Uff, juro que no estoy muerta, sólo ahogada por los trabajos y las prácticas de la universidad. Sinceramente no recuerdo cuándo fue la última vez que actualice, pero por las dudas pido disculpas… x-x juro que no lo hago adrede.
Este es otra actualización cortita, centrada esta vez en la vida "presente" de Ren… es decir, poco rato después de ver a Horo en la estación de trenes.
Espero que en mis vacaciones, que vendrán en una semana, pueda sentarme a escribir un poco más… si el tiempo así lo quiere.
Gracias por leer y por soportar la demora.
Y quién te dijo que ya no te extraño,
y quién te dijo que ya estoy mejor.
Me voy en estampida con la vida que me lleva no quiero despertarme a la mañana
y encontrarme solo
Alejandro Lerner - Quién te dijo.
-Séptimo Capítulo.-
-Secretos.-
Silencio, frío, tajante. Incapaz de pronunciar palabra alguna, retrocedí torciendo el ceño. Atrás quedó la puerta abierta, invitándolo a salir, dejando que entre aire a esa lujosa prisión que tan a gusto escondía mis tristezas. Mes a mes, día tras días, prisionero en una condena autoimpuesta, escondiéndome del todo y de la nada.
– ¿Cómo entraste?– pregunté seco, aún saboreando los labios de Horokeu sobre mi boca.
Curvando una sonrisa de ínfimo odio, Hao rió por lo bajo.
–Secreto. – su voz convertida en un susurro abofeteó mis sentidos. –Mucho tiempo sin vernos, Len. –
Negar algo cierto era estúpido, aceptar el paso del tiempo divertido. Fulminándolo con la mirada, dibujé una media sonrisa.
–Hubiera deseado que pase más. – dije dejando que mi pesado abrigo descansara sobre el suelo. – ¿Te importaría? Algunos estamos ocupados. –
Hao volvió a sonreír, el cabello despeinado le desfiguró el rostro.
–Mejor que tu cuerpo es ese desagradable humor que tanto me gusta. – apoyando la espalda contra el muro, se dejó caer hasta que el piso besó sus ropas. –Puedes hacer todo lo que quieras, a mi no me importa. –
Furioso apreté los dientes, el viento invernal sopló con fuerza, momentos olvidados latieron en mi garganta. Risas estúpidas, llanto ahogado, roces bruscos bajo las sábanas, mentiras, engaños, secretos y aquel hielo azul que logró interponerse en nuestro morboso juego de dos susurrándome caricias al oído. Tres años sin vernos, tres años sin tocarnos. Huyendo de las huellas imborrables asentadas en mi memoria, escapé aquella tarde otoñal, listo para ser un desconocido más vagabundeando por las inmensas calles de Tokio.
–Es una pena que a mí sí me importe. – dije entre dientes. –Quiero que te vayas, ahora. –remarcando esas últimas palabras, pasé a su lado cargado de indiferencia.
Entornó los ojos, con actitud desafiante.
–Adoro cuando dejas de auto controlarte, es tan… divertido. – con sus manos recorriéndome las piernas, me jalo hasta hacerme caer sobre su cuerpo. –Hay cosas que no cambian, ¿verdad Len?– burló tocándome la cabeza.
Piel contra piel, ojos enfrentados. Hundidos en una batalla visual, dejamos que nuestras respiraciones se mezclaran.
–¡Suéltame, insecto! –grité bloqueando los viejos recuerdos. –¿¡No entiendes que no quiero verte más!–
Roces bruscos, pelea de manos, su cuerpo sobre el mío a la espera de una oportuna reacción. Serpenteando bajo el peso de Hao arrugué la nariz, el olor a la colonia del otro me mareaba.
–¿Entiendes que a mí no me importa?– dijo y su largo cabello castaño, cayó como una tela sobre mi rostro.
Un quejido molesto se escapó de mis labios, las paredes grises giraron a nuestro alrededor, el departamento clamó mi nombre. Siempre odié ese lugar, blanco y superficial, por eso deposité en cada rincón un retazo de mi anterior existencia intentando así juntar las fuerzas suficientes para armar mis valijas e irme. Irme en su búsqueda. Pero las fuerzas ya me habían abandonado y con el pasar de los meses, esta casa se convirtió en mi único cable a tierra. El departamento era, de pronto, una línea que subdividía mi cerebro cogiendo cada experiencia, aspirando todo lo malo.
–¡Hao, maldita sea, suéltame! – gruñí forcejeando. –¡Deja de vivir en el pasado, tú y yo no somos nada!–
Tres años sin vernos, tres años sin tocarnos. Robándome un beso brusco, dejó que sus manos delinearan mi cuerpo. Tres años sin poder avanzar.
–¿Y es que acaso alguna vez fuimos algo?– preguntó despeinándome. –¿Alguna vez, Len?–
Nubes negras esperaron una respuesta, momentos pasados violaron al silencio.
–Quizás. – dije aún en el suelo. –Al principio. –
Con la garganta seca y los labios cansados, se tumbó a mi lado, esperando una nueva respuesta.
–Eres imposible. –dije mirando fijo el techo. –¿Quién te dijo dónde vivía? ¿Cómo entraste?–
Por el rabillo del ojo, lo vi ensanchar su sonrisa.
–Secreto. – repitió haciendo tronar sus huesos.
Suspiré vencido, un cigarrillo alargado se balanceó en mi boca. Recostando la cabeza sobre su pecho, solté un insulto.
–Eres peor que un niño pequeño. – advertí escupiendo anillos de humo.
Un ruidillo gracioso escapó de su garganta.
–Tú sigues enganchado a él. – neutral, se levantó de golpe. –Eso es tan infantil.–
Lunas negras buscaron soles dorados, el frío de la ciudad caló mis huesos. Dos seres sin amor enfrentados, dos poderosos intentando no caer. Ser grande en Japón, sólo costaba vida.
–No creo que te importe. – silbé viperino. –Quiero que te vayas, ahora. – enseñándole la salida, giré sobre mis tobillos.
La frialdad fingida, era sólo un arma para encubrir la desesperación de dos viejos amantes.
–Y yo quiero que entiendas. – poniéndose de pie, me abrazó por la cintura. –Que yo soy tu dueño.–
Cerré los ojos, la vida se detuvo por unos minutos, sus labios surcaron mi cuello.
–Muérete. – dije sin apartarlo. –Y pronto.–
Sin preocuparse rió entre dientes.
–Len, Len, Len... – repitió bajito, casi como si le estuviese hablando a un niño pequeño. –te conozco, sé todo de ti, tu vida, tus secretos, tu miedo a despertar un día y… encontrarte sólo.–
Recorrido por un escalofrío interno, forcé una áspera sonrisa. Despertarme sólo, sin calor humano, hundido en el dolor ajeno y morir. Morir sin haber vivido. Morir sin arrepentirme de mi pasado.
–¿Y qué con eso?– con la voz rota y la garganta seca, amoldé mi cuerpo contra el suyo.
Lo imaginé enarcando ambas cejas, lo imaginé torciendo alguna desagradable mueca.
–Quizás te encuentres sólo antes de tiempo. – dijo aburrido.
Todo mohín extraño, toda frialdad en su voz. El amor después del amor ardía, el desamor quemaba corazones.
Con la amenaza aún latiendo en mis oídos, tragué saliva.
–Quizás me mates antes de eso.–
El cuarto enmudeció por algunos segundos, su cabeza descansó en mi hombro.
–Quizás. – dijo apagado. –Ese será, también, un secreto. –
Una noche de sexo casual entre dos que ya no se amaban, las sábanas batidas por una falsa pasión. Con los brazos de Hao rodeándome la cintura y la boca de Horokeu danzando sobre mis labios, ignoré el incesante replicar del teléfono.
¿A quién le importaba? Una mentira tapaba otra, la soledad acechaba fulminante. Con las luces de neón cubriendo nuestras pieles desnudas, cerré los ojos ignorando al pasado.
Un capítulo menos, espero actualizar otro dentro de dos semanas… aunque ya ni planes hago. Gracias, gracias por soportar la espera.
Patrick: Siento, siento mucho la demora xx. Jajaja, Big tiene eso, es una canción que pega y cuyo videoclip es uno de los más drogados que vi XD. *-* Hao sádico me encanta, un hurra por los Haos sádicos XD.
El fic se divide en varios campos de tiempo. Los que llamo "lineales" serían caps. Como los que se sucedes del dos al seis, uno tras otro. Luego se dan saltos del tiempo, igual que el capítulo del epílogo y este. El siguiente capítulo vendría a ser algo así como la "actualidad" de Horo, el Horo ya adulto llegado a la jungla de león ;)
Espero que tus uñas crezcan rápido, gracias por el aguante, C-you!
Sad: Nos leemos, nos leemos XD hay que ver cuándo nos cruzamos y ambas estemos disponibles. Hao simplemente ayuda a Horo… porque forma parte de lo que piensa hacer. Todo lo que es de Ren es suyo… y a la vez, todo lo que es de Hao sigue siendo de Hao XDD.
Gracias pro el aguante linda y por leerme. (L)
