Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.

-¡¿Qué?!

Lo miré, incrédula. Oliver Wood no es del tipo de hombres que parecen querer casarse.

-Veo que te alegras por mí –murmuró con sorna, una sonrisa indicando que esperaba mi reacción.

Inventa algo. YA.

-Me alegro por ti. Por supuesto… Pero… no se, no me la esperaba.

Antes de que yo pudiese horrorizarme más, la puerta se abrió revelando a una Alexa radiante. No sonreía, pero al ver a Oliver sus ojos brillaron el doble, y él se levantó a su encuentro.

Volteé la cabeza para no ver, pero sabía que se estaban besando.

-¡Katie! –La voz sorprendida quería decir "¿y no me vas a saludar?"

Yo sonreí de la mejor manera que pude y la abracé. Ver su rostro radiante me hizo sonreír en reflejo. Por ella sí que estaba feliz, Oliver era un buen hombre y la quería.

-Oliver me acaba de contar. Felicidades.

Cuando nos separamos pude ver que sonreía.

- Katie, hay muchas cosas de las que quiero hablarte.

Fruncí el ceño, pero rápidamente traté de adoptar una actitud normal. ¿Desde cuando Alexa me trataba como lo hacía Leanne en nuestra época de estudiantes?

-Hay tiempo.

-No, salgamos de compras. Verás… Va a ser una boda al estilo mágico, y confío en que tú hayas estado en alguna…

Yo no era de las que mueren por salir de compras. No voy a negar que a veces, cuando tenía día libre, secuestraba a Leanne y nos íbamos por ahí. Pero era ésta una sesión de compras a la que no le tenía entusiasmo.

-Ya cuadraremos.

-Perfecto.

Caminó hacia la cocinita, que estaba en la misma estancia. Abrió un armario, sacó un par de cosas e hizo lo mismo con la nevera.

-Y cuéntame… ¿Sigues saliendo con el extranjero?

-¿Con Damyan? Claro.

-¿Es verdad que ustedes dos llevan una relación…?

-Lo que hayas leído en cualquier revista probablemente sea mentira. Fuimos juntos a un baile que hubo y salimos seis meses más. Y luego sí, nos escribimos, pero no llevamos la "relación vía carta" que se dijo en varias revistas. Ni nada del estilo. No sentimos el uno por el otro amor eterno ni nada así.

-Es extraño, porque salían entonces y apenas llegó, ustedes comenzaron a salir…

Esta mujer era novia… prometida de alguien acosado por la prensa rosa. ¿Realmente podía saber tan poco?

-De hecho eso de que comenzamos a salir también fue invento. Nos comportamos como pareja. Esa te la dejo. Pero es más cerca de ser una amistad que "amor eterno".

Yo siempre me reí de la idea de "amor eterno". Era un reflejo, quizás cosa de tener padres separados. Y aquí estaba yo, diciéndole eso a la mujer de ojos grises, pero con los míos fijos en unos negros, cautivada por su emotividad.

-Y la verdad es que… Es más sencillo decir que salimos que explicar todo esto. Ya moví hilos y sé con seguridad que esto será aclarado. Pero… no, ni siquiera me quiero molestar en pensar ahora qué les voy a hacer si toda esta discusión sale en prensa… -Bromeé, pero quería que quedara claro mi punto.

-Katie, yo sé como se siente. Jamás te vendería –dijo Oliver con una sonrisa irónica.

-Igual por mi parte, es bueno saber que confías en nosotros.

Hablando de a dos. No como individuo.

Estuvimos un rato más en silencio, interrumpidos por los pasos y las acciones de la cocinera. Miré a Oliver, que estaba recostado en un sofá. Él también me miraba con una expresión distante, y a la vez…

-Katie¿Me quieres pasar los vasos?

-Voy… -respondí ausente, sin romper el contacto visual. Sentía que estaba siendo completamente transparente. ¿Podía ser que Alexa no notara la forma en que mis ojos no abandonaban los de su prometido?

¿Podía ser que él mismo no lo notara?

Quizás sí. Mis ojos encontraban a los suyos frecuentemente. No me molestaba ni siquiera en disimular.

Qué más da. Igual ya no importa.

En algún momento tuve la ilusión de que podríamos estar juntos. Hacía tan solo un par de noches me había dicho que él me quería más de lo que Damyan jamás me iba a querer… Me había besado hacía algunas semanas…

Pero el compromiso sacudió cualquier estúpida ilusión que yo me pudiese formar.

-¿Qué van a querer de tomar?

-Alguna gaseosa está bien –respondió Oliver.

-Lo que sea –me encogí de hombros-. Deja te ayudo. ¿Dónde quieres que…?

-No seas tonta, Katie. Déjame atenderte.

La actitud amigable de la mujer me hacía sentir peor: Cualquier cosa que yo hubiese querido para mi futuro implicaba hacerle daño.

Suspiré y me dejé caer en un sillón frente a Oliver, ahora sin verlo. Cerré los ojos y apoyé mi cabeza contra el respaldar, deseando que todo esto fuera un sueño. Una…

pesadilla. Calor. Busco una mano, un auxilio…

Abro los ojos abruptamente. Una mano de Oliver está sobre mi brazo y eso me hace sacudirme en un escalofrío. Comprendo que llegué a quedarme dormida, lo cual se entendía por el arduo día de entrenamiento que tuve hoy.

-Kate, Al nos llama para comer.

Trato de calmar mi agitada respiración, observando con ojos débiles la actitud firme de mi ex capitán.

-¿Estás bien? –susurra después de unos segundos.

-Sí… -miento-. Solamente un poco cansada.

-Parecías estar teniendo una pesadilla –sonríe de medio lado, ayudándome a levantarme.

Era impresionante como no podía mentirle a Oliver.

-Siempre que duermo sin tomar una poción para dormir sin soñar tengo pesadillas.

-Katie, eso no es bueno –constata lo obvio mientras nos sentamos a la mesa-. ¿Desde cuándo te pasa?

-Desde San Mungo.

-¿Cuánto tiempo fue que estuviste interna?

-Ocho meses.

-¿Interna? –Alexa terminaba de traer las últimas cosas-. ¿Por qué?

-Un artefacto oscuro casi me mata –dije sencillamente.

-Oh…

Probé el plato que la mujer había hecho.

-Me quieres engordar –le reproché-. ¿De dónde eres tan buena cocinera?

-Mi madre. Es excepcional. Le tengo que rogar que cocine para la boda.

Traté de ocultar el hecho de que casi me atraganto y bajé la cabeza.

-No puedo creer que te cases, Oliver –dije sin pensar. Cuando noté que eso fue dicho en voz alta, miré a Alexa y sonreí-. Cuando aún estudiábamos, él juraba que nunca se iba a casar. Debe quererte demasiado.

Definitivamente, pude haber hecho buena carrera en Hollywood.

-Oh, todos los jóvenes tienen eso. Muchas mujeres, aunque no lo creas, también tienen una época en la que no quieren casarse.

Oliver y yo reímos, para sorpresa de Alexa. Nos vimos a los ojos con cierta complicidad, antes de darle yo una respuesta:

-Yo tuve esa época, y no salgo de ella desde los nueve años.

-Síndrome de la jugadora de Quidditch. Aunque a algunas se les pasa.

-¿Le inventaste un nombre?

-Es que no he conocido a la primera que realmente quiera casarse… Y todas suelen seguir el mismo patrón de carácter.

-Podrías escribir un libro al respecto –me burlé.

-Es en serio, Kate. Fíjate. Todas las jugadoras parecen querer simplemente que las dejen solas con su vida. Mírate a ti, a tu prima, a Angelina…

El tema derivó en la formación de las Harpies, en por qué Angie, talentosa y agresiva como era, no era nombrada aún como titular. Luego en Fred, George y su negocio, lo bien que les iba y algunas sugerencias por parte de ambos sobre con quién debería salir George.

Leanne y Verity, una alegre muchacha que trabajaba en su tienda, eran las candidatas principales.

-Verity está loca. Me encanta esa mujer –dije, con una sonrisa-. Sólo es un año mayor que George, no es demasiado…

-¿Y Leanne qué? –Hizo una pausa-. ¿Cómo sigue ella?

Suspiré.

-Trabaja en lo que le gusta, aunque no gana demasiado. La noto feliz la mayor parte del tiempo, pero la conozco y sé que sigue sin superar la desaparición de Lee.

-¿Lee Jordan?. ¿El comentarista?. ¿Ellos estaban…?

-Juntos, sí. Casi dos años. Ahora… yo creo que Leanne está saliendo con alguien. Conozco los síntomas y sí… todo parece indicar eso.

Oliver sonrió. Imagino que no tenía mucho más que decir al respecto.

-Hay torta de manzana hecha por mi mamá, si quieres, Katie -La voz de Alexa se hizo oír.

Por primera vez en los últimos quince minutos, recordé que había otra persona presente. Había estado bastante sumida en aquella conversación con Oliver, hablando de los viejos tiempos, de cosas que me unían con él y me hacían vivir un rato en un pasado que prefería antes que al presente.

Pero acababa de volver, y esa sensación no me gustó.


-Te dije que era un idiota, Katie. Pero no, tú nunca me escuchas.

Esta afirmación solo podía pertenecer a Zacharías. Tenía mucho tiempo sin estar con él, y me había invitado a cenar. Estábamos en un café muggle, el mismo donde me conseguí con Leanne por primera vez desde que regresé a Reino Unido.

-Y tampoco me gusta ese tipo extranjero…

-¿Tú que eres?. ¿Mi hermano mayor?

Una sonrisa de medio lado apareció en el rostro de mi amigo.

-Katie, es cuestión de objetividad. Oliver no te sabe valorar y ese con el que sales… no te respeta. Lo sabes, Katie.

Era cierto. Yo sabía que tenía que dejar a Oliver de lado. Y sabía también que Damyan no me trataba precisamente como cualquier hombre trata a la mujer de sus sueños. Principalmente porque, quizás le parecía atractiva o quería divertirse un rato… pero no era la mujer de sus sueños.

-¿Y tú qué?. ¿Tienes vida propia?

A falta de respuesta, alcé las cejas.

-¿Quién es la afortunada?

Seguía sin responder. Me evitaba la mirada. Zacharías nunca habló mucho de sí mismo, y cuando lo hacía, ocasionalmente eran quejas.

-Zach…

-Bueno… es… es una chica que trabaja conmigo. De hecho… estaba en Hogwarts en mi misma casa.

-¿Y es…?

-Susan Bones

Cerré los ojos tratando de recordarla. La imagen de una chica de rostro pálido y estilizado, ojos verdes y cabello trenzado apareció en mi mente. La recordaba como la única persona en toda Hogwarts con el cabello más largo que yo en los primeros años.

-Oh… la recuerdo. Tú y ella no se llevaban en Hogwarts.

-Las cosas cambian, supongo –dejó escapar una suave risa, y continuó-. Susan se volvió una persona inteligente y fuerte. No puedo hacer más que admirarla, por cómo no para de sonreír a pesar de todo…

-Totales opuestos –No pude evitar decir.

-Quizás fue eso lo que… ya va, pero no te pedí encontrarnos para hablar de mí. Katie¿Piensas seguir con el extranjero? Es obvio que estás enamorada de otro hombre.

La franqueza de Zacharías clavó una daga en mi pecho.

-No es tan fácil. Estoy bien con Damyan…

-Pero no lo quieres.

-No te pongas romántico ahora, por favor –rodé los ojos-. ¿Está mal querer pasar un buen rato?

-Estás comportándote como una niña. Bueno, quizás no como una niña… pero tienes miedo, Katie.

-Yo no…

-Tú tienes razón en algo, y es en que cada uno aprende de su propia experiencia. Pero cuando uno está cegado, no puede entender qué le pasa ni salir de una mala situación que cree inexistente. Y ahí entramos los amigos.

-¿A dónde quieres llegar?

-Te da miedo aceptar que quieres estar con un hombre a punto de casarse, porque sabes que vas a volver a ser herida. Y el estar con Zhivko no va a cambiar eso.

No podía negármelo a mí misma: Zacharías tenía razón. No sabía de donde se había vuelto tan perceptivo, pero era verdad. Supongo que él y Leanne habían hablado al respecto.

Estaba asustada y enojada conmigo misma por sentir lo que sentía por Oliver. Nunca iba a poder olvidarlo, ni aunque él estuviese con otra mujer que, tema aparte, era una persona espléndida.

-Creí que alguien tenía que abrirte los ojos… -susurró, en una actitud que ya se me asemejaba más a la propia.

Suspiré y clavé mis ojos en los azul zafiro que me juzgaban con dureza, y tomé una decisión.


-Tonta.

-¿Cómo te atreviste?

-¡Pero Katie, si te veías tan feliz!

La única que no decía nada era Leanne, y eso era de esperar.

Era la reunión de mujeres más extraña de la que había sido parte. Había salido de compras con Alexa, como le prometí. Quería hablar sobre Oliver, y consiguió sacarme cierta información. Traté de moldear todo como si quisiera insinuar que él era como el hermano que nunca tuve.

No estaba segura de por qué le ocultaba la verdad. Era una mujer de suficiente sentido común como para aceptar el hecho de que el pasado era eso, pasado. El problema era se prolongaba hasta el presente, y creo que fue eso lo que me hizo frenar la lengua.

Como estábamos en Belfast y el clima ya era de invierno, le ofrecí venir a tomar un café en mi casa, a lo que aceptó.

Allí nos conseguimos con Erika, y más tarde llegó Angelina arrastrando a Leanne, sin yo saber por qué. Y así estábamos las cinco en la sala.

Tras un prolongado silencio, yo había dejado escapar la noticia.

-Acaso será verdad y necesito a una persona que en realidad me quiera –murmuré después de los histéricos ataques verbales.

-Zhivko…

-No, Angie. No me quería. De haber sido así, nunca me hubiese metido en este lío. Somos dos personas que estamos buscando algo diferente a lo que tenemos.

-¿Y dónde está él ahora? –Alexa, inmune a la obvia implicación que su prometido tenía en la frase anterior, buscó mi mirada.

Me sentí horriblemente culpable.

-No lo sé… Tuve que ser cruel con él para alejarlo. Él no quería terminar…

-Vamos, él quería meterte entre las sábanas. Sé directa.

Eso resumía la situación.

-Tú siempre reprobaste mi relación con Damyan –observé.

-Es que es evidente que nada más se tenían eso, ganas. Era repugnante.

-Leanne, no deberías… -le advirtió mi prima, que conocía como se me subía el mal carácter cuando me sentía ofendida.

Miré los rostros de las cuatro. Erika, agotada pero intentando controlar las cosas en su complejo de ser la mayor del grupo. Alexa, que movía su cabeza de un lado a otro como si siguiese a la pelota en un partido de tenis de mesa. Angelina, sus ojos con expresión de "no las conozco". Y Leanne, altanera y directa, sin romper contacto visual un solo instante.

-El lazo entre Damyan y yo era más que "ganas". Yo lo llamaría "amigos con derecho", por darle un nombre.

-Ganas y confianza.

Dejé escapar un suspiro con una nota de desesperación.

-Entiendo que tú no apruebes una relación que no esté dada por amor o sentimientos románticos… tú nunca entenderías el lazo entre Damyan y yo. Pero bueno, alégrate. Ya tienes noticia para esta semana.

Todas las personas en el cuarto parecían haberse desvanecido. Ni siquiera escuchaba sus respiraciones. Éramos Leanne y yo en una guerra de miradas.

-Ésta no es la Katie que yo conozco –dijo con desdén-. Ella lucha por lo que quiere, y es más, Katie Bell siempre consigue lo que quiere.

¿Entendí mal, o Leanne me estaba pidiendo que luchara por un hombre en frente de su prometida?

Katie Bell siempre consigue lo que quiere…

Y quiero a Oliver me dije, sin apartar un segundo la mirada de la de mi amiga.


-¡Katie!. ¡Katie!

La voz siguió llamándome, incansable, hasta que por fin abrí los ojos. Bien… ahora tendría que tomarme doble dosis de poción y me despertaría al día siguiente de muy mal humor.

-Erika… ¿La casa se quema?

-¡No!. ¡Mira, es Martin!

-¿Tu hermano está aquí?

-No… me escribió.

Grr…

-¿Y no podías esperar a mañana para decirme?

-Pues… no, Tatiana está embarazada.

-Sí, podías esperar a mañana para decirme.

-¡Katie, voy a ser tía!

Bien, así puesto… sonreí. Yo no tenía hermanos y probablemente, desconocía y jamás conocería lo que Erika estaba sintiendo. Bostezé.

-Felicidades, Erika.

-¡Gracias! –Sentía su sonrisa a pesar de la oscuridad.

Algo era cierto. A veces podía ser un fastidio, pero si Erika no estuviese en casa mi vida sería el doble de aburrida.

-¿Y has sabido algo de Claude?

-Oh… no. Él no ha respondido. ¿Tú crees que… que le haya pasado algo en la guerra?

-No estoy lo suficientemente lúcida como para querer pensar en eso.

-Cierto. Duerme. Mañana hablamos.


Varias semanas después de haber terminado mi relación con Damyan, los eventos seguían siendo confusos y mi cuerpo trabajaba por inercia. Un primer partido perdido, una mención acerca de mí en la prensa rosa mágica, preparativos para el viaje que haría en Navidad, en solo una semana…

Me sentía desorientada.

Siempre había visto el Quidditch profesional como un fin, no como un medio. Había llegado a donde quería… y la vida seguía.

Y no era feliz.

"Acaso será verdad y necesito a una persona que en realidad me quiera"

Siempre intenté probarme que se podía tener una relación sin amor. Damyan me había dicho "te quiero" en incontables ocasiones, e incluso "te amo" un par de veces, en tono amistoso y no romántico. ¡Se sentía tan vacío! Y en cambio…

"Yo te quiero más de lo que él jamás te va a querer…"

Las palabras de Oliver retumbaban en mis oídos, dichas con voz alcoholizada, y me hacían temblar un poco al recordarlas. ¿Qué había significado todo eso?. ¿Era posible…?.

No. Si alguna vez fue posible, su compromiso había acabado con todo.

Oliver… Oliver… Oliver…

Parecía ser que jamás iba a ser feliz sin él. Que Oliver en mi vida era sinónimo de felicidad.

¿Será que… Leanne tiene razón y que no puedo dejarlo ir?


-Sé que te debo una disculpa. No debí… y menos en tu propia casa.

No nos veíamos desde que terminé con Damyan. Leanne y Angelina habían decidido pasarse por mi casa en las vísperas de mi viaje. Me fastidiaba tener que recorrer varios husos horarios con métodos muggles, pero no sabía acceder a la red flu colombiana y aparecerme en otro país era ilegal, además de peligroso.

-Tonta. He pensado mucho al respecto y concluí que tienes razón.

-Bueno, hagas lo que hagas, vas a perjudicar a alguien¿no?

Era increíble como conocernos tanto saltaba líneas de nuestro guión invisible. Ambas sabíamos lo que la otra pensaba sin siquiera tener que abrir la boca para discutirlo.

-Todo lo que sé es que lo quiero. Y espero que estar dos semanas fuera me ayude a pensar.

-¿Algún día piensas olvidarte de él? A veces creo que deberías dejarlo ir… -Angelina dio una calada a su cigarrillo y me miró con intensidad mientras soltaba el humo-. Yo no estoy de acuerdo con Leanne. El hombre ya tiene una relación estable con alguien, fue capaz de hacer su vida aparte.

-Lo dices como si alguna vez me hubiese querido.

-No lo sé, y no quiero entrar en eso. Pero le importabas mucho. No sé tampoco por qué estamos retrocediendo en el tiempo. Lo que quedó atrás jamás va a volver. Deberías superarlo y dejarlo ir, ya está.

Sonreí. Tan típicas de Angie esas palabras…

-Yo lo dejé ir hace tiempo. Fue él mismo quien decidió quedarse. He intentado todo, salir con otras personas, concentrarme en otras cosas, odiarlo incluso… y él sigue ahí. ¿Y Fred cómo está?

Las ganas de cambiar de tema eran evidentes. Ella sonrió con afecto, antes de apagar lo que quedaba de su cigarrillo en el cenicero que estaba en la mesita.

-Hemos discutido matrimonio, pero yo creo que estamos muy jóvenes y Fred no quiere dejar a George solo. Eso es todo lo que hay que saber.

-¿Y George…?

Cuando el silencio cubrió la sala de estar de mi casa, supe que algo estaba mal.

-Bueno… él es otro que debería dejar ir el pasado. Alicia… Al era su vida. Y George no lo supera… No que sea fácil. Creo que a todos nos está costando. Pero temo por el bienestar de George.

Mi corazón se volvió un puño en mi pecho, queriendo salir y golpear a alguien.

-Está muy solo –completó Leanne-. Y no importa cuanto trate de enamorarme de él… no puedo. Y no me querría.

-Yo creí que salías con alguien…

Se me vino a la mente una carta que me mandó hacía un buen tiempo donde decía tener algo que contarme. Estaba tan centrada en mi propio melodrama que no me había acordado de nada más.

-No, no estoy saliendo con nadie. Estoy enamorada, que es diferente.

Fue ahí cuando Angelina y yo nos miramos a los ojos, y por primera vez, supe con certeza que pensábamos lo mismo.

-Zacharías –dijo ella.

Una mirada evasiva nos indicó que estábamos en lo cierto. No sé cómo no me di cuenta antes.

-Él está saliendo con alguien… pero… -Suspiró-… Nos hemos visto tanto los últimos meses, y siento que es una persona con la que puedo hablar de todo. Lo he conocido mejor, y cada cosa que conozco hace que me guste cada vez más. No es Lee… pero… pero estoy sintiendo algo.

Leanne era muy sencilla expresando sus sentimientos. No se formaba mis telarañas mentales. Para ella era todo blanco o negro, no había grises.

Un ruido proveniente de la chimenea nos interrumpió. Un hombre alto y delgado apareció por la chimenea, mirando alrededor.

El corazón se me detuvo. Barbilla angular, pómulos salientes… Pero no. No era. Tenía los ojos claros, y entonces lo reconocí.

-¿Martin?

Me vio, el ceño fruncido.

-Martin… Es Katie. Tu prima. También me alegro de verte –Sonreí de lado, eliminándole algo del sarcasmo a la broma.

Entonces el hombre se acercó a darme un abrazo. Se parecía tanto a mi padre que por un momento creí que era él.

Martin siempre fue de pocas palabras. Era, de mis tres primos por lado paterno, el que más se parecía a mí.

-Todavía te recordaba como una niña. No puedo creer que ya seas una mujer.

Sonreí, feliz.

-Le dije a Erika que no vendría… quería darle una sorpresa –confesó-. ¿Quiénes son estas encantadoras señoritas?

-Leanne y Angelina –las señalé, e intercambiaron tímidos "mucho gusto"-. Él es mi primo Martin. Llevo cuatro años sin verle. Martin, Erika no llega a casa esta noche. Está con un… bueno, supuestamente "amigo"

-Ni lo digas que me pongo celoso –bromeó-. Espero que sea buen hombre.

-Hermano de mi novio –dijo prontamente Angelina.

-Y amigo suyo de toda la vida.

-¿No será ese Charlie Weasley?

Las tres mujeres nos vimos a los ojos, y en un gesto idéntico, sacudimos levemente la cabeza mientras nos reíamos.


Tuve una noche extraña. Y aquel fue solo el comienzo…

Resumen: Decidí instalar a Martin en el cuarto de Erika, segura de que no vendría a pasar la noche. Las chicas se fueron, llegó Zacharías. Estuvo un rato, llegó Damyan.

Yo creí que Damyan me tendría rencor, y era la primera vez que nos veíamos desde que terminamos, pero todo fue bien. Incluso se despidió con un pico y prometió ir a recibirme al aeropuerto.

Los ojos de Zacharías, a unos metros, me indicaban lo que más de una vez me había dicho – "No te respeta".

Rodé los ojos.

-Yo también me voy –dijo finalmente-. Supongo que ustedes dos tienen mucho de que hablar –Zacharías se levantó finalmente, apretó la mano de mi primo, me dio un beso en el cachete y desapareció entre las llamas.

Estuvimos en silencio un rato. Me agradó el hecho de que mis amigos tuviesen consideración en venir a despedirse. Incluso, antes de Leanne y Angelina habían estado los gemelos, y antes una compañera de equipo que aseguraba que dos semanas sin mí no sería lo mismo.

Martin y yo estuvimos un rato largo hablando.

Todo estaba bien…

Y al mismo tiempo estaba mal.

-Háblame del extranjero… ¿Es tu novio o algo?

-Salimos un tiempo -Estaba cansada de Damyan y todo el drama que se formó alrededor de él. Estaba más que cansada de que la gente se metiera en mi vida, diciéndome lo que tenía que hacer.

Estaba buscando. No sabía qué, pero estaba buscando algo. Privacidad, quizás.

Realidad.

Era eso. Estaba buscando realidad. Sinceridad. Basta de todo lo que era falso, basta de esconderme. Necesitaba ser yo misma, no la persona en la que me había convertido. La Katie que podía ser, no la que tenía que fingir.

Alejé todos los pensamientos de mi cabeza y me concentré en mi primo.

-Oí decir que van a tener un hijo.

-Oh si. Dos niñas. Morochas.

-¿En serio?. ¡Felicidades!. Tía debe estar…

-…traumatizada. Lo de ser abuela le está pegando duro.

-¿Qué Claude no…? Por cierto¿Qué has sabido de él?

-Que atacaron su casa en la guerra y murió.

Me congelé de puro susto. Ni siquiera había estado en su boda, no le había visto en tanto tiempo…

-No… no puedes estar hablando en serio.

-Lo estoy. Él y Marianne… recién casados. Su casa no estaba muy lejos de la mía.

Claude y Martin habían sido siempre así. Más unidos que ningún otro de los nuestros y algo apartados. Nunca fueron a Hogwarts, sino que fueron a una escuela muggle en Londres. Claude siempre fue una influencia grande para Martin, y por un momento, sentí su dolor.

-Yo… No se que decir. Lo siento mucho.

-Creo que nunca había hablado tanto contigo en mi vida –Rió-. Eres una persona interesante, Katie. No me extraña que tus amigos te quieran tanto –Bostezó-. Me voy a dormir, pequeña. Cuídate.

Al tiempo que se levantaba, las llamas cambiaron de color, y contuve mi aliento al distinguir al nuevo visitante.

Los ojos más intensos que había visto jamás se clavaron en Martin, luego en mí.

-O…Oliver –dije, y me levanté a recibirlo, colocando una mano en su espalda al darle la cara a mi primo también-. Martin, él es Oliver. Amigo de toda la vida y compañero de equipo de Erika. Oliver, él es Martin, mi primo.

¿Imaginación mía, o sentí el cuerpo de Oliver relajarse ante esto último?

-Mucho gusto –dijeron los dos casi al tiempo. Sin decir mucho más, mi primo se escabulló en el dormitorio de Erika.

Removí mi mano de la espalda de Oliver y le miré otra vez a los ojos. Atravesaban mi mente, y juraba que podían leer en mi alma como un libro abierto.

-Vine a desearte buen viaje…

-Gracias –Sonreí suavemente, sintiendo tensión en el aire y dentro de mi misma. Él pareció notarlo.

-Kate… ¿Estás bien?

Me alejé un poco, con intención de ir a la cocina a servirme agua. La necesitaba, mi garganta estaba seca.

-Un poco cansada. ¿Quieres algo de tomar?

-La verdad… si estás cansada no querría incomodarte. Pero… corren rumores entre nuestra gente que tienes chocolate de taza colombiano…

Suspiré. Había tenido que ir Erika de bocona. Oh, bueno… ya estaría pronto allá. Podía darle el último trozo a Oliver.

-Pásalo. Lo guardo en aquel estante… -Lo señalé, y pude sentirlo sonreír antes de obedecer mi comando.

Mientras preparaba las bebidas –el chocolate y un sencillo vaso de agua para mi- pensé… que me gustaría estar así con él siempre. Había algo en su presencia que me hacía sentir como si todo estuviese donde tenía que estar.

No le des más vueltas, Katie. Amas a ese hombre. Es la verdad. Si no has podido olvidarlo después de tanto tiempo es porque no lo harás nunca, y porque cuando ya estés en la tumba algo en ti va a seguir latiendo.

Sacudí con la cabeza antes de dirigirme con las bebidas al sofá frente la chimenea. Le entregué su taza y le di un sorbo a mi vaso, sintiendo el frío pasar por mi garganta e instalarse en mi estómago.

Su mirada sobre mí me hizo sentir incómoda.

-Oliver… ¿Todo está bien? Te noto… no sé. Extraño.

-Y yo que creí que estaba actuando como siempre. Qué iluso soy. Se me olvida que no puedo ocultarte nada a ti, Katie.

Sonreía, pero algo en sus palabras me hizo congelarme, como siempre que utilizaba ese tono afectado.

-¿Q-que pasó?

-No lo sé… Nostalgia, quizás.

Opté por no decir nada y tomé otro sorbo de agua. Mi garganta se seguía sintiendo seca. Maldición.

-Oliver… aclárate –pedí finalmente.

Él rió.

-Yo... no lo sé. Desearía que todo fuese como antes de la guerra. Y el símbolo que representa mi vida antes de la guerra… eres tú.

Me sacudí en un escalofrío.

-Extraño aquel mundo donde nada importaba y donde uno podía hacer lo que quería. Digo… todo el mundo cambió después de la guerra. Parece que personas como tú y como yo no tenemos cabida.

Abrí mi boca para responder, pero algo en mi mente saltó. Eso era algo parecido a lo que yo estaba pensando.

-Uno tiene que guardarse lo que realmente piensa y siente –coincidí-. Yo… estoy atrapada en algo que no sé si me gusta –confesé entonces, poniendo en palabras mis temores-. Digo… siempre creí que jugando profesionalmente sería feliz. Era mi sueño, por todo por lo que trabajé. Y… no… no me está gustando sacrificar mi privacidad. Y no puedo gritar, no puedo mostrar que estoy frustrada.

-Para algo estoy yo¿O no?

Sonreí levemente ante su dulzura. Su posición –relajado, brazos abiertos de forma casual- era como una invitación para instalarme contra su cuerpo, y dude antes de decidirme en contra de la idea.

Ante la luz del fuego, sus rasgos se acentuaban, y creo que lo miré unos segundos más de lo necesario antes de responder.

-Sí… eso creo.

Dejé el vaso ya vacío sobre la mesa, y observé a Oliver llevarse la taza de chocolate a la boca.

-La prensa te dejará en paz cuando comiencen a llegar más jugadores. Se meten con la gente que no tiene tanta experiencia.

-No tiene lógica.

-Publicidad, Kate. Publicidad. Aunque no lo creas, tu director técnico probablemente paga para que te nombren.

-¿Alexa te enseñó todo esto? -No pude evitar preguntar, esperando que mi voz no haya sonado tan acusadora.

Él rió.

-Sí, ciertamente se aprende mucho viviendo con una estudiante de Marketing. Pero te recuerdo que yo también viví eso que estás viviendo tú. El primer año… insoportable. Mal pagado, explotado, con el ojo de los medios encima… Yo también creí que no podría soportarlo.

Me encantaba hablar con Oliver. Me hacía sentir con un igual, a pesar de lo diferentes que éramos. Alguien que me complementaba de cierta forma.

-No te dejan en paz –observé.

-Un poco. Pero aunque no lo creas, a los pocos que todavía molestan, Alexa los ahuyenta. A veces me recuerda a mi madre.

-Dicen que un hombre siempre busca a una mujer que se parezca a su madre –comenté. Oh, menos mal que no tenía hermanos. No me imagino a cuñadas como mi mamá.

Ella es única.

-Bueno… que sepa cocinar y limpiar. Sí, acepto que todos queremos una en casa.

-¡Oye! –Le lancé un cojín, indignada ante la obvia degradación al sexo femenino. Él me lo devolvió, a lo que yo me arrojé contra él recordando su punto de cosquillas.

Me sentía otra vez en Hogwarts, cuando tenía quince años y no había nadie más que importase aparte de nosotros dos.

De alguna manera, terminamos los dos recostados contra un brazo del sofá, él sujetándome tan duro que me ahogaba.

-Perdona… Fue una broma. No quise molestarte –Aflojó su agarre, y noté que de alguna manera había terminado abrazándome. Sonreí por lo bien que se sentía, y cerré los ojos.

-Como en los viejos tiempos –susurré, acurrucándome contra él.

Estaba adormilada cuando sentí un beso en la sien. Me estremecí y abrí los ojos, buscando la mirada de Oliver. Sus ojos negros estaban fijos en los míos, brillantes como siempre, y sus labios… sus más que perfectos labios entreabiertos, aunque mostrando signos de una sonrisa.

Esos labios, lo único que me pudo convencer en mandar todo al diablo para actuar de acuerdo a mis impulsos.

Le besé. No sé de donde saqué la fuerza y el valor, pero fui yo quien cortó distancia para acorralarlo contra el brazo del sofá.

¿La mejor parte? Sabía aun a chocolate.

Todo se sentía como debía ser, de pronto. Sus labios contra los míos, su lengua intentando entrar a mi boca. Oh, Merlín…

El contacto de las yemas de sus dedos contra la piel de mi espalda me hizo derretirme contra él, bajando las manos por su pecho y buscando también piel. Él también se sacudió debajo mío cuando sintió el roce sobre su perfecto abdomen. Sonreí entre besos.

-No tienes idea de cuánto tiempo… -susurré al sentir sus labios sobre mi cuello-… Oliver… Llevo años… todos estos años… -La coherencia era una de mis mayores virtudes. En ese momento, sin embargo, se mostraba inexistente.

-Katie… -Sus labios se dirigieron a mi oído-… Te quiero tanto…

Esas palabras me hicieron alejarme bruscamente. Necesitaba verlo a los ojos. Necesitaba saber que no bromeaba.

Su mirada era de fuego, su corazón se sentía reventar contra mis manos. No. No bromeaba.

-¿Por qué…? Oliver… no entiendo nada…

Por toda explicación, me hizo acomodarme contra su cuerpo. Me hizo apoyar mi cabeza en su pecho y quedar ligeramente recostada.

Hm… era su intención que me quedara dormida en sus brazos. Y era la mía complacerlo.

-Te juro, Oliver, que si me llegas a borrar la memoria esta vez…

Dejó escapar una ligera risa.

-¿Por qué lo haría? Necesito que alguien me recuerde mañana que esto no fue un sueño.


Notas: Perdón la tardanza. Perdí mi musa. Mi musa no reaparece u.u le quedan dos capítulos, y espero que sean mucho mejores que éste… y que la escenita del final les sea una buena compensación por lo 'de relleno' que fue el capítulo y lo tanto que tardé para presentarles algo que no es de la calidad que me gustaría n.nU

Por una vez, fui buena. ¿A que Oliver es un dulce?. Me encanta como los dos crean un mundo en el que nada mas existe… pero eso no durará para siempre. No con una Alexa que no termina de mostrar quien es y un Damyan que no quedó del todo contento con su ruptura, y que tampoco ha sido claro. Además contamos con un Oliver bastante caballero y con conflictos morales, y a una Katie que duda sobre si hacer lo correcto o lo mejor.

No. Las cosas no están tan faciles como puede dar la impresión en la última escena.

Oh, y ya sé que se han besado antes, pero creo que esta es la clase de beso que te hace gritar ¡POR FIN:D. Ya es hora de que sean sinceros. Repito¡POR FIN:D

Creo que esta será una de las últimas cosas que vean de mí en este fandom… Termino con Fotos en la Pared, y ya ninguno de mis planes se aplica al universo Potteriano. Culpen a Maki Murakami y a su magnífico Gravitation.

(Oh, como odié matar a Claude. Mi personaje favorito en Gravitation lleva ese nombre)

Muchísimas gracias a todas por su apoyo y disculpen la espera. Se les quiere muchísimo. No seguiría aquí de no ser por ustedes, son las mejores n.n

Besos,

Kayi.

PD: Agradézcanle a los Dire Straits y su "Romeo and Juliet". Sin esta bellísima pieza, jamás habría terminado este capítulo.