-Arnold…

-¿Si, Helga?

-¿si yo muriera, me extrañarías?

-Si tú murieras Helga, yo también moriría- decía con su brazo tras el cuello de la chica.

-Arnold, ¿me amas?

-… Sí- la respuesta parecía haber tardado unos segundos mientas él mismo se cuestionaba si era así ¿Amaba a Helga? Sí, la amaba desesperadamente, siempre lo había hecho. Al principio de una juguetona manera infantil, ahora como un rugido de guerra contra quien quisiera quitarle ese desesperado amor de las manos.

-Prométemelo.

-No, no lo prometo.

-¿Qué? Pero…

-Lo juro, Helga… realmente te amo.

-Arnold…- Helga se dejó llevar por los brazos de éste, quien la besaba con una ternura que sólo él podía brindar…. hasta que el momento se congelo.

*Ring Ring*

-¡No puede ser! ¡Criminal!- la rubia había despertado de un sueño hermoso que le había acelerado el pulso y deshecho la razón.

(Ah, cayeron, que creían, ¡pues no!)

El teléfono que la había despertado con su agudo sonido ahora firmaba sentencia de muerte mientras ella apretaba la bocina contra sus adormilados oídos.

- Diga- dijo Helga con mal carácter.

-¿Bueno? ¿Helga?

-¿Quién habla?

-Arnold… Mira Helga, yo quería…- Helga colgó de inmediato.

-¡Ah!- gritó- no puede ser- se volvió a tapar con las cobijas como intentando que eso sirviera para cubrir su despertar inmediato y pensó: "no, con lo que le hice ayer, no puedo contestar. Le negué un beso al muchacho, Dios, tengo que ser masoquista".

Unos minutos antes de la llamada de Arnold, él estaba en exactamente la misma situación:

-Helga…

-¿Sí, Arnold?

-¿si me muriera, me extrañarías?- la niña rio de una manera tierna, derritiéndolo y llevándose a su paso la poca integridad que quedaba en el cuerpo del muchacho.

-Si murieras Arnold, yo también moriría.

-Helga, ¿tú me amas?

-Sí, mucho.

-Prométemelo.

-No lo prometo…- jugueteó.

-¿Qué?

-Lo juro, tonto- dijo volviendo a reír.

-Helga… te amo.

-Arn… Oye Arnold, oye Arnold…

-¡Maldita sea…!- Arnold despertó por la alarma que lo despertaba desde pequeño, esa alarma que toda su vida, desde que tenía memoria, le quitaba de los mejores sueños. Arnold aventó lo primero que se le puso enfrente al objeto sin alarmarse al descomponerla- ups…- murmuró con sarcasmo.

Se sentó en su cama con el pulso aún por los aires y miró el teléfono que reposaba cómodamente en su mesita de noche. Después de dudarlo unos segundos se inclinó sobre este y marcó a la casa Pataki, asombrándose a sí mismo saber el teléfono de memoria. Sonó detrás de la bocina un silencio interrumpido por lapsos de sonido desesperante. Arnold elegía las palabras con cuidado cuando del otro lado se descolgó.

-Diga- parecía molesta, realmente molesta.

-¿bueno? ¿Helga?

-¿Quién habla?

-Arnold…-suspiró-. Mira Helga, yo quería…- pero sin dar tiempo y con un estrépito se escuchó de nuevo ese sonido de señal perdida- ¡me colgó!- Arnold estaba desconcertado y a decir verdad algo molesto con Helga por tal trato.

-Buen día, chaparrito- interrumpió Phill sus pensamientos.

-Buen día…

-¿Te sucede algo?- inquirió el hombre mayor.

-Es que, mira…- comentó rascándose la nuca, dudoso-. Hay, bueno, hay una chica ¿Sí? Ella, Dios, me confunde tanto. Ahora sé, y en verdad sé que me… que me gusta pero…

-¿Pero…?

-Eso, me confunde. Me trata bien, me trata mal. Me deja colgado…

-Ay, ay, ay…, no te preocupes hombre pequeño ya no tan pequeño- los dos rieron- lo más seguro es que ella tampoco este tan segura de tus sentimientos.

-Pero yo ya se lo dije y muchas veces. Se lo dejé tan claro como el agua.

-Las mujeres no solo necesitan que se lo digan, ellas lo saben. Pero en su subconsciente quieren que se lo demuestren, es esencial.

-¿En verdad?

-Sí, lo sé, muy complejas ¿No crees? Sin embargo, hay veces que llegan a pensar que solo juegas con ellas, por tonto que parezca. De hecho, cuando yo tenía tu edad me sucedió algo parecido…

-¿Si? ¿Con quién abuelo?

-¿Cómo que con quien, pequeñajo? Con tu abuela, claro está. ¿Esa chica es tu amiguita de una sola ceja, verdad?

-En efecto…

-¡Lo sabía! Oskar me debe diez dólares…- gritó saltando pero deteniéndose en seco- ¡Oskar me debe diez dólares más de todo lo que me debe!- espetó molesto, causando el mismo efecto en su nieto.

-¿Pero cómo lo sabes… o saben?

-Era fácil de imaginar. Están destinados a estar juntos. No sé si por odio o amor, pero era obvio. Además- agregó sonriendo de lado - es lo mismo que me pasó con Puky.

-¿Pero no habías dicho que era Gertie?

-Pues tu abuela se llama Gertie, genio- soltó con una carcajada.

-¡Wow!, entonces se casaron y…

-Así es. Y aunque no te puedo asegurar que te pase lo mismo con… ¿Olga?

-¡HELGA!

-Ah… sí, ya sabía, solo quería ver que decías- rió el hombre mientras su nieto ponía mala cara.

-Aja, sí, cómo no ¿y luego?- dijo Arnold con un poco de sarcasmo simulando una diminuta sonrisa.

-Bueno hombre pequeño, ojala y te haya ayudado en algo. Ahora apúrate que te dejara el camión.

-Sí, abuelo…

-Y recuerda, no comas ciruelas en la casa de tus suegros porque si no… el regalo de bodas se los devuelves…- apuró el abuelo mientras corría al baño de la casa.

-¡ABUELO!- comentó riendo el rubio.

Mientras tanto en la casa Pataki, Helga también era intervenida por alguien pero ella con obviedad molestia.

-¡No, no iré Olga!

-Pero hermanita bebé, no puedes faltar a clases.

-Me siento mal, ¡ahora vete!- a Olga se le subió el calor a la cara y, de dónde pudo tomó valor parándose frente a Helga medio temblorosa.

-N-no me gri-grites Helga… ¡Geraldine Pataki!

-¡No me digas Geraldine de nuevo o te arrepentirás!- amenazó la nombrada quitándose las cobijas de encima.

-Pues cálmate jovencita… no voy a dejar que hagas lo que… ¡Ah!- lloriqueó tirándose a los pies de la cama llorando.

-¿Olga…?

-Ya no puedo…- dijo Olga entre pucheros- quiero controlarte pero al verte así… no puedo. No sé qué tienes, no sé qué hacer para vivir en paz contigo, no me obedeces y se me terminan los recursos para llevarme bien con mi hermanita…

-¡Dios santo! ¿Quieres calmarte?- la menor perdió el control de su boca, parecía indignada, asustada, deprimida- ¡no resisto más! La que debería de llorar soy yo, no sabes por lo que estoy pasando, Olga, ni siquiera te imaginas. ¿Cómo te atreves a tratar de comparar mi dolor y confusión con tonterías como esas?

-Helga, yo…

-¡Eres de lo peor! Todo siempre tiene que estar en torno a ti ¿Cierto? No puede pasarle un mal día a nadie más que a la señorita Olga ¿No?- escupió mientras hacía ademanes y Olga la miraba sorprendida.

-He-Helga…

-Pues no, ya no mas ¿Entiendes? Me tienes harta, eres-de-lo-peor. ¿Y sabes qué más? Arnold también es de lo peor, te apuesto a que ni siquiera me ama ¡Lo odio! Odio la vida, odio MI vida, todo esto no es más que pura…- antes de que se lo esperara sintió un enorme dolor en la mejilla ahora enrojecida que la calló al instante.

-Ca… ¡cálmate!

-Tú… Me… me diste…

-E-es que no parabas, eras… como una… no lo sé…

-Gracias…

-¿Qué?

-GRACIAS, ¿sí? Gracias por detenerme, por ser mi hermana y todo eso- dijo Helga con molestia- si no estuvieras… -"sería feliz" pensó- no sé, eres como la única pieza que une a nuestra familia ¿Entiendes?

-No digas eso, Helga…

-Es la verdad y lo sabes. Inclusive… Si no fuera por ti creo que jamás hubiera conocido a…

-A…

-A…

-A… ¿Arnold… cierto?

-A… ¿cómo lo sabes?

-Bueno- rió nerviosa Olga-, un día entre a tu cuarto por una cobija y…

-¡Me espías! ¡Criminal!

-No Helga, espera, entre por una cobija a tu armario y encontré tu… Tu… Vaya, cómo llamarle…

-Ya van dos personas que lo saben por eso, debo ser un poco más cuidadosa…- murmuró la niña para sí misma.

-¿Dos?... Si yo soy una, el otro afortunado no tan afortunado es…

-Gerald.

-¿El alto, moreno?

-Sí, él… En fin- dudosa y cabizbaja se rascó la nuca, nerviosa- ¿Olga, te puedo preguntar?

-Ya lo hiciste ¿no?

-Bueno, otra cosa ¡Doi!

-Adelante.

-¿Tú crees que él…? Bueno, que él… ¿me ame?

-Pues, no lo sé, amar es una palabra muy fuerte ¿No crees?- Helga miró pensativa el suelo, entendiendo o intentando entender las palabras de su hermana-. Mira, lo más seguro es que le agradas… Inclusive, le gustas y si él te lo dijo es verdad. Veras, ellos creen que somos algo… complicadas.

-Qué tontos…

-La verdad, pero así es. Entonces confía en sus palabras. He tenido la oportunidad de conocer a Arnold y sé que no es del tipo de persona que juega con los sentimientos de la gente… No creo que sea del tipo de chicos que dicen algo que no están seguros de sentir.

-Lo sé…- reparó Helga con media sonrisa.

-Bien, ahora vístete para ir a la escuela ¿Sí?

-No, Olga, hoy realmente no quiero ir…

-Bueno, está bien- cedió con demasiada rapidez- ¿quieres que te traiga algo de desayunar o el disgusto no te deja comer?

-Ni que estuviera enferma ¿Sabes?- comentó mientras ambas reían-. Por favor…

-Yo te traigo algo ahora mismo- dicho esto se apresuró a la puerta.

-Gracias…

-No es nada. Y por si te lo preguntabas, justo para esto sirven las hermanas. Ahora trata de dormir.

-Wow, gracias, moría de duda- comentó divertida Helga mientras su hermana desaparecía por la puerta y ella se dedicaba a conciliar el sueño una vez más.

En la escuela un rubio se comía las uñas de las manos, obsesivo.

-Arnold, acabaras comiéndote las manos…- bufó Gerald por el nerviosismo de su compañero.

-Es que no viene y por lo que pasó ayer…

-… Yo creo que ni vendrá.

-¿Gracias?- inquirió el melenudo molesto.

-Mira, deja que se tome su tiempo, como te he dicho ya las mujeres son algo…

-¿Complicadas? Sí, bueno, ese consejo ya me lo dio mi abuelo esta mañana…

-Y deberías escucharlo, Phill es sabio. Ahora preocúpate mas por tu calificación de música ¿Quieres?... –el rubio lo miró enfadado, parecía que Gerald no comprendía su frustración y eso lo sacaba de quicio-. Deja de verme así…

-Es que Gerald ¿Qué acaso no me ves? Nunca en la vida había estado tan mal… Lo peor es que ni mi mejor amigo lo comprende. Inclusive sales con tus chascarrillos…

-¿Chascarrillos? Hermano, hablo en serio; ayer te saliste como Juan Camaney con Helga y la de música los reprobó, a los dos.

-Cállate, no me eches la mala vibra- dijo Arnold frotándose las manos por el frío y los nervios dentro de la cafetería.

-No es mala vibra, es en serio.

-Me lleva la…- intervino Phoebe justo antes de que la frase terminara, divertida.

-Hola chicos, disculpen la intromisión… sin embargo me veo obligada a cuestionar ¿saben algo de Helga?

-¡Phoebe, ya había logrado que cambiara de tema!- replicó Gerald cansado.

-No, Phoebs, pensamos que tú tenías noticias- interrumpió el rubio más tranquilo.

-No, de hecho por eso vine.

-Así que solo preguntas por Helga y por mí no, ¿eh?

-Lo siento- dijo riendo- hola Gerald ¿cómo te encuentras?

-Estaba bromeando amor, bien ¿y tú?

-Sí, bien… Yo, bueno, creo que alguien me llama…- Arnold dio media vuelta directo a la salida cuando su amigo lo tomó del brazo.

-Alto Arny…

-¿Qué sucede?

-¿A dónde vas?- preguntó la pequeña novia de su amigo.

-Lo siento, es que en serio estoy preocupado y, bien, no quería ser mal tercio.

-Cálmate Arnold, si quieres vamos después de clases a su casa para ver cómo está, ¿te parece?

-Gracias… ¿Phoebe, vienes con nosotros?

-Bueno, no estoy segura…, me encantaría, estoy muy preocupada por el estado físico y sentimental de Helga pero mis padres y yo tuvimos una riña el día de ayer y eso dio paso a que me privaran de cualquier encuentro social.

-Te castigaron ¿Cierto?

-Oh, no, bueno… Es una manera de imponer su estatus de padres ante mí pero no es un…

- Te castigaron ¿Cierto?- repitió su novio.

-Bueno, sí…

-¿Y por qué no preguntas en tu casa si te dejan ir y así nos alcanzas en la casa de Helga?

-Esa es una estupenda idea, Arnold. Si se me imposibilita asistir díganle que me llame en cuanto pueda y que… Su mantecado está listo.

-¿Mantecado?- dijeron ambos extrañados.

-Sí, es una metáfora algo retorcida pero ella entenderá.

-Si tú lo dices…

-Entonces nos vemos, me debo de ir a mi taller de historia chicos, se cuidan.

-Sí Phoebe, adiós

-Adiós amor.

-Adiós -le dijo dándole un beso a Arnold en el cachete y uno en la mejilla (casi en la boca) a Gerald causando que su amigo suspirara y rodeara los ojos, divertido.

-¿ya se van a poner de melosos?

-Di lo que quieras Arnold pero a mí no me niegas que quisieras tener a Hel… a ella así…- Arnold se puso rojo como un tomate y le dio un codazo, azorado, causando carcajadas de sus compañeros.

-Nos vemos a la salida Gerald…

-Adiosito- se burló el moreno mientras de despedían con sus pulgares.

Un poco más tarde se encontraron como ya habían dicho. Ese receso de pláticas le dio tiempo a Arnold para acomodar sus ideas y plantearse la situación como lo que era. Sin dramas, sin desesperaciones. Tenía que calmar ese éxtasis de verla después de intentar besarla a como diera lugar. Conocía a Helga. Si lo miraba así en vez de formar un entorno romántico se burlaría de él sin detenerse durante mucho tiempo. Tenía miedo, y le gustaba, causando que en sí se pusiera todavía más paranoico. Sin embargo, antes de su encuentro con su amigo el rubio tropezó con una pecosa y altiva pelirroja.

Había cambiado demasiado, pensó Arnold, mirándola detenidamente. Las falditas siempre fueron lo suyo, admitió, pero ese maquillaje peligrosamente puesto le daba ese tono expectativo de que, aunque pareciera una muñeca de porcelana por fuera, ya no era tan infantil e inocente.

-Gosh, Arnold… ¿Por qué me miras de esa manera?- rió con coquetería la chica haciendo que se marcaran unos hermosos hoyuelos cerca de sus labios.

-Lo lamento, ando algo… distraído.

-Sí, me he dado cuenta- Arnold se preguntó si esa sonrisa era real o si era prefabricada, como todas las demás- ¿No quisieras caminar conmigo a casa? Suena como buen plan ¿No crees?

-Es tentador, en serio- mintió el rubio por cortesía- pero la verdad es que Gerald y yo tenemos planes. Veras, sospechamos que Helga esta enferma o algo por el estilo entonces decidimos ir a ver cómo se encuentra.

-¿… Helga?- sonrió molesta.

-Quizá en otra ocasión ¿Te parece?

-Sí, bien… Arnold, ¿No crees que estás pasando mucho tiempo con esa chica? No es que esté mal ni mucho menos pero… No te estas planteando la posibilidad de salir con ella ¿Cierto?- rió de nuevo, Arnold comenzaba a hartarse del sonido de su voz.

-¿Y qué si sí?- causó otra carcajada de la joven y se irritó.

-No me lo tomes a mal, en serio. Sólo que creí que cosas como esas, bueno…- murmuró dándose la vuelta andando- sólo pasaban en la imaginación de Pataki.

El chico se quedó pasmado en su lugar ¿Quién rayos era esa mujer?

-¿Ya nos vamos Gerald?

-¡Hasta que apareces!- reprochó su amigo- no sé cuánto tiempo llevo esperándote.

-No exageres… Es que me encontré con alguien allá adentro…Ya vámonos…-Arnold lo llevó jalando del brazo.

-Tranquilo viejo, tienes fuerza- Arnold lo soltó y se rió- ¿Alguien?

-Lila, para ser exactos.

-Esa chica tiene problemas, desde que entramos a secundaria no deja de acosarte.

-Claro que no, Gerald, otra vez estás exagerando- continuó comenzando a andar.

-Acéptalo, le gustas.

-No lo creo, y si así fuera realmente no me importa ya. Yo le rogué durante años y, bueno, hay dos puntos importantes aquí. El primero y más importante es que sé que lo que siento por… ella es real. Más real que ningún otro amor anterior. Y en segundo término, bueno, Lila es… distinta, completamente.

-Está loca- corrigió su amigo.

-Mejor cállate- suspiró Arnold, dándole implícitamente la razón. Y es que sí, tenía un gran aprecio hacia Lila pero no podía mentirse a sí mismo. La niña llegaba a dar escalofríos.

Los chicos iban caminando por la acera llena de nieve y con copos de nieve en la cabeza, conversando con simpleza. No fue sino hasta que llegaron a la casa de la susodicha que Arnold recordó ese retumbar y nerviosismo en su piel. Titubeando se acercó temeroso a tocar la puerta pero antes de que lo hiciera ésta se abrió.

-¡Oh, hola…! ¿Alfred?- inquirió la Pataki mayor fingiendo.

-Soy Arnold, Olga ¿Qué ya no te acuerdas de nosotros?

-Oh, por supuesto- soltó golpeando su frente suavemente, claro que Olga sabía cómo se llamaba pero lo hacía adrede para que no supiera que la hermana de su enamorada sabía su nombre tan descaradamente-. De él creo que sí recuerdo, eres… ¡Gerald! ¿Cierto?

-¿Cómo sabes el nombre de él y el mío no?- inquirió estúpidamente insultado.

-Bueno… Es que se llama casi como mi hermanita. Gerald-Geraldine ¿Entienden? y sabía que el tuyo empezaba con "A".

-… bueno, dejémonos de discusiones. Arnold, pregúntale a Olga que querías saber- intervino Gerald.

-Te escucho, Arnold- enfatizo, poniendo nervioso al rubio en segundos.

-Este… yo…- esa mirada se le hacía que la había visto en algún otro lugar-… Gerald quería saber que si podíamos ver a Helga.

-¿yo?

-¿Él?

-Sí, ¿verdad que sí Gerald?

-Este, sí, ¿podemos verla?- el moreno vio a su compañero de una manera y este sólo se encogió de hombros- ya sabe, con eso de que no fue a la escuela.

-Claro que sí, adelante. Ciertamente esta un poco enferma, dice que le duele la cabeza y justo ahora le iba a traer algo para la comida porque la verdad no tenemos nada en la cocina.

-Yo te acompaño.

-¿No eras tú el que quería ver a Helga, Gerald?

-La verdad… no quiero ser mal trio.Ya estamos a mano, Arnold.

-Soquete…pues, yo me quedo entonces, ¿les parece?

-Claro, no hay problema, Arnold querido; esta en su habitación. Vamos Gerald, el súper ahora está vacío por el frio- dicho esto se tomó del brazo del chico y comenzaron su andar.

Cuando el moreno y la rubia salieron de ahí, Arnold entró a la casa dudoso. Notó que había un ambiente más frio que el de la calle pero en otro sentido. Un ambiente callado y oscuro que a la vez pedía a gritos felicidad para sí mismo un momento, un lugar tenebroso que necesitaba de algo brillante. No como los trofeos de Olga, no. Necesitaba de… ella.

Cuando iba subiendo los escalones para la recamara de Helga pensaba, pensaba mucho:

-¿por qué siento que la mirada de Olga me es peculiar? Es como si ya la conociera, como si llevara mucho tiempo viéndola… Quizá, de cierta manera, puede que se parezca a la de… ¡LILA! Claro, ahora sé por qué Helga odia tanto a Lila, es el constante recuerdo de su hermana mayor, a la que todos preferían, la que era perfecta para sus padres. Qué ciego estoy, pobre Helga, ahora lo entiendo, entiendo todo y sabiendo que a mí me gustaba, bien, eso hubiera destrozado a cualquiera…- suspiró y murmuró a la vez- Pobre Helga… y Lila…

- Oh, ¿Qué oí? - Arnold volteó hacia arriba y ahí estaba, a unos pasos de él, tan cerca. Su mente daba saltos de un lado a otro hasta que escuchó el resentimiento e ironía que cargaban su voz-. Sí, claro… toda la razón, zopenco. Pobre, pobre, pobre de mí.

-¿Eh?

-Pobre e ingenua Helga, ¿no lo crees?- Arnold trató de tomar su mano pero ella la retiró con fuerza.

-¿Qué pasa Helga?

-Ah, "¿¡qué pasa, Helga!?" ¿Qué rayos sucede contigo? Primero me compadeces y luego simulas que la virgen te habla. Tienes que ser un reverendo idiota. Y para empezar ¿Qué demonios haces en mi casa? No sabía que Olga había adoptado un perrito.

Eso había dolido y ambos lo sabían. No eran insultos cualesquiera, esta vez tenían veneno e iban directo a su cometido: lastimar.

-Vine porque me preocupó que no acudieses a la secundaria y…

-¡Pero qué encantador! No necesito que te preocupes por mí, Arnoldo, gracias.

-¿Por qué estás tan molesta?- casi gritó él acortando el espacio que había entre ambos, haciendo que ella diera firmes pasos retrocediendo.

-Ah, no estoy para esto ¿Sabes? Si quieres jugar a "compadecerse de la estúpida enamorada del salón" sé de buenas fuentes que Lila estaría encantada de jugar contigo- dicho esto entró a su habitación y cerró de un golpe.

-¿… Lila?- le costó al rubio disolver la información y darse cuenta de lo que sucedía.- ¡Ay, no puede ser posible! ¡En verdad soy un estúpido!- pensó-. Helga, ábreme…- suplicó tocando la puerta y jalando la perilla.

-No, Arnold, no quiero te compasión, ¡no la necesito, cabeza de balón! Si quieres que cumpla esa estúpida apuesta lo haré pero no te doy el derecho de que vengas a mi hogar, me victimices como "pobre Helga" y luego hables sobre la señorita perfección. ¡Ya estoy harta, Arnoldo, déjame en paz y vete muy lejos! ¿Quieres?

-No, Helga, ¿no lo entiendes? Yo no dije eso…- soltó entrando a la habitación de la chica mientras, de un salto ésta se alejaba de él-. Bueno, en realidad sí lo dije- masculló rascándose la nuca- pero es que no entendiste bien…

-¡Vete!- Helga tomó su tenis del suelo y se lo lanzó directo a la cara siendo evadido con dificultad.

-¡No, tienes que escucharme!

-¿Qué- demonios-quieres?- la chica dejó salir un grito de desesperación absoluta y luego cayó sobre la cama, agitada- Dime… ¿Qué quieres de mí? Yo solo soy una pobre chica tonta, excéntrica abusiva… no comparada con la señorita perfección.

-Es completamente lo contrario.

-¿Cómo?- viendo que estaba ligeramente más tranquila se acercó y tomó lugar junto a ella.

-Sí, ella no se compara contigo en lo más mínimo… y no le digas así ¿Quieres?

-¿Por qué? ¿Es tu corazoncito?

-¡no! ¿Que no entiendes? No le digas así porque no es perfecta, solo es una niña más del colegio. Sólo es alguien del montón.

-Entonces… ¡¿por qué hace rato dijiste su nombre en voz alta?

-¿Realmente siempre has sido así de celosa? Vaya… Y eso que todavía no te pido que salgas conmigo- interrumpió el rubio simulando una galante sonrisa, haciéndola sonrojar significativamente-. Porque estaba pensando y… Olga se parece tanto a Lila… más bien, es idéntica a ella.

-Ja, ¿y apenas lo notaste?- dijo con un tono sarcástico.

-Helga…- suspiró y pasó su brazo atrás de ella, abrazándola contra él-, a la única que amo y a la única que he amado es a ti, siempre ha sido así. Siempre has sido única, en todo aspecto. La razón de mis pesadillas y de mis sueños más gratos. Siempre sólo tú. Aunque claro, yo no me había dedo cuenta porque soy… bueno, un estúpido con cabeza de balón.

-¿Y apenas te das cuenta, de nuevo?- rió Helga con algo de crueldad mientras sonreía de lado.

-¡Helga ya! me tienes harto; eres sólo una pequeña personita que mientras más me trata mal, más me gusta y eso me enoja, me enrabia- casi gritó- es un momento perfecto y tú, con tu sarcasmo y personalidad evasiva de conversaciones importantes siempre lo…- Arnold sintió un pequeño calor en los labios que lo sorprendieron y a la vez lo callaron de golpe.

Con más suavidad de la que Arnold pudo imaginar alguna vez la chica lo besó. Como si susurrara en un idioma que sólo ellos conocían, como si todo lo más dulce del mundo se juntara en el mismo lugar sólo para que Arnold recordara lo que se sentía estar enamorado. Lo curioso es que esa dulzura se juntaba en los labios de la chica menos delicada de todas. Recordó entonces una frase que cierta rubia disfrazada le recitó: las mejores sorpresas vienen en cajas pequeñas.

-Arnold yo… - murmuró azorada Helga, avergonzada de su brusca reacción pero él no permitió ni más de 7 centímetros de lejanía cuando le besó de nuevo, ahora callándola a ella.

-¿Pero qué sucede conmigo? ¿Desde cuándo tengo la seguridad de besar a Helga Pataki como ahora mismo? ¿Es quizá que esté soñando…? Es el momento perfecto, la situación perfecta, todo tan irreal. Es todo tan como ella…- pensaba Arnold apenas podía.

. ¿es que en verdad Arnold…? ¿Él… es que él siente lo mismo por mí? es…-pero para su desgracia algo detuvo su momento mágico. El celular de Arnold comenzó a sonar en el silencio de toda la casa- ¡Criminal!

El chico rió de la naturalidad con la que la rubia se quejaba, sin sentir vergüenza por lo que acababa de suceder. Sonrió de lado y sacó mirando la pantalla del objeto.

-Calma Helga, es mi celular, ese es Gerald y tengo que contestar.

-De acuerdo- dijo esta con mal carácter cruzando los brazos frente a su pecho, desviando la mirada con color en las mejillas. Arnold se sorprendió viendo que por primera vez ese comportamiento descortés y malhumorado le parecía adorable. Muy adorable. Entonces contestó.

-¿Sí?

-¿Arnold?

-Sí, soy yo Gerald ¿qué sucede?

-Pues es mejor que vengas para acá en este mismo momento.

-¿Por qué?- detrás de la voz de su amigo se escuchaba bulla creciendo.

-No vas a creer lo que estoy viendo delante de tu casa…- Gerald se escuchaba divertido pero extrañamente angustiado.

-¿Qué es?

-¡Tú ven en este mismo instante!- se escuchó la voz de Olga de fondo.

-Ya escuchaste a la reina- objetó su compañero.

-Bien, en un instante voy. Olga sí que pega unos chicos gritotes que no bueno…- dijo a la rubia junto a él que se había interesado en su conversación.

-Ni me lo digas- respondió esta, rodeando los ojos.

-Bueno viejo, ven lo más rápido posible, alguien está en apuros… y también está loca.

-¿Quién?

-Adivina adivinador, hablamos de ella esta mañana.

-¿… Lila? No entiendo, explícame algo, por favor…

-Bueno, bien, pues te diré lo que veo. Lila esta como que enojada pues te anda buscando por todas partes. No le hemos dicho dónde estás pero parece que quiere matar a alguien. Te está gritando desde afuera de tu ventana, en las escaleras de emergencia, parece que hay una planta que parece tener tu cabeza pero está gritando una bola de sandeces que se lamentaría si estuviese en sus cinco sentidos, te esperamos aquí Arnold.

-Si, en un momento estoy allá- murmuró pensativo, luego colgó-. Pero Lila sabía que yo iba a venir aquí…- luego volteó a ver a Helga y le explicó lo reciente a lo que ella sólo se sorprendió-. Vamos… Pero antes… Quiero preguntarte algo…- se detuvo, notablemente apenado.

-¿Sí, Arnold?

-¿Tú…- vaciló- me amas?- la chica soltó una risa sorprendentemente distinta a las anteriores, mirándolo con una ternura infinita.

-Más de lo que te puedes siquiera imaginar.

-¿Tengo que asustarme por eso? Quiero decir, porque mi imaginación es realmente extensa- burló mientras la chica rodaba los ojos divertida haciendo ademan de bajar a la salida, deteniéndose en seco.

-Y por si tenías dudas, no- Arnold la vio extrañado- no lo prometo, lo juro.- Esta le dio otro beso, diminuto, antes de bajar las escaleras rápidamente y tomar su abrigo. Sonreía con poder y una fuerza que solo las diosas poseían, resplandeciendo. - ¡Vamos que te dejo!

-Wow- dijo Arnold para sí mismo, siendo noqueado por completo por las palabras de esa niña loca.

Esa niña loca que él amaba con la misma locura.

Sé que no es la tierra prometida y que no es muy largo…

Vale, sí es bastante largo.

Pero lo único que puedo decir es que el próximo capítulo se llama Lila la loca. ¿Se imaginan? En fin, este capitulo va a ser más fuera de lo normal ya que soltare mi ira titánica contra la pobre de Lila, se volverá loca… ¡Oh, sí! Y no es que Lila me caiga mal, la princesita se me hace de buenos sentimientos pero alguien debía hacerlo alguna vez.

Y gracias ¡Mimi-star! Eres de las mejores, traté de no tener faltas de ortografía para que sea más entendible para los lectores (JA, está editado cuatro años en el futuro).

Dejen REVIEW, no es que mendigue por ellos pero en verdad le dan ánimos a uno para seguir escribiendo. Son el pan del alma. Los quiero, a todos los que leían esas tonterías de una niña de 13 años y a los que ahora siguen a esta casi diesiochoañera. Cuídense mucho, gracias a todos los que lo leen, esto en verdad es grande para mí.

Adry Pataki… Digo, Anna Cliché.

P.D.: Este capítulo le ganó al primero; el primero ocupó 3,052 palabras y este ocupó… ¡3,129! ¡Es el más largo que he hecho!

Edit: Actualmente cuenta con 4,725 palabras, para que se chequen el dato. 3