Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo, es solo por entretenimiento.

Notas importantes:

• Es un universo completamente alterno.

• Transcurre en un periodo de tiempo literalmente corto.

• Está ambientada en la Era Edo, en el Shogunato de Tokugawa.

• Principal escenario: Edo (el nombre que recibió Tokio antes de la restauración Meiji en 1868). Algunas menciones de Kioto.


Hola de nuevooooo!

Por fin me paso a actualizar! ya tengo listo el cap!

Primero quiero agradecer a: Fify 230, Ghost iv, yoxxa, Kuragehime, alessandra08, SakuraxJenyxRukia, Violet strawberry, Tenshi Kuchika chan, Betty Saku-Ruki chan, Shinigami055, alekuchiki-zr, Hotaru Saturn Black, Plotamotus, Yeckie y a todas las personas que leyeron el fic y/o han dejando review. En serio, muchas gracias!

Este es el último cap, me quedó kilométrico jajaja ojalá les guste ;) y grazie por la espera.

PD: Si ven acentos raros es culpa de la ibook, siempre me los cambia.


… … * … …

~ * La Fuerza del Destino *~

… … * … …

"Dime ¿No te gustaría huir a un lejano pueblo sin nombre y vivir tranquilamente?

Estoy tan cansada de esta vida. Vamos, ve y llévame contigo"

(Meisai- Shiina Ringo)

… … * … …

Capítulo X

"Lo que quiero en verdad"

Lo había mandado llamar, el asunto tildaba de ser urgente, así que por eso estaba ahí, entre los muros de la oficina del Capitán Ukitake, quien amablemente le recibió para dar inicio a una plática que a criterio del peliblanco, seria una alegría para Kurosaki escuchar la noticia.

—A penas ayer recibí una notificación por parte de la milicia de Kioto. Me informaron que hubo bajas recientemente en Kioto, por lo tanto tu estadía en Edo está por concluir. Serás trasladado de nuevo a la milicia de Kioto, se te otorgará un lapso de 4 días para que hagas lo que creas prudente— Le informó Ukitake con su típica amable actitud, creyendo que el pelinaranja estaría contento con la noticia de que finalmente regresaría a donde su hogar.

— ¿Es opcional o una orden específica? — Inquirió el ojimiel, y es que quería saber las posibilidades que tenía de quedarse.

—Está en calidad de orden— Le respondió, en pocas palabras no le estaban dando la oportunidad de elegir, era algo ya decidido, le gustase o no.

—Ya veo, gracias Capitán— Fue su respuesta, algo cabizbajo, y es que por un momento pensó que podría quedarse un poco más de tiempo. A decir verdad su vida había cambiado en esas semanas, aunque en un principio no había estado contento con su traslado, al final ya estaba algo acostumbrado a parte de que Rukia había hecho una labor importante para que sus sentimientos estuviesen enraizados en Edo y por supuesto, con ella.

Pensativo salió de la oficina del peliblanco capitán, ahora podía decir que estaba contrariado, con sentimientos mezclados. Por una parte estaba feliz de que volvería a donde su familia pero por otro lado, ya no volvería a ver a la morena, a esa menuda mujer de gran belleza y carácter, una mujer que tanto le gustaba y quería… y no estaba listo para decirle adiós para siempre.

Prácticamente sus ánimos estaba abajo, tan solo 4 días para dejar sus pendientes terminados, para vivir los últimos momentos, para estar con sus amistades y si era posible… estar con ella…

Sin decir más regresó a los patios del cuartel, donde todos sus colegas entrenaban desde tempranas horas hasta ya entrada la noche, y lo mejor que se le ocurrió fue unirse a ellos, para tener algo en qué ocuparse y no estar pensando en su futuro.

Después de horas de estar practicando el arte del combate, finalmente se dio inicio un descanso de media hora, tiempo suficiente que se dio para tomar agua y pensar… aunque al parecer las noticias corrían rápidamente y a penas fue de conocimiento de sus amistades en la milicia, que fueron a interceptarlo para cuestionarlo respecto a su traslado de regreso a Kioto.

— ¿Así que te vas? — Cuestionó Ikkaku al verlo, esperando una respuesta.

— Si, dentro de 4 días— Respondió, notificándole.

—Pues no te ves muy alegre, pensé que lo estarías— Cuestionó Sentaro al ver su expresión facial, dándose cuenta que había una incomodidad, una mueca, un desagrado total.

—Lo estoy, en serio— Contestó serio, sin sonreír, aunque realmente no solía hacerlo muy seguido.

—Al menos volverás a ver a tu familia…— Sentaro vio el lado bueno, muchas personas al saber algo así estarían brincando de emoción, aunque Ichigo era un ser muy diferente al momento de mostrar sus sentimientos y emociones.

—Si, eso es lo bueno— Le respondió con la mirada puesta en el vacío, en la nada total, y era cierto, a su padre y ni decir que a sus dos hermanas les daría un tremendo gusto volver a verlo y saber que sería para siempre.

— Si eso es lo bueno, ¿entonces que es lo malo? — Preguntó con ceja enarcada el hombre calvo — ¿a caso hay algo que vayas a extrañar aquí? — acotó, aunque a su criterio no había nada que atara a Kurosaki a Edo.

—Lo hay…— Fueron sus palabras, recordando en su mente de quien se trataba.

Sentaro e Ikkaku se miraron entre sí, ambos con cejas en alto, tratando de dar con 'esa persona' de la que Ichigo se refería, sin tener idea de quien podría ser… hasta que Sentaro recordó haber visto al ojimiel muy cercano de esa mujer Geisha del Ukiyo.

— ¿A caso es esa mujer Geisha? — Lo cuestionó, no estaba seguro.

Kurosaki le dirigió la mirada, sin entender a quien se refería, porque en su mente estaba la imagen de otra persona y aunque quisiera no podía mencionar su nombre, porque era alguien hasta cierto punto prohibido para él.

—Ahh Inoue… sí, sí… ella— Dijo sin más, haciéndoles creer que se trataba de ella, aunque fuesen sus amigos, no era capaz de decirles la verdad, que era Kuchiki Rukia a quien iba a extrañar.

—Quien lo fuera imaginar… el arisco de Ichigo no quiere irse porque va a extrañar a la mujer esa— Casi se burló el calvo, y es que era hasta increíble, ya que Ichigo siendo una persona seria y reservada en todo aspecto, ahora resultara diciéndoles eso.

— ¿Y porqué no te la llevas? — Dio la idea Sentaro, podía hacer eso, hablar con ella e irse y hacer una vida juntos en Kioto.

Ichigo se detuvo a pensarlo, pero aunque pudiera hacerlo, Rukia no aceptaría, ella ya estaba casi comprometida con el pelirrojo, además de que ella no sentía nada para su persona, bueno, al menos no en la forma que quisiera. Esa una misión más que difícil, era imposible. No podía ir y llevarse a la fuerza a alguien por el simple hecho de querer tenerla a su lado, capaz que si se la lleva, va todo el sexto escuadrón a buscarles por cielo, mar y tierra…

-No puedo, y ella no querrá—Contestó tajante, seguro de eso. No tenía casa preguntarlo, insinuarlo siquiera, seria ridículo.

De ahí nadie mencionó nada sobre el tema, era innecesario, además de incomodo. Ichigo ya no tenía opciones, en los días restantes se encargaría de hacer sus respectivas maletas, que papeleo era necesario y sobre todo, despedirse de las personas que conoció ahí y en especial de ella.


Yacía en los grandes jardines de su casa, bebiendo té en compañía de sus similares, mujeres de alta cuna que tenía la costumbre de reunirse en casa de alguna, beber te y platicar sobre cosas de su exclusiva incumbencia. Esta vez le había tocado a Rukia recibirlas, y por eso estaba ahí, rodeada por la naturaleza, bajo una gran carpa y con distinguidas damas turbando sus oídos.

—Rukia querida, dentro de 3 días será tu fiesta de cumpleaños, cumplirás tu mayoría de edad… supongo que estarás muy contenta porque por fin podrás cumplir tu sueño de casarte con el Teniente Abarai— Comentó una de las señoras, con sonrisa triunfante. Enterada de la fiesta que harían en honor de la morena y que no se perdería por nada del mundo, ya que había un dato muy interesante en ello.

Rukia reaccionó, de oírla solo sonrió con cierta cortesía aunque su expresión era algo amarga, en realidad, ahora su sueño ya no era ese, en el pasado lo fue pero ahora… quería algo distinto… pero tenía que entender que era hasta cierto punto inalcanzable y prohibido… por eso tenia que conformarse con lo segundo mejor que tenía en la vida, y ese era Renji sin duda alguna, pero lo primer mejor en su vida era lo que más le importaba tener.

—Si, me da mucho gusto— Dijo en respuesta, queriendo sonar convincente, al menos hacia los oídos de esas mujeres, como mínimo, para que no dudaran, para que no sospecharan.

— ¿Y como lo ha tomado tu hermano? él siempre como que estuvo en desacuerdo con que su Teniente fuese con esas pretensiones contigo— Comentó otra mujer, queriendo saber como estaban las cosas en la familia de la futura esposa.

—Desde el primer momento Nii-sama no lo veía con buenos ojos, pero ahora parece haberlo aceptado— Respondió la morena, Byakuya no había estado de acuerdo en primera instancia que se le acercara y tratara de forma un lazo con su persona, pero conforme fue viendo sus intenciones se negaba más a permitir que siguiera, aunque ultimadamente era decisión de Rukia y no tuvo más opción que aceptarle, aunque claro, asegurarle un buen trabajo y bien remunerado para que el apellido Kuchiki no cayera en vergüenza.

—Y una vez que se casen y tengan sus hijos, ¿cómo será eso del apellido? Porque estoy segura que tu familia no querrá que pase a segundo plano su apellido o desaparezca— Cuestionó otra de las damas ahí reunidas, bastante interesada en esa situación.

Rukia no tenía ni la menor idea, aunque a su criterio no le veía el caso a eso, pero por la situación que era la única y primer mujer en la familia próxima a casarse, eso era un caso nuevo, se sabía que una vez contraídas las nupcias, por su condición de fémina tendría que tomar el apellido de su esposo aunque lo más seguro es que su familia haría hasta lo imposible para sea el apellido Kuchiki el que resaltara en sociedad.

—No lo sé, pero es algo que se resolverá en el momento— Atinó a responder, sin comprometer nada, porque no sabía nada, esos eran asunto que probablemente su familia manejaría sin consentimiento suyo.

Y de ahí desvió el tema hablando de otras cosas, no quería hablar de nada de eso, de nada que tuviese que ver con Renji ni de su futuro con él, porque era algo no muy grato de mencionar, y si nunca le pedía matrimonio, mejor para ella; así podría quizá creer en la posibilidad de estar con el ojimiel.


Después de ir a los cuarteles y arreglar el papeleo necesario para su regreso a Kioto, el ojimiel fue a refugiarse en unos de los grandes salones donde por lo general había entrenamientos, aunque esta vez se encontraba vacío, ahí mismo fue un mensajero a dar con él, entregándole una carta.

Ichigo miró el sobre y vio escrito en las afueras del mismo, las iniciales K.R que al instante supo reconocer, con una sonrisa discreta abrió el sobre y leyó el contenido de esa carta. Rukia le pedía verse a las 4:00 de la tarde en aquella parte del parque que ambos compartían en sus ratos libres, y sin más, el ojimiel emprendió marcha para verse con la morena.

La ojiazul-violáceo yacía mirando el cristalino lago cuando Kurosaki llegó a su encuentro, la vio de espaldas, su cabello era mecido por el ligero soplo del viento, en ese momento reafirmó lo que sentía hacia ella, definitivamente Rukia le inspiraba una gran confianza, un gran cariño, lo motivaba a ser mejor persona y un gesto tan simple como una sonrisa suya, podía componer su mundo por tan decaído que este se encontrara. Ella era lo mejor que jamás podría tener.

— ¿Para que me pediste venir? — Le preguntó quedo.

Rukia al escucharlo giró su rostro y ahí lo vio, varado a unos metros tras de si, tan tranquilo, con una ligera sonrisa engalanando sus labios… y no pudo evitar corresponder ese gesto amable.

—Tengo algo para ti— Le hizo saber, acortando la distancia que les separaba, quedando a pocos centímetros de él.

Ichigo aguardó paciente, tratando de adivinar que era aquello que ella le tenía guardado.

—Ten…— Fueron las palabras que salieron de la boca de la muchacha, entregándole otro sobre, pero muy elegantemente ornamentado.

— ¿Y esto? — Cuestionó Kurosaki al tomarlo entre sus mano y mirarlo detenidamente, sin tener idea de que podía ser.

—Es una invitación— Dijo alegre, orgullosa de ello.

En ese momento Kurosaki temió que se tratase de una invitación de boda, quizá Renji había cambiado los planes y prefirió pedírselo antes… para su desgracia.

—Es de mi cumpleaños, una fiesta en mi honor… en la invitación dice los demás datos. Espero puedas ir, me encantaría verte ahí— Dijo con algo de pena, aunque no sabía los detalles de su propia fiesta, porque en primera la organizaba su abuelo y ella solo cumplía con estar presente esa fecha y su extra era invitar personalmente a Kurosaki.

— ¿Y no habrá problema sin voy? Lo digo porque, no soy igual que tú… ya sabes en que sentido lo digo— Preguntó primero, no está bien visto que alguien de clase social inferior estuviese presente en festejos de la alta sociedad. Tampoco quería meterla en problemas.

—Es mi fiesta de cumpleaños y yo invito a quien yo quiera. Así de simple— Le dejó claro, si iba a ser su cumpleaños, al menos quería que alguien tan importante en su vida como Ichigo estuviese ahí sin problema alguno.

—Gracias, ahí estaré— Lo prometió para si mismo, iría a su festejo… sería la última vez que la vería.

Después de eso, continuaron hablando largo rato, de todo tipo de cosas, aunque Ichigo nunca le dio la noticia de que había sido transferido de regreso a Kioto, si nunca se enteraba mejor, no quería despedirse de ella y poner una especie de punto final a todo.

Recorrieron parte del parque, contemplando el panorama tan bello pero algo frío por la época en la que aún se encontraban.

De un momento a otro, el valor y algo de locura se apoderó de Kurosaki, quien se detuvo en seco y sin meditarlo más se lo propuso.

—Ven conmigo— Fueron sus palabras, con tono determinante, mirándole fijamente a los ojos.

Rukia se sorprendió, no esperaba que esas palabras interrumpieran abruptamente su conversación y la paz reinante…

— ¿Ir contigo? ¿A dónde? — Le cuestionó, sin entender las intenciones de esas palabras aunque en su fuero interno le entusiasmaba.

— A donde sea… mañana… — No tenía un destino fijo, sólo quería pasar mañana todo el tiempo con ella, no había nada que perder.

— Pero no puedo, ¿qué le diré al abuelo o a Nii-sama? — Con gusto iba, pero su impedimento eran sus familiares, que obviamente si no la veían en todo el día, tarde y no llegaba a dormir, podría desatar todo un movimiento y posteriormente una fuerte reprimenda.

—Inventa algo, no será la primera vez que lo hagas… Prometo traerte de regreso a casa el jueves por la mañana— Quiso inspirarle confianza, que aceptara y juntos se fueran por un día entero.

La morena lo pensó detenidamente, si se iba a casar ese tipo de libertades se terminarían, así que sin darle más vuelto al asunto, sonrió.

—Está bien— Respondió segura, ya vería qué hacer o que decir para que se lo permitieran y no le regañaran después, iba a ser difícil pero confiada en lograrlo.

Compartieron una sonrisa… al parecer… mañana sería el mejor día de su vida.


Al caer la noche y después de la cena, la morena fue a tratar el tema directamente con el más longevo de la familia, quien la recibió amablemente.

—Quería pedirle permiso para salir mañana a tempranas horas y volver el jueves al medio día—Lo dijo tajante, sin muchos rodeos, la absoluta verdad.

Kuchiki Ginrei frunció en ceño, era la primera vez que la escuchaba decir algo como tal y le entró la duda.

— ¿A dónde vas a ir y con quién? — Le cuestionó, no podía dejarla ir nada más porque si, quería saber quien y a donde pretendía ir.

— Matsumoto Rangiku me ha invitado a su casa a pasar el día, como no podrá ir a mi festejo el viernes— Fue lo primero que se le ocurrió, y es que Matsumoto desde su matrimonio, tenía tiempo viviendo en un poblado cercano a Edo.

—Ya veo— Kuchiki Ginrei lo pensó, Rangiku Matsumoto era amiga de su nieta, una mujer honorable, alguien de confianza —Está bien, pero si te es posible regresa antes del mediodía— acotó, el viernes por la tarde era el festejo y debían prepararla.

—Gracias— Dijo sonriente, al menos ya tenía ese permiso. Solo faltaba ir a llevar un recado a casa de Matsumoto pidiéndole que le cubriera.


Al día siguiente, la ojiazul-violáceo se apareció en el punto de encuentro, cargando una pequeña maleta que contenía lo necesario para pasar día y noche fueras de su hogar.

Junto con Ichigo, caminaron por un largo tramo, ella cuidando que no le reconocieran cubriéndose la cabeza con seda. Hasta que finalmente llegaron al sitio donde le esperaba una sencillo carruaje, el cual se encargaría de llevarlos a donde quisieran.

— ¿Y a donde se supone que vamos? — Cuestionó Rukia mientras veía como poco a poco se alejaban de la parte central del Edo, como rumbo a ningún lugar.

—No lo sé, algún pueblo que veamos estaría bien— Fue su opinión, mirando a los paisajes pasar, buscando con la mirada algo interesante.

—Tú decides… lo que sea estará bien— Le dijo, realmente el sitio no le importaba mucho, lo único que quería era estar con él.

El carruaje continuó llevándole por varios senderos ya lejos de Edo, solo eran visibles campos aun nevados por el invierno, algunas personas humildes que caminaban por las orillas, algunas pequeñas chozas, mientras el sol seguía radiante en lo alto.

Después de 4 horas de camino, algo captó la atención de Kurosaki, un pequeño poblado a las orillas de un lago, no se comparaba con Edo o con Kioto, pero se notaba tranquilo y agradable para pasar el día.

Se dirigieron a ese lugar, siendo bajados en lo que parecía la parte central del pueblo.

No había mucha afluencia de personas, solo las necesarias, si bien la gran mayoría era personas humildes, algunos mercaderes pero en sí todos compartían esa característica de ser personas con pocos recursos. Sin embargo eso no le quitaba lo bello y agradable al sitio, ya encontrarían algo entretenido.

Pero en primera instancia debían encontrar un lugar en donde hospedarse, una casa de huéspedes o una alma caritativa que se lo permitiera, porque si no tendrían que dormir en la calle y eso no era muy agradable que digamos. Así que a pié, caminaron por las callejuelas entierradas y preguntando a los mercaderes de algún sitio donde les pudiesen recibir; después de largo rato, finalmente dieron con un sitio donde hospedarse.

Se les asignó una habitación para ambos, era pequeña pero tenía bonita vista hacia el jardín, con eso sería suficiente para pasar la noche, era lo único que necesitaban.

Después de desempacar las pocas cosas que habían traído, fueron a dar una vuelta al pueblo. La primera parada fue en un local de comida, desde hace horas que morían de hambre, así que se dedicaron a comer tallarines y una bebida local.

— ¿Qué dijiste a tu familia para que te permitieran venir? — Cuestionó Kurosaki a la morena, eso era algo que le causaba curiosidad aunque pensó que debió haber dado una excelente excusa.

—Que una amiga me había invitado pero prometí llegar mañana temprano- Respondió sin dar más detalles, era sobrado que se hablara de ese tema, solo quería pasar bien y dejar su vida a un lado por tan solo un día.

— Ya veo- Dijo a penas, notando la incomodidad que su pregunta le había causado —Y… ¿cómo te va con Renji? — hizo la segunda cuestión, quería saber que tan bien o que tan mal les iba.

—Bien. Estos días ha estado muy animado. Pero no estamos aquí para hablar de él, así que dejemos eso de lado— Dictaminó algo seria, no quería saber nada de su vida, quería hablar de otras cosas, vivir otras cosas, estaba harta de lo mismo y por lo menos hoy, quería que todo fuera diferente.

Ichigo notó su molestia y una aparente tristeza vio reflejada en sus ojos, si había algo que no quería, era verla así y si existía algo en que pudiese ayudarla, lo haría.

— ¿Qué te pasa? — La cuestionó, quería saber para satisfacer su curiosidad y para ayudarla también,

—Nada, todo está bien— Respondió al instante, con todo fuerte, para después volver a comer sus tallarines.

El ojimiel no quiso preguntar más, tampoco quería fastidiarla con tantas cuestiones y arruinar su pequeño viaje.

Después de la comida, recorrieron los pocos locales que ahí habían, simplemente viendo lo que se vendía por esa zona; aunque hablaban poco había cierta frialdad en ella que Ichigo deseaba que no existiese, deseaba que fuese aquella Rukia alegre, que sonreía, que reía, que era afable… la Rukia real…

Al caer la tarde, se detuvieron a las orillas de un calmo río; mirando al horizonte nacarado y a ese sol que se escondía por las montañas.

En esos momentos, en la mente de Rukia pasaban muchas cosas, y una de ellas era Ichigo… ahora que lo meditaba, no sabía mucho de él, solo lo necesario… y tenía esa curiosidad por saber de su vida, de su familia, de su pasado…

— ¿Qué hay de tu familia? No hablas mucho de ellos — Le comentó quedo, mirando al ojimiel de reojo.

—Mi padre es un comerciante, tengo dos hermanas mellizas y mi madre… bueno… ella… es la real razón por la cual me enlisté en la milicia— Fue su comentario, haciendo apertura a un tema que casi no le gustaba tocar, pero por el simple hecho de ser Rukia quien se lo preguntaba estaba en condiciones de hablarlo.

— ¿Su madre le sugirió ser militar? — Cuestionó quedo, interesada en la charla.

—No. Ella… falleció víctima de una revuelta… estaba en el lugar y momento equivocado… Desde ahí, decidí ser militar, para proteger a mi familia y jamás se volviera a repetir algo así— Ichigo sabía bien sus objetivos, y aunque cuando su madre murió no pudo hacer nada y se lamentaba por ello, ahora estaba dispuesto a todo por proteger a las personas que eran importantes en su vida, incluida ella.

Rukia sonrió ligeramente… le agradaba su manera de pensar.

—En tu lugar, yo hubiera hecho lo mismo— Le dijo quedo, compartiendo su ideologìa.

Kurosaki pasó su mirada hacia ella, la contempló detenidamente… esa era la Rukia que quería ver… y sonrió para sí mismo.


La noche cayó y la temperatura comenzó a descender, si bien, después de la cena, Rukia imaginó que irían a dormir para despertarse temprano mañana pero no contó con que ese ojimiel había dado con algo: con unas termas ubicadas dentro de la casa de huéspedes.

—Anda, será divertido— Kurosaki la invitaba a entrar a las aguas termales mientras la jalaba de la mano con dirección al alugar.

—No es eso, es solo que… yo nunca he entrado a unas termas— Explicaba sus razones con rubor en sus mejillas, le daba cierta pena entrar ahí.

—No pasa nada, es sólo… agua…— Kurosaki estaba seguro de que le pasaría bien ahí, además de que ayudaría a que los estragos del frío no fuesen tan intensos.

—Sí pero…— Siguió poniendo trabas al asunto, no quería decirle que le daba vergüenza andar ahí sin nada y con él.

—Como quieras, yo entraré pero tú te lo pierdes— Dejó en paz el asunto, soltó su mano y él se fue directo a las termas.

Rukia le vio dejarla ahí y partir hasta ese cálido lugar, sin embargo cuando notó como el pelinaranja comenzaba a deshacerse de la bata, se volteó y tapó sus ojos, sintiendo su cara caliente, roja como tomate de la pena…

— ¿En serio no vas a entrar? — Preguntó Ichigo estando acomodado ya en las termas, disfrutando de la agradable sensación en su cuerpo.

—Ehhh sí… ya, ya voy…— Decidió al final hacerlo, después de todo el frío era implacable y quería mantenerse tibia.

La ojiazul-violáceo caminó dubitativa hacia las termas, sin poder quitar la vista del ojimiel que con sus ojos cerrados se relajaba en las aguas; la morena pensó que era su oportunidad de entrar sin ser observada, así que poco a poco comenzó a deshacer el nudo de la cinta de su bata y cuando comenzó a abrirla con toda la intención de despojarse de ella, Ichigo abrió los ojos… a Rukia no le quedó de otra que taparse al instante, con el rubor engalanando sus mejillas.

— ¡Esto de las termas es una excusa para verme desnuda ¿verdad? — Le reclamó, aún con sus mejillas teñidas de rojo tenue, algo indignada por la supuesta 'táctica' que Ichigo estaba empleando.

—No— Respondió el aludido, arqueando una ceja, realmente, esa idea nunca se le vino a la cabeza.

La pelinegra resopló hondo para después añadir:

—Voy a entrar, así que voltéate y tápate los ojos… y si me doy cuenta de que pretendes mirarme juro que te rompo los dientes—

Esas fueron sus palabras, llenas de seriedad. Ichigo se alzó de hombros, para después dar la media vuelta y cerrar con fuerza los ojos, tal y como ella lo pedía.

La morena una vez creyendo estar segura, se despojó con cuidado de su bata y lentamente se fue adentrando a esas cálidas aguas que la recibieron con agrado, se sumergió lo suficiente para cubrir su delantera aunque por puro pudor cruzaba un poco sus brazos.

—Listo—

De escuchar sus palabras que ya tenía permitido ver, abrió los ojos y se giró, con toda naturalidad volvió a su posición inicial.

Rukia le miró de reojo, realmente se sentía apenada, era la primera vez que estaba en aguas termales y en compañía de un hombre, y el hecho de estar tan cerca de él la ponía muy nerviosa, y no sólo era por las condiciones en las que se encontraban, si no también porque era conciente de que él le gustaba y sin querer le inspiraba muchas emociones y anhelos que por desgracia tenía que reprimirse.

— Y… ¿cómo va tu relación con Inoue Orihime?— A la morena también le causaba curiosidad la vida sentimental del ojimiel, esperando que todo le fuera bien, él se merecía lo mejor.

Ichigo no vio venir esa cuestión, a penas entró en razón y buscó que decir.

—Bien. Todo bien— Dijo sin más, era lo único que podía decir, después de todo no sentía nada por esa mujer, sólo un afecto fraternal que era conciente no le iba a llevar a ningún lugar.

—Me da gusto— Rukia sincera sonrió, le alegraba que así fuera, aunque por momento le daba mucha envidia, hubiese querido ser ella…

Hubo otro silencio, realmente estando en esas condiciones no era muy cómodo aunque no había mucho de que hablar, cada cual estaba muy ensimismado en sus asuntos. Rukia en su relación con Renji y en su fiesta de cumpleaños, mientras a Kurosaki le pasaba por la cabeza su regreso a Kioto.

Aunque ahora que lo pensaba… aún no le había dicho nada a Rukia sobre eso… aunque si lo pensaba bien, era mejor que no lo supiera, pero sí al menos quería agradecerle esos momentos sin que sospechara nada.

—Sabes… Al principio las cosas entre nosotros fueron de lo más desagradables… pero no creí, no pensé que llegáramos a ser tan buenos amigos y sobre todo que me llegaras a agradar— Fue sincero, le dijo las cosas con cuidado pero imprimiendo en ello toda su honestidad, Rukia sin duda alguna sería alguien a quien jamás podría olvidar, sin importar cuanto tiempo pasara.

—Yo tampoco. Y en verdad te agradezco que hayas estado conmigo cada vez que lo necesitaba— La morena también estuvo de acuerdo aunque se le adelantó a Ichigo con los agradecimientos. Èl estuvo a su lado en muchos momentos, le había enseñado muchas cosas que jamás creyó importantes.

—No, gracias a ti— Le dijo posando sus ojos en ella, en ese rostro bonito.

Y permanecieron tranquilos en las aguas termales durante un buen rato, hablando de banalidades, de cosas que les gustaban, rememorando momentos del pasado y atesorando con ello ese instante, tan perfecto, tan agradable que deseaban nunca terminara.

Después regresaron a la habitación asignada en la casa de huéspedes, buscaron en esos improvisados roperos lo necesario para dormir. Desplegaron el futón por todo el piso de madera y la sábana que cubriría quedó encima.

—Anda, duerme, ya es tarde y tenemos que regresar temprano— Dictaminó Kurosaki hacia la morena, quien fue a sentar encima del futón.

— ¿Y a caso tú no piensas dormir? — Preguntó Rukia con ceja en alto, pareciera que ese tonto no pretendía dormir.

—Solo hay un futón y una sábana, es mejor que tú descanses, a menos que quieras verte terrible en tu fiesta de cumpleaños— Le dijo con ironía, queriendo molestarla.

Pero al contrario, ella nunca se enfadó, le miró con cierta pena y con un ligero rubor en sus mejillas le dijo:

—Sí quieres… puedes dormir conmigo… en el mismo futón—

Kurosaki abrió los ojos de par en par ante la propuesta, al instante la miró detenidamente y ella solo se limitó a desviar la mirada mientras sus mejillas la descubrían.

— ¿No tienes ningún problema con eso? — No estaba seguro, con eso de que ella podía tomarlo como un medio de acoso, ya no sabía cuando le hablaba seriamente o de juego.

—No, para nada— Atinó a decir con la mirada gacha y la voz queda, muriéndose internamente de vergüenza por lo que le acaba de decir.

Antes sus vocablos, Ichigo le tomó la palabra y fue directo a acomodarse al futón, mientras ella hacía lo propio al verlo con esa iniciativa. Al final se acomodaron de tal manera no se veían los rostros, con sus espaldas a centímetros de distancia, con la luz de la luna entrando muy tenuemente por un ventanita y con un silencio absoluto reinando la estancia.

Rukia le inquietaba tenerlo cerca, pero quería tenerlo así… cerca de sí… y aunque estuviese ahí recostada en el futón le iba a costar trabajo conciliar el sueño, ese hombre a su costado le inspiraba muchas cosas.

El ojimiel por su parte se sentía sobrado, con esa sensación de que no debería estar ahí y sin embargo ahí se encontraba y le agradaba que fuese Rukia la que al parecer trataba de dormir al lado, ojala pudiese prolongar por mucho tiempo ese momento…

—Buenas noches… Ichigo— Atinó a decir quedo, tapándose bien con las sábanas.

—Buenas noches— Respondió el otro en mismo tono, dispuesto a dormir.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que se quedasen dormidos, bastaron tan solo minutos y así transcurrió la noche… en calma.


Amaneció, se podía percibir la luz del nuevo día y unos pequeños rayos se colaban por la ventanilla, dando el bueno días… y por instinto propio, Ichigo despertó… pero cual fue su sorpresa que al momento de querer levantarse se encontró con una Rukia que placidamente dormía acurrucada en su pecho mientras él con solo un brazo le daba cobijo… No sabía en que momento de toda la noche hizo que terminaran así.

No la movió, se quedó ahí, estático mientras la contemplaba en su tranquilo dormitar… y en ese instante le entró un gran deseo por besarla… sus apetitosos labios lo incitaban a hacerlo… y poco a poco fue acortando esa distancia que le separaba de sus labios… hasta sentir su cálida respiración acariciando su rostro… y cuando estuvo a punto de unir sus labios y probar el sabor de sus besos, Rukia se removió entre sueños y lentamente fue despertando.

Su vista se encontraba borrosa pero conforme pasaban los segundos, se aclaraba… hasta que logró definir una figura… y era él a la primera persona que veía en su despertar… Kurosaki Ichigo… no dijo nada, solo nerviosa podía notar su cercanía… era un sensación tan extraña la que la invadía que la hacía estremecer su cuerpo.

—Bu-bu-buenos días— Con esas palabras Ichigo la recibió, titubeante, tratando de encubrir su nerviosismo y sus acciones; mientras poco a poco se alejaba de ella y le daba más espacio.

—Buenos días— Le contestó entre tartajeos, sorprendida, incorporando con cuidado pero sin hacer escándalo alguno.

—Voy por algo de desayunar, en seguida regreso—Le hizo saber, quería evitar preguntas incómodas o el silencio debido a su comportamiento, así que esa fue su vía de escape, al menos al regresar y si ella le cuestionaba, ya sabría que decir.

Rukia le vio alistarse improvisadamente y salir rápido hacia quien sabe donde, sin darle tiempo a hablar.

Una vez estando sola, se quedó pensando… ver a Ichigo tan cerca de su rostro al despertar la había dejado desconcertada pero no pudo evitar sonreír.

20 minutos después, Kurosaki volvió con todo y un buen desayuno para ambos, en el transcurso del mismo ella nunca preguntó nada ni le pidió explicaciones sobre lo acontecido, sólo se limitó a devorar los bollos y el jugo.

Después de terminar su desayuno, acomodar la sábana y el futón, cada cual fue a tomar un baño, vestirse y arreglarse, empacaron sus cosas y se fueron de regreso a Edo y en el camino hablaron de cosas triviales, y nada más, disfrutando la compañía del otro y del poco tiempo que les quedaba para volver a la realidad a la que pertenecían.

Al dejarla en un sitio seguro para ambos, no hubo despedida alguna, más tarde volverían a verse en su fiesta de cumpleaños y sería ahí, cuando finalmente él podría decir adiós.


"Dime, dime que compartirás conmigo una amor, toda una vida. Dímelo y te seguiré"

Al caer la tarde el festejo se hizo presente, Rukia debidamente ataviada en kimono para la ocasión, arribó al jardín de su hogar donde ya le esperaban una gran cantidad de invitados dispersos por todo el espacio. Le recibieron con muchos aplausos, a los que ella discretamente agradecía con ligeras reverencias y con una sonrisa en su rostro.

Ichigo la vio en su andar, notándola alegre, esperando que estuviese disponible para poder entregarle el presente que tenía especialmente para ella.

La fiesta siguió con normalidad, había gente importante dentro sus invitados platicando entre sí, muchas servidumbre encargándose de servir la comida y la bebida, los familiares de la festejada paseaban por ahí, disfrutando de lo organizado, mientras Rukia miraba con singular alegría y comía de lo que le traían a su mesa, acompañada del pelirrojo que le hacía plática y de vez en cuando le arrancaba risas.

El pelinaranja solo en su mesa se encargó de degustar la comida y la bebida, mientras miraba a la ojiazul-violáceo desde la lejanía, de verla la notaba contenta, pero ¿cómo no iba a estarlo?, si tenía todo lo que quería y la hacía feliz; así cuando su persona partiera, no habría mucha diferencia, ella no le extrañaría.

Conforme pasaba el tiempo, el festejo parecía volverse más serio y poco a poco el lugar se fue silenciando, puesto que el miembro más vetusto de la familia, Kuchiki Ginrei, estaba por brindar unas palabras en honor a su nieta.

—Hoy, 14 de enero, la más joven de nuestra familia cumple su mayoría de edad y con ello traerá responsabilidades y retos que como todo Kuchiki, sabrá enfrentar. Unamos nuestros mejores deseos hacia Kuchiki Rukia—

Los ahí presentes brindaron por ella con pequeños tragos de sake y después continuaron disfrutando del festejo.

Rukia era abordada por sus conocidas y amigas, que le felicitaban, la adulaban por su atuendo y por lo bonita que se veía, aunque en realidad lo que la morena deseaba desde el primer momento que pisó el jardín era encontrarse con Kurosaki.

Y por todos los medios trató de deshacerse de las muchachas, excusándose que iba a saludar a sus demás invitados y aunque lo hacía, no podía evitar buscar esa caballera tan refulgente entre todo ese gentío.

Dio con él varios minutos después, lo encontró sentado en su mesa, solo… observando… y sin más, se acercó a él… con una traviesa sonrisa en sus labios.

—Que bueno que viniste— Así le recibió, sorprendiéndolo, quien estupefacto la contempló, si de lejos se veía hermosa, teniéndola de cerca esa belleza se enaltecía.

—Hasta te traje un obsequio— Acotó con una ligera sonrisa mostrándole un envoltorio de tela que tenía para ella.

Rukia se maravilló, no por el hecho de que fuese un regalo, si de eso se trataba tenía cientos en la mesa exclusiva para ponerlos, si no porque ese regalo provenía de él, de Ichigo, de la persona que quería; porque sí, definitivamente estaba segura de eso y la hacía feliz.

Lo recibió con las mejillas teñidas de rojo, añadiendo una 'gracias'… lo abriría más tarde, cuando fuese el momento, pero lo que sea que le haya regalado, estaba segura de que era el regalo que más le iba a gustar.

—Pensé que traerías a Inoue contigo— Habló, pensando que así sería pero debía haber una muy buena razón.

—Estaba muy ocupada en la casa de Té pero te mandó felicitar— Fue su explicación. Después de dejar a Rukia en la mañana, pasó a ver a Orihime, solamente para decirle que mañana regresaba a Kioto y agradeciéndole su amistad.

—Agradécele de mi parte— Fueron sus sinceras palabras, sin abandonar su alegría.

—Disculpen que interrumpa pero tengo algo importante que hablar con Kuchiki-san— Interrumpió el momento y la conversación Kiyone, vieja amiga de la ojiazul-violáceo.

—Está bien, no hay problema— Comentó Kurosaki hacia la muchacha.

-Nos veremos después y gracias por todo—Esas fueron las última palabras de la pelinegra mientras Kiyone del brazo la alejaba, llevándosela hacia donde otras muchachas ávidas le esperaban.


—Muchas felicidades Rukia… ¿a caso no estás emocionada? — Preguntaba vivaracha una de las muchachas, muy sonriente.

—Es solo una fiesta de cumpleaños, solo estoy feliz— A Rukia le extrañó esa cuestión, realmente para que estuviese muy emocionada hacían falta elementos, solo estaba contenta.

— ¿Así que no lo sospechas? — La misma muchacha se lo preguntó, dejando ver hacia Rukia que había algo que ellas sabían, pero ella todavía no.

— ¿Sospechar? ¿Qué cosa? — Su ceño se frunció, no sabía de que hablaban o que tenía que ver.

—Va a ser maravilloso, te vas a quedar muy sorprendida pero te juro que te va hacer muy feliz, lo sé— Le relataba la chica sus posibles reacciones, ella muy emocionada con el hecho, aunque no era la única, todas las demás lo estaban también.

—No sé de que hablan, no entiendo— Ojala pudiese estar como ellas pero ni sabía nada de nada.

— ¿Quieres que te diga? — La chica se moría por contárselo pero si ella no quería tampoco se lo diría, mientras las demás mujeres apoyaban su idea.

—Sí, por supuesto— La pelinegra estaba de acuerdo con eso, sin imaginar las dimensiones del asunto.

—Pero cuando suceda al menos finge que estas sorprendida— Primero le quiso advertir que cuando 'sucediera aquello' no resultase tan obvio que 'ya lo sabía', que actuara un poquito para no echar abajo todo el esfuerzo de Abarai y los ahí presentes.

Rukia asintió con la cabeza, mientras esperaba pero cuando la muchacha estaba a punto de decírselo, llegó Ise Nanao, le dio un golpe con su abanico y la reprendió.

— ¿A caso no saben guardar un secreto? Dejen en paz a Kuchiki-san, se supone que es su 'sorpresa' —

Nanao alejó a la pelinegra de ese grupo de mujeres que ponían en peligro la sorpresa, pero en Rukia seguía sembrada la duda.

— ¿De que estaban hablando? — Rukia le pedía respuestas, una explicación a todo ese alboroto.

— Ya lo sabrás… no desesperes— Era lo único que respondía, sin decir nada al respecto, ningún dato…

—Bueno ¿al menos puedes decirme donde está Renji? Necesito hablar con él— Rukia le pidió saber su paradero.

— ¿Sucedió algo entre ustedes? — A Nanao eso le importaba, si las cosas estaban mal entre ellos… no iba a ser posible 'lo otro'.

—No pero… estoy pensando seriamente en dejarle— Se lo confesó, y es que no valía la pena seguir, no podía ser besándolo y estando a su lado cuando tenía a otra pensando en su mente, no era justo.

— ¡Qué! ¡No, no puedes dejarlo! ¡Casarte con él y ser feliz a su lado ¿Qué no era eso lo que querías? — Nanao se escandalizó, sabía que estaba a punto de conseguirlo pero no imaginaba el cambio de parecer de su amiga.

—Sí pero… últimamente… lo he pensado y… Ya no estoy segura de querer ser su esposa— Le confesó sus pensamientos, sus verdaderos sentimientos, con algo de angustia. Y es que si se lo llegaba a pedir, ya no sabría que decir.

Nanao se sorprendió, no daba crédito a las palabras de la morena, y se preguntaba ¿qué había sido aquello que la había hecho cambiar de opinión?

—Escúchame bien… el Teniente Abarai es un hombre con un trabajo bien remunerado, es atractivo y te quiere mucho. No todas corren con tu suerte. Es lo mejor que puedes encontrar y que es digno de ti. Así que te casarás con él, tendrán un par de hijos y serán felices— Nanao le hizo saber lo que tenía, que no lo dejara ir, que aprovechara ahora que podía asegurar su futuro… pero eso… a Rukia era lo que menos le importaba en esos momentos.

Rukia se quedó pensativa… De Renji, a veces había detalles en él, pero de ahí en fuera, él era la clase de hombre que toda mujer de Edo quería. Sin embargo, ya no buscaba la perfección en un hombre, sólo quería estar con la persona que quería y ser feliz a su lado, y ese era Kurosaki.

Sabía que era lo correcto pero no quería asumirlo…

—Gracias por tus palabras Nanao— Dijo en cortesía la morena, antes de emprender marcha de regreso a su mesa, donde ya la esperaban sus familiares y el pelirrojo.

Cuando Kuchiki Byakuya vio llegar a su nieta a la mesa, hizo un ademán con la mano hacia el pelirrojo, quien al instante se acercó a la pelinegra mientras Kuchiki Ginrei pedía a todos los presentes su atención.

Rukia no entendía lo que estaba pasando, de repente, todas las miradas estaban posadas en su persona y en Renji.

—Rukia…— Lo escuchó hablar y no pudo evitar posas sus ojuelos en él —Todos estos años juntos han sido los mejores de mi vida, y quisiera que así fuera para siempre— Continuó con su discurso.

El pelirrojo respiró profundo, se llevó una mano a un bolsillo de su indumentaria y sustrajo aquel anillo de plata, con una piedra preciosa incrustada.

— ¿Quieres casarte conmigo? — Le preguntó, con voz audible tanto para ella como los invitados, quienes esperaban ansiosos su respuesta afirmativa, todos menos Kurosaki, que desde lejos miraba la escena de la propuesta.

Rukia entró en shock, esa era la pregunta que durante todo ese tiempo quiso escuchar… y ahora que estaba ahí, todo era diferente… ahora comprendía porque las palabras de Nanao…

—Yo…— Dijo la morena evidentemente contrariada mirando el anillo detenidamente.

No sabía que responder, estaba entre la espada y la pared. Si le rechazaba su propuesta sería imperdonable para su familia, para Renji y la misma sociedad; pondría en juego la reputación del clan Kuchiki… Pero si le daba el sí, estaría al lado de un gran hombre pero no del hombre que ella quería… y viéndolo de ese modo, no sería completamente feliz.

Pero estaba dejando de lado algo importante, y eran los sentimientos de Ichigo, quien a su parecer, no tenía ningún interés romántico en su persona, solo de amistad… y nada más… Sería ir tras alguien con quien no se tiene ninguna oportunidad, que lleva las de perder desde antes de jugar a su conquista… a los ojos de otros sería 'desperdiciar su vida'.

Quizá lo mejor era aceptar a Renji, porque después de todo él era una seguridad. La quería y sabía que jamás la dejaría… su familia, la sociedad, todos estarían complacidos con su enlace… menos su persona pero ultimadamente, no siempre se obtiene lo que uno quiere y a ella se había tocado en el rubro del amor.

Ichigo la notó con intenciones de dar una respuesta, y a sabiendas de la que iba a dar, prefirió marcharse de la fiesta… No quería ver la escena, no estaba preparado para escucharlo, no quería ya saber nada… solo le deseaba lo mejor.

—Yo…— Titubeó nuevamente, pasando saliva por su garganta, mirando de reojo a los presente, pasando sus ojos titilante en Abarai, quien aguardaba con una sonrisa.

Su corazón palpitaba rápidamente, los nervios la invadían, se sentía presionada… y se sentía la peor persona más miserable del mundo por lo que iba a decir.

—Lo-lo siento… pero no puedo casarme contigo— Lo dejó salir y sus palabras causaron al instante un asombro en la multitud y una irreflexión en Abarai.

—Te agradezco todo este tiempo y lo que haz hecho por mi, pero no eres la persona con la que quiero pasar todos los días de mi vida— Acotó, apenada, esta vez sin mirar a nadie, solo al suelo…

Si tan solo Renji le hubiese pedido matrimonio un mes antes… le habría dicho que sí… y se habría evitado tantas cosas…

Rukia soltó sus manos de las de Abarai, para después marcharse… corrió y corrió… alejándose de esa escena… de la gente… del pelirrojo… a un lugar donde pudiese estar tranquila.


Y calló la noche… Rukia se había refugiado en el parque… pero era consciente de que no podía permanecer ahí, así que se emprendió marchar a ningún lugar… No podía volver a casa, su familia y el mismo Abarai de seguro debían de estar esperándole par pedirle explicaciones y no estaba en condiciones de darlas, sin mencionar que probablemente ya debían tener gente buscándole.

No tenía a donde ir, Ichigo no podía ser opción, no recordaba saber donde vivía… En pocas palabras no había lugar en esos instantes que fuese adecuado para su persona, pero tampoco podía vagar por las calles con ese implacable frío calándole los huesos. Necesita de un sitio donde le recibieran sin ser cruelmente juzgada por sus actos.

Lo pensó un poco… y no supo porqué pero pensó que tal vez Orihime, podía ayudarla… realmente no tenía nada que perder… Así que fue directo al barrio Ukiyo donde podía encontrarla, preguntando en Okiya tras Okiya, hasta que finalmente dio con ella…

—Disculpe que te moleste pero necesito que me ayudes— Fueron las palabras de una apenada morena.

—Será mejor que lo hablemos adentro, hace mucho frío aquí— Inoue le propuso aquello, invitándola a pasar en sus recintos.

Una vez en el interior del inmueble y con un par de tazas de té verde caliente, se dispusieron a hablar.

—No tengo a donde ir y…— Rukia quiso continuar explicándole su situación, pero la pelimarrón la interrumpió.

—Puede quedarse aquí hasta que lo crea conveniente. No tengo ningún problema—Se le adelantó, y por supuesto que la ayudaría, quizá no la conocía mucho pero sabía lo mucho que ella necesitaba un refugio.

—Gracias— Musitó leve la morena, sintiéndose más tranquila.

—Supongo que no ha querido regresar a su casa por lo que sucedió en su fiesta ¿cierto? — Inoue quiso suponer la razón, después de todo, casi todo Edo se vio por enterado de ello.

—Sí. Es curioso como estas noticias corren rápido por toda la capital— Dijo con algo de lástima, con una media sonrisa, aunque no estaba orgullosa de la manera en que dejó a Renji.

— Lo sé. ¿Y puedo saber porqué se negó? — Orihime quería saber sus razones, debían ser una muy fuertes para dejarlo todo así como si nada.

Rukia no podía decirle… se supone que ella era la mujer que Ichigo tanto quería… Simplemente no podía decirle que era a causa de los sentimientos que tenía por su 'novio'… sería lo peor…

—No estaba segura. Además, quiero a otra persona— Le confesó aunque sin decirle de quien se trataba.

Inoue no le dijo nada, solo sonrió… comprendía su situación… ella en su lugar, hubiese hecho lo mismo.

— ¿Es acaso Kurosaki esa persona? —

La pelinegra se ruborizó al escuchar su nombre, fue tan evidente para Inoue.

—Sí. Sé que es tu novio y…— Quería darle explicaciones, disculparse por poner sus ojos en él pero ella le interrumpió de nueva cuenta.

—Kurosaki es solo mi amigo. La persona que él quiere está frente a mi— Se lo hizo saber, tenía el derecho —Bien. Me voy, tengo una cita en la Casa de Té así que póngase cómoda. La veré mañana en la mañana— Esas fueron las últimas palabras de Orihime hacia Rukia antes de marcharse.

Rukia sólo la vio desaparecer al cruzar el umbral y se quedó ahí… agradeciendo la buena voluntad de esa joven Geisha y pensando en sus palabras… Ichigo la quería… eso… le hacía sonreír y darse cuenta que no se equivocó al momento de negarse a la petición de matrimonio del pelirrojo.


Desde que se marchó de la fiesta no supo nada de ella, prefirió suprimir ese tema de su mente e ir por la tarde a una pequeña despedida organizada por amistades suyas hechas en Edo. Después de ahí regresó a casa, y ahí se encontraba, empacando lo poco que le quedaba ya que mañana temprano pasaba el carruaje para llevarlo de regreso a Kioto.


Al día siguiente, Rukia se había levantado temprano, había hecho limpieza en la zona donde se le acunó y después se alistó de manera decente para el día, pretendía ir a ver a Ichigo, después ir a su casa y enfrentar la situación pero primero quería agradecerle a Inoue por todo.

—Gracias por tu ayuda—Se lo dijo haciendo una reverencia.

—De nada. Si me necesita de nuevo, ya sabe donde encontrarme— Acotó amable la muchacha, ofreciéndole con ello su amistad.

—Y… antes de irme… ¿sabes donde puedo encontrar a Kurosaki? Me gustaría hablar con él— Se lo pidió, tratando de esconder su sonrojo al hablar de él.

— ¿Kurosaki? ¿A caso no te lo dijo? — Le cuestionó.

— ¿Decirme? ¿Qué cosa? — Kuchiki no entendía, había algo ahí que ella no sabía.

—Lo han trasladado de regreso a Kioto. De hecho, hoy por la mañana se va… si te apresuras quizá aún lo alcances— Le informó al instante.

Rukia se quedó pasmada… eso significaba que… no lo volvería a ver… y no, no quería eso, no quería que él se fuera… no al menos sin saber lo que sentía por él… así que dando un leve gracias, se apresuró a ir hasta donde los cuarteles… rogándole a los dioses encontrarlo aún…


Después de varios minutos, llegó al punto de encuentro… solo podía ver muchos carruajes en la zona, desesperada buscó esa refulgente cabellera y conforme pasaban los minutos y no daba con él, comenzaba a pensar que él ya se había ido… y sintió su corazón partirse en dos…

Siguió caminando pero ya sin esperanzas de encontrarle… a lo mejor él ya se había ido, quizá hay historias que no suceden, encuentros que no se encuentran, quizá su historia no terminaría como lo anheló, en ser feliz para siempre con él… Hasta que al levantar la vista… lo vio… subiendo su equipaje en el carruaje… eso la llenó de una gran dicha…

Se acercó lentamente… y estando él de espaldas, mencionó su nombre…

—Ichigo—

El aludido reconoció esa voz al instante y se quedó varado, sin mirarla, sorprendido…

—Felicidades por tu compromiso— Fueron sus palabras, hasta donde él se había quedado, ella ahora era la prometida del Teniente Abarai.

—No voy a casarme con Renji— Le hizo saber la noticia, si es que no estaba enterado, ahora lo sabía y estaba preparada para decirle porqué.

Sus ojos se abrieron de par en par al oírla, y no pudo evitar voltear a verla…

— ¿Recuerdas cuando me preguntaste qué era la felicidad para mi? —

El muchacho asintió.

—Estar contigo… esa es la felicidad para mi— Se lo dijo estando segura de sus sentimientos y de lo que quería.

Al ojimiel esas palabras lo alegraron, el saber que ella le tenía ese tipo de sentimientos lo hacían sentirse halagado, afortunado… feliz…

—Si te quedas conmigo no tendrás nada—Se lo decía en referencia a todo ese dinero, lujo y comodidades a las que estaba acostumbrada.

—Prefiero eso a tenerlo todo— Sonrió. Eso ya no le importaba, era lo de menos. Una vida a su lado valía más que cualquier cosa.

Kurosaki la miró y compartió ese gesto; acortó la distancia que la separaba de ella, con la palma de su mano acarició su rostro, la contempló detenidamente y sin pensarlo dos veces la besó… Probando el dulce sabor de sus labios… Disfrutando ese beso que siempre le quiso dar.

Se separaron escasos milímetros y se sonrieron… la abrazó, acunándola en sus brazos por varios minutos, aspirando el aroma de su cabello mientras los rayos del sol los envolvían.

Sin avisar, sin remordimientos, sin nada, sólo con su corazón se marchó a esas tierras lejanas… Rukia prefirió dejar toda esa vida perfecta para hacer la propia al lado del hombre al que estaba destinada a amar.

"Al final de mil caminos, siempre habrá desvíos.

Al final de mil caminos, decido, te sigo"

(Mil caminos – Lucybell)

… … * … …


¿Qué le pareció? obviamente faltaría su respectivo epílogo, que relatara lo que pasó después ;). Espero poder tenerlo listo para el próximo lunes...

Por el momento, no me queda más que agradecerles su tiempo y su paciencia. Nos vemos!