Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.
Todos los caminos llevan a Roma, según Leanne. Roma, en ese momento, era la tienda de los gemelos Weasley: El primer lugar al que debía ir para saber qué había pasado con mis amigos.
Pero pasó algo en ese momento que retrasó esa visita. "Algo" caminaba con un aire tan diferente que me tomó mucho tiempo reconocerle.
-¿Roger?
El joven se volteó. Sí, sí era Roger Davies, pero no eran los ojos divertidos y pícaros de quien me llamaba Águila, de aquel amigo mío de la infancia.
-Tú… Un momento¿Katie? –Me examinó con el entrecejo fruncido-. ¿No estabas desaparecida?
-¿Yo? Merlín, no. Hay demasiadas cosas de que hablar, llevo muchísimo tiempo alejada de todo. Me alegro tanto de verte…
Tampoco me trataba con familiaridad, más bien con desconfianza.
-¿Qué tal si te invito a una pizza y nos ponemos al día?
Me debatí un momento entre ir con el e ir a la tienda de los gemelos de una vez.
-Está bien –concedí.
Caminamos juntos por la vía, en silencio. La pizzería quedaba a menos de una cuadra, y entramos en el mismo silencio, pedimos mesa en el mismo silencio y estuvimos así durante cinco minutos más.
-¿Dónde estuviste todo el año pasado? –preguntó finalmente-. Se publicó que te habían llevado.
-Después de lo que pasó en Hogsmeade, mi mamá se asustó y decidió mandarme a Colombia.
-Pudiste haber avisado…
-No confío en nadie, Roger.
-Ya veo…
-¿Y qué ha sido de ti? Vamos, que llevamos siglos sin escribirnos y ya me estás reclamando…
Rió. Su risa sí era la misma, y yo sonreí solo por el hecho de verlo así.
-Pues ya ves… pasé toda la guerra medio refugiado en el apartamento que hay sobre mi tienda con unos compañeros. Casi no nos podíamos creer cuando Quien-tú-sabes fue derrotado.
Sí sabía que la guerra había acabado hacía ya tres semanas y que el mago más oscuro de los últimos años había sido derrotado. La gente hablaba de eso como si acabase de pasar en ese instante, y era comprensible.
-No sabía que tuvieses una tienda.
-Es un proyecto en el que empezamos a trabajar… La tienda en realidad no es mía, es de los padres de un compañero de curso, pero me pidió ayuda para comenzar a hacer algo ahí…
-¿Qué hicieron?
-Vamos a hacer una tienda de deportes muggles. Tu cazador preferido los está haciendo muy populares, cada vez que hace algo en uno de los partidos…
-Alasdair Maddock era un cazador excelente hasta que le dio por confundir el Quidditch con cualquier deporte muggle. ¿En serio se están popularizando?
-Sí, pero no soy el único al que le pidió ayuda, y otro de los que está con nosotros consideró que hacer una tienda relacionada con lo muggle durante la guerra no era lo más inteligente.
-Entiendo.
Hablamos un tiempo más sobre cómo pensaban montar la tienda. Tenían que conseguir proveedores del mundo muggle sin que sospechasen demasiado, y necesitaban conseguir más dinero.
A él le enorgullecía la situación, pero a mí me preocupaba. Roger era buen jugador de Quidditch, tenía más ambiciones… no era la persona más valiente que conocía, pero tampoco era así, taciturno, apagado, acobardado. Vamos, que su mayor meta en la vida jamás fue montar una tienda con otros tres amigos.
-Cuéntame de ti –dijo él finalmente.
-Estuve en Colombia reponiendo el año que había perdido. En unos días deben llegarme los resultados de mis exámenes, que equivalen a los EXTASIS.
-Ya… ¿Seguiste jugando?
-De hecho sí, aunque el Quidditch de Hogwarts tenga un nivel infinitamente más alto que el de allá. Aquí todos nos lo tomamos tan en serio, y allá se me quejaban por hacerlas entrenar tres veces por semana…
-¿Eras capitana?
-Sí, pero no la mejor jugadora.
Llegó la pizza que compartiríamos en ese momento y por un momento disfrutamos de saciar el hambre.
-Roger… necesito saber… -suspiré, mientras él clavaba sus ojos en mí-. ¿Qué fue de mis amigos?
-Creí que venías de la tienda de los Weasley.
-¿Ellos están…?
Asintió con la cabeza, sonriendo.
-Están tratando de salvar el negocio. En estas épocas no hay demasiada gente que venga a comprar.
-Oh, a ellos sí, te lo apuesto. Así sea vía correo. Son muy populares.
La noticia de que me encontraría con alguien en mi destino me agradó, y creo que una ola de alegría y calma se había cernido sobre mí.
-Ciertamente, pero ellos no están produciendo nada nuevo. Han pasado cosas… cosas que creo que Angelina o ellos te podrían contar mejor que yo.
-¿Angelina sigue con las Harpies? –pregunté, más aliviada y alegre que antes.
-Por supuesto. Fui a verla en su último partido… no sabes lo que me costó. No puedo creer que aún la tengan de reserva.
-Ya veras que dentro de un tiempo comenzará a subir escalones. Es muy buena.
-¿Y tú qué?
-Veré como le va a los Magpies y buscaré la forma de que me vean jugar.
-Sabes que los Magpies exigen demasiado… no que no crea que eres buena, pero…
-Ya sé… Yo veré como me las ingenio.
-No los puedes buscar tú a ellos, ellos tienen que verte jugar.
-También lo sé.
Terminamos de comer en silencio, haciendo comentarios ocasionales. Yo no podía hacer más que notar que la guerra lo había maltratado. Le había quitado a los padres y probablemente a algún amigo.
Miré a mi alrededor. Los demás rostros estaban sacados del mismo molde que el de Roger. Tristes, agotados, amargamente victoriosos. Reflejando pérdida: Se había ganado la guerra, pero se habían perdido bastantes vidas.
-¿Cómo sigue tu mamá? –preguntó.
-Bien –respondí, algo ausente-. La obligué a quedarse con su familia en Colombia, sobre todo ahora que una de sus primas va a ser abuela. La verdad no tuve que insistirle mucho… Ese es su mundo, esa es su familia. Vino aquí nada más por mi papá y por mí, y ahora con mi papá desaparecido y yo siendo mayor de edad, no tiene caso. Prometí que iría a visitarla seguido, es todo.
-¿Y dónde te estás quedando? No pienses ni siquiera en tu vieja casa… El lugar está desolado. Hubo otro ataque después, se llevaron a uno de tus tíos… ese que venía a veces que tú decías cuando eras chiquita que te daba los mejores regalos de Navidad...
Mi tío Altair. Soltero, no tenía casa siquiera: Vivía recorriendo el mundo y cuando estaba en Reino Unido, era o con mi papá o con los padres de Erika.
Seguramente el otro Auror de la familia.
-En el apartamento de mi padre, en Belfast. Bueno… ahora sí¿Te importa si te dejo el dinero y me voy? –pregunté, con cierta urgencia de ver a los pelirrojos.
-Águila, yo invito.
Sonará ridículo, pero sólo oír mi viejísimo sobrenombre de sus labios hizo que mis ojos se aguaran. Era eso algo de los viejos tiempos, de aquellos días felices en que simplemente ignoraba que era feliz. Cuando mi mayor preocupación era que Roger estaba saliendo con Stella Arlens, o que Oliver estaba más pendiente del Quidditch que de mí.
¿Cómo estaría Oliver después de la guerra?
-Me toca a mí la próxima –negocié, y la sonrisa de Roger me indicó que él estaba de acuerdo.
Salí nuevamente a la calle principal y me dirigí hacia aquella tienda que tanto quería encontrar. Suspiré y la examiné desde afuera antes de entrar… al parecer Roger tenía razón, el negocio estaba decayendo.
-¿Vas a entrar o no? –la voz enojada de una muchacha que estaba detrás de mí me hizo reaccionar y cruzar el umbral.
Ver a Fred y a George, el primero tras el mostrador y el otro saliendo de la trastienda, me causó una alegría tal que por poco pude reprimir un grito. No se veían tan contentos y, como a Roger, su trabajo los absorbía lo suficiente como para creer que lo usaban como refugio para no pensar en la guerra.
Estuve ahí parada un par de segundos, cruzando una mirada extrañada con George. Ambos habíamos cambiado, pero según Roger yo estaba casi irreconocible.
-¿Katie?. ¿Katie Bell?
-George Weasley –fue mi respuesta, y lo siguiente que supe era que dos pares de brazos me rodeaban y amenazaban con asfixiarme.
-Tanto sin saber nada de ti…
-Hacías falta.
-¿Dónde estaba nuestra enana favorita?
-¡Oigan! –me metí ahí-. Sé que soy bajita, pero Leanne es más bajita que yo. Y espero que no tengan favoritismos realmente.
Me soltaron y se miraron entre ellos, negando con la cabeza.
-Jamás cambiará¿Eh, George?
-Ustedes no se quedan atrás. Ahora, tienen un negocio que atender…
-Sí… ¿Qué tal si te quedas esta tarde, y sales con nosotros y Angelina esta noche? Es raro que ella tenga tiempo libre…
-Me uno. ¿Y qué con Leanne, Lee y Alicia?
Cuando ellos nuevamente intercambiaron miradas, debí haber sabido que mi suerte era demasiado buena para durar.
-Leanne… -comenzó Fred-… no hemos sabido demasiado de ella. Está totalmente desconectada de nosotros.
-Ella era quien siempre nos decía que tú no estabas realmente desaparecida, que le habías escrito, pero no nos dio más detalles.
-¿Y Lee… y Alicia?
Fue George quien mostró signos de debilidad. Arrugó los ojos, como si estuviese evitando que las lágrimas llegasen.
Había visto de todo, pero jamás a uno de los gemelos en ese estado. Y ya anticipando la mala noticia, un dolor desgarrador me invadió.
-En San Mungo… hubo un ataque… no sé a quién buscaban, pero Al…
George no terminó la frase, pero yo supe demasiado bien para mi gusto qué quería decir. Mis ojos sí que se llenaron de lágrimas.
-No me digas que… No puede ser.
Alicia. Tan dulce, tan llena de vida. Tan servicial, joven y encantadora. Inteligente, trabajadora, centrada… Tan valiente.
No podía haber…
-Fue un Avada. Estaba defendiendo al paciente, que… que al parecer era a quien buscaban. Angie estaba ahí y no pudo hacer nada.
Dos gotas escaparon de mis ojos, y yo hice lo que pude por ocultarlo. Necesitaban fuerza. Ellos habían visto mucho mientras yo no estaba…
Aunque deseaba más que nunca ver los ojos claros de Alicia, su tímida sonrisa y contagiarme de su sencilla alegría de vivir… aunque necesitaba que alguien me dijese que todo eso era una mentira, que no había pasado nada, sabía que sí era cierto.
Era algo extraño. La guerra me había afectado igual que al resto, pero yo no la había vivido. En otras palabras, yo sí era la misma de antes. Aún tenía fuerza.
Un restaurante de comida rápida muggle fue nuestra opción para ir a cenar. Angie no tenía demasiado tiempo, y tuvimos que ir los gemelos y yo a buscarla.
Se veía cansada, más delgada y sin aquel gesto altivo y figura atlética que la hacían tan atractiva ante los chicos. Eso no evitaba que Fred Weasley la consiguiese tan bella como el primer día.
-Angie… te tenemos una sorpresa.
-¿Qué pasó?
-¡Soy enana, mas no invisible! –me quejé cuando ya era evidente que Angelina no pensaba mirarme.
-Infantil –me reprochó George, mientras mi reclamo surtía el efecto deseado y una sonrisa se adueñaba del rostro de mi amiga.
-No puedo creerlo… -Se zafó de brazos de su novio para venir a darme un abrazo. Ya debía acostumbrarme a estos abrazos de bienvenida-. No puedo creerlo –repitió, y yo la abracé de regreso.
Hablamos de cualquier cosa de camino al lugar elegido para cenar. Por un momento, toda el aura de dolor había desaparecido, y daba la sensación de que mis tres amigos disfrutaban por primera vez la victoria mientras me relataban las buenas noticias del mundo mágico.
Pedimos la comida y nos sentamos a degustarla en un espacio de diez minutos. Los gemelos hablaban de algún invento que querían poner a prueba mientras Angie y yo hablábamos "cosas de mujeres"
-…Así que en pocas palabras, el tal Sebastián no te convenía.
-No demasiado, pero hay cosas que no se pueden evitar.
-Ya estás bastante grandecita… en edad de saber lo que te conviene y lo que no.
-Nunca se es demasiado mayor para tener una niñez feliz.
Rodó los ojos, pero sonreía.
-Eras más madura cuando tenías once años de lo que eres ahora.
-No, era más seria. Es diferente.
-Si te comparas, sí eres inmadura. Todos los que vivimos la guerra hemos visto cosas que mejor le vas dando las gracias a Merlín de haber podido huir antes de que todo se pusiera feo.
-Angie, si me fui es porque yo también viví parte de esto. No tenía nada de ganas de volverlo a enfrentar.
No me respondió, pero daba la impresión de que trataba de decirme algo.
-Maté a un hombre, Katie –murmuró finalmente.
-¿Cómo? –me exalté, pero traté de mantener un semblante impenetrable. No funcionó.
-No me mires así… tuve que hacerlo. Ni Fred ni George saben. Fue cuando… cuando asesinaron a Alicia.
Dicho tan crudamente, hizo un nudo en mi garganta y envió una fuerte punzada de dolor a mi cabeza. Mi silencio la invitó a seguir hablando.
-Yo… se supone que la estaba esperando al final del pasillo, hablaba con la recepcionista y… y ella no aparecía, por lo que me dirigí hacia la habitación en la que se supone que estaba. Llegué a tiempo para ver como un visitante le lanzaba un Avada. Me llenó la ira y antes de que pudiese pensar, ya la luz verde salía de mi varita y le pegaba de lleno al hombre.
Digerí los hechos antes de convencerme de que el asesinato cometido por mi amiga tenía sentido. Quizás era por el hecho de que me sentía más calmada al saber que aquel que asesinó a mi amiga estaba muerto.
-No puedo evitar sentir que no estuvo bien hecho –susurró Angelina.
-Tú misma lo dijiste… tenías que hacerlo.
-Pero no sirvió de nada.
Suspiré. Los problemas y las secuelas de la tenaz batalla eran peores de lo que creí… había muchos muertos, y mayor cantidad aún de muertos en vida. Era hiriente hasta el punto de lo insoportable.
-Angie, ese mortífago pudo haberte matado a ti si tú no hacías nada.
-Maldita sea, Katie. No entiendes. ¡Qué me importa el resto del mundo, sólo necesito que Alicia regrese!
La voz desgarrada de mi amiga penetró hasta lo más profundo de mi alma, hurgando en la herida ya de por sí bastante abierta. Yo jamás había sido conciente de los sentimientos de los demás, pero ahora de repente compartía el dolor y el peso del corazón de Angelina.
-No había nada más que pudieras hacer.
-Si tan sólo me hubiese dado cuenta de que algo raro pasaba…
-No tenías como.
-Pude haber estado con ella.
-No insistas en culparte. No vale la pena, gastas fuerza y energía… no tienes la culpa. Mírame a los ojos –Me obedeció, con una mirada desafiante-. Nadie te culpa por haber hecho lo que hiciste. Realmente no pudiste hacer nada para evitar que Al… lo que le pasó a Alicia. Nadie te lo reprocha, no tienes por qué reprochártelo tú. Créeme cuando te digo que hiciste lo que debías.
-Pero…
-Me conoces, Angie. No te estoy mintiendo.
El silencio de su parte me convenció de que iba a intentar creer en lo que le estaba diciendo.
"La presente carta contiene los resultados obtenidos por Katie M. Bell A. en los Exámenes Finales de Magia Avanzada.
Calificaciones:
Muy Alto (Entre 90 y 100 de 100)
Alto (Entre 80 y 90 de 100)
Intermedio (Entre 70 y 80 de 100)
Bajo (Entre 60 y 70 de 100)
Muy Bajo (Entre 50 y 60 de 100)
Reprobado (Entre 0 y 50 de 100)
Aritmancia ... Alto (83.2 de 100)
Cuidado de Criaturas Mágicas ... Intermedio (75.4 de 100)
Encantamientos ... Muy Alto (92 de 100)
Runas Antiguas ... Bajo (69.6 de 100)
Transformaciones ... Muy Bajo (57.4 de 100)
PROMEDIO: INTERMEDIO (75,5 de 100)"
Tras calcular mis notas en nuestro sistema, estaba orgullosa de mis dos Extraordinarios, dos Supera las Expectativas y un Aceptable. Tampoco es que los exámenes fuesen difíciles...
Sólo una cosa me molestaba: Un Supera las Expectativas en Cuidado de Criaturas Mágicas no bastaba para ir a trabajar con caballos alados. Había de quedarme en aquel apartamento.
Sola.
Había pasado semanas en aquella condición. El hogar que alguna vez fue el de mi padre no era grande, pero tenía una chimenea mágica (no me pregunten cómo funcionaba), una cocina, una sala-comedor, dos cuartos y un baño en cada uno.
Dos habitaciones. Eso me hacía sentir muy pequeña y abandonada en cierta forma. Le había pedido a Angelina que viniese a vivir conmigo, pero era un poco complicado transportarse desde Irlanda del Norte a Gales todos los días. Ella y Leanne tenían un proyecto para buscarse un piso, mas no era nada seguro.
"No es fácil." Me había dicho Angie. "Fred quiere que vaya con él, pero al mismo tiempo está George, no puede dejarlo así… Y Leanne está tan sola, perdió al novio y no puede contactar contigo. No sé que hacer"
Las noches para mí eran un infierno. Cuando olvidaba tomar la poción para dormir sin soñar, tenía tiempo de sobra para pensar, para estar adolorida. No parecía que la guerra se hubiese ganado… Lee desaparecido desde el último día de la guerra, Alicia muerta. No tenía noticias de Leanne, Erika ni Zacharías.
Cuando finalmente me dormía, despertaba invadida por pesadillas. No hacía nada durante el día, aparte de visitar a los gemelos, a Roger y ayudarlos en lo que podía.
Era difícil fingir ser fuerte.
-Maldita sea¡No, no quiero!. ¡Dile al señor Whitby que no!
No sé que hacía yo en aquel lugar escuchando los gritos de una chica histérica. Estaba en un café pequeño en el Londres muggle. Desayunaba y luego me pasaría por la tienda de los gemelos.
-No. No. Sí, la chica da para un buen artículo, pero no voy a trabajar con ella.
Suspiré. Siempre había odiado que la gente hablase por celulares de esa forma (desde que me enteré que esos aparatos existían) y que todos a diez metros a la redonda tuviesen que enterarse de la conversación. Volteé a mirar a la muchacha. Aparentaba unos diecisiete años, lo cual contrastaba con la impresión que daba su atuendo y su conversación. Parecía tener algún cargo importante en alguna empresa
-No es que esté dejando que lo que pasó en la escuela se meta en mi carrera, es que ella te va a decir lo mismo. No vamos a trabajar juntas ni por todo el oro del mundo.
Había algo en esa chica, sin embargo, que me recordaba a alguien. El cabello castaño atado en un apretado moño dejaba escapar un par de rizos, y hubiese dado todo por verle la cara completa y no nada más el perfil.
-Sé quien es. Una vez más: Yo no seré quien haga ese artículo. Hazlo tú. Si quieres te llamo a Milton para que prepare la sesión de fotos y te transcribo las preguntas…
Hizo una pausa. Yo ya había olvidado toda mi discreción y examinaba a la joven con ojo crítico
-Todos los caminos llevan a Roma, Halley. Whitby va a tener esa entrevista sobre su escritorio en tres días, tú vas a entregársela y yo me encargaré de tu artículo de belleza esta semana, que es lo que he querido hacer desde que…
Otra pausa larga. El rostro de la chica se contrajo en una mueca de desesperación
-Por última vez, Halley¡No pienso hacerle una entrevista a Stella Arlens! –exclamó, y terminó su llamada.
Oír el nombre de la persona a entrevistar me hizo caer en cuenta de quien podía ser la terminante jovencita.
-¡Leanne! –llamé, y ella se giró para encontrarse con una sonrisa de mi parte.
-¡KATIE! –Me reconoció de inmediato-. ¡Merlín, Katie!
Tomó su maletín y se sentó en la mesa conmigo. Tres segundos después se paró para abrazarme.
Amaba estos reencuentros.
-No sabía que ya habías vuelto…
-Traté de escribirte, pero no me respondes.
-Lee me había hecho beber una poción para que nadie ni nada pudiese seguirme el rastro. Me hizo ocultarme entre muggles toda la guerra. ¿Y tú qué?. ¿Cómo te trata la vida?
Sus menciones hacia Lee se me hicieron extrañas. Eran alegres y despreocupadas, pero el cambio de tema brusco indicaba que no quería preguntas acerca de ella y su vida, así que me limité a repetir el informe de mi último año en forma resumida.
-¿Crees que te hayan visto jugar lo suficiente como para contratarte?
-¿Hablas de los Magpies?
-No, de los equipos de allá. Se me hace que pasaste un buen año afuera…
-Estás loca. Como soy mayor de edad me dejaban bastante libre, pero el año fue detestable. El único ser medianamente entretenido… bueno, habían varios, pero sólo Sebastián rompía lo monótono, y sé que lo hacía de forma más bien negativa.
-Oye… sé que no viene al caso, pero ahora que hablabas de Sebastián… ¿Sabes que Damyan preguntó por ti el otro día?
-¿Qué ha sido de él?
-Nada en especial… Mejoró su acento en inglés y regresó a Bulgaria hace un par de semanas. Le gustaría mucho que le escribas, estoy segura.
-Lo haré, no lo dudes. ¿Y qué hay de mi prima y de Zacharías? Llevo demasiado sin saber nada de nadie.
-Zacharías se fue al extranjero, como tú, y Erika sigue jugando para el Puddlemere United. Vive con uno de los hermanos de Fred y George…
-Charlie, me imagino. No sabía que ya eran novios.
-No lo son, al parecer. Creo que ella sale con uno de su equipo… Pero sí son buenos amigos.
-¿Tú como sabes que…?
-Trabajo para el "Bewitched", una revista nueva de farándula… bueno, algo estilo "Corazón de Bruja", pero más dirigido hacia mujeres jóvenes.
-Se me hace raro que en una revista de nuestro mundo, quienes trabajen en ella usen teléfonos celulares.
-Ya lo sé… es algo demasiado novedoso. Y preferiría no tenerlo, pero mi jefe quiere estar todo el tiempo… -El aparato sonó. Ella colgó sin siquiera ver quién era-… Creo que entiendes. Y ahora quieren que le haga una entrevista a Arlens. ¡A Arlens! No entiendo por qué quieren comercializarla si es obvio que tiene más éxito en el mundo muggle como modelo que en el nuestro.
-Supongo que sigue tan hermosa y antipática como el primer día.
-No sé, no la he visto. Pero asumo que sí. La próxima entrevista… Katie, quiero hacerle una entrevista a Erika. No tienes idea de lo bien que le va y de lo bien que se ve.
-Me lo dices como si me pidieses permiso…
-Quiero que me acompañes. Ahora tengo que escribir… Voy a escribir un artículo acerca de peinados de moda esta temporada, y el siguiente sí haré la entrevista. Me concedió una hora la semana de arriba, y me gustaría que vinieras conmigo.
-Es un hecho.
Unos ojos verdes observaron mi apartamento con curiosidad.
-Me encanta. Es perfecto para la entrevista… gracias por ceder el lugar. ¿Dices que aquí vivía tu padre?
-Cuando quieras quedarte conmigo, estás cordialmente invitada.
-Estás realmente desesperada –observó.
-Un poco. Estoy demasiado sola aquí, y los vecinos de en frente son realmente tétricos, no dejan de preguntar por "ese hombre que vivía aquí antes". Me gusta tener mi apartamento, sí, pero preferiría que viniese con papá incluido.
-Me gustaría acompañarte, de veras, pero estoy viendo con Angelina y al parecer, va en serio. Ella cobra lo que quiere, y yo tampoco es que gane demasiado poco… Lee y yo teníamos planes de vivir juntos, pero desapareció y no llegaron a concretarse.
Hablaba de Lee de forma tan sencilla como quien habla de Quidditch
-¿Cómo lo llevas? –no pude evitar preguntar.
-Mejor que en un principio. Es extraño, es como si sintiera que va a volver… me hace tanta falta, Katie. No puedo evitarlo. Pero al mismo tiempo… es como si todo lo que viví con él… como si él hubiese sido un sueño del que ya desperté. Como si esto tuviese que pasar.
-Eres rara.
Me miró con reproche.
-Bastante, pero la verdad creo que estoy llevándolo todo lo mejor posible. George Weasley está destrozado, Fred y Angelina no están lejos de sentirse así. Y Angie… no es para menos, vio morir a su mejor amiga y creo que mató…
-Leanne, te ruego que no hablemos de la guerra. Deberíamos estar felices de que terminó.
-Deberíamos –concedió-, pero no es tan fácil cuando una recuerda todo lo que se perdió.
Nos quedamos en silencio meditando esto último, pero un ruido en la chimenea nos sacó de nuestros pensamientos.
Leanne tenía razón acerca de mi prima. Bellísima y con pinta de llevar su éxito con alegría y una actitud que sin ser arrogante, tampoco era humilde.
-Ya entiendo de dónde esta dirección me sonaba conocida –Si antes había sido fuerte, ahora sus abrazos de oso a los cuales no había renunciado casi me quiebran una costilla o dos.
-¿Tu novio no se queja de esto?
-No realmente. Él tiene más fuerza que yo. Es un golpeador estrella. ¿Y tú qué? Merlín, Katie, no sabes lo bien que te ves. ¿Cómo te va?
-Ando por la vida a la deriva completamente –Fruncí la nariz-. No tengo ni idea de cómo dar un paso hacia lo que es el Quidditch profesional.
-¿Redujiste tus exigencias?
-Me aburro hasta el punto de tomar lo que me ofrezcan.
-Bueno, bueno –habló Leanne-, que es a ti a quien hay que entrevistar.
-Sólo una petición… ¿Puede no salir a colación el hecho de que estoy viviendo con alguien que no es mi novio? Hasta ahora los medios se han mantenido fuera de mi vida personal, pero no quiero que…
-Leanne jamás te haría eso.
-A otra persona sí –secundó mi amiga con cierto descaro-, pero no a ti porque Katie me mata.
-Además… además tengo la solución a tu problema. Vente a vivir conmigo. Hay dos cuartos, y chimenea conectada a red flu.
-Me gusta la idea. Justo ahora me iba a autoinvitar.
-Entonces es un sí. Tu dormitorio es el de la izquierda.
-Eso fue rápido –rió Leanne.
-Bastante. Ahora salgamos de esto y las invito a cenar. Una última cosa… Parece que mi primita necesita algo de publicidad.
La sonrisa cómplice de mi amiga indicaba que ambas hablaban el mismo idioma. Ese idioma era uno que yo entendía, y comprendí que mi nombre sería mencionado más de una vez en aquella entrevista.
Tres cartas. Al parecer, a muchos equipos les parecía comercial tenerme entre sus filas. Era algo extraño notar que Erika me había mencionado casi de pasada en una revista dirigida a mujeres… era increíble como ninguna publicidad era mala. Las tres cartas lo demostraban.
Pero sólo a una la reconocí antes de abrirla: Pergamino blanco y negro, la forma del sello era de un pájaro y tenía las iniciales "M. M." grabadas abajo.
Montrose Magpies.
Si hubiese leído la sección de deportes de "El profeta" de tres días atrás, habría recordado que uno de los cazadores de la reserva había dejado al equipo.
"Puede ser algo provisional" me dije a mi misma, "pero realmente es el equipo que me interesa. No puedo dejar pasar esto"
Querían verme jugar. Querían hablar conmigo.
Sin abrir los otros dos sobres, respondí aquella carta prontamente. Me causó cierta gracia notar que el director técnico era, efectivamente, una mujer.
"Zacharías:
No sé donde andas, no sé si estás vivo… no sé nada de ti.
Mañana en la sección de deportes de "El profeta" aparecerá algo que quiero compartir antes contigo, exclusivamente con un fanático de los Magpies.
Está escribiéndote, de hecho, una de las cazadoras de reserva del Montrose Magpies. Es algo provisional, al parecer uno de sus cazadores se fracturó el cráneo y los sanadores prefirieron que no jugara durante un buen tiempo…
No tienes idea de cómo fue. Ha sido una de las experiencias más raras de mi vida. La directora técnica es una bruja bastante joven, hay jugadores mayores que ella incluso… Pero es severa, no sonríe nunca excepto cuando algo sale excepcionalmente bien, según los del equipo.
Es el equipo perfecto, Zach. Hoy estuve una sesión de entrenamiento con ellos y me dejaron exhausta. Son todos tan profesionales, lo único que distingue a la reserva del equipo es la edad: Cuenta la experiencia pasada con el equipo. Me siento tan fuera de lugar entre ellos… aunque otro de la reserva me dijo que me fuera acostumbrando, que ya iba yo también a mejorar.
Pero sí les gusté, en general, lo cual es bueno. Les gustó todo lo que hice en Colombia el año pasado (¡Te tengo que contar!) y saben algo de mi trayectoria en el equipo de Hogwarts. Uno de los cazadores titulares me comentó que mis pases eran perfectos, y el guardameta dijo que sabía hacer una curva con la quaffle bastante difícil de parar.
Y juraría que al oír esto, la entrenadora sonrió. Aunque asumo que sería demasiado pedir…
Zach, te tengo que pedir que apenas leas esto te pongas en contacto conmigo. Tengo muchísimas ganas de oír de ti.
Un beso,
Katie"
Mandé esa carta y me tomé la noche libre para festejar con mis amigos todo lo que había escrito. Incluso Angelina y Erika, que actualmente eran "rivales" mías, me daban consejos y respondían mis preguntas. Leanne estaba tan extática que decidió que si me daban el puesto permanentemente (cosa dudosa) me concedía una entrevista.
Al llegar esa noche con Erika, cansadas, conseguí una carta de respuesta sobre mi mesa de noche.
-Eso fue rápido –comenté en voz alta, mientras Erika se asomaba con cierta curiosidad.
-¿A quién le contaste la buena noticia?
-A un amigo mío del colegio…
-¿Oliver Wood?
Negué con la cabeza, agradeciendo a Merlín que ya no me afectase su simple mención. Que ya lo hubiese superado.
-Otro, uno de mi curso. Oliver y yo nunca hablamos.
-Ha preguntado por ti.
Me encogí de hombros sin saber como asimilar la noticia, y abrí la carta.
"Katie:
Muero de envidia, honestamente. Pero también sinceramente te felicito.
Gracias a Merlín que escribiste… corría el rumor de que habías desaparecido y es bueno saber que no es así.
Tengo que aprovechar esto para pedirte un favor gigantesco. No tienes idea de lo que mi papá quiere que haga. Quiere que vaya a no se qué conmemoración del final de la guerra, y quiere que lleve a una cita, ya sabes, es más presentable ante sociedad, supuestamente.
Me da demasiado fastidio ir, y lamento tener que ponerte a ti en éstas, eso si me quieres hacer el favor de tu vida al venir conmigo.
Uf, cualquiera diría que soy mayor de edad y tengo la libertad de hacer lo que me plazca. Mi papá sigue controlando mis actos.
Bueno, de cualquier manera, si dices que sí, estaré esperándote fuera de tu chimenea a las siete de la noche este sábado. Es algo elegante, ya sabes: Vestido, traje y demás…
¡Qué fastidio! Te voy a deber una muy grande si vienes conmigo.
Atentamente,
Z. Smith."
Me reí al pensar la impresión que le causaría a mi madre el que le dijese: "Ma, voy a un evento importante con el hijo de una de las personas más influyentes de la sociedad mágica"
A mí también me daba fastidio asistir a una ceremonia que realmente no entendía, entre un montón de gente que no tenía nada que ver conmigo. Aún así… Qué diablos, Zacharías era mi amigo. Tenía muchísimas ganas de volverlo a ver. Y si hay algo que yo no hago, bajo ninguna circunstancia, es abandonar a un amigo.
"Zacharías:
Me alegra tanto oír de ti que voy a hacerte ese gran favor de vida o muerte.
Voy a ser la cita perfecta. Tu papá me va a amar tanto que va a lamentar que no te cases conmigo… Hablando en serio, si mi madre te conociera, ella sí que lo lamentaría.
Esta es una forma rara de decirte que tú puedes conseguirte a la chica que quieras. Pero sí, es para mí un gran honor ser invitada por el honorable Z. Smith.
Son las dos de la mañana. Debería estar durmiendo, pero apenas mande esto voy a probarme la ropa de Erika hasta encontrar algo que me quede bien.
Por cierto… ¿Túnica o vestido?
Un beso,
K. M. Bell (Por seguirte la corriente…)"
-¿Katie? –La voz de Erika se asomaba por detrás de la puerta.
-Pasa –respondí, acomodándome el vestido de noche azul marino que había sacado del armario de Erika.
-¿Quién es ese espécimen único del genero masculino que te está esperando en la sala?
-¿No te avisé que vendría por mí? Es muy pequeño para ti. Zacharías Smith, me lleva tres meses.
-¿Y desde cuándo…?
-No va a haber boda –le corté, poniéndome unas zapatillas de tacón que Leanne me había prestado-, tiene que ir a eso del aniversario del fin de la guerra y me pidió que vaya con él.
-Ya veo. Oye, no te vendría mal…
-Cualquiera creería que no tienes vida de la cual ocuparte, aparte de la mía.
Conseguí con esto que mi prima rodara los ojos, algo ofendida, mientras yo me paraba y tomaba mi bolso que no tenía mucho más que mi varita, unos cuantos galeones, delineador, colorete y pintura de labios.
-Nos vemos, Erika. Voy a llegar tarde.
-…Si es que llegas –siguió bromeando ella.
Le hice caso omiso, saliendo de mi habitación para encontrarme con un Zacharías de negro, blanco y corbata. Estaba apoyado contra una pared, y no me costó entender el por qué de la más que obvia referencia a su físico.
Él siempre se vio bastante bien, pero su aspecto no había hecho más que mejorar. Cabello alborotado y color dorado, ojos zafiro, pecas adorables cubriendo su rostro. Su contextura era más bien delgada, pero aparentaba de buena manera sus diecinueve años.
-Te ves bien –le dije a modo de saludo. Él era el único de mis amigos que no era efusivo, exceptuando quizás a Damyan.
-¿No se supone que eso te lo tengo que decir yo a ti? –Lanzo una sonrisa, irónico.
-No me tienes que decir nada que yo ya sepa –respondí con un tono fingidamente arrogante, devolviéndole la sonrisa.
Se hizo un silencio que, sin ser incómodo, no fui capaz de aguantar
-Bueno… ¿Vamos?
-No ha empezado y ya quiero irme –rezongó.
El padre de Zacharías era un hombre abrumador e insípido. La madre de mi amigo debía ser guapísima, porque de algún lado había heredado él la belleza física.
Después de toda la parte de ceremonia (que incluía palabras del Ministro de Magia, palabras de sobrevivientes, una rifa de beneficencia para reconstruir lugares destruidos…), hubo una cena. Cada quien podía comer lo que se le antojase simplemente pidiéndoselo al plato.
-Fiel a tus raíces¿Eh, Katie?
El padre de mi amigo, al oír las palabras de su hijo, observó mi plato discretamente. Había pedido un ajiaco, extrañando el que una de mis tías preparaba en su casa.
-No sabía que fueses de Bogotá.
Vaya, el nivel de cultura muggle era impresionante entre esta gente.
-Mi madre realmente nació en Barranquilla, Colombia. Se mudó a Bogotá a temprana edad, y ahora está viviendo allá. Mi padre sí era un Auror de estos lados.
-Rigel K. Bell, supongo. ¿Qué significa la 'K'? –preguntó uno de los hermanos de Zacharías, que no era ni la mitad de guapo, pero el doble de divertido.
-Es una inicial que él mismo eligió. Rigel Kentaurus es la tercera estrella más brillante del cielo, y en un ataque de narcisismo decidió que él era igual de brillante y se puso la 'K'. Eso según mi mamá.
-Rigel es otra estrella de por sí.
-No tan brillante como la Rigel Kentaurus.
La familia Smith se enzarzó en una discusión de astronomía que me hizo sentir remordimientos de no haber tomado la asignatura en Hogwarts.
Cuando la acalorada discusión rondaba acerca de cual constelación era la más pequeña sin contar la Cruz del Sur (Si la Sagitta, la Equuleus o la Circinus), yo decidí que era hora de admitir que no entendía nada y levantarme para "ir al baño".
Rondé un rato por el lugar sin ver a nadie conocido. La primera persona conocida se presentó en un encuentro tan extraño como confuso.
Mi tobillo acababa de sufrir una torcedura por culpa de las elevadas sandalias de tacón. Me senté en el primer lugar que pude, y éste era una mesa ya desocupada.
-…Te veo mañana, entonces –Oí decir a una voz femenina al lado mío. Levanté la mirada para encontrarme a una pareja joven despidiéndose con un beso.
Bajé la mirada nuevamente. La situación era algo incómoda.
-Disculpa -dijo la mujer cuando el hombre ya se hubo ido-, ésta es nuestra mesa.
-Lo sé… y lo siento. Sólo que me torcí el tobillo. No tengo la costumbre de usar tacón.
-Oh, yo te lo arreglo. Me pasa lo mismo.
Subí la mirada tratando de sonreírle a la desconocida. Tenía el cabello rubio natural, lo cual era mucho pedir en esos tiempos.
-Yo te conozco de algún lado¿Cierto? –le pregunté, mientras ella se sentaba a mi lado buscando su varita.
-Puede ser que estudiamos juntas…Soy Sylvia Wood.
Por alguna razón, experimenté una extraña sensación de vacío en el estómago y la cabeza comenzó a darme vueltas.
-Ya te recuerdo. Katie Bell. Era… era bastante amiga de Oliver en Hogwarts.
Me examinó entrecerrando un poco los ojos.
-Cierto. Oye, estás irreconocible.
-Me lo han dicho.
-Creí que habías desaparecido en la guerra.
-Fui una más de las que tuvo que escapar por protección. Cualquiera lo diría de una Gryffindor.
-Es comprensible después del accidente…
-¿Acaso todo el mundo conoce mi vida privada?
Ella rió.
-Precio de ser una figura pública. A Oliver le pasa lo mismo. Al fin la consigo –Me mostró su varita, sin borrar su sonrisa. Acto seguido tocó con la punta de la misma mi tobillo, y al instante aflojó la molestia.
-¿Duele? –preguntó tomando mi pié entre sus manos y rotándolo en círculos.
-Para nada, gracias.
-A la orden. Ahora debo irme. Le tengo ganas a esos bombones que sirvieron en el buffet de los postres.
Se levantó y desapareció entre la multitud, que sin ser excesiva era bastante amplia.
Miré hacia la mesa. La rubia había dejado ahí su varita.
Suspirando, la tomé y me levanté. Sonreí al notar que caminaba como si recién me acabase de poner las sandalias, y con paso seguro me dirigí hacia donde había visto a Sylvia desaparecer.
Después de un par de minutos de búsqueda, descubrí que se había ido hacia la terraza. Ahí, apoyado sobre el barandal junto a ella, estaba un joven que en seguida me hipnotizó, con un aura atractivo y un porte seguro. "Merlín, Sylvia. Tú ya tienes novio" pensé. "¿Por qué no dejas algo para las demás y me lo presentas?"
Dejé escapar una risa suave mientras caminaba, mis ojos fijos en aquel que acompañaba a la vivaz rubia.
-Sylvia… -la llamé, con voz fuerte pero abstraída.
Mis ojos seguían viendo al hombre, ya con cierta sorpresa y algo de horror: Aquellos que me regresaban la mirada eran los ojos negros e intensos de Oliver Wood.
Notas: Lo se. Soy demasiado mala.
Ahora los dos o tres capis que quedan serán mucho más centrados, y ya supongo que es evidente el rumbo que tomarán. Como pueden ver, este capi no abarca un año sino un espacio de entre dos y cuatro meses, y los siguientes hasta el final serán igual, ocupando a partir de aquí (este capi inclusive) un año, más o menos.
Este capítulo, de transición pero más divertido que el anterior (Merlín gracias) tuve que tenerlo a tiempo antes de irme… porque no sólo soy mala: Quise publicar esto aun sabiendo que no voy a poder actualizar en tres meses. Sí, leen bien. Me voy el 18 (es decir mañana) y regreso el 5 de Septiembre. En ese tiempo dudo muchísimo poder publicar, quizás cuando tenga computadora será algún drabble de mi tabla de 30vicios.
Cuando publique, si aún les interesa (cosa que espero honestamente xD), recomiendo que lo relean completito para recordar nombres, fechas y lugares con precisión.
Cualquier crítica, cualquier… lo que sea, cualquier cosa buena o mala por medio de un tan ansiado review. Tendré oportunidad de leerlos con brevedad, espero.
Un beso gigante,
Kayi.
