-¿Por qué Helga? ¿Por qué lo hiciste? Pudiste morir…- reclamaba Arnold más como una súplica desesperada de que respondiera que cualquier otra cosa.

Estaba arremolinado en la ambulancia con Olga y el enfermero. El olor a medicina y a personas agitadas llenaban los pulmones de los cuatro. La mayor Pataki lloraba en silencio pero de una desconsolada manera.

-Yo…- Helga reaccionaba, captó la atención de los tres allí. El enfermero se precipitó sobre ella para hacer malabares que Arnold no entendía; regresó la mirada a la rubia, aliviado – yo… No soy tan tonta- todos se miraron desconcertados mientras ella sonreía de lado-. Una caída como esa no me hubiera matado. A ti sí… Tú ibas a caer de cara y con el tamaño de tu cabeza no dudo que con ese impacto ni la nieve ayudara. Además, así iba a…- se quejó- tener… oportunidad de hacer una posición que me cubriera mínimo la cara- suspiró de dolor sin poder siquiera abrir los ojos. Todos se miraron anonados y el enfermero soltó una pequeña risita que llamó la atención de los otros dos.

-Diablos, realmente es muy inteligente…- razonó el muchacho, poniéndole una máscara de oxígeno cuando ella perdió conciencia de nuevo.

Algo que la vida le había enseñado a Arnold es que Helga no tenía ni un pelo de tonta. La mente ágil de una genio que intenta pasar desapercibida se escondía en un atractivo cuerpo de modelo, hechizando con esa melena rubia que se cargaba y su cristalina mirada posesiva… Pero sobre todo eso, el humor que se cargaba era lo que la salvaba de los clichés. Era ruda y poderosa, soberana y cruel. Tenía el infierno en la boca.

La Pataki era más misteriosa de lo que alguna vez él se pudo imaginar. Se lo había demostrado en ese momento. Ella tenía la disciplina y el carácter incluso para ser presidenta de los Estados Unidos pero, viéndolo desde una perspectiva sumamente reflexiva, la mente de la chica había reaccionado en segundos entre morir y vivir con una rapidez titánica. Arnold suspiró, tomando su mano. Tan genio y tan torpe a la vez. Sonrió. Se dedicó a contemplarla, acariciando su mano con suavidad y pensando, pensando mucho.

Cuando llegaron al hospital a Helga la llevaron a urgencias de inmediato, separándola de sus seres queridos.

-Pero yo necesito estar con ella…

-Lo siento- decían las enfermeras tratando de calmarlo-, pero no podemos dejarlo pasar. Su novia necesita ser diagnosticada con seriedad. Tenía quizá varios huesos rotos y contusiones fuertes. Venga con nosotras, cuéntenos lo que sucedió ¿Vale?

Arnold se quedó pasmado y solo asintió, dejándose llevar por las mujeres. Se dejó caer en una de las sillas que había ahí y escuchó como una regordeta mujer daba paso a muchas preguntas que él tenía que responder.

En la cabeza de Arnold sólo se repetían esas palabras: su novia.

-Es cierto Helga, no es mi novia. ¿Pero por qué me doy cuenta hasta ahora? Debí pedir que incluso se casara conmigo cuando pude. Hasta que siento que se va de mis manos me doy cuenta ¿Siempre fui tan tonto? O es que ella verdaderamente me vuelve un torpe animal.

Mientras tanto, Helga sentía manos sobre su cuerpo. Frías y plásticas manos que se aventuraban con firmeza a los lugares de mayor dolor. Quiso luchar pero tenía una anestesia que calmarían a un ejército entero, por ende no pudo. De golpe se quedó dormida de nuevo. Ella soñaba con lo que había pasado hace unas horas. Todo distorsionado pero no lo suficientemente fuera de la realidad. Lila gritaba en su oído "YO soy perfecta y ni tú te comparas conmigo".

Ella estaba en una torre y quien empujaba de ella era Arnold. Sintió pánico. Llovía y ella parecía no tocar nunca el suelo. Sus gritos eran callados por agudos y constantes pitidos que no tenían razón aparente de ser. Entonces abrió los ojos, antes de que su cuerpo impactara con el cemento, siendo atosigada de un blanco y brillante techo que casi le quema las pupilas.

Varias horas después, le informaron a Arnold que todo estaba en orden. Se recuperaba con una rapidez impresionante y ninguna acción traería repercusiones en el futuro. Sólo tenía que reposar. Eso era todo.

La familia de Helga, que por cierto habían regresado después de que Olga les informó la situación, y Arnold estaban en la sala de espera cuando llegó el canoso y alto doctor con una sonrisa ladeada. El rubio se juraba que si el señor lo deseaba podía convertirse en modelo de revista aún con su edad, entonces se percató de que parecía que lo miraba a él. De una manera burlesca pero simpática lo miraba, a él.

-¿Familia Pataki?

-Sí, somos nosotros- informó Bob poniéndose de pie, imponente.

-Su hija está estable. Por fortuna hemos podido hacerle los estudios necesarios para asegurarnos de que su movilidad motora es efectiva y así es. Quisiera que se fueran a recostar y descansar para que ella también lo haga, darse una ducha y comer algo. Sin embargo…

-¿Sí?- dijo Arnold impaciente.

-Ella parece que necesita ver a un tal Arnold. Ha gritado furiosa toda la mañana que si no le llevaban a, citando, ese estúpido con cabeza de balón ella se levantaría a arrastrarlo con sus propias manos- eso último lo dio con una sonrisa que explicaba todo causando que las miradas se centraran en el aludido.

-Entonces… ¿Puedo entrar a verla? Yo soy Arnold.

-Bien, pues creo que si insiste tanto no nos podemos arriesgar a que haga algo tonto. Así que, por favor.

Arnold se encaminó bajo la juiciosa mirada de Bob y entró hacia la habitación de Helga, ella miraba distraída su celular. Tenía un mal aspecto a simple vista. Parecía enferma y numerosas vendas le cubrían el cuerpo. Pero para sorpresa de Shortman parecía que nunca había sido tan bella.

-¿Helga?

-¿Arnold?-alzó la mirada fascinada pero la apartó pronto- ¿Pero qué demonios te crees tú, idiota?

-Pero qué…

-He estado días internada y ni un mensaje ni llamada. No has entrado a verme ni siquiera cuando simulo estar dormida para evadir a mi madre- gritaba la rubia con énfasis. Arnold dio instintivamente un paso hacia atrás y la chica lo notó-. Oh, no. Ven acá y siéntate- ordenó mientras sonreía porque el chico obedeciera.

-Bueno, al principio creí que necesitabas descansar de tanto escándalo pero cuando tu padre llegó no me dejó siquiera levantarme del asiento. Entonces él dijo que iba a quedarse la noche… Sin embargo comenzó a quedarse dormido y me ofrecí a quedarme yo, por nuevas noticias o lo que se necesitara. Al principio se negó rotundamente pero de todos modos se quedó dormido y yo tuve que quedarme contigo. Sí vine a verte ¿Sabes?- sonrió mirándola, viendo que no cedía ante esa explicación-. Esa noche tuviste pesadillas y tu presión se alteró de sobre manera. Tuve que despertar a medio hospital para que alguien hiciera algo. Fue como el señor Pataki confió un poco más en mí. De todos modos no me dejó verte despierta y yo me quedaba por las noches todos los días. Claro, hasta ahora, no tenía alternativa y de todos modos me miró extraño.

-Asumiré que te creo…

-¿Querías verme por alguna razón? ¿Necesitas algo?- cuestionó el chico con esa desinteresada preocupación que tenía en la mirada.

-¿Qué? No puedo ver a… ¿Qué no puedo verte y ya?

-¿A… tu qué, Helga?

-Dejémonos de preguntas ¿sí?

-No, yo en verdad quiero saber qué…- viendo que Helga no cedía y desviaba su mirada suspiró y se acercó a ella con cautela-, sé que no es el momento preciso para preguntarte esto. Sé que nunca será el momento adecuado puesto a que eres Helga Pataki pero no puedo resistirlo más y necesito ser algo de ti. Necesito excusas para quedarme a velarte a diario y excusas para tomarte la mano a diario también. Quiero que cuando las enfermeras me digan que mi novia estará bien no me sienta incomodo o endiabladamente avergonzado… Entonces lo diré ¿Helga, quieres ser mi novia?

Helga se quedó atónita y lo volteó a ver con los ojos como platos. Temblando. Él la tenía ligeramente tomada de los hombros. Se escuchó una carcajada de su boca y Arnold se relajó, suavemente avergonzado y quizá un poco molesto.

-¿Sabes? Creo que tenías todo el derecho de salir corriendo cuando yo me declaré en Industrias Futuro. Una declaración de amor siempre asusta… Y asusta más cuando una no se lo espera… Y es peor cuando los estúpidos sentimientos son malditamente correspondidos. Diablos, ¿por qué no, cabeza de balón?- ambos rieron hasta que sus estómagos dolieron dejando de hacerlo suspirando-. Oye…

-¿Sí?- la chica titubeaba y parecía incómoda.

-En verdad te gusto ¿Verdad? Quiero decir, no solo fue por ser amable y eso ¿Cierto? Quiero decir…

-No puede ser- Arnold volteó a verla serio. La niña tenía el asombro de cualquier infante al ser reprendido por primera vez- Helga, eres increíble. Si no te amara no hubiera pasado todo esto ¿No crees? Si no te amara no estaría aquí. Tan inteligente y tan torpe a la vez…

-Torpe tu… Diablos, estimo demasiado a tu abuela para insultarla…- él rió-. Bien, supongamos que te creo…- tocaron la puerta pero de momento se abrió sin un permiso necesitado.

-¿Helga?

-Olga…

-¡Helga! en verdad estas bien- dijo su madre entrando como desesperada y corriendo a sus brazos, acción que la dejo helada.

-Niña, nos espantaste muchísimo- interrumpió Bob a la madre de Helga en su llanto.

-¿En verdad?- pregunto Helga incrédula.

-Claro jovencita, sino no estuviéramos aquí.

-Me pregunto cuando la gente dejara de usar eso como excusa…

-Y debo reconocer que este muchacho es Pataki- dijo Bob tomándolo del hombro y sacudiéndolo, dejando a los rubios perplejos… A todos los rubios- se quedó todos los días, todas las noches. Como hecho de piedra ¿Eh?

-Sí…- agregó Miriam- este muchacho no durmió esperando noticias tuyas- Arnold solo se sonrojó y volteó a ver a Helga quien lo veía con ojos de burla, amor y cariño incalculables.

-Bien, y… ¿cuándo saldré de este infierno?

-Pues mientras más rápido te recuperes, más rápido saldrás de aquí, cariño- le respondió Miriam a su hija- tienes que cuidarte.

-Ya deja a la niña en paz, Miriam. Es una guerrera ¿No ves? Quiero decir ¿Quién se enfrenta a una loca asesina y sale vivo en el intento? MI hija. Así que Patakis y Shortman, dejemos que la señorita descanse- dijo Bob-. Necesitará fuerzas para responder a la prensa- se burló el hombre sabiendo que su hija odiaba esas cosas.

-Criminal, era de unas de las cosas que rogaba todo este tiempo… No quería que se hiciera un escándalo. En fin… Solo un minuto con Arnold ¿sí?

-Bien, pero solo un instante. Alfred, te esperamos en el auto.

-Arnold…

-Sí, cómo sea. Te esperamos para llevarte a tu casa- dicho esto Olga, Miriam y Bob salieron dejando solos de nuevo a la pareja.

-Creo que mi padre no cambiara nunca, pero aun así, me agrada. Y más importante… tú le agradas.

-Eso fue nuevo. Pero dime ¿Qué necesitabas Helga?

-Dos cosas… La primera es pedirte disculpas. Ya sabes, nuestra cita romántica terminó en tu escalera de incendios y no en el Chez París- el rubio asintió y dejo que ella continuara hablando-. Y la segunda, es que quiero negociar cómo te voy a pagar…

-¿Pagar qué?

-La apuesta, ¡doi!

-Helga, me salvaste la vida ¿Realmente esperas que…?

-Una Pataki siempre cumple, cabeza de balón. No salgas con ese caballerismo que no funciona conmigo.

-¿En serio? Creí que había funcionado perfectamente todos estos años- acercó peligrosamente ambos rostros y luego se separó riendo por la sorpresa y adorable vergüenza de su novia- pero si insistes… pensemos.

-Eres un imbécil…

-Mmh… Creo que lo tengo.

-¿Qué? ¿Al fin encontraste tu cerebro?- se bufó suspirando mientras reía-. Bien ¿Con que estupidez me saldrás ahora?

-No es una estupidez. Solo quiero que reconozcas nuestra relación frente a todos ¿Entiendes? No necesito que seas mi esclava… Eres mi novia.

-Demonios, tenía la magnífica idea de decirles a todos que el trauma de la pelea había sido demasiado para tu cerebro y ahora me acosabas diariamente. Y ¿Qué con ese último comentario? ¿Crees que una esclava y una novia es lo mismo o qué?

-¿Para ti no lo es?

-Para mí sí. Para ti no- el rubio se encogió los hombros divertido-. Bien señor, usted manda- Helga se sentó en la cama y miró a los ojos a Arnold.

Después de unos segundos sus rostros estaban tan cerca que sentían sus propios alientos, nerviosos. Sus labios estaban casi juntos, a unos centímetros de distancia cuando Helga frunció el ceño y habló:

-¡Si siempre antes de besarme vas a esperar a que se escriba otra biblia tenemos mucho de qué hablar tú y yo!- dicho esto, besó a Arnold en un arrebato. Uno muy dulce, por cierto.

Él se impresionó realmente y solo abrió mucho los ojos. Sin embargo, después de unos segundos sonrió y volvió a cerrarlos. Disfruto el beso, ambos lo hicieron. Ella tomaba su rostro entre sus blancas y frías manos. Arnold disfrutaba de eso mientras posaba sus manos en la delgada cintura de la rubia. Sentían que ese momento no debía de acabar. La mente del chico volaba. Si era cierto que todos sus besos habían sido con la misma chica nunca se sentó a reflexionar lo pequeños que podían ser esos labios rosados. Ni que ella temblaba ligeramente cuando él abría suavemente su boca. No recordaba el aroma de la rubia en su nariz ni como ella parecía que amenazaba con desmayarse cada que se besaban.

Lo más ridículamente curioso era el sabor que dejaba. Ese sabor natural a… Fresas. Y él sabía que ella era peligrosamente alérgica a ellas. Entonces entendió las metáforas que su cerebro le tiraba sin detenerse. Aunque ella jamás conocería ese acido sabor, no había cosa que la explicara mejor. Esa auto toxicidad volvía loco al hombre.

Helga se separó dos milímetros de sus labios, apoyando su frente con la de él. Sonreía como nunca lo había hecho.

-Feliz Navidad…

-Feliz navidad, Helga- correspondió antes de volver a besarla.

En la cabeza de ambos había un solo pensamiento, con diferentes palabras, pero el mismo sentimiento.

Hoy es un día terriblemente especial. Estamos juntos, al fin, de una tercera y eterna manera irreal. Lo sabemos, esto no es más que el inicio de una gran pelea, una ardua batalla para estar juntos… Pero si el primer día nos enfrentamos a una asesina sedienta de venganza… ¿Qué podría ser obstáculo para nosotros?

¡TERMINÉ! Ojala y les haya gustado. Lo termine lo más romántico que pude, lo más hermoso, bonito y graciosamente posible. Así que dejen de tirarme piedras ¿Quieren? Bien, si tienen dudas déjenme Reviews, contesto todos.

Y en efecto, Lila fue a la cárcel por intento de asesinato ¡les dije que no era bonito para ella! Pero eh, que falta el epílogo ;)

Su autora: Adry Pataki, o Anna Cliché. Doi!

Terminado el 17 de diciembre del 2010 a las 09:44 p.m.

Terminado de editar el 22 de junio de 2015 a las 05:48 p.m.