Conversaciones, seducción y culpabilidad.
Continuamos conversando sin fijarnos en detalles tan minimalistas como la hora. Tocamos temas intrascendentales y otros de mayor cumbre. Confirmé, tal cual ya había sospechado antes, que era inexplicablemente fácil hablar con Goten, incluso bromear con él. La sinceridad que reflejaban sus ojos, la sencillez de su sonrisa... poseían el don de hacerme olvidar mis temores, junto con mi maniática necesidad de autocontrol. Me permitía ser yo misma estando con él, y aquello era algo tan extraño, que prácticamente lo había olvidado.
El placer de una charla sincera, sin segundas intenciones, sin palabras que quisieran significar otra cosa; sin retos, ni juegos de habilidades. Risas que no significaban condenas. Intereses comunes. Confianza.
¿En qué momento del camino había perdido yo tales cosas, desechándolas como banales?
Mi agotador impulso de mostrarme y ser perfecta en cualquier marco presente, de mantener el orden por encima de mi misma y mi miseria, de desfogarme después en carreras de coches suicidas y sesiones de sexo salvaje que nunca significaban nada... ¿podrían ser ellas las culpables de esa frialdad que se había adueñado de mi misma y que tan a menudo me aterraba?
Todas aquellas dudas e interrogantes me las plantearía más tarde, en la soledad que me ofrecían las paredes mi apartamento, una vez Goten se hubiese despedido de mi con la promesa de volver a vernos pronto. Pero en aquellos sencillos y deliciosos instantes me bastaba con escuchar y ser oída, y sonreír y reír cuando la frase así lo merecía, y mi mente, por costumbre prodigiosa y veloz como ninguna, no era capaz de racionalizar nada más.
- No te creo - arqueó las cejas con recelo -. Te lo estás inventando.
- Por supuesto que no - negué con tranquilidad-. Puedes preguntarle a Trunks si quieres, él te lo confirmará.
- ¿Me estás diciendo que el peor mes de castigo de mi vida fue absolutamente culpa tuya? - cuestionó con voz de acusación, pero todavía sin terminar de convencerse.
- En ningún caso - sonreí -. Yo no os obligué a beber, ni a traer a esas chicas a casa para impresionarlas. Eso fue absolutamente culpa vuestra. Yo únicamente me encargué de poner tales hechos en conocimiento de mi progenitor. Nadie puede culparme por ello.
Goten abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla al momento, como si estuviese demasiado impactado para articular palabra. Me eche a reír ante su cara de asombro.
- Tienes que entenderlo Goten - expliqué con intencionada inocencia -. Trunks y tú os habías burlado de mi disfraz de princesa el día anterior. Por mi orgullo saiyajin, no podía permitir que ese insulto quedara indemne.
Le vi parpadear varias veces, como tratando de recordar dicho incidente, o tal vez preguntándose desde cuando la mente de una niña de cinco años podía ser tan retorcida, hasta que finalmente sacudió la cabeza y permitió que una sonrisa contagiara sus labios.
- Vengativa familia Brief. Mi hermano debería haberme advertido antes de permitir que mi inocencia fuera corrompida por vosotros - bromeó.
Yo sonreí e, incapaz de resistirme, añadí:
- Creo que fueron aquellas chicas quienes corrompieron tu inocencia, Goten. No nosotros.
Él volvió a sonrojarse y desvió la mirada, mientras surgía en mi pecho el ya habitual sentimiento de ternura. En aquellos momentos no reparaba en lo fácilmente que estaba tratando anécdotas del pasado con él, cuando de por sí era un tema que prefería evitar con el resto del mundo, inclusive mi familia. No tenía conciencia de nada a mi alrededor, ni de la gente, ni de la música, ni de la hora… Por primera vez en demasiado tiempo, no estaba representando una escena para quienes me rodeaban, cuidando mi costura y elaborando convenientemente mis expresiones faciales. Mi concentración radicaba exclusivamente en mi conversación con él.
Tal vez fuera por eso que me sorprendió tanto su intromisión.
- ¿Bailas?
No había sido yo quien había formulado esa pregunta, ni él a mi. Ella era una mujer joven, pero aun así debía ser unos cinco años mayor que yo. Probablemente su atención habría caído sobre él y nos había estado observando, en busca de cualquier contacto físico entre nosotros y evidentemente satisfecha ante la falta del mismo.
Fruncí el ceño por la intromisión, prodigándole con la mirada exactamente el mismo desprecio que prodigaría a cualquiera que se atreviera a interrumpirme en cualquier otra situación. Ni siquiera después de comprobar que ella era bastante hermosa, rubia, alta, cabellera larga y grandes ojos verdes, me sentí celosa. Aquello, simplemente, no entraba en mi naturaleza.
Pero sí descubrí en mi un sentimiento de hastío y de enfado que no tenía nada que ver con el hecho de que alguien se hubiera atrevido a interrumpirme. Realmente estaba disfrutando de mi conversación con Goten y no quería regresar a la realidad tan pronto.
La martilleé con los ojos y ella se revolvió incomoda, pero aun así permaneció inmóvil, a la espera de una respuesta. Visiblemente sorprendido por la invitación, Goten se giró hacía ella para rechazarla con amabilidad, cuando yo capté un destello de perdida en sus ojos, como si él también lamentara que alguien nos hubiese interrumpido.
Ignoró qué demonio se apoderó de mi en aquel instante.
- Baila con ella - ordené; y sonó más a una súplica que a una orden -. Por favor - añadí, cuando él abrió la boca para protestar -. Sólo un baile - trasmití a mis ojos toda la fuerza de persuasión que pude reunir -. Por mi. Quiero verte bailar - expliqué, sin importarme cuan infantil aquella argumentación pudiera parecer.
Suspiró y condujo su mano a la nuca, elaborando una pose que yo había empezado a considerar como suya. Clavó su vista en mi fijamente, tal vez tratando de encontrar una excusa, o quizá buscando el porqué de mi extraña petición, un por qué que ni siquiera yo comprendía. Fuese lo que fuera lo que vio en mi rostro, relajó su postura y me dedicó una pequeña sonrisa, para ceder finalmente.
- Está bien - accedió -. Pero sólo uno.
Y se dirigió hacía la chica para presentarse, tomarla del brazo con delicadeza y abrirse paso hasta la pista de baile, mientras ella se alejaba de mi posición, sin comprender del todo si había conseguido una victoria o su antítesis contraria.
Tampoco yo podía decirlo.
Había sido una conversación mágica de una manera extraña y en absoluto pomposa. Extraña porque a pesar de los más de dos años transcurridos sin vernos, en ningún momento se había producido un silencio incomodo o un no saber qué decir; nada pomposa porque la conversación nunca había tocado temas serios o en exceso personales, y había estado coreada siempre por su hermosa y relajada sonrisa. Mágica porque, sin proponérselo, había logrado lo que mis esfuerzos de todo aquel día y de los trescientos sesenta y cuatro días anteriores no habían conseguido:
Olvidar. Olvidarlo todo.
Olvidé el sentido de aquella fecha y lo que significaba. Olvidé mis reflexiones, el rencor, el odio, aquel vacío existencial que siempre me acompañaba. Olvide mi preocupación por el pasado y por el mañana, mi desprecio permanente por una parte de mi mismo, mi autocontrol. Deje atrás todo ello, sin ser siquiera consciente, me relaje y puse toda mi concentración al servicio la mujer que tenía ante mi.
Quizá por lo mismo, apenas fui consciente de que alguien se había acercado hasta que observé como Bra enderezaba su postura y volvía a recuperar el control de sus expresiones faciales. Su mirada se endureció y adquirió un deje de desprecio, pero no dejaba entre ver nada más. Inmediatamente, me embargó una sensación de perdida al desparecer su sonrisa. Sólo entonces reparé en la mujer que permanecía a mi lado, y hube de parpadear un par de veces para recuperar de mi cerebro las palabras que ella debía haber pronunciado hacia un par de segundos, y a las que yo o había hecho ningún caso.
- ¿Bailas? - era una invitación.
Había recibido muchas en mi época de soltero empedernido y en cierto sentido me sentí halagado, considerándolo prueba tangible de que cuatro años fuera de mercado no habían bastado para perder mi atractivo ante las mujeres más jóvenes, pero dicha sensación fue aplacada por el hecho de que había interrumpido mi conversión con Bra, y yo no quería regresar al mundo real tan pronto. Además, ella había perdido su sonrisa.
Separé los labios para rehusar la invitación con todo el taco posible, aún cuando la joven en cuestión no hubiera hecho gala de la misma delicadeza al invitarme siendo evidente que estaba acompañado. Sin embargo, antes de poder vocalizar el rechazo, Bra me interrumpió.
- Baila con ella - ordenó, aun cuando sonara más a un ruego que a una orden -. Por favor - no podría haber dicho otra cosa que me sorprendiera más -. Sólo un baile - trató de persuadirme con su mirada, que nunca había visto más azul ni más brillante que en aquel instante -. Por mi. Quiero verte bailar.
Me pareció un argumento demasiado infantil, cuanto más tratándose de Bra. Dispuesto a negarme, la escruté con curiosidad. Ella permaneció atenta y no se negó a que la examinara. Sus ojos seguían persuasorios y brillaban en ellos un ápice de esperanza. Sus labios permanecían entreabiertos, sus paletas presionaban sobre su labio inferior con esperanza, y la rigidez de su mandíbula revelaba una pequeña tensión. No obstante, no fue nada de eso lo que me convenció.
Había algo, algo más allá de esa fachada; algo más allá de sus ojos y de su rostro, algo que quizá fuera su espíritu… y me pareció tan herido y tan asustado, tan frágil y abandonado, que tuve que hacer algo, cualquier cosa, para aliviarlo. Un instante después de percibir tal sensación, lo que quiera que fuese que me había impulsado a ella desapareció, y el instante había sido tan fugaz, que casi me convencí de haberlo imaginado.
Aun así, sonreí a Bra, tomé la mano de aquella desconocida joven que no sabía que pensar, y me dirigí con ella a la pista de baile.
En cierto sentido, hasta ese momento mi cerebro había catalogado la noche como "pasar un rato el mejor amigo de mi hermano". Cuando le vi en aquella pista de baile, todo cambio. Las luces parpadeaban a su alrededor creando un juego de luces y sombras con su rostro y su cuerpo. Él no dejaba de mirarme, pero a pesar de eso su cuerpo se movía con soltura y sugerencia alrededor del cuerpo de la otra mujer, cuyas curvas nunca permanecían inmóviles, como burbujas efervescentes de seducción.
Yo me di cuenta de algo simple y al mismo tiempo arrebatador, algo elemental que inexplicablemente mi prodigioso cerebro había pasado por alto hasta entonces: Goten ya no era un niño, ni siquiera un adolescente. Goten era un hombre; un hombre que a mi podía resultarme atractivo.
A ojos ajenos parece un verdad sencilla, y el hecho de que de verdad empezara a fijarme en él a partir de ese instante, podría adjudicarse a mi frivolidad. Pero no tenía nada que ver con ella.
Yo antes ya lo hubiera descrito como un espécimen masculino con atributos físicos altamente deseables para la mayoría de las féminas, y hubiera enumerado aquellos con la misma facilidad y precisión que describo los compuestos químicos de cualquier laboratorio.
La diferencia, es que en ese momento lo sentí. Mientras lo veía bailar, con las luces de colores iluminando su piel, su cuerpo deslizándose en movimientos acordes al ritmo de la música, sus ojos fijos en mi, su sonrisa tan viva… un estruendoso deseo se despertó en mi interior y me atravesó con la velocidad de un relámpago. Me sentí viva, febril y excitada. Y lo deseé intensamente. Y mientras ese deseo me consumía, con él vino la súbita comprensión de que ese hombre podía darme todo lo que yo necesitaba.
La sensación se desvaneció de mi mente un instante después, y él instante había sido tan breve que cuando pasó, olvidé por completo lo que había sentido. Pero seguía allí, escondido. Y la llama sólo necesitaba calentarse un poco más para volver a prenderse.
Goten regresó conmigo poco después. Sus ojos chispeaban. Se sentó con soltura frente a mi, apoyó un brazo sobre el respaldo de sofá, y tras un instante aproximó su rostro al mío.
- ¿Disfrutaste del espectáculo Bra? - inquirió con una sonrisa torcida que no parecía la suya.
Pero me gustó. Era distinta, arrogante, con un toque de seducción que nunca creí que practicara conmigo.
- Absolutamente - afirmé sin molestarme en negar lo que era cierto. Después yo también inclíneme rostro hacía él, tal cual él había hecho -. ¿Intentas seducirme Goten?
Él se sonrojo y retrocedió un poco a su posición inicial, pese a que sus ojos aún chispearon alegres.
- Es bueno sentirte joven.
Yo arqueé las cejas y lo censure con falsa voz de indignación.
- Coquetear con jovencitas. Deberías darte vergüenza superar así la crisis de los cuarenta.
Sus ojos se ampliaron y sus mejillas extendieron con indignación antes de que mis carcajadas le hicieran comprender que estaba bromeando.
- Crisis de los cuarenta - sacudió la cabeza como si sólo pronunciar el número ya le diera pánico -. No sé juega con eso Bra. El que tú fueras una mocosa vestida con un pijama rosa de ositos cuando yo tenía tu edad, no significa que yo sea viejo.
Abrí la boca con sorpresa y después me sonrojé furiosamente. No podía creer que él todavía se acordara de aquel horroroso pijama cortesía de mi abuela. En un gesto totalmente infantil y nada propio de mi le saqué la lengua para burlarme de él. Era evidente que no sé lo esperaba, pero inmediatamente sus carcajadas se escucharon en toda la sala.
Yo me enfuruñé.
- Trunks y tú erais tan malos. Y luego te sorprendes de que yo os delatara...
Sin duda, él abrió la boca para responderme, pero la inesperada vibración de mi móvil lo interrumpió. Me había olvidado por completo de que lo llevaba conmigo y si no fuera por mi oído saiyan ni siquiera habría escuchado la música sonar. Inmediatamente fruncí el ceño, pensando en mi madre. Tras tantos días sin contacto debería estar sumamente preocupada por mi.
Tomé el móvil entre mis manos y dudé un instante, contemplando a Goten. No quería interrumpir nuestra charla, me sentía demasiado a gusto con él.
Tal vez él leyera el debate en mis ojos, o simplemente hizo gala de su amabilidad natural.
- Ve a contestar, te esperaré aquí.
Tras meditarlo un instante yo asentí, agradecida y me despedí de él.
- No tardaré - prometí.
La observé alejarse en dirección a los servicios con el corazón sumamente ligero. La musicalidad de su risa todavía envolvía mis sentidos. Nunca antes la había escuchado reír. Una risa pura y cristalina que me envolvía. Sin motivo aparente, me hacía feliz el hecho de ser yo quien provocara ese sonido. Sonreí sin poder evitarlo ante el recuerdo de sus mejillas tintadas de color escarlata.
Era tan distinta a como la recordaba; tan inteligente y espontánea al mismo tiempo. Diferente a cuanto yo hubiera esperado de ella. No se asemejaba a Trunks en nada, nunca se habían parecido. Sí que había mucho de Vegeta en ella, y también manifestaba varios rasgos característicos de Bulma. Pero era un ser diferente, un ente propio. No una niña. Una mujer que se distinguía a sí misma por sus propias cualidades.
Yo ya lo había descubierto antes, pero la sensación se hizo más clara mientras bailaba. La música acariciaba mi cuerpo mientras la observaba y yo me movía alrededor de ella. Sentía en mis venas algo que hacía tiempo que no sentía: una pizca de adrenalina con otra pizca de seducción.
¿Intentas seducirme Goten?
Ella se había percatado, por supuesto. Pero no había sido un movimiento intencional, por lo que ni siquiera podía sentirme arrepentido. Tampoco había sido algo físico. Había sido… instinto.
Mientras bailaba. El instinto me había golpeado. Algo distinto a todo lo que había sentido hasta entonces. Un olor, una emoción atravesando mi cuerpo. A través de mi olfato, inflamando mi tráquea, corroyendo mi estómago. Despertando en mi una bestia salvaje y contenida de la que nunca había sido consciente. Me sentí un depredador. Me contuve para no gruñir, para no devorar el lugar, para no…
La emoción, la adictiva sustancia que había invadido mi olfato y corroído todo mi sistema, desapareció en ese punto. No pude identificar la urgencia que venía después porque desapareció sin dejar rastro, como si nunca hubiese existido. Me calmé, abandoné la pista de baile, y me redirigí hacía ella, sentándome a su lado e inclinando la cabeza ligeramente en dirección a su rostro.
La olí; aunque ella no se percató de ese detalle. Sus ojos chispeaban con la promesa de algo pasado. Intenté seducirla. Pero no había en mí un propósito mezquino al hacerlo. Simplemente… instinto. Después me excusé y escuché la claridad de su risa.
Cuando su teléfono sonó, yo tampoco quería que la noche acabara.
- ¿Bra?
La esperé pacientemente mientras ella regresaba de los lavabos. No podía imaginar quien la había llamado siendo aquellas horas. Por un instante me sentí celoso, abriéndome a la posibilidad de que hubiera sido un hombre. Su hombre. Entonces recordé el encuentro de aquella mañana, el verdadero motivo por el que estábamos aquí hoy. Su novio había muerto. Y me sentí terriblemente culpable.
Pero cuando la vi aparecer, con los ojos rojos y destrozados, y con dos lágrimas atravesando su rostro; con la expresión de terror, culpa y miedo más rompedora que yo había contemplado; cuando se echó a mis brazos abrazándome con fuerza… cualquier otro pensamiento se desvaneció de mi mente.
- ¿Bra? - cuestioné aterrado, estrechándola con mis brazos - ¡Por Kami! ¿Qué te ocurre?
- Goten… - balbuceó mi nombre -. Lo siento… Lo siento mucho.
- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Mi confusión era evidente. No entendía por qué se disculpaba. Pero más allá de eso, mi corazón se rompía al verla llorar tan desamparada.
- Todo está bien, Bra, ¿de acuerdo? No hay razón para disculparse. Ven, cálmate. Vamos afuera.
La arrastré fuera del local hacía la tranquilidad de las calles sin dejar de abrazarla. Veía bien que mi abrazo no hacía nada por calmarla, pero quería protegerla de los demonios que la atosigaban.
- Soy un monstruo - afirmo con los labios temblorosos una vez se separó de mi y pudo mirarme a los ojos.
Yo no entendí esa declaración.
- ¿Qué? ¿Por qué dices eso? Tú eres todo lo contrario a un monstruo.
Ella sacudió su cabeza casi con desesperación.
- Toda la noche… Tú… consolándome… Y yo ni siquiera… Ni siquiera… Lo olvidé por completo.
A pesar de que nunca pronunció toda la frase completa, yo fruncí el ceño en seguida, empezando a comprender. Un odio irracional me llenó. A todos sus crímenes ahora también se añadía la culpa por esas lágrimas. No era un pensamiento coherente, pero yo no pude evitar el sentirlo.
Aun así deseché el odio. Ya habría tiempo para regodearme en él más tarde. Ahora lo importante era ella. Debía detener sus lágrimas. Más aún, debía detener la culpa que la acosaba y sobre la que no tenía participación alguna.
- ¡Bra, escúchame! - Al ver que continuaba negándose tomé su mentón entre mis manos, forzando el contacto visual, y una vez tuve su atención deslicé una de ellas en una caricia por sus húmedas mejillas -Escúchame, por favor. Tú no eres ningún monstruo. Eres una mujer increíble. No tienes ningún motivo para sentirte culpable. Y se me parte el corazón al verte llorar.
Mis palabras lograran calmarla un poco, porque fue capaz de enfrentar mis ojos aún cuando ellos continuaba residiendo una terrible culpabilidad y un profundo miedo.
- ¿Cómo puedes decir eso? - pronunció en casi un susurró -. Deberías odiarme. Él era tu padre. Si yo fuera tú… estaría destrozada. Y por mi culpa ni siquiera has tenido oportunidad de llorarle.
No se qué fue lo que me persuadió. Tal vez fuera la culpabilidad que arrastraban sus lágrimas, ya secas, su mirada tan rota, o la suavidad de su dulce voz. Pero en ese instante decidí confesarle algo que llevaba guardando conmigo durante demasiado tiempo, que me atormentaba, y que nunca había sido capaz de compartir. Algo sumamente importante. Una confesión que cambiaría mi vida para siempre.
- Él no era mi padre. Él era un héroe y un salvador. Pero nunca fue mi padre.
Observé como la confusión aparecía en sus ojos y como fruncía su ceño tras mis palabras, en un vano esfuerzo por entenderme. No lo lograría. ¿Cómo podría ella, con un padre como Vegeta? Ni si quiera Gohan podría. Y sin embargo, dentro de mi existía el impulso de que ella comprendiera. Y me consolara.
Lo más extraño de todo, lo que me confundió de verdad, es que yo nunca había buscado ese consuelo, ni siquiera comprensión. Y continuaba sin desearlo. Pero debía ser ella. Con ella sí. Tal vez porque sospechaba que únicamente ella encontraría las palabras correctas para aliviar el peso que me acechaba. O tal vez porque sabía con seguridad que nunca me juzgaría ni pensaría en mi como un egoísta.
Fuera cual fuera la razón, me deje llevar por ella aprovechando el impulso. Sin racionalizarlo. Sin pensar. La tomé de la mano y la arrastré conmigo hacia los cielos.
- ¡Sígueme!
Sus pupilas se ampliaron con sorpresa un instante, pero inmediatamente sentí como su ki ascendía hasta nivelarse con el mío. Volamos juntos, de la mano, coronados por una única aura perlada alrededor de ambos. No la liberé hasta que llegamos al pequeño claro.
Cuando piso tierra, sus ojos vagaron confusos unos segundos, inspeccionando a rededor. Enseguida encontró algo en lo que concentrarse.
Se acercó a la tumba con lentitud, como si le costara separarse demasiado de mi.
- ¿Es tú…?
- No - interrumpí su pregunta antes de que la realizara -. Mi madre.
- ¡Oh!
La comprensión brilló en sus ojos azules. No se mostró avergonzada o se apresuró a darme su pésame. No dijo que sentía su muerte. Yo ya intuía que no lo haría. Bra no manifestaría pesar por la desaparición de una persona a la que apenas conocía. Ella se consideraba un monstruo frío por ello. Yo sólo la veía como la persona más valiente y sincera de cuantas había conocido. Los conformismos sociales no la acompañaban.
En cambio, continuó mirándome fijamente a los ojos y dijo:
- No puedo imaginar lo duro que fue para ti.
Suspiré y me arrodillé ante la tumba, sacudiendo inconscientemente el polvo que la cubría.
- Fue más duro para ella.
Lo observé apoyar su frente un instante sobre la dura piedra y después girar el rostro para enfrentare. No entendía por qué me había traído aquí, ni por qué me contaba todo aquello. Pero la tristeza de sus ojos, la intensa desesperación que me trasmitieron sus pupilas… Hube de contenerme a mí misma para permanecer inmóvil, y no correr a él y abrazarlo.
Nunca había sido alguien físico. Me desagradaba el contacto carnal con la gente, con cualquiera que no fuera parte de mi más estrecha familia. Goten había logrado cambiar esa faceta de mi en tan sólo un día. Había algo en él que me conmovía. Su relajada postura, su inocente su sonrisa, la pureza de su mirada… despertaba en mi un instinto protector que nunca había sentido.
No me gustaba que él sufriera. Y no me importaba abrazarlo o tocarlo si así contribuía a apagar su tristeza. Tal vez porque él no había dudado en hacer lo mismo conmigo.
Pero en aquel momento no me moví. No me moví porque intuí que él necesitaba liberarse, expresar en palabras algo que hasta entonces había estado guardando. Y se me movía, si me acercaba a él, tal vez él no encontrara el valor para lograrlo.
- Fue más duro para ella - comenzó a decir-. Extremadamente duro. Toda su vida lo fue. Pero cuando comprendió que él no volvería… - interrumpió la frase; apretó sus puños con fuerza y en sus pupilas apareció un rencor que hasta entonces yo no conocía. Hubo de respirar varias veces antes de continuar -. En los últimos años ni siquiera era capaz de reconocerme a mi - confesó con dolor -. Yo le hablaba, y ella me miraba… pero nunca me veía a mi. Conversaba con él, creía que él estaba a su lado. ¡Y Diablos! .- clavó su puño en la tierra con furia -. ¡Él no lo merecía!
- Goten…
Sin percatarme yo también había caído al suelo, de rodillas a su lado. Lo contemplé con dolor
- Nunca estuvo con ella. La abandonó… para salvar el mundo. Y nadie puede echarle en cara algo así, ¿verdad? - sus ojos chocaron con los míos cargados de dolor e ironía -. ¿Sabes cómo me sentí cuando descubrí que él podría haber vuelto tras el torneo de Cell? ¿Qué pasé los primeros siete años de mi vida sin padre porque él prefirió quedarse entrenando en el otro mundo?
Mi pecho se encogió con dolor. No. No podía saberlo. Ni siquiera adivinarlo.
- Y cuando al final regresó… hubiese dado igual que no lo hubiera hecho - clavó la vista en el suelo un momento para calmarse -. Cuando yo era niño, todo el mundo criticaba a tu padre - me sorprendió aquel cambio en la conversación y fruncí el ceño ante la referencia de mi padre, pero le permití continuar -. Ninguno entendía qué había visto Bulma en él, o por qué Trunks lo defendía siempre. Era siempre tan frío y tan indiferente… Lo que ninguno de ellos veía, era que el siempre permanecía a vuestro lado. Y no había fuerza capaz, terrestre o extraterrestre, de apartarlo de su familia. ¡Dios! - explotó -. Vegeta fue más padre para mi que él. Y ni siquiera me estoy refiriendo a la época en la que estuvo muerto. La primera vez que me acerqué al alcohol, la primera vez que besé a una chica… tú padre estuvo allí. Él mío luchaba en la otra punta de la galaxia por salvar un mundo que ni siquiera el suyo. ¿Por qué?
Supe que no era un pregunta literal, que no esperaba una respuesta a pesar de la necesidad con la que sus ojos parecían aclamar por una. Hube de intentarlo. Abrí a él una parte de mí misma que, por respeto a mi padre y a mi misma, jamás había revelado a nadie.
- Mi padre - pronuncié lentamente - carga con unos demonios internos que tú, que cualquier persona en este planeta - a excepción quizá de mi madre, pensé -, no es capaz entender. Él nos necesita. Nosotros le brindamos paz, descanso. Y él necesita esa paz desesperadamente. Por eso no se marcha, aunque sea saiyan. Porque su mayor batalla la lucha consigo mismo constantemente, y necesita a su familia para que le brinde la fuerza para ganar.
Él suspiró profundamente.
- Le odio - parecía tan casando al pronunciar esa palabra. Y realmente lo estaba. Vi como se desplomaba y se aferraba a mí desesperadamente, enterrando su cabeza en mi pecho, buscando un calor o un consuelo que yo deseba darle -. Le odio - repitió -. Le odio por hacer daño a mi madre. Y porque salvar al mundo siempre fue para él más importante que yo. ¿Soy demasiado egoísta?
- No - contesté en un firme susurro. ¿Egoísta? -. A mis ojos, nunca. Pero quizá, si tú lo sientes así… entonces yo no podré convencerte. Y si lo sientes así, aunque sea un error, nunca lograrás ser feliz hasta que te despojes de ese odio, y lo dejes ir.
Bra estaba en lo cierto. Había comprendido el conflicto que me atrapaba con más precisión que yo mismo. Pero no era fácil. No era fácil dejar ir ese sentimiento de odio, rencor y culpa que me carcomía desde hacía tanto tiempo. Tal vez, si sus brazos no me estuviesen rodeando, si mi rostro no se hubiese refugiado en su pecho y mis manos no se hubiesen aferrado desesperadamente a ella, lo hubiese considerado imposible.
- No sé cómo dejarlo ir - reconocí con importancia -. Durante mucho tiempo le perdoné que me abandonará, que se negará a regresar de la muerte, que se marchará con Oob ignorando que yo lo necesitaba. Lo perdoné porque era un héroe. Un maldito saiyan. Estaba en su esencia ser libre, hacerse más fuerte, salvar gente. Pero cuando se marchó la última vez, el daño que le produjo a mi madre… no sé si puedo perdonar eso.
Lo veía tan roto, tan destrozado. Y yo no sabía como ayudarlo , con qué palabras ofrecerle consuelo. En mi mente, yo jamás sería capaz de odiar a mi padre, él era lo que yo más quería en el mundo, la persona que mejor me entendía, que mi brindaba, quizá no lo que yo deseara, pero siempre lo que necesitaba. Era mi padre, mi papá, yo nunca podría odiarlo. Pero de nuevo, él era mi padre. Y por lo que él era en sí mismo y lo que había sido conmigo, nunca podría odiarle. Sin embargo, si él no fuera él, si yo estuviera en la situación de Goten, ¿sería capaz de odiar a mi progenitor?
Era un cuestión demasiado encrucijada para obtener la respuesta correcta.
- Ódiale si eso es lo que sientes Goten, pero nunca te odies a ti mismo por su culpa - fue lo mejor que pude decir -. No vale la pena.
Sin embargo, aquellas simples palabras tuvieron un efecto devastador para él que yo no me esperaba. Se incorporó de repente y se alejó de mi unos pasos. Sus ojos brillaban furiosos pero yo sabía que no era a mi contra quien esa furia se dirigía.
- ¿Cómo no podría odiarme? !Yo soy como él! ¡Sus malditos genes están dentro de mi! - se golpeó el pecho con ira -. Me juré a mí mismo no volver a hacer uso de ellos después de que él se marchara, pero no lo consigo. ¡Siempre hay algo! Una marca de dedos en el volante, una abolladura en la puerta, una necesidad ingerente de comida… ¡Siempre hay algo que me lo recuerda! ¡ Qué me recuerda que soy como él! ¡Un maldito saiyan! ¡Y lo odio!
No fui consciente de lo que sucedió a continuación. En un primer segundo estaba despotricando y al siguiente estaba sobre suelo, varios metros más atrás, con la mejilla ardiendo. La miré asombrado, y aún hoy no sé qué me desconcertó más: el hecho de que ella me hubiera golpeado, o la evidente velocidad y fuerza que empleo al hacerlo, suficiente para causarme daño.
Sus ojos brillaban con furia y parecía todo menos avergonzada.
- ¡Nunca! ¡Jamás! ¡Vuelvas a decir eso! ¿Me escuchas?
Yo parpadeé tontamente, incapaz de reaccionar.
- Que Goku fuera un idiota no te da derecho a insultarme a mi raza. A tú raza.
- Tú eres humana… - susurré, contradiciéndola.
- No. Yo soy saiyan por encima de todo - su postura se relaja un tanto, a pesar de que sus pupilas seguían chispeando -. Y desearía serlo completamente - confesó, para mi confusión -. Pero no puedo. Porque soy humana también. Ambas razas están en mi esencia, me componen. No me es posible rechazar una de ellas y continuar siendo completamente yo - su mirada se clavó en mi -. Y tú tampoco puedes hacerlo.
- Puedo intentarlo - murmuré tercamente, a pesar de que sus palabras me habían conmovido.
No porque fueran palabras hermosas o dieran muestra de su fuerza, sino porque se clavaban en mi como afiladas dagas portando una verdad aterradora. Sin embargo yo no era capaz de aceptarlo. Todavía no.
- Si, puedes intentarlo - ella no me contradijo -. Pero nunca lograrás ser feliz si lo haces.
Había algo oculto en su voz, el eco de un dolor, de una vieja herida... Y me pregunté a mí mismo si ella hablaría por experiencia.
Toda su furia se había desvanecido, y ahora me contemplaba con profunda tristeza reflejada en sus ojos azules. Pero no era compasión, era una tristeza que la envolvía. Y en ese momento supe con seguridad que no era el único con demonios internos que lo acosaban.
Me acerqué a ella y la abrace. Estuve minutos abrazándola. Después, simplemente, hube de alejarme de allí.
- Vamos a casa Bra.
Para compensar mi monumental retraso en el capítulo anterior, aquí os dejo este, a dos días de haber publicado el capítulo V.
Espero que lo hayáis disfrutado. Goten se ha abierto a Bra y hemos descubierto que le perturba.
Que nadie se equivoque. Goku es uno de mis personajes preferidos, quizá al que más cariño tengo. Pero aun así hay que admitir que en sus relaciones familiares deja bastante que desar.
En mi opinión esto no es sólo culpa suya. Chi-chi le forzó a un matrimonio cuando él ni siquiera tenía conocimiento del significado y, mucho menos, la implicación de esa palabra. Él era un ente libre, un luchador, y era contra su naturaleza permanecer atado a un lugar, deberse sólo a una persona. Sin embargo, fueron Goten y Chi-chi quienes pagaron las implicaciones de esto.
En fin, esa es simplemente mi interpretación, que puede estar de acuerdo o no con las vuestras. Espero no haber herido u ofendido a nadie con ese comentario.
El próximo capítulo está ya escrito y alistado. Su publicación dependerá de vuestros animos y vuestros comenarios.
Nos vemos en el próximo capítulo tomodachis.
¡Sayonara!
