Continuación…
-Bien, Gerald, gracias. Ahora, si me disculpas…
-Espera…Quiero un consejo…
-Dime…
-Phoebe me dijo que salgamos, ¿Qué le digo?
-Pues que sí, ¿es tu novia, no?
-Ah… si, lo siento. Gracias, ahora sigue en lo que estabas, adiós- Gerald dio media vuelta y se fue.
-Bueno- se dijo Arnold a sí mismo. Después de unos segundos se dirigió a donde antes se encontraba Helga, cuando llegó ella ya no estaba y no pudo evitar apretar sus puños- ¡maldito Gerald!
En esos momentos…
-De la que me salve…-dijo Gerald medio agitado por la escapada.
-¡Gracias!-le dijo Helga ofreciéndole un vaso con agua en la cafetería.
-Oh, por nada- Gerald se empapó todo tomándose de un trago toda el agua mientras que Helga lo veía divertida.
-¿Por qué lo haces?
-¿Qué? ¿Tomar agua?
-¡no eso!- todos en la cafetería se le quedaron viendo puesto al grito que dio- lo siento, no eso- dijo ya más bajo- ayudarme, ¿por qué?
-Te gusta Arnold, ¿no?
-¿Eh?- dijo un poco sonrojada pues estaban en un lugar público.
-Lo siento- Gerald se la llevo jalando de la mano hacia un aula desierta, Helga no hacia ninguna resistencia- ¿por qué Gerald me trata así? ¿Qué tendrá? debo saber si le dijo a Arnold lo que siento por él a toda costa…
-Ahora sí, dime porque me ayudas en todo esto…
-Mira yo sé que Arnold… ¿¡que estoy haciendo!? que Arnold…
-¡Helga!- gritó Arnold dirigiéndose hacia el lugar donde se encontraban los otros dos.
-A-A-Arnold…
-Ven- dijo Arnold llevándola de la misma manera que su mejor amigo al patio trasero de la secundaria. Gerald tenía una cara de susto que no pudo hacer nada más que quedarse parado.
Ya en el patio…
-¡oye, me lastimas!- dijo Helga soltándose de la mano de Arnold- ¿qué quieres?- dijo sobándose la muñeca según ella de dolor.
-¿Qué quiero? quiero que dejes de escapar, quiero una respuesta.
-Ah, eso, te la doy el viernes.
-¡No!
-Pues ni modo, ahora te aguantas porque no voy a hablar.
-¡Helga…!- grito exasperado Arnold. Helga como le era de costumbre lo ignoró mirándose las uñas y volteándose- ¡dime!
-Me- dijo Helga sacándole la lengua.
-No te hagas la graciosa…
-No te haré caso y eso es lo último que diré- dio media vuelta y se dirigió a las aulas. A Arnold casi le da un tic en el ojo al escuchar las últimas palabras que salieron de la boca de la rubia.
-Ja, qué se cree, ¿que por ser amable le aguantaré todos sus caprichos y le haré un altar…? Bueno, otro…
-Que graciosa, ¿está mal de la cabecita o que le sucede? Ella me dijo que… Ay, qué molesta.
-Bien clase, hoy aremos unos duetos, ¿les parece?- comenzó su profesor de música.
-No con Helga, no con Helga…
-No con Arnold, no con Arnold…
-Arnold y Lila.
-Qué bien…, espera ¿qué?- pensó Helga boquiabierta.
-Helga…-Por favor con alguien inteligente…-… Gerald.
-¡Gotcha!
-Es broma ¿Verdad?
-… Arnold ¿estás ahí?
-¿perdón, que dijiste Lila?
-Que nos toca cantar…
-¿C-c-cantar? pero profesora, yo no sé cantar.
-Ay, Arnold, no seas pesimista; todo se puede en la vida.
-P-p-pero…- no lo dejaron que completara la frase cuando Lila ya lo llevaba a rastras por el salón.
- Tengo una magnífica idea, si lo trato mal la apuesta se terminara y así no le explicare nada…Vamos, cabeza de balón, no creo que rompas tanto los vidrios- todos comenzaron a reír estúpidamente mientras que Helga veía divertida a Arnold con cara de susto y enojo. Ella siempre con su cara maléfica, le había vuelto esa mirada, mirada de soledad, de burla, de… ella.
-¿Eh?, ven acá Helga
-Estamos en clases, zopenco. ¿La cabeza no te da para asimilar ese tipo de información?- todos rieron de nuevo y Arnold fue por ella a su asiento sacándola del salón
- Gane esta apuesta lindura, me la pagaras.
-No me importa Arnoldo, ¿sabes? estoy… Agh, olvídalo.
-¿Qué? ahora me dices- Helga sonrió amargamente y salió corriendo de la escuela, corrió como desesperada al parque seguida de Arnold.
-Déjame en paz Arnoldo, ¿no vez que ya es suficiente?
-¿Yo? Helga, tú eres la que siempre me tratas mal en todo lo que vivo, toda mi vida fue así ¿y ahora me sales con que "ya es suficiente"?
-Arnold, eres un idiota, yo… Yo… Yo te amo desde siempre, te amo, te adoro y todo el tiempo es igual. Todo lo que haces es hacerme a un lado porque no soy una maldita niña perfección. Yo quería hacer esta apuesta para demostrarte como soy, pero no, llegas con tu estúpida sonrisa cautivadora, con ese entusiasmo de hacer todo bien cuando estoy a punto de darme por vencida y no me dejas tranquila, cabeza de balón.
-Helga…, yo siempre te quise tratar bien, con delicadeza…
-Yo no soy la señorita perfección, Arnoldo. Yo no necesito delicadeza ni esas cosas estúpidas, no soy como las demás chicas del colegio.
- Lo sé, Helga… Eres diferente. Me gustas diferente… -le dijo tomándola de la cintura y arrinconándola contra un árbol- yo me di cuenta de cómo eres antes de que tú me lo demostraras, yo me enamoré de esa Helga G. Pataki a la cual todos conocemos, la que nos trata mal, la que nos… o más bien ME grita camarón con pelos todos los días- ella soltó una pequeña risa volteando hacia el otro lado-. Helga yo…- Arnold tomó a la chica como si fuera una pequeña muñequita de papel a la cual debes tratar con cuidado o si no se rompe, con delicadeza, y se fue acercando cada vez más a sus labios- ¿QUÉ HAGO? YA NO PUEDO DAR MARCHA ATRÁS. En serio me gusta, gusta… pero y si ella no quiere, no la puedo obligar.
-No lo puedo creer, el chico de mis sueños está a punto de besarme… Siento como mi corazón late con una profundidad que no solo lo pararía, sino que también me congelaría para siempre… Pero qué diablos, si me congela en este momento mágico que me daría igual.
Helga se puso colorada al ver que la espera se hacía más y más larga. No sabía si seguir el juego o quitarse. Lo único que atinó a decir fue:
-Te espero en el Chez- y se dio a la fuga dejando a Arnold sonrojado y con el corazón latiendo al mil por uno.
-¿… qué?
