Ugh, en estos momentos tendría que estar escribiendo algo interesante para darles la bienvenida, bien, ahí vamos:
¡Perdon la demora! realmente, realmente intenté actualizar antes, pero con el estudio, los parciales, y la vida todo se hace cada vez más lento xx. Prometo no dejar de lado Big, sólo que caí en cuenta que me llevará tiempo escribir cada cap... y no porque sea largos (este es el más largo que tengo) sino porque la facultad se chupa la mitad del horario... y el estudio me deja con dos tercios de vida. Espero que se acerquen las vacaciones, ¡Por Buda! que se acerquen las vacaciones.
Sobre esta actualización, :3 va desde el punto de vista de Len; algunas cosas se aclaran al final.
¿Una canción para escuchar mientras leen? Losing my religion, de REM.
That's me in the corner (ahí estoy en la esquina)
That's me in the spotlight (ahí estoy en el centro de las miradas)
Losing my religion (deshaciéndome de mis creencias)
Trying to keep up with you (tratando de mantenerte conmigo)
And I don't know if I can do it (y no sé si pueda hacerlo)
Losing my Religion - REM.
-Tercer capítulo.-
-Motín.-
Las cadenas envolvieron mis brazos y piernas, el vacío cósmico latió deseoso por tragarme. Sudando frío quise moverme, pero una terrible opresión en el pecho me calmó. ¿Estaba muerto? Jadeando, entreabrí los ojos y de pronto todo fue demasiado claro.
Desperté temprano, inmovilizado por una pesadilla. Afuera los primeros rayos del sol derretían suaves copos de nieve, adentro mis compañeros de cuarto dormían. El cruel sonido del despertador aún no había violado sus oídos y mis gruñidos desesperados no llegaban a desgarrar el silencio.
El viento suave meció las copas de los árboles, los ronquidos de Horo-Horo impidieron cualquier pensamiento, la indiferencia de Hao me abofeteó. Él no estaba dormido, nos conocíamos lo suficiente cómo para saber cuándo actuábamos, y tampoco parecía estar interesado en ayudarme.
Entonces, envenenado por mi propia soledad, respiré profundo intentando calmarme. No era la primera vez que pasaba, pero el amargo gusto de estar pendiente entre la vida y la muerte lograba arruinar mis días. Era por eso que dormía tan poco, era por eso que detestaba sentir sueño. En mi cerebro, esa masa de ideas inconclusas, cosas tales sólo anunciaba una muerte temprana. Era estúpido, sin sentido, idiota. Pero no podía dejar de pensar que la oscuridad y las cadenas estaban dentro de mi, y que tarde o temprano lograrían asfixiarme.
Enloquecido por esa brutal tarea de querer sentirme vivo sin estarlo, lo ignoré todo.
Pasos, un bostezo furioso, la luz principal parpadeó arrancado aquel mundo de sombras, mis soles dorados se concentraron en él. Horo volvió a bostezar y un embrujo raro, hizo que cada uno de sus movimientos fueran magnéticos. Por un instante el tiempo se detuvo y yo logré moverme, sentándome en una pantomima muda de agitada soledad, llamando la atención de aquel magneto de acento extraño.
–¿Estás bien?– la pregunta idiota fue lanzada al aire, Horokeu caminó hacia mi cama y me miró con cuidado. –Estás todo agitado… ¿tienes fiebre?–
Incómodo, noté como sus estelas negras paseaban sobre mi cuerpo, devolviéndome cada movimiento, librándome de mis cadenas.
–Fue un mal sueño.– mentí sabiendo que lo mío estaba más cercano al temor nocturno. – Nada que te importe, Boro-Boro.–
Usui se cruzó de brazos molesto, el rubor intentó invadirme.
–No es como si necesitarás aparentar ser amable. – comenté sagaz, incrustando mis ojos sobre los suyos. –¿Qué haces despierto a esta hora? Hasta hace nada, roncabas cómo topadora.– salí de la cama con un movimiento elegante, mis pies descalzos besaron el frío suelo.
Así él era el más alto, pero yo aún tenía el control. Sin dejar que mi sonrisa socarrona se derrumbara, lo recorrí con la mirada ignorando el rápido latir de mi corazón. Horo-Horo dormía con ropa interior, su cuerpo bien proporcionado me saludó descaradamente.
«Y ropa interior con puntitos» añadí orgulloso en ese eterno mundo de pensamientos, que no podía tomar en cuenta delicias carnales.
–Sólo voy al baño, ¿bien?– gruñó molesto, cruzándose de brazos. –¿Es que los señoritos no tienen esas necesidades?–
Sorprendido, lo miré fulminante.
–Te equivocas… si tengo esas necesidades, anda, camina… – evadiéndolo, fui hacia la puerta. –Se hace tarde.–
Me miró desconfiado.
–¿Tarde para qué?– preguntó entre dientes. –¿Y por qué tendría que ir contigo?–
Regalándole otra sonrisa fría, señalé a Hao.
–El único que esta entre el pie de Hao y tu triste cabeza, soy yo. – recordé victorioso. –Ahora, lleva la ropa que dejé sobre la cama… nos bañaremos y luego me ayudarás a practicar un poco.–
Salí, el viento frío me acarició. Un silencio decoroso caía sobre los demás cuartos, el olor de la primavera tardía flotó en el aire.
–¿Vamos a bañarnos?– me siguió sonrojado, cargando mi uniforme. –¿Tú y yo, juntos?–
Casi comprendiendo sus palabras, tomé un minuto para reaccionar. No era el ser promiscuo que todos creían, tampoco el rey del doble sentido. Sólo estaba allí, parado al lado de alguien que parecía tragarse la mayoría de los rumores.
–Yo en una ducha, tú en la otra. – respondí seco, poniendo los ojos en blanco. –No hay que ser un genio para comprenderlo.–
Avergonzado, evité mirarlo adelantándome a sus pasos, evitando que se topara con mi sonrojo.
–Y… am… ¿hace cuánto vives aquí?– siguiéndome a poca distancia, hizo malabares con la ropa.
Sin voltear, busqué en mis recuerdos. Esa era una pregunta demasiado peligrosa. ¿Hacía cuántos años había llegado a esta cárcel de rejas metálicas? ¿Cuánto tiempo llevaba esa rara relación con Hao? No pudiendo encontrar una respuesta acertada, dejé que mis soles dorados violarán al cielo.
–Unos años, bastante.–
Sonreí al imaginar su expresión desconcertada.
–Y… ¿no extrañas a tus padres?–
La furia interna me abrazó, a veces, pensaba que sólo estaba hecho por el odio.
–No.– contesté seco, caminando cada vez más rápido. –Claro que no, no los necesito.–
Tragué saliva ignorándolo todo, incluso la molesta voz del Ainu que me acompañaba. Por un momento, mientras entraba a la fría oscuridad del cuarto de baño, recordé cosas que había prometido olvidar.
–Lo siento…– se disculpó Horo-Horo quitándose la ropa. –No quería recordarte cosas malas…–
Respondiéndole con un sonido gutural, dejé que mis ojos pasearan por el vacío de las duchas. Estábamos en una habitación pequeña que no dejaba espacio a la privacidad, separados tan sólo por unos biombos colocados a nuestros costados, encerrados en un cubículo pequeño de fácil roce perverso.
–¿Tienes un tatuaje?– sorprendido miró por detrás de mi desnudez.
Cansado de su charla molesta, lo fulminé con la mirada. En algún momento había empezado a cambiarme, dándole la espalda, abriéndolo a observaciones.
–Vamos, chinito…– dijo entre dientes. –Sólo creo que se te ve genial, ¿algún problema con eso?–
Poniéndose una toalla gris sobre los hombros, se fue a bañar sin esperar una respuesta. Entonces, sonrojado, me di cuenta que mi corazón palpitaba fuerte cada vez que él estaba cerca… fue raro, fue sentirse vivo, fue…
«Casualidad» castigó mi voz interna, rompiendo todos los encantos posibles al verlo bañarse entre una escueta nube de vapor.
Quizás sólo estaba por caer enfermo, quizás sólo me imaginaba cosas; pero con cada movimiento inocente podría jurar que…
La puerta se abrió rechinante, voces adormecidas irrumpieron en mis pensamientos. Del otro lado, en la punta más lejana a mi autismo momentáneo, Yoh y sus amigos entraron envueltos en alguna conversación ridícula.
–¡Hola, Len!– saludó Asakura con una estúpida sonrisa destellante. –¿Qué se cuenta?– caminando hacia mi, dejó que Manta y Chocolove murmuraran frases inconexas a su espalda.
Lo miré aburrido.
–Nada que te importe, Asakura.– respondí entre dientes, acariciando el dulce sabor de la indiferencia. –Realmente, no sé por qué tendría que contarte mi vida.–
Sin saber que decir, Yoh se encogió de hombros.
–¿Sabes? Con los chicos logramos hacer Otedamas y ahora buscamos gente para armar dos equipos para hoy, el grupo que pierde debe juntar dinero y pagar gaseosas para el equipo que gane…– rió rascándose la cabeza. –claro… tendrán que traerlas de contrabando en la próxima visita familiar… pero… ¿Qué dices? ¿Quieres estar en mi grupo?–
Ladeé la cabeza de un lado al otro, cómo si tragará ácido, intentando comprender por qué era tan amable conmigo.
–Ese es un juego para mujeres.– dije evasivo, levantándome para evitar cualquier nueva invitación.
Yoh sonrió de lado, su mirada me siguió hasta que el agua de la ducha golpeteó mi piel
–¿Y tú Horo?– preguntó apenas volteando. –¿Quieres estar en mi grupo?–
Chispas de agua delinearon mi figura, celos ocultos golpetearon en mi cabeza.
–Hola Yoh. – saludó Horo, mientras gotas de agua caían de sus reteñidos cabellos. –¿Cómo sabías que estaba aquí?–
Furioso, los fulminé con la mirada. ¿Por qué hablaba así con Asakura? ¿Por qué su tono cambiaba cada vez que me decía algo? ¿Por qué todo lo que hacía terminaba por afectarme tanto? Por qué, por qué, por qué, preguntas estúpidas flotaron entre las cortinas de humo, odios ocultos me recorrieron. Soltando un suspiro vencido, de esos que parecen morir antes de comenzar la lucha, caí rendido ante un enemigo invisible.
–Es que Len siempre es de despertarse temprano y como se ve que son tan buenos amigos…– divagó Yoh desvistiéndose.
Una sonrisa suave bailó por los labios de Horo, el rubor interno me atacó. Mentalmente, me regañé por creerlo atractivo.
–¿Buenos amigos…?– dudó por un momento. –Sí… supongo…–
Manta rió sobre su aliento, Chocolove lo miró extrañado.
–¿Supones?... nadie, pero nadie.– dijo bajito, esperando que no los escuchara.– A soportado tanto en esa habitación desde que ellos dos están juntos… o bien te hiciste buen amigo de Len o…– se encogió de hombros buscando una respuesta. –O tú dirás…–
Las mejillas de Horokeu se volvieron escarlatas, gustoso de ver su incomodidad, dejé que el agua tibia fluyera sola.
–¿Y es que te importa?– gruñí tranquilo, volviéndome a vestir. –Y no, Usui no puede perder tiempo con ustedes… esta ocupado después de clases.–
Orgulloso de haber provocado tanto revuelo, me marché con el cabello aún húmedo, dejando a un solitario y avergonzado Horo-Horo tratando de explicar lo inexplicable.
Con una sonrisa radiante surcándome el alma, caminé perdido en mis pensamientos. Me gustaba hacerlo sufrir, quería que note mi presencia, que se diera cuenta cuando no estaba a su alrededor, que él también… Moviendo la cabeza de un lado al otro, aborté cualquier pensamiento ridículo, pero sus magnéticas estrellas brunas rallaron la noche de mi cerebro.
–Con esa cara, cualquier crédulo pensaría que acabas de llegar al clímax.– burlona, se cruzó de brazos y esperó algún ataque.
Pegué un respingó, la sorpresa me abofeteó. ¿Había caminado por ahí, sonriendo y pensando en el indiecito? Imposible, debía ser una mala broma.
–Y bien Len… ¿en qué piensas?–
Devuelto a la realidad, suspiré seco. Anna Kyöyama, famosa por su fuerte carácter, dejó que sus hebras rubias danzaran con el viento. Era una chica guapa, de perlas negras como la noche más oscura, figura delgada y mirada fuerte.
–En nada.– mentí sabiendo que no triunfaría. –Yoh esta en las duchas. – solté aburrido, deseando verla desaparecer por un instante.
Fue la primer persona con la que hablé, más por necesidad que agrado, y la única que sabía leer cada uno de mis gestos. Con el tiempo, nos hicimos amigos. Su presencia supo calmar el intenso ardor de estar encerrado como rata en una jungla de gatos.
A veces, cuándo cerraba fuerte los ojos, podía escuchar ecos atorados en el tiempo y recordarlo todo.
–Lo que digas.– espetó fría, acercando su rostro al mío. –Y bien… ¿dónde está tu Boro-Boro?–
Sólo un fino espacio de aire invisible nos separaba, voces extrañas zumbaron furiosas.
–Se llama Horo-Horo– corregí hipócrita. –Y no sé, creo que no ha salido del baño… no me importa…–
Los rumores… allí rondaban de vuelta. Apretando fuerte los puños, retrocedí un poco para acallarlos.
–Para ser alguien que no te importa– dijo neutra. –le prestas demasiada atención, incluso de forma negativa. –
Golpeado por la obviedad, bajé la mirada.
–Actúas como si no me conocieras.– gruñí maquillado por un leve rubor
Anna arqueó sus cejas, tan claras como el sol del mediodía, y dejó que una mueca extraña le contaminará el rostro.
–Te conozco. – insistió cruzada de brazos. –por eso me extraña que te interese tanto ese sujeto.–
Silencio, frío, tajante.
–¿Y si fuese así?– pregunté desafiándola.
Me miró triste, preocupada, como si quisiera decirme algo importante sin palabras.
–Entonces espero que…–
Pasos, furiosos, inquietantes; susurros idiotas invadieron el patio, rasguños hirientes renacieron del pasado.
–¡Tiburoncete!– gritó interrumpiéndola y obligándome a voltear hacia un infierno desconocido.
Ahogando una sardónica carcajada, me dediqué a mirarlo serio (lo más serio que pude) y a evaluar cada uno de sus movimientos. Horo-Horo se detuvo ante mí, agitado y con sus hebras color cielo aún húmedas. Estaba mal vestido, con el pantalón de la escuela del lado equivocado y la camisa mal abotonada, pegada a su cuerpo.
–¡Infeliz!– soltó molesto, llamando la atención de todos los que nos rodeaban. –¡¿Cómo puedes hacerme ESO delante de mis amigos!? ¡¿Es que no tengo derechos contigo!?–
Soltando con naturalidad una auténtica risa maliciosa, dejé que Anna regalará al viento un suspiro frustrado.
–¡Ya no lo hagas!– cabezas curiosas se reunieron, la delicia de los desocupados corrió desnuda. –¡¿Me oyes?! ¡Ya no me pongas en vergüenza ante todos!–
Quedándonos mudos por unos segundos, escuchamos preguntas sin respuestas.
–Te apuesto… que Tao le ha hecho algo realmente malo al nuevo, como para que actué de esa forma…–
Dijeron por allí, opinando sin saber, inventando cuentos locos.
–No necesito ponerte en ridículo, porque tu mismo te encargas de eso. – mi voz sonó áspera, distante, con un dejo de amargura.
Con las manos sudorosas tragué saliva. No entendía que me pasaba, pero desde su llegada todo a mí alrededor giraba con una música aterradora.
–¡¿Acaso te doy asco?! ¡¿Eres de esos racistas encubiertos y te pusiste como propósito hacerme la vida insoportable?!– jadeó arrastrando las últimas palabras. –Entonces pediré cambio a otro cuarto, así tú, Hao y su maldito odio podrán dormir tranquilos–
Pestañeé una, dos, tres veces. Se iba. ¿Realmente se iba? Con el sabor del vacío palpitándome en la garganta, con la visión de mis demonios nocturnos, intenté olvidar cuán bien me había sentido por tenerlo a mi lado al despertar.
Mi corazón gritó enloquecido
A veces olvidaba que las demás personas sentían, a veces olvidaba lo que era sentir.
–Puedes ir si quieres.– solté sorprendiéndome. – Digo…– divagué buscando las palabras justas para justificar un desliz. –No es como si me importara.–
Usui sonrío ancho, la felicidad volvió a invadirme. Antes de poder actuar, él se lanzó a mi para encerrarme en un fuerte abrazo.
–¡Sabía que no eres tan malo!– dijo bajito, preso de la alegría.
Entonces, en el momento que nuestras almas latieron juntas, un motín interno derribó todas mis barreras.
Anna lanzó un bufido aburrido, los demás se asombraron, un Hao semidormido lo vio todo y yo… dejé de ver al mundo moverse.
Capítulo largo, largo, largo que me llevó semanas redactar... espero que no se me filtraran errores de continuidad, tipeo, ni nada de eso xx que ya lo he revisado, pero son cosas que suelen pasar.
Con respecto a ciertas cosillas:
Otedamas Un juego tradicional que nace en las épocas de la Segunda Guerra Mundial (y como bien dice Ren, se lo considera un juego de mujeres) básicamente, consiste en pequeños bolsitos de tela rellenos por habas, que se sacuden hasta hacer diversos malabares al son de alguna canción (algo muy similar al gato o la payana/payaya).
Parálisis del sueño Algo bastante común que nos puede pasar a todos; suele darse en la etapa REM del sueño y es una autodefensa que tiene el cuerpo para no 'escenificar' lo que el individuo dormido este soñando; suele suceder que el cerebro se 'despierte' a un tiempo y que 'el cuerpo' siga 'dormido' y 'despierte' en pocos segundos. La sensación desagradable de estar entre muerto-y-vivo, ha llevado diversas teorías en el campo del folclore de los diferentes países (concretamente, en occidente se le atribuía a la prescencia de algún demonio o fantasma; en China a la presión de un fantasma o ente 'presionando' el cuerpo del a víctima y en Japón por la presión de algún espíritu popular)
Sobre el nombre de Horokeu broma aparte en ciertos capítulos del animé y algunos tomos del manga, 'Horo-Horo' suena y se escribe (en Katakana) igual que 'Boro-Boro' (que significaría basura); la broma más cercana con la que lo asociamos muchos latinos, es con la utilizada por uno de los fansubs que sutítulaba la serie y era Hoto-Hoto (una foma déspota de bromear sobre su sexualidad)
Y es todo por esta vuelta, : ) trataré de no tardar tanto en la proxíma actu. Los rr's, cómo siempre, se contestan en el blog... un poco porque esto quedaría muy largo, y otro porque ya me duermo sobre el teclado.
¡Gracias por leer!
reviews? :D
