se estaban desarrollando de manera diferente. Eri explicó que el cuerpo de cada chica tenía un horario diferente y que Madana podría ser un florecimiento tardío. Si Madana sabría quien es su verdadera madre, sabría que fue probablemente condenada a tener un pecho pequeño a diferencia de Mai, que obviamente, ya estaba tomando la figura de su propia madre que su pecho era un poco más grande que el promedio.

"Creo que ambas lucen adorables", sonrió Eri. "Ahora, por favor no hagan nada para rasgar o estropear sus kimonos." Decía casi suplicando.

"Creo que ya estamos lo suficientemente mayor como para ser cuidadosas, mamá" se escuso la única pelinegra de la habitación. Madara asomo la cabeza por la puerta en que entro Mai y miró a las chicas.

"hermosas" comentó. Luego miró a Eri "¿Quieres que te ayude en el tuyo querida?" ofreció tratando de ocultar una sonrisa traviesa.

"¡Oh, no! Yo tengo a las chicas, ellas me ayudaran…si comienzas a 'ayudarme' nos vamos a perder la fiesta" dijo Eri echándolo fuera de la habitación.

Después de que todo el mundo estaba vestido se fueron a la ciudad. Madana miró a su alrededor; ella y Mai se mantenían juntas mientras cuchicheaban preguntándose que harían primero. Una vez que llegaron a un lugar menos concurrido Madara paro.

"Bien creo que todos ustedes ya tienen la edad suficiente como para disfrutar de la fiesta por su cuenta, espero que se comporten y no se metan en problemas ¿entendido?" pidió. Por supuesto, los niños estuvieron de acuerdo.

"Jiro mantén a Izuna cerca para que no se pierda, Izuna escucha a tu hermano. Taro mantén un ojo en tus hermanas, las niñas tengan cuidado y no vayan a ninguna parte con un extraño. Todos deben estar aquí un poco después de los fuegos artificiales ¿de acuerdo?" comento Eri. Una vez que todos estuvieron de acuerdo.

"Bien" dijo Madara, antes de irse se quedo mirando a su primogénito Taro, y este miró a su padre y asintió con la cabeza antes de marcharse con sus hermanas.

"Bueno, supongo que nos quedamos solos" sonrió Eri. Madara sonrió y la besó poniendo un brazo alrededor de su cintura.

"vamos a buscar un lugar mascota" sugirió utilizando el apodo que le había usado desde que eran novios. Eri se rió y asintió.

Después de conseguir una habitación privada Madara coloco un jutsu sencillo para mantener que los oídos indiscretos no escuchen su conversación. Eri sonrió suavemente mientras servia dos copas. "No hemos salido de esta manera desde hace tanto tiempo" dijo tomando su taza y entregándole la otra a su esposo.

"No... aunque tenemos nuestras razones", respondió tomando un sorbo de la suya.

"Es cierto, pero ¿crees que era prudente simplemente enviarlos por su cuenta? ¿Qué pasa si Sasuke ve a Madana de nuevo? Tuvimos la suerte de que Taro se dio cuenta y sacó a Madana lejos de él, pero esta vez Sasuke podría dar caza..." Eri suspiró.

"No subestime a nuestro hijo, Eri. He estado enseñándole a ser capaz de sentir a otros ninjas, así como otras habilidades. Él tiene un talento para ello, por lo que si detecta a un Ninja acercársele a Madana va a proteger a las niñas por cualquier medio, incluso si simplemente la estaba observando" explicó.

"Espero que estés seguro", hablo un poco preocupada mientras buscaba dejaba su taza. Madara se acercó y le tomó la mano para reconfortarle.

"Confía en mí ¿he estado equivocado antes?" le preguntó.

"¿Debo contarlos con los dedos de mis manos o simplemente dar ejemplos?" aclaró Eri con una mueca en su rostro. Madara suspiró.

"No es divertido" se quejo.

"Simplemente estoy diciendo" se excuso Eri.

"Sólo confía en mí... Eri..."

Eri miró a los ojos de ónix que ella amaba. Después de un minuto pareció relajarse un poco "confío en ti".

"Si actuamos como si nada estuviera mal Madana no sospechara nada, entonces Sasuke irá a otra parte", explicó Madara.

"Está bien" suspiró Eri resignada, pensando en su argumento.

Madara sonrió un poco, "Vamos a disfrutar de la noche, y nos reunimos de nuevo con los chicos más tarde."

Eri sonrió suavemente y asintió con la cabeza.

Madana y Mai estaban emocionadas, pasaban de un puesto a otro gastando el dinero que sus padres les habían dado. Taro, por supuesto, no se quedó atrás.

"¡No puedo esperar a llevar a casa estos muchachos!" exclamo Mai emocionada mientras señalaba la bolsa con peces que había ganado y que cargaba con cuidado.

"¡No puedo creer lo bueno que es algodón de azúcar! ha sido mucho tiempo desde que hemos venido a una de estas cosas", sonrió Madana. Mai asintió con la cabeza.

"¡Lo que quiero saber es cómo ustedes dos me estafaron a llevar sus cosas!" Taro frunció el ceño. Las dos chicas se rieron.

"Bien ¡duh! tenemos kimonos encantadores que mamá nos pidió que los cuidáramos" se rió Mai.

"Si, y ¿no vas a llevar las cosas de tus queridas hermanas favoritas?" Madana preguntó tiernamente. Taro suspiró.

"¡maldición! Soy demasiado buen tipo" murmuró con el ceño fruncido. Luego se detuvo cuando sintió algo. "Está bien…ustedes dos, si llevo sus cosas van ir a donde yo quiero ir ahora y quiero un poco de calamares fritos" señaló. Las chicas intercambiaron miradas, se encogieron de hombros y siguieron a Taro. Sin que las chicas se dieran cuenta, Taro echo un vistazo hacia atrás distinguiendo al hombre que vio antes. Con la esperanza de que no los viera Taro se llevo a las chicas más lejos del verdadero padre de Madana.

Más tarde todos se reunieron y se marcharon de regreso a casa. Cansados de la fiesta, toda la familia se dirigió a su respectiva habitación para prepararse para dormir.

El entrenamiento mañanero del día siguiente comenzó como de costumbre, pero esta vez cuando Madana se preparó para luchar contra su padre, él hizo un gesto para que ella se acercara. Un poco confundida se le acerco. "¿Qué sucede Padre?" preguntó ella confundida.

"He estado hablando con sus hermanos acerca de tu entrenamiento, al parecer, has estado guardando tu capacidad cuando entrenas comigo. ¿Tengo curiosidad de por qué?" indago.

"Ah... bueno no quiero decir que...".

-Entonces, ¿por qué están diciendo que te desempeñas mejor en tus sesiones con ellos? ¿O están mintiéndome a mí para que te veas mejor?" Madara le preguntó. Madana negó con la cabeza.

"Yo e-es sólo que... me pongo nerviosa..." admitió.

"En una pelea real no debes dudar Madana, ya que es la diferencia entre la vida y la muerte, otros de tu edad han experimentado una verdadera lucha, incluyéndome a mí y a tu madre" señaló Madara.

"pero estamos aquí, en medio de la nada ¿cómo puedo experimentar una verdadera lucha?" cuestiono. Madara recapacitó por un minuto.

"¿Qué tal un pequeño viaje?" le propuso.

"¿Un viaje?" repitió incrédula. Madara asintió con la cabeza.

"Voy a discutir los detalles con su madre para que no se preocupe, pero esto es para el entrenamiento ¿entiendes?"

"Por supuesto" acepto Madana. Madara sonrió un poco y se desordeno su cabello antes de caminar al interior de la casa. La Uchiha no sabía si estar contenta o preocupada por esta oportunidad, así que se quedó allí pensando en lo que le espera en el viaje de entrenamiento. Pero, lo único que ella no sabía era que este viaje cambiaría su vida para siempre...