Bueno este es el capitulo 5... ya llevaba como una semana que lo habían publicado en ingles pero esta vez tuve que traducirlo por parte…ando algo complicada con las tareas del colegio. Pero finalmente lo publico.

Espero lo disfruten :)


Secuestrados

Sorpresas inesperadas

Las cosas en la casa Uchiha eran bastante rutinarias en la mayoría de los casos. Por lo general, en primer lugar Eri se despertaba, para luego preparar el desayuno, lo que a su vez el delicioso aroma de los alimentos despertaba a los niños y su esposo. Y si eso no los incitaba a levantarse ella se marchaba a sus habitaciones para despertarlos ella misma. Después de que el desayuno había acabado y habían digerido, los niños mayores de la casa iban a su formación mañanera con su padre Madara. Quien se encargaba de mantenerlos lo suficientemente ocupados hasta el almuerzo y luego el resto del día era de ellos, a menos que Madara decidiera que alguno de sus hijos necesitaba más entrenamiento. Todos los niños estaban acostumbrados a amanecer con al aroma del desayuno provinente de la cocina y a los sonidos del caminar de su madre como si fuera un despertador programado. Por lo que una mañana a mediados de verano, cuando la cocina estaba vacía, todos dormían.

Madana bostezó perezosamente en esa mañana, se frotó los ojos para terminar de despertarse. Ella escuchó la calma que inundaba la casa y asumió que se había despertado temprano. Se estiró un poco y dio la vuelta en la cama para verificar qué hora era, pero cuando se dio cuenta de la brillante luz que se colaba por su ventana sintió inmediatamente como si algo malo sucediera... Madana se sentó para mirar su reloj con atención solo para darse cuenta que eran las diez y cuarto. Eso no podría estar en lo cierto... su madre normalmente inicia el desayuno en torno a ocho o nueve... Temiendo lo peor se levantó de la cama de un salto y salió corriendo de su habitación.

"¿Mamá? ¡Mamá!" llamo en lo que fue a la cocina, pero cuando finalmente llego la encontró vacía. Ella parpadeó perpleja, dio media vuelta y se apresuró a la habitación de Madara y Eri. Abrió la puerta sin hacer ruido y vio a su padre sentado y confortando, quien supuso era su mamá, que estaba completamente cubierta bajo las mantas. "¿Papá?" -preguntó ella.

Madara apartó la mirada de su esposa y miró a Madana. "estas despierta", dijo lo obvio, y luego se dio cuenta del por que Madana estaba en su habitación. "Tu mamá sólo se siente un poco enferma, ¿podemos confiar en ti para poder hacer tu propio desayuno?"

Madana vio un movimiento en las mantas y una mano se posó en el brazo de Madara. Sus palabras fueron pronunciadas en un bajo susurro que la niña no pudo oír a lo que Madara asintió con la cabeza. Inclinándose, besó a su esposa en la frente para luego bajarse de la cama y empujar a Madana fuera de la habitación y la acompaño a la cocina.

"¿Mamá está enferma?" Madana finalmente preguntó después de terminar de comer en silencio. Simplemente se había hecho un plato de cereal con leche, ya que no había tomado el tiempo para recoger habilidades en la cocina con su madre, aparte que se preocupaba por ella.

"Ella se despertó con malestar y bueno... tubo que hacer un viaje al baño... Podría ser una gripe estomacal o algo que comió simplemente no le cayo muy bien", señalo Madara. La preocupación de Madana aun persistía.

"Oh... "murmuro ella.

"¿Podrías ir y preguntarle si se siente bien como para comer algo? tengo que ir a despertar a sus hermanos y asegurarme de que coman", pidió. Madana asintió con la cabeza y después puso el plato en el fregadero y se fue a la habitación de su madre.

Después de abrir la puerta y mirar a escondidas el interior vio que Eri se había deshizo de las mantas y se encontraba de espaldas a la puerta sin nada más que una camiseta. La mujer de cabello blanco oyó la puerta y miró por encima del hombro. "¿Madana...?" -llamo, parecía un poco sorprendida. Luego sus ojos se abrieron un poco en como se dio cuenta de que Madana había visto un determinado diseño rojo y blanco en su nalga. Rápidamente sacó las mantas y se volvió para mirarla.

"¿Qué fue eso?" Madana preguntó a la mujer con ligero rubor.

"N-Nada, sólo... Um... algo que su padre me hizo hace un tiempo..." admitió, pero solo la verdad a medias, había prometido a Madara que no hablaría nada acerca de la cresta Uchiha marcada en su cuerpo a nadie en general. Parecía juguetón e inocente, pero era una muestra a su devoción por el clan, y también que se caso con el hombre que amaba.

"¿Entonces porque te avergüenzas, mama?" Madana curioseó. No era como si fuera la primera vez que había visto a su madre expuesta. Después de todo, las dos eran mujeres con las mismas partes, y ella era su madre. Si se trata de uno de sus hermanos o su padre, o un hombre en general... sería una historia totalmente diferente.

"No es nada querida... Es sólo que... algunas personas... si saben que tengo algo por el estilo... simplemente... tomarían el camino equivocado..." Eri suspiró en un susurro.

"¿Por qué?" inquirió con un ligero interés. Si ella lo había visto bien... se trata de una cresta Uchiha... ¿por qué eso sería malo?

"Te lo diré cuando seas mayor... ahora ¿has venido por algo?" Eri preguntó cambiando de tema, simplemente no veía la razón para explicar que las personas podrían confundir el tatuaje como una marca de propiedad, a pesar de que eso no era demasiado exagerado, ya que Madara era un hombre territorial.

"Bueno, eh... papá quería ver si querías comer algo", recordó Madana.

"Algunas tostadas con mantequilla y azúcar de canela y un poco de leche sería perfecto..." Eri respondió sonriendo suavemente. Madana sonrió un poco y asintió con la cabeza, luego se despidió.

No fue hasta el mediodía cuando Eri se encontraba paseándose por la casa como si nada. Los niños habían hecho su propio almuerzo y se debatían sobre cómo iban a pasar el resto del día.

"¿Mamá? ¿Por qué estas fuera de la cama?" Mai examinó.

"Me siento bien ahora. No tengo temperatura ni nada, seguro fue por algo que podría haber comido y no me sentó muy bien, cariño", indicó con una sonrisa antes de voltear la vista y revisar el calendario. "... Mierda..." susurro

Con esa simple palabra todos los niños la miraron como si le hubiera salido otra cabeza. Eri no dijo nada durante un minuto sin apartar la vista del calendario. "¿Dónde está tu padre?" inquirió al fin.

"Estoy aquí", respondió Madara entrando por la puerta "¿ya te sientes mejor querida?"

"Madara... llego tarde..."

"¿Huh?"

"Me enfermé esta mañana... y llego tarde..." repitió mirándolo fijamente.

Madara la miró como si estuviera loca hasta que descubrió a lo que se estaba refiriendo. "Ah... "soltó al fin.

"¿Ah? ¿Es eso todo lo que tienes que decir?" Exigió.

"No podemos estar seguros por dos cosas querida, podría ser solo una coincidencia... " explicó, pero con su experiencia en la materia a lo que estaba sucediendo, sabía que su esposa probablemente tenía razón. Sobre todo con la mirada que ella le dio.

"Me voy a la ciudad entonces, estaré de vuelta pronto", suspiró y entonces se fue por la puerta en que llego su esposo sin mirar a nadie mas.

Todos los niños miraron alternamente a su padre y a su madre irse tratando de averiguar el significado de la extraña conversación de sus padres. ¿Qué significa llegar tarde? ¿Y que tiene que ver con que su mamá se enfermara? "¿Papá, de que están hablando?" Izuna preguntó finalmente.

"Esperemos que no sea nada", suspiró Madara. Una vez más los menores se intercambiaron miradas confundidas.

Poco después Eri regresó y fue directo a su habitación sin decir nada y cerró la puerta tras ella, los niños no podían estar más desconcertados. Unos minutos después se oyó un grito "¡MADARA!" Por supuesto, en toda la casa se oyó el retumbado del bramido, el hombre en cuestión se congeló en saber lo que significaba.

"Mamá está muy molesta por algo", observó Madana y Mai asintió con la cabeza en señal de acuerdo. Madara respiró hondo y se dirigió sigilosamente por la puerta más cercana.

"¿A dónde vas? Mamá está en su habitación" acuso Taro.

El hombre suspiró. "Es mejor dejar que su temperamento se enfríe un poco antes de ir allí."

"¿Por qué?" esta vez fue Mai quien pregunto.

"Bueno..." Pero antes de que Madara pudiera contestar, se oyó un fuerte portazo. Él volvió a respirar hondo y condujo a los niños fuera sin contestar. Esto iba a ser complicado.

"Me pregunto por qué mamá está actuando como una loca...ella no es así" suspiró Mai.

"A lo mejor es..." Taro pensó en voz alta, pero luego intercambio una rápida mirada con su gemelo "Neh... ¿No podría ser…?"

"…Si usted está pensando en lo que estoy pensando..." convino Jiro con mirada nerviosa.

"¿En qué están pensando chicos?" Izuna preguntó con cara de preocupación. Para ser un niño de diez años él tenia una relación muy estrecha con su madre, y al ver un cambio en su temperamento como éste le disgustaba.

"Pues..."

Madara entro de nuevo en la habitación dejando a los niños Uchiha detrás y apareció Eri dando trompicones hasta la cocina, se podría decir que casi sacaba humo por las orejas. Le lanzo una intensa mirada a su marido. "¿Cómo es mi culpa si la prueba fue positiva Eri?" se excuso el hombre rápidamente.

"Porque-tu-lo-pusiste-en-mí", gruñó ella con cada paso que daba.

"Usted lo quería", señaló a la defensiva.

"¿disculpa?" Eri replicó con una ceja alzada.

"No es como si te hubiera forzado a hacer nada", Madara se defendió.

"¡Lo siento, pensé que nos pusimos de acuerdo para no tener más hijos! ¡Tenemos cinco, CINCO Madara! ¿No debería ser suficiente?" bramó.

"Eri sé que no me gusta cómo te pones cuando estás embarazada, pero esto es tanto culpa suya, como la mía", indicó como él retrocedió un poco. En verdad lo que dijo Madara tenia sentido, además de que él en realidad culpaba sobre todo al clan de Eri. Con las mujeres del clan Sincera por lo general es difícil tener su primer hijo, un mecanismo de defensa que Eri y Madara habían tomado ventaja de saberlo durante sus relaciones mientras estaba en marcha la Tercera Guerra Ninja. Pero como el cuerpo de Eri se acostumbró a tener relaciones sexuales con el Uchiha que finalmente dio el fruto, Taro y Jiro. Después de tener el primer hijo del cuerpo de la mujer, entonces puede tener hijos por decisión, lo que las hace fértiles y fácil de embarazar. Así que después de que la guerra había terminado y sus hijos nacieron; Eri y Madara tuvieron que tomar medidas para tratar de no producir más hijos, podían controlarlo, o ellos suponían.

"Usted no es el que tiene que llevarlo durante nueve meses y luego tener la diversión, ¡pero el momento doloroso es cuando lo esta empujando fuera de su cuerpo! ¡Si hay otro después de este voy a meterlo por el culo y le permito hacer todo el trabajo duro!"

"Eri... Creo que las hormonas están entrando en algo un poco temprano ¿por lo qué no nos sentamos y no calmamos...?"

"¿Y que voy a hacer?" preguntó mirándolo "quiero decir, no he podido estar con los niños en todo el día, voy a ser una psicópata perra hormonal durante los próximos nueve meses, y cuando nazca va a necesitar toda mi atención... No sé si puedo manejar eso... "

"Eri... querida, yo voy a estar muy cerca de ti..." indicó acercándosele y tirando de ella en sus brazos fuertes," Mira, te enfermaste y hemos descubierto que vamos a tener otro hijo y tus hormonas comienzan a descontrolarse... Necesitas descansar un poco y te prometo que serás feliz con esto. Eres una mujer increíble y una madre amorosa... vamos a resolver esto..." Él usó las mismas palabras como antes, cuando estaba embarazada de Izuna y preocupada por los pequeños que necesitan su atención también, pero hicieron el trabajo antes, y van a hacer que funcione ahora. Eri asintió y dejo que su esposo la recogiera en sus y la llevó a su habitación.

La curiosidad de los niños empezó a crecer cuando la casa quedo en repentina tranquilidad que decidieron colarse en la cocina y escuchar a sus padres. "¿Tal vez ellos están en su habitación?" Mai sugirió cuando no había nadie allí.

"¿No queremos ir allí si están en su cuarto?" Taro cuestiono. Todos ellos se quedaron en silencio.

"Probablemente no", dijeron todos a coro.

Izuna decidió arriesgarse unos minutos más tarde cuando el resto de sus hermanos habían encontrado cosas en que ocupar su tiempo. No le gustaba estar separado de Eri durante demasiado tiempo, al infierno si su papá le había dicho que ya era un "niño grande" y que le había hecho quedarse en su propia cama cuando cumplió siete años que probablemente aún trataba de colarse en la cama con sus padres. Él era el bebé de la familia después de todo, ¿y qué si él tenía diez años? Se dirigió a la habitación de sus padres y sonrió al ver a su madre saliendo. Rápidamente corrió hacia ella y la abrazó: "Hey mamá,"

Eri sonrió suavemente y abrazó a su actual hijo mas joven, "Hola cariño..."

"¿Te sientes mejor? Estábamos todos preocupados", indago mirándola con sus ojos de ónice.

"Ahora me siento mejor, siento haberlos preocupados", contestó acariciando su cabello. Izuna sonrió un poco y hundió el rostro en su ropa. "¿Dónde están los otros?"

"Fuera".

"¿puedes buscarlos? Tu padre y yo tenemos algo que decirles", explicó Eri.

Izuna la miró de nuevo y luego asintió y se fue al exterior. Madara salió y vio a su hijo menor irse. "Esto será bueno para él por lo menos... Es demasiado apegado a ti...", revelo "De una manera que puede ser poco saludable", añadió rápidamente cuando la vio fruncir el ceño ante él. Eri suspiró y asintió con la cabeza. Izuna ya no podría actuar de esa manera al no ser ya el bebé de la familia...

Cuando los niños se reunieron en la cocina la pareja los miró. "Bueno, ¿cómo empezar...?" Eri suspiró.

"ya ¿Qué esta pasando?" Madana preguntó.

Eri miró a su esposo, que asintió con la cabeza y decidió poner las cosas simples. "En resumen es que van a recibir un nuevo hermano."

"¿¡Otro más!" exclamaron todos al unísono.

"Sí, nos sorprende también, pero las señales no mienten... Vamos a tener un nuevo miembro a la familia en unos meses..." Eri explico mirando especialmente a Izuna. El menor simplemente devolvió su mirada a sus padres un poco confundido. Ella decidió que sería mejor que lo tire a un lado y se lo explicara a él con suavidad.

"Yo espero que no sea otro niño, tenemos un montón de ellos", se quejó Mai. Madana rió y asintió con la cabeza. Izuna no parecía entender que un nuevo bebé tomaría mucho la atención de Eri lejos de él, así que por supuesto cuando supo que sería el hermano mayor por una vez lo aceptó con una sonrisa. Así que ahora la noticia no le afectaba mucho...

Durante los próximos tres meses Eri se enfermaba constantemente por la mañana, pero aún lo hace a cabo para elaborar el almuerzo. Ella tenía cambios drásticos de humor y por supuesto todos fueron liberados con su marido en lugar de sus hijos. El pequeño Izuna empezó a distanciarse de su madre ya que no le gustaba los cambios que veía en ella. Los otros niños acababan de aprender a tener cuidado con lo que dicen y lo que hacen a su alrededor en caso de que su padre no estaba allí para recibir el golpe de otro cambio de humor.

Ria había estado muy ocupado con las misiones, pero durante el tercer mes del embarazo de Eri había logrado escapar para una corta una visita. Madana, por supuesto, había olvidado que él no sabía nada acerca de la condición de su madre. Ella estaba feliz de poder volver a verlo.

"Hola Eri-san" saludó Ria a la mujer embarazada con una gran sonrisa.

"Hola Ria" devolvió el saludo desde su posición relajada en el sofá," No te hemos visto por aquí en un poco. "

"Hehe sí... lo siento, pero ya sabes cómo es", explico colocando sus manos detrás de su cabeza.

"Ya veo..."

Ria luego miró a la barriga del bebé que era cada vez más evidente a través de la ropa de maternidad de Eri, miró por un momento para luego se inclinarse a Madana y le susurró, "¿Soy yo o es tu mamá engor-?" Madana en un movimiento fugaz cubrió la boca de Ria.

Eri miró Ria, "¿Qué dijo?"

"Mamá N-Nada, s-solo acaba de decir que usted es um… ¡brillante! Sí, es cierto, vamos a ir a um…entrenar ahora", se excuso tirando del brazo de Ria y lo saco de la habitación.

"Bueno... entonces bien..." murmuro con una ceja levantada. Suspiró y se levantó lentamente. Hora de buscar a su cachorro, también conocido como su esposo.

Una vez fuera del alcance de su madre Madana miro como si reprendiera al niño Uzumaki. "Mira Ria mi mamá está embarazada, no puedes ir y decir algo que la haga explotar", explicó.

"¿Ella está embarazada?" Ria repitió.

"Sí, ella no está engordando ¡ella va a tener otro bebé, estúpido!" hablo y le golpeo en la cabeza como para enfatizar la ultima palabra.

"Bueno, ¡tu ya tienes como cuatro hermanos! ¿Cómo iba yo a saber...?" se quejó frotándose la cabeza.

"Mira que es… cosas de padres... supongo" Madana se encogió de hombros, "quiero decir tu tienes hermanos ¿no?"

"No..."

Madana parpadeó, "¿Tu no?"

"¿Eras tan mal niño o es que tu mamá simplemente es fea?" se oyó la voz de Taro detrás de él.

Ria gruñó y se volvió hacia él, "¡No insultes a mi madre!"

"¿Así que fuiste uno de esos niños horribles que ellos no quería más?" Taro rió.

Ría se puso rojo, "¡No! ¿Cuando llegaste hasta aquí de todos modos?"

"Ya estaba aquí, Madana te arrastró delante de mi maniquí de entrenamiento, 'maniquí'" señaló a Taro con una sonrisa.

"Uy... mi culpa..." Madana admitió avergonzada.

"Yo podría usarte para practicar tiro al blanco, un blanco en movimiento es un desafío", sonrió Taro.

"Taro, no", frunció el ceño Madana.

"Awww vamos", se quejó él.

"No" replico firme.

"Bien, entonces sácalo de mi camino", frunció el ceño y se dispuso a seguir con su entrenamiento.

Madana suspiró y tomo la mano de su 'maniquí' Ria para llevarlo lejos. Durante su pequeño paseo se encontraron con Izuna, que todavía no había notado la presencia del Uzumaki. Cuando Ria intentó otro saludo amistoso fue cuando se percato de su presencia; él sólo lo miro, se apartó y se fue diciendo que su mamá lo necesitaba para algo.

"Madana, odio decir esto, pero Izuna es un poco raro... me refiero uno pensaría que debería tenerme algo de confianza al menos ¿no? Pero él sigue actuando como un pequeño cachorro asustado..." Ria observo.

Madana se encogió de hombros, "Él va a tomarte confianza con el tiempo."

Ah, y hablando de los cachorros...

Madara no disfrutaba en lo más mínimo cuando su esposa se acerco para protestar. El estaba encargándose de las malas hierbas del jardín, mientras ella solamente regaba con una manguera. Suspiró a sí mismo manteniendo el volumen de su voz por si acaso había otro repentino cambio de humor. Fuera de la habitación y cualquier situación tranquila en la que sólo se puede sentar con Eri y sentir la vida dentro de ella, "El Milagro de la Vida' y todo ese asunto, él detestaba sus embarazos tanto como ella lo hizo. La mujer se convirtió en dominante, irracional y muy temperamental. Él la miró mientras retiraba otra mala hierba, sólo para ver una sonrisa en su rostro, con una gracia segura de sí misma mientras miraba a su marido que trabajaba en el jardín bajo su mando. Podía imaginarla preguntándose a sí misma si de verdad tenía que ser eliminado con el fin de ser temido y servido. Bueno, la respuesta fue afirmativa. Eri era una mujer tan dulce cuando ella no estaba teniendo a sus hijos. Tan dulce y amoroso que esas cosas no significan mucho para ella...

Madara siguió retirando las malas hierbas manteniendo sus pensamientos para sí mismo. Se centró en su trabajo y se preguntó porque Eri tenía que hacerle hacer esto. ¿No es que Izuna le que le ayuda con sus tareas? Por supuesto que si decía algo, Eri podría traducirlo como una queja hacia sus hormonas del embarazo, probablemente se enojaría de nuevo... o se echaba a llorar sobre que él no la amaba lo suficiente como para ayudarla en la casa... de cualquier manera que no sería bueno para él. Él suspiró, pero repentinamente le cae un chorro de agua fría como hielo mojándolo completamente. "¡Eri!" -gruñó, sabiendo quien era la que tenía la manguera.

"Uy, lo siento", dijo en broma. "Creo que estoy un poco torpe. Oh, mira tu camisa está mojada", señaló. Madara se miró.

"Así es..."

"¿Y bien? Quítatela antes de que pesques un resfriado o algo," insinuó Eri con una sonrisa juguetona.

"Dudo que tome un resfriado a causa de una camisa mojada", contradigo y tiró de algunas malas hierbas ignorándola.

"Sólo quítatela, mejor prevenir que curar", insistió Eri. El Uchiha suspiró y la obedeció. Volvió a su tarea sólo para que otra explosión de agua proveniente de la manguera de chocara contra él unos minutos más tarde.

"Eri..."

"Parecías un poco caluroso, yo sólo quería refrescarte", susurró ella.

"Me siento como que he oído esto antes...," Madara respondió con sarcasmo.

Eri le saco lengua en una mueca juguetona, y entonces vio el trabajo del hombre. Increíble cómo las mismas hormonas podían hacer querer golpearlo y luego querer hacerle frente y besándolo hasta que estaban ambos desnudos y listos para hacer lo malo. Pero ella se resistió, tuvo que ser capaz de mantener cierto control sobre sus hormonas con su experiencia de tener hijos. De hecho, lo que había hecho en el transcurso de este embarazo no es tan malo como lo que hizo durante los demás.

Una de sus cosas favoritas que le gustaba hacer era seducir a Madara en el dormitorio y cuando estaban dispuestos y listos para seguir… luego cambiaría de idea en el último minuto para darle una bofetada y llamarlo un cerdo. Pensando en ello... ¿cómo no había perdido su paciencia con ella durante sus embarazos? Con los gemelos tuvo que mantener el control sobre sí misma ya que Madara estaba de mal humor por la guerra, pero con Mai e Izuna ella era todo hormonal... que Madara tubo que sufrir a través de los nueve meses... Eri suspiró y se acercó al inmortal. "¿Cariño...?"

"¿Hmm?" murmuro mirándola. Poco a poco se inclinó lo suficiente como para darle un beso y luego mirar al padre de sus hijos.

"Lo siento por que tengas que aguantarme... Yo se lo que significa para usted..." ella hizo un mohín.

Los labios de Madara se curvaron en una ligera sonrisa mientras tiraba la última maleza y se puso de pie. "No es tu culpa querida", dijo abrazándola.

Eri sonrió, pero luego sintió frío. Fue entonces cuando se acordó de que Madara estaba mojado por la manguera. "¡Hey!" protestó con ahora su propia ropa mojada.

Madara se rió sombríamente: "Ahora estamos a mano, vamos a ir a buscar cambio ¿de acuerdo?"

Eri lo miró con una mueca, pero luego al ver sus ojos oscuros con tanta felicidad y admiración por su amado, ella sonrió también. "Bien". Con esto se fueron de regreso a su habitación, en el camino algunas risas traviesas comenzaron sonar de la pareja.

Madana suspiró al terminar de escuchar a Ria y dio con sus pies descalzos una patada en el agua del río que corría cerca de su hogar. "No puedo imaginar a alguien que este tan ocupado..."

"Bueno, él si" afirmo Ria, se había estado quejándose de su padre para poder explicar las posibles razones por la que no tenía hermanos.

"Ya veo..." Madana respondió tratando de pensar en que Madara estuviera tan ocupado como el padre de Ria que era el Hokage de konoha. Según lo que escucho estaba siempre tan ocupado que rara vez Ria lo vio sin papeles delante de él... Era muy difícil de imaginar... "Lo siento por eso, Ria..."

"No, no se puede perder lo que no tenemos", dijo sin rodeos Ria. Madana suspiró, se sentía un poco mal por la madre de Ria. Él se encogió de hombros y puso de nuevo a mirar a las nubes. La niña Uchiha se sentó junto a su lado y juntos miraron las nubes pasar hasta que Ria finalmente habló, "Si yo tuviera una esposa y un hijo puedes apostar que no pondría el papeleo ante que ellos. Es una de las pocas cosas que realmente me gusta de tu papá... Pasa tiempo con ustedes y tu madre... "

Madana sólo pudo asentir. Ria junto sus yemas de sus dedos acariciando uno con las otras mirando a Madana haciendo que se sonrojara ligeramente. Él la miraba con una expresión indescifrable. "A veces... estoy un poco celoso de ti..." admitió "menos por su estúpido hermano y eso..." luego añadió por lo bajo.

"Y yo estoy un poco de celosa de ti... menos por el trabajo de tu padre y eso...", fue su única respuesta y entrelazo su mano con la suya con suavidad.

"Tu rubor es muy lindo..." susurro Ria. Entonces él mismo se sonrojó un poco al darse cuenta de lo que dijo.

"Tu rubor es una locura... pero de una manera que es lindo, si..." Madana admitió.

"¡Hey! ¡Ria no sabía que estuvieras aquí!" gritó Jiro que acababa de regresar de su viaje a la ciudad con Mai. Ambos Madana y Ria se incorporaron de golpe y soltó la mano del otro.

Uchiha Jiro... Destructor de Momentos...