Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo, es solo por entretenimiento.
Notas importantes:
• Es un universo completamente alterno.
• Transcurre en un periodo de tiempo literalmente corto.
• Está ambientada en la Era Edo, en el Shogunato de Tokugawa.
• Principal escenario: Edo (el nombre que recibió Tokio antes de la restauración Meiji en 1868). Algunas menciones de Kioto.
Hello!
Disculpe que no responda sus reviews y me haya tardado un día en actualizar, pero al último minuto quise agregarle algo ichiruki.
Alguien preguntó de las edades, bueno Ichigo tiene 26 años, Rukia 19 y Renji 27 hehe sin son algo disparatadas.
Ando con prisa, nos veremos y gracias de antemano!
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~ * La Fuerza del Destino *~
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"A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo"
(Jean de la Fontaine)
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Capítulo V
"Lazos Rotos & Un Nuevo ¿Amor?"
Rukia estaba segura de lo que iba a hacer, ya había tratado por las buenas hacer entender a Minako pero ella al parecer se hacía la sorda ante la situación, así que al menos su persona no había logrado ponerle un alto, alguien si lo haría. Era por eso que después de sus talleres había ido hasta la residencia de la castaña, con la firme intención de comunicárselo a su familia y ellos hiciesen algo.
—Disculpe que haya interferido en sus actividades pero es un asunto importante— Comentó la morena al estar sentada frente a la escribanía del padre de Minako, un hombre serio que ocupaba un puesto en el Gobierno.
—No se preocupe, aunque bien pudo comunicárselo a mi hija y posteriormente ella a mi persona, así se hubiera evitado venir hasta acá— Le informó en primera instancia, lo que menos deseaba era incomodar a la pelinegra y hacerle venir, hubiese sido más sencillo que le hiciera la visita.
—Sí lo sé, pero el asunto que vengo a tratar con usted es precisamente sobre Minako, soy una muy buena amiga y me preocupa mucho— Fue la pequeña introducción que dio, mostrándose algo hipócrita, y sus palabras levantaron el interés del hombre por obvias razones.
— ¿Qué sucede con ella? — Le cuestionó la instante, mostrándose aparentemente preocupado.
—Verá… hay un sinvergüenza que la está trastornando.— Dijo haciendo alusión al pelinaranja —Minako es una muchacha decente y bien criada— acotó haciendo referencia a la buena educación que las personas de su clase recibían.
—Por supuesto, como debe de ser— Añadió el padre muy seguro de sus últimas palabras, pero preocupado por las primeras.
—Pero muy ingenua— Le dijo sin más —Y ese libertino quiere aprovecharse de su inocencia— acotó, acomodando la información como mejor le convenía.
— ¡¿Quién es? — Preguntó el padre de Minako, quería saber el nombre de ese fulano y hacer algo para evitar que las cosas se salieran de control.
—Un oportunista, alguien sin porvenir, sin fortuna que ni siquiera pertenece a nuestra clase— Soltó más palabras donde mostraba que evidentemente era un don nadie.
—Dígame el nombre Señorita Kuchiki— Exigió el padre.
—Kurosaki Ichigo, es un militar. Yo ya hablé con ella pero no me hace caso, así que espero pueda hacer algo— Comentó, con la esperanza de que él como la figura paterna pudiese evitar que le siguiera viendo y con ello poner fin a toda esa riducuez.
—Por supuesto— El hombre padre de Minako estaba seguro de lo que iba a hacer, Kuchiki se había tomado la molestia de ir a verle todo por el bien de Minako, y lo agradecía.
—Solo le pido que no le diga que vine a informarle de esto, me odiaría y no quiero perder su amistad— Rukia quería salir lo menos implicada posible, ya que se evitaría muchos problemas y sobre todo que su reputación se viera manchada, si perdía la disque amistad con Minako realmente era lo que menos le importaba.
—No se preocupe—
—En ese caso, me retiro. Hasta luego— Fueron las últimas palabras de la morena antes de marcharse, confiando en que nada diría y dejando al hombre bastante pensativo.
Ya caía la tarde cuando Minako regresó a casa, después de pasar largo rato con el pelinaranja, a penas cruzó el umbral de lo que era la sala fue recibida por la presencia de su padre que al parecer llevaba horas esperándole.
— ¿Dónde estabas? — Fue la primera pregunta que hizo, suponiendo en su interior que debió estar con el fulano ese.
—Natsumi me invitó a tomar el té en su casa— Fue lo primero que se le ocurrió, sabía que estaba mal mentirle a su familia, sobre todo a su padre, pero no podía arriesgarse a que se enterara de su contacto con Kurosaki.
—Hay algo que tengo que hablar contigo, es muy importante, siéntate— Ordenó, a lo que Minako acató y fue a tomar asiento en uno de los almohadones que servían de asiento.
— Me he enterado que sales a escondidas con un militar ¿es cierto? — Preguntó tajante, serio. Desconocía el tiempo en que su hija salía con ese tipo, pero lo importante era zanjar ese asunto de una vez.
Minako se sorprendió y comenzó a temer… sin embargo ninguna palabra salía de su boca.
—Te hice una pregunta— Siguió hablando el padre de Minako.
—Sssí— Finalmente soltó, no podía mentirle en esas instancias.
— Y por lo que sé no es nadie importante… ¡¿A caso no te das cuenta que manchas el nombre y la reputación de nuestra familia? — Se exaltó un poco más, pareciera que los años de educación dada no servía de nada si ella ponía sus ojos en alguien inferior, en alguien que no valía la pena.
—Si me doy cuenta pero… tú no lo conoces, él es un buen hombre, humilde y…— Quiso excusarse pero la estridente voz de su padre la interrumpió.
— ¡No me importa. Así que entiéndelo de una vez, nunca, jamás, daré mi consentimiento para que mi hija esté al lado de un pelado, un don nadie como ese tal Kurosaki! — Fueron sus duras palabras, realmente tenía que dejárselo claro para que de una vez por todas abandonara esas estúpidas ideas de meter en la familia a alguien de un clase inferior.
— ¡Tienes sólo dos opciones: dejas de ver a ese infeliz o habló con los altos mandos para que lo den de baja y lo manden lejos de Edo! — Añadió el padre de Minako lleno de autoritarismo, opciones que era bastante 'accesibles' de cierta forma, porque incluso podía ser peor.
Minako evidentemente afectada, con un par de lágrimas dispuestas a salirse de sus ojos, sabía que de esas dos opciones ninguna la hacía feliz, no quería dejar de verlo pero tampoco quería que por su desobediencia le quitaran su cargo y con ello todo lo que el pelinaranja tenía para mantener a su familia. No era tan egoísta, no era capaz de hacer eso…
—Está bien, pero al menos déjame hablar con él por última vez y te prometo que jamás volveré a verlo— Con su voz casi quebrada le hizo tal petición, su padre la miraba por encima, tampoco le gustaba verla así, pero todo lo que hacía, lo hacía por su bien, para que en el futuro no sufriera.
—Bien, solo eso— Fueron las últimas palabras de su padre, dándole el permiso de que Minako para que se reuniera con ese tal Kurosaki y después de ahí la tendría bien vigilada, aunada su palabra: jamás volvería a verlo, mucho menos a dirigirle la palabra.
Justo cuando creyó que finalmente las cosas en su vida estaban bien, algo aparecía y arruinaba todo.
Yacía en la Casa de Té a la fuerza, prácticamente obligado a ir, y todo a causa de que sus aparentes amistades adivinaron la identidad de la personas con la que salía, gracias a ello le habían caído infinidad de reproches, todo ello refiriéndose en que ella, siendo una mujer de familia importante, no debía fijarse en alguien como él y tarde o temprano algo pasaría que su permanencia juntos no se diera. La Casa de Té era más que nada en esos momentos el sitio perfecto para discutirlo, sin embargo la doble intención era obvia, que Ichigo se interesara en alguna Geisha, pero esta vez había sido todo lo contrario, una Geisha se había interesado en Kurosaki.
— ¿Porqué está tan pensativo? — Preguntó la joven de cabellos marrones mientras servía un poco de té al pelinaranja.
—Por nada en particular— Fue su escueta respuesta, no era muy abierto a contarle a aparentes desconocidos sobre sus preocupaciones.
— ¿Hay algo que pueda hacer para que se sienta mejor? — Inquirió ella, con total intención de querer ayudarle.
—Sólo quédate callada— Respondió sin más, sonando algo molesto.
Ella ya no dijo nada, simplemente le hizo caso.
— ¡No seas grosero! ¡La Señorita Inoue está siendo amable! — Escuchó que le gritó un ya ebrio Ikkaku, quien desde que llegaron se había puesto a beber sake como si su vida dependiera de ello, cosa que ya había hecho a penas hace 24 horas.
— ¡Qué tu relación con Minako no tenga futuro no te da derecho a que la trates así! — Le acotó el Sentaro ebrio, ventilando innecesariamente sus problemas.
Ichigo rodó los ojos, de los cinco era el único que estaba sobrio, realmente eso no era de mucha ayuda.
—No se preocupe, quizá su relación con esa mujer no tiene futuro porque algo mejor en su vida ha de venir, ya sabe, cosas del destino— Comentó la chica de orquillas en flor, tratando de dar ánimos al ojimiel.
Ichigo no se tomó la molestia de responderle, sus palabras no era de ayuda, simplemente quería que aceptara la realidad. Y era curioso porque el pelinaranja no era una persona que soliera encariñarse tan rápido con las personas, pero con Minako era un asunto diferente, aunque en un principio la cosa era sólo por enfadar a la pelinegra Kuchiki, había bastado un par de días para que sintiera cierto apego a Minako, no podía definir con una sola palabra lo que ella le hacía sentir pero sabía que lo hacía sentir completo.
Sin embargo era conciente de que su situación con ella no podía trascender de ninguna forma, cuestión de clases, nada más. No estaba triste ni nada por el estilo, sólo que iba a ser difícil decirle adiós a la única mujer decente que había conocido en Edo.
Y para tener las cosas un poquito peor, tenía a Inoue Orihime, la Geisha que acababa de conocer, había notado su interés en su persona desde que cruzó el umbral, no la había alejado pero tampoco le había dado el permiso para conocerle, estaba en una situación neutral, simplemente porque a pesar de que su relación con Minako no tenía futuro, no era esa clase de sujetos que ponen sus ojos en varias a pesar de tener a alguien, e Ichigo sólo tenía ojos para Minako y para nadie más.
Al día siguiente Minako fue directamente hasta el cuartel a buscarlo, con dificultad logró que le dieran el acceso, y fue hasta el pelinaranja con la firme intención de hablar con él sobre la situación y con ello cerrar ese ciclo, para después cumplir con su palabra.
El ojimiel se sorprendió de verla, no la esperaba, pero por la expresión que ella traía en el rostro, algo le decía que las cosas no estaban bien.
— ¿Sucede algo? — Fue lo primero que le preguntó, dejando de lado todas las cosas que en ese momento lo ocupaban para enfocarse en ella, sin importar que terceras personas le miraran.
—Mi familia se ha dado cuenta— Dijo haciendo referencia al hecho de que salían juntos, sin dar más detalles.
—Lo siento— Fue lo único que atinó a decir, lamentaba que su tiempo juntos haya llegado a oídos de su familia y ya se imaginaba por lo que ella tuvo que pasar, lo más probable es que le pidieran que olvidara todo.
Minako respiró profundo antes de tomar valor, levanto la mirada, fijó sus ojos en Kurosaki y sin meditarlo tomó su mano.
—A pesar de que fue muy poco tiempo, fue muy bonito… Me dio mucho gusto a haberte conocido— Acotó sonriendo lastimosamente, para después soltar su mano.
—Adiós— Minako terminó su despedida con esa palabra, de ahí en adelante ya no habría más historia a su lado, todo eso estaba zanjado.
Ichigo la vio partir, no tenía más que decirle, a su pesar todo había terminado… Lo único que le quedaba era el roce de su mano y ese sentimiento de abandono, quizá… pudiera ser que… eso del destino sea real, tal y como le dijo esa Geisha anoche, quizá algo mejor estaba por venir…
Caminaba bajo las copas de los nevados árboles, sobre un camino pedregoso, el sol se ocultaba en el horizonte, Rukia había decidido salir a pasear a lo que llamaba su lugar favorito: el parque. Después de un largo día, eso la relajaba bastante.
Sin pretenderlo, sin que fuese planeado, su mundo y con ello su paso se detuvo cuando lo reconoció, esta vez había sido por coincidencia.
Ichigo al verla se sorprendió, comenzó a pensar que ella quizá le estuviese siguiendo y haciendo de sus encuentros algo a propósito pero por la expresión facial que ella tenía le decía que efectivamente había sido casual, por cosas de la vida.
—Hola— Dijo Ichigo muy quedo, deteniéndose a unos metros frente a ella.
—Hola— Fue la corta respuesta de Rukia.
Hubo un incómodo silencio, realmente el ojimiel no sabía ni porqué había tomado la iniciativa en saludarla cuando ni siquiera se llevaban bien mientras Rukia permanecía imperturbable.
—Minako me contó lo sucedido… lo lamento— Rukia rompió l silencio, refriéndose al hecho de los lazos que tenía con cierto pelinaranja ya estaban zanjados, esto porque la misma Minako durante uno de los talleres le había platicado lo sucedido y con ello la decisión que se vio obligada a tomar.
En los labios del ojimiel se surcó una sonrisa incrédula.
—Mentiras, usted no lamenta nada, no diga cosas que en verdad no siente— Le dijo estando seguro, ya la iba conociendo y se daba cuenta de que ella sólo había dicho eso nada más por decirlo, por evitar un silencio.
—Tienes razón. Pero fue lo mejor para los dos ¿no cree? — Buscó provocarlo, aunque pensándolo fríamente y acorde a los dictámenes sociales si había sido lo más sensato que terminara antes de que fuera muy tarde.
— ¿Según quienes? — Le preguntó, eso podía decir ella, que desde el principio se mostró en contra pero no podía generalizar.
—Según todos… la sociedad, su propia familia… No tiene idea de las cosas horribles que decían de la pobre Minako, yo sólo me preocupaba de su bienestar porque soy una buena amiga— Fueron sus palabras cargadas de verdades a medias, si era cierto que durante el tiempo que Minako estuvo saliendo con el pelinaranja toda su persona fue escucha de rumores y malas opiniones que tenía terceras personas respecto a ello, mentira era que no la consideraba su amiga.
— ¿Amiga? No diga mentiras porque hace tiempo usted me dijo lo que opinaba de ella — Ichigo todavía recordaba la forma en que la pelinegra se refirió a Minako, llamándola "patética", definitivamente ella no era su amiga.
— Lo que sea… ahora que su relación ha terminado puedo preguntar ¿Por qué? — Rukia tenía una gran duda, quería saber las verdaderas razones que guiaron a ese pelopincho a preferir a Minako, porque las razones de que le parecía bonita y todo lo demás no le parecían congruentes.
— Porqué qué cosa—
— ¿Por qué eligió salir con ella en vez de salir con alguien más? — Finalmente le soltó la cuestión y es que había mujeres mucho más guapas y encantadoras que Minako, ¿Por qué irse al nivel más bajo cuando podía ir por algo de la cúspide?
— ¿Alguien más? ¿Cómo quién? — Para el ojimiel dependía de la persona, en especial de su manera de ser, el exterior pasaba a segundo plano.
—No lo sé… como…— Rukia tuvo esos deseos de auto mencionarse pero sentía que sería darle el poder a Kurosaki para humillarla y no podía permitírselo.
— ¿Cómo usted? — Cuestionó posando sus amielados ojos en ella, adivinando sus pensamientos y cundo notó en los ojuelos de la morena el 'sí' por respuesta, no pudo evitar reír con sorna.
Rukia le miraba fulminante, llena de odio… nunca antes un hombre se había reído de su persona de esa manera…
—Le haré un pregunta y con ello sabrá porque preferí a Minako— Le comentó un tanto calmado.
— ¿Qué es la felicidad para usted? —
—El dinero y el poder, son las dos cosas que me han dado todo lo que tengo y lo que me hace feliz— Le respondió llena de seguridad, y es que efectivamente el dinero le había dado un hogar, comida, vestido, educación y el poder un status social, eso era suficiente para su persona, para alcanzar la plenitud.
—Ahí lo tiene… — Fue la respuesta de Kurosaki.
—Espere… no entiendo que trata de decirme— La morena no había entendido el mensaje secreto de su respuesta, quería que se lo explicara.
—Mire, usted será la mujer más hermosa que haya visto desde que llegué a Edo, pero su forma de ser deja mucho que desear, alguien que cree que porque tiene dinero y poder puede tratar como se le venga en gana a la gente es de lo más repulsivo…—
Rukia se quedó de piedra, definitivamente ese Kurosaki era un hombre muy diferente, ahora se daba cuenta de que la razón que lo llevó a elegir a Minako fue por su buen corazón… pero su persona también tenía uno.
—No me conoce como soy realmente así que no puede lanzar ese tipo de juicios— Rukia era conciente de que no podía dar ese tipo de opiniones cuando no le conocían lo suficiente, era como divagar.
—En ese caso le digo lo mismo, dice que soy un bueno para nada pero tampoco me conoces…— Le regresó sus palabras de manera inteligente.
Rukia se quedó callada, él la había dejado sin palabras, por primera vez en su vida sentía que flaqueaba, que toda esa fortaleza nacida de su poder estaba siendo desquebrajada por un simple militar de clase media.
Ichigo la miró de reojo y suspiró, esa mujer en verdad era difícil de tratar… Él no era partidario de la forma de pensar de gente como Rukia, pero tampoco era prejuicioso. Así que se acercó un poco más a ella y la sorprendió con una propuesta.
— ¿Le gustaría salir conmigo? —
La ojiazul-violáceo abrió sus ojos de par en par al oírle, sin dar crédito a lo que escuchaba…
—Pero…— Quiso poner mil excusas antes de responderle.
— Pero qué… La estoy invitando a salir… ¿a caso no era eso lo que quería? — Ichigo no comprendía porque a la 'resistencia', ella sin querer había dejado claro que quería salir con él y su persona sólo le daba gusto.
—Sí pero…— Rukia lo admitió, aunque ella se refería a que le hubiese invitado a salir antes de lo sucedido con Minako, no después, no quería ser el plato de segunda mesa.
Y él no le dio tiempo de seguir con su discurso.
—Bien, entonces vámonos—
La tomó por la muñeca y sin que ella se opusiera se la llevó al pueblo.
— ¡Ya llegamos! — Alzó la voz Ichigo al detenerse en un establecimiento, para después girar su cabeza hacia donde se encontraba la morena.
Rukia, que se había cubierto la cabeza con un trozo se seda para evitar que la reconocieran, removió un poco la tela para ver el sitio en sí.
— ¿Y que se supone que es este lugar? — Inquirió desconociendo por completo el lugar donde se encontraban, nunca había ido al pueblo a esas horas.
—Es de juegos de azar, aquí apuesto algunos yenes— Le comentó, ese era uno de los sitios a los que acudía en días libres con el fin de poner dinero en juego y obtener más a cambio.
— ¿Apuestas? No, no, eso está mal… Nii-sama dice que apostar es para vagos— La pelinegra se negó rotundamente, dejando en claro las enseñanzas que traía de familia.
—Disculpe pero no todos tuvimos la fortuna de nacer en una familia rica, así que me veo en la necesidad de apostar para ganar dinero extra y mandarlo a mi familia— Le explicó, al parecer ella estaba olvidando muchos detalles.
—Ahh perdón, se me había olvidado— Se disculpó sin más.
Finalmente decidieron entrar al lugar en mención, Rukia por vez primera veía a todo hombre acumulado, ebrio y gritoneando sin cesar; estaba perturbada y simplemente se encargaba de no separarse por ninguna razón del ojimiel, aunque sonara increíble, de todos esos hombres ahí reunidos era él único en el que podía confiar.
Por toda una hora, Rukia miró al pelinaranja como ganaba y perdía dinero con dos simples lanzamientos de dados, comenzaba a pensar que quizá se iba con nada, con menos o con lo mismo de lo apostado, esos juegos más que 'azar' debían tener alguna trampa.
—Este es mi último tiro, anda, arrójalos por mi— El ojimiel tomó su mano y entregó en su palma el par de dados, quería hacerla participe del juego.
Para Rukia no era gran cosa arrojar un simple par de dados pero que tal si no salía el número que esperaba, seguro que se lo haría pagar.
—Pero que le quede claro que si pierde no será por mi culpa— Pronuncio antes como advertencia.
—Está bien— Acordó el ojimiel.
La morena arrojó el par de dados a la superficie de manera donde yacía otros par de dados, algunos números marcados y el dinero, realmente no sabía que número mostraba el gane o el pierde, simplemente esperaría a las reacciones de los demás.
Seis… el número seis fue el que cayó…
— ¡6 del segundo tiro, sumando 9 del primero son un total de 15! ¡15 es el número ganador, felicidades! — Gritaba un corpulento hombre encargado de dar fe de la victoria y de repartir el dinero.
Mientras unos felicitaban al ojimiel y otros maldecían por su mala suerte, Rukia observaba estupefacta a su alrededor, en verdad que la gente del pueblo era muy ruidosa.
—Hay dinero extra para cenar, vamos— Fueron las palabras de Ichigo al contar los yenes, con la suerte de ella habían ganado mucho así que quiso compensárselo invitándole un rico platillo.
Caminaron un largo rato por las callejuelas del pueblo, hasta que por fin llegaron al pequeño negocio de fideos, para Rukia era la primera vez estando ahí, nunca antes había estado en un sitio de comida del pueblo, sentía fuera de lugar.
El ojimiel le ordenó lo que su persona pedía, tazón de arroz, fideos y zumo de naranja, sin embargo cuando ambos platos se sirvieron en la mesa, el único que parecía querer probar bocado era Kurosaki, ya que la morena no había movido ni un dedo.
— ¿No piensa comer lo que le pedí? — Preguntó a Rukia, quien se sobresaltó y simplemente negó con la cabeza.
— ¿Puedo saber porqué? — Ichigo quiso saber, así que se acercó a la joven para que esta le diera sus razones.
—Desconozco si estos alimentos están preparados higiénicamente, que tal si me enfermo y…— Pero la ojiazul no pudo seguir dando sus razones, ya que Ichigo optó por poner en su boca un trozo de camarón.
—Sólo come, por favor— Acotó mientras Rukia masticaba el trozo de camarón y le miraba con cierto enfado.
El resto de la cena hablaron muy poco, a decir verdad, sólo lo necesario pero no se les podía pedir más, eran personas de dos mundos diferentes y con personalidades opuestas, y a pesar de eso al parecer no la habían pasado tan mal juntos.
Ya en culminación de lo que parecía una cita, optaron por intercambiar opiniones.
— ¿Qué le pareció? — Preguntó Kurosaki refiriéndose a su 'salida'.
—Bien, divertida— Fue la respuesta algo serie de la morena —Gracias por la cena— Le agradeció que la invitara, después de todo la comida no se desperdicia.
—Gracias por la suerte— Ichigo le regresó el gesto, obviamente no pudo haber cena si no fuese por la suerte de esa mujer.
—Me voy, hasta luego— Fueron las palabras de despedida de Rukia hacia el ojimiel, para después dirigirse hacia un carruaje rentado por el mismo Ichigo para que la llevara a su hogar-
El ojimiel vio ese carruaje perderse en la oscuridad, en esa noche ella había mostrado una faceta diferente de sí misma, le había agradado su forma de ser en ese momento… ¿era mucho pedir que fuese así todo el tiempo? Probablemente sí pero mientras tanto, lo mejor que podía enseñarle a esa mujer que tenía todo en la vida, era a ser humilde, a ser una mejor persona.
… … * … …
Hasta aqui nos quedamos, como verán a partir del cap. 6 hay ichiruki al por mayor ;)
Gracias de antemano, mando saludos y abrazos a todos!
