Inocencia VII
Mi padre voló hacía el interior de la casa y yo me dirigí a mi vieja habitación, colándome por la ventana. En el espejo comprobé que mi aspecto no era tan malo como esperaba. El vestido rojo estaba en su sitio, el recogido de mi cabello sobrevivía pese a algunos mechones desordenados, y mi piel permanecía limpia e impoluta. Las botas, por el contrario, parecían manchadas de barro. Y algunas motas oscuras salpicaban mi falda.
Deseaba ver a mi madre lo antes posible, así que me despojé de la ropa con rapidez y deseché todas las orquillas que contenían mi melena. Olfateé un mechón en busca de cualquier rastro de olor a alcohol y tabaco, y me consolé a mí misma al comprobar que éste apenas sería perceptible para un olfato terrícola. No tenía tiempo para una ducha.
Comenzando a sentir algo de frío, abrí mi antiguo armario y elegí un conjunto cómodo y simple: unos vaqueros azules y una camisa de gasa a tres mangas de color crema. Sustituí las botas por unos botines a juego y para terminar el atuendo, un tímido collar plateado adornaba mi cuello.
Terminé de cepillarme el cabello y me observé a mí misma en el espejo, dándome un visto bueno aceptable. Era el momento de hacer frente a mi madre.
En cuanto me vio, dejo abandonada la pequeña taza de café que estaba en sus manos y se dirigió hacía mi. Mi padre, sentado a su lado devorando comida, ni siquiera hizo ademán de notarme. Aquella sería una batalla que tendría que librar por mí misma.
- ¡Bra! ¿Tienes idea de lo preocupada que he estado? - cruzó los brazos en las caderas -. ¡Ni siquiera cogiste el teléfono! ¡Han pasado tres días desde la ultima vez que te vi! ¿Acaso ha ocurrido algo?
- No - mentí -. Es que me mandaron un trabajo importante y he estado muy liada con la Universidad.
Sus ojos chispearon algo parecido a la decepción, y por primera vez me percaté de que ella no estaba solo enfadada, estaba dolida. Aquello me afectó más de lo que esperaba. Me sentí culpable. No solo era un ser demasiado frío con el mundo, sino que también dañaba sin pretender a las únicas personas que me importaban.
- Esa no es excusa suficiente, hija - me recriminó con voz fría -. Te conozco, y sé que la universidad apenas acapara una décima parte de tu tiempo. Pensé que sabías lo importante que era esa noche para nosotros. Veo que me equivoqué.
- Lo siento - me disculpé con sinceridad a pesar de que no fuera mi costumbre, pero sentí que se lo debía a mi madre.
Vi la sorpresa proyectada en sus ojos azules antes de que volviera a fruncir el ceño.
- Tal vez. Pero sentirlo no siempre es suficiente, Bra - concluyó con tristeza.
- Lo sé. Prometo que intentaré estar aquí la próxima vez - ante la visible relajación de su postura me atreví a preguntar -. ¿Cómo te sientes?
- Lo hecho de menos - reconoció -, pero supongo que una parte de mi ya está acostumbrada a su ausencia. A pesar de que siempre fuimos amigos, Goku no era alguien capaz de aferrarse únicamente a una persona o a un lugar. Y sé que él aparecerá de nuevo si algún día lo necesitamos.
No pude evitar que mi mente evocara la imagen de Goten ante esas palabras, mientras mi madre continuaba hablando:
- A los demás les ocurre lo mismo. Creo que Pan es la que peor lo pasa, peor aún que Gohan. Krilin también se veía algo decaído, pero 18 está con él. El que más me preocupaba es Goten. Desde que murió Chi-Chi no ha venido a ninguna de las conmemoraciones de la partida su padre. Gohan también está preocupado por él, no es bueno soportar el dolor en solitario.
- Tal vez su dolor sea diferente al del resto… - murmuré, manifestando sin intención mi pensamiento en voz alta.
Mi madre frunció el ceño.
- ¿Qué? ¿A que te refieres?
- A nada - sacudí la cabeza -. No es nada, no me hagas caso.
Ella me examinó durante unos segundos más con reticencia, pero finalmente asintió, dando por buenas mis palabras.
- Está bien. ¿Quieres que mande a un bot para que te prepare el desayuno?
Comprendí que la sugerencia era su forma de mostrar que ya no estaba enfadada.
- Claro - asentí -. Y también puedo quedarme a comer. Hace mucho que no paso un día entero con mi familia.
…
El resto día transcurrió placidamente, y cuando llegó la noche siguiente me sorprendió reconocer lo bien que lo había pasado y lo mucho que los había echado de menos hasta aquel día. Por supuesto que había compartido otros momentos con ellos anteriormente, eran mi familia, pero de repente sentí como si en esos momentos yo sólo hubiera estado presente a medias, mientras otra parte de mí huía lejos.
Conocía el porqué, el motivo oculto detrás de aquel comportamiento, pero todavía no estaba preparada para hacerle frente. Sin embargo era aliviador volver a ser yo misma durante un tiempo, como antaño, sin preocuparme por nada más que por el momento. Sin barreras que me aislaran de los amaba, y sin un muro de hielo que me obligara a ser perfecta frente al resto. Descubrí que contra más abierta y relajada me mostraba, más fácil parecía continuar siéndolo. Sin miedos.
Después de desayunar, papá sugirió que fuéramos juntas de compras. En realidad gruñó y dijo que él tenía que entrenar, que fuésemos las dos a molestar a otra parte. Ese siempre fue su estilo, pero mamá y yo aprendimos a leer entre líneas desde el principio .
A primera vista , ir de compras con tu madre podría parecer una actividad aburrida, pero no todas las adolescentes tienen por madre a la increíble Bulma Brief. A mi siempre me encantó hacerlo. Los dependientes cerraban las tiendas en cuanto nosotras llegábamos y tanto ella como yo pasábamos horas en los probadores dándonos el visto bueno la una a la otra.
A mamá nunca le molestaron las faldas un poco demasiado cortas o los escotes sugerentes, probablemente porque recordaba usarlos con esmero en su juventud. Y las dos éramos tan parecidas… Le gustaba verme hermosa, y a mi me encantaba seleccionar vestidos para ella con los que deslumbrar a papá.
Todo ello pertenecía a un pasado lejano, anterior al incidente de los dragones. Por eso, cuando mi padre lo sugirió, en un primer momento me quedé helada, trayendo recuerdos a mi mente que prefería olvidar. Pero después la observé a ella, el reflejo de duda en su mirada, casi de miedo; y supe que temía el rechazo, y supe también que no quería rechazarla. Hinché mi pecho con valor y dije que me parecía una magnifica idea. En realidad, no fue tan difícil como hubiera esperado. Creo que me sentí aliviada.
Renové mi closet al completo. Y me divertí de verdad, dándome cuenta de lo mucho que había extrañado esa sensación; es difícil encontrar diversión verdadera cuando todos los momentos de tu vida están controlados por ti y prediseñados al segundo. También hablamos, aunque ella apenas me interrogó sobre mi vida. A veces vislumbraba en sus ojos el deseo de hacer una pregunta, de bromear conmigo como hacía con Trunks y curiosear sobre si había un hombre mi vida. Pero siempre se contenía, y yo le estaba agradecida por ello. Supongo que tras tanto tiempo tratando conmigo y con mi padre, tenía miedo de provocar una reacción que me llevara a encerrarme de nuevo, ahora que por fin me estaba abriendo a ella.
El tiempo pasó tan deprisa que el mediodía nos sorprendió lejos de casa, y tras una pequeña deliberación decidimos comer en un restaurante. El chef se quedó atónito al recibirnos, e incluso se ofreció a cerrar el restaurante para nosotras, pero nos conformamos con ser llevadas a un recinto privado.
Cuando abandonamos el local los flahses nos llegaron desde todos los ángulos; alguien había llamado a la prensa. Mi madre se tensó inmediatamente a mi lado. Ella odiaba a los reporteros, especialmente desde aquel famoso artículo en el que se burlaban de ella, mostrando fotos de un joven Yamcha siéndole infiel con una modelo. Por lo visto con el tiempo había perdonado a su exnovio, pero no a las cámaras.
Aun así hizo un esfuerzo y sonrió, y yo me coloqué orgullosa a su lado. No tenía de qué avergonzarse. Continuaba siendo hermosa, y había encontrado la felicidad al lado de un hombre con el que llevaba treinta años. ¡Que se murieran todos de envidia!
Lo cierto es que hacía tiempo que no visitaba algún lugar público y reconozco que disfrute del asombro y la admiración que causaba mi presencia. Posé con ella varias veces para las cámaras, y después aclaré que no tenía intención de hacer ningún comentario.
Cuando la limusina nos dejó en casa, mi madre continuaba despotricando sobre lo sin vergüenza y desgraciados que eran todos los reporteros, pero se interrumpió al sentir la presencia de mi padre en la sala. Él me saludo como siempre hacía, pronunciando mi nombre, y después me regaló una sonrisa, tal vez debida al orgullo que sentía por mis progresos, o quizá reconociendo lo hermosa que estaba con mi vestido nuevo. Pero cuando sus ojos se posaron en mi madre, la mirada de deseo que él le dedicó fue suficiente para que yo me disculpara y saliera huyendo hacia mi cuarto, con la excusa de ordenar todas las compras.
Una vez a salvo, sonreí interiormente. A diferencia de Trunks, a mi siempre me había gustado ser testigo de las miradas de lujuria que él le dirigía y que bastaban para que ella olvidara cualquier otra cosa a su alrededor. Me gustaba porque era una prueba del amor que se profesaban, y desde niña había visto a mis padres como los protagonistas de una novela romántica. El príncipe torturado que encuentra a su hermosa princesa y es salvado por ella.
Ahora mi compresión era un tanto distinta, ya no creía en los cuentos de hadas. Aun así era agradarle comprobar que algunas cosas no cambiaban nunca. Y no era para menos, susurró una voz traviesa en mi cabeza. Me había costado un poco convencer a mi madre para que se comprara aquel vestido, pero había válido la pena. Y gracias a Dios su cabello ya no seguía con ese horrible flequillo que la hacía parecer tan vieja, de modo que espléndida era una palabra que se quedaba corta para describirla.
….
Llegué al trabajo temprano, tal cual era mi costumbre. Me encontré con unos ejecutivos en el ascensor que me felicitaron por la precisión de mi último informe y, a pesar de haber desayunado ya, vacié la máquina de café de todo su contenido. Confiaba que la cafeína fuera suficiente para mantenerme despierto y activo toda la mañana.
El resto del tiempo hasta el almuerzo transcurrió normalmente, pero por alguna razón yo no me sentí satisfecho. Esa calma rutinaria que hasta entonces había buscado ahora me agobiaba; se pegaba a mi piel como una losa pesada y me impedía concentrarme. Aun así me esforcé por cumplir con mis deberes formalmente y para no asustar a mi secretaria.
A la hora del almuerzo encargué varios platos a un restaurante chino y decidí quedarme a comer en la oficina. Mientras esperaba sentado en mi cómodo sillón de gerente, el paisaje de la ventana captó mi atención y me incorporé para verlo de cerca.
Los aeroplanos circulaban en fila a través de sus pistas aéreas y los coches más tradicionales inundaban las carreteras terrestres. El ruido de los cláxones y el olor a gasolina cargaba el ambiente de la gran ciudad. Las personas a pie se veían pequeñas y a lo lejos, cada una de ellas sumida en su propio mundo.
Yo abrí la ventana y dejé que el viento golpeara mi cara. Hoy había llegado volando, pero por la tarde debería irme en coche a casa. Sería peligroso dejarlo durante más tiempo en el parkin sin vigilancia. Por alguna razón, aquel medio de transporte que había sido mi favorito (el único empleado) durante tantos años, ahora me resultaba incomodo y lento, y estaba próximo a producirme claustrofobia.
Suspiré. Me sentía extraño y no comprendía que me ocurría. Quería volver a ser yo mismo sin realmente desearlo. Necesitaba distraerme.
Cerré la ventana y volví a acomodarme en mi siento, encendiendo la televisión que decoraba la pared izquierda de la oficina. Cambié los canales uno tras otro, frustrado porque no parecían dar nada interesante. De repente una imagen me golpeó con retraso, y yo retrocedí unos cuantos canales, buscando la emisión que me había sorprendido. Dudaba si no habría sido sólo una mala jugada de mi cerebro.
Pero no. Bra estaba allí, acompañada de la que parecía ser su gemela. Tardé unos cuantos segundos en comprender que se trataba de Bulma. Hacía al menos dos años que yo no veía a la madre de mi mejor amigo, y debía reconocer que ese tiempo le había sentado estupendamente. No obstante, tras observarlas con atención las diferencias se hicieron más evidentes.
Algunas pequeñas arrugas alrededor de los labios y a la sombra de los párpados, y el cabello liso y recogido en un elegante moño italiano, diferenciaban a Bulma de la piel tersa y joven de Bra, y de su melena larga y ondulada, que se extendía libremente por su espada hasta casi alcanzar su cintura. Por lo demás se veían idénticas.
Ambas lucían vestidos cortos y sin mangas, en el mismo color dorado. La falda de Bra se situaba unos centímetros más corta que la de su madre, y la tela de su vestido parecía algo más brillante y salpicada por motas negras y oscuras. La tela de Bulma se veía algo más opaca y completamente uniforme, pero complementaba el vestido con una pequeña torera negra que disimulaba en parte su escote.
Las dos sonreían mientras eran sorprendidas por los fotógrafos a la salida de un restaurante, aunque Bulma se veía algo tensa. La sonrisa de Bra, por el contrario, era brillante. Tal vez esa fuese la mayor diferencia entre ambas. Mientras que Bulma parecía estar conteniéndose para no fruncir el ceño, Bra desprendía una fuerza y un orgullo arrolladores, una auténtica princesa de nuestra raza. Y aún más que eso, sus ojos brillaban con vida, una vida que no había estado presente al inicio de nuestro encuentro anterior, pero que tal vez había avistado en ella mientras volaba y su silueta era proyectada por la luz de la luna.
Me pregunté hasta que punto la había afectado la muerte del hombre que debía haber sido su novio, y hasta que punto yo había contribuido a que aquella vida regresara. No tenía ni idea. Ni siquiera sospechaba la verdad. Pero si reparé el sentimiento de celos que de repente había aparecido en mi pecho. Y me asusté.
Apagué la televisión de golpe y me incorporé del asiento. ¿Qué diablos me estaba pasando? Mi comportamiento no era normal.
Nuestra raza.
¿Desde cuando la reconocía yo como mía?
Definitivamente quedarme en la oficina no había sido buena idea. Si me daba prisa, tal vez lograra anticiparme al repartidor y al menos airarme mientras comía en un parque.
…..
Abandoné mi habitación un par de horas más tarde, cuando consideré que era seguro hacerlo. El Ki de mi padre procedía de su cámara de entrenamiento, y el de mi madre de su laboratorio. Era un ritual preestablecido. Parecía que estar juntos los inspiraba a continuar con más energía que nunca sus otras dos labores favoritas. Recordaba una vez, hacía varios años, en que incluso había llegado a hacer una apuesta con Trunks sobre si sería o no capaz de variar esa rutina. Gané por supuesto.
Las mejillas de mi madre estaban algo sonrosadas y sus ojos brillaban con luz propia cuando entré en el laboratorio.
- Cariño - me sonrió -. ¿Te has aburrido mucho?
Agité la cabeza.
- He aprovechado para ordenar la ropa, y seleccionar lo que quiero llevarme a mi piso.
- Perfecto.
Parecía que iba a añadir algo más, pero la observé fruncir el ceño y toda su atención se centró en el artilugio que tenía entre manos, permaneciendo absorta en él durante varios minutos, hasta que finamente logró dominarlo. Sonrió ampliamente y cruzó sus brazos en la cintura, alzando el mentón con orgullo.
- ¡Ja! - exclamó -. ¡Lo conseguí! Para todos los que dijeron que no lo lograría… ¡Bulma Brief triunfa de nuevo!
Conocía demasiado a mi madre para sorprenderme por ese arrebato. Me arrodillé junto a ella y examiné el pequeño artilugio que tenia entre manos.
- ¿En qué estás trabajando?
- En un nueva forma de tecnología 3D y holo-proyecciones.
Su sencilla respuesta me sorprendió. A mi madre siempre le habían interesado los proyectos más revolucionarios.
- ¿Y qué utilidad tendría?
- No mucha, en realidad - suspiró con ligereza frunciendo el ceño -. Es más un proyecto comercial. Con él cerraremos la boca a todos quienes critican la Corporación Cápsula, diciendo que su liderato en mercado y tecnología responde sólo al pasado y que desde la muerte del Doctor Brief sus días están contados.
- ¿Es esa una opinión extendida? - cuestioné sorprendida.
¿Tan alejada había estado de mi propia familia que ni siquiera era consciente de esos rumores?
- Sólo en algunos sectores de la competencia - me tranquilizó mi madre -. El problema es que no les falta parte de razón, ¿sabes? Trunks hace bien su trabajo, pero no es inventor. Y la gran mayoría de mis proyectos son fabulosos, pero demasiado extraños o peligrosos para un público general.
Supe inmediatamente a qué se refería. La máquina de tiempo, la cámara de gravedad, el reloj reductor, las naves espaciales… No eran objetos que se pudiesen colocar en manos del alguien imprudente.
- El 3D es un proyecto mucho más simple - continuó mi madre -, pero aun así podría suponer una auténtica revolución en materia de comunicaciones. Eso sin contar sus muchas funciones en parques temáticos, museos… Hay quien incluso lo consideraría un primer acercamiento a la realidad virtual.
Asentí. Desde luego el proyecto tenía múltiples posibilidades comerciales.
- ¿Cómo funciona?
Me pareció que ella se sorprendía un poco de mi repentino interés hacía el proyecto. De niña siempre me había aburrido el trabajo de laboratorio. Mi atención se centraba en otras actividades mucha más divertidas: ir de compras a las mejores tiendas, entrenar el Ki con mi padre, molestar a Trunks, o representar la historia de Vegetasi con la ayuda de mis muñecas. También había realizado un par de inventos, pero sólo para paliar el aburrimiento. De mayor nunca había estado lo suficientemente cerca para interesarme.
No obstante no le molestó e interés, de hecho creo que se sintió orgullosa.
- Bien - se dispuso a explicar -. Ten en cuenta que en la tecnología tridimensional actual cada una de las imágenes proyectadas pasa a través de una lente especial que refleja la luz en diferentes direcciones. Con ello se obtiene una imagen 3D simulada, por lo que es necesario moverse delante del proyector para darse cuenta del efecto logrado. A partir de ahí, yo intento algo totalmente diferente: una auténtica manipulación a parir de un objetivo inferior que abarcaría el diámetro completo de la proyección.
Fruncí el ceño un momento tratando de asimilar la información, y después asentí lentamente.
- ¿Dónde está el problema?
- En las imágenes estáticas o los videos prediseñados no hay ninguno. El problema es cuando la proyección es instantánea, como en el caso de una trasmisión directa. No logró que los átomos de luz fluctúen con la suficiente rapidez para no contrapolarse entre ellos, y como resultado lo único que consigo es…
- …un borrón oscuro - concluí yo por ella.
Mi madre asintió, satisfecha de que lo hubiera comprendido tan rápidamente.
- ¿Por qué no pruebas a reproducir la trasmisión bajo una única gama de color? -sugerí -. Tal vez negro, o quizá azul. El resultado descendería unos puntos, pero creo que así evitarías que los colores se contrapusieran entre sí y sería sencillo obtener una imagen precisa. Además, siempre tendrías tiempo de mejorarlo más tarde.
- ¡Bra! - los ojos de mi madre brillaron con entusiasmo, debatiéndose entre la emoción y el orgullo -. ¡Llevó días trabajando con ello y no se me ha ocurrido esa solución! ¡Eres un genio! Aunque por otro lado es natural, siendo hija mía… ¿Cómo se te ha ocurrido?
Yo me encogí de hombros. Había sido una solución sencilla fruto de una visión externa, alejada y objetiva. Mi madre habría llegado a ella tarde o temprano. Probablemente temprano.
- No ha sido difícil. De todos modos llevarlo a cabo es más complicado. ¿Cuál es tu idea?
…
Había conseguido interceptar al repartidor antes de que entrara en el edificio, y tras pagarle generosamente, me había dirigido con la comida a un parque cercano. El sol y la ligera brisa que sacudía la copa de los árboles había logrado despejarme un poco, y la pequeña siesta que había tomado escondido entre los matorrales también había contribuido a sacudir el tedio que me acosaba.
Me sentía más ligero cuando regresé a la oficina, con mis pensamientos en calma. Llamé a Laia y le pedí que trajera a mi despacho los pendientes de la mañana. Permanecí concentrado hasta media tarde, cuando recibí una llamada de Trunks. Teniendo en cuenta el día supuse que el asunto a tratar no tenía relación con la Corporación. Aun así me sentí lo suficientemente relajado para responder su interrogatorio sin aumentar su preocupación por mi.
Llamé a la puerta del despacho presidencial y fui recibido por un parco "adelante". En cuanto me reconoció, Trunks desalojó a sus asistentes, abandonó su puesto oficial y me guió hasta unos de los elegantes sofás que decoraban su oficina, mientras aflojaba su corbata, sentándose a mi lado.
Él y yo habíamos sido amigos desde nuestra más tierna infancia, y esa amistad había sobrevivido al tiempo, evolucionando al mismo ritmo que nosotros, a través de nuestra adolescencia y juventud.
Si bien es cierto que la estrecha relación que manteníamos se había distanciando un poco desde su viaje al espacio, principalmente porque tras aquel yo me había asentando, mientras que él continuaba soltero, Trunks continuaba siendo mi único amigo, y a pesar de las diferencias nunca habíamos dejado de apoyarnos el uno a otro. Quizá porque, al margen de las distinciones, seguíamos compartiendo algo que jamás podríamos compartir con otros humanos: nuestro pasado y nuestra raza. Y aunque yo nunca había confesado a Trunks lo que había dicho a Bra la noche anterior, sabía que mi amigo lo sospechaba, y que mi continuada ausencia a las conmemoraciones de la marcha de mi padre se lo confirmaba.
- No te vi anoche…
Efectivamente, era aquello de lo que quería hablar.
- Ya. Me entretuve con el trabajo.
Ambos sabíamos que aquello era una pobre excusa, pero confiaba en que bastaría para cambiar de tema. Por lo visto no tuve suerte.
- ¡Vamos, Goten! Te conozco. ¿Cuándo vas aceptar hablar del tema?
Él no sabía que la noche anterior yo ya había hablado de ello. Con su propia hermana. Era tan extraño que si se lo dijera ahora, probablemente no me creería.
- Trunks, estoy bien. ¿De acuerdo? - lo tranquilicé -. Yo ya he… superado ese asunto. Él siempre será una parte de mi; y duele, pero… Yo no soy él. He aprendido a aceptarlo.
Vi como asentía y su cuerpo se relajaba notablemente, a pesar que aún mantenía una sombra de duda en su mirada.
- Es cierto que he estado pensando - reconocí, incorporándome del asiento y caminando hasta la ventana, para dirigir la vista a lo lejos -. ¿Te acuerdas cuando éramos niños? Pasábamos el día entero entre travesuras: colarnos en el parque de atracciones, peleas entre nosotros, buscar las Dragon Ball, idear maneras de…
- … de colarnos en la cámara de gravedad de mi padre - concluyó él por mi, con una carcajada -. Si, lo recuerdo. Eran buenos tiempos.
Se había levantado del sofá y caminado hasta llegar a mi lado. Lo miré a los ojos, antes de perderme de nuevo en el paisaje.
- ¿Cómo hemos cambiado tanto?
Era la pregunta que me había estado torturando toda la mañana. ¿En qué parte del camino elegí la dirección que me había traído hasta aquí? ¿Hasta lo qué soy ahora? ¿En qué momento? ¿Cuál había sido el decisivo?
- No lo sé - él también parecía apesadumbrado -. Cambiamos, crecimos. Yo empecé a concentrarme en la corporación, y mi tiempo libre me gustaba pasarlo con chicas. Supongo que, lentamente, dejamos que nuestro lado humano se apoderara de todo.
- ¿Y no fue un error? - pregunté, deseando fervientemente que me lo negara.
- A veces creo que sí - reconoció con un rastro de dolor -. Y a veces creo que no - suspiró y apoyó su espalda contra la pared, colocándose frente a mi -. ¿Qué otra opción teníamos Goten? ¡No hay nadie más como nosotros! ¡Somos híbridos de una raza extinta! Tuve que elegir entre ser humano y vivir una vida humana, o ser saiyan y vivir entrenando en una cámara de gravedad. Elegí lo que me pareció mejor en ese momento, y no puedo arrepentirme - concluyó casi con súplica, como si hubiese necesitado convencerse muy bien de ello.
Una parte de mí se mostró de acuerdo. La otra parte…
- ¡Pero hay otras opciones! - protesté.
- ¡Tú siempre odiaste ser un saiyan! - explotó, y después giró el rostro con impotencia, mirando hacía el suelo.
Trunks nunca me había echado en cara aquello, ni siquiera lo había mencionado formalmente, y su repentino arranqué de rabia me mostró hasta que punto éste tema le afectaba aquel tema. Yo no era el único que se sentía insatisfecho, o con problemas de identidad, probablemente los suyos empezaron antes que los míos. Recordaba que incluso de niño Trunks siempre se sentía diferente al resto, al que yo, en mi tranquila vida familiar del monte Paoz, no acababa de entender.
- Lo sé - asentí, dándole la razón -. Pero últimamente… no sé, tal vez… creo que he llegado a pensar, que quizá nunca podamos ser plenamente felices, o más bien, sentirnos plenamente satisfechos si negamos una parte de nosotros mismos, de lo que somos. Paresu ni siquiera sabe nada de los saiyans y yo… ¿Qué pasa? - me detuve, al ver que Trunks sonreía cuando hasta entonces se había mantenido tan serio.
- Nada - se disculpó él, deshaciendo la sonrisa -. Es sólo que… Bra habría estado de acuerdo con esa afirmación.
- Si - afirmé; sin duda. Después de todo habían sido palabras suyas. Vi como Trunks elevaba las cejas y me contemplaba extrañado. - Y Pan también - añadí para disimular. No quería que sospechara el porque conocía esa faceta de su hermana -. Quiero decir que, de distintas maneras, ambas se han mantenidos más fieles a esa otra raza que nosotros.
Mi mejor amigo asintió y pareció quedar satisfecho con esa explicación. Sus ojos volvieron a perderse en la distancia durante varios instantes, y supe que sus pensamientos habían viajado muy lejos, tal vez a un pasado remoto; pero de repente te giró hacia y sonreía, con las pupilas brillantes.
- ¿Sabes una cosa, Goten? - inquirió con emoción - ¡Golpéame!
Aquello me desconcertó totalmente.
- ¿¡Qué!
Trunks amplió su sonrisa.
- ¿No quieres recordar viejos tiempos? ¡Pues vamos! ¡Golpéame!
Demasiado sorprendido para reaccionar como me pedía, ante mi falta de acción fue su puño el que se estrelló contra mi mejilla, enviándome dos metros más atrás y arrojándome al suelo. Sentí un fuerte dolor atravesar mi labio inferior para instalarse en mi dentadura. Me llevé la mano a la boca. Sangraba.
Sin embargo mi reacción ante la visión de la sangre no fue la que esperaba. Ese líquido rojo despertó algo dentro de mi, algo que llevaba demasiado tiempo dormido , e hizo que de repente el dolor no significara nada. Por el contrario, me sentí vivo, más vivo que nunca, y cargado de energía.
- ¿Sólo un puñetazo y ya te has rendido, Goten? - escuché a Trunks burlarse de mi desde el otro lado del despacho.
- Para nada - me incorporé lentamente, con una sonrisa curvando mis labios -. ¡Prepárate Trunks! No pienso perder.
No me contuve, y él tampoco lo hizo. En pocos segundos el despacho entero estaba destrozado, y varias personas habían llegado corriendo, asustadas, temiendo un atentado contra el presidente. Ignoramos sus gritos. Un gesto de cabeza, y ambos atravesamos el agujero que se había formado en la pared para continuar nuestra lucha sobre el cielo.
Luchamos con pasión, con fuerza, durante horas. Me convertí en supersaiyan por primera vez en más de cuatro años, y sentí chorros sangre caliente y dorada fluyendo por mis venas y cargándome de energía. Grité estallando en una explosión de carga y me lancé a por mi adversario, que había sufrido el mismo proceso.
Ninguno se detuvo hasta que nuestra energía menguó a cero, y hubimos de esperar un tiempo antes de ser capaces de alzar de nuevo el vuelo. Había sido saiyan, había combatido, y con una pizca de miedo entre el placer y el éxtasis que me embargaba, comprendí que el vacío de mi alma casi había desparecido.
…
Atravesé el cielo sin volar demasiado deprisa, pues me encontraba cansada y no quería agotarme antes de llegar a casa. Había sido un día distinto a lo habitual y totalmente inesperado, pero me sentía satisfecha, especialmente por aquellas últimas horas de trabajo en el laboratorio junto a mi madre.
El proyecto me había implicado tanto que, tras tres horas arrodillada en el suelo, mi vestido nuevo había acabado cubierto de grasa y aceite y no me había importado. De todos modos ya había sido captada con él en televisión y hubiera sido imposible volver a lucirlo en una aparición pública. Además, ¡había válido la pena! El holo-visionador estaba casi completado y mi madre no podía estar más orgullosa. La Corporación Cápsula revolucionaria el mundo de nuevo.
Era extraño comprobar como un proyecto de laboratorio que antaño sólo me hubiera aburrido, ahora me entusiasmaba. Pero por fin entendía la pasión que embargaba a mi madre al crear y construir nuevos inventos. Se trataba de algo más que unir cables y resolver operaciones matemáticas, se trataba de dar forma, dar vida. Llevar a cabo un proyecto que revolucionaria el mundo. Significaba aportar algo de ti misma a todas aquellas personas que más tarde lo emplearían; realizar una diferencia.
Hubiera seguido con él toda la noche, pero la alarma del móvil me recordó que era hora de volver a mi piso si no quería dormirme mañana en la universidad. A regañadientes dejé las piezas en el suelo y me disculpé con mi madre; por su expresión ella tampoco se había dado del tiempo que llevábamos trabajando, pero decidió tomarse un alto conmigo para ordenar a los droides que prepararan la cena. Supe por su sonrisa y por su manera de observarme que realmente la había ayudado, que esperaba volver a compartir tiempo conmigo pronto.
- Gracias por tu ayuda cariño - se despidió de mi una vez ambas nos hubimos duchado y cambiado, eliminando los restos de grasa de nuestras carnes -. Y por obligarme a comprar ese vestido - me guiño un ojo sonriente-. ¿Vendrás pronto a casa? Me vendría muy bien tu ayuda en el laboratorio.
- Claro - prometí, con verdaderos deseos de cumplirlo.
Me despedí de ella depositando un suave beso en la mejilla que la sorprendió de verdad, antes de huir volando por la ventana.
- Te quiero mamá - susurré al viento mientras me alejaba, insegura de sí ella había alcanzado a escucharme. Tal vez algún día fuera capaz de decirlo de nuevo frente a ella, y ya no me costara tanto esfuerzo manifestar mis sentimientos. Por ahora no llevaba mal camino.
….
Dudé por enésima vez si dar un movimiento adelante o marcharme definitivamente, pero la indecisión continuaba anclándome al suelo. Ni siquiera entendía porqué estaba allí. Había permanecido con Trunks hasta que nuestro nivel de energía se había recuperado, y después cada uno había emprendido el vuelo por su lado. Él se había dirigido hacía la Corporación, y yo… Yo había acabado aquí. En casa de Bra.
Tras varios minutos todavía no me había decidido a llamar, y aún no estaba seguro si debía hacerlo. Mi lugar no era este. Yo no debería haber venido, pero un impulso me había traído hasta aquí. Y desea verla. Tal vez ese fuera el problema, que lo deseaba de verdad. Darle las gracias, decirle que nunca hubiera podido disfrutar de esta tarde con Trunks sin ella. Era un propósito inocente, no tenía nada de malo. Pero ya había mentido a Paresu una vez, y sabía que si ahora veía a Bra volvería a hacerlo.
Tal vez lo mejor sería marcharme.
- ¿Goten?
Su voz me sobresaltó a mi espalda antes de que hubiera tomado una decisión. Me sentí como un niño cazado en mitad de una travesura. Mis mejillas se colorearon y por un momento no fui capaz de hacer frente al azul de sus ojos.
- Bra… - tartamudeé.
Ella me sonrió con dulzura, pero después su ceño se torció con una expresión preocupada y supe que había reparado en mis heridas.
- ¿Qué te ha ocurrido?
- No es nada - la tranquilicé en seguida -. Trunks y yo estuvimos recordando viejos tiempos… Pero te aseguró que él ha quedado más magullado yo - concluí con diversión, guiándole un ojo.
Bra curvó los labios y su rostro se relajó visiblemente.
- Y si no lo ha hecho, pronto lo estará - bromeó ella-. Es una suerte no estar en casa cuando mi madre lo vea llegar con todos esos golpes. Vamos - me tomó de la mano, tecleó el código de entrada, y me arrastró hacía dentro -. Te curaré esas heridas.
Me pidió que esperara en el salón mientras ella iba a buscar vendas y alcohol, y yo me senté en el sofá tratando de relajarme. A pesar de la naturalidad con la que me había invitado a su casa, el ambiente cargaba una tensión cada vez más difícil de ignorar. Bra no tardó de aparecer por la puerta, con una botiquín completo en sus manos.
- Tendrás que quitarte la camisa - me indicó, sentándose a mi lado. Yo me apresuré a obedecerla. - Habéis peleado fuerte, ¿eh? - intuyó, ante la visión de mis números cortes y quemaduras.
- Si… - confirmé -. Demasiada rabia contenida.
- Pues la próxima vez procurad que no se os acumule tanta antes de descargarla- sugirió, sin desviar la vista de mis ojos.
Yo asentí, y ambos caímos en un tenso silencio. La piel de sus manos, cálida y suave, fue desinfectando mis heridas y vendándolas con suaves caricias. Sus dedos recorrieron mi torso, sanándome poco a poco, mientras el vaivén de sus pechos se incrementaba de forma continua y serena, atrayendo la atención sobre su escote.
La presión que hasta entonces había sentido de forma difusa en mi pecho tomó forma en mi estómago. Ninguno de los dos dijo nada. Se me ocurrió de repente que hacía años que no compartía un momento tan intimo con ninguna mujer, a pesar de que sus manos eran la única parte de su cuerpo manteniendo contacto conmigo.
No sabría decir cuanto tiempo transcurrió hasta que ella terminó de vendar todas mis heridas, ni cuanto tiempo permanecimos en silencio después, inmóviles, capturados los dos por un hechizo lanzado desde los ojos del otro.
Un ruido fue el que nos sobresaltó, liberándonos de ese mutismo compartido, y Bra se apresuró a tomar distancia entre nosotros. Hube de apretar con fuerza los puños para resistir el impulso de volver a traerla a mi lado.
- Hemos terminado - dijo ella, mientras recogía las vendas restantes en el botiquín -. ¿Quieres quedarte a cenar?
Supe que su invitación era sincera, a pesar de que no me había mirado a los ojos; cuando lo hiciera sólo encontraría confusión en ellos.
- No - me disculpé -. Estoy cansado y quiero irme pronto a dormir.
Ella asintió y no insistió más. Me acompañó a la puerta.
- Cuídate mucho Goten - fue todo lo que dijo.
Por alguna razón, a mi me sonó a despedida.
Konichiwa tomdachis!
Aqui esta el capítulo! He tardado más de lo que esperaba en publicarlo pero es que tabién me ha salido más largo. Hubiera podido publicarlo antes, pero no sabía como dividirlo. Tenia el final metido en la cabeza y no se me ocurrñian formas de terminarlo antes.
En fin, espero que al menos la espera haya válido la pena.
La informacción que doy de Trunks la saco de la saga Buu, durante los combates del torneo infantil, donde se muestra un tanto la parte no tan alegre del pequeño principe de los saiyans.
Tengo muchas más cosas que decir, pero no me queda tiempo porque me voy de fin de semana al Pirineo y he querido subir la historia antes de perderme por esos monts...
Unicamente agradecer a quienes me dejastéis vuestro revuiwes en el capitulo anterior, y decir que espero traer el prócimo capituo pronto.
Saludos tomodachis...
¿reviews?
