Hola, hola!
No, no estaba muerta... andaba trabajando y dandole duro a mis últimos semestres jeje pero por fin he tenido el tiempo para terminar el epílogo.
No sin antes agradecer todos a HOTARU SATURN BLACK, Violet strawberry, PLoTaMoTuS, yoxxa, Yeckie, BeTtY saku-ruki chan, Sakura-Jeka, Ghost iv, jessy moon 15, alessandra08, ShIrAyUkI and ZaNgEtSu, Viesna, Metitus y a todas personas que e acompañaron en este fic, gracias tmb por sus comentarios, por tenerme paciencia y sobre todo tomarse el tiempo para leerlo.
Espero les guste el epílogo y ya nos estarermos viendo pronto ;) ya estoy preparando algo... saludo a todos y todas!
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"La Fuerza del Destino"
Epílogo
Nada había sido sencillo desde entonces. Agradecía enormemente a la familia Kurosaki por recibirla tan amenamente sin siquiera conocerla y por haberle brindado un hogar; pero si lo pensaba fríamente, era normal esa actitud por parte de ellos, ya que pasaba a ser la novia del pelinaranja y se podía decir que era el trato más adecuado.
Aunque fue un cambio muy difícil para su persona, toda su vida había estado acostumbrado a tener todo a su alcance, a vivir rodeada de comodidades y de cosas que hacia su vida más sencilla. Por eso cuando llegó ahí, pudo darse cuenta de que desde ese instante tendría que dar todo de sí para acoplarse, ahora tenía mucho mas actividades por realizar, ahí ya no había paseos, ni talleres en los cuales entretenerse, ya no tenía quien hiciera las comidas, ni quien limpiara el hogar. Mientras Ichigo se iba al cuartel, sus hermanas a la escuela e Isshin a trabajar, ella se encargaba de limpiar la casa, ir al mercado por provisiones, tenía que cocinar, tenía que cuidar cuanto gastaba por el dinero era muy limitado. Incluso había optado por vender algunas de las cosas que cargaba consigo esa mañana que decidió irse con Kurosaki, había vendido su peineta, alguna alhajas, incluso su kimono y decidió usar una común como los demás. Al menos con el dinero que obtuvo, pudo conseguir dinero suficiente para los gastos.
Su familia se dedicó a buscarle por cielo, mar y tierra, nadie sabía a donde había ido ni con quien, en Edo fue toda una noticia no sólo su desaparición, también el rechazo que le hizo al Teniente Abarai aquella tarde, tildándola de 'miserable', 'sinvergüenza' y demás adjetivos que dañaban su imagen. Todo estaba rodeado de rumores, falsas suposiciones, de mentiras completas y verdades nulas.
La única que sabía de su paradero era Inoue Orihime, aquella joven Geisha, quien nunca se atrevió a delatarla, aún a pesar de que hasta ofrecían cantidades exuberantes de dinero por información verídica; el dinero no la seducía, prefería la lealtad tanto a ella como al mismo Ichigo que también estaba envuelto en eso.
Si no fue hasta que la misma Rukia se encargó de mandar una carta a su familia, prometiendo ir a verles y relatarles lo ocurrido; su intención era dejar de preocuparlos así como pedirles que le dejaran hacer su vida con ese hombre de interesante cabellera, que no pedía nada más, ni dinero, ni nada. Estaba dispuesta a renunciar a su apellido y lo que eso conllevaba; además quería hablar con Renji y disculparse nuevamente por lo ocurrido.
Y fue así como se presentó aquella mañana en el lugar que fue su hogar por 20 años, la recibieron los criados con mucha algarabía, aunque las personas más importante que era su familia, no lo hicieron así.
Serios, aun molestos, hasta con cierta repulsión se reunieron con ella en la sala.
—Hola Rukia— Así le saludo Kuchiki Ginrei, tranquilo y serio. Byakuya ni siquiera le dirigido la palabra en esos momentos.
—Hola—Fue su respuesta, se sentía extraña, ajena.
—Nos sorprendió que nos escribieras— Comentó el más longevo, haciéndole saber sus impresiones cuando recibieron esa carta hace más de una semana.
—Sí. Lamento mucho haberme ido sin decir nada— Hizo una reverencia, pidiendo perdón, en verdad se sentía mal por ello, aunque aceptaba que no se arrepentía.
—Eso ya no importa. La cuestión es ¿dónde has estado y con quién? – Ginrei necesitaba saberlo, quería conocer esos datos y las razones que la orillaron a huir.
—En Kioto, no puedo decirte con quien, pero todo ha estado bien— Todavía no estaba lista para decirle el nombre de la persona que le había robado el corazón y por la cual había sacrificado todo.
—Tienes que regresar. No puede seguir más así—
—No quiero. Esa es la vida que decidí tener—
—Decidiste arruinar tu vida… eres una vergüenza— Habló por primera vez Byakuya, expresando su sentir. Y es que nunca, jamás aceptaría que su hermana hiciera algo así, si lo tenía todo, no tenía ninguna necesidad.
Rukia no dijo nada, sabía que los había defraudado pero no podía dejar escapar de sus manos lo que más quería, un amor, toda una vida al lado de Kurosaki.
— ¿Estás segura? — Cuestionó Ginrei, debía estar seguro de que no era un capricho pasajero, porque si era así, ella lo lamentaría en el futuro.
—Claro que sí— Dijo segura, sin titubear. Incluso en sus ojos se podía notar esa determinación —Es más, estoy dispuesta a renunciar al apellido Kuchiki. Quiero evitarles más problemas y vergüenzas— acotó.
—Las personas olvidan ciertas cosas. Pero esto, tu persona, lo que le hiciste a nuestra familia y a Abarai, es algo que no olvidaran en su vida— Byakuya habló de nuevo. Para ella podía resultar muy sencillo despojarse del apellido, pero para los demás no, ella siempre seguiría siendo una Kuchiki y esa sombra la perseguiría a todas partes, las personas no olvidaban ese tipo de hechos.
—Nada de lo que haga va a cambiar las cosas. Por eso prefiero hacer mi vida lejos de aquí— Era consciente de eso, si regresaba a Edo o si se iba a Kioto era una decisión a parte que no iba a cambiar los hechos. Prefería seguir donde estaba.
—Haz lo que creas conveniente. Solo te pido que me digas el nombre de la persona con la cual permanecerás. Prometo no hacer nada— Ginrei decidió, después de todo, no podía interferir en su vida, ella ya había encontrado su camino aunque no le agradara en lo más mínimo.
Byakuya miró al longevo con cierta incredulidad, no entendía como podía darse el lujo de que ella eligiera un destino que nada bueno le traería.
Rukia dudó un poco, quizá el abuelo no haría nada pero Nii-sama… él sí era capaz.
—Solo si Nii-sama promete al igual que tu no hacer nada— Esa fue su condición, una que en primera instancia Byakuya en su fuero interno se negaba a cumplir.
—No hará nada. No tiene ningún derecho— Ginrei decidió por él, a fin que si a menos estaba la tentativa de hacerlo, se las arreglaría para evitarlo.
El pelinegro no dijo nada, se mantuvo serio, tenía mucho por perder.
—Su nombre es… Kurosaki Ichigo… es un hombre sin fortuna pero es con quien quiero estar— Soltó el nombre, dejando en claro la clase de hombre que era pero sus sentimientos hacia él.
El nombre del susodicho a penas era sabido, Byakuya había escuchado hablar de él, lo único que sabía era que se trataba de un recluta que estuvo tiempo en Edo pero ahora yacía en las fuerzas armadas de Kioto.
—Que pérdida de tiempo— Fueron las últimas palabras de Byakuya antes de marcharse de la estancia.
—Si esa es tu decisión, no queda más que aceptarla—Definió Ginrei, solo esperaba que le fuera bien.
Rukia no pudo evitar sonreír un poco, el hablar con sus familiares y ver que todo parecía estar bien la reconfortaba mucho y le quitaba un gran peso de encima.
—Y Renji… ¿no vino? — Preguntó después de por el pelirrojo, con quien también necesitaba hablar.
—Prefirió esperar en el jardín—
De ahí Rukia decidió que debía ir a verlo, había mucho que hablar y mucho de lo cual disculparse.
Se dirigió a esa parte de la casa, y lo encontró deambulando, con cierto temor y apenada se acercó, para después susurrar débilmente su nombre.
—Renji—
El aludido se sobresaltó un poco, para tomar aire y después encarar a la mujer que aún a pesar de todo, seguía queriendo y teniendo en su corazón.
—Hola— Dijo mirándola, sin apartar sus ojos de ella, como siempre luciendo maravillosa.
— ¿Cómo has estado? — Fue lo primero que se le ocurrió preguntar, y era algo muy extraño, se sentía como si acabaran de conocerse.
—Bien. Aunque esa pregunta debería hacerla yo— Contestó, le preocupaba ella. El tiempo que ella había desaparecido le había sido eterno, creyó que algo malo le había sucedido.
—Yo… estoy bien. Me han tratado muy bien en Kioto— Le comentó como iban las cosas, aún apenada.
—Regresa por favor—
—No puedo. Alguien me espera en Kioto—
—Y ese alguien… quién es… porque no me dijiste que no querías estar conmigo antes de que te pidiera matrimonio—
—No pude… no tenía el valor. En verdad, lo siento mucho—
—Está bien… solo dime el nombre de ese sujeto a quien has elegido—
—Kurosaki Ichigo…—
En ese instante el pelirrojo recordó y supo de quien se trataba, no pudo evitar sonreír irónico y soltar una risilla amarga, sin poder creer que ese sujeto al final se quedó con la persona que él más quería en el mundo.
—No me queda más que desearte buena suerte. Si algún día te aburres de ese idiota, o tienes algún problema, ya sabes dónde buscarme. Ahí voy a estar siempre para ti— Fueron sus últimas palabras, lo anegaban muchos sentimientos pero al menos tendría que velar primero por su amistad. No debía guardar rencores, era lo mejor que podía hacer.
—Gracias— Fueron las cálidas palabras de la morena hacia su amigo, para después ver como se le acercaba y se despedía de su persona con una sutil caricia en su cabeza.
Las cosas estaban bien… ahora podía continuar…
Y fue así como después ver a las personas que necesitaba dar explicaciones, se fue en carruaje de regreso a Kyoto, un tanto más tranquila y segura de la decisión que había tomando.
Su traslado de regreso a su nuevo hogar le llevó tiempo, llegó un atardecer a Kioto y a penas bajó del carruaje cuando vio a ese pelinaranja esperándola, no pudo evitar sonreír, teniendo en su pecho ese sentimiento de placidez y felicidad, algo que sólo él podía lograr.
— ¿Está todo bien? — Fue la pregunta de Kurosaki al estar cerca de ella. Hubiese querido acompañarla, pero ella ni se lo había mencionado, se entero cuando llegó a casa, por medio de una nota que había dejado.
—Sí…— Fueron sus palabras, no había más que decir. Para después agarrarse de su brazo y emprender juntos una caminata hacia casa, donde le esperaba seguramente Isshin y las dos hermanas de su novio.
Y continuó con su vida al lado de ese hombre pelinaranja. Podía decir eran los mejores días de su vida. Dándose cuenta de que si bien el dinero no lo era todo, ayudaba en algunas cosas, pero la verdadera felicidad la tenía en esa familia.
Era de todos los días levantarse temprano para preparar y servir el desayuno. Llevaba a Yuzu y Karin a la escuela y de ahí se pasaba al pueblo, para ir con los mercaderes a comprar lo necesario para la comida y la cena. Llegando se encargaba de limpiar y después de preparar la comida, a veces esperaba la llegada de Isshin, de las mellizas y Ichigo. Otras veces prefería llevarle el almuerzo hasta el cuartel, donde casi siempre terminaba peleando con los guardias.
Así pasaron 7 largos meses, su familia nunca intervino en su nueva vida y agradecía eso en demasía.
Pero una noche las cosas iban a cambiar, eso era algo que ella no sabía… y ese 7 de julio por la noche salió en brazo de Ichigo, acompañados también de Isshin y de las hermanas al Festival local de Tanabata. Las anchas avenidas estaban adornadas de motivos relativos a la fecha, se podía ver un ambiente de gozo, había una gran cantidad de locales ambulantes ofreciendo comidas, juegos para los pequeños y objetos.
En esa salida nocturna escribieron sus deseos en trozos de papel y los colgaron en los bambús; comieron de la variedad de alimentos, Yuzu y Karin se divirtieron y observaron juntos los fuegos artificiales que se desperdigaban por el oscuro cielo.
Y en un momento dado pasó aquello…
— ¿Te casas conmigo? — Preguntó Kurosaki mirándola, mientras ella contemplaba el cielo.
De escuchar esa pregunta el tiempo se detuvo… Dejó de mirar el cielo y fijó sus ojos en él… para después sonreír.
—Sí—
Esa fue su respuesta… sin dudarlo ni un segundo… llena de dicha… esa era la vida que quería… Y aunque no era común en su persona mostrar mucho afecto públicamente, ésta vez dejó eso de lado y se dejó llevar por lo que sentía… Fue directo a acurrucarse en los brazos de Kurosaki, quien la recibió.
Mientras Isshin y las mellizas observaban la escena evidentemente complacidos.
Días después mandaron carta a la familia de la morena, dejando en claro los motivos de una visita que una vez hecha quedó en hacer las cosas más formales, como debía de ser. Ichigo con todo respeto pidió la mano en matrimonio de la pelinegra, y cuando se pensó que habría una objeción por parte de ellos, nunca fue así… todo lo contrario.
Su enlace tuvo fecha el 11 de noviembre de ese mismo año, en una ceremonia y festejo sencillo al cual solo acudieron familiares y amigos muy cercanos.
De ahí a los dos años posteriores fue agradable.
Aunque los demás familiares de Rukia no convivían al día dado las distancias, se procuraban estar en contacto de vez en cuando.
En esos años estrenaron una casa. Ichigo logró a convertirse en el Tercero al mando de su División. Las plegarias de Isshin surtieron efecto cuando Rukia quedó embarazada.
Alguien alguna vez dijo "El destino no es algo que puedas crear, es algo que solo llega" y después de tanto perderse, de tanto buscarse… por fin a ellos dos les había llegado el momento de encontrarse y permanecer juntos.
… … * … …
Aquí terminó este fic... No me creo haberlo escrito, quien sabe porqué pero ahí está.
Y ya, volveré... pa' variar con mis fics largos todos raros jajaja
Ojala les haya gustado el epílogo, ya saben, se aceptan tomatazos, naranjas, bombas, flores, amenazas de muerte, piedras, zapatos, botellazos, mentadas de madre etc etc
Ci vediamo dopo ;)
