Secuestrados
El viaje
Eri sonrió suavemente mientras prestaba atención a su marido por la ventana de la cocina, quien estaba revolviéndole el cabello de su hija adoptiva. Él era una persona completamente diferente de lo que era cuando ella había llegado a esta casa junto con Madara. En ese entonces, su mente estaba más allá de lo que podía imaginar haciéndola volverla una paranoica...pensaba que tal vez era solo su amante embarazada y que de alguna manera, él la abandonaría después traicionándola. Cuando no estaba deambulando por la casa o entrenándose, él era frío y distante con la futura madre de su primer hijo. Generalmente Madara siempre se encerraba en el estudio. Eso le incomodaba porque lo único que ella quería era ver al hombre que amaba adaptarse a su nueva vida y ser capaz de aflojarse. La mujer con el cabello como la nieve tuvo que pasar su primer embarazo confortándose ella misma y guardándose sus sentimientos, trataba de mantener su mente tranquila y pensaba en cualquier otra cosa, trataba de mantener sus propias emociones y también trataba de mantener las hormonas bajo control. No fue un año muy feliz para la mujer primeriza, hasta que llego el momento en que sus hijos nacieron. Madara después de ver por primera vez a sus hijos recién nacidos él sintió una gran curiosidad por los indefensos pequeños, Eri aprovecho la situación y había utilizado esto a su favor, mientras también trataba de reconstruir su relación con el hombre que amaba. Ahora, quince años más tarde, allí estaban felizmente casados con cuatro de sus propios hijos y Madana, que siempre quería creer que la pequeña niña Uchiha era de ellos también. Un deseo ingenuo, pero Eri sentía que también era lo mejor para no complicarle la vida a la chica de cabello azabache, aunque tal vez estaba siendo algo egoísta.
Eri había notado a Madana caminar hacia su habitación alejándose de su padre y entonces Madara entró en la cocina. Se aclaró la garganta para anunciar su presencia.
"¿Sí, querido?" Eri preguntó.
"Madana y yo vamos a ir en un viaje por un par de días", informo. Eri lo miró.
"¿Y eso por que?" indagó ella.
"Por su entrenamiento, ya que no parece entender el concepto de que en el mundo real se puede matar o morir", explicó simplemente.
"Pero pensé que nos habíamos puesto de acuerdo para mantenerla en la casa hasta que estábamos seguros de que Sasuke se habría marchado", repuso Eri.
"En realidad, podría ser mejor si sale de la casa un poco, aunque si Sasuke tratara de encontrarla y él trata de convencerla de que él es su verdadero padre, dudo que Madana le crea. Ella probablemente pensaría que es una especie de loco, además, si nos atrapa durante nuestros viajes simplemente puedo transportarnos de vuelta aquí ya que Sasuke no tiene conocimiento de donde vivimos, no somos como la gente de las ciudades a las que puedes preguntarle a alguien y decirle dónde está la ubicación de nuestra casa, y si Sasuke trata de utilizar algún tipo de Genjutsu sobre los aldeanos para saber donde vivimos igual no sabrá ya que ellos mismos ni lo saben. Y todo esto sólo es necesario si él reconoce a su hija que no ha visto desde hace tiempo y aun no esta seguro con que es ella, y considero que es muy poco probable", expreso Madara impasible.
"Puedes considerarlo como quieras, miel. Pero, el amor de un padre es muy fuerte ¿no?" dijo ella cuando se acerco y lo besó en los labios suavemente. "¿Acaso no harías algo si fueran uno de los nuestros?"
"Por supuesto," él estuvo de acuerdo. Eri le sonrió amorosamente.
"Quiero comprobar algunas cosas referentes a Madana, pero no veo ningún problema real, al menos ustedes dos pueden tener algo de tiempo juntos como un padre y una hija mientras están fuera en este viaje de entrenamiento, aunque Mai puede ponerse celosa" comento Eri con una risita. Madara se rió entre dientes besando a su esposa.
"Voy a hacer las paces con ella" prometió.
"Buen chico" se rió Eri.
Madana estaba sentada en su cama mirando a su alrededor mientras esperaba, hasta que escucho los pasos de su madre acercarse…ya sabría si la dejaría ir. Ella suspiró pesadamente tumbándose en la cama, pero una vez que oyó que los pasos se detuvieron detrás de la puerta se sentó de un solo salto, realmente tenia ganas de ir. "¿Y? ¿Papá ya te pregunto?" preguntó ella con entusiasmo cuando su madre entro en la habitación.
"Sí lo hizo…uh, y creo que va a ser algo bueno para tu entrenamiento" confesó Eri con una sonrisa.
"Estupendo" susurro Madana mientras sonreía.
"Sí, es mejor que estés lista, pero primero ven conmigo", pidió la mujer del cabello como la nieve. Madana se paró de inmediato y se aproximó a su madre, siguió por los pasillos a Eri pasando por más pasillos hasta que entraron en una habitación que Madana había asumido una vez que se encontraba vacía. Pero se equivocaba.
Había grandes estantes en las cuatro paredes; dentro de ellos estaban repletos de hierbas, frascos y tarros, cada una con una etiqueta claramente escrita en ellos. Había un escritorio con gavetas y algunas herramientas médicas dispersas sobre el escritorio y también había una mesa de labores en el centro de la habitación, ella solo se limito a observar a su alrededor preguntándose porque nunca había entrado allí. Eri sonrió mirando como Madana recorría con la vista la habitación con gran curiosidad.
"Este era el estudio que su padre tenia, por lo tanto, puedes observar que ya no es tan usado", informó.
"¿todo esto es de cuando usted era un médico Ninja, mamá?" Madana pregunto mientras recordaba cuando Eri le relataba las historias de sus experiencias y cuando ella había tratado de enseñarles Ninjutsu médico básico a Madana. Desafortunadamente, la niña Uchiha estaba demasiado ocupada y concentrada en los entrenamientos con los chicos como para querer aprender estos métodos. Pronto Eri se había dado por vencida cuando no logro que la niña le hiciera caso.
"Sí, amplio mi colección de hierbas de vez en cuando y trato de llegar a nuevos métodos de curación cuando tengo el tiempo" contestó Eri.
"Wow... así que eh... ¿por qué me muestras esto…quiero decir que es magnifico y todo eso ... pero ¿por qué?" Madana preguntó dudosa.
"Bueno, yo quería darte un medicamento en caso de que puedas tomar una infección durante su viaje. Tu padre sabe poco de Ninjutsu médico y él prefiere pelear y luego sanar por su cuenta", suspiró la albina en voz baja.
"¿Te decepcioné...?" Madara le preguntó ¿porque tenia la sensación de que siempre decepcionaba a todos?
"¡Oh, no! es sólo que me preocupa un poco que los dos estén haya fuera sin ningún cuidado, pero esto es realmente para la paz de mi mente", explico Eri. Madana asintió con la cabeza.
"¿Así que este medicamento... me protegerá contra cualquier tipo de infección?" Madana analizó.
"Prácticamente, sólo voy a romper la infección hasta que se vuelva inofensiva, y este medicamento va a durar por un tiempo en tu cuerpo, pero no creo que esto le da una excusa para ser imprudente", agrego rápidamente mientras ordenaba un poco su escritorio tomando unas cosas de el y luego abrió un cajón para sacar una aguja limpia y nueva.
"Te prometo que no seré imprudente, mamá", prometió Madana y se sentó en la mesa.
"eso espero, o sino me veras hasta en tus sueños", dijo simplemente la mujer con una sonrisa mientras preparaba la aguja.
"Te lo prometo, mamá" volvió a decir riéndose. La Uchiha bajo la miraba y observo la jeringa con su contenido y pensó que era un poco extraño que la solución era tan carmesí como la sangre, y que esa aguja realmente parecía un poco mas larga de lo habitual desde el ángulo en que la vio, pero la mujer que ella creía era su madre estaba bien entrenada y una vez estuvo en la cima de su campo, por lo que decidió no decir nada al respecto y confiar en la mujer. Madana volteo apresuradamente y miro hacia otro lado en cuanto Eri tomo su brazo y la examinaba con la jeringa aun en sus manos.
"Relájate y será más rápido, querida. Solo es un segundo" prometió. Madana cerro los ojos y respiro, no era apegada a las agujas; sintió el objeto afilado entrar en su piel y luego sintió como el liquido entraba lentamente; como se había prometido, la aguja se retiró pronto. Madana suspiró de alivio y luego sintió un mareo y un poco de dolor en la cabeza. "Sólo siéntate y quédate quieta por un minuto y deja que tu cuerpo acepte la solución", recomendó Eri con una sonrisa adornando su rostro. Madana asintió con la cabeza lentamente y respiro profundo aun estando sentada en la mesa. Después de unos minutos se sintió mucho mejor y poco a poco se fue levantando. "ve a tu habitación querida, tienes que descansar", sonrió Eri.
Madana asintió con la cabeza una vez más y ya una vez de pie fue a hacer lo que le dijeron. Eri la vio alejarse y suspiró aliviada que no había sospechado nada, tiró la aguja y se sentó en su escritorio pensando en lo que acaba de hacer y creía que era lo mejor. El clan al que pertenece Eri, el clan Sincera tenía una capacidad de línea de sangre para sanar y reparar el tejido dañado en el cuerpo en cuestión de minutos, una habilidad que fue capaz de transmitir a sus hijos por lo que ellos también pueden sanar su cuerpo de tal manera. Pero como ella no fue la que dio a luz a Madana, la niña no tenía esa capacidad, Eri la había alimentado con su propio pecho cuando la niña era un bebé aun, pero aun así ella no tenia esa capacidad. Eri pensó en diferentes formas de ayudarla, hasta que llego a la conclusión de introducir un poco de su propia sangre en cuerpo de la niña para hacerle creer que tenía esa capacidad que su clan poseía también. Con la esperanza de que mezclando su sangre en la de Madana habría hecho que su capacidad de curación se acelerara, por lo que su cuerpo se curaría de forma similar a la suya. Lo hizo todo con la esperanza de darle a Madana una oportunidad cuando se enfrente a una batalla real y a su vez hacer cumplir el pretexto de que Madana era su hija.
Más tarde, al día siguiente, Madana y Madara se estaban despidiendo de todos antes de su viaje, Madara informo que el viaje podría durar desde un par de días a una semana, depende de qué tan bien lo tome Madana. La niña Uchiha no quería admitir que estaba nerviosa por estar lejos del resto de su familia durante tanto tiempo pero aun estaba ansiosa, el hecho de querer probarse a sí misma fue lo que hizo que mantuviera la cabeza en alto diciéndole su adiós al resto de su familia.
"¡Tengan cuidado ustedes dos! ¡Quiero a los dos de vuelta en una sola pieza!", exclamo Eri sonriendo, Madara correspondió su sonrisa tomándola con un brazo para envolver a su esposa en su abrazo.
"¿Tal vez un beso de buena suerte, entonces?" sugirió. Eri se rió.
"Usted ya no necesita mas suerte", bromeó.
"Oh, es que ¿qué es? Pensé en más de una rutina cada noche," él sonrió afirmando su beso de ella. Eri se rió mientras se alejaba.
"Está bien, lo que usted necesita ahora mismo es control", expuso antes de pasar a Madana y dedicarle un beso en la frente "quiero que tengas cuidado, cariño" pidió si aun desaparecer su sonrisa.
"Así lo haré," indicó Madana. Eri sonrió suavemente.
"Luego ir a patear traseros", las dos sonrieron y luego la Uchiha asintió con la cabeza.
"Oh, lo haré", prometió con una sonrisa. Con que Madara empezó su marcha alejándose y Madana lo siguió rápidamente.
Los primeros días transcurrieron sin complicación alguna, ya que viajaron a lo largo de los caminos de tierra en frente de ellos, Madana ocasionalmente hacía unas que otras preguntas y Madara les contestaba pero aparte de eso la niña realmente no sabía cómo hablar con su supuesto padre, ya que ellos no pasaban mucho tiempo juntos. Con sus hermanos en torno a ella por lo menos sabia buscar un tema de conversación...
Tres días habían pasado hasta llegar a una cascada en medio del bosque. Madana miró a su padre. "¿Por qué nos detenemos aquí?"
"Madana por ahora puedes hacer lo que quieras, me voy a echar un vistazo alrededor para ver si hay algo parece prometedor", manifestó indiferente. La niña asintió con la cabeza sabiendo que el plan de Madara era para que ella luchara contra algunos de los ninjas renegados para que conociera la sensación de una verdadera batalla. En cuanto él se marchó, Madana observo el río y se quitó los calzados ninjas para luego sumergir sus pies en el agua fría del río. Suspiró aliviada y se recostó sobre el césped con aun los pies dentro del agua, se sentía muy relajada con los sonidos de la naturaleza.
El inmortal miró a su alrededor sintiendo una presencia demasiado familiar. Él sonrió un poco al reconocer a quien le pertenecía "Bueno, parece que le subestime."
Pocos minutos habían pasado y Madana estaba empezando a preguntarse acerca de la ubicación de su padre. No debería tomar tanto tiempo. Ella se levantó y se puso sus zapatos de nuevo y luego dirigió su mirada en la dirección en que se había ido y se debatía en su fuero interno sobre si debería seguirlo. Cuando estaba apunto de entrar por donde su padre se fue oyó un choque, que la dejo sorprendida y vio como rápidamente se materializaba un hombre en una de las grandes rocas de la pared de piedra junto a la cascada. Madara estaba sonriendo y parecía estar divirtiéndose. Curiosamente miró hacia atrás y vio a otro hombre con el pelo oscuro cuya sombra fue similar a la de su padre. Tenía una cara de rabia e indignación cuando salió de la selva con la intención innegable de darle muerte a Madara. Pareció no haber percibido a Madana por lo que paso si observarla preparado para lanzar otro ataque al inmortal.
"¡Eres un cabrón que debería haber muerto!" gritó con evidente rabia mientras que instantáneamente un ataque relámpago rodeo su brazo y corrió dispuesto a golpear al inmortal con toda su fuerza. Madara simplemente sonrió y esquivó el ataque como si fuera cualquier cosa.
"No me subestimes mi muchacho, estás usando viejos trucos que nunca funcionaron en mí antes, así que ¿por qué funcionarían ahora?" ridiculizó. El hombre gruñó y trató de atacar de nuevo. Madana veía a los hombres y luego frunció el ceño saltando a la acción.
"¡Padre pensé que yo iba a luchar!" gritó. Ambos hombres enviaron su viste a la chica.
Madara se escondió una sonrisa malvada: "Sí querida, supongo yo prometí que lucharías."
El hombre volvió su mirada rápidamente a Madara, "Harás que luche contra mí un niño, ¿¡Qué clase de monstruo eres!"
"Por desgracia no soy ningún monstruo, Sasuke. Le hice la promesa a mi hija que le permitiría luchar en nuestro pequeño viaje de entrenamiento" reveló Madara indiferente.
"No me importa ¡tu eres mi oponente!" gruño Sasuke que todavía no había logrado un buen vistazo a la chica, sino que entró de otro ataque.
Madana se sentía ignorada, indignada se acercó a donde los hombres estaban peleando y se quedó en el camino para atacar a Sasuke mirándolo a los ojos con su sharingan activado. "Bueno, si usted quiere pelear con mi padre tendrá que pasar por mí primero" hablo con acritud, Sasuke se detuvo de golpe y miró a su hija perdida. Observo atentamente los ojos de Madana, su cabello del mismo color del suyo y sus ojos…tenía los ojos de su verdadera madre, los ojos de Sakura.
"¿S-Suzu...?" susurró el nombre que él le había dado el día en que nació.
"Usted se equivoca, mi nombre es Madana", corrigió tajante.
"Querida, ten cuidado; recuerda que prometió a su madre que llegarías de vuelta en una sola pieza", comento Madara en lo que le daba espacio a la joven.
"Por supuesto", afirmo Madana. Sasuke se quedó donde estaba, no había movido un solo músculo. ¿Su propia hija pensaba de que en todas las personas en el mundo, ese bastardo de Madara era su padre? Era obvio que la niña no sabía la verdad.
"Suzu mírame, ¿no me reconoces?" le inquirió Sasuke.
"Mi nombre no es Suzu ¡es Madana!", repitió de forma brusca la Uchiha, ignorando que el hombre estaba diciendo la verdad. Ella corrió y le atacó con el puño, pero Sasuke no se movió, tomó el puñetazo en la cara y se tambaleó hacia atrás lanzándole una mirada a Madara.
"Debería haberlo imaginado... Tan pronto en como desapareció yo debería haber sabido que eras tú, aunque todos creíamos que estabas muerto", se burló dejando a Madana dispuesto a asentar su agresión contra Madara, pero de nuevo la niña se puso en el camino.
"Yo soy tu oponente", señaló.
"Suzu lo que este hombre te haya estado diciendo es mentira, tu nombre real es Suzu, ¡yo soy tu padre! no él. No me importa la perra que llegó a decir que era tu madre, pero ¡tienes que reaccionar Suzu!" Sasuke gruñó.
"Madana querida, no confíes en este hombre, él me traicionó y ahora es un niño amargado por eso," explicó Madara simplemente. Madana miraba a Madara y a Sasuke. Que por supuesto, su apariencia era tan joven como era cuando Madara le había raptado, pero ella creía que el hombre que la había secuestrado era su verdadero padre. Sasuke no tenía ninguna prueba de ser su verdadero padre, Madara había sido lo suficientemente listo como para tomar las fotos que Sasuke y Sakura habían tomado de su pequeña hija para que así no pudieran utilizarlas para encontrarla.
"No me mientas solo para ponerme en contra de mi propio padre", repuso Madana cuando corría para atacar a Sasuke. Sasuke lo esquivó y se dio cuenta de que no sería capaz de llegar hasta ella a través de las palabras. Mientras trataba de decirle la verdad, Madara decía que era mentira, Sasuke no tenía más remedio que huir de Madara y luego tratar de convencerla de que él era su verdadero padre, y la única manera de hacerlo era luchar y luego tratar de llevársela lejos del inmortal. Odiaba que el único amor que puede dar a su hija fuera un amor duro. Mordiéndose los labios, comenzó a luchar.
Pero era más fácil decirlo que hacerlo, él no era capaz de usar toda su fuerza contra su propia hija. Madara imponía con fuerza el entrenamiento de Madana, haciéndola difícil de derrotar, incluso cuando él consiguió un éxito, ella rápidamente se recuperó y devolvió el golpe. Pronto ambos, padre e hija estaban agotados, Madara podía ver que pronto alguien tendría que ceder y parecía que Sasuke iba a ser el que lo haga. Madara sabía que Sasuke había ido deliberadamente guardando su más fuerte Jutsu, ya que no quería lastimar a la niña, su propia su hija. Pero pronto consideró que era oportuno sacar a Madana fuera de la batalla antes de que las palabras de Sasuke comenzaran a llegar a ella. Tan pronto como ella y Sasuke tenían suficiente espacio entre sí para tomar un pequeño descanso se materializó tras Madana que jadeaba por el cansancio.
"Usted hizo un gran trabajo querida, pero ahora creo que has llegado a tu límite", dijo poniendo una mano sobre su hombro causando furor correr por las venas de Sasuke.
"P-Pero papá..." Madana jadeó. Madara le dio una larga mirada dándole a entender que la batalla había acabado. Familiarizada con esa expresión se mordió el labio y asintió. "Muy bien..." y Madara utilizo su Jutsu para transportarlos lejos de Sasuke.
Reaparecieron en el bosque cerca de su casa, Madara soltó a la Uchiha que poco a poco cayó al suelo agotada. Se apoyó contra un árbol y miró al hombre que estaba sentado frente a ella. "¿Por qué ese hombre seguía repitiendo lo mismo?" Madana preguntó aun agitada. El hombre suspiró y desordeno un poco el cabello de la niña.
"No es nada para preocuparse. Ahora, bien mereces un descanso" Él dijo acariciándole la cabeza. Madana asintió lentamente, pero luego sus párpados de pronto se sentían muy pesados. Ella se dejó caer contra el árbol en cuanto Madara la puso bajo un Genjutsu para hacer olvidar cualquier cosa que Sasuke habría dicho, así que no se molestaría en ella más tarde, también alteró el resultado de la batalla para hacerle creer que ella había ganado. Cuando terminó, miró a la joven niña dormida y se dejó escapar una pequeña sonrisa. Tener su venganza contra Sasuke era más dulce de lo que podría haber imaginado.
Después de que ella había despertado estaba llena de orgullo y seguía a Madara de regreso a casa creyendo que finalmente había comprobado que el hombre junto a ella era su padre. Al entrar en la casa Madara le dirigió la vista a Madana, "Ande, puedes irte", dijo con una sonrisa. Madana asintió con la cabeza y emocionada se hecho a correr para anunciarle a Eri de su éxito en el campo de batalla.
Eri estaba muy impresionada y feliz con el éxito de Madana quien le contaba los detalles de la batalla, mientras que Mai también estaba escuchando, pero tuvo problemas para ocultar su expresión de celos. Y llego el momento en que Madana comenzó a describir a su oponente y Eri lanzo una sutil mirada insegura y nerviosa en la dirección de su esposo. Madara simplemente la ignoro a sabiendas de que iba a ser regañado luego. Madana estaba demasiado ocupada contando lo sucedido que no se dio cuenta del cambio repentino del ambiente, en donde Eri estaba en completo silencio.
"Bueno, suena como que lo hizo bastante bien", sonrió cuando Madana paró de hablar.
"¡Sí!" asintió con la cabeza energéticamente.
"¿Sabes qué? Creo que esto se merece un buen día para relajarse, ¿cómo te suena eso? Sólo mañana tú y yo", sonrió Eri.
"Me gusta... Pero ¿seria demasiado llevar a Mai?" Madana pidió cuando se calmó lo suficiente como para notar las miradas de envidia que recibía de su hermana y se sintió culpable por haber sido la causante de ello.
"Si ella quiere", respondió Eri mirando a Mai.
"¡Por supuesto que quiero!" Mai accidentalmente gritó. Entonces ella se sonrojó al notar el tono de su voz y se volvió a mirar a los platos que ella estaba lavando. Madara suspiró y se acercó a Mai, le susurró algo al oído de su hija quien se quedó en silencio durante un minuto y luego sonrió y asintió con la cabeza. "Lo tengo."
"Bueno, si eso está arreglado, ¿qué te gustaría hacer en primer lugar, cariño?" Eri sonrió suavemente.
"Dormir", Madana sonrió tímidamente. Eri dejo escapar una risa suave.
"Tal vez puedes descansar un poco, yo estaba pensando que tal vez podríamos ir mañana a nuestras ocultas aguas termales" sugirió.
"Oh mamá, buena idea", sonrió Madana complacida por la idea. Mai asintió con la cabeza también. Eri sonrió y empezó a servir la cena.
A la mañana siguiente como se había prometido Eri había dejado que Madana descansara todo lo que quisiera. Más tarde, las tres chicas dieron un paseo a unas aguas termales naturales que estaba escondido en el bosque cerca de su casa. Eri afirmó que todos los años visitaba en primavera las aguas calientes y que al parecer nunca había encontrado evidencia de que otros seres humanos sepan de su existencia. Hoy no fue diferente. Las pistas que encontraron en el camino de su casa a su destino, fueron pequeñas huellas de animales que vivían en la zona del bosque. Lo mismo podría decirse de las aguas termales, no había huellas o impresiones de zapatos, ni cualquier otra cosa que podría sugerir la remota posibilidad de que otro humano estuvo caminando por allí. Esto es lo que Madana amaba de vivir lejos del pueblo, podían disfrutar de las cosas con su familia sin extraños inmiscuyéndose con ellos. Pero a pesar de que le gustaba vivir lejos del pueblo lo que no le agradaba era que a causa de eso era difícil de hacer amigos que puedan venir, aunque su padre de todos modos no dejaba que llevaran amigos por ninguna circunstancia.
Madana entraba en las aguas calientes usando su toalla para cubrirse hasta que se sumergió por completo en el agua caliente que sacaba vapor. Mai estaba probando todavía el agua, mientras que Eri y Madana estaban hundidas hasta la boca dejando que el calor calmara sus músculos. Madana observaba el pecho de su madre y luego el de su hermana, una vez más, se sentía inferior, cuando miró a su cuenta, ella suspiró.
Eri noto las molestias en su hija adoptiva, las orbes azabaches de Madana la miraban con intensidad, le devolvió una mirara suave y acogedora en el caso de que su hija quería preguntar algo. Por supuesto que tenía razón.
"¿Por qué soy tan plana...?" se quejo Madana débilmente para que no llegara al oído de Mai.
"Van a crecer, sólo dale tiempo, amor", indicó Eri dulcemente.
"Pero Mai ya tiene", puso mala cara.
"Dale tiempo", repitió Eri nuevamente. Se lidió a llevar Madana en un abrazo reconfortante, pero sin ni siquiera una toalla puesta, miro su pecho y decidió que iba a hacer más daño que bien.
En el bosque un adolescente solo un par de años mayor que las hermanas Uchiha andaba sin rumbo fijo. Su largo cabello rubio platinado estaba atado en una cola de caballo alta y sus ojos eran de un azul bastante pálido, casi blancos. Él exploró el área suspirando aburrido sin ver a nadie al rededor. "Por fin solo", murmuró. Se sentó y se apoyó contra un árbol agotado. Entonces oyó un sonido lejano, como un murmullo del viento…un chapoteo y risas se escuchaban distantes. Parpadeó y miró hacia la dirección donde los sonidos se proyectaban, con curiosidad lentamente se levanto y siguió el sonido adentrándose en los arbustos, pronto a través de los árboles encontró el borde de algunas remotas aguas termales. Él utilizó su capacidad de ocultar su presencia y luego coloco sus manos frente de el haciendo un signo. "Byakugan", susurró por lo bajo y observo a través del vapor, noto la presencia de tres mujeres, dos niñas y una mujer joven que estaban ocupadas riendo y salpicándose entre sí. Interesado poco a poco se abrió paso cuidando de no hacer nada que pudiera hacer notar su presencia. La única que podía ver claramente su rostro poseía un cabello corto y ojos azabaches, pero ella fue la más cautivante. La sonrisa en su rostro, e incluso sus ojos parecían sonreír, ella se sumo al juego y salpicó a la mujer que estaba junto a ella. Su hermosa risa hizo que una sonrisa escapara de sus propios labios, el estado de ánimo de la joven era pegadizo.
Estaba tan perdido en sí mismo que se acerco más hasta que accidentalmente pisó una ramita. Las tres bañistas se congelaron inmediatamente ante el sonido y el muchacho sabía que no podría arriesgarse a quedarse allí. Rápidamente se dirigió lejos de las aguas termales antes de que tuvieran la oportunidad de verle.
Unos días más tarde, el muchacho estaba caminando por el mismo bosque, con ganas de encontrar a esa chica de nuevo. Suspiró suavemente sabiendo que tendría que irse a casa al día siguiente, así que si él no la veía hoy, no la podría ver de nuevo, se sintió muy decepcionante porque realmente quería conocerla. Entonces algo le llamó la atención, vio de reojo. Observo a una chica…la chica que estaba buscando, estaba entrenándose por sí misma en el árbol, con miras a los objetivos con su kunai. Al ver su entrenamiento se dio cuenta de que era una ninja, y el hecho de que sea una ninja hizo que se pusiera mucho más ansioso por conocerla. Paso a paso se fue acercando más a ella, y estudió todo su entrenamiento con gran concentración. Fue lo suficientemente inteligente como para esperar hasta que terminara de ejercitarse y decidido que era hora de anunciar su presencia. Pero cuando llego el momento de hablar se congelo de inmediato, de repente se encontraba nervioso y quería encontrar la mejor manera para saludarla. Él espero un minuto y luego simplemente decidió improvisar.
"Tienes grandes reflejos", hablo finalmente, luego se maldijo en silencio a sí mismo pensando que era la peor cosa que decir. La niña se detuvo y lo miró.
Ella lo observo fijamente durante un minuto con clara curiosidad. "... ¿Quién eres y qué estás haciendo aquí...?" inquirió ella frunciendo el ceño. El muchacho parpadeó.
"Uh, así que te estas preguntando que hago por aquí..." dijo sonrojándose ligeramente.
"¿Por qué te sonrojas ante una simple pregunta?" volvió a preguntar ella si dejar de mirarlo con desconfianza.
"¿Por qué tantas preguntas...?" murmuró todavía sonrojado. La niña parpadeo y se rió un poco.
"No se…porque ¿no puedo?" dijo. El muchacho se echó a reír un poco.
"Um ¿puedo saber su nombre?" preguntó sin pensar, ella se le quedo viendo.
"Mi nombre es Madana, Uchiha Madana" se presento. "¿Puedo pedir el tuyo?" preguntó ella.
El niño sonrió alegre: "soy Ria, Uzumaki Ria".
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Bueno lo siento por la tardanza pero comencé clases de nuevo y a veces duro mucho traduciendo jeje
Por cierto los que quieran ver imágenes de este FanFic pueden entrar aquí:
next-gen-uchihas. deviantart. com (sin espacios)
Y a un lado están los enlaces de otros grupos dedicados a Madana, a Ria, Eri, etc. :)
