Koncihiwa tomodachis! En primer lugar, tengo que agradecer las maravillosas ocho personas que me dejaron su reviews en el primer capitulo, realmente no esperaba tantos! Pero fue gracias a vosotras, Ludy Phorsha, eVeLY,freezeLIGHT, loregar,UsakitoPau Potter Weasley, Son Shaiveg Tashio, G-Annie, ylady mina saiyajin, que redoblé mis esfuerzos para escribir, y tras varias noches de insomnio, aquí os traigo el siguiente capítulo, bastante antes de lo esperado y bastante más largo de lo que tenía pensado. ^^
Espero que os guste!
Choque: después de tres años...
Cuarenta y ocho horas más tarde, todavía sin dormir, me encontraba en un ascensor de la Corporación Capsula, suprimiendo dolosamente mi orgullo y yendo en busca de mi hermano.
No era él con quien realmente necesitaba hablar, lo sabía, pero había algo que me impedía buscar a mi padre para este asunto. No era miedo, ni orgullo, ni el temor a un represalia, era más bien un pánico insondable a que, cuando lo que confesara lo que acababa de ocurrir, con todo lo que ello implicaba, una pizca de decepción o desprecio centelleara en sus ojos; no lo hubiera soportado. Debí entender, por aquel entonces, que mi padre jamás me hubiera juzgado de tal modo; no por dichos motivos.
Sin embargo, necesitaba desesperadamente hablar y ser escuchada por alguien, y tampoco quería preocupar a mi madre, ella no ya no era joven y un disgusto así podría causarle un gran daño. Trunks era mi mejor opción. Conocía a mi hermano, y aun cuando éramos demasiado diferentes para estrechar una relación, sabía que él no me juzgaría, ni me interrumpiría hasta el final.
El ascensor se detuvo en la planta directiva. Todos los grandes empresarios tenían sus despachos aquí, incluido él como presidente de la compañía. Lo medite un segundo más antes de abandonar el ascensor y salir. Expresar mis sentimientos siempre se me había hecho algo sumamente difícil, y en el fondo, tampoco tenía ni idea de cómo lograrlo en esta ocasión. Pero finalmente me decidí. Aquellas palabras, que no era la primera vez que escuchaba, y que yo misma me recriminaba tan a menudo, seguían consumiendo mi alma y acuchillando mi espíritu. Y por más que odiara depender de los demás, necesitaba desesperadamente que alguien me mirara a los ojos y me dijese con firmeza que yo no era ningún monstruo. Así, tal vez, me fuera posible creerlo.
Caminé por el pasillo central hasta la oficina del presidente. Todavía era temprano y el resto de las salas se hallaban vacías, pero desde hacía un tiempo Trunks comenzaba la jornada laboral antes para poder disponer de las tardes a su gusto. Los robots de limpieza realizaban los últimos retoques en silencio. Llamé antes de entrar, no deseaba importunarlo, pero nadie contestó. Aun presintiendo que sería inútil, me atreví a abrir la puerta. Estaba vacía.
- ¡Maldición!
Algo se rompió en mi interior; me sentí abandonada. Caí al suelo y quise gritar, pero me dominé a duras penas; quise golpear la pared con los puños hasta descargar toda mi rabia y frustración, pero sabía que no era posible. Yo era saiyanjin, no podía perder el control de esa manera. Rendida, con la mitad cuerpo postrado sobre las frías baldosas, cuando sentí la primera lagrima deslizándose sobre mis mejillas, no hice nada para detenerla. A las que siguieron tampoco.
Era la primera vez que lloraba en más de cuatro años; la última había sido durante el ataque de los dragones, cuando mis padres me enviaron al espacio exterior bajo la creencia de que no sobrevivirían. No pude contenerme entonces, y no lo había logrado ahora. Únicamente los motivos eran muy diferentes, pues aquella vez lloré por aquellos a los que perdía, y ésta por aquello que yo misma había perdido.
La alarma del ascensor repiqueteó al detenerse en mi planta, y yo me incorporé sobresaltada mientras me apresuraba a secar mis lagrimas y recomponer mi estado. Podía permitir aquel momento de debilidad frente a mí misma, nunca ante cualquier otra persona. Aun así no me moví, mantenía la esperanza de que fuera Trunks quien llegaba. Pero cuando finalmente la puerta se abrió, no fueron unos cabellos lavanda los que bajaron del ascensor, fueron otros muy diferentes.
Sentía la cabeza pesada y una especie de malestar residual que no me abandonaba. A pesar de la inusual ausencia de atascos, el trayecto hasta la empresa se me hizo infinito. Conocía la causa, el por qué de mis divagaciones matutinas y de la marca de dedos que sin querer había plasmado en el volante, pero negaba a pensar en ella. Hacerlo sería concederle la importancia que siempre negué que tuviera.
Aparqué el coche en mi plaza personal y caminé a desgana hasta el ascensor. Mientras lo esperaba, me tentó la posibilidad de tomar las escaleras a vuelo, pero resistí firmemente. Aborrecía la influencia que su simple recuerdo podía ejercer sobre mi perfectamente planificada vida diaria. ¡Lo odiaba!
Cuando al fin la puerta se abrió, me introducí en el ascensor con pasos firmes y los puños sólidamente cerrados. Apoyé la espalda en la gruesa capa de cristal transparente y marqué él último piso. Mi despacho como director de finanzas se localizaba allí, junto al de Trunks y al de otros pocos afortunados.
Por suerte, aun era demasiado temprano y no se adjuntó nadie durante todo el trayecto. Mi humor no era precisamente el adecuado para charlas minimalistas. La ascensión fue rápida, no por nada se trataba de una de las fábricas más innovadoras en avances y tecnología, y cuando al fin se detuvo, mi irritación se había disipado un tanto.
Suspiré y empuje la puerta con una mano, mientras con la otra asiaba firmemente el maletín. Fue entonces cuando la vi.
Había cambiado mucho desde la última vez, tanto que casi no pude reconocerla. Su altura era superior, tan solo un par de centímetros por debajo de la de Bulma, y las protuberancias de su cuerpo – tanto pecho como caderas - habían evolucionado de forma asombrosa, confiriéndole un aspecto turgente y apetitoso. A sus diecinueve años, Bra era toda una mujer, una mujer sumamente atractiva.
No obstante, no fue aquello lo que me confundió en esa ocasión. Fue más bien la fragilidad de su postura, la mal disimulada humedad de su rostro, la dirección de sus pupilas... que distaba completamente de la orgullosa y arrogante Bra que yo conocía, aquella que, pese a su corta edad y carencia de fuerza, se vengaba hábilmente de Trunks y de mi si se nos ocurría molestarla. Pero ésta, la Bra que se hallaba frente a mi ahora, no tenía nada que ver con aquella.
Tampoco ella esperaba verme, la sorpresa se reflejaba de forma evidente en sus ojos aquamarines. Por un instante estuve seguro de que daría la vuelta y huiría, tal vez ella también se planteó esa posibilidad, pero finalmente permaneció allí, estática, contemplándome fijamente.
- Goten – me reconoció.
A pesar de nuestra relativa cercanía, su voz pareció llegar de muy lejos.
- Bra – yo también pronuncié su nombre –, ¿qué.. qué haces aquí?
Ella se mordió el labio inferior en un gesto habitual de nerviosismo y desvió la vista al suelo sólo un segundo, antes de responder.
- Buscaba a mi hermano.
Aquello me extrañó, pues reconocía la sinceridad en su voz.
- Trunks salió de viaje por negocios hace dos días – expliqué –, ¿no lo sabías?
Era evidente que no. Todo su rostro se ensombreció tras la información y por un instante la creí a punto de echarse a llorar. Después recordé de quién se trataba. Ella nunca haría eso, ¿o si?
Por primera vez desde que la viera, me fijé en ella detenidamente. Su ropa se apreciaba gastada y se hallaba marcada por varios rotos y cortes, su propia piel lucía un anormal aire cetrino; su sedoso cabello, a pesar de la pulcra apariencia inicial, parecía sembrado de enrredones; y amplias manchas de barro seco enmugrecían sus botas.
Aquello no era normal, conocía a Bra y no me entraba en la cabeza que hubiese podido cambiar tanto en tan sólo tres años. Además esas no eran las únicas diferencias. Su vestuario, siempre caracterizado por una sensual elegancia, no tenía que nada que ver con es aspecto que lucía ahora. Esa falda vaquera extremadamente corta, exponiendo la perfecta redondez de sus muslos desnudos, y ese prominente escote que incitaba a contemplar las dos grandes protuberancias que tenía como pechos... el canalillo prácticamente al descubierto... y el brassier negro de encajes rojos transparentándose parcialmente a través de los desgarrones.
Una punzada de excitación me recorrió el cuerpo, hasta depositarse en mi entrepierna. Agité la cabeza, horrorizado. ¡Era la hermana pequeña de mi mejor amigo! La había visto nacer y crecer, y me había burlado de ella durante mi adolescencia. No podía ser tan tan ruin y despreciable como para empezar a mirarla de otra manera, por mucho que ahora poseyera el cuerpo de una exuberante mujer y que le hubiera dado por exponer a gusto todos sus atributos.
Respiré profundamente para tranquilizarme antes de acercarme un tanto a ella.
- ¿Es algo urgente? – inquirí – Si es referente a la expresa tal vez pueda ayudarte...
Bra movió la cabeza negativamente, agitando su cabello, y una oleada de esencia sacudió mi refinado olfato saiyanjin; extrañamente, ni siquiera me percaté de ese detalle. Ella desprendía un olor insólito, agridulce, no comparable al de ningún perfume que hubiera conocido. No se trataba de ninguna fragancia natural, herencia de flores o frutas silvestres, y sin embargo era... ¿Cómo describirlo? Adictivo. Sí, esa era la palabra exacta, adictivo.
- Sólo tenía algo que decirle – aclaró brevemente, declinando mi oferta.
- ¡Oh!
Me quedé allí parado, sin dejar de mirarla pero sin añadir nada más, como un completo inutil. Sin embargo, ¿qué se supone que debía de decir? Llevábamos tres años sin vernos; nuestra relación, si es que alguna vez la hubo habido, estaba muerta y enterrada. Ella tampoco habría hablado conmigo de todos modos, apenas abría sus reservas con su familia, nunca con un extraño; estaba seguro. Pero me equivoqué.
Me contempló fijamente durante unos instantes, y yo prácticamente pude observar la lucha interna que se llevaba acabó en su cerebro. Finalmente se decidió. Abrió los labios y liberó la sentencia con una contundencia inexorable.
- Mi n... Greg – rectificó – ha muerto. En un accidente de coche. Hace dos días. No he ido a casa desde entonces.
Me quedé pasmado durante unos instantes, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Uno no sale de casa por la mañana esperando una declaración de tal índole, y muchísimo menos por parte de Bra. Después hice lo único que consideré posible en una situación así. Rompí finalmente la distancia que nos separaba en un par de pasos, me detuve frente a ella, envolví con mis brazos su cuerpo, y la abracé.
Cuando sentí el calor de su cuerpo abrazando al mío, mi mente se paralizó y no supe cómo reaccionar. Ni siquiera entendía por qué se lo había contado. Llevábamos más de tres años sin vernos, y ni el tiempo ni la distancia habían sido capaces de reconstruir la imagen que tenía sobre él. Siempre lo había considerado un idiota, un inepto que se dejaba chantajear con Trunks y que no era capaz de abandonar las faldas de su madre. Pero había sido un gesto tan sincero... Lo había visto en sus ojos, no había obligación tras ese abrazo, tan sólo sinceridad... Y yo casi había olvidado lo cálido y reconfortante de aquella expresión. Por mucho que me costase reconocerlo, lo necesitaba, era lo que necesitaba.
Mi madre me abrazaba siempre, antes... luego dejó de hacerlo. No la culpo por ello, se bien que fui yo quien impuso las distancias. Y Eric también lo hacía, hasta que un día le rompí el corazón. Incluso Greg se permitía aquel gesto, pero por motivos muy diferentes. Mi padre... Si, con mi padre seguía compartiendo abrazos, aunque sólo muy puntualmente. No obstante, aquello era diferente, a él era yo quien le abrazaba, y esto... Esto se sentía tan distinto, tan cálido... no más intenso, pero sí más... ¿conmovedor?
Así que hice algo que nunca había hecho antes. Cerré los ojos, me olvidé de mi orgullo y mis temores, y correspondí su abrazo. Él era alto, a pesar de que nunca me había fijado, me sacaba al menos una cabeza, y también era fornido, la dureza de sus músculos se palpaba a través de su traje. Casi sin pensarlo, deje caer la cabeza sobre su pecho, mientras sus brazos seguían arropándome alrededor de mi espalda.
No se cuánto tiempo permanecimos abrazados, podría haber sido tanto una eternidad como un efímero instante. Fue el ruido del ascensor quien finalmente nos despertó, liberándonos de aquella extraña realidad en la que ambos habíamos caído. Comenzaba a llegar gente. Avergonzada, reprochándome a mi misma ese momento de debilidad, me separé abruptamente. Pero él solo sonrió. Y tomándome de la mano como a una niña pequeña, me guió hasta su oficina.
- Esto te hará bien – indico poniendo sobre mis manos un vaso humeante, recién salido de la maquina – Cuarenta y ocho horas sin dormir es demasiado.
Me encogí de hombros.
- He sobrevivido a más tiempo – dije; aun así bebí.
Aparté el vaso de mis labios tras el primer sorbo, y a pesar de todo, no puede evitar sonreír exasperada.
- Ya soy mayorcita para tomar cafeína, ¿sabes? – me burlé, divertida de que todavía siguiera viéndome como a una niña.
Él frunció el ceño, preocupado, y se colocó la mano detrás de la nuca en una pose muy característica.
- No es por eso – explicó –. El café es muy amargo, yo casi nunca lo tomó. En cambio, el chocolate... – señaló al vaso – es capaz de restaurarle el animo a cualquiera.
Sonreí por una explicación tan simple y sincera, pero no añadí ningún comentario. Aun así me lo tomé todo.
- Gracias – añadí al final, tendiéndole el vaso.
Yo misma no supe dilucidar si se las daba por el chocolate o por algo más profundo. Él solo se encogió de hombros.
- Merece la pena si así he logrado recuperar esa sonrisa tuya.
Me sonrojé sin quererlo, y me odié por ello. Hacía años que nadie lograba matizar mis mejillas, y no es que fuera debido a una carencia de halagos. Sin embargo sus palabras eran tan diferentes, tan naturales y coloridas al mismo tiempo.
Pero de repente su rostro se tensó, eliminando toda expresión divertida, y yo supe lo que venía. No lo deseaba, y sin embargo, me sorprendió.
- Sobre tu... amigo... – era evidente que sospechaba de algo más entre nosotros, aunque estaba muy lejos de adivinar nuestra verdadera relación – Se que es difícil, y que hace años que no nos vemos, pero quiero que serás que yo estoy aquí para escucharte, Bra, si en algún momento lo necesitas. Te juró que quedará entre nosotros.
Asentí, no muy confiada, pero el no volvió a tocar el tema.
- Lo más probable es que tu hermano regresé esta tarde, a mucho tardar mañana, ¿quieres que le dejé el recado para que pase a verte?
Negué con la cabeza.
- No es necesario, ya estoy mejor – sonreí para probarlo, y él correspondió mi sonrisa. Me di cuenta, por primera vez, de que tras ese gesto todo su rostro se tornaba muy dulce –. En realidad, creo que ya es hora de irme. En casa estarán preocupados.
- Claro – se apresuró a incorporarse al tiempo que yo lo hacía, como todo un caballero – ¿Tienes tu coche abajo? No lo he visto en el aparcamiento...
- He llegado volando – reconocí –. Tenía prisa, y como recordé que Trunks siempre entra a trabajar temprano...
Asintió, comprendiendo.
- En tal caso será mejor que te lleve – frunció el ceño –. Es mejor para ti si no sales a la calle con... bueno – se sonrojó levemente, buscando el mejor termino para describirme –, con las ropas tan rotas.
Agaché los ojos para comprobar lo que él decía y por primera vez desde el incidente fui plenamente consciente de aspecto. Las botas manchadas, la falda extremadamente corta y la camiseta echa girones, exponiendo a la vista numerosas partes de mis pechos, con el consecuente brassier que los cubría. Me sonroje violentamente y tuve que refrenarme para no elevar los brazos en un vano intentó de envolverme a mi misma. ¿Qué tenía ese cabeza hueca para hacerme comportar como una chiquilla de doce años? Yo no lo era, hacía mucho que había dejado de serlo.
- ¿Podrías pasar antes por mi apartamento? – pregunté incapaz de declinar su oferta. Si los periodistas me identificaban con estas fachas supondría mi muerte... y la suya, a manos de mi padre – Está cerca del campus... Es que preferiría cambiarme antes de... ya sabes, por no preocupar a mis padres – sentí la necesidad de excusarme.
- Claro, sin problema – sonrió –. Siento un gran aprecio por mi cuello, así que será mejor que Vegeta nunca se entere de que te he visto con esa ropa... – rió suavemente y yo correspondí su sonrisa. Era curioso como ambos habíamos pensado lo mismo, técnicamente – ¿Puedes esperar un minuto?
Asentí, dándole pie.
- Adelante.
Sonrió, sacó unas copias de su maletín, y se apresuró a darle instrucciones a su secretaria, a través del megáfono. Sonrió de nuevo y extrajo una llaves del bolsillo derecho de su pantalón, agitándolas como si fueran un sonajero.
- ¿Vamos?
Yo asentí, y antes de salir él me colocó su americana sobre los hombros, por si la mayoría de los empleados ya habían llegado. Descendimos por el ascensor y llegamos hasta el aparcamiento. Por suerte, él tenía una plaza privada, así que apenas fue necesario cruzarnos con nadie. Una vez en el coche, me desprendí de la pesada chaqueta, colocándola sobre el asiento trasero.
- Qué incomoda... – protesté. Él se rió.
- ¿Verdad que lo es? Deberías decírselo a tu hermano, que es quien nos obliga a llevarla – bromeó, mientras arrancaba el motor del coche –. Bueno, ¿y cómo es eso de qué vives sola? – cuestionó sonriente –. A Trunks le costó bastantes años más emanciparse...
- Es simple comodidad – expliqué –. En realidad no me he mudado, pero convencí a mis padres de que tener un apartamento cerca de la universidad era mucho más practico. Vuelvo a casa todas las semanas.
- Ya veo...
No toquemos ningún tema trascendental en el resto del trayecto; aun así, era sorprendentemente fácil conversar con él. Su atención no me incomodaba, y tampoco sentía esa imperante necesidad de mostrarme absolutamente perfecta, como me ocurría con el resto de la gente. Tal vez fuera la sinceridad de su sonrisa, la transparencia de sus acciones y la dulzura de sus ojos, o el hecho de que su comportamiento ya nada tuviera que ver con el de aquel adolescente molesto que era antes... No lo sabía, pero acaba de descubrir que, más allá de mi misma o mis intereses, disfrutaba de su compañía, y eso era algo totalmente excepcional.
Tuvimos la suerte de encontrar plaza justo en frente de mi apartamento, y Goten se apresuró a bajar del coche para abrirme la puerta, ofreciéndome además el brazo para ayudarme a salir.
- No era necesario – murmuré suavemente, prescindiendo de mis habituales replicas feministas. Aun así me agarré a él.
- Ya lo se – sonrió, encogiéndose de hombros con desenvoltura.
Lo guié mientras cruzábamos la calle hasta llegar a mi bloque de pisos. Él portero me recibió con su habitual sonrisa, aunque sus ojos se desviaron inmediatamente hacía mi camiseta desecha. Yo me apresuré a tomar las escaleras, sin deseos de dar explicaciones. Goten no añadió nada y en todo momento se mantuvo tras de mi, pero por un instante sus ojos relampaguearon entre furiosos y protectores.
Cuando por fin llegamos al séptimo y último piso, respiré aliviada. Sin prestar atención a mi compañero, me acerqué a la base y tecleé el código de seguridad que abriría la puerta. El sonido de un suave "click" probó que había concluido con satisfacción el proceso. Suspiré profundamente y tomé aire antes de entrar.
- Bienvenido a mi refugió – dije.
Aquel departamento no mantenía relación alguna con lo que esperaba, o con los difusos recuerdos que aun guardaba sobre la habitación de Bra. Las paredes estaban tintadas en diferentes tonos de azul, del más claro al más oscuro, y el decorado era sobrio, casi demasiado. Aun así, pese a la escasez de adornos, todo el conjunto trasmitía una elegancia y una practicidad realmente encomiables.
- Es... distinto – no especifiqué nada más.
Ella se encogió de hombros, visiblemente incómoda, mientras me conducía a la sala de estar. Por aquel entonces yo ignoraba que aquel apartamento le estaba vedado a la mayoría de la gente, y que por el mero hecho de estar allí, acaba de entrar a una lista excepcional cuyos integrantes eran inferiores a cinco.
- Puedes esperar aquí – señaló –; tardaré lo menos posible.
Asentí, curioso, cuando ella ya se había dado la vuelta para retirarse. El salón era bastante similar a lo que yo intuía del resto de la casa. Un cómodo sofá de piel de dos plazas frente a un amplio televisor de plasma, al que calculaba unas treinta y ocho pulgadas. Varios estantes colmados de libros, un enorme ventanal que ocupaba prácticamente toda la fachada, y una pequeña mesa con un florero en el centro de la sala, al estilo oriental. Como único adorno, en la pared, colgaba un digital frame que alternaba fotografías suyas con imágenes de paisajes. La mayoría eran de su infancia y adolescencia, antes de la batalla contra los dragones, y en la gran mayoría iba acompañada de su padre u otros miembros de su familia. El ruido de la ducha apagándose llegó hasta mis oídos mientras me preguntaba el por qué de la escasez de fotografías más recientes.
Bra no tardó mucho en aparecer, con el pelo todavía mojado y una ropa mucho más cómoda y bastante más discreta. Me miró sonriente.
- Estoy lista.
Yo asentí, incorporándome, pero la ruidosa melodía del teléfono me detuvo a destiempo. Fruncí el ceño, era mi secretaria.
- ¿Te molesta? – cuestioné, indicando al pasillo – Creo que quieren echarme la bronca por desaparecer sin permiso.
- Adelante – sonrió –, no hay prisa. Pero no inquietes – me guiñó un ojo –, soy la hermana del presidente, siempre puedes decir que fue culpa mía.
Correspondí su sonrisa y cerré la puerta del salón parcialmente antes de contestar. Laia estaba furiosa, aseguraba que no había ni rastro de los papeles y qué íbamos a suspender la inspección. La tranquilicé lo mejor que pude, encomiándola para que me dejará a mi ese trabajo y se centrará en las cuentas. Al final me colgó de malas maneras, pero ya no parecía al borde de un ataque cardiaco, lo cual era un gran avance.
Regresé al salón dispuesto a disculparme con Bra por la tardanza, pero las palabras murieron en mi boca. Tras verla, su imagen me dejó petrificado. Tenía los largos cabellos verdosos esparcidos desordenadamente por la espalda, al tiempo que algunos mechones del flequillo condecoraban su rostro. Su cuerpo descansaba tendido sobre el amplio sofá, mientras su pecho subía y bajaba conforme a su pausada respiración. No obstante, lo que más me llamo la atención, fue que ya no quedaba ni rastro de la usual tensión que siempre trasmitía, al contrario, su aura era toda paz y sosiego en ese momento. Verdaderamente, dormida, Bra parecía un ángel.
Me acerqué a ella con intención de despertarla, pero en seguida me encontré incapaz de realizar dicha tarea. No podía interrumpir su descanso, no después de todo lo que había pasado. Suspirando, tras un instante de duda, la tomé en mis brazos y la llevé hasta su habitación.
Sus cabellos todavía permanecían impregnados por algunas gotas de agua y su piel estaba fría, por lo que, en una acción inconsciente y desconocida, elevé parte de mi KI para calentarla. La reacción fue inmediata. Satisfecho, deposité su cuerpo tiernamente sobre la cama y abrí las mantas para arroparla. Ella sonrió, en sueños, y yo me aparté para contemplarla.
Una extraña sensación se apoderó entonces de mi estómago, y de algún modo, supe que yo debía salir de allí lo antes posible. Aun así, me entretuve el tiempo suficiente para extraer un pequeño blog de notas de mi bolsillo, garabatear unos números, arrancar la página y depositarla sobre su mesilla con mi firma. Aquello sería suficiente.
Me di la vuelta, caminé hasta la puerta, y me detuve una última vez para contemplarla. Su imagen quedó grabada en mi cerebro se pretenderlo. Después giré el picaporte y salí definitivamente de allí. Probablemente no volvería a verla, no hasta dentro de otros tantos años.
Bien, hasta aquí. ¿Qué os ha parecido? Por favor necesito opiniones, porque realmente ando un poco perdida. Realmente tenía deseos de crear una historia propia, y para ello me desvié bastante del canon que he podido encontrar en otros fic, pero eso me habré un montón de interrogantes...
¿Estáis satisfechos con los personajes, o los encontráis totalmente fuera de lugar? Yo se que difieren bastante de la presentación que tuvieron en GT (o no tanto, por si alguno os lo preguntabais la chica con la que está Goten si es Paresu, y por cierto que aunque halla tenido que usarla no me cae nada bien) pero todo ello parte de una evolución en base a las experiencias que, según yo, han vivido durante esos cuatro años intermedios, y que iré desglosando más adelante. ¡Pero tampoco quiero que queden irreconocibles! ¿Vosotros qué opináis?
Y respecto a otro echo... me he fijado que en la mayoría de los fic que he leído (algunos realmente buenos, por cierto) siempre pintan a Bra como enamorada de Goten desde la infancia, cosa que me cuesta entender. Ni en el final de Z ni en GT tienen interacción alguna, y si permiten mi opinión, Bra era demasiado orgullosa (genio saiyajin, marca vegeta) para prestar atención al amigo cara dura de su hermano. Por supuesto es sólo mi opinión, pero dado que ya estamos un poco saturados de fic de la primera índole, me apeteció tomarlo desde este otro ángulo... Espero no decepcionar a nadie con los resultados.
Y por último... los diálogos, la piedra en mi zapato. Por mucho que lo intenté, no quedó del todo contenta con los resultados, y de tanto revisarlos mi visión se distorsiona al punto de luchar conmigo misma para no borrarlos y mandarlo todo a la , después de tanto esfuerzo. ¿Vosotros cómo los veis? ¿Son demasiado forzados, antinaturales, escuetos...? ¿Qué puedo hacer para mejorarlos? ¿Y para mejorar mi escritura en general?
Bueno, hasta aquí llega todo. Lamento haberos dado tanto la brasa y mil gracias a los que hayáis logrado llegar hasta aquí. Nos veremos en el próximo capítulo... ¿Cuándo? Depende de mi y de vosotros, pero principalmente de vosotros (aun así prometo no tardar mucho xD), así que...
¿reviews?
