Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.

Adoraba mi vecindario. Los adultos no lo notaban, pero entre los menores el Quidditch era una especie de tradición, y la gran mayoría de los que jugábamos aquí estábamos por encima del promedio.

Era un lugar enteramente habitado por magos. No éramos muchas familias, pero sí las suficientes como para ser un grupo amplio de niños y jóvenes. En todo el lugar, nada más había dos o tres muggles incluyendo a mi mamá, y sospechábamos que una chiquilla era squib.

Yo no era muy amiga que digamos de ninguno de ellos, sólo de los clanes Davies y Fawcett. Eso sin contar que mi buena relación con los menores de los Davies (porque la mayor siempre me cayó mal) se había esfumado.

Estábamos un grupo con escobas al hombro, y un set de pelotas a la mano. Yo había sacado la quaffle y jugueteaba con ella felizmente. No alcanzábamos el bosquecillo aún, sino que seguíamos en la única calle del lugar.

-Somos once hoy –sacó la cuenta uno de los chicos-. Cinco para cada lado y un árbitro.

Eso quería decir que había un jugador por posición, una sola bludger y dos cazadores.

-Melanie, tú en mi equipo –decidí. A veces yo era uno de los capitanes, pues la fama de Erika me precedía. Las capitanías solíamos disputárnosla entre cuatro o cinco, y esta vez la ganamos yo y uno de los mayores.

-No pueden jugar dos mujeres contra dos hombres. Y encima, ustedes son menores que nosotros –protestó Roger.

-Entonces búsquense otro cazador –Melanie Jones, de nueve años, me defendió de forma resuelta.

Hacer los equipos siempre era un problema. Generalmente manteníamos los mismos equipos casi todo el verano, pero eventualmente nos aburríamos. Y esta vez, "eventualmente" tuvo lugar tres semanas antes del inicio de clases.

Roger se acercó por detrás. Lo querían poner de guardián porque estábamos escasos, y él buscaba una forma para salirse del problema.

Y esa forma se llamaba Katie Bell.

-Anda, Águila, déjame ser cazador en tu equipo. Funciono bastante bien contigo.

Verlo me dolía, y cuando sonreía o me miraba a los ojos sentía unas odiosas ganas de dejar los rencores de lado y hacer que todo fuese tan perfecto como el verano pasado.

Aún así, no pude evitar que se me escapase una mirada incrédula. ¿Quién entiende a los hombres?

-Ya no soy Águila ¿Recuerdas?

El abrió la boca para protestar, pero fue otra voz la que se oyó.

-¡KATIE MARILYN BELL!

Me volteé, reconociendo espantada aquella iracunda voz. Los ojos oscuros de mi madre ardían de furia, y yo sabía que esta vez ninguna excusa valdría.

Vamos, tenía quaffle en mano y escoba en la otra.

-Mel, cualquier cosa ésta me la prestaste tú –murmuré, extendiéndole mi escoba-. Si no, me la quita.

La chiquilla asintió y me la recibió. Dejé la quaffle en el suelo y caminé para enfrentarme a mi madre; mi corazón latía presuroso, y me debatía entre dar excusas y decir la verdad.

-Explica esto –demandó con un tono amenazante cuando llegué a su altura.

Sabía que en algún momento tendría que hacerlo, pero no esperaba que fuese ahora. Y era difícil, más de lo que imaginé.

-Así que aquí venías cuando te escapabas de clase. Así que llevas escondiéndote mucho tiempo. ¿O me equivoco?

Su tono calmado era indicador de peligro, y yo prefería que me gritase, aunque todos los chicos de la cuadra estuviesen pendientes en ese momento.

Negué con la cabeza, abatida, mirando al suelo. Cerré los ojos fuertemente, esperando una cachetada o algún indicador de la furia de mi madre.

Se me olvidaba que ella sabía guardar la compostura, por lo que simplemente se dio la media vuelta y se fue. Y eso, en aquel momento, me hirió más que cualquier afrenta.

Yo, por mi parte, no tuve ganas de jugar un partido más ese verano.


Estaba yo sola en el andén. Había ido con uno de los de la cuadra que ya se podía aparecer por su cuenta, y él ya se había encontrado con la novia.

Mi mamá no había querido traerme a la estación. Siempre fuimos independientes la una de la otra, pero de alguna manera estábamos ahí, y nos sentíamos juntas. Así que el hecho de que me hubiese regañado y dejado de hablar me pegaba fuerte.

Amenazó incluso con no dejarme venir, pero me aproveché de nuestra falta de comunicación para rebelarme una vez más, empacar mi baúl y venirme, sin que ella tratase de reprocharmelo y con un simple "Hasta navidad". Eso sí, mi escoba se la había quedado Melanie Jones.

Subí mis cosas a un compartimiento y me dejé caer ahí, contra la ventana pero sin ver por ella.

-Bell…

Miré hacia la puerta. Era otro de los del vecindario, uno de los Jones.

-Mi hermana tenía esto. Toma.

Asentí con la cabeza para agradecer lo que sea que haya dejado sobre el asiento contrario antes de irse. No había que ser genio para saber que era mi Cleansweep 7.

No quería traerla. Las ganas que tenía de volar eran nulas.

La gente llegaba, pasaba, se asomaba y se iba. Llegó un momento en que dejé de ver a la puerta para que la gente interpretase mi "no son bienvenidos".

-Katie –dijo una voz cálida y dulce, al cabo de un rato.

Me dio un leve escalofrío ante lo suave que sonaba mi nombre y cerré los ojos. Los abrí y me encontré nada más y nada menos que con mi capitán de equipo y su brillante e intensa mirada.

-Oliver –sonreí suavemente. Estaba feliz de verlo.

Él era una persona a la cual asociaba con seguridad y consuelo. Debía ser por lo ocurrido aquel día de lluvia del año anterior, o por el día en que descubrí lo de Roger y Arlens. O por el hecho de que era muy cariñoso conmigo. No lo sé. Sólo sabía que me sentía, a pesar de su intimidante mirada, confortable a su lado.

-¿Qué… qué tal tus vacaciones?

-Bien en general. No fui a ningún lado, como de costumbre, y…

-¿Qué tal todo con Davies?

Me encogí de hombros.

-Trato de no pensarlo demasiado. ¿Tú¿Qué hiciste?

-Italia un par de semanas y visita diaria a la playa el resto.

Tenía entendido que Oliver vivía al lado de una playa. Y sí, su piel morena confirmaba sus palabras.

-¿Practicaste este verano? Este año hay que ganar la copa.

-De eso quería hablar contigo, Oliver. Mi mamá…

-¿Qué pasó?

-Mi mamá me descubrió volando. Está tan decepcionada, Oliver. No lo entiendo, cualquiera pensaría que debería estar un poco orgullosa, al menos. Mi papá sí lo está. Pero porque a ella no le guste volar no quiere decir que yo no pueda hacerlo.

-Le dijiste todo eso, supongo.

-No. No nos estamos hablando. Quizás lo que pasó es que simplemente tuvo una muy mala experiencia con escobas, pues mi papá me comentó que una vez la llevó a volar. Es muy probable que hayan puesto su vida en peligro en algún momento por culpa de una escoba.

-Interesante. Es probable que tu deducción sea acertada. Ahora déjame adivinar: Vas a dejar todo por lo que has trabajado durante el último año y todo por lo que te arriesgaste nada más porque te descubrieron (cosa que, permíteme agregar, tenía que pasar tarde o temprano). Además, tu mamá reaccionó exactamente como esperabas, así que técnicamente debías de estar preparada… ¿O me equivoco?

Lo miré, anonadada. ¿Era tan predecible, realmente?

Pues no, no le iba a dar el gusto.

-No, Oliver. Calma. Solo te comentaba la situación.

El rió.

-Eres pésima mintiendo. Grábate esto en la memoria: Oliver Wood siempre consigue lo que se propone. Y Oliver Wood, Katie, te quiere en su equipo.

-En el equipo de GRYFFINDOR –corregí por enésima vez.


El fin de semana anterior a Halloween fuimos a Hogsmeade. Nunca había visto ese pueblito como Merlín manda. Y por lo visto, me estuve perdiendo de algo hermoso durante toda mi vida.

Caminaba por la calle principal con Angelina y Alicia, después de haber entrado en la mitad de las tiendas del pueblo. Leanne había sido invitada a salir por Diggory, y nosotras tres optamos por una salida de amigas.

El frío era matador. Las tres nos habíamos preparado para un otoño más caliente que el que teníamos encima.

-Vaya, mis chicas preferidas –Fred Weasley salía de Zonko's, seguido de su gemelo y de Lee Jordan.

-Mis pelirrojos preferidos –respondió Alicia con una sonrisa-. ¿Se dejaron toda la mañana aquí?

-Mi querido hermano George se quedó conversando pacíficamente con el dependiente…

-Bueno, bueno, no tan pacíficamente.

-De hecho discutimos un poco…

-…Un poco mucho…

-…Porque la Barra Comestible Creceorejas no tenía la cantidad necesaria de concentrado de esencia de orquídeas…

-…y que sabemos que está carísimo el ingrediente, pero queremos una mezcla bien hecha.

-Así que ellos dos decidieron hacer la suya propia –finalizó Lee-.

-¿De donde piensan sacar el concentrado? –preguntó Angelina con curiosidad.

-Del armario privado de Snape. ¿De dónde más?

La pregunta retórica cerró el tema y nos dispusimos a caminar en silencio sin rumbo alguno, deteniéndonos ante varios escaparates. Mis dientes castañeteaban.

-Tengo ganas de leer este libro –le comenté a Lee mientras señalaba uno en una vitrina. Era una preciosa primera edición impresa en 1936. O al menos tenía aire de ser viejo.

-No sabía que te gustase leer.

-No demasiado. De hecho, no si puedo evitarlo… pero este libro tiene su historia –Miré nuevamente la portada color crema del "Lo que el viento se llevó"-. A mi mamá se lo regalaron cuando cumplió catorce. Se lo regaló un novio… su novio de dos años.

La verdad lo hubiese comprado, pero la plata que me había sobrado del año pasado no era suficiente, y este año por obvias razones mi madre no me había dado. Y la pensaba usar para cervezas de mantequilla, helados y artículos de broma. El libro seguiría ahí el año siguiente.

-¿Qué novio le regala un libro a su novia?

Volteé a ver quien había hablado. Oliver Wood también veía el "Lo que el viento…" con interés.

-No lo sé… Ella nunca leyó demasiado tampoco, pero este libro le gusto mucho. Me quería llamar Scarlett según la protagonista. Mi papá no la dejó y se conformó con Katie, que es el primer nombre de ese personaje y de media humanidad.

-Mi prima Vicky está obsesionada con ese libro –comentó Oliver-. Bueno, basta de estar parados frente a una vitrina.

-¿Entonces qué propone El Dictador que hagamos? –bromeó George, haciendo alusión al hecho de que Oliver "nos oprimía" en los entrenamientos. Nuestro capitán lo miro con una ceja enarcada.

-No propongo, entonces. Ordeno a que vengan conmigo a tomarse algo a Las Tres Escobas.

No hubo que decir mucho más, y el grupo de los de cuarto se nos adelantó, dejándonos detrás a Oliver y a mí.

-¿Qué tal te va en tercero?

-Como siempre. Floja en Historia de la Magia y Defensa Contra las Artes Oscuras, fuerte en Encantamientos. Y la Aritmancia está dificilísima.

-¿Aritmancia? Es mi fuerte.

-Presume, Wood. Presume.

El sonrió.

-En serio. Si quieres te ayudo a entenderla.

Su tono me parecía extraño. Ansioso. Arrugué la nariz y me encogí de hombros.

-Si tienes tiempo...

-Todo el del mundo. Además, fue mi único Extraordinario en los TIMOS.

-Sigue presumiendo.

-No es presumir, es no pecar de falsa modestia. A veces es lo mismo.

Me recorrió un escalofrío en ese momento y mis dientes comenzaron a castañetear de nuevo.

-Katie, se vale pedir prestado un suéter -Se cruzó de brazos, aparentemente divertido.

-Si hubiese sabido que tenías uno... -Mire su mochila. Claro.

Rió, y a los dos segundos ya me había extendido su suéter. Me quedaba inmenso, pero era cómodo y olía a su perfume. Sonreí inconscientemente; adoraba ese olor. No sabía por que, simplemente porque era muy… Oliver.

-Gracias.

-No hay de que.


-¿Katie? –susurró Leanne-. ¿Puedo preguntarte algo?

Estábamos ambas en mi cama. Sarah y Aileen ya estaban dormidas, y nosotras dos con una varita, un lumos y una barra de chocolate de Hogsmeade teníamos una especie de reunión nocturna.

-Ya lo has hecho, pero puedes hacer otra pregunta más.

-Pues… ¿Tú y Oliver…?

-¿Él y yo qué?

-Bueno… No sé, andan mucho tiempo juntos.

-Sí, me he fijado. Entrenamos varias veces a la semana, y una que otra noche se sienta a explicarme Aritmancia…

-Y Angelina me ha contado que siempre se esperan el uno al otro para ir o volver de las prácticas y que a veces se citan muy temprano y…

- Ya entendí que insinúas. Oliver Wood y yo no tenemos ninguna relación amorosa, contrario a ti y a Diggory.

-Wood es mejor contigo de lo que Cedric es conmigo.

-Oliver es mi AMIGO, mi CAPITÁN… y es como un hermano para mi prima Erika, así que técnicamente es como un primo para mí…

-Estás dando excusas, y esa es una de las más patéticas que te he oído. En serio, Katie. No me vas a decir que entre tú y él…

-Hay solamente una amistad. Leanne, no te miento.

No, no mentía. O al menos no creía mentir. Digamos que sí estaba conciente de todo el tiempo que pasaba con él y de lo guapo que era. Me agradaba estar con Oliver.

-Entonces me tocará creerte. –Hizo una pausa, y luego una mueca, antes de preguntar-¿Te apuntas mañana en la noche para una sesión de Snap Explosivo con los de cuarto?

Así llamábamos al grupo que hacían Alicia, Angelina, Lee, George y Fred.

-Quedé con Oliver para que me explicara la clase de hoy.

Un almohadazo fue la única respuesta que obtuve por parte de Leanne, pero sabía exactamente qué quería decir.


Las navidades habían pasado, y yo, temerosa del dichoso Heredero de Slytherin, me había ido a casa con mi madre, que me llevó a Colombia.

Por suerte ya nos hablábamos. No era la bonita relación madre-hija que siempre tuvimos, pero ya era un avance…

Como decía, en Bogotá conocí a un extraño personajillo: Adriana Ferrara. La chica era poco menor que yo, hija de unos amigos de mi papá. No tenía con quien pasar la Navidad ya que sus padres tuvieron que hacer un extraño viaje de emergencia (la historia es más larga que eso realmente), y mi papá movió un par de hilos para que la dejaran venirse con la familia de mi mamá.

Al principio se me hizo demasiado Alicia Spinnet. No sé que hizo ese efecto, si los ojos azules o el carácter positivista. Pero luego descubrí una faceta alocada que solo podía recordarme a Leanne en sus momentos más alegres.

-¡No lo supero! Vas a Hogwarts y eres prima de Erika Bell. La vida es injusta –se quejó con tono dramático y un puchero. La chica adoraba el Quidditch con una pasión que nada más le había visto a Oliver.

-No lo es. La ELV queda en la capital y te dan los fines de semana libres. Todos. Nosotros nos tenemos que quedar en el castillo y de vez en cuando visitamos el pueblo.

-Nuestro colegio es pequeñísimo y ni siquiera es mixto. Quería que me inscribieran en el Fénix, pero mi mamá se negó –dijo, y arrugó la nariz-. El equipo de Quidditch del Fénix es genial. El nuestro es un desastre… Tú juegas¿No? Con la prima que tienes…

-Estoy en el equipo de mi casa –la corté. Ya me molestaba que todo el mundo me comparara con Erika -¿A dónde se puede ir a volar aquí?

Adriana resultó ser una guardiana bastante decente, y me atrevo a decir que nuestras escapadas sobre escobas la habían hecho mejor de lo que era. Ya para el término de las vacaciones, habíamos jurado no perder el contacto.

BARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRABARRA

-Treinta y siete multiplicado por cinco, Katie. Te estás despistando –me riñó Oliver afectuosamente. Mi mente divagaba en el hechizo que le haría a Arlens cuando la viese después de la pelea que tuvimos aquel día…

O quizás le rompía su perfecta nariz y eso sería suficiente.

-Lo siento. Bueno, se supone que empleado en Pociones el 5 tiene propiedades líquidas… el 37 no lo hemos visto.

-Ya no te das cuenta ni de los apuntes que tomas. Eres un desastre.

Me sentí un poco culpable. Era verdad, estuve adormilada toda la clase de Aritmancia y estaba haciendo que Oliver perdiese una ocupada noche ayudándome a estudiar.

-Bueno, bueno, no importa. 37 tiene que ver con…

Le admiré por su paciencia. Ahí estaba él, más que muriéndose por seguir planeando la última jugada para el entrenamiento del día siguiente, y en lugar de mostrarse desesperado simplemente me explicaba punto por punto mis propios apuntes.

Lo dicho, era un desastre para la Aritmancia. Y parecía ser una de las pocas cosas aparte del Quidditch que Oliver Wood disfrutaba genuinamente.

-Entendido todo. Si no saco nota máxima mañana, me lanzo de la Torre de Astronomía.

-No. Te necesito para el partido.

Fruncí la nariz y lo miré algo enojada.

-¡Oye!

-Ya, que era broma. Vas a sacar nota máxima. Confía en mí.

Me sonrió, y no pude hacer más que devolverle el gesto.

-Confío en ti, Oliver.

Su sonrisa se acentuó y se reclinó hacia atrás en el sofá, agarrándome los hombros y haciéndome un hueco entre sus brazos que, en esta fría noche de Febrero, me hacía perfecta falta. Me acomodé, y por alguna razón sentí un rubor cubrir mis mejillas.

-Explícame un poco la táctica que estabas desarrollando –pedí, más que nada por no dejar que se hiciera el silencio.

Me sentía tan cómoda. Había más gente en la Sala Común, y no pude hacer más que notar como muchos volteaban y se nos quedaban viendo con una mirada sospechosa que, de no ser por las contínuas insinuaciones de Leanne, no entendería.

Pero no me importaba. De pronto era como si me hubiese hecho adicta a Oliver.

-...Tu estas bien en el centro, aunque no se si Angelina podría... Espero que no te moleste si hago una práctica así. Sé que te gusta tu posición, pero quien sabe... Contra Hufflepuff es fácil, lo se, pero contra Ravenclaw no, y necesitamos ser mas fuertes que el año pasado. Habrá que probar. Creeme, Katie, que confió en ustedes tres. Se supone que no te debo decir esto, pero...

Sonrió y se mordió el labio. El gesto me pareció adorable, y me hizo sonreír instintivamente.

-Oliver, no seas. Dime -Le di un pellizco suave.

-Tú, Angelina y Alicia son el mejor equipo de cazadoras que Gryffindor ha visto en muchos años.

Sentía su mirada orgullosa clavada en mis ojos. Como siempre, sentí que me podía leer los pensamientos con solo mirarme de esa forma.

-Es bueno saberlo. Gracias.

-No me agradezcas a mí, son sus meritos.

-Dices unas cosas...

-Ya lo se. Muchos me dicen que estoy loco. De hecho, eres la única que no piensa que estoy loco, Katie. ¿O si piensas que lo estoy?

Fingí pensarlo. Si, era un poco loco, pero así me gustaba.

...Un segundo. ¿Me gustaba?

-Lo estás. Pero de una buena manera.

-Al menos eres sincera -Dejo escapar una suave carcajada-. Es decir... Se que me obsesiono con el Quidditch. No necesito que me lo digan. Estoy preocupado por los ataques...

-Va a ser doloroso para tus estrategias si se llevan a alguien del equipo¿no?

Esperaba que se riera, pero ni siquiera sonrió. Extrañé su risa, la cual adoraba y hacia todo por oír.

"Adorar", tal y como "Gustar", fueron verbos que me hicieron cuestionarme a mi misma.

-No me parece gracioso, Katie. Esto es serio.

-No quería ofenderlo, mi Capitan.

-Lo se, pero cuando me pongo a pensarlo, si esto sigue así, cierran el colegio y...

-Antes veremos a McGonagall jugando Snap Explosivo con los gemelos Weasley.

El rió ahora si, apreciando mis esfuerzos para aligerar el ambiente.

-Katie, hablo en serio. Yo... Hogwarts es mi hogar. Aquí tengo todo... Quidditch, amigos... También está mi hermana Sylvia, aunque ni nos hablemos. Ella lo prefiere así… Dice que soy muy sobreprotector.

Sylvia era una chica alta y atlética de Hufflepuff, de cuarto curso.

-Tengo entendido que no la dejaste salir en falda en una cita con Lee Jordan. Sí, como que eres un poco sobreprotector con ella.

Antes de aquel día, solo había visto sus ojos penetrantes, sus hombros protectores, su cuerpo cuadrado. Me había aferrado a su pecho y llorado sobre el, sintiéndome consolada.

-¡Pero es que tú conoces a Lee!

-Lee es todo un caballero –rebatí.

-Sí, pero…

-Eres un típico hermano mayor y punto.

-Como digas –gruñó, derrotado.

¿Desde cuándo Oliver tenia aquella nariz tan recta? Y sus manos... Grandes, de dedos largos. Su cabello era corto y oscuro, dejando su lisa frente descubierta. Sus cejas gruesas eran lo que le daban la intensidad a su mirada.

-¿Katie? –preguntó, sin darse cuenta de mi mirada inquisitiva y mis líos mentales, nada más notando mi silencio-. ¿Estás bien?

Estaba tan cerca.

-Perfectamente, Oliver. No te preocupes, solamente tengo un poco de sueño –mentí.

-Deberías dormir. Mañana hay entrenamiento y tienes examen.

-Como digas, papá –le piqué, sin dejar de mirarlo.

¿Desde cuando los labios de Oliver tenían esa forma tan justa? Lo suficientemente delgados como para no ser exuberantes, lo suficientemente gruesos como para desear...

Rió. Su voz alegre y poderosa me causó un escalofrío.

-Anda, es tarde.

Se separó de mí y se levantó, ofreciéndome una mano.

Cuando la toque, mi corazón dejo de latir por un instante y comencé a sudar frío. Momentos después mi corazón volvió a latir, ahora mas rápido de lo normal, mandando escalofríos por todo mi cuerpo, desde el sitio donde su mano había tocado la mía.

¿Qué me está pasando?


-Bell…

Me volteé. Unos ojos zafiro se posaron sobre los míos y unos brazos cargaron mis libros automáticamente.

Ese Zacharías Smith tenía algo extraño. Algunas veces me parecía odioso y otras era hasta dulce y buena compañía. Eso, viniendo de una persona que Leanne apodaba "Don Quejote", era un milagro.

-Hola, Smith. No me digas… ¿Otra vez detenido?

-Qué va. Ya he tratado de medir mi lengua con el imbécil ese. Pero sigue sin lavarse el pelo, y eso que le dejé un shampoo…

Traté de no reír, porque decía esto con un tono más bien amargado y sin pizca de gracia. Parece que nuestro chico estaba hoy de buen humor. Y es que él era tan brutalmente sincero que a veces resultaba gracioso. Como cuando le dijo a Snape que necesitaba usar shampoo.

-Él se pierde las maravillas de una buena ducha –fue mi comentario.

Seguimos caminando juntos. Teníamos Herbología juntos, así que simplemente caminamos, él cargando mis libros, hacia los invernaderos.

-¿Quieres ponerte conmigo hoy? –me preguntó, súbitamente.

-No… Quedé con Leanne.

-Ya veo. ¿La próxima?

La verdad, como que no. No era buena en trabajos de equipo, y con la única que funcionaba era con Leanne, que era diestra en Herbología.

-De acuerdo –mascullé.

Pero por alguna razón, el humor de Smith no mejoró en lo que quedaba del día.


-No deberías estar conmigo sino con Wood, Katie.

-Anda con el temita. ¡No me gusta, Leanne!. ¡Créeme!

No me gustaba¿cierto?

-Mejor él que Smith, al menos –siguió mi amiga.

-Eres una molestia a veces¿sabes? –me paré ante el escaparate de la librería, admirando como siempre el "Lo que el viento se llevo"

-Pero así me quieres.

-¿Y tú que con Diggory?

-Pues, sabes, pienso terminarle. De repente las chicas se dieron cuenta de que él es, evidentemente, un chico… Y como que me entran celos.

-No seas ridícula. Es una joya de hombre.

-Bueno… La verdad es que a veces las joyas brillan tanto que una se siente el centro de atención no por una misma sino por el brillo del diamante, si entiendes a que me refiero.

Repasé la metáfora varias veces, llegando a entenderla tras una larga pausa.

-Pues mira, para la gente tú eres "Leanne" y no "La novia de Diggory"…

-Tú vives en tu burbujita, Katie. Con la única persona que te hablas fuera de Gryffindor es con Mark Fawcett. Y ni siquiera. Yo he tenido que escuchar comentarios y mira, que los sé dejar pasar, pero ya me cansé.

Me encogí de hombros.

-Sigo pensando que cometes un error, pero es tu vida.

Hicimos silencio y seguimos caminando. El clima estaba delicioso.

-Hola, Katie.

-Roger.

Leanne, que conocía la situación, no se movió de mi lado. Sobre todo porque Arlens y el antes nombrado estaban de la mano.

Yo ya tenía a Roger más que superado, y sentía por el una especie de leve desprecio y, quizás, algo de nostalgia. ero esto último Leanne no lo sabía… e incluso yo me acababa de dar cuenta.

-¿Qué tal todo?

-Excelente –hice el intento de seguir caminando.

-¿Y eso que no estás con Wood?

-No te importa. Leanne, date un poco de prisa, que quedamos con los gemelos frente a Zonko's.

La arrastré lejos de Roger y de Arlens,

-¿Ves? Hasta para los de otras casas es evidente.

Rodé los ojos. Fin de la discusión.


¿Qué mejor que un banquete de media noche para celebrar el comienzo de mi cumpleaños?

Había tantas cosas que celebrar aparte de mi cumpleaños… Cancelaron los exámenes, Ginny Weasley estaba viva, los petrificados también…

-Pst… Katie…

-Dime, Oliver.

-Vente. Quiero mostrarte algo.

La razón por la que accedí a alejarme de Leanne y de los de cuarto era porque tenía su escoba en la mano. Un vuelo nocturno… interesante.

-¿A dónde vamos? –susurré, cuando me tomó de la mano y me sacó del Gran Comedor.

-A Hogsmeade. Hay tiendas 24 horas y… bueno, quería picarte una torta de cumpleaños como Merlín manda.

Se rascó la nuca. Adorable. Parecía un niño pequeño.

Sacudí mi cabeza. Oliver Wood era sólo uno de mis mejores amigos. Amigo. Más nada.

-Nos van a matar si nos ven…

-No nos van a ver –Se montó en su escoba, y usó su varita para convertir mi falda en un holgado short-. Súbete.

Era una orden que, dubitativamente, obedecí.

Nos elevamos. La vista de las luces del castillo, y luego del pueblo, era algo increíblemente inspirador. Cerré los ojos y me abracé a Oliver, aspirando su aroma. Sentía su cuerpo trabajar, luchando un poco contra el viento para dirigir la escoba.

Justo cuando me parecía que podía pasar toda la eternidad así, aterrizó en la calle principal. Unos magos y brujas que pasaban por ahí se nos quedaron viendo, pero él les hizo caso omiso.

Caminamos un rato por la calle principal disfrutando de hacer algo prohibido. Nos preguntamos si alguien notaría que faltábamos, nos reímos por lo extraño de la situación…

Tardé en darme cuenta que caminábamos tomados de la mano, y lo solté sutilmente. El no pareció notarlo. A los pocos instantes se giró.

-Sígueme.

Pasamos por en frente a varias tiendas cerradas hasta llegar a una que estaba abierta.

-Espérame aquí. No tardo.

Entró al local y yo me senté en una banca que había cerca. No tardó en salir con un paquete en brazos.

-Pensaba ordenarlo vía lechuza, pero se me ocurrió la idea y… bueno, feliz cumpleaños, Katie.

Me extendió el paquete y no pude hacer más que abrirlo con ansias. Cuando vi que era, negué con la cabeza, sonriendo. El también sonreía.

Si me hubiese dado cuenta de que aquella tienda era la librería, habría sabido de una que me iba a comprar el "Lo que el viento se llevó"

-Gracias, Oliver. Muchísimas gracias.

-No hay de que.

Sabia lo que el esperaba, que era lo mismo que yo quería. Cedí al impulso de rodear con los brazos su fuerte espalda, dejando que su aroma entrara por mi nariz y desconectara cada neurona de mi cerebro.

Cuando lo solté, sus brazos seguían aun en mi cintura. Subí la mirada, sonriendo, mis manos buscando las suyas para obligarlas a liberarme.

Pero mis ojos tropezaron antes con sus labios que con sus negras orbes. Y en ese momento mis manos se detuvieron sobre las suyas, eliminando todo pensamiento coherente de mi cerebro.

Un beso. Quería un beso de Oliver Wood.

Sentía su respiración y su aliento a hierbabuena. Sentía sus ojos clavados en los míos, sin saber qué significaba su inescrutable gesto, mientras yo solo miraba su perfecta boca.

Sabía que mi corazón estaba latiendo desbocado, y que mis piernas prontamente cederían si seguían temblando.

¡¿Pero por qué?! Yo… Es decir¡Oliver Wood no me gusta!

Sacudí la cabeza con los ojos apretados y me liberé de sus brazos. Sentí frío al dejar de notar su calor corporal.

-Vamos…

-¿A dónde, Katie? –preguntó, con voz picada. Me estremecí.

-No sé. A volar por ahí. Yo guío.

Apenas las palabras salieron de mis labios, la idea me sonó tentadora. Él sonrió, o eso me pareció en aquella oscuridad reinante.

-Excelente plan –me tendió su escoba.

Me monté, y él detrás de mí. La idea me comenzó a desagradar, precisamente, cuando ya estábamos en el aire…

Si tener sus labios a pocos centímetros míos me había hecho perder el control, tener su pecho contra mi espalda, su cabeza recostada en mi hombro, sus manos sobre las mías en el mango de la escoba y sus brazos rozando inconscientemente mis muslos casi me vuelve loca.


Notas: Corto, pero preciso. Usé dos escenas de mi borrador (¡Yay!) y me parece que no hacen falta más. Quería dar un enfoque al cien por cien de los sentimientos de Katie, tratando de dejar lo demás de lado.

Me agradó presentar a Adriana… Este personajillo no está haciendo su última aparición. Y Lal, sí hay Smith jaja. ¡No me podía resistir a ponerlo!

En cuanto a la situación entre Katie y Oliver… Una de mis reviewers (no diré quién) esta totalmente sobre la pista. Ahora a ver que piensan :D

Nuevamente, muchas gracias a todos por sus reviews y a Magg por betearme.

Y una vez más, quiero pedirles su colaboración dejándome un review. Ya saben, siempre respondo cuando está firmado y no exijo más que una mísera línea (reviews largos también son bienvenidos, que los adoro)

¡Un beso enorme!

Kayi.