Nuevo capítulo, ¡Feliz nuevo año y feliz cumpleaños Ren! La idea inicial era hacer una serie de Drabbles con mis parejas favoritas... pero el peso de las fiestas pudo más y sólo alcancé a actualizar. Muchas gracias a todos los que siguen la historia y soportan, pacientemente, mis tardías actualizaciones.


You're the piece of gold the flushes all my soul.
Extra time, on the ground.
You're my playground love.

Playground Love - Air


-Noveno Capítulo.-

-Soñador.-

Estrellas negras sonrieron, gemidos apagados lucharon por salir, manos ásperas tocaron mi piel fría. Excitado, confundido, dejé que mi lengua lo recorriera. Nuestras bocas se encontraron furiosas, cabellos celestes me acariciaron. Nos separamos temblorosos, la birome se escapó hacia algún lugar del suelo. Él tragó saliva, un atisbo de duda se enmarcó en su rostro.

― Eso fue… ― palabras gozosas se escaparon de mi boca, la calidez de sus labios me inundó. ―…raro. ― completé ocultando una pronta alegría.

Desconociéndome a mí mismo, me moví incómodo. Los ojos de Horokeu jugaron a ignorarme.

―Tengo que irme― dijo en un suspiro. ― no debió pasar. ―

Molesto, arqueé una ceja.

―Al parecer eres más idiota de lo que aparentas. ― dije ignorando el ya acostumbrado amargo dolor de mi corazón. ―Claro que no debió ocurrir, pero ocurrió y si tu poco seso te permitiera…―

La puerta se abrió de golpe interrumpiéndonos y el frío cansino de una relación sin sentido me abofeteó. Sobresaltado, empujé a Horokeu. Mis labios ardían y sabían a primavera. Hao entró gruñendo, los segundos se hicieron eternos. Acomodándome en la silla solté un bufido, las mejillas del Ainu se tiñeron de escarlata. Todo pasó demasiado rápido, todo pasó demasiado lento. Asakura caminó hacia su cama y se dejó caer, un gemido gutural escapó de sus labios. Mi respiración entrecortada violó al silencio, Horo-Horo se paró y salió del cuarto. Su boca tibia aún lucía apetecible.

―¿Qué no debió ocurrir? ― preguntó de golpe, jugando con su larga melena.

Contuve el aliento, un insecto golpeteó la ventana. Dibujando una sonrisa fría hice tronar mis huesos.

―No es algo que te importe. ― contesté rodeado por una falsa frialdad. ―¿Y qué ocurrió?– pregunté ignorando a los fantasmas que me acosaban.

Hao suspiró, por un instante pude ver su alma.

―Nada.– contestó seco y sus ojos negros se clavaron como puñales sobre mi cuerpo.

Nada, mucho, poco, mentiras oportunas para aquellas vidas vacías. Envuelto en una relación sin sentido, crucé mis brazos.

―Como prefieras.– solté aburrido.

Él se encogió de hombros, una mano traviesa me invitó a acompañarlo.

―Hablemos.– cabellos castaños acariciaron las sábanas, inseguridades propias latieron en mi garganta. ―¿Qué le pasa al señorito?– burló mostrándome los dientes.

Desganado, crispé el rostro.

―Veo que te aburres con facilidad.– me puse de pie molesto, momentos salvajes nos quemaron. ―Puedes hacerlo sólo, me largo.–

Necesidad tras necesidad, frialdad y odio. ¿Dónde habían quedado los viejos amantes que antes mezclaban sus pieles durante las oscuras noches? El pasado de había ido, los recuerdos aún se amotinaban en mi cerebro.

―Como quieras, entonces puedes ir y desearle felicidad a Horokeu.– chasqueó su lengua viperino, instantes aterradores pasaron entre nosotros.

Detenido en el tiempo solté un insulto, el sabor del Ainu seguía en mi boca.

―¿Y de qué hablas ahora?– mugí cansado. ―Hao, si esta es otra de tus bromitas sobre el idiota de Horo-Horo…― comencé disgustado.

Deteniéndome en seco, comprobé mi error. Anna tenía razón, incluso de forma negativa le prestaba demasiada atención. Si las manos me temblaban y mi cuerpo ardía por dentro, era porque un trozo de oro calmaba cada pena.

―Oh, pero esta no es otra bromita… se trata de la pura verdad, Len. ―

El invierno inoportuno, la desilusión conocida, placeres inexistentes derrumbando a nuestro pequeño mundo de dos. Con las manos en los bolsillos y una mueca huraña, miré por la ventana desnuda. La noche, de golpe, era demasiado azul.

―Todos dicen que el indiecito se le va a declarar a Tamamura.– luz de luna acariciando sus rasgos, voces alegres cantaron victoria. ―Supongo que ambos se complementan… ¿y tú?–

Risas apagadas, música extraña, pedazos de corazón estallando a lo lejos. Ya no me sentía alto, ya no era poderoso. Con un agudo dolor en el pecho y el alma cargada de rencor, decidí enterrarlo todo aquello que Usui ignoraba, todo lo que muy en mi interior me imaginaba.

―Supongo.– dije decidido a dañarlo, a matarlo, a desencarnarlo en vida. ―Supongo, también, que eso podría ser un rumor.–

Taciturno, volví a construir aquella arrogancia que tanto me caracterizaba.

―¿Y qué otro rumor quieres?. ― preguntó indiferente. ―¿Tú y yo, juntos, de nuevo?–

Suavemente lamí mis propios labios, un hormigueo agradable me sorprendió. Incomprendido, solo, acostumbrado a las tinieblas.

―Quizás.– contesté serio, ignorando cualquier grato recuerdo. ―Quizás sea lo mejor.– agregué luego de un rato.

La suave respiración de Horokeu chocando contra mi piel, roces inesperados, su cara estúpida, palabras agrias saliendo de nuestras bocas… todo en él me dañaba, todo me hacía daño. Yo también podía dañar, incluso matar si me lo proponía, porque el amor no es más que una palabra. Apretando los puños curvé una falsa sonrisa, había elegido un mal momento para soñar despierto.


Un nuevo capítulo, nueva actualización. Espero poder subir la próxima rápido. Los reviews de los capítulos anteriores serán contestados durante la noche de hoy y estarán seguramente publicados durante el día de mañana (2/1/2011) en mi blog (link en mi profile)