Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo, es solo por entretenimiento.
Notas importantes:
• Es un universo completamente alterno.
• Transcurre en un periodo de tiempo literalmente corto.
• Está ambientada en la Era Edo, en el Shogunato de Tokugawa.
• Principal escenario: Edo (el nombre que recibió Tokio antes de la restauración Meiji en 1868). Algunas menciones de Kioto.
yoxxa: Hola! si efectvamente los nombres de las 'amigas' de Rukia nada que ver con Bleach. Pero ya conforme a la epoca habrá más cosillas por ahí ;) gracias por leerme y por comentar. Saludos!
Agradecimientos a: Sakura-Jeka, Ghost iv, yui makino, Tenshi kuchika chan, chofisima, Shirayuki and Zangetsu, Violet strawberry, kaoru240, alessandra08, Wuakayaka, yoxxa y a todos las personas que se han pasado a leer y/ comentar este fic.
Por cierto Ghost iv, te dejo el link del que te hablé http:*/*/*www.*japanese-*helmets.*com*/ed*o_*samurai*/*edo*_*samurai*_*photos*.htm*l (quita los *)
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~ * La Fuerza del Destino *~
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"Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino"
(Charles Reade)
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Capítulo II
"Buena Acción"
Acababa de venir de la zona comercial y de negocios del pueblo, se había levantado precisamente para ir hasta la oficina de servicio postal, ya que estar temprano le evitaría hacer fila, había enviado una carta a su familia que aún se encontraba en Kyoto, por desgracia cuando le trasladaron no pudo traérselos consigo, estaba fuera de sus posibilidades económicas y su padre tenía un trabajo fijo allá, a la par que sus hermanas estudiaban, no podía irrumpir sus actividades por gusto así que sólo se conformaba con escribirles, para estar en contacto y estar tranquilo al saber que se encuentran bien.
Continuó con su camino hacia el cuartel, por aquellos largos y anchos senderos de piedra caliza que ahora estaba cubiertos de nieve, el clima no era muy acogedor en ese día pero no podía hacer nada, ya vería donde conseguir alguna otra prenda para taparse del frío.
Sin premura siguió caminando, estaba en su costumbre llegar temprano ya que de cierta forma le hacía lograr méritos y quizá un bono extra por puntualidad, para la falta que le hacía.
Con total calma llegó hasta el puente bajo el cual estaba un lago cristalino y que conectaba la vereda de tránsito común con el antepatio de los cuarteles.
Sin embargo tras él corría desesperada una menuda mujer ataviada de pies a cabeza de manera elegante con colorido, lujoso y bello kimono que como accesorio extra traía unas pieles exclusivas para el frío, sus zapatos de madera se hundía un poco entre la nieve sin embargo no era impedimento para llegar a su destino.
Siguió corriendo lo más que pudo, pasando por el puente, llevando entre sus manos un envoltorio de tela cuadrangular donde cargaba algo que a nivel personal le era de suma importancia entregar.
— ¡Quítate de mi camino! — Gritó la menuda chica al ver al transeúnte ojimiel estorbarle el paso.
Ichigo frunció el ceño al oírla, sin detenerse giró un poco la cabeza para buscar a la persona que le había gritado, pero al momento de hacerlo ella pasó con cierta premura a su costado sin darle oportunidad de ver su rostro, simplemente la siguió con la mirada.
Ella continuó corriendo sin embargo en la parte final del dichoso puente su calzado de madera se atoró y cayó al frío suelo cubierto de nieve, quedando tirada y con parte del contenido de su envoltorio esparcido.
El pelinaranja apresuró el paso hasta llegar a donde ella, inclinándose un poco para ayudarla a levantarse; tomó el brazo de la chica y lo pasó por su cuello para después tomarla de la cintura y ayudarla a incorporarse.
— ¡Hey que hace! — Se quejó la morena al notar a ese sujeto bastante confianzudo al momento de tomarla, así que giró el rostro para verlo y ¡oh sorpresa! Se trataba de ese idiota maleducado cabeza de zanahoria.
— ¡Usted, quíteme las manos de encima animal! — Rukia trató de zafarse de su agarre, mientras Ichigo al reconocerla se quedó estupefacto, era ella otra vez, la maldita altanera y prepotente mujer de los Kuchiki.
—Sólo intentaba ayudarla— Fue su respuesta soltándola al notar los esfuerzos de ella por alejarlo, todavía que se tomaba la molestia de auxiliarla, cualquier otra mujer se lo había agradecido antes de echárselo en cara.
—No necesito ayuda y mucho menos si proviene de alguien como usted— Le espetó limpiando sus ropajes de la nieve y recriminándolo con el dedo índice. Para suerte la suya, justo cuando pensó que el altercado de ayer no había pasado a más y ahora estaba gritándole en pleno antepatio de los cuarteles.
El pelinaranja resopló, con esa mujer era imposible hablar civilizadamente.
— ¿Y se puede saber que hace aquí? — Le inquirió el muchacho arqueando una ceja, se suponía que era un sitio restringido para algunas personas y aunque ella fuera aristócrata no estaba en la lista de la gente autorizada.
—No tengo por que darle explicaciones— Puntualizó también enarcando su ceja y sonando retadora, ¿quién era él para hacerle ese tipo de preguntas?
—Quizá a mi no, pero si lo que pretende es entrar a los cuarteles le aseguro que los guardias no se lo permitirán. En esta zona no pueden entrar ni mujeres, ni niños y gente ajena a la milicia— Le dejó claro cruzándose de brazos, tratando de dejarle en claro que ese no era su lugar y que ya podía irse retirando.
Mientras él hablaba la ojiazul-violáceo recogía lo poco que quedaba de su obento así como el envoltorio que lo cubría, al terminar y como si no le importara nada, miró al muchacho de refulgente cabellera.
— ¿Y eso qué? —
— ¿Cómo? ¿A caso es sorda? Le dije que…— Realmente le importaba si la ofendía con alguna de sus palabras pero ella parecía no entender la reciente explicación sobre el acceso al área de cuarteles.
— ¡No soy retardada, ya sé a que se refiere pero no me importa! — Se lo dejó en claro alzando a voz, poco le importaba sus advertencias, por favor que no tratara de verle la cara, era una honorable Kuchiki y como tal nada ni nadie se le podía negar.
Emprendió marcha hasta la puerta principal, con total intención de usar sus influencias para tener acceso al área mientras a sus espaldas escuchó el eco de la voz de aquel ojimiel.
—Conste que se lo dije—
Se hizo la desentendida y al llegar se varó frente al par de guardias que custodiaban la entrada.
—Buenos días, soy Kuchiki Rukia y vengo a ver al Teniente Abarai— Les dijo con voz suave, siendo agradable y sonriendo, mostrándose buena persona.
—Lo sentimos mucho Señorita Kuchiki pero no podemos permitirle la entrada— Dijo una de los guardias sin importarle que se trataba de una Kuchiki, las reglas son las reglas y aunque quisiera no podía hacer nada.
—Pero…— Tartajeó al instante, cambiando por completo su tranquila expresión facial a una perturbada, se sentía indignada, que le habían faltado al respeto al negárseles.
Kurosaki miraba la escena a unos cuantos pasos, con una media sonrisa asomándose en su rostro, entre burlón. Estaba seguro de que eso pasaría, lástima por ella, se quedaría con las ganas.
—Lo lamento mucho así que evítese problemas y retírese— Acotó el otro guardia sin abandonar su puesto.
Una incrédula Rukia seguía ahí varada, pero estaba decidida a no irse hasta no verlo, iba a hacer que el levantarse temprano, hacer el obento (1) especialmente para él, faltar a su primera clase con la institutriz, fugarse de casa y caminar un largo trayecto valieran la pena.
—Si no me permiten la entrada les juro que…— Estaba por usar el chantaje y el nombre y puesto de su Nii-sama para tomar ventaja pero el pelinaranja la interrumpió uniéndose a la 'plática'.
—Déjenla pasar, viene conmigo—
Asombrada pasó su vista hacia él, sin dejar de mirarlo.
—Como diga Señor Kurosaki— Dijeron ambos guardias al unísono, sonando respetuosos y sin poner trabas al asunto. En la escala jerárquica de la milicia, el guerrero estaba por encima de los guardias de la edificación, no podían negarse.
—Pero yo…— Rukia fue la que habló, intentando poner inconvenientes a lo que él reciente había dicho.
—Camina— Dijo el ojimiel tomándola de la muñeca y llevándosela consigo al interior del lugar.
Al estar algo alejados de la entrada la morena reaccionó.
— ¡Suélteme! — Alzó la voz zafándose del agarre del mayor, para desviar la mirada y seguir caminando.
Hubo un silencio, uno bastante incómodo que los acompañó por largo y tendido rato hasta que llegaron al área que les interesaba a la cual ingresaron, por los pasillos del lugar era posible ver una gran cantidad de salones donde se encontraban algunos reclutas preparándose para sus entrenamientos, algunos esperaban que se aglomeraran más para dar inicio, otros se encontraba platicando antes de iniciar sus labores para el día pero a cada paso que la morena diera era seguido visualmente por todos los presentes, causando revuelo y murmullos, y es que era extraño verla en el cuartel y no por ser mujer, si no por ser Kuchiki Rukia.
Pero la morena no se inmutaba y ni le tomaba mucha importancia a lo que se dijese de su persona, aunque el hecho de venir al lado del pelinaranja eso resultaba escandaloso para su conciencia. Con total actitud altanera caminaba por los pasillos sin mirar y dirigirle la palabra al sujeto que la había ayudado a accesar al recinto pero al llegar al área central, donde por lo general se reunían los guerreros a comer o pasar el tiempo en horas libres, su actitud cambió, debido a que vio al pelirrojo.
— ¡Renji! — Chilló alzando la voz, sonriendo, llamando la atención de todos los ahí presentes.
El aludido frunció un poco el ceño, esa voz era inconfundible, aunque de hecho le tomó por sorpresa porque esa femenina voz no debía escucharse ahí, así que buscó con la mirada la dueña y le fue sencillo reconocerla ya que era la única que brillaba entre tantas personas.
Se disculpó con los subalternos con los que hablaba y con premura cruzó la estancia para llegar a donde ella.
—Buenos días… que sorpresa— Le dijo al reunirse con la morena, entre apenado y obviamente estupefacto por su presencia inesperada en su área de trabajo.
—Buenos días…— Respondió la morena con una media sonrisa, evidentemente feliz, hundiéndose en el mirar del pelirrojo.
Ichigo era el testigo más indiscreto, miraba con cierta repulsa como esos dos se miraban con tanto ahínco, a su criterio se veían ridículos, parecía que se querían comer la cara.
—Bueno… eh… ¿Cómo entraste? Se supone que…— Renji salió de su trance y quiso saber como es que la morena logró entrar, aunque conociéndola no debió ser de una manera muy amable que digamos.
—Ahh… de hecho fue él quien tan amablemente me ayudó— La ojiazul violáceo giró su rostro y con la mirada señaló al pelinaranja, quien aun estaba varado a unos metros tras de ella.
Renji al instante puso los ojos en el aludido, no era muy bueno para recordar los nombres, sólo sabía que ese muchacho era nuevo en el cuartel y que al parecer era amistad de Ikkaku y compañía.
El pelirrojo asintió con la cabeza y volvió a posar toda su atención en la Kuchiki.
— ¿Y se puede saber a que se debe tu presencia? Si tu hermano te ve nos cargará a ambos con un problema — La cuestionó nuevamente, debía ser algo realmente importante como para llegar ahí y al parecer sin permiso de nadie. Si el hermano de la morena se daba cuenta de su presencia iban a tener grandes problemas, ella por indisciplinado y él por permitírselo.
—Si, lo sé…— Rukia sabía que estaba mal lo que estaba haciendo pero era importante —solo que…— Se detuvo, bajó la mirada, ahora que lo recordaba lo que traía en el envoltorio se había regado la mayor parte en el suelo debido a su caída —te traía el almuerzo pero me caí y…— extendió el envoltorio con cierta pena, un obento casi a medias.
El mayor sonrió, así que era eso…
—Está bien, lo comeré con gusto… gracias— Acarició la cabeza de la menor con la palma de la mano, no importaba, apreciaba mucho ese gesto amable de su parte.
De oírle la morena volvió a levantar la mirada y le sonrió, menos mal, en ese día realmente había valido la pena dejar de lado sus obligaciones para hacer caso a sus convicciones.
El ojimiel se sintió sobrado, ya había visto demasiada 'miel' por el hoy, además de que ni las gracias le dio, así que prefirió ignorarlos y continuar con su camino; uniéndose en instantes a sus compañeros de armas, y a penas llegando fue duramente cuestionado sobre sus acciones.
— ¿En que momento te volviste amigo de Kuchiki? — Le preguntó Ikkaku con ceja en alto, cargando su vara de bambú.
— ¿Es broma? — Le contestó con una misma cuestión, y lo hacía con tanta incredulidad porque nunca había dado razones para establecer esa clase de vínculos con ella, sobre todo después de su altercado.
—No, lo digo en serio— Respondió con tono formal, sin expresar ninguna mueca en su rostro.
—No soy y nunca seré nada de ella, no me agrada— Respondió con la misma seriedad que se le fue cuestionado, aunque no entendía porqué a esas preguntas, ¿a caso eso importaba?
—Menos mal— Ikkaku se alzó de hombros.
El ojimiel miró de nuevo a donde la morena y el pelirrojo, notando en el rostro de ella una expresión agradable y apacible, fue ahí cuando le surgió una duda.
—Oye y… ¿ella siempre es así? — Preguntó Kurosaki y se refería precisamente a la hipocresía de la muchacha, puesto que su trato no era nada amable y su percepción tampoco, si no todo lo contrario y ahora resultaba que hablaba bien de su persona estando frente al pelirrojo, mostrando una actitud dulce.
—A que te refieres…— Para responder eso debía ser más específico, había muchas pero muchas cosas que podía decir respecto a la forma de ser de la guapa morena.
—A lo hipócrita que es— Soltó sin más.
—Ahh eso…— Respondió Iba sin siquiera dudarlo —sí, la mayor parte del tiempo—
—Pero no dejes que te engañe su cara de típica niña bonita, altanera y egoísta... porque ella es mucho más que eso— Complementó Hisagi la información, no lo hacía por acarrearle mala fama, más de la que ya tenía, simplemente era advertir al pelinaranja para que no terminase como muchos: bajo el dominio de ella.
—Fuera de su familia, son contadas las personas con las que es agradable, como Renji— El calvo se las sabía de todas, y no porque fuera chismoso si no que era casi cultura general saberse la historia y los motivos que giraban en torno a la morena, es una especie de celebridad en todo Edo.
— ¿Y eso? — Al pelinaranja no se le pasaba por la cabeza alguna razón en particular, podía ser cualquier cosa.
—Fácil, porque le gusta… bueno de hecho se gustan mutuamente… estoy casi seguro de que pronto se comprometerán— Realmente esos temas era de total cotilleo, Sentaro sabía muy bien de esos asuntos y quería dizque poner el tanto al pelinaranja.
Ichigo se perturbó de oír eso, ¿comprometerse?, vaya que la gente en Edo llevaba las cosas muy aceleradas y la morena se veía muy joven como para dar ese paso.
—Pero que yo sepa, Renji no tiene ni un pelo de aristócrata. El Capitán Kuchiki lo mandará al demonio…— Iba volvió a participar en la plática dando su opinión, basándose en los códigos de conducta y en las misma leyes que regían a la nobleza.
—Naa no creo, es su Teniente. El Capitán Kuchiki le dará privilegios— Afirmó Sentaro bastante confiado, después de todo el pelirrojo era alguien de suma confianza para el Capitán Kuchiki entonces suponía que le daría ciertas consideraciones ladeando casi por completo el hecho de no ser noble.
El pelinaranja no era dado a querer saber ese tipo de cosas, a decir verdad no era algo relevante que considerara tener que saber para adaptarse sin embargo le causaba mucha curiosidad el hecho de que una persona como la morena fuese tan doble cara e incluso hasta pareciese enorgullecerse de serlo.
El resto del día continuó normal, como siempre, cargado de entrenamientos con diversas armas, el llenado de documentos oficiales y el debido descanso que tenía para desestrezarse antes de volver a la faena. Por lo regular sus actividades finalizaban alrededor de las 9:00 de la noche, de ahí podía hacer de su vida lo que le placiera obviamente sin causar problemas. Ya por la noche, el ojimiel caminaba por los amplios pasillos acompañados del calvo, ambos con la total intención de retirarse, sin embargo alguien les retuvo.
—Hey tú, el nuevo. Necesito hablar contigo— Renji se detuvo a pedirle unos minutos de su tiempo.
El aludido se detuvo y giró sobre sus talones, con su ceño fruncido miró al pelirrojo, sin siquiera ponerse a pensar si debía o no ir, se encaminó hasta donde Renji, echando antes una mirada al calvo dándole a decir que 'estaba bien'.
Ikkaku se retiró sin más, y una vez que se quedaron a solas la primera palabra la pronunció el ojimiel.
—No soy 'el nuevo' me llamo Kurosaki Ichigo— Dejó claro, serio, sin quitarle la mirada.
—Escucha, solo quiero darte las gracias en nombre de Rukia— Fueron sus palabras, había notado la dureza con la que el muchacho se le dirigió y no quería pelear, no había motivos para ello.
— ¿Ella te pidió que me dieras las gracias? — Cuestionó, realmente le parecía inapropiado que él tuviese que hacerlo en nombre de ella, ¿a caso no podía hacerlo por sí misma?
—No, es demasiado orgullosa. Pero te lo agradezco y sé que no debo mezclar asuntos del trabajo con los sentimentales pero consideraré tu buena acción como un mérito laboral— Le expuso la situación, sabía que el hecho de ayudar a la morena fue romper una regla de la milicia pero simplemente por tratarse de Rukia, de la persona más importante en su vida, consideraba que debía premiar de alguna manera a Ichigo, obviamente encubriendo la verdad con alguna otra cosa relacionada al trabajo.
—Bien— Lo aceptó, al menos ya le habían agradecido y además como extra ya tenía un mérito, lo cual le serviría en el futuro. Al menos pelear con ella había valido la pena.
—Es todo, puedes retirarte— Fueron las últimas palabras del pelirrojo antes de que Kurosaki se marchara.
A las afueras del recinto, Ikkaku le aguardaba recargado en la pared, cuando le vio salir se dispuso a cuestionar, como era muy su costumbre.
— ¿Te reclamó porqué llegaste al cuartel junto con Kuchiki? —
—No, solo me agradeció que la ayudara entrar— Dijo sin entrar en detalles, avanzando por las senderos con total tranquilidad.
—Por un momento pensé que te había reclamado, como no es común que ella se aparezca con otro fulano que no sea él…— Nuevamente salió a flote ese tema, aunque esta vez había sido sin querer.
— ¿Y porqué? — Enarcó la ceja, era precisamente eso lo que le sonaba extraño, ella siendo una muchacha de buena posición económica y además guapa seguramente debía tener una gran cantidad de pretendientes y lo más probable había de salir con varios de ellos.
—Si no sale con nadie más es porque no quiere, está encaprichada con Renji y no hay quien la haga cambiar de opinión— Explicó con mentiras a medias, desconocía si el pelirrojo era capricho pero por su forma de ser lo asumía.
Ichigo no comentó nada, no tenía nada que decir al respecto. Hubo de nuevo un silencio largo y tendido, siguieron caminando por las calles hasta que una nueva duda asaltó la mente del calvo.
— Si dices que la odias, que no te agrada ¿porqué la ayudaste a entrar? — Ikkaku no lo entendía, ese par había tenido el incidente donde se confrontaron, incluso Ichigo le había dicho que la repudiaba por su manera de ser, ¿entonces? ¿de qué se trataba?
El pelinaranja tardó en responder, sí, era cierto que no le agradaba pero…
—No soy tan mala persona como ella— Fue su respuesta, pudo no ayudarla y dejarla ahí afuera, pero al final fue la bondad y la voluntad fue lo que le guiaron a actuar de esa manera, lo que le parecía mejor, independientemente de lo que ella le haya hecho.
Y lo que empieza con una sencilla ayuda, da pié a otros eventos.
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Glosario:
(1) - Es una ración de comida sencilla preparada para llevar, bastante común en la cocina japonesa.
Otro cap más, aún está algo flojito pero en el 3ro se viene algo mejor ;) por el momento espero les haya gustado, agradezco la lectura y sus comentarios.
Al parecer vendré actualizandolo los lunes (o antes) y además estoy considerando subir otros de mis proyectos en esta semana pero haber como se avanzo jeje.
Gracias de antemano, mando saludos y abrazos a todos!
