Actualización antes de lo esperado (ú.u aunque tendría que estar estudiando) El día de hoy, comienza la primer parte de la historia: La juventud de Horo-Horo.
El próximo capítulo sería para el domingo 23, aproximadamente, porque aún me falta actualizar un fic corto (actualización planeada para este domingo) y porque necesito con urgencia estudiar para los finales.
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People are strange when you're a stranger,
faces look ugly when you're alone.
Women seem wicked when you're unwanted,
streets are uneven when you're down.
People are strange-The doors.
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-Primer Capítulo.-
-El sabor vacío.-
Aquella tarde la nieve se apilaba en los alrededores de la Academia Shinra y el viento soplaba fuerte, casi furioso, quizás queriendo derribar todo lo construido. Afuera la calzada congelada obligaba a los autos moverse con cuidado, deteniendo así la agitada vida de un miércoles mañanero; Adentro, sin embargo, chicos y chicas de todas las edades se arrastraban hacia sus aulas, lamentándose cómo si ir a clases fuera el peor tormento del mundo.
Por un instante, sentí que la ironía me golpeaba. ¿De qué podían quejarse ellos? A pesar del frío inusual que se sentía en aquellos pasillos, Shinra era un colegio bastante bonito.
«No esta mal» admití con amargura, mientras seguía el paso del director. «Quizás no sea tan malo. » agregué sin optimismo, intentando no recordar cuán horrible había sido el año anterior.
Suspiré, un dejo de esperanza escapó de mi boca, la mirada punzante de los otros estudiantes me advirtió. ¿A quién engañaba? ¿Qué diablos estaba haciendo en un lugar cómo ese?
Con las manos temblorosas y la boca seca, conté hasta cinco para tranquilizar el enloquecedor latido de mi corazón. No funcionó. La angustia seguía allí y estaba seguro que nunca me abandonaría.
«Es por poco tiempo. » mentalicé, aunque sabía que era otra mentira triste. «Las cosas no pueden ponerse peores. »
Un lamento invernal azotó los vidrios, remolinos de aire lograron abrir las ventanas. Partículas de polvo, contra la luz, subieron hasta el cielo y nos observaron desde arriba.
–El uso de uniforme es obligatorio aquí.– dijo el director monótono, abriéndose paso entre la aburrida cotidianeidad de jóvenes vestidos de pantalón o falda negra y camisa blanca con chaqueta gris. –Pero por ser tu primer día y para que no pierdas el resto de las clases, te lo dejaremos pasar…– continuó rodando sus ojos violetas, sobre mi ropa desgastada.
Asentí con la cabeza, conteniendo un insulto. Molesto, furioso, volví a preguntarme qué diablos estaba haciendo yo en una escuela de niños ricos y por qué todos ellos actuaban cómo si nunca hubiesen visto un Ainu en su vida.
–Revistas, comics, mangas, reproductores de música de cualquier tipo y demás objetos que puedan distraerle, están totalmente prohibidos. – continuó con pesar, cómo si ese discurso fuera parte de su vida. –Por eso revisaremos detalladamente su equipaje y confiscaremos lo que creamos necesario, para guardarlo con otros de sus objetos personales. La escuela le proveerá de comida, ropa y libros. –
Se detuvo seco frente a un aula y extendió su pálida mano, reclamándome así una respuesta rápida.
–Cursará aquí todas sus materias, por lo que le recomiendo aprenderse el camino y llevarse bien con sus compañeros de estudio. Todos ellos son… – sus labios inhumados, se fruncieron por unos segundos. –La mayoría de ellos son agradables. Cuando entre, el profesor le asignará un lugar y yo le pasaré a él su historial académico.–
Pestañeé una, dos, tres veces. Las frías palabras del director, danzaron por mi cabeza. Sin saber qué decir, asentí en silencio.
Fausto, así se había presentado, era un hombre alto que bien podría ser confundido con un fantasma. Tenía el cabello rubio, los ojos púrpuras y la piel blanca, casi, grisácea. El oscuro uniforme de la escuela y su inusual desgano, lo hacían ver como un sujeto que había visto mejores años.
–¿Ha entendido señor Usui?– preguntó devolviéndome a la realidad. –¿Es necesario explicarle todo de nuevo?–
Guardé silencio procesando todo lo dicho.
–Sí.– dije y enseguida me arrepentí, al verlo arquear una ceja. –Lo he entendido.– completé dejando en su espectral mano, la única valija que llevaba.
Una voz en mi cabeza, se preguntó cuándo volveríamos a ver todas esas cosas.
–Mejor.– contestó metálico, abriendo la puerta corrediza.
Contuve un respingo, el mundo se detuvo al vernos entrar. Ante mis ojos, menos de dos decenas de chicos se pararon junto a sus asientos, el profesor y su asistente dejaron de pasar lista, y murmullos bajos se encendieron.
Avergonzando ante tanta educación, bajé por instinto el rostro.
–Él es Horokeu Usui.– dijo Fausto poniéndome una mano sobre el hombro. –Confío que lo ayuden a adaptarse… Ya pueden sentarse.–
Una sonrisa obligada se dibujó en mis labios, susurros incomprensibles me persiguieron.
El aula veintidós era una sala semicircular, con cinco filas de escritorios, pizarra blanca, computadoras y afiches de todo tipo. Contra la pared del fondo, en un rincón no muy alejado, se recargaba una moderna biblioteca; y más allá, escondido tras una cortina de color azul, un descomunal ventanal saludaba al patio.
–Te estábamos esperando, joven Usui.– la voz del profesor, sonó llena de vida. –Me llamo Silver, soy el titular del curso.– dijo y largos mechones castaños le cubrieron los ojos.
Iba a preguntarle si era extranjero, pues su marcado acento lo delataba, pero cerré la boca y esperé indicaciones. Eso era mejor que estar buscando problemas.
Sonreí mentalmente al imaginarme la sorpresa de mis antiguos profesores.
–Puedes sentarte allí.– soltó señalando el asiento vacío detrás de un chico de corto cabello castaño. –El señor Fausto me pondrá al día con tu expediente.–
Recién en ese momento, mientras Silver y Fausto revisaban aquel papel viejo, me di cuenta que los chicos no estaban sentados en un orden especial.
«De menos no es ese tipo de escuelas. » Pensé adentrándome en esa pequeña jungla de murmullos y miradas curiosas que no sólo recaían sobre mí, sino que también, en los dos asientos vacíos que morían distanciados el uno del otro.
–Hola.– saludó el chico de cabello castaño y ojos negros, dándose vuelta ni bien me dejé caer sobre mi asiento (el anteúltimo de la quinta fila). –Soy Yoh Asakura. – dijo señalándose. –Y ellos son Manta Oyamada y Lyserg Diethel.–
Al escuchar sus nombres los chicos, que estaban sentados a mi derecha, giraron hacia nosotros.
–Casi nunca llega gente nueva a esta escuela. – dijo Lyserg con marcado acento inglés. –Espero que seamos buenos amigos.–
Él también sonrió, pero un modo más formal y respetuoso, que de alguna manera hizo brillar sus profundos ojos verdes.
–No es tan malo cuando te acostumbras –soltó Manta, que parecía ser más bajo de lo normal. –¿Con quiénes te tocó compartir cuarto? Seguro que ellos te ayudaran mucho.–
Los miré entre agradecido y confundido.
–Las cosas están debajo de tu mesa. – ayudó Oyamada mientras movía los pies en el aire. –En la carpeta de la escuela hay un sobre, ahí figuran los nombres de tus compañeros junto con el cuarto que te ha tocado.–
Las estelas negras de Yoh se posaron en mi, curiosas, libres, jugaron a encontrar detalles que los demás habían ignorado.
–Hokkaidö debe ser muy bonito y tranquilo...– dijo apoyando la cabeza sobre su mano. –Yo soy de Izumo… no es un lugar ni tan grande ni tan fantástico, pero me gusta más allí que vivir aquí.– cerró los ojos por un momento, la voz se le tiñó de pesar. –Además no puedo escuchar música… y lo único que quiero es un buen lugar para oír las canciones que me gustan y estar tranquilo.–
Su sinceridad me impactó.
–Hokkaidö esta bien. – dije revolviendo entre mis cosas. –Y no tengo nada contra este lugar… pero planeo volver a casa durante las vacaciones de invierno. Esta jungla de metal llega a ser asfixiante…–
Yoh asintió con la cabeza, golpeteando sus dedos contra la mesa de madera.
–Ya verás como si te acostumbras. –insistió Manta, cuyos pequeños ojos azabaches llegaban a ser muy expresivos. –Casi todos los chicos son muy agradables y…–
Se interrumpió al verme abrir el pequeño sobre blanco.
–Según esto me toca en el cuarto veintidós E, con unos tales Tao Len y Asakura Hao. – miré a Yoh directo a los ojos, los otros guardaron un repentino silencio. –¿Hao es tu hermano?–
La sorpresa se reflejó en el rostro del inglés, un quejido gutural salió de entre los labios de Yoh.
–¡¿Te ha tocado con Len y Hao?!– chilló Manta con un tono más agudo de lo normal, que alertó hasta a los adultos encargados de la clase. –Eso esta mal… no pueden ponerte con ellos porque…–
Del otro lado, una chica rubia y de agresivos ojos negros nos fulminó con la mirada. Por un instante, me pareció bonita.
–Hacen demasiado ruido.– gruñó seca. –No puedo creer que tengan tanto miedo de ese par… Además no son ustedes los que dormirán con ellos… Si matan al nuevo, habrá más aire para el resto.–
Entre incrédulo y asombrado, volví a ignorar los murmullos que viajaban por las mesas.
–Hao es mi gemelo. – dijo Yoh con desgano, cómo si hubiese dado esa misma explicación muchas veces. – No es del todo… un mal sujeto.–
Las dudas me eclipsaron, ¿qué significaban esas palabras? ¿Cuánto tiempo tardaría en buscar mis cosas y volver a Hokkaidö? ¿Por qué los profesores no hacían nada para frenar tanto ruido?
–A todo esto, ¿Dónde están Tao y Asakura?–
Oí decir por allí.
–¿No sabías?– le contestó otro, sin preocuparse por bajar la voz. –Nichrome estaba en el baño cuándo ellos se metieron a un cubículo y bueno… ya sabes qué hacen ellos cuando se saltan las clases…–
Con el estómago revuelto, apagué un sonrojo. ¿Así eran mis compañeros de cuarto?
–Dicen que el padre de Tao paga mucho dinero a la escuela para que no se sepa qué hace…–
Escuché por allí.
–¿Crees que pague para tapar también a Asakura?... Porque oí que al preceptor que echaron…–
Los ojos de Fausto, que hasta el momento habían permanecido sombríos, se encendieron alarmados.
–Ya son muchos cuchicheos inútiles. – dijo reposando ambas manos sobre el escritorio. –El señor Hao Asakura se ha reportado enfermo esta mañana. – explicó pasando sus nubes púrpuras por la clase. –Y el señor Tao esta excusado por la visita de sus padres..–
Parecían excusas perfectas, aceptables, poco probables. El silencio electrizante nos invadió por unos segundos.
–Si alguien más tiene algo para decir, sabe dónde encontrarme.– nervioso salió del curso antes de que la mentira estallara.
No se necesito de mucho rato, tampoco de una increíble capacidad deductiva. El profesor había terminado de pasar lista y se encontraba anotando algo de la lección anterior, cuándo alguien hablo.
–Pero los padres de Len nunca vienen a verlo. – soltó escondido entre la extraña impunidad que daba un pequeño puñado de personas.
Y entonces, todo volvió a pasar. Las voces de mis compañeros se unieron protestando todas a la vez, formando un extraño graznido.
La clase paso lenta, aburrida, pero no le di mucha importancia. Durante el último receso, conocí a Chocolove (un chico afro americano que se sentaba detrás del misterioso Tao) junto con sus chistes sin gracia y también a Kyōyama Anna "la rubia bonita" que parecía divertirse torturando a Yoh dándole lecciones de materias que siquiera teníamos. En mi interior, mientras veía cómo ella le gritaba, me pregunté si entre ellos había algo más que una simple amistad.
«Yo también quiero una novia» pensé, con la voz interna ahogada por el molesto ruido del timbre final.
Para llegar a los dormitorios había que atravesar todo el campus académico y era esa la única oportunidad del día, donde el amargo sabor de estar tan lejos y tan cerca de una vida normal parecía acentuarse en nuestros corazones. Pero nada podíamos hacer, porque nada nos rodeaba y nada parecía esperarnos allí afuera.
Fue extraño, cómo un terrible sentimiento de desosiego, pero mientras las horas pasaban en ese lugar tan sombrío, me sentía parte de ese paisaje. Había olvidado que era el nuevo venido desde Hokkaidö con costumbres y acento diferente, ahora tenía una rara sensación de pertenencia. Cómo si toda mi vida la hubiese transcurrido en aquella academia.
Y mientras nos despedíamos de Anna y su tímida amiga de cabello rosa (las chicas dormían en el lado norte de la escuela y los chicos en la parte sur), la noche se cernía sobre nosotros, amenazante, perturbadora.
–Es aquí. –Yoh rompió el silencio alejándome de cualquier fantasía. –Nosotros. – dijo incluyendo a Lyserg y Manta, aunque estos no se habían animado a seguirnos. –Dormimos en el último cuarto del pasillo, si tienes algún problema puedes ir.–
Reí divertido, sin darme cuenta que la voz de mi amigo estaba teñida de pesar. ¿Acaso bromeaba? Lo miré fijo por unos segundos. No. El Yoh despreocupado había huido para darle paso a uno mucho más serio. Avergonzado, decidí encontrar interesantísimos los detalles de la puerta. El 22e brillaba desgastado, sobre un fondo de caoba negro.
–Sólo ignóralos Horo, – la sonrisa tranquila se asomó entre sus labios. –eso será lo mejor. Buenas noches.–
Uno, dos, tres pasos. Pretextos estúpidos atorados en mi garganta, la necesidad de huir a cualquier sitio me invadió. En el fondo, todo era tan inútil cómo esconder una lágrima.
Mi mano temblorosa descansó sobre el pomo de la puerta, la duda interna me invadió. Contando hasta tres, igual que un niño pequeño, giré el picaporte y entré.
El cuarto veintidós e, no sólo rompía toda norma establecida; sino que los tenía a ellos sentados en una sola cama, esperándome, aniquilándome con la mirada. Entonces, sin saber que mi vida cambiaría para siempre, dejé que un jadeo de sorpresa se me escapara.
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Actualización larga, algo tediosa, pero tremendamente necesaria. Además, en el siguiente capítulo ya aparece Ren *x*.
Por suerte, esa vez, si tengo una o dos cosas para aclarar
La primera es la notoria ''incomodidad'' que le he dado a Horo al llegar a Fumbari ba Oka. Básicamente esto es porque hasta no hace mucho tiempo atrás (y quizás en la actualidad, no puedo asegurar de que esto no siga pasando) había una fuerte discriminación racial desde varios sectores japoneses hacia los Ainus (llegando al fuerte caso de que los padres dudan si contarles o no a sus hijos sobre su origen étnico) Hasta hace poco, siquiera se los consideraba pueblos indígenas; por lo que tampoco tenían derechos cómo un grupo reconocido de pobladores. Por todo esto, era normal que un chico criado dentro de una familia con ascendencia Ainu (que también estoy segura, se los conoce por otro nombre) podía llegar a desconocer u ocultar totalmente sus raíces. Si se ponen a pensar… algo no muy diferente a lo que se ha hecho con los aborígenes occidentales…
Otra cosa que me ha inspirado mucho a la hora de sentarme a escribir, fue la película D-Day perteneciente a la saga 4 Horror Tales; que no llega a ser una película de horror con grandes sobresaltos, más bien, se centra en cuán competitiva y asfixiante llega a ser la educación en la mayoría de los países orientales. D-Day nos narra la vida en un Instituto Coreano (esos institutos pupilos que espero sólo existan en Oriente y cuya única finalidad es preparar a quienes no estén seguros/han suspendido/necesitan más notas para dar el examen de ingreso a alguna Universidad Prestigiosa) Es un film raro, de horror psicológico, que te deja el mal gusto a encierro mientras lo ves.
Parte del estricto reglamento fue ''tomado prestado'' de las normas de la prestigiosa Academia Kaiyo; un colegio para gente rica que básicamente, necesita deshacerse de sus hijos por algún tiempo.
Los comentarios serán contestados en mi nuevo blog (link en mi profile) que aún esta muy desordenado y cuasi vacío, pero espero poder sacarlo adelante.
Sin más que decir, ¡nos leemos en dos semanas!
12 de Agosto, 2009: Editado para solucionar el molesto problema con las cursivas que me acosaba :).
