¡Hola Chics! Acá les dejo el tercer capítulo de esta historia. Antes que nada he de desearles a todos un muy Próspero Año Nuevo, y espero que lo hayan pasado muy bien en Navidad; pretendía subir este chapter el 24 pero no alcancé a terminarlo. Espero sea de su agrado y lo disfruten leyendo tanto como yo escribiéndolo.

Si se habrán dado cuenta edité los dos capítulos anteriores, así como también los 12 capítulos de "Libérame", más que nada por una cuestión estética.

Aclaraciones antes de continuar: Me llegó un review haciendo comentario sobre lo 'poco proporcional' de las estaturas de Mimi y Yamato; sí, probablemente hubiese sido muchísimo más estético haberlos dejado de 1.70 y 1.80 respectivamente, pero no estoy en busca del ideal de belleza al que estamos acostumbrados; me gusta mostrar belleza en donde los estereotipos a los que estamos acostumbrados a ver no lo encuentran. Espero no les moleste, no los cambiaré, así me gustan, y por algo los dejé de esa manera.

Nota: Digimon no me pertenece, esta historia la escribo por mero entretenimiento.


Y como si fuera acción del destino, la canción terminó a las doce en punto; y a las doce en punto Yamato soltó la mano de Pinky, se acercó a ella, la tomó del cuello y la besó. Para sorpresa de muchos.

"Y es que se dice que si besas a la persona amada a las doce en punto, en año nuevo, ese amor vivirá por toda la eternidad."


Capítulo Tres: La Fiesta de Navidad

Se cerró el telón justo después de que la canción terminara, por lo que lo último que vio el público fue el beso entre Pinky y Yamato; eso sería portada de revistas juveniles al día siguiente, sin lugar a dudas.

Tras bambalinas todos estaban boquiabiertos ante la acción de Yamato, especialmente sus compañeros de banda y Miyako ¿Acaso eso era parte del trato que su amiga le había comentado? Lo dudaba, Mimi le habría dicho, es más, estaba segura que se habría negado a hacer algo así.

En cuanto la conflictiva pareja dejó de estar a la vista del público, Yamato rompió el beso y se giró para caminar rumbo hacia su camarín, como si nada hubiese pasado, dejando a Mimi totalmente extrañada, tan roja como un tomate y con todas las ganas de recibir una explicación por parte del rubio.

Cuando Yamato ya llevaba recorrido la mitad del escenario, la pelirrosa salió de su estado de estupor. Recobró la compostura y alineó su espalda —¡Ishida! —exclamó, logrando que el susodicho se detuviera, más no se dignó a voltearse―. Exijo una explicación.

El rubio soltó una leve carcajada —¿Para qué quieres una explicación? Todo era parte de la actuación, tú misma deberías saber de eso.

Mimi apretó los puños, furiosa —Bien, linda actuación, pero te recuerdo que cualquier clase de idea loca que cruce por tu mente y que me involucre debes informarla, porque perfectamente podría no haber estado de acuerdo con eso, es más, no lo estoy ―aclaró ella, visiblemente ofuscada―, uno: porque no me preguntaste mi parecer y lo hiciste sin mi consentimiento, y dos: porque besarte no es algo que me apetezca, por si no te has dado cuenta.

Yamato volteó a mirarla, con las manos en los bolsillos, mostrando un semblante aburrido ―¿Eso es todo? Por favor, Pinky, si vas a hacerme perder el tiempo que al menos sea en algo realmente importante y no por una pataleta infantil.

—¿Pataleta infantil? Oh claro, lo olvidaba —comenzó ella—. Eres lo suficientemente suelto como para ir besando a cuánta chica se te cruce por el camino

Yamato soltó una carcajada —Los cuentos de hadas no existen Pinky, así que deja de pensar en el beso de amor verdadero ―respondió él, mordaz―. Y si, prefiero tener conquistas de una noche a mantener una relación con chicas como tú.

Alguien debía detener lo que parecía querer convertirse en la tercera guerra mundial, y ese alguien era Koushiro Izumi, quién no tardó en aparecer en el escenario y tomar a Yamato desde un hombro.

—Vamos, fue suficiente —le murmuró despacio.

En un comienzo Yamato pensó en seguir con el tema, pero al notar que la pelirrosa no decía nada y sólo lo observaba de una extraña manera que no era capaz de descifrar, decidió dar media vuelta y perderse de la vista de ella.

Miyako por su parte, al ver a Izumi entrar en escena no tardó en imitarlo, posicionándose junto a su amiga, tomándola desde un brazo —Todo está bien Pi-chan, dejemos esto hasta acá.

La aludida sólo asintió con la cabeza y junto con su compañera volvió al camarín, sin observar a nadie más, por lo que no pudo notar la extraña mirada que Yamato le dio hasta que ella desapareció de su campo visual; los chicos imitaron a las dos jóvenes y luego de un par de minutos también se encaminaron, juntos y en silencio, Yamato tenía un humor de perros y lo mejor era no volver a hablar, al menos hasta que se relajara un poco.

Mimi vistió con ropa normal, se quitó el maquillaje y la peluca, mientras Miyako ordenaba prolijamente todo lo que ella iba dejando a un lado —¿Podríamos pasar por casa antes de reunirnos con los chicos? Me gustaría tomar una ducha —pidió la castaña.

—Por supuesto. Es más, iba a proponerte lo mismo ―coincidió su amiga―. Estaríamos llegando como a las una y media a juntarnos con ellos, además Ken nos llevará y podremos portarnos mal y tomar muchos mojitos porque no tendremos que conducir —rió la joven de anteojos, Mimi sólo negó con la cabeza, divertida.

—Está bien, pero no quiero cargarte como a un saco de papas, Miya-chan, por favor.

—Estaré bien, además no te preocupes por mí, ¡Tendrás a los guapetones de Joe y Michael para ti sola!

Mimí enrojeció de inmediato —¡No digas cosas como esas!

Ambas sonrieron y emprendieron rumbo al departamento que compartían; vivir juntas había sido lo más conveniente para ambas, habían confirmado lo bien que se llevaban y que sus estilos de vida eran similares, por lo que los roces típicos originados por compartir ambiente habían sido muy pocos y fácilmente solucionables.

El sitio era acogedor y no muy grande, tenía dos habitaciones, cada una con su propio baño, la cocina y el living-comedor. Nada parecía indicar que en ese sitio vivía la famosa cantante Pink Princess y su mano derecha, Miyako.

Cada muchacha se encaminó a su propia habitación y no salieron de allí hasta estar completamente listas, primero se dejó ver Miyako, quién al oír el timbre del departamento no tardó en salir al encuentro del que suponía, era su novio. No estaba equivocada, al abrir la puerta se encontró frente a frente con Ken y su sonrisa galante, que lograron derretirla al instante.

—¡Por fin llegaste! —exclamó la chica de cabellos violetas antes de besarlo efusivamente.

—Y al parecer en buen momento ¿Mimi está lista ya? —logró preguntar el joven cuando su novia se dignó a soltarlo.

—Yo creo que sí, es que volvimos rapidísimo y cada una se fue por su lado —agregó ella, cerrando la puerta tras de si y caminando a paso rápido hacia la habitación de su amiga.

Justo cuando la pelivioleta estaba por abrir la puerta su amiga apareció por ella, dando un saltito hacia atrás, asustada —¡Miya-chan! Casi me sacas el corazón del susto.

La aludida sonrió —Es que Ken ya llegó ¿Estás lista, no?

—Sí, sí. Vamos antes de que me arrepienta y me ganen las ansias de quedarme en cama y dormir tres días seguidos ―bromeó ella.

Ken condujo por las concurridas calles de la ciudad hasta llegar a un pub, a esas horas todo era fiesta y alegría, el alcohol ya se les había subido a la cabeza a muchas de las personas que las jóvenes podían observar a su alrededor. Ambas bajaron del auto y Ken les sugirió que buscaran a Sora y los demás chicos dentro, y él se les uniría luego de encontrar un lugar medianamente seguro para estacionar.

Dicho y hecho, el par de inseparables amigas se adentró en el antro, que en lugar de oxígeno brindaba humo de cigarro; tardaron un poco en dar con la pelirroja, pero una vez identificada los abrazos y buenos deseos llovieron por doquier.

Optaron por sentarse en una mesita redonda de esquina, lugar desde el cual se podía ver la pista de baile y el escenario del karaoke, además de estar relativamente cerca de la barra. A los pocos minutos se les unió Ken, y así comenzaba lo que prometía ser una noche inolvidable. Y vaya que lo sería.

Mimi se encontraba sentada entre el chico americano, Michael, y su amigo de la infancia Joe, este último con quién había mantenido algo parecido a una relación, pero que por cuestiones de tiempo e intereses habían preferido terminar y así poder conservar aquella amistad de años; por su parte Michael no hacía ningún esfuerzo por disimular su interés por la castaña, actitud que la ponía sumamente nerviosa e incómoda, pero que divertía de sobremanera a sus dos amigas.

Miyako ya iba por su cuarto Mojito y Sora terminaba su tercer Cosmopolitan, por lo que ya se les había soltado la lengua y hablaban hasta por los codos, Mimi, por su parte, aún jugaba con su primer vaso (el que no había bajado de la mitad desde hacía ya un buen rato), la verdad es que se sentía cansada luego del recital de año nuevo, y todo lo ocurrido con Yamato le daban mucho más pie para pensar en un sinfín de cosas.

—¿Supieron como estuvo el recital de año nuevo? —preguntó Sora, ignorante total al hecho de que la castaña, sentada a dos personas de ella, había sido una de las integrantes.

—Bueno… —comenzó Mimi—. Miya-chan fue y me ha comentado que estuvo de lujo, yo estuve en casa preparando las cosas para el viaje, así que no he podido acompañarla.

―¡Que envidia! ―exclamó la pelirroja―. Mi sueño es conocer a Taichi Yagami, el guitarrista de los Teenage Wolves.

Mimi y Miyako se lanzaron miradas cómplices, finalmente la joven de anteojos habló ―Bueno, sí, se ve guapo, pero no es de mi agrado.

Así nuevamente las chicas del grupo, ya bien pasadas de copas, se enfrascaron en una acalorada discusión sobre cuál de todos los integrantes de Teenage Wolves era más sexy; los hombres, por su lado, se mantuvieron un tanto al margen, pues no les apetecía hablar sobre cualidades físicas de las que ellos no podían hacer alarde.

Mimi aprovechó el momento para levantarse e ir al baño. La verdad es que lo poco que había ingerido de alcohol ya le bastaba para hacerla sentir un tanto mareada, todo porque su cuerpo no tenía aguante para esa clase de cosas.

Al entrar al lugar le impresionó verlo vacío, o al menos eso pensó mientras se lavaba la cara con el fin de despejarse un poco; cuando se encontraba sacando papel absorbente para secarse se percató de unas extrañas risitas provenientes de uno de los cubículos. La castaña prefirió restarle importancia y ni siquiera intentar imaginar qué ocurría allí dentro, por lo que se apresuró a terminar de secar sus manos para poder salir cuanto antes de allí. No le apetecía ser espectadora de cómo un par de jóvenes se dejaban llevar por las hormonas en un lugar público.

Grande fue su desgracia cuando ya dispuesta a marcharse la puerta del cubículo en cuestión pareció ceder ante el peso de los amantes y cayó al piso con dos personas sobre él, sobre la puerta un chico rubio vestido de negro y sobre él una hermosa joven de larga cabellera ébano que Mimi supuso era modelo por su porte y elegancia al vestir.

Ambos miraron fijamente a Tachikawa, quién se encontraba perpleja a un costado de ellos. Una profunda mirada zafiro chocó con la suya color chocolate y el tiempo pareció detenerse. El corazón de la castaña comenzó a bombear a un ritmo que no era sano para su salud e integridad corporal ¿Había alguien en el mundo con peor suerte que ella? ¿Cómo era posible que incluso en el baño de chicas se fuera a topar con Yamato Ishida? ¿Acaso los astros se habían confabulado en su contra?

La joven de cabellos negros no tardó en ponerse de pie, un tanto sonrojada, pero no por la vergüenza precisamente.

Miró a Mimi despectivamente al tiempo en que se acomodaba la blusa ―Más te vale, niñita, ni siquiera mencionar esto.

La castaña recién en ese momento rompió el contacto visual con el rubio y se centró en la otra joven, la que fácilmente bordeaba el metro ochenta de estatura. Se sintió ínfima y miserable, más aún cuando el rubio también se levantó y la observó intrigado.

―¿Y tú crees que siquiera me importa con quién te revuelques en espacios públicos? ―contraatacó la castaña, sin ningún pelo en la lengua. El interés del rubio se centró en ella.

―¡Si supieras quién soy no estarías…! ―había comenzado a amenazar la pelinegra, pero Mimi la cortó de inmediato.

―Ni me interesa saberlo. Haz con tu vida lo que quieras, que yo haré lo mismo con la mía.

La joven modelo observó con creciente furia a Mimi y sin decir más dio media vuelta y salió del baño dando grandes zancadas. Tanto Mimi como Yamato observaron el lugar vacío en el que anteriormente había estado la morena. Fue en ese momento en el que la castaña cayó en cuenta de que se encontraba a solas en un baño desierto con Yamato Ishida, el ser humano al que menos le apetecía ver en esos momentos; el mismo que en esos momentos no le quitaba la vista de encima logrando ponerla sumamente nerviosa.

Los tres minutos en los que nadie dijo nada fueron los más largos en la vida de la cantante, hasta que finalmente decidió que era momento de salir del lugar antes de que la cosa se pusiera más fea y todo su control interno se fuera al carajo.

De un pequeño brinco esquivó la puerta que aún yacía en el piso y se disponía a desaparecer de la vista del rubio cuando éste la detuvo con una pregunta.

―¿Y sabes quién soy yo?

Aquello logró paralizarla justo al lado de él y al mirarlo hacia arriba se sintió tanto más microscópica ―¿Importa ello?

Él asintió con la cabeza mientras comenzaba a caminar a su alrededor como si de un león a punto de cazar se tratase ―Claro. Un rumor sobre lo que viste acá puede ser perjudicial para mi carrera.

―O también darte pantalla ―agregó rápidamente ella. Girando junto a Yamato con tal de no perderlo de vista en ningún instante.

―¿Entonces si lo sabes?

―No hay que ser adivino ―respondió con simpleza. Él soltó una carcajada.

―Sabía que había algo en ti ―dijo él cambiando abruptamente de tema y deteniéndose finalmente. Mimi lo observó extrañada, mas no dijo nada―. Digo, te me haces conocida, pero no logro recordar a quién.

―El alcohol está afectando tus recuerdos entonces, porque a ti sólo te he visto en una que otra portada de revista farandulera cuando voy a comprar el periódico.

El rubio volvió a reír calmadamente ―Por como hablas no te caigo muy bien.

Mimi se estremeció ante la cercanía de él ―Ni siquiera logras caerme ―agregó mordaz mientras retrocedía unos cuantos pasos, acercándose a la puerta.

El rubio volvió a mostrar su perfecta dentadura en una sonrisa ―Bueno. Tu personalidad también me recuerda a alguien.

Mimi dejó a Yamato con las palabras en la boca cuando salió casi corriendo del baño, con el corazón latiéndole a mil por hora y con unas insaciables ganas de desaparecer del mapa.

El rubio no tardó en salir tras ella a paso lento producto de su ya avanzado estado de ebriedad. Cuando la castaña se había detenido junto a él anteriormente pudo percibir el típico olor a alcohol de alguien que se ha pasado de copas.

De no haber sido por la gran cantidad de gente que había en el lugar Mimi podría haber llegado con rapidez a su mesa y desaparecer del campo visual del rubio, lamentablemente estaba todo tan atochado de gente que Ishida logró darle alcance a la joven castaña y, tomándola por la muñeca, la giró.

―Quiero tu nombre ―exigió.

―Y yo que me sueltes ―contraatacó ella.

―Vamos, chocolatin, sólo es una palabra, una sola ¿Qué te cuesta? ―volvió a la carga él, acercándola un poco más hacia su persona, tanto así que Mimi chocaba con el pecho de él, y no era una sensación muy agradable que digamos, pues sabía a ciencia cierta y experiencia que Ishida era poseedor de una fuerza a que ella jamás podría hacerle frente.

―Suéltame, pedazo de simio no evolucionado ―exclamó ella, tratando de zafarse del agarre de él, cosa que le fue imposible.

Por alguna extraña razón, y sumando la confusión que generaba el exceso de alcohol en el organismo del rubio, éste se agachó hasta quedar a la altura de la pequeña castaña que tenía en frente.

―Dime, chocolatin ¿Por qué te pareces tanto a una chica…?

―No sé de qué mierda estás hablando ―lo interrumpió de inmediato, adivinando el rumbo de aquella extraña conversación―. Pero creo que es el efecto de los diez vasos de vodka que ya debes haber tomado lo que te tiene así.

El rubio frunció un tanto el entrecejo al oír el mordaz comentario ―¿Cómo sabes tú que a mí me gusta el vodka?

La castaña abrió los ojos, asustada ¿Cómo había podido ser tan idiota? ―Fue… fue… ¡Sólo un decir! Kami, no te conozco en lo absoluto.

Al parecer el joven quedó satisfecho con aquella explicación por parte de la castaña y cambió radicalmente de tema ―Insisto en que deberíamos… ―había comenzado a hablar cuando de pronto perdió el equilibrio y terminó abalanzándose sobre Mimi haciéndola perder de inmediato el equilibrio; no supo cuánto tiempo estuvo bajo la enorme masa corporal del rubio, en la caída se había golpeado fuertemente la cabeza.

―¡Mimi! ―oyó que alguien gritaba su nombre, para segundos más tarde sentir un peso menos sobre su cuerpo―. ¿Estás bien?

La aludida intentó sentarse pero de inmediato sintió mil punzadas en la cabeza que la hicieron caer nuevamente ―No lo sé ―respondió―. Me duele la cabeza y el brazo.

Michael sacó su móvil y no tardó en llamar a una ambulancia, mientras toda la gente a su alrededor murmuraba una cantidad ininteligible de cosas, logrando marear de sobre manera a Tachikawa.

Ni bien el rubio hubo colgado el mismísimo Taichi Yagami se abrió paso entre la multitud para ver el estado en el que se encontraba su amigo. Al girarlo se encontró con que el vocalista de su grupo se encontraba totalmente inconsciente. El castaño observó a Michael, éste último no tardó en avisarle que la ambulancia ya venía en camino y que lo mejor era darles un poco de espacio a los dos accidentados.

Diez minutos más tarde tanto Mimi como Yamato se encontraban arriba de una ambulancia acompañados Miyako y Takeru respectivamente; los demás se encontrarían con ellos en el hospital para ver el estado de salud de los jóvenes.


Cuando Mimi abrió los ojos lo primero que vio fue una fuerte luz cegadora que la obligó a cerrarlos nuevamente; en ese momento recordó todo lo que había ocurrido para que terminara en una camilla de hospital, totalmente desorientada.

Su amiga de anteojos no tardó en notar que había despertado, por lo que se acercó a ella a informarle todo lo ocurrido.

―No intentes hablar ―le advirtió de inmediato―. Cuando subiste a la ambulancia te inyectaron un calmante y luego acá te hicieron todas las revisiones pertinentes y descartaron cualquier lesión grave; además tienes una fractura en el brazo, por eso el yeso. Sólo te dieron dos días de reposo en casa por cualquier cosa.

Mimi soltó una pequeña risita ―Menos mal… no quería un tec cerrado por culpa de Yamato. Además… es una suerte que me haya roto el mismo brazo que me lesionó él y no otro… sino…

Miyako cambió su semblante tranquilo a uno un tanto más tenso ―A Yamato no le fue tan bien como a ti, Mimi.

La castaña la observó intrigada ―¿A qué te refieres?

―Tuvo un coma etílico, cariño ―respondió de inmediato, ante lo cual Mimi no tardó en ponerse de pie, ignorando el mareo que la aquejó en cuanto levantó su cabeza de la almohada―. ¡Mimi Tachikawa qué crees que haces!

―¿En qué habitación está? ―preguntó ella, acercándose a la puerta.

―Jovencita, vuelve a la cama ahora mismo ―ordenó Miyako, pero la castaña hizo caso omiso y abrió la puerta― ¡Está bien! En la quinientos siete, tres cuartos a la izquierda de éste.

Mimi asomó la cabeza por la puerta para asegurarse de que en el pasillo no hubiese gente sospechosa; para su sorpresa el lugar se encontraba completamente vacío, por lo que no tardó en salir de su habitación y dirigirse a la de Yamato. Abrió lentamente la puerta y al cerciorarse de que nadie acompañaba al rubio entró al lugar.

Sin demoras arrastró la única silla disponible en el lugar para acomodarla junto a la cama y sentarse en ella. Tomó con delicadeza la mano por la que se le inyectaba el suero a Ishida; irónicamente no era la primera vez que ocurría algo como ello, tiempo atrás habían estado en una situación parecida luego de que Yamato perdiera el control del automóvil en el que viajaban y terminaran estrellándose contra un poste de alta tensión, y en ambas ocasiones fue culpa del exceso de alcohol ingerido por él.

Observó el reloj digital que traía incluído el aparato que le suministraba el suero al rubio y entendió el porqué de tan poca gente en el sitio, eran las cuatro de la madrugada y ya a esa hora estaban todos durmiendo y probablemente los amigos de Ishida no estaban en condiciones de hacerle compañía o quizás estaban reunidos con el manager para ver la mejor manera de afrontar lo que sería una nueva portada y la seguidilla de rumores que le caerían encima tanto al grupo como al mismo Yamato. Por suerte para Mimi mientras no tuviera puesta la peluca rosa y los lentes de contacto azules nadie podría vincularla con su alter ego cantante: Pink Princess.

―¿Por qué, Yamato? ―preguntó al aire―. ¿Por qué tienes que hacerlo? No me gusta que te hagas daño.

La castaña apoyó su mejilla en la cama y se dedicó a observar el tranquilo respirar del ojiazul; él aún destilaba aroma a alcohol, pero en ese momento poco le importaba, sólo quería que el chico abriera sus hermosos ojos, con ello quedaba tranquila.

Despertó cuando sintió que la mano de Yamato se movía, muy suavemente, peor lo hacía. Ante ello no tardó en ponerse de pie y observar el rostro del rubio, fijándose especialmente en los párpados de éste, los que luego de tiritar un poco le permitieron observar esas orbes zafiro en las que ella adoraba perderse… bueno, al menos en algún momento pasado fue así.

―¿Estás bien? ―se atrevió a preguntar. Él la observó desorientado.

―Princesa… ―masculló el rubio y a Mimi le dio un vuelco el corazón ¿La había reconocido? Él llamaba de esa manera a Pinky y estaba casi segura de que él nunca la vio sin la peluca rosada ni mucho menos se enteró de su nombre ―¿Por qué me traicionaste?

―Eh… ―susurró, asustada―. Es mejor que no hables, mejor descansa.

―¿Princesa, eres tú? ―murmuró él, con voz ronca.

La castaña sólo pensó una cosa en ese momento: Bonita manera de comenzar el nuevo año.


¡He terminado este capítulo! No sé la razón, pero me ha encantado mucho escribirlo, ya comenzamos a ver un poco más sobre lo que puede haber pasado anteriormente con los protagonistas ¿Qué vendrá después? Chanchán!

Aprovecho de agradecerles muchísimo por sus Reviews, me animan de sobre manera, ya comenzaré a responderlos de a poco. No lo hice antes porque realmente quería subir este capítulo.

¡Muchos saludos!

…Mikapunzel…