2. Bienvenido al nuevo mundo, Devlin.

"Tranquila Gwen, no pasa nada, ya sabes lo que tienes que hacer" –Gwen miró hacia abajo y se encontró con el enorme charco de líquido que se había formado bajo sus pies, con mucha dificultad se dirigió hacia el salón para poder coger el teléfono y llamar a Kevin. Era un mal día para haberse quedado sola.

Se retorció de dolor cuando notó la primera contracción fuerte, se llevó una mano al vientre apretando los dientes y cerrando los ojos, el tono de espera de la línea le estaba matando.

-Sí? –Contestaron finalmente al otro lado, una voz terriblemente familiar pero que no era la de su marido.

-¿Ben? –Preguntó en un hilo de voz mientras volvía a arquear el cuerpo hacía adelante -¿Dónde está Kevin?

-No está, se ha ido a comprar una pieza que le hacía falta a mi coche y se ha dejado el teléfono aquí ¿Necesitas algo? ¿Estás bien? –Preguntó preocupado –

-En realidad –Empezó con un susurro antes de soltar un grito de dolor –¡Creo que estoy de parto! –Cada vez estaba más asustada, las contracciones eran cada vez más fuertes y seguidas.

-¡No te preocupes! –Exclamó el al otro lado – ¡Voy para allá ahora mismo! –Después la línea se cortó.

Gwen se quedó sentada en la silla del comedor sin poder moverse, estaba aterrorizada, jamás había sentido un dolor como aquel, mucho peor que cualquier herida de cualquier combate "No eres muy oportuno cariño…" –Susurró acariciando su abultado vientre mientras resoplaba con fuerza.

Por primera vez en su vida, Ben Tennyson llegó rápidamente a la llamada de auxilio de su prima, a la cual ayudó a meterse en el coche.

No sabía cuantos semáforos se había saltado, ni cuantas señales de tráfico había ignorado, incluso podía ser posible que la policia estuviera tras él, pero eso a Kevin Levin ahora le importaba bien poco. Lo único que deseaba en ese momento era poder ver a su mujer y a su hijo nacer.

Había sido un idiota, sabía que no tendría que haber ido a trabajar en toda la semana por lo que podría, y de hecho ya había, pasado, pero ella le había obligado alegando que no tenía que depender de nadie, que era una embarazada y no una inválida y que si se encontraba mal le llamaría.

¡Y para una vez que había tenido un problema no había sido capaz de localizarle!

Aparcó en el parking subterráneo y corrió como nunca hacia la recepción en donde le esperaba Julie, no tardó demasiado en encontrarla, estaba apoyada en la pared con los brazos cruzados, cuando ésta le vio frunció el ceño, el moreno se excusó de mil maneras pero ésta solo murmuró "Eres un desastre Kevin" mientras lo conducía hasta el gran pasillo.

Encontró a Ben hablando con una enfermera, y cuando se percató de la presencia de Kevin sonrió, la enfermera miró al mayor arqueando una ceja. "¿Es usted el marido de la señora Gwendolyn Levin?" El asintió y en cuestión de segundos ya le había sido colocada una espécie de bata verde. "Su mujer está muy nerviosa y asustada, igual si le ve a usted se calme un poco"-Kevin tragó saliva cuando empezó a escuchar los gritos desgarradores de Gwen y sintió un escalofrío al pensar cuanto estaría sufriendo, finalmente llegó a la gran sala llena de aparatos y médicos.

Una comadrona sostenía la mano de la pelirroja mientras que con la otra le acariciaba el pelo dulcemente, no dejaba de soplar con fuerza y de vez en cuando se retorcía. Abrió los ojos cuando escuchó la voz de Kevin y frunció el ceño levemente.

-Eres un desastre –Murmuró con un quejido –¡Siempre tienes que llegar tarde! –Seguidamente empezó a llorar –Estoy muy asustada Kevin, tengo miedo…

-Todo va a salir bien… -Murmuró agarrando su mano para besarla – Hemos salido de cosas peores, además tu eres muy fuerte –La aludida asintió levemente antes de volver a gritar.

Le desgarraba el alma verla así, postrada en esa camilla, pálida y sudorosa, le dedicó una breve mirada al médico que la estaba atendiendo, éste también lo miró a el y pudo intuir una sonrisa bajo su mascarilla, después volvió a concentrarse en su trabajo y Kevin en el suyo, darle ánimos a su mujer.

Una hora más tarde padre, madre e hijo ya se encontraban en una de las habitaciones de planta, Kevin se sentó en el borde de la cama para ayudar a su mujer a incorporarse un poco poniendo un cojín tras su espalda.

-Te has portado como una campeona – Susurró antes de besarla –Estoy orgulloso de ti

-Gracias… -Susurró con voz un tanto débil antes de entrelazar una de sus manos con las de él – Estoy cansada – Confesó cerrando los ojos.

-Es normal –Respondió él acariciando su rostro –Has hecho un esfuerzo enorme.

-No me sentía así desde… -Pero fue interrumpida por el llanto de un bebé, una enfermera entró con el niño entre sus brazos y se lo entregó a Gwen "Tiene hambre y ganas de estar con sus padres" –Dijo con voz dulce y se marchó cerrando la puerta.

Gwen cogió a su hijo ansiosa e inclinó su rostro para rozar su nariz con la dulce carita del recién nacido.

- Bienvenido al exterior – Susurró dándole un dulce beso, el niño se removió un poco, Gwen alzó la mirada para encontrarse con la de su marido que los miraba con una tierna sonrisa. -¿Quieres cogerlo? –Preguntó, éste asintió y con cuidado, como si fuese de cristal, lo sostuvo entre sus brazos.

-Es tan pequeño… -Susurró mientras lo miraba embobado – Es precioso…

-Creo que se va a parecer a ti –Reconoció la pelirroja mientras suspiraba y, justo cuando iba a cerrar los ojos otros leves toquecitos se escucharon.

Ben y Julie entraron a la habitación y enseguida se apresuraron a abrazar a la parturienta, que los recibió con una cálida sonrisa.

-Mira –Julie le tendió una caja de bombones –¡El mejor chocolate para nuestra campeona! Gwen rió y los tomó entre sus manos, pero ni siquiera tenia fuerzas para abrir el plástico –Trae, yo te ayudo – La oriental cogió la cajita de nuevo y sacó el plástico.

-Gwen… -Esta vez fue su primo el que se sentó en el borde de la cama tendiéndole un gran ramo de rosas amarillas –Felicidades primita –Dijo con voz afable mientras le abrazaba, esta se quejó y se apartó un poco.

-Perdona aún estoy convaleciente… -Reconoció con una tímida sonrisa.

-Eso Tennyson, cuidado –Kevin se sentó en el otro lado y Ben lo miró asombrado.

-¿Es el bebé? –Preguntó emocionado - ¡¿Puedo verlo? –El moreno puso los ojos en blanco.

-Claro, es que tu nunca has tenido ninguno, ¿Verdad? –Sonrió sarcástico refiriendose a la hija que Julie y el tenían, Ben ignoró el comentario y se acercó para observarlo.

-Ya me has oído, ten cuidado –Murmuró al ver que Ben se acercaba demasiado –No quiero que se asuste si te ve –Ben frunció el ceño.

-Vamos chicos, no empecéis –Suspiró Gwen echándose hacia atrás –Y dejadme dormir un poco.

-Creo que eso va a ser imposible –Murmuró Ben – He llamado a la familia y creo que vienen de camino –Gwen gimió mientras se cubría con las sábanas.