Fotos en la Pared
By Kailey H. S.
Me hubiese gustado decir que los besos terminaron a su debido momento y que luego fuimos de la mano al castillo, nos quedamos despiertos toda la noche…
Eso no pasó.
Oliver se separó a los pocos minutos. El fuego dejó de quemar. Pude respirar… pero no quería respirar. Traté de volver a acercarme a él, pero se levantó antes de que yo pudiese hacer nada.
-Esto… esto no está bien.
-Está mejor que nunca… Por favor, Oliver…
-No, Katie. Yo me voy y tú…
-¡Ya se que te vas, por Merlín!. ¿Crees que quiero saberlo en este momento?
-A mí si me importa. Perdóname. No debí haber…
-No hay nada que perdonar. Merlín, Oliver. ¿Sabes desde hace cuanto estoy deseándolo?
-No serías ni la primera ni la última.
-Pues no se que insinúas. No soy una del montón. No soy una de tus putas.
Me miró, sorprendido. Podía notar que se estaba conteniendo para no golpearme. No era propio de mí hablar así, pero estaba enojada, algo fuera de mis casillas, y ya había entendido que esto había acabado con la amistad de tres años. No me importó, enojada y herida como estaba.
-Además, tú me besaste a mí. No me vengas con…
-Fue un error¿está bien?
-No, Oliver, no está bien.
Ya había sacado una conclusión sobre su actitud. Un chico de dieciocho con hormonas disparadas. Yo una chica. No se diga más.
A él no le había importado acabar con todo.
No nos dijimos una sola palabra más. Yo para mi dormitorio, él para el suyo. Listo.
Cuando llegué a mi habitación, tres cabezas se levantaron sorprendidas. Irradiaba ira, y mi portazo solo lo corroboraba.
-¿Katie¿Estás bien? –preguntó Aileen Silver con el ceño fruncido.
-No, tonta¿No puedes ver que está histérica? –Leanne en dos segundos había adquirido un grado de histeria mayor que el mío.
Negué con la cabeza y no me digné a oírlas.
-Despiértenme a la hora de la cena –pedí.
Lo cierto es que tarde en dormirme. Le daba vueltas en la cabeza a todo… ¿Y si Oliver hacía todo por mi bien?. ¿Y si él también me quería?. ¿Y si había malinterpretado todo y la razón que le movió no fue matar hormonas?
Todavía tendría que rebajarme un poco más.
Me desperté más calmada, por cuenta propia. La única que estaba en el cuarto era Leanne.
-¿Te sientes mejor?
-Un poco. Me voy a dar una ducha y bajo.
-¿Voy o te espero?
-Ve.
Estaba decidida a buscar a Oliver y aclarar las cosas. Esto no se iba a quedar así
Veinte minutos más tarde estaba más calmada, lista para cenar. Bajé y vi lo que estaba segura que vería: Oliver, sólo Oliver, sentado en un sillón leyendo.
Me acerqué. El me sintió, dejó su libro de lado y se levantó.
Suspiré. No iba a ser fácil.
-Oliver… te quiero¿está bien? Y si no digo más es porque no me atrevo.
Me miró, negando con la cabeza y sonriendo de medio lado. Sus ojos se veían apagados, enojados, y se clavaban a los míos llenos de amargura.
-No, Katie. No me quieres.
Abrí la boca, pero no dije nada.
-Crees que me quieres por como te trato, por como nos llevamos. Pero piénsalo dos veces.
-Oliver, maldita sea, yo sé lo que siento.
Antes de que me pudiese dar cuenta, le estaba hablando al hueco del retrato.
Agua fría me ahogaba. Envolvía todo mi cuerpo, me torturaba, haciéndome llorar más de lo que ya había llorado ese día.
Saqué mi cabeza y respiré. A veces era útil tener amigos prefectos que estuviesen dispuestos a dejarme la contraseña de su baño. Sabía que ahí, solo ahí, tendría privacidad.
Lloré. Lloré. Seguí llorando.
"No, Katie. No me quieres."
Grité de la frustración. Cuando me ponía en ese estado sabía que simplemente me iba a poner a delirar, a balbucear incoherencias. Y a seguir llorando.
Yo nunca necesité beber para emborracharme, y ese día no era la excepción.
Salí de la bañera y me dejé caer en el suelo de piedra. Me acurruqué ahí, completamente desnuda, sintiendo la fría piedra contra mi piel. Tiritando. Llorando.
No escuché la puerta abrirse. Tampoco los pasos que se acercaron a mí. Solo vi los preocupados ojos de Alicia Spinnet cuando ella estuvo agachada a mi lado.
-¿Qué tienes, preciosa?
Esperé un par de minutos en los que Alicia hizo milagros con su varita. Me vistió, me secó el pelo y me lo trenzó. Estaba entrando en calor y en calma.
Con la única con la que podía hablar de todo era con la dulce, comprensiva, maternal Alicia.
-Al, se lo dije. Le dije a Oliver que… que lo quiero.
En el silencio que sucedió a mis palabras, me imaginé que ella estaba procesando la información. Tomó mi cabeza y la colocó dulcemente sobre su regazo.
-Oh, Katie… ¿Qué dijo él?
- Simplemente me dijo "no, no me quieres", y luego…
Volví a romper a llorar. Sus manos acariciaban mi pelo y mi rostro intentando calmarme.
-No he conocido peor rechazo. Peor humillación
-Katie, eso lo hizo porque está asustado.
Me reí. Mi risa sonaba retorcida, y distorsionada por el eco. Pude sentir un escalofrío por parte de mi amiga.
-¿De qué? Se supone que somos amigos… se supone que él me besó por ganas y…
-¿Cuándo?
Su voz no se había alterado en lo más mínimo, y eso me sorprendió. En medio de mi delirio, me sentí como si simplemente le hubiese dicho "es una linda noche de verano".
-Hoy… cuando estábamos solos en el campo de Quidditch. Luego discutimos y…
Seguí llorando. Se tomó unos segundos antes de responder. Siempre pensaba todo antes de decirlo.
-Trata de hablar con él mañana. Sólo está asustado. No quiso herirte ni nada por el estilo. Recuerda que, a fin de cuentas, se va mañana y no te vuelve a ver… Y tiene miedo con respecto a qué está sintiendo, qué estás sintiendo tú… y si te va a lastimar, o si lo vas a lastimar a él.
-Estás asumiendo que él también me quiere a mí. Y por Merlín¿Podría hacerme más daño?
-No sabe lo que hizo, probablemente. Ange y yo sostenemos que él no solo te quiere. Te ama.
-Claro… -murmuré con ironía.
-Es en serio. Trata de hablar con él.
Silencio durante unos segundos.
-¿Me lo prometes?
Suspiré.
-Está bien, Al. Te lo prometo
No lo volví a ver. Ni en el desayuno, ni en el expreso. Lo busqué, pero no aparecía. Se lo había prometido a Alicia… tenía que hablar con él. Y estaba decidida.
Me lo encontré finalmente en el andén 9 mientras buscaba a mi madre. Oliver hablaba con una chica de cabellos cortos y ojos grises que no conocía, pero que estaba en edad de Hogwarts. Le coqueteaba. Esto me hizo hervir la sangre. Se me cerró la garganta, y no pude cumplir la promesa que le había hecho a Al.
-Felices vacaciones y buena vida, Oliver –dije sencillamente.
No esperé respuesta y seguí caminando. Fue ahí cuando sentí una varita clavándose mi espalda y un 'abscidere conligo' susurrado cerca de mi oído.
Todo llegó a mi mente como un torbellino de imágenes confusas. Luego todo se aclaró. Reconocí en la chica del andén a Alexa Michaels, y en la actitud anterior de Oliver todo lo que me había explicado Alicia.
Alicia.
Sin quererlo realmente, separé mis labios de los de Oliver y los apoyé en su hombro. Traté de luchar contra mis lágrimas, pero aquellos hechos que acababa de recordar vagaban allí como algo reciente. Los detalles aún presentes. Y eso que lo sentía como una película, irreal, demasiado doloroso como para pensar que lo pude haber soportado.
-Oh, Kate… -Oliver acarició mi cabello, y su otra mano se posó en mi cintura-. Debí haberte creído¿no?
Me entregué un segundo a aquellos dulces tratos y a calmar la marea de sensaciones. Se sentía tan bien estar ahí…
-Maldita sea, sí.
-Estaba tan avergonzado por todo… Tan asustado, tan enojado conmigo mismo… -Suspiró. Sentía su voz suave, temblorosa-. Y te hice tanto daño, Katie. Perdóname.
Alcé mi rostro y lo vi a los ojos. Me dio la impresión de que le había dado vueltas al asunto más de una vez durante los últimos años.
-Ni siquiera siento estos recuerdos como propios.
La mirada que me regaló me aceleró el corazón y me conmovió. No estaba actuando. Parecía sinceramente arrepentido. Dolido.
-Y creo que mereces saber, Katie, que lo peor del caso es…
No me enteré qué era "lo peor del caso" porque oímos un ruido de llaves.
-Alexa –susurré-. Me desaparezco.
-Nos vemos, Kate.
-Hasta pronto, Oliver.
Me desaparecí al tiempo que escuché la puerta abrirse.
Esa noche no tomé la poción. No dormí. El partido contra el Puddlemere United era el viernes, lo que quería decir que forzosamente nos veríamos en aquella fecha… Y yo no estaba preparada para volver a verlo.
Entendí demasiadas cosas mientras repasaba mis recuerdos recién adquiridos.
Alicia. Todos estos años se dedicó a fingir que, como los demás, no sabía nada de lo ocurrido aquella tarde en el campo de Quidditch. Que no sabía nada de nada, de hecho. Hasta los últimos momentos me estaba fastidiando con cosas del estilo de "sabes-que-si-te-gustaba-y-no-querías-admitirlo"…
Si durante estos últimos meses la extrañé, lo que ahora sentía no tenía igual. Me gustaría preguntarle tantas cosas… agradecerle todo…
Suspiré, descartando la opción de que ella supiera que nuestro ex capitán me había borrado la memoria.
Apreté las sábanas entre mis puños. Oliver había hecho eso por mí, para que no recuerde como me había lastimado. Lo cierto es que luego me volvió a hacer muchísimo daño al no contestar cartas…
"Te hice tanto daño, Katie."
Rodé hasta quedar boca abajo en mi cama y abracé a mi almohada. Mis sentimientos hacia Oliver eran confusos. Una parte de mí estaba resentida, y otra parte de mí había aprendido algo la última semana.
"Te queda mucho por aprender, Bell. El hombre se comporta con sus habilidades igual que con su propia alma: Las desarrolles o no, la esencia siempre será la misma."
Sonará ridículo, pero esa frase me cambió la vida. Más que nada, me la dijeron en un momento que estaba susceptible al significado.
Oliver. Tan igual pero tan diferente. A veces me miraba y sabía que era un hombre, yo una mujer. A veces simplemente me sonreía y me abrazaba, y yo cerraba los ojos y nos veía otra vez frente al fuego, como los dos niños que fuimos.
Pero en el fondo de su mirada oscura, aquella llama. Aquel leve gesto de fruncir cejas que te hace sentir que examina, y que puede leer el pensamiento.
Lo cierto es que no me enamoré de Oliver porque fuese mi capitán o mi mejor amigo, porque fuese un hombre guapo o porque fuese la única persona con cierto parecido a mí que he conocido…
Me enamore de la franqueza de su sonrisa, la intensidad de su mirada, lo protectores de sus brazos, su obstinación y su humildad… Todo aquello que estaba ahí y nunca se iría. Su esencia. Algo inmutable.
Entonces ahí supe que podía pasar toda una eternidad, no pensar en el, salir con otras personas, tener hijos, y morir como si nada hubiese pasado… Pero lo que alguna vez sentí por Oliver seguía ahí, y por más daño que nos hiciésemos, jamás se iría.
La entrenadora no me había gritado. Eso era bueno. Y es que tan buen ojo tiene para el Quidditch y tan poco don de gentes…
Eso quería decir que había cumplido las expectativas, que sí había sido buena elección dejarme jugar el partido que sería el día siguiente.
-Varias publicaciones van a cubrir este evento –nos dijo a los catorce, titulares y suplentes-. Al parecer se ha filtró el rumor de que Bell y Wickham van a jugar como titulares.
Odiaba la presión resultante de que Erika se estuviese convirtiendo en una figura importante en el Quidditch británico. Denisse Wickham y yo nos miramos a los ojos. Ella la tenía peor: Había causado sensación ver a una ex cazadora de los Chudley Cannons contratada por el Montrose Magpies, mejor equipo en la historia británica y el tercero en la actualidad. Todo el mundo quería entender que vio la directora técnica en ella… y que tan Bell era mi sangre.
-No se cómo, no me interesa. Bell, es tu primer partido profesional y va a ser pesado. Tienes familia y tienes viejas amistades en ese equipo –recalcó como si necesitase recordármelo-. Y encima, tienes presión de la prensa -…gracias por recordar eso también-. Wickham…
Me desconecté en ese instante. Iba a jugar contra Erika y contra Oliver. Tanta gente que estaría ahí reunida… Mis dos entradas se las había dejado a Zacharías y a George. Angelina había comprado para ella y Fred. El Puddlemere recibía tres por jugador ya que se jugaba en su sede, y aunque no sabía bien, me imaginé que estaría mi tio Alkes, padre de Erika, mis primos Claude y Martin (de los cuales nadie de la familia había sabido nada desde la boda de Claude), Sylvia Wood, Alexa Michaels. Leanne quizás viniese cubriendo el evento con la "Bewitched"…
-…no dejar que nada las distraiga. ¿Entendido?
Las dos asentimos, yo mecánicamente.
-Vayan a sus casas y descansen. Este partido es uno decisivo.
Como no tenía la concentración en ese momento para aparecerme, tuve que confiar en la red flu para trasladarme a Belfast.
Erika ya estaba en casa, y un agradable pelirrojo con ella.
Charlie Weasley. Amigo de mi prima desde siempre y amor "secreto" también desde siempre. Ella ya no salía con nadie. Yo bien sabía que Erika y Charlie habían vivido un tiempo juntos, y se me hacía sospechoso que él hubiese decidido trasladarse permanentemente de Rumania a Reino Unido…
-Erika. Charlie –saludé-. Perdón si interrumpo.
-No interrumpes nada –El segundo de los Weasley tenía una voz agradable, divertida y ronca. Sostenía un libro pesado sobre sus rodillas, y lo señaló como para probar sus palabras.
-Katie, ven a ver esto –me llamó mi prima. Obedecí.
-¿Qué es…?
-Un álbum de fotos de nuestros padres.
Me senté al otro lado de su novio, que pasaba las páginas con lentitud. Ahí estaba mi padre, joven, con su barbilla angular y sus ojos grandes. Mi madre, con aquella belleza exótica que se difuminaba con los años. Incluso aparecía yo, como una bebe que era toda ojos.
Tío Alkes con Claude de la mano, mientras tía Janice cargaba a su hijita y tenía al otro niño, Martin, de la mano también.
Una de toda la familia, tomada en la boda de Martin. Mi abuela Marilyn estaba aguantándose con la silla de ruedas de mi abuelo Eridanus, que murió pocos meses después. Mi padre, unos pocos meses antes de desaparecer. Mi madre, diez años más joven a pesar de que no habían transcurrido ni cinco.
Yo aún con mi larga trenza. Erika un poco más delgada. Tío Altair, destacadísimo Auror, sólo como siempre y con su sonrisa de oreja a oreja. Martin y su esposa en el centro, a un lado Claude y su novia para aquella época. Claude y Marianne se habían casado mientras yo estaba interna en San Mungo.
Luego, nadie había vuelto a saber de Claude, Martin y sus esposas, y Erika y yo estábamos haciendo esfuerzos por contactarlos.
Otra foto de gran parte del clan de los Bell. Mi padre y sus dos hermanos rodeaban a una mujer muy parecida a mí, que sostenía a un pequeño en brazos. Otra a su lado mostraba a la misma mujer y a otro hombre, su esposo, también con el niño. Abajo, tres niños. Reconocí en uno los rizos de Martin y en el otro los ojos miel y cabello rubio de Claude.
-¿Quién es ésta?-señalé a la mujer. Era una Bell, eso es seguro.
-Tía Norma. Auror. Ella, su esposo e hijo murieron al comienzo de la primera guerra. Fue hermana de nuestros padres. Su esposo, Ulises, y su hijo Sean. Murieron cuando el bebé tenía dos años.
Háblame de tías y primos que no sabía que tenía.
-¿Tu padre también fue Auror?
-Me decepcionas, Charlie. Jugador estrella de los Arrows por muchos años.
-Oh, cierto. Lo había olvidado. Parece ser que todos los Bells tienen dos futuros posibles: O Aurores o jugadores de Quiddich –rió Charlie, expresando mis pensamientos en voz alta.
-Claude y Martin no jugaban Quidditch y no eran Aurores tampoco…
-Lo sé, cielo –me cortó mi prima-. Por eso es que es que no pierdo la esperanza de encontrarlos.
-Todo va a estar bien, Katie. Tranquilízate.
Acababa de poner a Zacharías al día en cuanto a los más recientes acontecimientos referentes al ahora guardián titular del Puddlemere United. Su único comentario había sido "Ese hijo de mala bludger…"
Yo no pensaba igual. Él había hecho todo eso por protegerme. Aún quedaban preguntas sin respuesta, pero lo que Oliver estaba sinceramente arrepentido… Y todo lo que quería saber jamás lo sabría, porque la persona que me podía responder estaba muerta.
-Sube, Zach, y disfruta del partido. Te juro que estoy bien.
Mi amigo sonrió antes de obedecerme. George, Fred y Angelina ya habían llegado, y subido directamente.
George la estaba pasando realmente mal. La muerte de Alicia se había llevado gran parte de nuestras vidas. Creo que nos entendíamos mejor de lo que jamás íbamos a expresar.
-¿Lista, Bell? –Roderick Murray, nuestro capitán y buscador, me preguntó.
-Más que nunca.
-Ponte las túnicas entonces, que vamos tarde.
Me reí. Ese hombre siempre lograba ese efecto en mí. En unos minutos estuve portando el blanco y negro distintivo de mi equipo.
Y ahí mi corazón comenzó a latir a mil por hora. No era lo mismo estar sentada en la banca de la reserva a que salir volando de una con la escoba. Y no en túnicas oro y escarlata. No en verde manzana y caoba. En blanco y negro, las túnicas que por tanto tiempo soñé con usar…
Lo siguiente que supe era que acababa de escuchar mi apellido nombrado por el comentarista, y que había salido volando haciendo el ritual inicial típico del los Magpies. Salíamos los siete jugadores volando, haciendo maniobras, conjurábamos chispas detrás de nosotros que formaban un a urraca de miles de veces el tamaño natural. Ésta volaba detrás de nosotros, primero alrededor del campo y luego hacia arriba, para explotar en un juego de fuegos artificiales.
La presentación del Puddlemere, en cambio, no era fija. Esta vez, cada uno conjuró un trazo de chispas doradas o azules detrás de sí, y se iban entrelazando formando espirales y cadenas, que se materializaban y caían en forma de confeti sobre el público.
Luego estuvimos todos en el centro, formados. No miré a Erika, ni a Oliver. Sabía que si miraba a mi ex capitán podía ponerme a temblar ahí mismo.
-¡Varitas al centro! –gritó el arbitro. Catorce varitas estuvieron en sus manos antes de que pudiese decir "accio".
Un silbato. La quaffle en el aire, la snitch y bludgers liberadas y todos los demás a sus posiciones.
-Voy a vomitar, Denisse. Juro que voy a vomitar.
Estaba acostada en un banquillo de los vestuarios.
-Esa bludger te dejó mal.
Una bludger me había golpeado en pleno estómago. Me había dejado sin aire y, a juzgar por el dolor, tenía algún tipo de fisura en una de mis costillas.
Aún así había seguido jugando hasta el final, tratando de dar lo mejor de mí. Era mi oportunidad de demostrar por qué era una Magpie.
Lo curioso con los Magpies es que casi todos sus jugadores habían sido seguidores del mismo antes de ingresar. En eso se basaba la solidez del equipo: Magpie una vez, Magpie para siempre. Quienes entraban solían quedarse con el equipo hasta el retiro.
Habíamos ganado. 210-60. Tener a Roderick Murray como buscador significaba ganar el ochenta por ciento de los partidos. Y en cuanto a cazadores y golpeadores… vamos, que nada tenía que ver con el Quidditch a nivel escolar que hasta ahora había jugado.
Gracias a Merlín fue un partido rápido. No duró ni una hora. La quaffle se mantuvo más pasando de mano en mano que intentando colarse por los aros, como debía ser.
Y yo había podido contra Oliver y mi prima.
-¡Abran paso!. ¡Abran paso¡Bell! –Oí los gritos de la entrenadora-. ¡Bell!
-Uno de sus ataques de histeria… -murmuró Denisse.
Traté de incorporarme, pero la presión dolía y opté por quedarme acostada. Pronto apareció la entrenadora, un par de sanadores detrás y pude vislumbrar tras la puerta a una horda de fanáticos antes de que la misma se cerrara.
-¿Te sientes bien?
-Evidentemente no –dijo Roderick, que también estaba ahí. Él era el papá del equipo, por así decirlo. Casi treinta años mayor que yo, que era la jugadora más joven, y diez mayor que quien le seguía en edad, Alasdair Maddock. Había alcanzado la edad de retiro hace tiempo, pero aún se mantenía en buena forma y jugando mejor que nunca. Se corría el rumor de que pronto tanto él como Alasdair abandonarían en menos de dos años.
Bueno, Alasdair estaba a un juego de ser despedido. Eso pocos lo sabíamos… Era un jugador magnífico, pero cada vez carecía más de sentido común.
-Muy tonto seguir jugando así, Bell. Muy tonto –me recriminó la directora.
A veces me daba la sensación de que yo la decepcionaba. Otras de que la enorgullecía. A veces sentía que me iba a sacar del equipo en seguida, otras que me quería ahí de por vida.
-Tiene una fisura –indicó el paramédico. Un toque de varita y estaba como nueva.
-Nada demasiado grave, por lo visto –noté.
-No, pero es peligroso que sigas jugando si te hiciste daño –recalcó Denisse.
-Una profesional, Bell, tiene que saber distinguir cuando puede seguir y cuando no…
-¡Ahí podía seguir! Incluso metí un gol en ese estado.
-¡Ese es el espíritu! –bromeó Roderick.
-Rod, cállate antes de que la mujer te mande con la horda de fanáticas histéricas –previno nuestro guardián.
-Qué va. Las nenas de esta época solo quieren ver a ese Wood que juega con el Puddlemere. ¡Cómo extraño ser joven!
-Wood es bastante guapo. No las puedes criticar –defendió Denisse.
-Pero no es ni la mitad de buen guardián de lo que son los nuestros.
-No, pero llegó a titular casi en seguida –murmuré yo con sorna, y luego subí la voz-. Es bueno. Era el mejor en Hogwarts en nuestra época, y si yo pude burlarlo tres veces hoy es porque jugué contra él cuatro años seguidos.
-Bueno, ya, no estamos para hablar del Puddlemere sino de nosotros –dijo la entrenadora antes de enfrascarse en charlas dignas del profesor Binns-. Comenzando por ti, Bell… -Sonrió. Me sorprendí-… Ese es el espíritu.
-Increíble, Kate. ¡INCREÍBLE!
Mi prima se lanzó a mis brazos apenas me vio. Yo la abracé de regreso, halagada.
Detrás de ella estaba Oliver con Alexa. Ambos sonreían.
-No puedo creer que hayas seguido jugando después de que esa cosa te golpeó –comentó la mujer, intentando que esto fuese un elogio. Para mí las bludgers eran algo normal, aunque ciertamente tenían el hábito de golpearme en los peores lugares y en los peores momentos.
-Ella siempre fue así –corroboró mi ex capitán-. Una vez la golpeó una en la nuca…
-Cómo olvidar, fue mi primer partido en Hogwarts.
La entrada a los vestuarios se había llenado cada vez más de gente, en concreto todos aquellos que tenían pases otorgados por los jugadores. Todos estaban ahí.
-Mejor cada día –Sonrió Angelina-. Deberías unirte a los Harpies…
-Magpie una vez, Magpie para siempre –recitó Zacharías, rebatiéndola.
-Pero solo entre las Harpies se ve que una mujer aguante el dolor así…
-Lo acabamos de ver en los Magpies.
Ya no escuché más porque reconocí a un hombre ya algo mayor unos metros más allá, viéndome.
-¡Tío Alkes! –Parece mentira, pero no lo había visto desde meses antes de irme a Colombia.
-Cada día te pareces más a tu padre –Se acercó y me saludó con un calido pero breve abrazo.
-A mí se me asemeja a Helena –discutió Erika.
Un escalofrío me sacudió. Hubiese dado mis túnicas de los Magpies por ver a mis padres en ese momento.
-¿Cómo sigue tu madre?
-Bien, creo. Tengo planeada una visita en Navidad. ¿Qué haces aquí?
-Haciendo lo que Rigel haría. Sabes que él estaría muy orgulloso de ti.
Se me retorció el estómago al oír hablar de él así. Sentía ojos clavados en mí y la sensación de náuseas no se iba.
-Tengo ganas de irme. ¿Qué tal si vamos a algún lado a cenar juntos?
Quien iba a imaginar que hace unos meses estaba sola en mi casa, rogando por compañía. Ahora me rodeaban casi todos aquellos a quienes amaba.
En el sofá, Erika y Charlie, al igual que Angelina y Roger, simplemente hablaban. Leanne estaba con los gemelos de cabezas juntas en una esquina, casi recordándome aquellos días en Hogwarts donde planeábamos travesura tras otra.
Adoraba ver el rostro de George más iluminado.
Oliver y Alexa estaban sentados en la mesa, a punto de caramelo. Trataba de no mirarlos demasiado. Sylvia y su novio, encerrados en el cuarto de Erika (yo había prohibido la entrada al mío).
Zacharías estaba en el mismo plan que yo, es decir, examinando a todas las personas del lugar con una sonrisa poco característica de él. Al contrario que a todo el mundo, la muerte de sus familiares cercanos (su madre, en este caso) lo había ablandado y hecho más humano.
Pero lo mejor no llegó sino hasta mucho después. Una figura alta y gruesa apareció en la chimenea, dejando a los ocupantes del sofá sorprendidos.
Yo misma estaba a punto de reclamar la intromisión, o preguntar al hombre si se había perdido, o simplemente echarlo de ahí, pero algo me detuvo: Leanne sonreía. Ella conocía a ese hombre.
Lo observé mientras él hacía lo mismo con la estancia. Muy masculino. Nariz chata, ojos ligeramente almendrados. Labios gruesos, piel morena y cabello negro, más largo y alborotado de lo decente.
Nuestros ojos coincidieron en un punto dado, y fue ahí que reconocí al hombre.
-¡DAMYAN!. ¡DAMYAN!
Corrí desde donde estaba y me lancé sobre él, quien me aguantó por la cintura y me sostuvo unos cuantos centímetros por encima del nivel del suelo.
-Qué bien te vez –Fue su forma de saludarme. Merlín, no me había dado cuenta de toda la falta que me hacía.
-Merlín, Damyan. ¡Como te he extrañado!
Me dejó en el suelo y me sonrió. Luego vino también Leanne a saludarlo, y poco a poco la gente que le conocía nos rodeó.
-…Fue idea de George. Te notó tan apagada y molesta…
-…contactar con Damyan fue un verdadero dolor de cabeza. Hasta que entendió la idea…
-…tenía pases, perro tuve prroblemas con el trrasladorr…
-No importa, nada de eso importa –Sonreí-. Muchísimas gracias a todos por todo. No merezco amigos tan buenos.
-No seas tonta.
-Así que tú eres Damyan.
Esta no podía ser una buena idea, me dije, mientras el inconfundible acento y olor de Oliver llegaba a mis oídos.
-¿Y tú quien erres?
-Oh, perdón, no los presenté. Damyan, el es Oliver, mi capitán de cuando estaba en el colegio… ¿Recuerdas que lo mencioné alguna vez?
-Recuerdo –asintió el búlgaro, estrechándole la mano a Oliver.
Esto no es bueno, me insistí. La frialdad de Damyan irradiaba desagrado, y la expresión de Oliver curiosidad. Era como el nene que se enfrenta a un asesino en serie pidiéndole caramelos.
-¿Algún compañero de escuela? –preguntó Alexa.
-Gran amigo mío –respondí yo-. Damyan, Alexa. Alexa, Damyan.
Pasamos un buen tiempo hablando de cualquier cosa. Luego, prácticamente lo secuestré. Me lo llevé a mi cuarto y nos pusimos al día con respecto a todo.
"Gano buen dinerro, me gusta mi trrabajo..."
"…acomodada. Esta casa fue de mi padre, un Auror que murió en la guerra."
"…ya no es lo mismo. Ahorra los magos ingleses están más frríos, como en Bulgarria…"
"…Entre el veinte y treinta por ciento, Damyan. Uno de cada cinco murió en la guerra."
"Les quitó a todos algo de lo que amaban."
"…todos conocemos a alguien. Roger quedó huérfano, A George se le murió la novia y dos de sus hermanos, a Zacharías la madre, a mí el padre, a Leanne el novio…"
"...ese Oliverr tiene suerrte de que vives. Tiene suerrte de tenerrte aunque no lo sepa"
"…Oliver. ¿Puedes creerlo? Llevo como que… toda mi vida obsesionada…"
"…mala espina. Tiene a esa novia perro no deja de mirrarrte."
"Se quieren. Me duele, me molesta, pero la verdad es que se adoran y tengo que aceptar que estoy fuera de sus intereses"
"…tonta. Katie, erres todo lo que un mago de mi edad puede querer"
Y como era de suponer, terminamos tumbados en mi cama intercambiando algo más que palabras.
-Bell, quisiera tener un par de palabras contigo.
La sesión de entrenamiento estaba siendo más agotadora que de costumbre, aunque al haber pasado un mes del partido contra el Puddlemere United estaba agarrándole el hilo. La directora técnica había insistido en reforzarla viendo que los más jóvenes, el buscador de reserva y yo, aún no alcanzábamos el nivel que ella quería.
Así que el hecho de que quisiera tener palabras conmigo me preocupaba un poco. Desde que entré al equipo había mejorado, pero no parecía ser suficiente. Nunca sería suficiente.
-Es muy interesante lo que dicen de ti los medios.
-Se me olvida que usted lee la Bewitched –No me pude contener. Cierto, respetaba a la mujer, pero a pesar de lo estricta que era, se podía bromear con ella.
Dejó escapar una risa. Ya no era tan terminante y no parecía odiarme la mitad de lo que aparentaba los primeros días.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Tres equipos me llamaron después de una entrevista que le hicieron a Erika Bell, en la que me mencionó. Tres. Así que tuve que asumir que tres directores técnicos leyeron ese artículo.
Volvió a reír. Su risa era enervante. Me hacía sentir demasiado menor a su lado, como cuando era una niña y mi mamá hablaba de "cosas de adultos" con alguna amiga suya.
-Cada año, los mejores jugadores egresados de Hogwarts son disputados, por así decirle, entre ciertos equipos, dependiendo de los cambios de formación que quieran hacer y de las cualidades individuales de la persona. En cada generación vas a ver a uno o a dos entrar en filas de algún equipo. A ti en particular, por el status de celebridad de Erika, muchos te tenían el ojo echado desde el año antes de que salieras de Hogwarts.
Dime algo que no sepa, pensé. Si no lo dije era porque no quería ser irrespetuosa y porque, de hecho, esta mujer sabía muchas cosas de las que yo no tenía idea.
-La historia de ustedes dos es bien conocida. Todo el asunto de que fuiste su aprendiz, de que entraste en el equipo de Gryffindor en tu segundo año, de que sacaste lo mejor de ti esos años… Más de uno estaba pendiente a ver que pasaba en tu último curso. Una vez uno de mis representantes te describió como lo que le hacía falta a este equipo y comencé a interesarme.
Recordé que una vez, hablando con Angelina, ella me comentó que un representante de los Magpies había venido a verla jugar, pero que no le habían llamado.
-¿Pero cómo supo quien era? –fue mi mayor duda.
-Porque conocen a tu prima, cómo más.
Prácticamente tengo que agradecerle a Erika toda mi carrera. Pasa mucho, agarran a parientes de gente famosa por publicidad y por ver si el talento se hereda…
Mentí. No solamente tengo que agradecerle a Erika… Fue Oliver quien siempre supo sacar lo mejor de mí. Y mi padre, que siempre estuvo alentándome a decir la verdad, y a continuar con aquello que realmente amaba. Y vamos, lo heredé de él.
-Pero luego, Bell, estuviste un año interna en San Mungo…
-Ocho meses.
-Como sea, pero los equipos se quedaron con ganas. Ninguno de tus compañeros fue llamado a jugar profesionalmente ese año.
Me acordé de Zacharías y de lo buen jugador que era. ¿Eso no les bastó?
-Y luego… desapareciste. Nadie supo qué hiciste hasta que tu prima soltó esas palabras en la entrevista –Tomó una de las hojas que yo sostenía-: "No fui capitana nunca, pero tuve desde pequeña una aprendiz, mi prima Katie. Tiene diecinueve, acaba de terminar sus estudios en el exterior y regresó a Reino Unido hace pocas semanas."
Recordaba eso. Se había hecho en mi presencia, después de todo.
-Eso no fue casual y ambas lo sabemos. Esa fue su forma de decir "para todos aquellos que se quedaron esperando por Katie Bell, aquí está, apta para jugar" –Hizo una pausa. La miré con cierta admiración. Me recordaba a Stella Arlens en astucia y en como sus ojos brillaban con cierta malicia-. Nunca supe que otros dos equipos te habían llamado. ¿Cuáles fueron?
-Los Arrows, que tuvieron a mi tío Alkes y se quedaron con ganas de Erika, y el Puddlemere United, que tiene a Erika. Y yo siempre fui una gran fanática de los Magpies –sonreí de lado.
-Pues sí, yo me acordé del par de cosas que sabía de ti a la hora de quererte en nuestras filas. Justo Hodgins había tenido ese accidente que lo inhabilitó temporalmente… Y después de verte volar me impresioné. No tienes un talento natural, pero lo que has logrado sin él hace tu forma de jugar más valiosa.
Silencio largo. Sonreí, sabiendo que debía agradecerle.
-¿Me llamó para decirme eso?
-No… de hecho, queda poco tiempo. En resumen, algunas publicaciones dicen que estas por dejar a los Magpies y sería bueno que desmientas eso. Lee estos artículos.
"…Se la ha visto varias veces en público con un hombre búlgaro estas últimas semanas…"
" '…Zhivko, y fue con ella al baile de Navidad que se celebró en Hogwarts por el Torneo de los Tres Magos' declaró Stella Arlens, una modelo que dice haberla conocido."
Sonreí sinceramente. Casi se me hizo grato leer el nombre de mi archirival en épocas de colegio. Algunas tardes aburridas hasta extrañé no tener con quien discutir por razones tontas…
"…cada vez más. ¿Dejará esta jugadora promesa a su equipo por un amor de tantos años?"
"Los que la vieron jugar contra el Puddlemere United tiemblan. Los Magpies necesitaban sangre dura como la suya, pero se ve que es más blanda de lo que se creyó al hacerse cada vez más evidente el hecho de que su corazón reside en Bulgaria y pronto el resto de su cuerpo también"
Reí. Reí tan alto que muchos de los que aún estaban en el aire me vieron sorprendidos.
-Antes de que te invadan vociferadores, deberías aclarar eso. Rita Skeeter no es muy condescendiente, y me parece que esta modelo de la que hablan tampoco… y fanáticos histéricos menos.
-No debí procurármela como rival en mis años de escuela. Vamos, eso se arregla. Tengo contactos.
-¿…En la Bewitched?
-…En la Bewitched –afirmé, aún entre risas.
La mujer sonrió con sinceridad, no superioridad, por primera vez en toda la conversación.
-Realmente tienes sangre dura. Sangre Bell, diría yo. No creo que lo sepas, pero el anterior director técnico, mi padre, le tenía el ojo echado al tuyo. Tan buen volador como Auror, tan brillante como su solo nombre. Nunca crucé más de dos palabras con él, pero te puedo asegurar que todos los que lo conocimos lamentamos su desaparición.
"Leanne:
No sé cómo llegaron todos esos rumores a todos lados, pero te ruego te encargues de decir la verdad. Sí, estoy con Damyan. Sí, es el búlgaro con el que fui al baile de Navidad. No, jamás abandonaré al Montrose Magpies por nada ni nadie. Es mi sueño de vida.
La verdad, pese a que trato de sonar seria, me causó mucha gracia. Me estuve riendo con mi entrenadora un buen rato, aunque ahora, después de algunos cuantos vociferadores diciendo que 'como se me ocurre abandonar al mejor equipo de todos los tiempos por un hombre…' ya sabes.
Me tengo que ir porque estoy agotada. Hablamos.
Besos,
Katie M. Bell"
-No puede serr verrdad.
-Aquí inventan cada cosa…
Damyan tuvo la misma reacción que yo: Arrancar a carcajadas.
Llevábamos cerca de mes y medio saliendo. Skeeter lo hizo notar, luego Stella Arlens declaró que nos conocíamos por el baile del Torneo y ahí salieron las demás conjeturas.
Mi relación con él… Era algo extraño. Lo quería más que como se quiere a un amigo, pero no tanto como a Oliver.
Yo tenía la necesidad de olvidar a Oliver, y cuando estaba con él lo lograba. Cuando estaba con Damyan, no pensaba en mi ex capitán. A veces que me quedaba admirada entre lo diferentes que podían ser, pero no era que cuando lo besaba pensaba en Oliver ni nada del estilo.
Y sabía que Damyan sentía prácticamente lo mismo. Hubiese dicho que nuestro lazo era uno que no iba mucho más allá de la atracción física de no ser porque éramos compatibles de cierta forma. Él era un impulso demasiado fuerte, y yo me dejaba llevar a donde él quisiera, que podía ser cualquier extremo existente. Confiábamos el uno en el otro ciegamente. Y él le daba cierta emoción y salida de la monotonía a mi vida.
-Entiendo lo de que tú y yo comparrtamos… ¿Cómo dijiste?
-"Un lazo de amor eterno e incondicional, que salta barreras como distancia, edad y hasta idioma" –recité casi de memoria, sonriendo.
-…Eso. Perro… ¿Qué vayas a Bulgarria? Si yo quierro quedarrme aquí… Y tú jamás dejarrías a tu equipo.
-A todas estas, Damyan. ¿Por qué te quedas? Creí que amabas Bulgaria con todo tu corazón, y tienes a tu familia y amigos allá.
-Desacuerrdos con mi Ministerrio. Corruptos.
-Aquí no son mejores… -suspiré.
-Y aquí te tengo a ti.
Sonreí mientras le daba un pico que él no tardó en profundizar.
"Katie:
Lo sé. Los lectores simplemente quieren chisme, chisme y más chisme. No estoy a cargo de la sección de chismes, pero como esto es algo de tu puño y letra… veré que hago. La edición de esta semana sale en tres días.
Tranquila. Yo sé que jamás dejarías a tu equipo. Ya me iba a encargar yo de hacerlo claro, pero necesitaba confirmación de puño y letra. La exigen cuando no es un chisme sino un dato… para que veas, es algo más serio de lo que creerías.
Katie, te tengo que contar algo… te va a dar un infarto. La próxima vez que nos veamos¿está bien?
Te quiere,
Leanne"
Una noche llegué a mi casa después de haber salido con Damyan, aún riéndome de lo absurdo de la situación recién vivida. No la encontré vacía. Ni con Erika, que ahora casi nunca estaba en casa. O Charlie. O ambos, que se pasaban más tiempo juntos que separados a estas alturas. Ojo, que conste, no eran novios (nótese el sarcasmo).
-Oliver –saludé con cierta sorpresa-. ¿Qué…?
-Al fin. ¿Qué te entretuvo tanto?
-Damyan y yo acosados por una reportera histérica. Nos desaparecimos a tiempo.
-Cierto, si tomas parte en la sección de chismes de casi todas. Una estrella, te estás volviendo. Un vociferador estalló mientras no estabas.
Su forma de hablar se me hacía muy diferente a como él era siempre. Estaba siendo demasiado directo, demasiado frío. Demasiado Damyan.
Fruncí el entrecejo.
-¿Se quieren, Katie?
La pregunta fue como una daga clavada por la espalda. ¿Quería a Damyan?
...Nunca había podido mentirle a Oliver, él lo sabía.
-No lo sé. Trato de quererlo. Y él igual a mí. Supongo que sabemos que nos convenimos el uno al otro…
Se paró para encararme.
-Él no te conviene.
-No vas a comenzar con el cuento de que es demasiado mayor¿o sí?
Dio dos pasos más hacia mí. Quedamos frente a frente, mirándonos de forma desafiante. Aún así sabía que algo estaba mal en él.
-No te quiere, no te respeta. Yo te quiero más de lo que él jamás te va a querer… Él no te conviene.
-Qué romántico… un momento –me interrumpí. Traté de captar un olor en el aire cerca de mí, mientras clavaba mi mirada en los ojos extrañamente enrojecidos de mi ex capitán. Pronto se hizo evidente-: Oliver, tú estás borracho. No sé para qué tomas si la única persona que soporta el licor peor que yo eres tú.
-Un vaso de brandy todas las noches. Aunque esta vez quizás me pasé y fueron dos… Alexa no llegaba, me aburría y decidí pasar a visitarte.
Me enojé. No sabía por qué estaba así. Odiaba ver a Oliver dominado por la bebida. Algo dentro de mí creía que él era más fuerte que eso, y ese algo se acababa de quebrar. La mención de su novia solamente ayudaba a acrecentar más mi enojo.
-Muy amable de tu parte, pero creo que deberías sacar tu ebrio trasero de mi casa y dejar que tu Alexa te atienda.
Un paso más. Su rostro demasiado cerca del mío como para ser sano. Respiré hondo.
-Él no te conviene.
Negué con la cabeza, sin despegar mi mirada de la suya. Se le veía confundido, algo aturdido por los efectos de la bebida.
-Tu actuación barata de hermano mayor no me conviene. Vete, Oliver, antes de que me enoje.
"Katie:
Ayer actué como un imbécil. Perdóname. Estaba ebrio, tienes razón.
Me gustaría compensarlo invitándote a degustar las maravillas culinarias de Alexa mañana en la noche. Espero que tu ira haya calmado y que realmente, me permitas disculparme.
Te quiere,
Oliver"
Me recibió un Oliver sereno, diciéndome que Alexa no tardaría. Yo fui directo al balcón, con él detrás de mí.
-Universidad. Ya sabes –se excusaba-. Muggles sobrecargados de trabajos, entregas y exámenes a la edad de veintidos años. Menos mal que es su último año de carrera.
-Me lo imagino –Sonreí.
Nos quedamos en silencio. Me apoyé contra la barandilla, admirando la vista. Oliver seguía a mis espaldas.
La verdad era que el incidente de la otra noche fue eso, un incidente. Sabía que probablemente Oliver sí pensaba lo que dijo, mas la forma de expresarse no había sido la correcta.
-¿Cómo te va con Damyan? –preguntó. No era el tono acusativo que usó la noche que estaba ebrio.
-Bien, bastante bien…
-¿Segura? –Caminó hasta quedar a mi lado-. Temo ser demasiado insistente, pero no creo que te convenga. Y hoy estoy sobrio.
Reí. Cómo le conocía de bien. Ya podía lidiar con este Oliver. Estaba actuando muy parecido a cuando se enteró de que me gustaba Roger, aquellos viejos tiempos. Aquellas veces donde Oliver y yo éramos mejores amigos. Donde todo parecía ser perfecto.
Cómo lo extraño, pensé. Cuánto lo quiero.
-No eres el primero en decirlo. Zacharías está que trina.
-¿Y Erika?
-Ah, ella sí está encantada. Te digo, me estaba queriendo buscar novio desde hace tiempo. Y como ella misma está mucho tiempo con el suyo…
-¿Tiene novio?
-Está muy cariñosita con Charlie Weasley. Más que de costumbre –añadí-. ¿Por qué crees que no me conviene?
Aún tenía grabadas en mi mente sus palabras de la otra noche: "no te quiere, no te respeta"
-No sé… No es una persona para ti –Frunció el entrecejo-. Tú eres demasiado frágil y él demasiado violento.
"Yo te quiero más de lo que él jamás te va a querer…"
Quizás sólo fui a su casa ese día para averiguar por qué había dicho eso. El que no hablase del tema indicaba que nada más había estado algo bebido, porque dos copas en lugar de una le hacían desde siempre un efecto insospechable. Esa había sido una forma de tratar de probar su punto, que Damyan, según él, no me merecía.
-Yo no soy frágil.
Él sonrió y me vio con ternura. Mi corazón se aceleró tanto que temí comenzar a temblar. Mis puños se aferraron más fuertemente a la baranda.
-Katie, no me trates de ocultar a mí las cosas. Han pasado muchos años, has cambiado algo, pero sabes que te sigo conociendo mejor que nadie.
Sonreí de regreso, algo abstraída. Lo alarmante de la situación era que estaba en lo cierto, así que simplemente opté por volver al tema anterior.
-Damyan es una persona muy distinta de cómo la gente lo ve. Saca a relucir su don de gentes solo cuando quiere, y en general es algo cerrado porque, bueno, su mejor amigo es una celebridad y nadie lo aprecia por ser él… supongo que supe ver en Damyan algo que nadie más ve –Sentí que Oliver me miraba a los ojos, así que regresé mi mirada a ellos y la dejé ahí-. Y él vio algo en mí que nadie más supo ver. Creo que ni yo lo veo.
Oliver apartó su mirada.
-¿Es verdad que él fue tu cita para el baile de Navidad?
-Sí… es una historia larga y complicada –Sentí los músculos de mi rostro relajarse y mi gesto suavizarse al recordar. Había sido tan divertido. Hacía un par de semanas, Damyan y yo habíamos estado en Hogsmeade recordando el día en que me pidió para ir al baile.
-Ojalá… ojalá yo hubiese estado en Hogwarts en esa época. Hubiese ido contigo, definitivamente.
Su voz temblaba. Fruncí el entrecejo.
-Oliver…
-He estado pensando demasiado en todos aquellos errores que cometí. En especial contigo. Nunca me perdoné el haberme permitido perder a alguien tan importante para mí por ser irracional, orgulloso y egoísta.
Una frase dicha por Alexa retumbaba en mi encéfalo. "Cuando conocí a Oliver, era una persona muy cerrada, con demasiados demonios."
Oliver había sufrido por mi causa. Cuando yo le conocí jamás le persiguieron demonios, era franco, abierto y alegre. A Alexa le tocó intentar reparar a un Oliver destrozado.
A Alexa le tocó conocer a un Oliver cambiado. No había que ser genio para darse cuenta que la franqueza y la intensidad que algún día lo caracterizaron estaban enmascaradas por una coraza. Seguían ahí, pero él se había vuelto hasta algo misterioso. Más cerrado, más serio, más maduro.
-Mírame a los ojos –dije, y obedeció-. No lo sientas. Éramos unos niños. Ya todo pasó. Deja de torturarte con cosas que no tienen importancia.
Excelente. Merezco un Oscar a la mejor actuación.
-Supongo que tienes razón –Su voz sonaba ansiosa, melancólica. Alguna vez le oí hablar así, no recuerdo cuando. Aun así, contra todo pronóstico, una sonrisa afloró su rostro-. Alexa ha sabido tolerar tanto todo esto, y ha sabido estar ahí de tal manera…
No se cómo no le vi venir. Y más aún…
-Katie, sé que es una noticia un tanto extraña, pero le pedí matrimonio ayer en la noche. Nos casamos en Junio, cuando se gradúe.
Notas: Perdón la tardanza. Je. Como casi todas las veces. Soy muy, muy, muy, muy mala n.n
Creo que en este capítulo Oliver es más transparente de lo que fue en todo el fic. Creo que se distingue, sin que se escriba, que pasó por su cabeza en cada momento. Irónicamente, Katie está tan cegada por sus convicciones que simplemente no sabe verlo. A veces es toda una odisea escribirla.
El fic se ha extendido mucho más de lo previsto. Este capítulo y el anterior no abarcan casi espacio en la línea de tiempo, y eso que traté de que fuese así… Creo que queda más de lo que le preví a la historia (apunté los hechos que ocurren en los capítulos que quedan y son como tres o cuatro mas una especie de epílogo)
Me he dado cuenta de que estoy demasiado humana con respecto a mis personajes… Extraño tanto a aquellos que nunca volveré a escribir en el universo FELP…
Incluso miro con cariño el tan detestado-por-mí capítulo siete (lo acabo de releer y me sube el autoestima notar que no es TAN grave… tiene un par de escenitas, o "fotos" como las llamo yo en este fic, completamente salvables.) donde la mayoría simplemente no vuelven a aparecer.
Nuevamente a todas, gracias por su apoyo. No pensé que iba a tener tanto en un principio, y no saben como me animan a seguir escribiendo.
¡Se les quiere!
Kayi.
