Inocencia VI

Narra Bra Vegeta Brief.

Goten y yo volamos juntos la mayor parte del camino, pero en el último tramo nos habíamos separado. Todo lo sucedido aquella noche daba vueltas en mi cabeza mientras me aproximaba a casa. Era extraño como ya casi ni me acordaba del accidente. Mi mente estaba plagada de distintas ideas y sentimientos, y sabía que necesitaría al menos una noche de descanso para asimilarlas todas y colocarlas en orden.

Ni siquiera me preocupé por mi aspecto. Aterricé directamente en el jardín de la Corporación Capsula, posándome con suavidad sobre el césped; y no me fue necesario elevar la vista para saber que mi padre me esperaba. Mi corazón se calmó al verle. Después de aquella noche aprecié más que nunca su continua presencia, su forma discreta y silenciosa de acudir siempre a mí cuando le necesitaba.

- Buenos días, papá.

- Bra.

Él no se movió, pero sus pies se separaron del suelo y su cuerpo ascendió en vertical hacía el cielo. Le seguí. Sabía bien a dónde se dirigía. La cúpula de la Corporación Capsula. El lugar más elevado e inaccesible de todo el edificio, al menos para un humano. Desde donde se podían contemplar todas las estrellas. Incluida aquella.

- Aún recuerdo cuando me enseñaste por primera vez este lugar… - murmuré, sentándome a su lado.

- Ni siquiera tu madre lo conoce - confesó, con una emoción en su voz que no era propia de él -. Cuando llegué por primera vez a este planeta, subía aquí para contemplar la casa que había perdido. Ahora, subo aquí para no olvidar de dónde vengo.

No me miraba a mi. Nunca lo hacía. Sus ojos continuaban fijos en el horizonte, clavados en una pequeña mota de luz que no sobresalía entre tantas otras. Pero para él suponía un mundo de diferencia, y siempre la reconocía.

Es extraño como un astro puede explotar en un momento dado, y su luz continuar alumbrando el universo varios siglos después. Es extraño como aquella era la única forma en que mi padre podía sentirse cerca de su planeta de origen. Vegetasei.

Yo tenía cuatro años cuando él me lo mostró por primera vez, trayéndome aquí. Había sido mi primer día en la escuela infantil, y a pesar de haberme mantenido firme, una vez en casa no pude evitar que las lágrimas escaparan de mis ojos ante el descubrimiento de una verdad aterradora: yo era diferente.

Él me tomó en sus brazos y me trajo a este lugar. Me contó la historia de sus ancestros y me habló sobre lo que él sintió al perder su planeta. Me dijo que yo era humana, pero que era más que eso. Yo era la princesa de su raza, la princesa de los saiyans, y siempre debía mostrarme orgullosa de mi linaje. Por ambas partes.

Inconscientemente, me recliné más hacía él.

Era duro, muy duro, ser una mitad inconclusa. Saber que no pertenecía del todo aquí, a la Tierra, pero que tampoco sería aceptada allá, si ese planeta aún existiera. Pero todavía debía de ser más duro para él, siendo el último de una raza que estaba condenada a la extinción y al olvido. Entonces recordé que esa noche mi madre no era la única que recordaba a su mejor amigo.

- ¿Lo hechas de menos?

Él produjo un gruñido intangible, y continuó sin mirarme.

- Kakarotto era un idiota - añadió, al cabo de un rato.

Me percate de que había esquivado mi pregunta, y él también se dio cuenta.

- Pero era el único que quedaba. Ahora estás sólo.

- No estoy sólo - rebatió, con una voz extrañamente profunda -. Aún queda alguien más.

No me extraño esa respuesta y supe de inmediato a quien se refería.

- La fuerza física no es el rasgo que más caracteriza a un saiyan, Bra. La fortaleza lo es. Y ella tiene mucha más fortaleza que yo. Es más saiyan que yo. No estoy solo mientras la tenga a ella.

Yo asentí a pesar de que él no me viera. Mi padre siempre hablaba así de mi madre. A veces me preguntaba si esas mismas palabras se las habría confesado a ella, o si su orgullo y su miedo a quedar expuesto se lo habría impedido. A veces me sentía celosa, porque en el fondo sabía que sí, que él se lo habría confesado, y que sino ella igualmente lo sabría.

Su unión era tan profunda, tan trascendental, que trascendía los simples paradigmas humanos. Las palabras sobraban entre ellos. Se pertenecían de un modo que yo me creía incapaz de pertenecer a nadie. Y en el fondo, en lo más profundo de mi alma, radicaba el deseo encontrar esa unión con otra persona. Aunque me pareciera imposible. Aunque me asustara lograrlo.

Suspiré profundamente y me acerqué más a él, entrelazando su brazo y recostando mi cabeza sobre su hombro. A veces me daba miedo pensar que haría él cuando mamá muriera, o que haría mamá en el caso de que él lo hiciera primero. Me aterraba la certeza de que entonces los perdería a los dos. Yo no estaba preparada para perderlos, pero sería demasiado egoísta pedirles que permanecieran conmigo. El vínculo daba esa opción. Una opción demasiado dolorosa.

Finalmente deseché esos pensamientos, cerré los ojos y me recosté contra él, sin ver como los rayos de Sol empezaban a apoderarse del cielo a nuestra espaldas.

- Te quiero papa - susurré.

No hubo respuesta. No era necesaria.


Narra Son Goten

Me sentí como un extraño invadiendo casa ajena mientras me deslizaba por la ventana de mi apartamento. La sensación de que aquel no era mi sitio, de que no era aquí donde yo realmente pertenecía, me acosaba.

El puño de la culpabilidad me golpeó con fuerza cuando la vi dormir placidamente en su espacio de la cama, con una sonrisa enmarcando sus labios.

Paresu…

¿Por qué tuve que contarle a Bra todo aquello? ¿Por qué, cuando apenas la conocía, si nunca fui capaz de compartirlo con Paresu? La persona que me venía acompañando desde hacía cuatro años.

Inmediatamente me di cuanta de la ridiculez de aquella pregunta. Yo nunca había sentido deseos de compartir esos sentimientos con mi novia. Ella ni siquiera sabía que yo era saiyan-jin. Ella nunca había conocido mi padre. Ella no sabía nada de mi herencia. Paresu era la perfecta humana para un Goten humano.

Nunca serás feliz si niegas una parte de tu esencia…

Las palabras de Bra se repitieron en mi mente, acosándome. Necesitaba salir de allí. Me di la vuelta y me dirigí al baño, haciendo un esfuerzo por no despertarla.

El agua de la ducha no logró aclarar mis ideas. Había sido una noche demasiado intensa, la más extraña de cuantas recordaba. Sería necesario recopilar horas de sueño antes de colocar mis pensamientos en orden. Y sin embargo, me sorprendí a mí mismo con el pensamiento, no me importaría repetirla.

Tomé el bote de champú y comencé a enjabonar mi pelo. No, no me importaría volver a quedar con Bra. Había disfrutado mucho con ella antes de que nos interrumpiera esa llamada. Me sentí a gusto hablando con ella. Divertido y feliz. Eran emociones simples, y sin embargo extrañas.

Sonriendo, me pregunté a mí mismo qué tipo de relación podría establecer con ella. Cuando era niña siempre la consideré la hermana pequeña de mi mejor amigo. Las pocas veces que la vi cuando creció, se estableció en mi mente como la hija de Vegeta, probablemente por el parecido innegable que había entre los gestos y acciones de ambos.

¿Ahora qué podría ser? ¿Amiga?

No, me sonreí a mi mismo. Bra era una persona demasiado complicada para ser calificada con un adjetivo tan simple. Bueno, habría tiempo de averiguarlo. Sólo sabía que quería verla de nuevo.

Terminé de aclararme el cabello. Salí de la ducha, envolví mi cuerpo en un toalla y me detuve frente al espejo. No me gustaba mi reflejo. A pesar de haber diseñado mi corte de pelo con especial atención, tratando de diferenciarlo lo más posible de él, nuestro rostro continuaba siendo demasiado parecido.

Pero mientras me contemplaba a mí mismo aquella mañana, me sorprendí cuando la habitual frustración que acarreaba esa imagen no se produjo, o al menos no tan intensamente a como estaba acostumbrado. No importaba lo que la imagen relejara, lo importante es lo que había tras ella. Yo no era él. Tal vez llevara sus genes. Tal vez fuera en parte saiyan. Pero independientemente de todo, yo no era él.

Algo tan simple supuso toda una revelación para mi. Mi corazón latió con fuerza y por primera vez en varios años pude respirar tranquilo. Sentí como si llevara mucho tiempo atrapado en una jaula cada vez más pequeña, y de repente los barrotes hubieran explotado recordándome lo que era la libertad. El alivio se apodero de mi, y con él el deseo de volar y de volver a luchar. Sabía que Bra había tenido mucho que ver con aquello.

- Goten - Paresu apareció tras de mi, observándome preocupada. Inmediatamente sentí como mis emociones se desinflaban, volviendo a la calma -. Anoche no te escuché llegar. ¿Estuviste trabajando hasta tarde?

Era una pregunta simple y sin malicia, y yo tuve varias opciones. Pude decirle que me encontré con Bra y que decidí llevarla a dar un paseo para animarla porque estaba deprimida. Pude también confesarle lo que el día de ayer significaba para mi. Hablarle de mi padre. Quizá explicarle que fui a visitar la tumba de mi madre. Pero no elegí ninguna de ellas.

- Si. Trunks estaba fuera y me pidió que pusiera al día sus informes.

Ella asintió y sonrió comprensiva.

- Entonces te preparé un gran desayuno. ¡Debes coger fuerzas para el día!

La observe caminar hacía la cocina y me sentí terriblemente culpable.

Me planteé rectificar varias veces, mientras esperaba y veía su espalda moverse alrededor de la nevera y los fogones. Simplemente añadir que me había encontrado con Bra en la oficina y había pasado un buen rato charlando con ella, o dejar caer de pasada que ayer había sido el aniversario de la muerte de mi padre. Al final permanecí en silencio.

Nuestras mañanas solían ser iguales a ésta. Ella se levantaba poco antes que yo, y mientras yo me duchaba ella preparaba el desayuno para ambos. Después desayunábamos juntos. Ella solía leer el periódico mientras y lo comentaba en voz alta consultándome cosas. Siempre estaba atenta a lo que yo respondía. Veía en su ojos una admiración ciega. Probablemente considerara imposible que yo me equivocara.

Después yo me marchaba a trabajar y ella se quedaba ocupándose de las tareas de la casa. No regresaba hasta bien entrada la noche, y para entonces Paresu estaba dormida y la cena servida en la mesa. Únicamente debía calentarla y disfrutar de ella.

No siempre había sido así. Al principio yo había luchado por repartir las tareas de la casa entre ambos, asumir juntos las responsabilidades derivadas de nuestra convivencia. Pero tras varias semanas de discusión me había dado por vencido. La simple sugerencia no sólo la incomodaba, sino que la entristecía, como si a mis ojos ella no fuera digna de realizar las tareas que le pertenecían. No supo entender que mi reticencia nunca radicó en su capacidad, sino en mi deseo de ser iguales. De compartir la carga.

Suponía que el resto del día lo ocuparía en la escuela infantil, donde impartía clases como profesora, y ocupándose de las tareas domesticas. Creí recordar que en alguna ocasión había mencionado "el café de los miércoles" refiriéndose a un ritual que realizaba con sus compañeras de trabajo todas las semanas.

Los Domingos, en cambio, pasábamos el día juntos. Desayunábamos en nuestra pequeña galería, paseábamos por el parque cogidos de la mano, íbamos a almorzar a un bonito restaurante y después tocaba la visita semanal a casa de sus padres, quienes siempre insistían para que nos quedáramos a cenar. Por la noche dejábamos que nos arrastrara la pasión y el cariño y nuestros cuerpo se fundían en uno solo.

- Este plato sabe delicioso, Paresu - la alabé mientras degustaba el exquisito platillo.

Sus ojos se iluminaron y me sonrió ampliamente.

- ¡Lo has notado! - celebró con entusiasmo-. Es una receta nueva… me la recomendó una de las madres de mis alumnos.

- Pues dale la enhorabuena de mi parte. Y también la enhorabuena para ti, cariño, por ser tan exquisita cocinera.

Me limpié los labios con una servilleta y deposité un suave beso en sus labios como agradecimiento. Sus mejillas se sonrojaron y sus ojos me miraron enamorados.

- Deja, ya lo hago yo - me interrumpió tomando los cubiertos con sus manos y depositándolos ella misma en el fregadero -. Tú necesitas descansar. Mírate… - volvió de nuevo a mi lado y acarició la parte superior de mis mejillas -. Tienes ojeras. Tal vez deberías llamar a Trunks y pedirle permiso para permanecer un poco más en la cama. Ayer trabajaste hasta muy tarde.

Medité su sugerencia durante unos instantes. Considerando la fecha y el agotador ritmo de trabajo que había estado llevando los últimos días, sabía que a Trunks no le molestaría darme la mañana libre. Y necesitaba descansar. Por otro lado, solicitar aquello me llevaría a ser cuestionado por mi mejor amigo, y no quería hablar con él sobre lo ocurrido el día anterior, o sobre los sentimientos que despertaba en mi esa fecha.

- No, creo que iré a trabajar - manifesté en voz alta -. Tengo algunos asuntos urgentes que atender y no quisiera posponerlos. De todos modos - añadí para tranquilizarla -, si me veo agotado saldré antes del trabajo y aprovecharé para tomar una larga siesta.

- Prométemelo - exigió ella mirándome preocupada -. No quiero que te canses demasiado Goten. Podrías caer enfermo.

Un deje de ironía se arremolinó en mi interior. Era extraño comprobar como en casi cinco años de relación ella nunca hubiera notado que yo no caía enfermo. Suspiré interiormente y me recriminé a mí mismo. Yo era él único culpable por mantenerla alejada de mis secretos. Ella era demasiado inocente para recaer por sí sola.

La atraje hacía mí, y sellé su frente con un dulce beso.

- Te lo prometo - susurré para tranquilizarla.

Poco después terminé de colocarme el traje, agarré entre mis manos el maletín de la Corporación, y tras un último beso de despedida me dirigí a mi trabajo.


Narra Bra Vegeta Brief

Una ligera vibración en el KI de mi madre nos despertó a ambos del extraño ensimismamientos en el que nos había sumergido. Ella había despertado. Era hora de hacerle frente.

- Será mejor que te cambies antes de verla - me recomendó mi padre incorporándose -. No debes preocuparla.

Yo asentí y me preparé para iniciar el vuelo. Su mano me detuvo.

- Bra - me arrastró de nuevo hacía él, colocándome a su altura.

Vi como me examinaba fijamente y una batalla se reflejaba en la profundidad de sus ojos oscuros. Finalmente suspiró, rindiéndose a sí mismo. La habitual tensión de sus músculos había desaparecido. Cerró los ojos, me estrechó entre sus brazos con suma delicadeza, y posó sus labios sobre mi frente regalándome un beso.

Yo me congelé ante esa primera acción, y después sentí como, por un instante, todos mis demonios se esfumaban. Había transcurrido tanto tiempo desde que compartía un momento así con él… Había olvidado la sensación, la completa paz. Entre sus brazos volví a sentirme una niña, segura y protegida. Él era el papá más fuerte del mundo y yo era su pequeña princesa consentida. Nada malo podría ocurrirme.

Cerré los ojos y me aferré a él. Me trasmitía fuerzas. La sensación de que, pasara lo que pasase, él siempre continuaría protegiéndome, y por eso yo no estaría sola.

- Cuídate hija - susurró en mi odio antes de alejarse.

Yo lo observé marchar y después me abracé a mí misma. Aquel día me sentía confusa. Embargada por la sensación de que llevaba muchos años perdida, y de que ahora, por fin, estaba empezando a encontrar el camino.


Konichiwa tomodachis!

Hasta aqui ha llegado el capítulo. Ojala lo hayáis difrutado.

A diferencia de los antereriores este a estado centrado en Bra y Goten por separado, mostrándo un esbozo de sus vidas familiares. La rutina edulcuroda que acosa la vida en pareja de Goten (como muchas otras en la vida real), y la relación que une a Bra con sus padres (sobre todo con Vegeta,, Bulma ha quedado para capítulo el siguiente), y al mismo tiempo, la que une a estos dos entre sí (¿se nota que Vegeta y Bulma es mi pareja favorita? No podia dejarlos del todo de lado aunque este fic no trate sobre ellos...).

Espero que a pesar del cabio de guión lo hayáis disfrutado igualmente. Pienso que es necesario saber cómo se mueven los protagonistas en su día a día antes de intentar un mayor aceramiento entre ellos. Éste no puede suceder por arte de magia, deben existir diversas razones, y éste tipo de capítulos sirven para mostrar algunas de ellas.

Concluyéndo tomodachis, sólo me queda agradecer a las cinco maravillosas personas que me dejarons u reviews en el capítulo anterior, Loregar, Ken Trunks, Itari, svabutterfly, y VegetaBulma4ever. Un gran gracias para ellas y ojala que los demás continuéis leyendo.

¡Gran saludo tomodachis!

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