¡Feliz año nuevo! Aquí vengo a dejar una nueva actualización que, esta vez, fue cortada por la mitad para ser subida en dos partes. En esta primer mitad, nos encontraremos con un 'capítulo' más corto dónde puramente se hablará de los cambios en los puntos de vista de Horo; por lo demás, podría decirse que es transistorio... (: o no.


One look could kill (una mirada podría matar)
My pain, your thrill (mi dolor, tu emoción)
I want to love you but I better not touch (quiero amarte, pero mejor no te toco)
I want to hold you but my senses tell me to stop (quiero abrazarte pero mis sentidos dicen que pare)

Poison - Alice Cooper.


-Quinto Capítulo.-

Dinamita interna.–

Nunca llegué a ser uno de los primeros de la clase, tampoco obtuve notas altas. No. Esos puestos estaban reservados para las personas que realmente estudiaban. Gente cómo Manta, Anna, incluso Hao y Len. Estudiantes listos para superarse en la aburrida rutina, aspirando a llegar alto sin siquiera desplegar sus alas. Eran ellos los que tenían buenas calificaciones, y hacían que el día tras día se hiciera cada vez más ameno al contestar las preguntas de los profesores.

Yo, igual que tantos otros, iba allí porque estaba obligado. Nada más. Por eso no me pareció raro cuándo ocupé mi tiempo libre interesándome en otras cosas. La confianza de mis nuevos amigos, por ejemplo, o la inusual timidez de una bonita chica de corto cabello rosado. El resto era material conocido, que podía aprender en cualquier escuela.

–¿No viste a mi hermano?– la tranquila voz de Yoh salió cómo un susurro temeroso de interrumpir al profesor que daba clases.

Parpadeando un poco, los busqué con la mirada. Dos asientos vacíos me saludaron irónicos, la obviedad golpeó mi rostro.

Llevaba ya un dos meses de asistencia continúa (situación que había mantenido gracias al apoyo de Yoh y los demás) y a pesar de compartir cuarto con ellos aún no me acostumbraba a sus habituales faltas. ¿Para qué? La felicidad que sentía en aquellos momentos, no merecía ser eclipsada por el raro comportamiento de dos que vivían en el montón.

–Los vi preparándose para salir…– dije aburrido jugando con mi lápiz. –Han de estar por allí.– aventuré sabiendo mi propia mentira.

Yoh suspiró encogiendo los hombros, un dejo de amargura tiñó su rostro.

–Están raros. – repuso luego de un rato, volteando levemente la cabeza para verme directo. –Anna y Len pelearon ayer o eso me contaron.–

Asentí en silencio, encorvando una ceja. Si aquello era cierto, ahora entendía el malhumor del chino que entró al cuarto por la tarde maldiciendo entre dientes y con el rostro crispado.

«Bueno, el señorito se enoja por todo» pensé olvidando de cuán distante y frío se había comportado durante ese último tiempo.

–Hao…– empezó él neutro, mientras el profesor escribía en la pizarra.

Murmullos, el rumor corriéndose banco por banco.

–No es tan malo. – contesté tomando notas, chistidos fastidiosos me pidieron callar. –Se ofreció para ayudarme con una materia, le dije que lo pensaría.–

Mi amigo me miró sorprendido, una sonrisa grata se escapó de sus labios.

–¿De verdad?.– preguntó garabateando en su cuaderno. –Bien, eso sí que es una sorpresa… incluso Annita se extrañará si se entera.–

Ambos reímos por lo bajo, de todo, de nada, de nosotros mismos.

–Yo quiero una novia cómo la tuya…– agregué invadido por una felicidad interna. –Bonita así, sólo que con mejor carácter.– murmuré asegurándome de no ser escuchado. Anna sabía darme escalofríos.

Chocolove, que había oído todo, soltó una bruma mala y esperó risas que nunca llegaron.

–Annita no es mi novia… – aclaró Yoh soltando su risilla boba y curvando una mueca de falso pesar. –Es mí prometida…–

Tragué confundido, azotado por un escalofrío molesto.

–Tu padres…– palabras inconexas lucharon por salir, la fría mirada de ella se clavó sobre mi cuerpo.

Yoh rió rascándose la cabeza.

–No, no tenemos dinero… sólo somos una familia muy tradicional.–

Asentí confundido, rogando por acomodar cada cosa dicha. Sin duda, Len se hubiese burlado de mi expresión bobalicona.

Manta nos miró aburrido, el calor del verano siguió trepado en mi rostro.

–Podríamos juntarnos y hacer un partido de jan-ken-pon, el equipo que pierda… bueno, y veremos que hace.– dijo y su voz chillona fue apagada por un grito seco.

Silver nos llamó la atención, risas burlonas hicieron eco en mis oídos. A lo lejos, una complicada ecuación quedaba incompleta.

–Si los señores tienen tantas ganas de hablar…– empezó, pero su voz fue nuevamente interrumpida por el ruido de la puerta.

Fausto entró molesto, irradiando rabia en sus apáticos ojos violetas. Detrás llegó Len, arrastrando los pies con notorio desgano.

Susurros, especulaciones impúdicas. El profesor y el director discutieron en vos baja, Tao caminó hacia su lugar fulminando a todos con la mirada. Él clavó sus pupilas doradas sobre mis ojos brunos, la electricidad del ambiente nos acarició.

Un latido, dos tres. Mi corazón gritó frenético al verlo dedicarme una sonrisita irónica, hebras violáceas jugaron a ocultar verdades sobre su piel. Dos marcas grisáceas oscurecían sus facciones, preguntas estúpidas lucharon por salir.

Alguien habló, alguien dijo algo. Mis ojos giraron en torno a la chaqueta de Len. Desprolija, rota, con todos los botones arrancados. ¿Había estado peleando? Una sensación de inseguridad se encendió, quise gritar para que se detuviera.

Yoh levantó la cabeza buscando a su hermano, pero él jamás entró. Anna soltó un bufido cansino, sus punzantes perlas negras rodaron aburridas. Y Len lo hizo. Movió los labios en un sonido mudo, nadie más se dio cuenta de esto.

Estrellas doradas buscaron soles negros, la campana del almuerzo nos sorprendió. Él se levantó y caminó hacia los dos hombres mayores, sus brazos se cruzaron por inercia.

–Vamos, Horo…– insistió Manta jalándome de la ropa. –O no conseguiremos mesa…–

Haciéndole caso a mi amigo, abandoné el salón de clases y me arrastré con la multitud hasta perderme por algún pasillo oscuro.

Caliente y frío, asustado, poderoso. Así me sentía cada vez que Len estaba cerca, porque luego de un tiempo creí comprender cada uno de sus pensamientos reflejándose por las ventanas de su decadente alma. Y eso me asustaba, porque visiones tales sólo eran pronósticos de latentes desgracias.

Pasos haciendo eco, voces ocultas susurraron una verdad incómoda. En ese raro mundo dónde él era el ser más desagradable de todos, se había convertido en el único capaz de parar mi corazón.

"Estoy bien, cerebro de hielo" dijo y su voz se convirtió en un suspiro imperceptible para el resto.

Eso me alegró, eso logró enfurecerme. Caliente y frío, cómo en una tómbola de sentimientos. Veneno corriendo por mis venas, deseos ocultos latiendo en cada sueño extraño. El contacto visual que ambos habíamos tenido, pareció decirlo todo sin soltar una palabra. Yo estaba preocupado, él logró tranquilizarme ¿Había algo más grotesco?

Con las manos hundidas en los bolsillos de mi chaqueta, caminé sin rumbo fijo hasta que mis pies se detuvieron por una imagen sobrecogedora.

Hao estaba allí, con un puñetazo cerca del ojo y gritaba molesto algo incomprensible. Lyserg lo miraba desafiante, con los rasgos contraídos por el odio y el cabello desalineado.

–¡Hao!– gruñó molesto, intentando irse. –¡Ya basta!– soltó luego, girando sobre su propio peso.

Mi compañero de cuarto, aquel que días anteriores se había mostrado tan atento conmigo, asió al inglés por las muñecas y lo arrastró hacia él con los ojos nublados por el odio.

–Tú iniciaste con esto. – habló entre dientes, respirando ira. –Así que ahora te haces responsable de todo.–

Incapaz de pensar y coordinar mis propios movimientos, sentí cómo la dinamita interior reventaba en mi cerebro.


El jan-ken-pon es un juego milenario proveniente de China, al que los occidentales conocemos bajo el nombre de piedra-papel-tijera. En la versión japonesa (y más durante el período Heian) los elementos del juego serían serpiente-rana-babosa, animales que son de fácil encuentre por todo Japón. Básicamente la serpiente (representada por el dedo índice) se come a la rana (dedo pulgar) y la rana se come a la babosa (meñique) Entonces... ¿Cuál le ganaba a la serpiente?... Simple: la babosa (es que seguro era radioactiva o llevaba una metralleta bajo las antenas, de otra forma no me lo explico) Los elementos utilizados durante el juego, variaron según los períodos, clases sociales e incluso provincias. Las Geishas, por ejemplo, solían jugar al Tora-ken (Tora significa tigre) bailando y haciendo diferentes figuras con el cuerpo cómo el tigre, el samurai y la anciana (supongo que el tigre mata a la anciana, el samurai mata al tigre y... ¿la anciana mata al samurai porque pertenece a un grupo de protección a los animales?)

Un capítulo ligerito, fácil de leer y escribir... (: quizás. Recién caigo en cuenta que FF me da problemas con los guiones de los diálogos (la raya larga que utilizo en word, se ve mucho más pequeña desde aquí) ¿Alguien tiene una idea de cómo arreglarlo?

Cómo siempre, los rr's son contestados en mi LJ (link en el profile) que ya anda estable y abierto para que cualquiera pueda comentar (tenga cuenta o no en livejournal)

Sin más que decirles, me despido. ¡Espero que hayan disfrutado el capítulo!

¿Errores? ¿Quejas? ¿Sugerencias? :3 entonces ya saben que hacer...