Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.
"Resultados de los Títulos Indispensables de Magia Ordinaria.
Notas para aprobar:
Extraordinario (E)
Supera las Expectativas (S)
Aceptable (A)
Notas para reprobar:
Pobre (P)
Desastroso (D)
Troll (T)
Katie Marilyn Bell ha conseguido:
Aritmancia... (S)
Astronomía... (A)
Cuidado de Criaturas Mágicas... (E)
Encantamientos... (E)
Defensa Contra las Artes Oscuras... (A)
Herbología... (S)
Historia de la Magia... (A)
Pociones... (S)
Runas Antiguas... (S)
Transformaciones... (S)"
Dejé la pluma sobre el pergamino, manchándolo un poco de tinta. No trabajaba, aunque tenía tres redacciones para la semana de arriba, sino más bien tenía ganas de escribirle a Damyan o a Adriana. O quizás a Erika.
Este año en Hogwarts estaba resultando un desastre…
-Bien por ti que no tomaste Defensa –Angelina, enfurruñada, se sentó a mi lado, coordinando sin saberlo sus palabras con mis pensamientos.
-Esa Umbridge es un ogro – dijo Leanne, que estaba a mi otro lado-. Yo, por mi parte, dejé Defensa a tiempo para tomar Historia. No hemos visto una sola clase seria y decente de Defensa desde hace años, e Historia puede servirme.
A último minuto, mi amiga había decidido escuchar el consejo de Adriana.
-Desde el profesor Lupin –recordé con gusto-, y no fue hace tanto. Que pena que fuese un hombre lobo.
-Y además, se está poniendo tan pesada con Potter…
-Te estás estresando demasiado con todo esto del equipo.
-Tenemos un pésimo guardián, Al. Katie opina lo mismo.
-Es lo mejor que pudimos conseguir, aunque no le llega a Oliver ni hasta los tobillos -suspiré, concordando con Angelina-. Pero seguimos nosotras, Harry y los gemelos…
-Nosotras tenemos que estar mejor que nunca. No pueden faltar a los entrenamientos…
Yo sólo asentí. Angie como capitana me resultaba pesada. Oliver había sido estricto también, pero al menos sacaba lo mejor de cada uno y escuchaba al equipo.
-Angelina, relájate –se metió Leanne.
-Tú no hables, que no entiendes de Quidditch.
-Te estás pasando –le advertí-. No tienes por qué tratar a Leanne de esa forma ni a nosotras como si no nos supiésemos tus horarios.
-Entonces se tú la capitana, si tan fácil crees que es.
-No hay necesidad de llegar a esto –cortó Alicia-. Es un día pesado para todas. Ya calma.
Viéndolo así, me sentía igual que cuando peleaba con Stella Arlens por cosas sin sentido. Arlens ya se había graduado, y mi vida resultaba ahora tranquila. Dolorosa y terriblemente tranquila.
-Anda, Ange. Alicia tiene razón. Por favor dejemos esto atrás y nos vemos mañana a las seis de la tarde en el campo.
-No llores.
La voz inconfundible de Lee Jordan me sorprendió en aquel sitio donde creí que nadie podría encontrarme. No me gustaba llorar, y no era una llorona. Pero a veces no podía evitarlo.
Aquel día me había enterado de algo terrible, que fue más bien la gota que derramó el vaso que llevaba llenándose desde hacía un buen tiempo.
-Katie, mírame.
Le obedecí. Sus ojos negros me miraban con afecto. Él y yo nos entendíamos muy bien en un punto, y era en el haber irrumpido de pronto en una relación de toda la vida como era la que tenían Ange y Al, o los gemelos Weasley. Nos sentíamos a menudo excluidos y bromeábamos mucho al respecto; me llevaba mejor con él que con los gemelos y Angelina.
Alicia era un caso aparte. Los lazos entre nosotras eran fuertes, sobre todo en aquel momento que se había mudado a nuestra habitación porque ella y Angelina no se hablaban.
Y actualmente, que hasta Leanne estaba distante conmigo, Lee y yo pasábamos una buena dosis de tiempo juntos.
-Todo va a estar bien –susurró Lee a mi oído, mientras me envolvía en un abrazo.
-Vivo en el ahora, Lee. Las cosas no están bien ahora.
-¿Qué está mal? –preguntó con suavidad.
-¡Todo! Mis notas, el Quidditch, Angelina está pesadísima últimamente, Leanne está algo distante…
-A Leanne no le deberíamos prestar atención. Está también así conmigo y no puedo evitar que me moleste…
-Lo sé. A veces es muy complicada.
Suspiró, con una mirada que no supe leer.
-Bueno… perdón por interrumpirte. Sigue.
Solté una risa suave, amarga, antes de decir algo que me pesaba un poco:
-Me hace falta Damyan… y también extraño a…
-¿A Wood, Katie?
Hice una pausa antes de responder.
-A Wood, Lee.
-Nunca dejaste de pensar en él. Y estuviste todo un año saliendo con otra persona –observó.
-No salía con Damyan. Éramos más bien amigos con derecho a roce.
Me analizó, mientras sus brazos dejaban de rodearme.
-No era eso lo que se decía en Hogwarts… Y no parecías ser de esas chicas que están con cualquiera.
-¿De qué hablas? –me indigné-. Estás sonando tan… no se, tan mujer, que no pareces tú. ¿Me vas a creer a mí o a lo que diga Shirley Davies?. No es la primera vez que pasa en Hogwarts: Ven a dos personas besándose y ya creen…
El caso de Annie Hitchens, por ejemplo. Todo Hogwarts los tomábamos por pareja oficial, pero él me confesó que nunca lo vio de esa manera, y que le sorprendió que Annie le armara aquella escenita en plena Sala Común cuando, según él, eran nada más amigos con derecho.
-Te creo, Katie. No te sulfures.
-Entiendo y respeto que te guste una chica y no quieras estar con más nadie sino con ella. Es un detalle lindo, pero no todos somos así… Y no quiere decir que andemos "con cualquiera". Damyan era un amigo, sólo que me atraía y le atraía, y –añadí con tono infantil- hacíamos cosas de niños grandes.
Se rió, y yo sonreí como disculpa. A Lee le gustaba una chica, y yo comenzaba a tener sospechas de quien era. La había descrito, no me había dicho el nombre, y por su humor podía intuirse quien era. Mi sospecha se hacía cada vez más fuerte.
-Siento que hay algo más que no quieres decir –inquirió.
Tantos años oyendo a Alicia hacer de paño de lágrimas habían surtido efecto en Lee.
-Bueno… La verdad es que sí –respondí calmadamente. Sabía que podía contar con Lee, y era un alivio hablar con alguien de lo que realmente me atormentaba-. ¿Revisaste "El profeta" hoy?
Negó con la cabeza mientras yo sacaba la copia que tenía en mi mochila.
-Hay dos artículos que llaman la atención. Uno donde proclaman, como siempre, que Harry es un mentiroso, que ya-sabes-quién no ha vuelto… –Volteé la página-, y por detrás hay otro donde alguien del Ministerio hace un comunicado, casi invisible, de que uno de sus mejores Aurores, el señor Rigel K. Bell lleva desaparecido una semana y nadie sabe donde está.
Las lágrimas volvieron a mis ojos al notar la mirada sorprendida de Lee.
-¿Tu padre es Auror?
-Yo también me estoy enterando –Reí amargamente y lancé el periódico al lago. Un tentáculo salió a superficie y sumergió las páginas grises-. Nunca me quisieron decir en qué trabajaba mi padre, y merezco saberlo. Uno de los mejores Aurores de su generación… Luchó contra ya-sabes-quién, y no puedes decirme que el hecho de que un Auror desaparezca no es sospechoso –Lo miré a los ojos-. Ya-sabes-quién está de vuelta, queramos admitirlo o no. Y aunque no puedo hacer otra cosa, no me da la gana de quedarme de brazos cruzados ante la desaparición de mi papá
Se veía a claras luces que Lee no sabía que decirme, así que optó por volver a abrazarme. Luego, al oído, me dijo:
-Este domingo, ve con Alicia y Angelina al Cabeza de Puerco. Te vas a sentir más tranquila después de oír lo que tramamos.
-Un mago excepcional –dijo mi mamá, trayéndome la comida a la mesa-. Incluso una persona no-mágica como yo puede notar esas cosas.
-En "El profeta" no sólo decían que era un notable mago. También que era de los mejores Aurores.
-No hay mucho más que saber –respondió, evasiva, caminando hacia la nevera.
-Entonces¿Por qué nunca me dijeron nada?. ¿Por qué viajaba todo el tiempo?
Caminó de regreso con la jarra de agua, y se sentó.
-A tu padre siempre le gustó viajar, jugar Quidditch y todo lo que implicase aventuras, lo desconocido y demás cosas del estilo –Sonrió-. A mí nunca me gustó nada de eso. Me llevó a volar una vez, y casi me desmayo allá arriba.
-Lo sé –interrumpí, pero ella ignoró mi comentario.
-Viajó a Colombia a hacer un año más de escuela, en el instituto que ofrecía mejor calidad en el juego de Quidditch de toda Latinoamérica.
-¿El Fénix? –Había oído a Adriana comentar mucho al respecto.
-Ese mismo. Rigel para ese momento tenía dieciocho años y yo trece, y tenía un novio, también mago, que tenía quince o dieciséis. ¿Te he mostrado alguna foto de cuando tenía trece?
Asentí. Recordaba perfectamente aquella foto de cuerpo completo, en blanco y negro. Ella, con una cinta en su pelo suelto, las puntas onduladas, y un vestido con cuello, manga hasta los codos y de falda abultada hasta las rodillas, a cuadros. Me había llamado la atención la moda de los años sesenta.
-Entonces no modelaba. Comencé a posar para fotografía poco antes de conocer a Rigel, un par de años después. Para ese entonces, él había tenido trato con algún Auror y la carrera le emocionó.
-¿De dónde sabes todo eso? –me maravillé.
Ella rió. No quedaba nada de la niña popular, reina del baile de promoción, que había sido. Era una mujer de rostro sereno y ojos apagados, de belleza distante que residía más en cómo se arreglaba que en su delicada faz.
-Entre tu padre y yo siempre hubo buena comunicación- respondió, y siguió con la historia-: Un día, salió todo su equipo de Quidditch, mi novio incluido, en un fin de semana libre a una fiesta, y me llamaron para ir. Yo me acababa de enterar de que mi novio era mago. Estaba teniendo problemas con él por su falta de confianza en mí, pero accedí.
-Y ahí conociste a mi papá, cinco años mayor que tú y me imagino que lo suficientemente atractivo.
Asintió con la cabeza.
-En principio me ponía nerviosa la diferencia de edad… Y creo que a él también, porque aunque claramente me miraba todo el tiempo, jamás se atrevió a hacer nada.
-¿Estoy a punto de oír su historia de amor, o como él se convirtió en Auror y por qué viajaba todo el tiempo?
-Ambas –Hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia a mi pregunta-. El caso es que dejé a mi novio, comencé a salir con Rigel bastante después, ya cuando la diferencia de edad no era tan apabullante. Yo debía tener diecisiete y él veintidós.
-Sigue siendo mucha diferencia, ma.
-¿Me vas a decir que a ti nunca te gustó uno de los mayores?
Como dije alguna vez, mi mamá y yo teníamos una relación de amigas más que de madre e hija. Y me leía la mente, pues todos los chicos que me han gustado eran al menos dos años mayores que yo.
-Más de una vez. Pero ese no es el punto. ¿Cómo mi papá…?
-Ya en esos momentos, tu padre estudiaba en la escuela de Aurores de Bogotá. Y yo modelaba, y no teníamos mucho tiempo para estar juntos. Pero nos entendíamos, respetábamos y admirábamos de cierta forma. Más de lo que nos queríamos.
-Eso es raro –musité, sacando a mi mamá de su rapto de inspiración, por lo que me miró llena de reproche.
-Te falta crecer, Katie. No tienes cómo saber que conlleva una relación: Que yo sepa no has tenido novio.
Su mirada inquisitiva me penetraba, pero yo simplemente me atuve a la verdad, que me convenía más que mentir en este caso:
-No, no he tenido. Ahora ma, céntrate en la historia. ¿Cómo terminaron aquí en Inglaterra?
-Pidió transferencia un poco antes de graduarse, y yo me reuní con él un tiempo después. Sabía que aquí necesitaban jóvenes capacitados para luchar una guerra, y tu padre se mostró leal a sus orígenes y al arduo trabajo que pasó en la escuela.
-Y luego nací yo.
-Queríamos ya formar una familia –Sonrió-. Cuando Quien-ya-sabes cayó, tú tenías dos años y creímos que, por fin, podríamos vivir una vida tranquila. Queríamos también un hermanito para ti, pero el anuncio de que vieron a Ya-sabes-quién en Albania sacó a Rigel de aquí. Desde entonces se dedica a buscarlo, junto a otro grupo de Aurores.
-Pero si los Aurores trabajan para el Ministerio, y ellos no creían que…
-No todos los Aurores trabajan exclusivamente para el Ministerio después de la caída de Quien-tú-sabes. Tu padre trabajaba, aparte, para yo que se cual organización que se dedicaba a ubicar el paradero de Quién-ya-sabes después de su caída.
-¿Por qué alguien del Ministerio hizo ese comunicado, entonces?
-Porque ese alguien trabaja en la misma organización, probablemente. No creas que yo estoy al tanto de todo.
-En resumen, mi papá nunca está en casa porque está ocupado buscando a Ya-sabes-quién. Y es un Auror de los mejores.
-Nunca he tenido capacidad de síntesis… Pero sí, eso lo resume bien.
Bufé. Sabía que mi mamá estaba bromeando, así como consideraba necesario que yo conociera bien el pasado de ella y mi papá, tanto separados como juntos.
-Ahora come, Katie, que se te enfría la cena.
Estábamos Leanne y yo en el lugar donde los gemelos nos habían encerrado tanto tiempo atrás a Oliver y a mí. Fue a pedido mío, porque Leanne estaba distante. Me hablaba, seguíamos riendo juntas… pero no era lo mismo, y me molestaba.
-Dime qué diablos te pasa.
-No pasa nada.
Callé. No me había convencido, y la miré fijamente a los ojos.
-Tú sabes bien que me pasa –dijo al fin.
-Pues no, no lo sé.
Miramos cada una hacia un lugar distinto. Presentí que era mejor callar, y esperar que Leanne hablara.
-Estás tan en tu mundo –decidió hablar-. No todas somos como tú. Me gustaría poder no sentir celos cada vez que Lee se te acerca, o Lee te dice algo, o cada vez que me suelta un "ya va, Leanne, que Katie tiene que decirme algo"…
-No le gusto a Lee, si eso es lo que insinúas –le interrumpí, viendo aún el mismo punto-, y él tampoco a mí…
-Permíteme dudarlo.
-Perdona, pero la descripción de "dulce", "alegre" y "con una permanente sonrisa en la cara" no pega conmigo…
-¿Qué quieres decir?
-Que sé que alguien le gusta a Lee, y no me ha querido decir quién es. Y por como la describe, sé que no soy yo.
-¿Qué más te ha dicho?
-Estás realmente obsesionada –hice notar.
-Nadie peor que tú con Wood.
Esa dolió.
-Touché.
-¿Qué, todavía sigues obsesionada con él?. ¡Yo creí que Zhivko…!
Hizo una pausa al ver mi rostro dolido. No esperaba que me mencionase a Oliver así, tan de pronto.
-Katie, no puedo creerlo.
-Tú también llevas un buen tiempo así con Lee. No toda la vida –añadí, prediciendo sus palabras-, pero sí un año o dos. ¿Has intentado algo después de la primera vez que te rechazó?
-No demasiado… Está muy pegado a ti todo el tiempo. Y me dolió que el año pasado aceptara a Arlens…
-Es hombre, y Arlens es decididamente muy bonita. Eso es lo que les importa a veces. Lo que te pasó es que te sentiste tan molesta con el rechazo que no quisiste insistir más.
-¡No es cierto!
-Sí lo es, porque no eres de las que se queda con brazos cruzados cuando te gusta alguien…
Recordé tristemente a Cedric Diggory, su primer novio, y cómo había logrado hacerlo caer en sus redes. Pensar en Cedric me llenaba de nostalgia, tristeza y gratitud en cierta medida.
-¿Entonces recomiendas que lo intente?
-Definitivamente.
Nos sonreímos la una a la otra. Leanne había sido casi una desconocida para mí los últimos meses, y yo para ella. Era algo indescriptible tenerla a mi lado otra vez.
-Y tú, por lo visto, aún pensando en el hombre de tu vida.
-Damyan no…
-No hablo de Zhivko… Él, según tú, es perfecto. Tanto que, en un principio ni siquiera le considerabas guapo, y de pronto te parece un Dios.
-No exageres.
-No exagero. Crees que es perfecto para ti, y no lo es. Si lo fuera, hace ya tiempo te hubieses olvidado de Wood. Llevas enamorada de Wood desde hace ya mucho tiempo, desde antes de que lo admitieses. Y no me puedes decir que sentías o sientes lo mismo por Zhivko.
-Nada que ver lo uno con lo otro, Leanne. Son dos cosas diferentes. Si ya vamos a esas, Damyan no me abandonó, aún escribe. Él sí que podría ser el "hombre de mi vida", lo que quiera que eso signifique.
Suspiró.
-Según mi hermana Natasha –la mayor-, ésta es la edad donde somos más propensas a sentirnos marcadas por alguien, porque es la edad más intensa y más impulsiva. Tú creciste y maduraste al lado de Wood, y es normal que aún te duela. ¿Qué sentías por Zhivko?
-Me atraía tanto físicamente como de personalidad. Es la clásica persona que obtiene atención nada más por ser "el amigo de Krum" por lo que tiene que aprender a llamar la atención por su cuenta: Dosis extras de carisma, sonrisas blancas, presumir sus ojos, hasta el punto de que te olvidas de sus defectos y nada más puedes ver sus cualidades. Se sabe hacer publicidad a sí mismo: Como tú dices, no es tan perfecto.
-Bien explicado. ¿Y por Wood, Katie?. ¿Qué sentiste siempre por él?
Ahí me costó más responder. Incluso detrás de todo el melodrama, romanticismo y verdades que se vuelven mentiras al querer ocultarlas… Una cosa era clara, y esa era que Leanne tenía razón, y que leía en mí como un libro abierto.
"Oliver:
Estaba desesperada. Angelina y Alicia mantenían su relación más tensa que nunca, Damyan llevaba un tiempo sin escribirme, y había soñado con Oliver.
Todo era Oliver. Los atardeceres, el Quidditch, las miradas intensas. Todo era él, de pronto.
Es ridículo que te escriba. Ya lo sé. Pero es que me hacía falta desahogarme un poco, y tú siempre me entendiste. Me hace bien escribirte, incluso sabiendo que no vas a leer esto ni responderlo. Ya aprendí lo suficiente.
Incluso aunque no recordase, por alguna extraña razón, cada detalle del beso que me dio, aunque todo esté tan confuso en mi mente como un torbellino de colores… Los besos, los abrazos y las caricias eran Oliver.
Hogwarts es un verdadero infierno, y el diablo se llama Dolores Umbridge. Vale, yo tampoco es que esté muy segura del regreso de ya-sabes-quién, pero esto es medio extremo. La tipa esa es un ogro, tiene detenido a Harry todo el tiempo y Angelina, nuestra nueva capitana, está hecha una fiera porque después de fastidiar tanto al pobre muchacho, lo suspendieron del equipo. Casi extraño tus prácticas al amanecer.
Y yo estaba deshecha. Sentía que todo me faltaba… "Cosas de la edad", diría mi madre. Y en parte tenía razon. Me sentía abandonada, con el corazón hecho pedazos y en un mundo distinto al que yo conocía y amaba.
Mi hueco en Hogwarts, aquel cómodo lugar que me había formado, ya no existía.
Todo está tan mal últimamente, nada es como debería ser. Aquí me tienes a mí, deseando que se acabe la temporada de Quidditch para no tener que aguantar a Angelina. Alicia y ella peleadas, y yo al borde de sacar las garras. El equipo de Quidditch es un desastre. La nueva buscadora es la chica Weasley, el nuevo guardián el chico Weasley (que nunca me cayeron bien, de hecho) y los nuevos golpeadores, porque también suspendieron a los gemelos, son dos tipos tan inútiles que le cedería mi puesto de cazadora a Arlens y me pondría yo de golpeadora, de no ser porque Arlens ya salió del colegio. Casi la extraño también a ella, mejor estar en malos términos con otra persona a que con una de mis amigas.
Ya éramos dos las que no nos hablábamos con Angelina. Estaba tan irascible… Las peleas entre nosotras eran frecuentes, porque yo también estaba explosiva. Lloraba demasiado últimamente, y Leanne ya no sabía qué hacer conmigo.
Oliver, en sus buenos tiempos, hubiese sabido callarle la boca a la ahora capitana y tenerla dócil y sumisa como un imperius.
Merlín gracias, no estoy tomando Defensa como materia de EXTASIS porque preferí Aritmancia (Gracias por tu ayuda estos años. Me sirvió) pero tengo que calarme a la Umbridge y sus decretos y... vamos, lees prensa. Ya debes saber qué está pasando.
Mi padre desaparecido, mis calificaciones sobre el promedio en declive… Todo marchaba sencillamente mal. Dolores Umbridge en Hogwarts, como una tirana, me tenía en constante estrés, y el Ejército de Dumbledore, organizado por Harry Potter, no lograba desahogarme en mi rabia de querer acabar con este nuevo mundo. Este nuevo infierno.
Extraño tanto mi vida de antes. Tenía amigos, Quidditch, a mis dos padres y a mi prima. Nunca necesité demasiado, tú mismo decías que mi peor defecto era ser tan conformista. Ahora siento que sólo tengo a Leanne y a Damyan (te agradaría si lo conocieras, lo sé)... y ahí quedé, Oliver. No hago más que preguntarme dónde estás, pero esa es otra historia.
Y en medio de todo este caos, sólo pensaba en Oliver. Aquel que con un beso sobre mi sien y un abrazo, seguido de un "todo estará bien", hacían que mi mundo de calma y cordura saliera a flote.
¿Dónde estaba?. ¿No había significado lo suficiente para él?. ¿Por qué ignoró mis dos cartas?... Y más importante¿Qué hacía yo escribiéndole a alguien que me demostró no querer nada de mí?
Por una vez en la vida, necesito más de lo que tengo. Por una vez siento que me falta algo... Me gustaría que todo hubiese sido distinto, Oliver. No te haces una mínima idea de lo que eras para mí. Te quiero, te quise siempre, y te necesito a mi lado..
Fruncí la nariz, tachando la última frase. Ya me había rebajado lo suficiente. Ya no tenía orgullo.
Pero insisto, esa es otra historia y bueno, punto y final.
Besos (si la lees),
Katie M. Bell."
Releí la tercera y última carta. Casi fue un consuelo saber que podía mandársela y que igual no la leería.
-Gracias, Angelina –le espeté-. Por tus comentarios a McGonagall de que estoy volando mal no me darán la capitanía el año que viene.
-Harry está más capacitado.
-No es cierto. No tienes ningún derecho de ir a decir que no lo merezco, porque llevo, como tú, cuatro años en este equipo. Y si vamos a eso, he progresado en más áreas que tú.
-Soy mejor jugadora, por eso soy capitana.
-No lo niego, pero no puedes decir que no merezco ser capitana después de haber jugado todos estos partidos a tu lado.
-No te pongas dramática.
-Es que no entiendo por qué lo hiciste. Si quieres verme volar mejor al menos dame algo que…
-No culpes a los demás por tus faltas –interrumpió-. Es algo que siempre haces. Puedes llegar a ser tan patética, Katie. Tienes los dos pies en la tierra, pero eres tan malcriada. Y no digas que no, que se que nunca te negaron nada, y cuando lo hacían, igual te salías con la tuya.
-¿A qué viene todo eso ahora?
-A que quiero que aceptes tu posición. No estás volando bien, porque no estás anímicamente, y en lugar de hacer algo por levantar tu trasero de la cama, sigues ahí tirada armando un drama y culpando a los demás. ¿Cómo quieres que te deje el equipo?
-¡Yo no armo dramas!
-Últimamente, todo lo que está alrededor tuyo es un drama. Ahora me voy a duchar, Katie. Y como se te ocurra insistir con el tema…
No me enteré que haría si insistía, porque la puerta se abrió revelando a la otra compañera de habitación de Ange y Al. Ese momento lo escogió Angie para encerrarse en su baño.
-No estamos siendo justas con ella –susurró Al, que había estado presente todo el rato-. Nunca he tenido una amiga más sincera que ella, y realmente le preocupa el equipo. Hay que comprenderla.
-Que nos comprenda a nosotras –dije, resentida.
-Más bien, porque te quiere y entiende fue que pidió dejarle la capitanía a Harry y no a ti. Yo se como se llevan ustedes dos, pero se aprecian mucho a pesar de las diferencias. Te ve mal, todos te vemos mal, y no cree que puedas soportar ese peso extra sobre tus hombros.
Me encogí de hombros.
-Nosotras no estamos siendo precisamente buenas con ella, le estamos haciendo la vida más difícil –siguió diciendo-. No que sea una tragedia, pero esto puede volverse en un pésimo momento si seguimos dándole la espalda.
Comprendí como Al debía sentirse. Angie era casi su hermana, y sentía que la había dejado de lado. La verdad, era algo que no iba con Alicia, pero repito: Ese año todo el mundo se volvió loco.
-Yo estoy volando horrible –confirmé-, Weasley es un desastre… Los golpeadores ni hablar. Las únicas que sirven de momento son tú y ella. Y la Weasley no es mala, pero no sustituye a Harry. Es comprensible todo su empeño –accedí.
Después de haber tenido esa conversación y haberla aplicado, sentí que un nuevo hueco se estaba empezando a formar para mí en Hogwarts.
Sólo dos quejas se presentaban ante la huída de los gemelos Weasley de este infierno que se hacía llamar Colegio: Angelina y Lee.
-Ninguno de los dos necesita los EXTASIS. Nos pudieron haber dicho –Era su argumento.
Alicia tuvo sus maneras de convencer a Angie de que era mejor quedarse, y yo trataba de hacer lo mismo con Lee.
-Lee, tu sí necesitas tus EXTASIS.
-No si me iba con ellos.
-Pero a ti lo que se te da bien son las relaciones públicas, no tanto las bromas. Eres más responsable que ellos. Créeme, Lee, lo hicieron pensando en ti. Además… -dudé un poco antes de seguir- …además, tú todavía tienes un asunto que zanjar antes de dejar Hogwarts.
-¿Y ese es…?
-Esa chica de ojos verdes y bucles por la que tanto has… no se puede decir que has sufrido, pero sí has pasado un par de noches sin dormir.
Crucé los dedos y rogué que funcionara. Había, a propósito, omitido el nombre de mi amiga para no hacerle reaccionar.
Y funcionó.
-En eso tienes razón… Creo que… Un momento¿Cómo sabías que…?
-Era obvio, por Merlín. Anda, ahora usa el tiempo que te queda para pasar tus EXTASIS y tomar el corazón de Leanne.
-Qué romántica –se burló, algo molesto.
-Oye, Lee. No tienes por qué ponerte así si sólo trato de ayudar. Mira, entiendo que no me hayas dicho que era ella porque es mi mejor amiga… Pero si quieres silencio o algo más, cuenta con eso.
Hizo una mueca.
-¿Qué recomiendas que haga?
A ver… ¿Qué decir cuando uno de tus mejores amigos dice que está loco por tu mejor amiga… quien quiere al chico con locura?
Creo que sólo hay una respuesta.
-Lánzate.
-¿Segura?
Sonreí.
-No tienes absolutamente nada que perder.
Estaba adormilada en un sillón de la Sala Común. Era mi cumpleaños número diecisiete, mi mayoría de edad acababa de llegar… La niña dentro de mí adoraba su cumpleaños exclusivamente por los regalos, aunque yo si estaba algo deprimida por estar volviéndome cada vez mayor y por tener la certeza de que nada sería como antes.
Crucé mis piernas admirando los terlitsi que Damyan me había enviado desde Bulgaria. Eran, en pocas palabras, unas pantuflas tradicionales de su país, hechas en lana roja, y decoradas con seda dorada, naranja y amarilla. Eso, junto a un broche y una extensa carta había constituido el regalo de Damyan.
Leanne, que en este momento estaba en un sofá cercano hablando con Lee, me había regalado una caja de música bastante peculiar: La bailarina era capaz de hacer varias piruetas dentro y fuera de su caja.
Lee, junto con Angelina y Alicia, me habían conseguido un kit completo e indispensable para todo aquel que jugase Quidditch: Mi propio juego de pelotas, libros de toda clase referentes al tema, artículos para el mantenimiento de la escoba y las pelotas, un morral para portar todo el kit… Los gemelos me habían mandado cajas y cajas de increíbles artículos de broma de su nueva tienda, incluso algunos que aún no estaban a la venta.
Y finalmente, el de Erika eran tres entradas para la final de la temporada de Quidditch, Montrose Magpies contra Puddlemere United. Mi prima, que ya era parte del equipo titular, jugaría ese partido. Lo cual me llevaba, indudablemente, a esperar la presencia de la reserva, entre ellos Oliver, en ese partido.
Abrí los ojos. No me había quedado dormida, pero tenía la sensación de que llevaba horas en ese sillón. Me sorprendió ver a Leanne y Lee un poco cariñosos el uno con el otro.
Teniendo la sensación de que nada tenía que hacer ahí, traté entonces de ubicar a Angelina y Alicia al otro lado de la Sala Común. Al verlas, fui a sentarme con ellas.
-Estamos estudiando, Katie –trató de ahuyentarme Alicia-. Angelina también tiene que estudiar. ¿Verdad, Angie?
-Nada de eso –respondió con presteza-. No necesito más, estoy casi dentro de las filas del Holyhead Harpies…
-De eso estoy segura, pero unas buenas notas nunca están demás.
Si yo fuese hombre, seguro pensaría como George Weasley y estuviese enamorado de Alicia. Siempre sabía ver lo mejor en los demás, era centrada, amable y poco egoísta. Sabía que para que la aceptasen como sanadora tenía que sacar notas excelentes.
Y Alicia no quería ser simplemente una sanadora. Hija de padre médico, se había interesado en la genética. Más específicamente, de qué formas afectaba el gen mágico las características de una persona, y como parecían pasarse de generación en generación con una característica en específico (el pelo rojo de los Weasley) o como podían cambiar por completo el material genético de una persona (Leanne no se parecía a nadie de su familia).
Si yo entendía de esto, era porque ella misma me lo había explicado. A mí la medicina me parecía más difícil que derrotar a Ya-sabes-quién con varita de goma.
-Yo sí que no tengo idea de qué hacer con mi vida –le confesé a Angelina, que ya tenía todos sus libros cerrados y me miraba con una mirada interesada, como diciendo "dame una excusa para no estudiar…"
-Katie, si sigues dando muestras como las del último partido, francamente impresionante, ten por seguro que te van a comenzar a llamar pronto. Ahí fue que varios representantes vinieron a verme y te aseguro que más de uno quedó impresionado contigo. Entre ellos, el del Montrose Magpies.
Después de todo un año de no ponerle ganas al terreno de juego, decidí que Angelina tenía razón al decir que debía "levantar el trasero de la cama". Me habría jugado hasta la vida en el último partido de ser necesario, aunque eso me costase (y me costó) una bludger en el brazo, que casi me lo parte, por interceptar una quaffle que era gol seguro.
-Si los Magpies buscan algo como tú, están lejos de querer alguien como yo.
Yo era conformista a veces, pero cuando sabía lo que quería con certeza, nada podía apartarme del camino: O eran los Montrose Magpies, o buscaba otro oficio.
-No me buscaron, después de todo. ¿Dónde esta tú autoestima, Katie?
-No es nada de autoestima ni de ser pesimista. Soy realista… Ya el año que viene, veré.
Nos quedamos calladas un rato, Angelina trazando espirales en una hoja de pergamino, y yo viendo a Leanne y Lee.
No puedo ocultar que sentí algo de envidia. Recostados en el sofá, ofrecían un cuadro adorable, que me recordaba a como éramos Oliver y yo antes de que él se fuera. Leanne se había quedado dormida recostada sobre las piernas de Lee, quien también parecía algo ausente y jugueteaba un poco con los bucles de ella.
En un momento, pareció volver a la tierra, miró el rostro pecoso de mi amiga con ternura y la despertó. La ayudó a levantarse y la acompañó hasta las escaleras que subían a los cuartos de las chicas. Y como única despedida, la tomó por la cintura y la besó.
A mi amiga le temblaron las piernas… Puedo asegurar que era la primera vez que un beso la ponía así de nerviosa, cuando a ella todo lo referente a los chicos era poco menos que un juego. Menos mal, porque Lee estaba que moría por ella.
Sonreí, le di un codazo a Angelina y a Alicia y les señalé la escena. Cuando ésta hubo finalizado y Leanne estaba camino a su cómoda cama, Lee se volteó y nos pillo in fraganti a las espectadoras. Él también sonrió, mientras se dirigía a nosotras.
-Travesura realizada –susurró, con su sonrisa de dicha aún presente en el rostro.
Nosotras tres nos miramos, riendo, y volvimos a verlo a él, antes de comentar brevemente los acontecimientos recientes.
Ver esto pasar finalmente había sido el mejor de mis regalos de cumpleaños.
Vi el titular del periódico, no sin cierta sorpresa. "Quién-tú-sabes" de regreso… Los años oscuros comenzaban, de nuevo.
-Yo sabía que había regresado –mascullé con ira-. Mi papá no desapareció de la nada.
-Quizás es malo que el Ministerio lo haya reconocido, de cierta forma –dijo Alicia, pensativa-. Digo, ahora es que la guerra realmente empieza, que las desapariciones y muertes se van a dar por doquier…
-Pasaba antes –interrumpió Lee-. Sólo que "El profeta" no daba demasiada cuenta de ello.
Nos quedamos callados, mirándonos el uno al otro, y sólo Leanne expresó en voz alta el pensamiento de todos:
-¿Y ahora qué?
Notas: Ayer tenía esto completo, listo para publicar. No se como ni por qué, se borró el medio capítulo que había escrito ese día, aparte de las extensivas notas de autor que había dejado.
Quiero disculparme por la tardanza. Estas dos semanas han sido de malos humores, trabajos, exámenes y bajas de inspiración. Acabo de tener una discusión con mi hermana y eso no ayuda precisamente.
A ver, a ver… Gente, a raíz de muchos comentarios, necesito aclarar que bastante de lo que se transmite sólo se lee entre líneas. Esto es un escrito hecho en primera persona, narrando exclusivamente las vivencias y la forma de pensar del personaje, en forma subjetiva
Quedan cosas que debo explicar, pero espero haberlo hecho en este capítulo, y en parte del que le sigue. ¿Preguntas, dudas, comentarios… lo que sea? Ya saben: "Un fic con reviews es un fic feliz" (Holofernes)
Agradecimientos a: Todas las reviewers, especialmente a Lalwens por aquella sinceridad tan suya que me demuestra que realmente me apoya y a Caprisse Allen por la ilustración que hizo del capítulo dos (Está en mi LJ, el link es el de mi homepage en mi profile).
¡Se les quiere!
Kayi.
PD: ...¡Un beso enorme! Haciendo una última edición, me di cuenta de que ninguna nota mía está completa sin esto.
