Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo, es solo por entretenimiento.

Notas importantes:

• Es un universo completamente alterno.

• Transcurre en un periodo de tiempo literalmente corto.

• Está ambientada en la Era Edo, en el Shogunato de Tokugawa.

• Principal escenario: Edo (el nombre que recibió Tokio antes de la restauración Meiji en 1868). Algunas menciones de Kioto.


Hola de nuevo ;)

Disculpen por no responder todos los reviews. Nuevamente me veré en la necesidad de cambia día de actualización, de regreso al lunes... ya que regreso a mis actividades normales la próxima semana.

Espero les guste el cap, este de cierta forma tiene alguna importancia. Saludi per tutti!


… … * … …

~ * La Fuerza del Destino *~

… … * … …

Capítulo VII

"La Realidad"

Sus ojos se abrieron poco a poco, con mucha pesadez, sentía su cuerpo cansado, algo mareada, con la garganta seca… aún no amanecía y de lo poco que podía ver era a causa de una vela que se encontraba a unos metros, y por lo que notaba en el lugar algo le parecía muy extraño, no olía ni se parecía a su habitación. Con cuidado rodó su cuerpo hacia el otro costado pero fue ahí cuando se topó con el cuerpo del pelinaranja que dormitaba tumbado en el piso, fue ahí cuando se alarmó.

— ¡Pero qué demonios! —

Fue el gritó que salió de su garganta al ver a su lado a ese pelinaranja, quien ante semejante ruido se despertó instantáneamente, sobresaltado quedó sentado mientras se tallaba los ojos.

Rukia exaltada ya se había levantado de su lecho y buscaba desesperada la colorida capa de su kimono y sus zapatos, sencillamente no entendía que demonios hacía ese sujeto a su lado, lo peor es que ni en su propia casa estaba y por las cosas que le faltaban en su atuendo comenzó a pensar varias cosas, la primera que ese desgraciado le había robado y contando con que dormía a su lado probablemente pensaba aprovecharse de ella, si no es que ya lo había hecho.

—Qué sucede, Rukia— Dijo Ichigo con voz somnolienta — ¿Qué es lo que buscas? — Le preguntó mientras la veía ir de un lado para otro, removiendo lo poco que ahí se encontraba, abriendo cajones y puertas de los muebles ahí presentes.

Ichigo se levantó para ir hacia ella, con la firme intención de saber la razón de ese comportamiento tan alterado, cuando a penas y tocó su hombro, la morena se giró y le aventó un puñetazo directo en la nariz.

— ¡Déjame en paz maldito pervertido! — Acotó con un grito, mientras enojada lo veía retroceder con la manos puestas en la nariz y notando evidentemente un sangrado.

— ¡¿Qué sucede contigo? ¡¿Por qué me has pegado? — Le reprochaba el ojimiel limpiándose la sangre de la nariz con la manga de su hakama.

— ¡¿Qué demonios hiciste con parte de mi kimono y mis zapatos? ¡¿Qué me hiciste, porqué me siento así? — Le preguntaba furiosa, ignorando sus cuestionamiento, refiriéndose sobre sus pertenencias y sobre su cuerpo, porque definitivamente no era normal.

— ¡Tus cosas están por allá y lo otro… fue tu culpa, te dije que no y tu de necia continuaste! — Comenzó a darle parte de su culpa, porque así había sido, le dijo claramente que no bebiera más de un trago de sake y a ella le importó poco, y ahora ahí estaban los estragos de su irresponsabilidad que Rukia le quería enjaretar a como diera lugar.

— ¡¿Qué? No, no… ¿insinúas que fui yo la que empezó todo? Jamás me atrevería a seducirte para que me llevaras a la cama! — Le respondía con fuerza, y por lo que el pelopincho aseveraba, en su persona estaba más que segura que jamás sería capaz de seducir a nadie de una manera descarada solo por sexo, jamás.

Ichigo dejó de comprender el asunto de la discusión, ¿seducción? ¿sexo? Pero ¿Qué no estaban discutiendo sobre su consumo indebido y excesivo de sake?

—No, no, no… aquí hay un malentendido— Habló más bajo, realmente deseaba acomodar las cosas en el lugar que correspondían, no quería problemas.

—No, no… malentendido mis polainas…— Rukia no creyó eso y no pensaba permanecer ahí ni un minuto más, así que rápido fue por lo que le hacía falta y después caminó con dirección a la puerta.

Sin embargo el ojimiel no iba a permitirle irse sin resolver el asunto y mucho menos a esas horas, eran tan sólo las 4 de la madrugada y no sería seguro; además de que había otro inconveniente habitando esa casa.

— ¡¿A dónde crees que vas? — Se apresuró a detenerla, así que con un brazo la tomó por la cintura y con la mano libre tapó su boca, ella dejó caer al suelo su prenda y sus zapatos.

Rukia trataba de hablar, se movía bruscamente para tratar de zafarse de su agarre mientras Ichigo no hacía más que esperar a que se tranquilizara a la par que agudizaba su oído y es que efectivamente no vivía solo, compartía la vivienda con otros 3 militares, quienes ante semejantes gritos y ruidos fue inevitable que no les despertase y con ello no poder evitar ir hasta la puerta de la alcoba del ojimiel.

— ¡Hey Kurosaki, ¿Qué sucede? — Preguntó uno de ellos tras de la puerta.

—Nnnnada, nada— Respondió entre tartamudeos, mientras hacía esfuerzo por mantenerla callada.

— ¿Seguro? Escuchamos unos gritos y…—

—Ssssí todo está bien…— Respondió fuerte, todo estaba literalmente bien —Váyanse por favor— acotó, no quería que intervinieran porque eso causaría mucho revuelo, más del que los gritos de la morena habían ocasionado.

Cuando las pisadas de esos otros tres muchachos se escuchaban lejanas, finalmente la soltó…

— ¿Estás loca? Sí salías ellos se iban a dar cuenta de quien eres, créeme, eso le iba a dar la vuelta a todo Edo y ya te imaginarás el resto…— Quiso hacerla conciente, si cruzaba esa puerta de esa manera tan deliberada esos tres compañero la reconocerían, y eso sería noticia que correría rápidamente por toda la ciudad, llegaría a oído de los Kuchiki, del mismo Renji y arruinaría su reputación y sus relaciones. Aunque Ichigo no saldría tan bien librado de eso, lo más probable es que le quitarían su puesto ya que no tenía permitido meter mujeres en la vivienda que era de uso exclusivo para miembros de la milicia sin hablar de la golpiza que le propinaría Abarai por estar con su mujer.

Rukia lo entendió y dejó su enojo de lado, él tenía razón… y no estaba en condiciones de arruinar su vida de esa manera.

— ¿Qué hacemos entonces? Tengo que volver a casa antes de que amanezca, si no Nii-sama o el abuelo van a matarme— Estaba preocupada y temía, había salido sin permiso porque pensaba que sería capaz de regresar sin que nadie lo sospechara pero todo fue diferente a como lo imaginó… estaba en un grave problema.

Ichigo notó la preocupación de ella y se consternó…

—No te preocupes, te llevaré a casa y todo va a estar bien… pero primero déjame explicarte lo que en verdad sucedió— Le pidió, claro que iba a ayudarla, en primera porque fue su idea que ella se escapara y en segunda porque a causa suya Rukia estaba en su habitación; pero necesitaba arrancarle de la mente esas ideas que tenía respecto a ello.

La morena asintió.

—Tomaste de más, no te podías mantener de pié y decidí traerte aquí— Le dijo en sí lo que sucedió, sin entrar en detalles, sin mencionar el te amo y el beso que le dio.

Y Rukia comprendió, se puso a pensar y buscar en su mente lo último que recordaba de la noche que pasó, encontrándose con que fue a cenar con el ojimiel, el primer trago de sake, su pelea por la botella y… nada más…

—Dios mío— Dijo asombrada, llevándose las manos la cara, tratando de esconder su sonrojo nacido de la pena, se había comportado como una mujer de la calle… que vergüenza…

Por su expresión Ichigo supuso que recordó parte de lo que había hecho, pero sin saber si debía incluir o no ese contacto entre sus labios y las demás palabras.

—Lo siento… no quise… yo…— No sabía como explicarse, por su culpa le había causado muchos problemas y aunado a ello su reacción al despertar —déjame ayudarte con eso— acotó refiriéndose al puñetazo, al menos quería curarle.

Rukia llevó una de sus manos hacia el rostro del ojimiel, palpando a penas su nariz, la cual empezaba hincharse y amoratarse, quería ponerle un ungüento o algo que minimizara el efecto, se había pasado de la raya al lanzarle deliberadamente su puño.

El pelinaranja podía sentir sus tibios dedos, aunque eso no funcionaba de nada pero era agradable… y eso… estaba mal… Tomó la muñeca de la chica y le apartó la mano del rostro sin quitarle mirada.

—Mejor déjalo así— Acotó quedo.

Después de ahí, Ichigo se las arregló para salir de casa sin ser visto por los compañeros, y como lo prometió llevó a la morena hasta su casa. En su trayecto no hablaron mucho, parecía que lo sucedido entre las 12 de la noche y las 4 de la madrugada había alterado un tanto la forma de tratarse, Rukia estaba preocupaba porque no sabía si las cosas saldrían bien llegando a casa e Ichigo todavía pensaba en ese estúpido beso, aunque no había necesidad de hacerlo si era conciente de que no era para él, que todo fue una equivocación originada por la ebriedad de la muchacha.

Todavía no salía el sol cuando llegaron a la parte trasera de su casa, la morena apenada se detuvo para despedirse.

—Gracias por cuidar de mi y acompañarme— Dijo a penas, haciendo una ligera reverencia hacia el muchacho —Y me disculpo por todo lo que te hice pasar, lo que sea que haya hecho— acotó con rubor en sus mejillas.

A Kurosaki eso le sonó a un 'no me acuerdo de nada' y no quiso quedarse con la duda.

— De nada… pero en verdad… ¿no te acuerdas de más? —

—Después de que tomé la botella, eso fue lo último— Dijo segura, y es que lo demás eran cosas vagas, cosas que no sabía si habían sido parte de un sueño o en verdad sucedieron — ¿O hice algo extraño? —

— ¿En verdad quieres saberlo? — Si para ella 'extraño' significaba besarlo y decirle te amo, entonces a eso se refería.

—No, ya pasé demasiados bochornos— Le respondió, aunque la curiosidad le matara no quería saberlo, podría ser tan bueno, como tan malo y ridículo.

—Entonces hasta luego— Fueron las palabras de despedida que ella regresó quedo, para después adentrarse sigilosa a casa.

Se quitó los suecos de madera y caminó con cautela por los pasillos, tratando de hacer el menor ruido, hasta que finalmente llegó a su alcoba y recorrió esa puerta deslizable con delicadeza para después adentrarse.

Suspiró aliviada al verse segura, se despojó de algunas capaz que componía su kimono y las dejó en un pequeño buró, para después ir a tumbarse al futón y cubrirse con las sábanas.

Trataría de dormir tan sólo un poco más antes de que Nii-sama y el abuelo se despertaran y con ello las criadas fueran a buscarle para desayunar.


Ya pasaban de las 4:00 de la tarde e Ichigo yacía en sus labores en el cuartel, a continuar con la rutina diaria, sin embargo había notado que desde hace 2 horas era el blanco de muchas miradas, con cada paso que daba parecía ser un imán a los ojos, incluso había visto a unos cuantos murmurar vaya a saber qué tipo de cosa sobre su persona, y su nariz amoratada no ayudaba mucho, a partir de ello se podían sacar muchas versiones del hecho, pero no le daba importancia a esas nimiedades, no le solía preocupar lo que la gente pensase.

— ¿Ya sabes lo que dicen de ti? — Preguntó Ikkaku al ojimiel, quien se encontraba en el intermedio de los entrenamientos.

—No— Respondió seguro, no sabía y ni le importaba.

—Alguien ha estado diciendo que metiste a una mujer en tu alcoba y que ese enorme golpe en la nariz tiene mucho que ver— Le comentó lo que le había dicho hace una hora, al parecer era un tipo de mensajes en cadena que definitivamente buscaban hacerlo quedar mal, y es que como la vivienda era proporcionada por la milicia no era permitido ese tipo de actos, era una regla.

—Ah— Fue la expresión del muchacho, vaya que los chismes se esparcían con rapidez, aunque realmente no era chisme era una realidad pura pero no pensaba negar ni aceptar nada.

— ¿Y es cierto? — Ikkaku preguntó, no se creía tan sencillo lo que la gente dijese, además de que a Ichigo no lo conocía tanto como saber eso.

Kurosaki estaba seguro que el causante de revuelo era sin lugar a dudas uno de los tres con lo que compartía la casa, aunque no sabía a ciencia cierta quien pero lo más probable es que toda esa 'noticia' iba llegar tarde o temprano a oídos de un alto mando que en cualquier momento le pediría un explicación.

Sin embargo esperaba que ese 'alguien' no supiera que se trataba de Kuchiki Rukia la que estuvo junto con él esa madrugada.

—No tengo porque responderte— Sentenció serio para después incorporarse e ir hacia otro lugar dejando la duda en el aire.


Era domingo por la tarde y había sido invitada a casa de Ise Nanao para tomar el té junto con otras damas importantes, como era tradición se reunieron en el amplio jardín para beber el dichoso brebaje bajo la tutela del toldo.

Todas y cada una, debidamente ataviadas con sus bellos y caros kimonos de seda, sentadas en cómodos almohadones, charlando de todo tipo de banalidades relativas a su posición.

Por fortuna Rukia ya estaba en condiciones, el sábado después de llegar de madrugada de su 'cita' con el ojimiel, se la pasó descansando, aún cuando le despertaron para desayunar no pudo siquiera poner un pié a fuera del futón del sueño que tenía. Su cabeza le punzó por horas, ni hablar del asco que de repente aparecía y de la garganta seca… las criadas pensaron que estaba enferma e hicieron todo en su haber para hacerla sentir mejor aunque Rukia sabía perfectamente cual era la causa pero prefirió dejarlo así.

Por fortuna Nii-sama ni el abuelo al parecer se habían percatado de su escape y tardo regreso a plena madrugada.

— ¿Sabían que el muchacho que pretendió a la Señorita Minako lleva mujeres a su habitación todas las noches? — Preguntó con son gracioso una de las damas, la más cotilla de todas y es que se llegó a enterar por su esposo que era militar y Capitán de una de las Divisiones de semejante noticia.

Las demás damas pusieron cara de susto y no pudieron evitar exclamar cosas de mal gusto.

Rukia al instante supo de quien se trataba, definitivamente como Ichigo había dicho, ese altercado se esparció de manera rápida.

—Vaya sujeto, menos mal que ya no está de detrás de la Señorita Minako, imagínense la vergüenza para su familia y la fama que le estarían dado a esa niña— Comentó indignada otra de las mujeres presentes.

—Si, según escuché la mujer con la que anoche lo pillaron era de estos rumbos— Comentó la mujer lo que había escuchado, sin fijarse si era cierto o falso.

— ¿Una noble? — Asombrada preguntó otra de las presentes.

Rukia de escuchar como poco a poco ataban los cabos sueltos y parecían acercarse a saber de quien se trataba fue poniéndose nerviosa, había pocas familias nobles con mujeres jóvenes como miembros, su persona era una de ellas y no quería salir implicada aún cuando se trataba de su persona.

—No creo que haya sido noble, porque una mujer de nuestra clase jamás se prestaría a ir a casa de un don nadie— Opinó Nanao con seriedad, la idea de que fuese una noble le parecía ridículo —Quizá era una mujer de la calle, una prostituta— acotó para beber un sorbo de su té.

La morena sintió eso como un ataque, indirectamente la habían llamado prostituta y no lo era, claro que no; además no había ido por voluntad propia a casa de Kurosaki… y comenzaba por enfurecerse con esa actitud tan descarada de esas mujeres… podía reaccionar y encararlas pero eso no haría más que levantar sospechas así que mantuvo la calma y siguió bebiendo de su té.


Era domingo por la noche y con esta era la segunda ocasión que decidía salir con su grupo eventual de amistades, ahora se encontraba en cuarto aparte en la Casa de Té y a su servicio estaba la misma Geisha de la otra vez: Inoue Orihime. Estaba algo apenado con ella por lo de la última vez, que no la trató como debía, y aunque no era muy su costumbre, quería disculparse.

—Discúlpame por tratarte de mala gana, pero no estaba de ánimos— Fueron sus palabras, sin añadir más ni menos, haber si ella se acordaba.

La chica de cabellos marrones sonrió leve, le hacía sentir bien que se le dirigiera así.

—Está bien, no debí ser tan insistente— Inoue reconocía que su persona tampoco se comportó debidamente, por querer captar su atención hablaba de lo que fuese y lo forzaba a dar respuestas.

— Entonces… supongo que… ya estamos bien ¿no? — Lo formulo con cierta duda, sabía que las mujeres perdonaban pero no olvidaban y no quería tener problemas, más de los ya habidos, con otra mujer.

—Si— Respondió ella con suavidad.

Hubo un pequeño silencio, era difícil entablar una conversación con alguien a quien a penas conocía, aunque el ojimiel no tenía muchas ganas de hablar… tenía muchas cosas rondando su cabeza, en primer lugar su 'castigo' por romper una de las reglas militares: llevar mujeres a las habitaciones… aceptó haberlo hecho ante el Capitán Ukitake y le pidió su silencio, su castigo fue leve: dos días sin salario… de ahí en fuera tenía aún en la mente ese estúpido beso.

— ¿Qué te pasó en la nariz? — Cuestionó la pelimarrón al ver esa zona del rostro del muchacho amoratada y con varias banditas.

—Ah… sólo un golpe… mientras entrenaba…— Mintió, no tenía caso decir la verdad, solo le causaría más mala fama.

—Debes tener más cuidado— Le dijo la muchacha acompañando su oración con una fraternal sonrisa.

De escucharla y ver su rostro, Ichigo no pudo evitar rememorar a su madre, esa mujer se parecía mucho a ella… tenía ese trato dulce…

—Te molesta si me recuesto en tu…— El muchacho señaló el regazo de la chica de orquillas en flor.

—No— Respondió ella… quedamente, con un ligero rubor en sus mejillas.

Y sin más el muchacho fue a recostar su cuerpo en el futón y acomodar su cabeza en el regazo de Inoue, ella solo se encargó de acariciar su naranja cabellera… como si se tratase de un niño pequeño…

El pelinaranja recordaba que antes de morir, su madre solía hacer eso cuando era niño, acariciar su cabellera mientras él descansaba… esa sensación maternal… de cariño, protección y felicidad que sentía con su madre era la misma que esa mujer le hacía sentir en esos momentos.

En ese mismo instante, en otra parte de Edo, la morena contemplaba el cielo, se daba cuenta de que muchas de las cosas que jamás creyó hacer ya las había hecho desde que veía a Ichigo, y no eran nada desagradables, eran divertidas… Él le enseñaba el mundo desde otra perspectiva… y le hacía entender que había cosas mucho más valiosas que el dinero y el poder.


Habían pasado cinco después desde la última vez que se reunió con el ojimiel. Renji ya había regresado de su viaje a Kioto, y esa noche la había invitado a que juntos fueran a un sitio que tildaba de único; no le había explicado a donde pero confiaba en él y fue así cuando esa noche partieron a una región donde yacía lo más fastuoso de Edo.

La morena se quedó maravillada cuando llegaron al lugar, las calles estaba adornadas de motivos coloridos, repleto de locales de comida, dulces, objetos, juegos de azar, Casa de Té, un sitio donde la belleza y el arte abundaban, había tumultos de gente gozando y merodeando, lucía tal cual los Matsuris.

—Es un barrio Ukiyo (1), dedicado completamente a la diversión— Renji solía frecuentar esos lugares, no sólo él, muchos de sus compañeros de milicia lo hacían y no era más que un modo de distracción.

Rukia nunca había ido a esos barrios, nunca le había interesado pero ahora descubría un mundo nuevo, el mundo flotante del arte.

—Es muy bonito— Le dijo, sin poder dejar de admirar la decoración.

—Sí que lo es, entonces ¿A dónde quiere ir primero? — Le cuestionó, el pelirrojo estaba seguro de la pasaría bien, sería recompensar el tiempo que no estuvo a su lado.

La morena se lo pensó, había tantos lugares que llamaban su atención que no sabía cual elegir, cada sitio tenía actividades coloristas, exuberantes y ostentosas.

—Creo que me gustaría ir a ver los Ukiyo-e (2)— Decidió al final, y es que uno de sus gustos era la pintura y quería admirar el trabajo de los artistas del Ukiyo.

El pelirrojo se encargó de llevarla ahí y a otros sitios como el teatro Kabuki (3), comprarle cuanta cosa que a ella le gustara en los aparadores, iba desde objetos de metales y piedras preciosas hasta cosas tan sencillas como una simple grabado en papel arroz, como siempre cumpliendo cada cosa que ella le pidiera.

Antes de finalizar el recorrido por el barrio la llevó a comer a uno de los locales más caros del Ukiyo.

Comían fideos sentados en taburetes de madera fina, sobre la mesa del mismo material yacían sus tazones y bebidas; estaba tan acostumbrada a la suntuosidad que no notaba la diferencia y ni ajena se sentía, Renji se esforzaba por darle lo mejor aunque su condición económica no fuese la adecuada para darle esos lujos. Si Rukia se ponía a comparar a Renji con Ichigo se daba cuenta que éste último sol hacía lo que estaba a su alcance, no buscaba sorprender con cosas de alto valor, porque la verdadera sorpresa te la llevabas en su trato y sobre todo en que los momentos los hacía divertidos… así como estaba ahora con el pelirrojo no era tan divertido…

Mientras comían Renji solo se encargaba de platicarle sobre asuntos de su viaje, de tópicos relativos a su trabajo que no le importaban porque no los entendía, de su búsqueda por un puesto y un sueldo mejor, sus miradas apenas y se encontraban, Renji parecía ser feliz mirando el tazón mientras comía como desesperado, de lo poco que le cuestionó sobre su ausencia la morena respondía con cosas banales, tampoco podía decirle que salió con Kurosaki, a menos que quisiera que lo matara pero no era así. La ojiazul-violáceo se daba cuenta de que algo faltaba, no sabía qué pero así lo sentía; no estaba esa emoción, esa comunicación, ese sentimiento que creía necesarios para sentirse a gusto de nuevo, como antes.

Era curioso… antes de salir con Kurosaki sentía que su relación con Renji era perfecta, que nada faltaba, que todo estaba bien… y ahora… era diferente… eso la angustiaba, porque si iba a casarse con él debía estar segura de todo lo que eso conllevaba y había un factor del cual no estaba.

Después de la debida cena, caminaron por las calles del barrio que los llevaría a la salida, a su paso miraban lo que había en su entorno y por momentos intercambiaban alguna opinión, sin embargo la morena en el momento preciso pudo ver a varios metros de distancia a ese tozudo pelinaranja… se quedó observándolo con detenimiento… sorprendida… y la pregunta que pasaba por su mente en esos momentos era: ¿Quién era esa mujer con la que iba caminando de la mano?

Le parecía una mujer linda pero… no sabía porqué no le agradaba verlo con ella… le molestaba demasiado… pero era conciente que no podía hacerlo evidente… era riesgoso.

El pelirrojo notó la distracción de su novia en un punto en especial, al fijar su mirada se encontró con la lejana presencia de Kurosaki, pero pensó que Rukia reaccionaba así porque Minako, su amiga, según hasta donde se había quedado, salía con ese sujeto y este salía con otra a la vez.

— ¿Se lo dirás a Minako? — Le cuestionó con discreción.

— ¿Decirle? ¿Qué cosa? — La morena no entendía que tenía que ver ella ahora.

—Que lo viste con otra mujer—

— ¿Ah? — Respondió dirigiéndole una mirada extrañada —Minako ya no sale con ese sujeto— lo actualizó en el asunto —solo me ha sorprendido verlo aquí— añadió sin más, encubriendo en parte su sentir.

—De hecho viene aquí seguido… esa que va con él es una amiga suya, es una Geisha— Le comentó en tono discreto, hace poco se había parado a charlar con Ikkaku y compañía, escuchando con ello de la amistad entre el pelinaranja y esa mujer de hebreas marrones.

— ¿Amiga? — Cuestionó con el ceño fruncido para mirar a la joven, de arriba hacia abajo, admitía que era bonita pero ¿amiga? Los amigos no andan paseando tomando de la mano… Y encima de todo ¿geisha? La clase de mujer que un hombre como Ichigo no podía tener…

—Eso creo, no sé si sea sólo eso o su novia— Bah! Realmente no sabía con certeza la relación que Kurosaki tenía con ella, pero parecía más lo segundo por la forma en que la llevaba.

—Vaya gustos… como pueden gustarle 'esas mujeres'— Rukia hizo mucho énfasis en las últimas dos palabras, casi diciéndolo con repulsión y no porque la muchacha esa fuese Geisha si no que… creía que él podía estar con alguien mejor…

—No es para tanto, ni que fuera una cortesana… esas solo están en el barrio de Yoshiwara (4)— Le parecía una exageración que Rukia se expresara con esa repulsión sobre una Geisha, era tan sólo una artista del mundo flotante… malo que su novia fuese una prostituta del barrio rojo.

— ¿Y tú como sabes tanto al respecto? ¿A caso frecuentas esos lugares? — Su oración dejó de agradarle a la morena, dejando de lado el asunto de Ichigo, ¿Cómo sabía él de eso? Esos barrios rojos eran lo peor que pudiese existir en el mundo, según a como la habían educado, las cortesanas no eran más que la perdición del hombre y a la pelinegra no le agrada en lo más mínimo la idea de que Renji estuviese enredado en esos asuntos.

El pelirrojo notó la molestia en su fonación y en su rostro, no quería enfadarla pero si había cosas que ella debía comprender.

—Vamos Rukia, no empieces... además... sabes de sobra que no soy de piedra—

—Debería darte vergüenza decírmelo— Fue la última expresión de Rukia para después empezar a caminar a paso ligero, adelantándosele al pelirrojo, como forma de evitar que se siguiera hablando del asunto.

Continuaron con su camino, sin embargo Rukia perdió la alegría y el entusiasmo, desde que vio al ojimiel con esa mujer… sentía una especie de odio hacia ella y hasta cierto punto envidia… si es que tenía una relación con esa mujer quería saber desde cuando, si era algo reciente ¿Cómo fue que la conoció? Y es que le costaba creer que un sujeto reservado y algo malhumorado como él se 'enamorara' tan pronto de una persona… quizá lo que más le abatía era que había salido con Ichigo, que la pasaba de manera increíble a su lado y que probablemente por esa mujer JAMAS volvería a tener una cita con él… en ese momento cayó en cuenta de algo… ¡¿Qué demonios le estaba pasando? ¿Por qué tenía ese tipo de pensamientos? Se supone que Renji era alguien importante en su vida y que la hacía feliz ¿Por qué de repente dudaba? ¿Por qué anhelaba salir de nuevo con Ichigo si se suponía que desde hace 3 años sólo tenía ojos para Renji?

Demasiadas preguntas… Ninguna respuesta… Quizá lo mejor sería dejar de pensar en ello… olvidar y mirar hacia el frente… hacia el próspero futuro que le esperaba.

Pero no contaba con que la fuerza del destino cruzaría sus caminos una vez más.

… … * … …


Glosario

(1) – Ukiyo: eran barrios donde se realizaban actividades dedicadas a las artes.

(2) – Ukiyo-e: era el género de pintura más representativo del periodo Tokugawa.

(3) – Kabuki: es una forma de teatro japonés tradicional que se caracteriza por su drama estilizado y el uso de maquillajes elaborados en los actores.

(4) – Yoshiwara: era un barrio rojo de Edo (apartado del Ukiyo) en donde se concentraba la prostitución.


Gracias de antemano por los reviews y la lectura... saludos!