Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.

El verano se había pasado rápidamente.

Mi mamá y yo estábamos volviendo a tener una relación normal. No me decía nada acerca de mi escoba, ni de volar, seguro porque sabía que estar con ella me traía una especie de culpabilidad que me impedía disfrutar los partidos como antes.

Nada más jugué uno que otro, pues Adriana Ferrara vino a pasar un tiempo en mi casa, y ella no vivía sin Quidditch. Y cuando se fue, a tres semanas para empezar el curso, yo misma no pude dejar mi Cleansweep 7 de lado.

Y algo más cambió: Con Roger Davies ya no me sentía tan molesta, y habíamos comenzado otra vez a salir a volar juntos. Disfrutaba de su compañía, para qué negarlo, aunque el sentimiento que había nacido hacía dos veranos se había esfumado sin dejar rastro alguno.

Pero…

Mentí al decir que olvidé todo lo referente a mi vida en Hogwarts.

Tenía lectura de vacaciones. Y ésta avanzó lentamente, permitiéndome disfrutar de las andadas de la protagonista (Katie Scarlett O'Hara), enamorarme de Rhett Butler, el protagonista, y recordar a quien me había regalado aquel libro, el "Lo que el viento se llevó", con cariño y añoranza.

Aún tenía presente la sensación abrumadora de la madrugada de mi cumpleaños… Aquel sentimiento extraño y confuso que me había llenado cuando Oliver y yo (¡Oh, cómo quería creerlo!) estuvimos apunto de un beso.

Me humedecí inconscientemente los labios al tiempo que pensaba en todo esto, en el andén 9. Extrañé a Oliver estas vacaciones, para qué negarlo…

Me giré, buscándolo… Y ahí estaba.

Me le quede observada, tratando de ocultar el hecho de que mis mejillas se coloreaban y que sentía que mis ojos se alumbraban como si estuviese viendo el retrato de la máxima belleza y perfección.

Creo que ahí me di cuenta que jamás había sentido algo tan intenso. Asustaba, asustaba como la primera vez que lo sentí, en algún momento del año anterior…

Lo que sentí por Roger Davies era poco menos que un juego de niños.

Y lo confirmé cuando sus ojos negros se alzaron y se encontraron con los míos, quemándome. Caminamos (yo casi corría) hasta encontrarnos en un punto medio donde el me abrazó y me alzó un poco del suelo.

-Has crecido –dijo.

Sonreí, y lo vi a los ojos aún rodeándolo con mis brazos.

-No es cierto –respondí-. Pero gracias por el intento.

Rió. Sentí un poco de incomodidad.

-¿Te sientas hoy conmigo? –pregunté, más por cambiar de tema.

-No, lo siento. Quedé con un compañero en que le iba a ayudar a hacer una tarea de Aritmancia que no hizo.

Me encogí de hombros, un tanto extrañada. El año anterior a ese habíamos ido juntos, y algo dentro de mí esperaba repetirlo.

Un alboroto me distrajo. Giré, y vi a un grupo de mujeres y chicas a poca distancia.

-Te me cuidas¿Oiste? Y me mandas uno de esos bichos de vez en cuando.

Muggles tenían que ser. Busqué a la bruja, y un escalofrío de delicia me recorrió al darme cuenta de que entre todas aquellas, mi amiga Leanne destacaba, con los cabellos ordenados en bucles y los ojos más claros.

-Se llaman "lechuzas", Maddy, y sabes que nunca me olvido –respondió mi amiga.

Me disculpé con Oliver para ir corriendo a saludarla. No conocía a la familia de mi amiga. Sabía que tenía cuatro hermanas y que ella era la tercera.

-¡Leanne!

-¡Katie! –Corrió a abrazarme-. Maddy, ella es Katie. Katie, ellas son mi mamá y mis hermanas…

Traté de no fruncir el ceño. Se me hacía raro que llamase a su mamá por el nombre propio.

-Mucho gusto –dije, sonriendo suavemente. Eran un grupo alegre y parlanchín, y me sentí un poco intimidada.

-El gusto es nuestro –Sonrió la madre de mi amiga-. Leanne nos ha hablado mucho de ti.

Después de un intercambio de palabras y despedidas, me giré para buscar a Oliver donde lo había dejado. Hizo un gesto de saludo a Leanne y nos esperó para entrar al andén 9 y 3/4.

-Katie… te tengo que contar algo –me susurró mi amiga al oído-. ¿Reunión esta noche en tu cama?

-Qué va. Vente conmigo en el viaje y me cuentas.


-¡¿Qué tu y Davies QUÉ?!

Estábamos un viernes en la noche en el cuarto de los chicos de quinto. La que había hablado era Angelina, con un tono acusatorio.

-No me habías dicho nada, Katie –reprochó Leanne también.

-Por favor, ni que fuésemos a salir juntos ni nada –me exasperé-. Sólo volvemos a ser amigos, y creo que ni siquiera.

-Dejen a la chica en paz –intervino Fred-. Ni que Davies fuese Slytherin, o ni que nuestra Kate le vaya a revelar los secretos de nuestro equipo ni de Angie.

Lo de Angelina lo decía porque Roger, después de descubrir que Arlens estaba con otro y cortar con ella, se había dedicado a tratar de acercarse a la cazadora estrella de nuestro equipo.

-Katie sabe lo que hace –me defendió Alicia-. Ni siquiera sabemos por qué te alejaste de Davies en primer lugar.

Esa historia sólo la conocían Leanne y Oliver.

-No, pero al menos yo sí lo entiendo –respondió Angelina con presteza.

Suspiré.

-Bueno, no estamos aquí reunidos para chismes, sino para planear una venganza contra los Slytherin de cuarto –recordó Lee.

Unos cuantos Slytherin de nuestro curso les habían puesto a Sarah McKay y Aileen Silver una Poción Envejecedora en el zumo (no me pregunten cómo) y les habían sumado unos sesenta años. Aparte de tenerlas dos semanas en Enfermería, habían sido blanco de muchas burlas.

Resultaba retorcido vernos a los siete defendiéndolas, pero eso era unión de casa.


-¡OLIVER WOOD!

Entré a los vestuarios masculinos sin importarme nada. Cedric Diggory estaba ahí, sentado sobre uno de los bancos, y me miraba preocupado.

-No sale de esa ducha, y no puedo hacer nada. Me siento tan culpable por…

-¿Por agarrar la snitch? No seas ridículo, Diggory. Ve a tu casa, que deben estar montando una celebración. Yo me encargo de él.

-Pero…

Suspiré, y lo miré. Sus ojos eran grises, nobles y limpios como los de un niño pequeño.

-¿Pero qué, Diggory?

-No puedo dejarlo aquí.

Me encogí de hombros.

-Como quieras –Me acerqué a la ducha, que gracias a Merlín tenía la cortina cerrada-. ¡OLIVER WOOD, CIERRA ESE MALDITO GRIFO!

El agua seguía cayendo, y un escalofrío me recorrió al pensar en la temperatura que debía hacer dentro de la ducha. No se respiraba vapor, así que caliente no debía ser.

-¡NO ME OBLIGUES A ENTRAR! –dije de forma malvada. Si esto no surtía efecto, no sabría cómo convencerlo.

Pero funcionó y a los pocos segundos, el grifo se cerraba.

-Bien. Ahora… Diggory, una toalla… Gracias –Metí la mano con la toalla a la ducha, y el la agarró-. Voy a salir para que se cambie –me dirigí hacia Diggory-. Me lo mandas afuera cuando esté vestido.

Me encaminé hacia fuera del vestuario y esperé. Yo misma estaba empapada hasta más no poder. Llovía, y había venido caminando desde el castillo. Me acurruqué al lado de la puerta cerrada del vestuario femenino, que estaba en frente.

Pasó más tiempo del necesario antes de que Diggory saliera.

-Habla con él adentro. No le conviene seguir pillando frío, y ya hice que el aire del vestuario caldeara un poco.

Me tendió la mano para ayudarme a pararme, y una vez en pié no pude hacer más que sonreírle. No me malinterpreten, pero este chico tiene un carácter para derretirse. Es de los que, te gusten o no, simplemente te ablanda. Es imposible ser mala o ser brusca con él, y yo que lo fui, ya estaba arrepentida.

Insisto: Leanne fue idiota al terminarle.

-Gracias… Y perdón por el mal genio. Yo…

-Tranquila, es natural –sonrió a su vez-. ¿Sabes? Él tiene suerte al tenerte como amiga, Bell.

Con esto se marchó, y yo entré al vestuario masculino. Estaba ahí, acostado sobre una banca y viendo al techo. Me acerqué.

-¿Oliver?

No respondió. Comenzaba a asustarme, y me rompió el corazón ver su mirada perdida. Me senté en el suelo, a su lado, y el se giró a mirarme.

-Sé que duele perder –dije-. A mi también me molesta, confieso. Hemos todos trabajado muy duro durante estos años para ganar la copa. Pero… ¿Sabes qué duele más? Ver como te rindes antes de que todo esté perdido.

Al ver que no respondía a esto, que se supone que debía tomar como un reto, proseguí.

-Nosotros somos mejores que ellos, sí, pero no invencibles. Somos mejores que cualquiera de los otros tres equipos. Y por eso le ganaremos a Ravenclaw y Slytherin, y ganaremos la Copa. Diggory es tan bueno como limpio a la hora de jugar, pero eso no quita que quizás la suerte influyó un poco a la hora de que ganara. Es casi como si hubiésemos jugado sin buscador.

-Potter pudo atrapar la snitch antes.

Suspiré, aliviada. Su voz sonaba ahogada, pero al menos hablaba.

-No lo culpes.

-No lo culpo –se incorporó pesadamente yse aparto el húmedo cabello de la frente-. Pero no jugamos sin buscador…

-Lo estás culpando –contraataqué-. Y en todo caso, tú sí que jugaste mejor que nunca. No entiendo qué es lo que te deprime.

-Es mi último chance para ganar la copa. Si no es ahora¿Cuándo?

Traté de ocultar el dolor que había empezado a sentir en ese momento.

-Va a ser ahora si no te dejas llevar y seguimos entrenando como antes.

Traté de ocultar el dolor que había empezado a sentir en ese momento.

-Tenía pensado hacerlo, Katie –dijo, y sonrió suavemente. Como siempre, mi nombre en sus labios tenía una nota suave y dulce-. Este año el Puddlemere United, las Wimbourne Wasps y los Ballycastle Bats se quedan sin guardameta suplente. Necesito que volteen a mirarme.

El dolor se hacía más hondo y más intenso.

-¡Te tomas todo esto demasiado en serio!. ¿Y sabes que es lo peor? Que eres uno de los mejores guardianes y capitanes que Hogwarts ha visto, y lo sabes. El equipo entero, pese a todo, te respeta y te quiere como no te imaginas. Oliver, por favor, date un respiro a ti mismo.

Suspiró, y negó con la cabeza.

-No sé que haría sin ti, Kate. Ahora vamos al castillo, que seguro el equipo ya piensa que me he ahogado a mi mismo.

-No estabas lejos –fue lo último que le dije.

Ya era de noche y la lluvia había comenzado a amainar; no era aquel viento huracanado que a veces se cernía sobre Hogwarts. Caminamos en silencio, y cuando llegamos a Gryffindor, cada uno se fue para su habitación.

Y yo estaba aún adolorida. Acababa de comprender que Oliver se iría. Mi amigo, mi capitán, el chico al que…

-¿Katie? –La voz de Leanne se alzó, preocupada. A veces odiaba lo bien que me conocía-. ¿Qué te pasa?

Suspiré.

-Creo que estoy enamorada de Oliver.


Era un día de clases común y corriente. McKay y Silver ya estaban recuperadas, la broma contra los Slytherin fue hecha (causándonos detención a los siete responsables), y yo marchaba a clase de Runas Antiguas sola, ya que Leanne no la tomaba.

-¡Bell!

Alguien corría detrás de mí para alcanzarme. No tardé en reconocer a Sarah McKay.

-Dime…

-Te tengo un chisme. Y te importa.

Vale, que no me gusta la gente chismosa, pero McKay sí que sabía tentarme.

-Anda, dime.

-Sabes Smith… Hufflepuff, nuestro curso, bellísimo pero de pésimo genio…

-¿Zacharías?

Y es que a pesar de todo, él y yo nos tuteábamos. Descubrí que podía trabajar con el en Herbología, y la verdad tampoco es que hablásemos mucho más fuera de esa clase.

-Le gustas, Bell.

-¿Estás hablando en serio?. ¿Y cómo te enteraste?

-No puedo decir mis fuentes, pero al parecer sí, le gustas.

No soy una chica de las que le gustan a los chicos. No tenía nada de especial, sólo era un poco más madura, "rebelde", por así decirlo, y menos femenina que el resto de las chicas. Y eso no era precisamente atractivo.

-¿Qué hago al respecto? –pregunté, más en desdén que pidiendo consejo.

-¿No te gusta siquiera un poco?

La idea de reemplazar a Oliver por Zacharías era tan absurda que contener una carcajada me costó. Sí, estaba siendo mala, pero como ven es algo natural en mí y me gustaría poder controlarlo.

-Pues no. Mal no me cae, pero de ahí a gustarme el trecho es enorme.

-No entiendo cómo te cae tan siquiera, si es antipatiquísimo.

Sonreí levemente.

-Entre raros nos entendemos.


Sola en mi habitación, comencé a pegarle puños a mi almohada.

Debía dejar de pensar en el ahora que corría el rumor de que tenía novia, Gertie Roberts. Ella era una Ravenclaw de sexto que vivía guindada del cuello de Oliver. Él estaba muy lejos de apartarla, aunque tampoco era muy cariñoso con ella, y todo el colegio asumía que eran novios. Cabe decir que aún así, Leanne sostenía que él me quería.

Y más encima, Oliver y yo habíamos quedado en que esa misma noche me ayudaba a estudiar. Pero parecía haberlo olvidado, así que simplemente bajé y me acerqué a donde él, en la Sala Común, planificaba estrategias.

-Oliver... Necesito que me ayudes en algo.

Levanto sus ojos y me miro de mala manera. Tenía muñequitos de todo el equipo en miniatura, y los iba moviendo a través de un tablero que debía ser el campo.

-Kate, estoy ocupado.

-Te estoy pidiendo una hora no más. No entiendo algo de Aritmancia.

Él suspiró, y yo me irrité. Últimamente, Oliver solo pensaba en Quidditch. Hablaba de Quidditch. Soñaba con el Quidditch. Comía Quidditch. Estudiaba Quidditch. Y eso que tenia los EXTASIS este año.

-Cuéntame.

Me senté al lado de él y, como siempre, traté de concentrarme en lo que me explicaba y no en su grave pero dulce voz.

-...Y este principio me sirvió para idear una técnica de Quidditch, en la que los tres cazadores están a la misma distancia pero...

Más Quidditch. Si volvía a decir algo de Quidditch iba a reventar.

-Oliver, si va a ser así, no me expliques. Alicia se ofreció también, pero...

-Perdón, Katie. Tienes razón. Es sólo que... Tengo que ganar esa copa.

-Obsesionado -alcé una ceja-. Por lo visto, pasar tus EXTASIS con holgura y ayudar a tu querida amiga Katie en su materia más difícil no es algo que tengas que hacer¿o sí?

El sonrió a modo de disculpa.

-Te estaba diciendo que el 101 tiene propiedades curativas y el 13, propiedades estimulantes, por lo que distintas relaciones entre ellos tienden a causar efectos que deberías conocer...

¿Quién diría que el numero 1313, bien usado, curaba las depresiones?

-...Ahora has cada operación y descúbrelo por ti misma.

Tome mi pluma y me enfrasque en dichas operaciones. Me corregía cuando era necesario, y me daba trucos que el conocía. Habló mientras yo hacia las operaciones y veía el significado y, en algunos casos, las propiedades de cada número.

Pero como todos los caminos llevan a Roma (frase cortesía de Leanne), encontré, después de terminar las operaciones, que Oliver llevaba un buen rato haciendo diagramas en un trozo de pergamino y averiguando cuales números podían mejorar su rendimiento en Quidditch.

Y lo peor, me los estaba diciendo en voz alta.

No aguante más. De verdad, me gustaba Oliver, me gustaba su compañía, pero no podía soportar su tendencia obsesiva hacia el Quidditch. Está bien, el chico quería esa copa. Pero todo tiene límites.

-¡Wood! –exploté-. ¡Como sigas hablando de Quidditch, yo...!

No se me ocurrió nada que pudiese hacerle. Yo no era emocional, estos arranques no eran nada propios de mí... Por eso sus ojos se tornaron incrédulos, y su voz también se alzó arrebatadamente.

-Creí que entendías, tú entre todas las personas, lo importante que es para mí.

-Sí. Todos necesitamos escudarnos con algo... Pero no puedes dejar que ese "algo" sea más importante que tus amigos, novia... tus EXTASIS, tus horas de sueño...

-Gertie no es mi novia -Respondió como todo argumento, con voz cansina-. Y tu tampoco te preocupas por más nada que por mirar chicos, que te he visto con Angelina y Alicia y...

-Sólo porque una vez dije que Cedric Diggory me parecía guapo no quiere decir que ande mirando chicos todo el tiempo -Realmente había dicho que Diggory me parecía "fuerte y callado", pero a Oliver eso no le hacía diferencia. Cualquiera diría que estaba hasta celoso. Ja-. Además, no te importa lo que haga con mis ojos. Nada te importa a ti más que el Quidditch.

Me odié a mi misma al darme cuenta que era ésta una escenita parecida a la que montó Annie Hitchens aquella vez, sin el tonito de drama. Él se las buscaba.

-El Quidditch es mi futuro, y lo que me importa ahora es mi futuro, cueste lo que cueste. Mis EXTASIS, por ejemplo, no sirven de nada. ¿O es que te tengo que recordar que tú y tu mamá a duras penas se hablan por discusiones acerca de tu futuro?

Había ido a casa por Navidad, y he de aclarar que mi mamá y yo si nos hablábamos, y ya todo era casi normal. El tema de volar era algo más bien tabú y procuraba no hacerlo ni nombrarlo frente a ella. Pero que Oliver, entre todas las personas, me lo dijese de esa forma tan despectiva, era más de lo que podía aguantar.

Me le quede mirando, con fogosa intensidad. La realidad es que lo adoraba. Adoraba hasta el suelo que pisaba, todo lo que tuviese que ver con él. Pero en ese momento, lo odiaba.

-Tú no eres Oliver -Dije, calmadamente-. Oliver es amable, pacifico y conciente de los demás. Cuando Oliver este aquí, me avisas, que realmente me gustaría hablar con él. Es uno de mis mejores amigos¿sabes?

Di la media vuelta y subí a mi habitación, llevándome mis apuntes conmigo.


McKay y yo volvíamos de clases de Runas Antiguas. Era la última clase del jueves en la tarde, y decidimos pasar por nuestro cuarto a dejar las mochilas antes de ir a cenar.

Entramos a la Sala Común y ahí estaba Oliver. Suspiré y traté de ignorarlo, como llevaba un par de semanas haciendo.

No hablábamos más que lo imprescindible en los entrenamientos. Y parecíamos ambos haber olvidado que este año era el último que estaríamos juntos, en Hogwarts.

Arriba, Leanne y Silver nos esperaban.

-Katie, tu prima hizo este Encantamiento¿No? –me dijo mi amiga apenas entré, señalando al suelo. Bufé: Casi había olvidado la existencia de La Línea. Línea que sólo servía como una separación tácita, muestra de lo mal que nos llevábamos con nuestras compañeras de habitación en un principio.

No que fuésemos amigas del alma ahora, pero convivíamos relativamente bien.

-Sí¿Por?

-Hemos pensado que… -Silver dudó, con una sonrisa-… Bueno, ya no tiene uso. ¿Quieres preguntarle el contrahechizo?

Me encogí de hombros, y simplemente saqué mi varita y pronuncié el finite incantatem.

Sentía, por alguna extraña razón, como si me hubiese sacado un peso muerto de encima.


Una noche, Leanne se paro de su cama y se sentó a mi lado, insonorizando el entorno varios metros a la redonda. Leanne era para mí una hermana. Me conocía y me quería siendo como era, aunque a veces me portaba de forma mordaz y antipática. Ni siquiera me tuvo que preguntar por que lloraba.

Porque sí, ya después de casi mes y medio extrañaba a Oliver de forma tan irritante que, aún en contra de mi orgullo, sólo podía llorar. No era algo común, no era una costumbre, pero a veces no podía evitar sentir que no podía con todo esto.

-Katie, habla con él. Esto les esta doliendo a los dos.

Me sequé las lágrimas con un puño y me incorporé.

-El debe disculparse por ser un ciego y un idiota.

-Como si tú le hubieses dejado ocasión de disculparse.

La verdad es que Leanne tenía razón, estaba siendo bastante terca.

-Mi molesta presencia le fastidia sus intensas sesiones de planear jugadas y de hacernos horarios. Además, no te consta que le duele.

-Ya lo creo que si. A ver¿Desde cuándo no lo has visto con Gertie Roberts?

-Ni tiene que ver lo uno con lo otro, ni es asunto mío.

-Entonces, Katie, la que esta comportándose como una idiota eres tú.

Le hubiese dado la espalda a mi amiga de no ser porque ya lo estaba haciendo. Sus dedos me habían hecho una cola de caballo alta y ahora me hacia trencitas, iluminada solo por la luz de una vela en nuestra mesa de noche.

Sus dedos se habían vuelto hábiles de haber hecho eso no solo conmigo, sino con Angelina y Ginny Weasley.

-No te molestes y óyeme. Tienes que entenderlo. Se va a graduar este año y quiere entrar a la liga profesional.

-La vida de Erika también es el Quidditch, pero ella siempre encontraba tiempo para los demás.

Recordaba vividamente el día que había dejado de estudiar para sus EXTASIS al acompañarme a volar.

-Erika no era la capitana del equipo. Además, te recuerdo que cazadores son tres, guardameta solo uno. Por eso a los guardametas les cuesta mas entrar a la liga profesional.

-¿Y tú de donde sabes tanto de Quidditch?

-Salí con Cedric Diggory unos cuantos meses. Eso influye.

Mis ojos ya estaban secos, y sus manos ya casi habían acabado con mi pelo.

-Ve a dormir, Leanne. Y sí, voy a dormir boca abajo para no estropearme el peinado –me burlé.

-¿Me prometes que hablas con él? Odio verlos así. ¡Es tan evidente que se hacen falta!

Suspiré.

-Tú mandas. Buenas noches.


Nunca me había puesto a cuestionarme quién soy. Pero nunca había tenido tanto tiempo para pensar.

Podía ser terca hasta el punto de la estupidez, como en ese momento. Podía actuar como un adulto a veces, no como en ese momento.

Fue la primera vez que la adolescencia me golpeó de frente. Mi infancia había sido un juego, no me preocupaba por nada ni por nadie. Era yo, simplemente yo, y así lo sentía. Y es que vamos, nunca me consideré una chica compleja, o no me importaba. Pero ahora parecían haber mil Katies.

La Katie terca, la que no quería ni hablar con alguien que, según ella, pisoteó su orgullo. La Katie que lloraba porque quería hablar con esa persona, porque le extrañaba.

La Katie cuya conciencia no hablaba, la Katie a la cual la conciencia le gritaba al oído. Bueno, esas dos siempre habían existido según mi conveniencia.

Siempre he estado muy a la defensiva. Está en mí creer que la gente quiere meterse por naturaleza conmigo, y hacerme cambiar, hacerme… cómo decirlo, rendirme. Hacerme ceder. Y sé que no soy tan importante, pero no importa cuantas veces me lo repita, ese pensamiento siempre está ahí.

Se me olvida que la gente, como yo, suele ser egocéntrica y movida por sus propios principios e ideales. A veces me creo un poco la idea de que todos tienen que ver conmigo, sobre todo cuando Oliver insistió en que mi lugar estaba en el equipo (cosa que yo creía y deseaba más de lo que nunca admití). O cada vez que Leanne repetía que sí, que mi otro lugar, más importante aún, era al lado de Oliver.

Cada uno lo decía no por mí, sino por ellos. Yo sólo era un títere más, no el titiritero.

No soy de las que se dejan llevar, y me odiaba a mi misma cada vez que cedía, como si tuviese una lucha constante con todo el mundo. No comprendía que no estaba mal interesarme por un chisme, reír por un chiste, sonreír al dar las gracias, tratar de leer que dice el horóscopo así no creyese en él.

No comprendía que para ser diferente no tenía que estar contra el mundo, y que para ser fuerte, a veces tenía que agachar la cabeza y dejar mi orgullo de lado.


"O.W"

Esos eran todos mis apuntes en Historia de la Magia. No me importaba que Leanne viera encima de mi hombro como yo encerraba las iniciales en un corazón.

"O.W"

"Oliver Wood"

-Katie, baja de tu nube -Me susurró Leanne-. Como sigas pensando en tu Oliver...

-¿Desde cuándo es mío?

-Desde que comenzaron a pasar juntos más tiempo del que pasan un chico y una chica cuando él le lleva una edad razonable a ella.

Suspiré. Creía yo que tres años era demasiada diferencia.

-No conoces, Leanne.

-Te conozco a ti. Y se que la única persona que te conoce más que yo es él.

Aprovechando que se sentaba atrás mío, me comenzó a deshacer el peinado que tenia para peinarme de otra forma.

-Y sé que él te quiere, Katie. Te mira todo el tiempo. No ha salido con ninguna chica desde...

-¿Y qué me dices de Gertie Roberts?

-Esta mañana hice averiguaciones. Roberts sólo estaba con el para darle celos a Roger Davies, y Wood lo sabia. Terminaron la escenita el día después de que tú y Wood pelearon. ¿Sabes? Creo que Wood se dio cuenta que había conseguido darle celos a otra persona...

Leanne siempre se las ingeniaba para conocer todos los chismes. Y también para conocer cada cosa que pasaba por mi mente.

Sí, estaba celosa. Era normal, o al menos eso creía.

-Llevas con eso de que le gusto a Oliver como dos años. ¿No crees que ya habría hecho algo?

-A ti también te lleva gustando mucho tiempo. ¿Acaso tú has hecho algo? Es más, llevan peleados dos meses y ninguno de los dos ha hecho algo para disculparse con el otro.

Se hizo un silencio, que yo aproveché para elaborar un par de veces más las iniciales de mi capitán.

-Está peor que nunca –suspiró-. No lo conozco, pero se le ve. Ahora bien, las dos llevamos suficiente tiempo con Aileen Silver en nuestro mismo dormitorio como para saber que hay gente que cuando esta hondamente deprimida se obsesiona con algo, se enfurece mas que de costumbre y se descarga con cualquiera que se atreva a saludarlo. Y así es que está Wood¿O me equivoco?

-Con razón Aileen se sabe "Lo que el viento se llevó" de memoria...

-¡No estamos hablando de Aileen! -Su voz, aunque en susurros, delataba impaciencia-. Si no hablas con Wood hoy mismo, me temo que tendré que requerir ayuda de los gemelos y encerrarlos a los dos en un cuarto para que hablen. Preferiblemente con velas y rosas...

Terminó de hacerme una trenza. La sostuvo con una mano y me mostró una cinta con la otra.

-¡Por amor a Wood! -Susurró, levantando la cinta como si fuese una copa y estuviese haciendo un brindis.

Tuve que contener una carcajada porque estábamos en clases. La cinta era blanca con corazones rojos, excesivamente larga. Ya cuando salimos de clases pude pedir una goma para el cabello y guardar la cinta en mi mochila.


Leanne cumplió su promesa.

Tenía entendido que la Torre de Astronomía estaba prohibida antes de las once de la noche para estudiantes, pero aquí estábamos a las siete, en lugar de estar cenando.

No pregunten como llegamos aquí, sólo culpen a los gemelos Weasley.

Ya llevábamos media hora ahí y mi posición era lo más de cómoda. Eso es, sentada contra el murillo de piedra y asomada por el mismo. Veía a lo lejos el campo de Quidditch, y sonreía al pensar en los momentos que había pasado ahí.

En primer curso, ir a veces con mi prima Erika o con Oliver. Con la primera simplemente volaba, con el segundo a veces lo ayudaba en prácticas.

Segundo curso. Aquellas pruebas en las que, viendo hacia atrás, puse tanto empeño y tan poca resistencia aunque mi subconsciente sabía que no debía haber hecho. No sé si era porque el Quidditch me gustaba naturalmente, o por seguir una especie de vena "rebelde" (por así llamarlo), o por cerrarle la boca a Arlens, o simplemente porque me daba la gana y mi subconsciente no quería darme batalla… había aceptado la plaza. Y no me arrepentía.

Aquel día que me tropecé bajo la lluvia, aquel otro cuando vimos a Roger y a Arlens… Una vez que trató de entrenar, el año que se había cancelado la copa, él sólo en medio de un vendaval y yo me caí de la escoba y pillé una fiebre terrible sólo por ir a hacerlo entrar en razón, otra vez que, de no ser por él, una bludger que me dejó inconsciente pudo haberme matado… Y este año en su depresión después del partido contra Hufflepuff, cuando entré en los vestuarios masculinos para animarlo.

Demasiados momentos, demasiados vínculos formados por aquel terreno de forma oval que, actualmente, era una de mis principales razones para estar en Hogwarts.

La otra era Oliver.

Lo miré. Él estaba recostado contra la puerta, viéndome. Me estremecí.

-No deberías estar ahí –rompió el silencio después de cuarenta minutos-. Te puedes caer.

-No me voy a caer. Tenlo por seguro.

No rompimos el contacto visual. Suspiré, rindiéndome.

-Te extraño, Oliver. ¿Por qué las cosas no pueden volver a ser como siempre y ya?

-Porque tú no mostrabas demasiadas ganas, si mal no recuerdo –Su tono de helado desdén me rompió el alma, pero luego lo suavizó a uno más dulce pero más dolido-. Katie, si tan solo me hubieses dado una simple oportunidad para disculparme contigo todo esto se hubiese acabado hace tiempo.

-Estuve media hora callada, Oliver.

Abrió la boca para decir algo, pero se detuvo a media vocal y prefirió cerrarla.

-Vamos, Katie. De verdad lo siento –dijo en vez-. Pero la verdad, si vamos a ponernos con eso, no soy el único que tiene que disculparse.

-Sí, acepto que fui más terca que tú –y eso ya es decir- y que es totalmente mi culpa que todo esto haya pasado. Debí haberte entendido.

-Tanto como totalmente… -suspiró-. No, Katie, sí es verdad que me dolió lo que dijiste, pero tenías en parte la razón –Me sorprendió notar que su voz era ligeramente quebrada-. Mi futuro es una de las cosas que mas me importa. Pero... Diablos, Katie. Quiero que tú seas parte de ese futuro.

Algo en su tono de voz, más que en sus palabras, me puso en un estado alerta.

-Ya déjalo, Oliver –Casi rogué-. No nos pongamos a buscar culpables ni nada. Ya déjalo. Todo esto es una ridiculez.

Sonrió. Me emocioné tanto verlo sonreírme que le devolví el gesto.

-Katie, insisto, te puedes caer.

Esta vez capté un doble sentido en sus palabras, por lo que me levanté y me senté a su lado.

Sentir sus manos rodeándome por primera vez en dos meses me trajo una cálida y deliciosa sensación. Una de sus manos jugaba distraída con mi trenza.

-También te extrañé, Katie –Con su otra mano me tomó gentilmente el rostro y me lo giró, quedando más cerca de lo que era sano y viéndonos a los ojos-. No se te ocurra volverme a hacer eso.

Como toda respuesta, y para romper la tensión que sentía, me incliné un poco hasta que mis labios tocaron su mejilla, para depositar ahí un beso. Nunca hacía eso, siempre era él quien me daba besos ocasionalmente en la frente o en el cabello.

Lo sentí estremecerse un poco. Quizás fue mi imaginación, pero igualmente evité verlo a los ojos entre que separé mi rostro del suyo y que apoyé mi cabeza en su hombro.


-¡GANAMOS!. ¡KATIE, GANAMOS!

Sus brazos me alzaron, me dieron una vuelta en el aire y me colocaron nuevamente en el suelo, para darme un abrazo.

-Te lo dije –susurré, aunque dudo que me oyese en el caos reinante.

Fuimos todos a abrazar a Harry por agarrar la snitch, mi capitán recibió la copa… Habíamos ganado. Por fin era nuestra.

Celebramos un rato más en el campo antes de ir a la Sala Común a hacer una fiesta. No pude hacer más que notar que Oliver no estaba, pero no le puse demasiada importancia.

Tampoco conseguí a Leanne… seguro estaba teniendo su propia celebración privada con uno de nuestra casa, dos años mayor, con el que llevaba un tiempo saliendo.

Yo no celebraba. Después de este partido, Oliver no tenía nada que hacer en Hogwarts. Este había sido su último partido como capitán de nuestro equipo, y no me imagino el año de arriba cuando le diesen la capitanía a Angelina.

Miré a mi amiga, que narraba una jugada a un grupito de interesados. Luego a Alicia, que simplemente tenía la nariz hundida en un libro.

Me acerqué, curiosa.

-Vamos, Al –le dije-, disfruta sólo por hoy. Más tarde te ayudo a estudiar, pero hoy es nuestro día.

-La carrera que quiero es dificilísima, Katie –respondió-. La genética es algo relativamente nuevo, y en la magia más todavía. Si quiero hacer una carrera de medicina mágica y dedicarme a investigar genética, tengo que tener notas sobresalientes.

-Pero porque celebres un día no pasa nada. Anda, ven –casi rogué, y ella sonrió-. No pareces tú, la Alicia que conozco sabe que es capaz y que no tiene que matarse estudiando para salir bien.

Antes de que pudiese responder, llegó Oliver a la Sala Común. Lucía una sonrisa de oreja a oreja, sus mejillas estaban sonrosadas de la emoción. La gente le aplaudía, y yo no podía dejar de pensar que se veía mejor que nunca.

Se acercó a donde Alicia y yo estábamos y se dejó caer en el sofá. El brillo en su mirada delataba que tenía algo que contarme. Lo conocía muy bien.

-Oliver¿Qué…?

-Esto es demasiado –declaró-. Al parecer… Bueno, que digo… Un representante del Puddlemere United vino a verme jugar.

-¡¿QUÉ?!. ¿Y entonces…?

-Puede que entre a su reserva.

Me lancé a sus brazos, sin podérmelo creer. Obviamente sí, Oliver merecía eso y más, pero no me lo esperaba.

-¡FELICIDADES!... Merlín, Oliver, hay que celebrarlo.

-No, aún no es seguro.

No entendía como podía dudarlo. Si había un jugador joven, con reflejos y casi profesional, ese era Oliver.

-Puedes lograr grandes cosas, Wood –dijo Alicia, y los dos la vimos-. Eres una persona a la que admirar. Nunca he conocido a nadie tan sobresaliente y humilde al mismo tiempo.

Me sorprendió no notarlo antes que ella, pero tenía razón. ¿Había algo en Oliver que no fuese perfecto?


Toda Hogwarts estaba iluminada por la suave luz del atardecer. Estábamos en el mismo centro del campo de Quidditch, acostados, viendo hacia el cielo.

Era su último día en Hogwarts. El último para siempre, ya. Me había pedido que lo acompañe a volar, y luego habíamos terminado donde estábamos, disfrutando lo húmedo de la grama y la preciosa vista que el cielo ofrecía.

-¿Y si deciden que no? –preguntó no por primera vez.

-Oliver, sabes que estás dentro. Confía en mí. No eres capaz de ver lo bueno que eres, y no entiendo cómo.

Volvimos a hacer silencio. Me recosté contra su hombro, sin poder evitar que el pánico y el dolor se apoderasen también de mí. Lo quería demasiado, me había acostumbrado a él y no quería tenerlo lejos.

-No puedo creer que te vayas de Hogwarts ya...

Él no respondió en un rato largo.

-No me lo recuerdes. Tengo miedo -Confesó.

-No tienes por qué. Eres brillante. -Le describí como el siempre me describía-. Y ambos sabemos lo difícil que es para un guardameta llegar a la liga profesional.

-Si, supongo... Pero no quiero dejarte. Has sido para mi lo que nadie ha sido nunca.

Arrugue la nariz. Dejando que un escalofrío me sacudiera.

-¿Qué quieres decir?

-¿No te has dado cuenta, Katie?

Su voz era profunda, nostálgica y hermosa a la vez. Había algo que me confundía y que me hacía desviarme, oyéndolo sin escucharlo realmente.

-¿De qué?

-No lo notaste, supongo -Se giro para darme la cara, aunque yo tenía mi vista en el cielo-. Pero al fin y al cabo, no había una forma de hacértelo saber sin asustarte.

Lo miré, confundida. Había algo en la forma en que decía todo eso, y no en lo que expresaba, que me desconectó el cerebro, haciéndome temblar como en aquellos días en los que no me acostumbraba a su presencia. Sus palabras, en cambio, eran confusas, y se mezclaban en mi mente como torbellinos indescifrables.

Me gire para mirarlo a los ojos, confundida, con la mirada que le ponía cada vez que le pedía algo. Sus ojos eran dos gemas ardientes, gloriosas y arrebatadoras.

Lo siguiente que supe fue que Oliver Wood me estaba robando mi primer beso. El beso que me debía desde hace más de un año.

No podía pensar. Sentía que me ahogaba, que temblaba, que me mareaba. Era algo tan intenso, tan imposible, casi insoportable.

Calor ardiente. Su peso sobre mí. Sus manos a mis lados, nuestros labios unidos y su lengua buscando la mía. No sabía más nada, más bien sentía. Era algo sin sentido, como si hubiese nacido solo para vivir ese instante, sin tener en cuenta ni tiempo ni espacio.

Estaba al borde de explotar de tantos sentimientos que me llenaban. Sentimientos que tenían nombres determinados, pero en ese momento no me importaban.

Sólo importaba estar ahí, sentirlos y hacer que ese momento durase toda una vida.


Notas: Perdón el atraso de un día. Y de verdad, me he quedado despierta más de lo debido para traerlo relativamente a tiempo. Usé más escenas de mi borrador que nunca, y el siguiente está casi todo escrito, así que espero tenerlo puntual para el domingo.

Como pueden notar aquí acaba una etapa del fic, ya Oliver no va a estar en Hogwarts… Nuevas personas aparecerán, y las cosas comenzarán a tomar un rumbo diferente.

Otra vez… ¡Gracias por sus reviews! Es una delicia saber que cuento con el apoyo de este precioso grupo de gente. Y gracias a Lalwens por sus críticas constructivas… Insisto: No sé que haría sin ti :D

¡Un beso enorme!. ¡Dejen reviews!

Kayi.