- ¡Vamos que te dejo!
-Wow- dijo Arnold para sí mismo, siendo noqueado por completo por las palabras de esa niña loca.
Esa niña loca que él amaba con la misma locura.
Pero al salir de la casa ambos entendían que la situación era delicada y no podían darse el descaro de caminar tomados de las manos así que lo hacían a paso rápido y en silencio hacia la casa de Arnold, pero ciertamente muy cómodos. Ya que estaban a una calle de distancia el rubio pareció parcialmente el recado de su amiga oriental.
-Helga Phoebe me dijo que tu mantecado estaba listo… O algo así… no sé a qué se refirió con eso pero me dijo que te dijera… Que tú entenderías la metáfora.
-Sí, bueno…- Helga se sonrojó un poco agitando la mano frente a su cara como si espantara moscas, riendo con nervios y maldiciendo en su mente la mala broma de su amiga, causando Arnold lo notara- hablando de Lila, en verdad que esta zafada ¿Eh?
-Sí, en realidad no sé a qué se refería Gerald exactamente cuando dijo que…- los chicos se detuvieron frente a la casa de huéspedes donde se hallaba la pelirroja gritando, causando a ambos detenerse en seco.
-¡¿Pero qué demonios pasa con esa?!
-No tengo idea- mencionó Arnold acercándose a los curiosos- ¡Lila! ¿A quién le hablas?
-¡Oh, Arnold, en verdad eres tú!
-Este, sí, creo…
-¡Oh! ¡Cariño, al fin llegaste!
-¿Cariño?- el muchacho estaba casi tan fuera de contexto como todos los presentes.
-Sí, te estuve esperando todo el día, todos los días…
-¿A qué te refieres?
-Ésta ya me está dando miedo- le susurró Helga a Arnold en el oído, él solo asintió.
-¿Si, no te acuerdas? Cuando estuviste en casa de Helga, con Gerald. Te esperé. Es gracioso que todo haya sido sutilmente planeado- murmuró fingiendo inocencia.
-¿Cómo?
-Larga historia, Arnold- dijo Helga con una sonrisa fingida entendiendo a lo que se refería su compañera- ¡más te vale que cierres la boca, princesita!
La gente comenzaba a salir de sus casas y sus amigos no eran ninguna excepción, todos sus conocidos miraban intrigados la escena mientras Lila lo disfrutaba.
-Oh, ¿No quieres que cuente tus secretitos?- se inclinó mirando a la rubia-. ¿Dices que no quieres que cuente que quien escribió Arnold ama a Lila fuiste tú? Por supuesto, era tu mediocre manera de esconder que el verdadero texto se refería a sentimientos que Arnold nunca sintió por ti.
-¿Eh?- Arnold no entendía nada.
-¡Cállate!- decía Helga cada vez más roja, apretando los puños, intentando contener las ganas de subir y romperle la boca a Lila.
-¡Ah! Claro- simuló recordar algo está sentándose en el barandal de las escaleras- no olvidemos el loro que recitaba poesía victoriana ¿De quién era ese animaito?
-Sigo sin entender nada…- Arnold y todos los presentes estaban anonadados.
-¡Ni siquiera sabes qué demonios es la poesía victoriana! No oses decir ni una palabra más.
-Quiza deba recordarte situación por situación hasta que sepas a qué me refiero ¿No? Mmh… recordemos otra cosa. No sé, quizá… tu altar, poniendo sólo un ejemplo.
-¡No!
-… ¡ya sé! Cuando la adorable Helga dio sus botas nuevas en navidad para que la hija del señor Hyum fuera a la casa de Arnold, pero qué dulce- se oía desprecio en su voz pero seguía siendo aterradoramente suave.
-¿Eso es verdad, Helga?- parecía que el rubio era el único que entendía la mitad de las cosas que vociferaba la pecosa.
-¡Cállate, tonta!- los ojos de Helga se llenaron de lágrimas, pero no, oh, no. No eran reconfortantes lágrimas de vergüenza que le darían gusto a su enemiga. No. Eran de odio, de molestia. Si en algún momento Helga había dado miedo real era ese momento. Vibraba de rabia en su lugar. – ¡Si no quieres que rompa tu linda cara te ordeno que bajes en este momento y te sientes, como la linda perra que eres!
El comentario se ganó las miradas asombradas de muchos, incluyendo a la aludida quien sintió hervir su sangre de momento. Pero para que su plan saliera bien tenía que apegarse a él.
-Oh, cierto… cuando se vistió como yo para que te fijaras en ella- ronroneó ignorando el comentario de la rubia-. Qué patético ¿No crees, Arnold?
-¡Veo que eres una perrita desobediente! no dejaré que digas nada más, tendré que enseñarte quién demonios manda aquí- Helga subió hacia donde a Lila, con mil infiernos en sus ojos.
Era espectacular el número de personas que los veían atónitos, sin mover un músculo. Quizá por miedo, o solo por curiosidad.
-Ay Helga, ¿Acaso crees que nadie se dio cuenta? yo ya sabía que cada movimiento que hacías era dedicado a Arnold, era divertido leer tu rostro cada día. Ahora espero que todos sepan quien es Geraldine Pataki en realidad y se rían de ti conmigo durante mucho tiempo… Quiero decir ¿Qué tipo de chica tiene un relicario de corazón con una foto de un niño de nueve años colgado en el cuello a diario? Es enfermizo.
Bien, lo había logrado por primera vez en toda la conversación. La avergonzó a sobre manera. Todo el mundo la miraba curioso, con sonrisas burlescas y aparente sorpresa. Como lo había dicho sonaba como si la chica realmente necesitara ayuda.
-¡Ya cállate!- se defendió- ¿En serio esperas que alguien te crea?- agradeció que tenía practica en parecer segura de sus pasos cuando por dentro quería salir corriendo del lugar-. Todos saben que babeas por el chico y no aguantas una pequeña competencia…
La confianza de la chica calmaba a la mayoría de los presentes puesto a que hacía parecer que el problema era realmente muy tonto y pequeño. Los únicos que seguían sumamente tensos eran quienes la conocían a fondo. Sabían que las crueles bromas de la rubia desataban algo peligroso y sumamente toxico de ella.
-Aunque no te preocupes, yo no soy siquiera una pequeña amenaza- murmuró encogiendo los hombros, ahora de repente divertida, mirando de soslayo a Arnold- porque no tienes siquiera oportunidad de estar con él.
Falto poco para que todos los presentes contuvieran el aire dramáticamente en coro. Sin embargo no pudo evitar robarle una sonrisa a Arnold de los labios.
-¿… Qué?- inquirió la pelirroja notablemente enojada.
-Te tengo. Sí, quiero decir, por Dios, mírate siquiera. Acosando a una compañera de clases por un amor no correspondido ¿Quién se fijaría en algo como eso?
-Pero mira quien habla. Señorita: tengo-un-altar-del-chico.
-Ahora- susurró la rubia ignorando lo que había dicho, aprisionándola contra la pared con el antebrazo en su cuello, amenazadoramente cerca de su cara- dime cómo sabes todo eso y no te haré tanto daño, perrita.
-Es muy fácil, sólo te observo; es muy gracioso todo lo que te pasa- parecía no tener miedo y una sonrisa se albergaba en su pequeña boquita aunque realmente sus manos temblaban. Tenía en cuenta que la rubia era salvaje pero no existía persona que no tuviera miedo a "la gran Betsy" o a los cinco vengadores.
-Por primera vez obedeces, estamos progresando- Helga iba a sonreír pero sintió un agudo dolor en el estómago haciendo que retrocediera por falta de aire, recargándose en el barandal para no caer. Lila la había golpeado, a ella. A Helga Pataki. Eso le costaría, y caro. Antes de recuperarse para actuar la pelirroja le tiró una patada en las costillas. La gente comenzaba a alterarse sin saber qué hacer.
-¡Viejo, debes de parar esto!
-No necesito que me lo digas.
-Pues qué estas esperando ¿Una señal en el cielo?- interrumpió Olga- es momento de ser héroe.
Arnold se metió a su casa y subió a su habitación, con trabas. Intentó abrir la ventana pero esta no cedió. Estaba pegada, fuertemente pegada.
Mientras eso sucedía la rubia esquivó un segundo ataque recuperándose con agilidad. Dolía, mucho. Pero eso no importaba en ese momento. Tacleó a su enemiga contra la pared y se dedicó o darle un muy potente puñetazo al estómago que le sacó el aire sorpresivamente. Después, tomándola situación es su manos descargo si ira realmente. La gente iba a ver de lo que realmente era capaz Helga Geraldine Pataki. Sí, entero. Porque no había nada que esconder allí. Caperucita roja quiso disfrazase de lobo pero se encontró con una loba de sangre pura, una muy furiosa. Y conocería su ira.
Azotó sus hombros a la pared y con destreza de boxeadora esquivo los lentos y débiles puños de la pelirroja, riendo con fuerza. De un momento, atacó el rostro de la niña con Betsy y ella supo ahora el porqué era tan temida en todo el barrio. Si no se le caía algún diente era por pura gracia celestial.
Pero caperucita sabía jugar sucio, algo que Helga no se imaginó. De un momento sintió como su compañera tiraba de su cabello haciéndola caer de rodillas, amenazando darle un rodillazo justo en la nariz. Sin embargo, no iba a ser tan fácil para la señorita perfección (quien con mareos por el golpe en su rostro apenas se mantenía). La rubia encajó sus uñas en la ropa de la chica, llegando a su suave piel robándole un grito agudo haciendo que la apartara lo más posible, dejando que esta se levantara fácilmente, con una sonrisa llena de ira.
-Tonta, sólo estas dándome la razón.
-No, te estoy dando una golpiza que con suerte no te dejara en el hospital- sonrió de lado-. Te estoy dando una lección de vida. Te estoy enseñando cuál es tu lugar.
Pero antes de que alguna volviera a tocar a la otra la Pataki sintió como desde la ventana forzada Arnold la jalaba dentro con una facilidad algo humillante. Tenía que hacerse la nota mental de preguntarle después de eso desde cuando era tan fuerte. Le gustó la imagen en su cabeza pero se despabiló con facilidad preguntándose cómo era posible que después de estar en una pelea tan salvaje podía tener ese tipo de pensamientos. Algo así como los brazos del chico, brazos que la sujetaban con fuerza dentro de la habitación, fuera de miradas curiosas mientras que sin darse cuenta forcejeaba y gritaba por salir de nuevo.
-Suéltame Arnoldo, le voy a romper todo lo que ella suele llama rostro- Helga trataba de soltarse de los brazos de Arnold, de nuevo.
-Helga, necesito… Necesito que en primer lugar te calmes y en segundo… Que me expliques todo lo que dijo Lila apenas.
-¡No tiene caso! Solo esta alucinando…
-No es cierto, todo lo que dijo en verdad pasó.
-¡Aarnolddd!- gritaba Lila desde el otro lado de la ventana.
-¡Maldita bruja piruja!
-¿Sabes Helga? - dijo Lila apoyándose en la ventana- ya sé porque Arnold se fijó en ti apenas esta semana.
-¿Qué?
-Sí, le gustaste porque te comportabas como… Vaya, cómo decirlo… Te comportabas como yo- ambos rubios se quedaron secos al oír eso y se miraron.
-No es cierto Helga, no la escuches…
-Es verdad…- intentó razonar Helga respirando cada vez más fuerte- me dijiste que me amabas cuando me porte amable. Pero de nuevo, sólo era… Sólo era un vago recuerdo de la imagen de Lila.
-Helga, no le escuches… ¿No ves qué intenta hacer?
-Lo siento, no quisiera interrumpirlos pero hay muchas personas viendo el show y me siento muy solita dando entreteniendo como una loca que habla sola. No sé, creo ver a Rhonda, Harold, Curly y todos a los que querías ocultar tus estúpidos y asquerosos sentimientos, Pataki.
-Ya cállate princesa o te va a ir peor que en feria.
-No me importa porque eso solo demuestra que tengo verdad- rió la chica seriamente lastimada con una buena actuación.
-¿Quieres callarte Lila?- ese era Arnold. Tú ya no me gustas, gustas ¿entiendes eso?
-Entonces… solo te gusto, qué bien.
-No Lila, no me gustas y ni siquiera me agradas. Realmente te tengo desprecio, eres como una…
-¡Loca maniaca que está mal de la cabeza!
-Pe-pero Arnold- dijo Lila con lágrimas en los ojos de manera hipócrita.
-Nada de lloriqueos, princesa- Helga abrió la ventana y se salió por ella. Todos miraron tensos de nuevo, con la sensación de que Helga tirara por las escaleras a la otra chica. Agarró a Lila de los hombros pero sin lastimarla, con desesperación- Lila ¿qué te sucede? No, tú no eres así, tú eres una niña linda y sofisticada, con clase y toda la cosa, ¿por qué no lo disfrutas? Puedes ser perfecta, elegante y bella- le preguntó Helga mirándola a los ojos, recriminándole algo que ella hubiese deseado tener en su momento.
-Es que yo… Yo no lo quiero perder- dijo abrazándola y llorando tan fuerte que todos en el vecindario desde el baño de su casa podrían oírlo. Helga se quedó paralizada por el abrazo de la chica sin saber que hacer igual que los presentes.
-¿Perder? ¿A quién?- dijo alejándose de ella lo suficiente para poder estar cómoda-. Querida, sé que sonare muy mal plan con lo que te voy a decir pero- dijo mirando al chico que, perplejo miraba todo con medio cuerpo dentro de la habitación.- Arnold nunca fue tuyo- volteo a ver hacia abajo- ni mío…
-¿Qué?- preguntó Lila.
-Esto está mejor que las telenovelas de mi país- murmuró María a su amiga, mirando la escena fascinada.
-Es cierto, nunca fue mío y ni lo será… Algo que aprendí Lila, es que las personas no son de tu propiedad y va a sonar raro de mi parte decir esto pero tú no tienes autoridad sobre los demás.
-¡Pero si tú siempre lo has hecho!- se escuchó desde abajo una voz medio estúpida. Todos voltearon a ver a Harold con cara de real molestia y éste solo se encogió de hombros- ¿Qué?
-Cállate gordinflón, contigo es diferente- objetó Helga sin dejar el real tema a la deriva.
-Pero…- todos lo volvieron a voltear a ver- olvídenlo.
-Mejor Harold- le dijo Rhonda sin dejar de poner atención en lo que pasaba arriba, acercándose con sigilo a las escaleras, cerca de Gerald. Aunque todo parecía ya bajo control la Loyd sentía un presentimiento, uno muy malo.
-Lila, él no es tuyo y no es de nadie. Deja que te ayuden, por favor.
-¡No!- murmuró tirando a la rubia lejos-. Jamás te lo perdonaré, nunca lo haré- no podía negarlo. La celeste mirada de Helga había hecho vibrar su piel pero ella era la señorita perfección. ¿Qué sucedería después? Todos la señalarían, se burlarían. Haría que valiera la pena. Se llevaría a los que pudiese consigo-. Dejaré que todo el mundo se entere de la verdadera Helga Pataki, dejare que todos te vean tal y como eres…, él me amaba- casi lloró- y tú hiciste que eso se terminara… Por eso, por eso pagaras-. Lila sacó un pequeño librito de su bolsillo y sonrió con malicia.
-Mi… mi diario- Helga dio unos cuantos pasos para atrás por instinto- dame eso- Lila saltaba de un lado a otro con el libro en las manos ojeándolo y poniendo cara de asombro.
-"Querido diario: hoy es un día especial, es mi cumpleaños" rayos agarreé uno de antaño, "mi amado me vio y como siempre para ocultar mis más profundos sentires lo traté con desprecio. Dios, nunca lo había tratado tan mal y justo hoy él me miraba mucho, demasiado. Tiene algo raro, se notaba a leguas, pero la verdad es que sus miradas me deleitaron. Sus verdes ojos me seguían. Sentía como mi corazón palpitaba cada vez que sentía su mirada analizarme…"- era obvio que Lila se había aprendido frases de memoria. Era imposible leer con agilidad mientras otra chica se amotina en contra de tu cuerpo. Helga se puso más roja que un tomate, su cara ardía. Y de un momento a otro sintió agua en su rostro pero no, no eran lágrimas, había empezado a llover.
-¡Dame eso tonta! traté de ser amable pero tú no entiendes ni el mismo español.
-Mira quien habla. Te propongo un trato, dame a Arnold y te regresare tú… o más bien tus volúmenes de poemas.
-¿Pero cómo demonios los conseguiste?
-No le pones seguro a tus ventanas.
-Espera… ¿planeaste todo esto?- interrumpió Arnold. Él lo sabía, realmente lo sabía.
-Claro… ¿Crees que iba a venir como pancha por su casa, arriesgando mi reputación y mi cara sólo porque sí? Ya sabía que estabas en casa de Helga, tú me lo mencionaste, bobito- eso hizo que Helga temblara entera de furia-. Lo único que hice fue llamar la atención de todos para… esto.
-Espera…- Arnold suspiró- está bien…
-¿Qué?- dijo Helga viéndolo incrédula, deseando que no fuera lo que ella imaginaba- ¿Qué está bien, Arnold?- insistió.
-Seré tu novio con tal y que le regreses cada página de sus ¿libros?... como sea, cuando le regreses todo a Helga seré tu... Novio.
-Bien… vamos progresando.
-No- intervino Helga.
-Helga… No quiero que todos en el lugar tengan tus valiosas páginas en sus manos. No quiero se mofen de ti…
-Es vergonzoso, pero prefiero perder eso a perderte a ti- sonrió- además, ¿Qué puede ser más vergonzoso que esto?- en eso se lanzó a Arnold, besándolo frente a la pelirroja quien los veía desorbitada, mientras se regalaban tontas sonrisas enamoradas- ¿Y qué si todo el país se hace de mis poemas? No puedo sentir más vergüenza que ahora. Estoy besando a un tonto cabeza de balón, Dios, me estoy condenando a una lenta y tortuosa muerte segura- se bufó sin despegar su frente de la del rubio quien sonreía divertido.
-¿Q-qué? No, eso no puede ser, yo… yo planee esto mucho tiempo y no dejaré que intervengas- dicho esto Lila comenzó a desojar el cuaderno escaleras hacia abajo, Arnold se separó de Helga e intentó quitarle la pasta pero la chica atinó tirarlo entero y él perdió el equilibrio a un acto que no se esperaba, con su peso cayendo.
-¡Ah!- Helga lo tomó del brazo y todos hicieron el clásico "¡ah!" al ver que Arnold caía de una dramática manera.
-Tonta… mira lo que hiciste, ahora ayúdame a subirlo- se quejó por el peso.
-No.
-¿Qué? En verdad estas mal de tu cabeza, eres muy…- Helga no soportaba el peso- muy…, Arnold…– Lila se acercó asqueada y rodeando los ojos sin ser notada. De un momento a otro empujó a Helga quien estuvo a nada de caer.
Abajo casi todos tenían un trance morboso y asustado. Exceptuando a dos: Loyd y Johanssen.
-Lo tengo- dijo Rhonda agarrando el pequeño libro mientras arriba se suscitaba la escena, dándoselo a Nadine- guárdalo como a tu vida y ni te atrevas a abrirlo. Recoge todas y cada una de las hojas arrancadas.
-Claro, Rhonda- oyendo esto Rhonda subió corriendo por las escaleras a ayudarle a Helga justo cuando había sido súbitamente empujada. Pronto Gerald también subió, la gente comenzó a despertar del trance intentando subir pero la escalera empezó a temblar casi haciendo caer a todos.
-Lo siento Arnold, te amo… pero no dejaré que Helga se quede con tu corazón
-Eso no es amor, enferma. Ayúdame, AHORA- diciendo esto Rhonda y Gerald ya estaban arriba.
-Lo siento, Arnold- la pelirroja se acercó con su último recurso a Helga la cual tenía la mitad del cuerpo arriba y la otra mitad colgando.
Un cuchillo, un afilado y secreto cuchillo.
-¡Detente Lila!
-No, ¿por qué lo haría?- volteó a ver a los otros dos que estaban parados tratando de acercarse con cautela- si alguno me toca- dudó nerviosa, con los ojos saltando- ella… Ella morirá- dicho esto tiró de Helga, subiéndola y amenazándola con manos temblorosas.
Empezó a llorar. Pataki, empezó a llorar pero por suerte de ella nadie la vio con la suficiente claridad mental para darse cuenta.
-Ya basta, Lila. Iras a la cárcel o qué sé yo si haces algo tan tonto y sin sentido- intentó razonar Gerald-, en verdad, queremos ayudarte pero no dejas que nadie este a lado tuyo.
-No, porque YO soy perfecta. Helga, tú muchas veces lo dijiste. Dilo ahora, dile a Johanssen que soy única y perfecta, ni tú te comparas conmigo-. Arnold seguía suspendido por el agarre de sus manos y mucha gente intentaba comunicarse rápidamente con las autoridades.- DILO.
La rubia desvió la mirada, forcejeando. Lila la miró con desprecio y comenzó a hacer presión en el cuchillo. Por gracia de Dios resbaló hacia atrás cayendo y tirando al piso el cuchillo. Rhonda ayudo a Helga a ponerse de pie Gerald a Arnold mientras la pelirroja buscaba su arma desesperada.
Cuando los cuatro estaban estabilizados Lila hizo una maniobra tirándoles al piso con agilidad, en un golpe crudo. Lila tomó nuevamente los cabellos de Helga y la aventó lejos. Arnold tenía agarrada a Helga casi colgando. Lila dejó inconsciente a Rhonda por unos minutos por el golpetazo que se metió por caerse
-Ahora que no hay nadie que interrumpa ¡me la pagara esa Pataki!- ignoró por completo que Gerald se había hecho de su cuchillo y se acercó amenazadoramente a la pareja.
-¡Alto!- gritó Arnold desesperado por la situación mientras Lila le aplicaba una llave con su rodilla en la espalda y tirando de sus brazos para que dejara caer a Helga.
-No le creo bom-bon, después de esto tú serás mío y nada ni nadie nos podrá separar.
-Ni en un millón de años Lila, nunca estaré contigo.
-Bien, como quieras Arnold, si no eres mío, no serás de nadie. Lo lamentaras.
Lila posó su mirada en Arnold quien luchaba por sujetar a Helga y sonrió. Ella lo vio. ¿Qué tipo de monstruo era ese? Estaba a punto de cometer asesinato y ella sonreía. Miro a Gerald paralizado donde Rhonda estaba inconsciente. Quizá estaba frente a una loca real y en verdad moriría. Lila ya no temblaba de miedo como lo hacía cuando presionaba el cuchillo contra ella. No. Esa era otra mirada, otra persona que parecía flotar desorbitada.
-Suéltala o tiraré a ambos.
-He… Helga- dijo Arnold con a punto de llorar.
La pelirroja iba en serio y presionó su peso contra Arnold para que éste perdiese el equilibrio lentamente y la Pataki actuó de una manera increíblemente rápida. Con una sonrisa en los labios, se levantó ligeramente hacía su agarre y abrió la palma mordiendo con todas las fuerzas de su quijada la mano del rubio. Todo pasó exhaustivamente rápido pero para ella parecía que todo era tan vívido y lento. Como una película.
Su nariz sintió ese hermoso aroma que desprendía su amigo de la niñez. Sus afilados colmillos de loba se enterraban en la tierna y suave piel causando un efecto inmediato de defensa que lo impulsó hacia atrás, cayendo sobre Lila.
Soltándola.
La chica se desvanecía y caía poco a poco, Arnold gritó apenas reaccionando a lo que acababa de hacer. Él la había dejado caer, él la había soltado.
La policía llegó relativamente rápido. Lila apenas se recuperó cuando escucho ese terrible sonido hacer impacto con el suelo. Su ceguera de venganza contra el mundo por quitarle a su madre, a su padre y a el chico de sus sueños en la misma vida desapareció, como una posesión, burlándose de ella y su terrible destino.
Se agitó. Todos contuvieron el aliento. Lila comenzó a entrar en crisis e intentó salir corriendo como cuando era niña y todos se burlaban de ella pero esta vez nadie la compadecía. Era un monstruo y uno de los más terribles: los reales. Soltó un gemido de dolor cuando, de una extraña manera el único que no estaba suspendido por el acto era Gerald. La agarró de la muñeca apretándola tan fuerte que le salían lagrimas a él de los ojos.
Rhonda despertó en el segundo en que Lila y Arnold caían de espaldas. Pero ¿Dónde estaba la rubia? Y escuchando el estruendo se quedó en shock; sin hacer nada, el momento se paralizó. Ya nadie respiraba, las gotas de lluvia que caían hacían que no se notaran las lágrimas que se desprendían de todos los que observaban desde abajo, Arnold reaccionó y levantó la vista. Corrió en un arranque de que podía alcanzar su mano de nuevo sin miedo a la escena que podía ver.
Helga, a quien la respiración se le cortaba entre cada inhalación no se movía. Antes de impactar con el cemento logró tomarse la cabeza entre las manos, cubriéndose con sus brazos e inclinándose ligeramente a un lado, cerró los ojos. Acciones que al parecer, le habían salvado la vida.
Pero nadie sabía eso todavía. Muchos de los cercanos intentaron atraparla pero sus movimientos fueron demasiado lentos para la rapidez de los actos. No era culpa de nadie de ellos. Al final, ¿Cómo sabrían que la rubia haría algo como eso? Pero más importante ¿Por qué lo había hecho?
Pero un tenaz y vívido adolescente enamorado no se dio tiempo de pensarlo dos veces cuando se acercó a la chica que había perdido la conciencia. El piso estaba con una leve capa de nieve, otra buena noticia, y el niño se acercó a su rostro. Cualquiera hubiera jurado que quería besarla hasta que después de mirarla tan cerca un segundo giró su oído a su boca.
-Respira…- anunció. Todos despertaran de su trance los policías entraron en acción. Parecía que nadie procesaba la información todavía excepto ese chico quien cuando los enfermeros se acercaron hizo un sonido nasal y se alejó, tranquilo.
-¡Brainy!- se escuchó que decía Nadine quien se había mantenido cerca por la orden de Rhonda y corría a él-. Pero… ¿Qué haces aquí?
-… Algo-. Respondió mirando a Helga, aliviado y acelerado.
Gerald bajo corriendo las escaleras con Lila del brazo, asqueado.
- Tengan…- dijo él con una voz llena de desprecio y repulsión hacia Lila- les doy esta… porquería.
Lila miraba a todos asustada y con tentación de desmayarse.
Al final, había sido cegada por una malvada fuerza anónima que reclamaba venganza. Ella nunca le había hecho nada malo a nadie, nunca. Soportó nunca haber contado con su madre porque ella había muerto y era normal que eso pasara. Pero su papá… Era un hombre bueno y justo. Nunca hizo nada en contra de nadie y a pesar de eso sufrió un trágico final a manos de desconocidos quienes lo dejaron en coma tras un intento de asalto. Y a pesar de eso, sobrevivió. Pero su único apoyo de amor real sin esperar nada a cambio había sido Arnold. En la primaria respetó los sentimientos de quien ella llegó a llamar amiga pero tras la trágica sesión de acontecimientos en su vida tuvo que aferrarse a él con más fuerza. Sentir perder su ultimo pilar la hizo caer en lo más bajo. No era una mala niña, sólo había tenido una mala vida. Eso era todo.
Gerald corrió a donde Arnold seguía inmóvil, viendo cómo subían a Helga a una camilla. Era todo tan irreal, de nuevo. Pidió estar en un sueño, rogó que asiera fuera pero la lluvía había cesado y ahora era una suave caricia de nueve que le hizo sentir frío. Mucho frío. No era un sueño ni una película Hollywoodense.
Estaba pasando, realmente. Sintió una mano en su hombro y vio a su amigo quien no se inmutó y le dio una mano para levantarlo.
-He oído que los de las ambulancias dejan que subas con el paciente si dices que eres su novio.
¡Corran! ¡Láncenme piedras! Yo me esconderé en mi buque de guerra, este día llegaría y tenía que estar preparada.
¿Les gustó? Tal vez no es lo que esperaban o tal vez sí; sé que es muy triste pero tenía esa idea desde hace mucho tiempo y no podía deshacerme de ella hasta hoy… Gosh, lean el siguiente capítulo y sabrán… bueno, entenderán muchas cosas.
Ya vamos en la recta final. Casi termino de editar todo y haré un épilogo :3 3 Bien, ojala les haya gustado queridos y aquí me despido.
Su autora: Anna Cliché.
