¡Actualizado en tiempo récord! (bueno, en lo que en mí sería tiempo récord) nueva entrega de Big, esta vez bastante más corto que el anterior :)

De ahora en más, supongo (si es que mi computadora no se autodestruye por el abuso que hago de ella durante el año lectivo) las actualizaciones serán más seguidas, dejándome así tiempo para subir varios oneshots y drabbles que tengo pautados para este año.

En fin... ¡espero que la actualización de hoy guste! Si tengo que recomendar alguna canción para esta vez... sería Within You de David Bowie (parte de la banda sonora de 'Laberinto', tema muy cortito de verdad). ¡Es una canción grandiosa, interpretada por un hombre cuyo alterego viene desde Marte!, así que la recomiendo mucho.


Your eyes can be so cruel, (tus ojos pueden ser tan crueles)
just as I can be so cruel, (cómo yo puedo ser muy cruel)
though I do believe in you (pero aún creo en ti)
yes I do. (sí, lo hago)

Within You-David Bowie.


-Cuarto capítulo.-

-El juego del mudo.-

Las horas pasaron lentas, aburridas y los demagogos de turno vaciaron su contenido monótono sobre nuestras cabezas. A mí alrededor, insectos pequeños tomaron apuntes, murmullos de odio aterrizaron en el aire.

Sonreí cansado del todo y de la nada; satirizando, para mí, los rumores que recorrían el venenoso boca y boca. Cuentos de amantes, de drogas locas, de idas y venidas, historias secretas, cosas inventadas.

Antes me molestaban, antes lograban enojarme. Ahora todo era tan distinto, porque había aprendido algo que los profesores no enseñaban. Con el alma cansada y marchita, con esa sabiduría de quién vive más de una vida, me di cuenta que allí afuera había un mundo y ninguno de los que vive encerrado en este universo de reglas inútiles podía pertenecer a el. Cómo si nunca hubiésemos sido humanos, como si nos hubiesen recortado de la tierra.

A veces, ese pensamiento era demasiado incómodo.

El profesor dijo algo pero no lo escuché, porque concentraba toda mi atención en ese acto banal de mirar sin ver un punto específico. Era difícil de explicar, pero en ocasiones me preguntaba por qué mamá y papá gastaban tanto dinero en un lugar como ese.

Con una sonrisa áspera surcándome la cara encontré, quizás, la respuesta que tanto deseaba olvidar.

No importaban los por qué ni por cuánto, el dinero o la aceptación. Mientras estudiábamos en un burdo lugar donde muchos depositaban lo no querido, el mundo allí afuera seguía latiendo, respirando, sufriendo incendiado. Y en tanto los otros despertaban aceptando cada vez más aquellos adultos que alguna vez odiaron, yo despertaba igual que ayer, sabiendo que mañana sería igual que hoy.

–¿Vamos?–

La casi pregunta me tomó por sorpresa, Len se cruzó de brazos aburrido.

–¿No almuerzas con el indiecito hoy?– pregunté seco, guardando mis cosas en la mochila. –Es que parecen llevarse tan bien.– burlé soltando un suspiro, ignorando al mundo que luchaba por salir del aula.

Momentos congelados, silencios incómodos, distancia en nuestros ojos.

Me miró seco, sus soles de invierno abofetearon cada palabra. Por allí, creí escuchar que Horo, Yoh y los demás salieron felices, ignorándolo todo, burlándose de esa pequeña guerra personal.

–¿Sigues con eso?–

Sin contestarle, solté un respingo.

–Hao… él y yo no tenemos nada.–

Palabras inútiles sueltas en el aire, la ira cansina consumiéndome por dentro.

–Si tienes o no algo con él no me importa. – gruñí escupiendo una nueva mentira. –Que toquen lo mío, eso es lo que me molesta.–

Silencio, tormentoso, dañino.

Me puse de pie en un mundo momento, el calor de la primavera lo azotó todo.

–¿Tuyo?– repitió molesto, alejando de su voz cualquier sentimiento de culpa.

Suyo, mío, nuestro. Recuerdos vacíos, salieron a flote en un instante fugaz. En algún tiempo estuvimos enamorados y nos quisimos con una prolijidad casi desesperada.

Y luego, todo termino. Quizás dos almas que, en algún punto, son demasiado parecidas sólo están hechas para hacerse daño.

Ahora que nuestros corazones ya no latían juntos quemándose con el fuego de una locura egoísta, ahora que el amor no contaminaba nuestras almas… nadie podía decir que no lo habíamos intentado.

–Sí, Len, mío.– insistí despacito. –¿recuerdas? Nos complementamos.–

La mentira disfrazada de verdad, un sentimiento vacío desde mi estómago. ¿Podía sentirlo él también?

Odiándolo por ser tan débil y no comprender los dobles sentidos, caminé hacia la puerta sintiéndolo cada vez más diminuto.

Estaba perdiendo el tiempo pensando en lo imposible y a pesar de que mi corazón no parecía tan marchito, me gustaba ver la frustración reflejada en sus ojos.

–Hao…– su voz se convirtió en un susurro imperdonable, de esos que parecían demasiado filosos cómo para continuar.

Entendiéndolo todo sin escuchar nada, me adelanté a lo siguiente y salí del cuarto para dejarlo sólo con los fantasmas de su conciencia.

Ensanché una sonrisa tétrica.

Sabía que entre ellos no pasaba nada, aún así, había algo en ese indiecito que me molestaba. Quizás su carácter, quizás su inservible presencia, quizás el molesto revuelo que había hecho en mi mundo interior. No importaba. Él debía aprender, que nadie tenía permiso de tocar lo mío. Y a pesar de que ahora mi cerebro se ocupaba con alguien más, no podía permitir eso.

Con la cabeza dando vueltas, me uní a la manada de gente que se arrastraba por el corredor principal. Habíamos perdido la hora del almuerzo en ese pequeño lapso de tiempo, pero ya no importaba.

No tenía hambre, ni sed, ni cualquier necesidad fisiológica normal.

Recordar que estaba encerrado en un colegio con jardines artificiales me retorcía el estómago, saber que estaba perdiendo a la persona que antes era sólo mía retorcía mi interior.

Irónico.

Y yo intentando conquistar a otro. Y él con sus manos sobre lo mío, los cuatro perdiendo demasiado tiempo, en ocurrencias inútiles, pensamientos efímeros.

Quizás, quizás, quizás.

Llegué al cuarto casi mecánico, repitiendo los versos de alguna canción olvidada pero que en esos momentos rompió con todos los récords de ventas. Afuera el celador de turno gritaba algo parecido a "ve a tu siguiente clase o…", adentro nuestro propio infierno personal sonrió gustoso.

Revistas prohibidas, cómics viejos, tachones adornando las paredes, él cambiándose de ropa.

Todo en aquel falso teatro era demasiado perfecto.

Cerré la puerta con fuerza, logrando captar su atención. El diminuto invasor venido del norte, dejó caer la ropa de sus manos.

–Hola, Chico del Hielo– saludé neutro.

Horo-Horo me miró con una mueca contraída en su rostro trigueño, parte de él parecía divagar entre seguir con lo suyo o salir corriendo.

–Asakura.– respondió con naturalidad, cómo si tratar a sus compañeros de clase por el apellido maraca alguna distancia.

Divertido, me senté en la cama y tomé un viejo encendedor escondido bajo las sábanas.

–Hao.– corregí tratando de mostrar interés en sus rutinarios movimientos. –Estaremos mucho tiempo juntos, será mejor que nos dejemos de formalidades.–

Horokeu se quitó la camisa, una mirada confundida latió en sus estelas negras. Lo miré, me miró y recorrí su parcial desnudez con una tranquilidad inhumana.

–Es raro que te saltes una clase.– proseguí esbozando una ácida sonrisa. –Llevas aquí ¿cuánto? ¿una semana, dos… tres? Quizás Len llevé la cuenta.–

Volteó abrumado para buscar, algo, en el armario. Jugando a encender y apagar el zippo, solté la próxima bomba.

–¿Recuerdas lo que te dije el día que llegaste?– mantuve encendido el mechero por un rato, el calor del fuego coqueteó con mi piel desnuda, ideas malsanas bailaron ciegas.

El indiecito dibujó un 'sí' imaginario, su cuerpo tembló al darse cuenta que la conversación se acercaba a un terreno peligroso.

–Escucha… no tenemos nada.– dijo enfrentándome. –Nada, siquiera podemos estar en una misma habitación sin empezar a insultarnos… no sé tus paranoias pero…–

Un sonido gutural se escapó de mi garganta, el silencio fue abrupto, electrizante.

–Len me necesita, yo lo necesito, nos complementamos. – expliqué viéndolo girar sobre sus talones. –No tenemos nada romántico, quizás exageré un poco.–

Ojo a ojo, enfrentados. Desencajado, Horokeu intentó anudarse la corbata del uniforme.

–Entonces… –dije incorporándome y caminando hacia él, casi en cámara lenta, casi queriendo hipnotizarle. –Lo siento, Horo-Horo–

Mi rostro cerca del suyo, largos mechones castaños se mezclaron con hilos celestes, una fina capa de aire separó nuestras bocas.

Incómodo por la cercanía, encontró interesantísima la humedad que dañaba al muro.

Volviendo a sonreír, esta vez para cubrir una horrible mueca de satisfacción, dejé que mis manos le acomodaran el uniforme.

Despacio, con un toque de abusiva sexualidad.

–¿Vamos?– la casi pregunta lo tomó por sorpresa, el contacto desmedido le invitó a dar un salto y alejarse del peligro.

Cazador y presa, gato y ratón en un endemoniado juego de azar. Quizás iba ser divertido jugar con él.

–¿Vamos?– insistí cruzándome de brazos. –Llegaremos tarde… y si tienes media beca… no puedes darte el lujo de faltar por que sí, ¿verdad?–

Vencido, por primera vez, asintió sin decir nada. Una alegría nerviosa le iluminó el rostro.

Desde mi fuero interno, con una cínica, macabra y desalmada sonrisa resplandeciente, di inicio a una cacería muda.

A veces, pensaba que había sido joven por demasiado tiempo.


Mi cerebro dice que debo aclarar cosas antes de despedirme:

La forma en la que Hao se refiere a Horo-Horo es despectiva. Los Ainus son un grupo étnico índigena, fuertemente discriminado como creo haber explicado antes, que habita en Hokkaidö, Honshu, en la parte septentrional de Japón, las Islas Kuriles y en parte de Rusia. No son 'indios' (porque los indios viven, lógicamente, en la India) ni simples 'norteños'.

El Zippo, aunque lo creo mundialmente conocido, son encendedores de bolsillos (de esos que se utilizan para encender los cigarros, o para prender las hornallas) con una tapa superior que es abisagrada. La grandes diferencias con los encendedores comunes, además de sus diseños, es que estos son recargables y que son a prueba de viento, por lo que pueden mantenerse encendidos en climas extremos. De ahí que el encendedor de Hao este en bastante mal estado.

Sobre dónde voy a responder los reviews, he decidido cambiar mi web. Luego de muchos dolores de cabeza con blogger, he decidido pasarme a LJ. Fue lo más sano, antes de tomarme el primer avión y comenzar con una masacre. Los rr's del capítulo pasado están allí, mi nuevo link lo pueden ubicar en mi profile; de a poquito iré pasando lo que queda de mi blogger a ese nuevo lugar. Espero tener mejor suerte, están invitados a comentar.

:) y eso es todo, espero que les agradará la actu. Nos leemos dentro de dos semanas, con un ámbiente más navideño. ¡Gracias por leer y feliz semana!