Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.
Sentada en el avión, no podía dejar de juguetear con la manta que descansaba sobre mi regazo. Una sonrisa boba y unas mejillas sonrosadas adornaban mi rostro, mientras que intentaba disimularlo viendo por la ventanilla.
La noche anterior había sido irreal. Había estado entre la línea que roza la realidad y los sueños, y solo haber sentido a Oliver levantarme esta madrugada para decirme que tenía que volver a su casa, y llevarme en brazos hasta mi cama, me convenció de que era real.
Me dijo que me quería. No me había dicho que me amaba, pero… En mi caso, decir que le quería era decir poco. Ya no era cuestión de quererlo o no, era él tan parte de mi como pueden ser mis ojos grandes o mi habilidad para el Quidditch. Era algo que siempre se quedaría ahí.
Tardé bastante tiempo en darme cuenta que era la primera vez en el último año que no tenía pesadillas al dormirme sin tomar la poción.
Mis vacaciones fueron un tanto movidas. Por un lado, visitar a toda la gente que conocía entre familia y amigos. Por otro, pasar todo el tiempo posible con mi mamá. Y también estaba mi ansiedad, pero trataba de dejarla de lado mientras volaba con Adriana o salía a comer con mi mamá, quien se hallaba a gusto entre sus hermanas y sobrinos.
En un principio fue doloroso saber que ella podía ser feliz sin mí. Creo que todo hijo necesita saberse indispensable… Pero apenas me vio por primera vez en varios meses, y noté su expresión alegrarse, supe que lo era.
Al final, todos los pleitos con mi madre habían hecho que la respetase más y que se formase un vínculo entre nosotras más fuerte de lo que jamás había pensado querer tener.
Mi madre se veía mucho mejor. Podía notar en su semblante las desgracias que le había traído Inglaterra y como, poco a poco, había ido encontrando estabilidad al lado de los suyos, sin sentirse alienada ni presionada a vivir una vida que no le gustaba.
-Katie… -Mi mamá había decidido que ese día nos íbamos solas, y estaba segura de que quería hablar.
-Dime –Oculté mi rostro como pude, detrás de un vaso de refresco. Comíamos en un restaurante de comida rápida, el preferido de ella.
-Has ido perdiendo el español. Cualquiera diría que un año aquí…
-Vamos. Nunca fue perfecto. Creo que fue mi mayor dificultad al tomar los exámenes; nunca pude con los verbos.
-Ya veo.
Examiné la sonrisa que colocó con las últimas palabras. Era una sonrisa triste, de ojos caídos.
-¿Ma...?
-Es que me preguntaba si te gustaría quedarte, pero… bueno, a mi me gustaría. Aunque entiendo que tienes ya un trabajo, y tus amigos…
Sonreí, también algo triste.
-Gracias por entenderlo. Aunque sabes que me encanta aquí, y trataré de venir más seguido, yo… simplemente ya no puedo. Hay cosas muy fuertes que me atan a Reino Unido.
Se encogió de hombros.
-Me sorprendió verte encariñada con este lugar, y encima esperaba que quizás ese chico con el que saliste ayer…
Fruncí el ceño, intentando recordar. Sí… había visto a Sebastián el día anterior. Me había llevado a ver una película, y accedí por amabilidad. El efecto que él tenía en mí, no sabía explicarlo, pero tanto la repulsión como la atracción se habían aminorado y podía verlo como a un simple amigo.
-No es nada, prometido.
-Pero a la escuela que ibas…
-Es el primo de Adriana. Creí… creí que lo conocías.
-No, ciertamente no. Y en esa materia, me sorprende no haberte conocido novio todavía.
-Oh… -No había hablado mucho de estos temas con mi mamá-. Estuve saliendo con alguien un par de meses esta temporada, pero no más.
…Aún sentía los labios de Oliver sobre los míos.
-¿Y es…?
-Un búlgaro… ¿Te recuerdas, que fui al Baile de Navidad que se hizo una vez en mi escuela con un extranjero?
-Sí… creí que él vivía en Bulgaria.
-No, ahora vive y trabaja en Inglaterra.
-¿Y eso?
-No sé… le gusta allá.
Frunció el ceño, pensativa, y tuve la sensación de que notaba algo que yo no había visto nunca. La miré intensamente, y al ella se dio cuenta; sonrió para esconder su expresión.
-¿Estás enamorada de él?
Yo negué con la cabeza.
-Es… es un gran amigo. Pero muchísimo me temo que no es posible verlo como más.
-Qué raro… Por como hablabas de él ese año, parecía perfecto para ti.
-Hemos cambiado. Oye… -Súbitamente tuve una idea desagradable-… no estarás esperando que me case.
-Eventualmente. Aún eres joven, no te estoy pidiendo que te comprometas mañana. Me gustaría conocerlo. ¿Cómo es que se llama?
-Damyan. Es un amor de persona.
Damyan era el único que sabía de lo que había pasado con Oliver. No pude resistirme a escribirle.
-Pero no estás enamorada.
-No, ma.
Mi mamá siempre me tomó por tener las aspiraciones de cualquier chica: Ser la más linda, la más popular, encontrar el amor eterno al lado de alguien.
Me consideraba de apariencia bastante decente, aunque no lo suficiente como para destacar. Nunca fui realmente popular, ni me interesó. La única que encontré de esas tres era la que nunca había buscado ni querido tener. Los ojos negros de Oliver, y sus ardientes labios, aparecían tan constantemente en mi memoria que me costaba incluso vivir, y que me hacía sobrellevar mis vacaciones en medio de una intriga constante.
-¿Y este amigo que tenías en el colegio?. ¿El que pasó una semana a tu lado cuando estuviste interna?
-¿Cómo? –Ya va. Definitivamente había algo que no sabía. Nunca nadie me dijo de nadie que se hubiese quedado una semana a mi lado.
-Sí… un amigo tuyo. Olvidé ahora el nombre… Recuerdo que era bastante bien parecido. No se apartó de ti hasta que tú dejaste de gritar.
-Ma… ¿Cómo fue?. Sí se que llamaba a… a alguien, pero nunca supe como pasó todo.
-Nunca quise preguntarte porque nunca quisiste decirme nada… pero ese chico, el que estuvo contigo una semana… creo que era la persona a la que llamabas.
-¿Por qué nadie me había dicho?
-La sanadora que te atendió, creo que era amiga tuya. Dijo que se haría cargo de todo.
De pronto todo hizo lógica.
Oh, Al.
Desde que me fui, estuve pensando en cómo sería mi primer encuentro con Oliver. Estos nervios se veían intensificados al enterarme de que él me había visitado cuando estaba interna.
Era una cosa más que habría de confesarme.
Echada sobre mi cama, después de haber pasado las Navidades distraída y un vuelo de regreso relativamente accidentado (entre que la puerta de la cabina no quiso cerrar y un daño en el ala, nos retrasaron cinco horas; yo ya no quería volar en ese avión después de todo), mi cansancio no podía ser mayor.
Eran apenas las tres de la tarde, y al día siguiente tenía que regresar con el equipo. Quería ver a Oliver, pero no tenía fuerzas para intentarlo, ni física ni moralmente. Estaba sola en la casa, contemplando las fotos pegadas en mi pared, como siempre que no tenía otra cosa que hacer.
Justo una de Oliver me llamó la atención. Era una de poco antes de que él terminara el colegio, de la noche donde lo habían fichado para el Puddlemere United. Era una foto preciosa, de todo el equipo a la luz de la chimenea de la Sala Común.
Me acerqué un poco, poniendo la cabeza donde iban los pies, y examiné los gestos de Oliver a conciencia.
No era el hombre más guapo que había conocido. Sin embargo, su mirada denotaba fuerza e intensidad, su sonrisa y sus labios cierto atractivo y sensualidad. Sus cejas eran gruesas y su mandíbula marcada.
Sus hombros eran anchos y su cuerpo, aparentemente deseable. Tenía diecisiete años cuando nos sacamos esa foto, y parecía cuatro años mayor. No había cambiado en nada.
Me levanté, antojada de una taza de té. Necesitaba terminar de relajarme, algo que no había podido hacer estas vacaciones. Mis ataques de ansiedad habían sido continuos, y sentía que haber ido para Bogotá había sido un error.
No tanto por Oliver ya, sino por mi equipo. Habíamos perdido un partido clave mientras yo estaba ausente (con permiso, pero ausente al fin y al cabo), y teníamos que ganarlos todos de esta fecha en adelante. Que la final de las rondas eliminatorias las jugásemos contra los Ballycastle Bats, el mejor equipo de la actualidad, no era una buena señal.
Cuando llegué al entrenamiento del día siguiente, me conseguí con el gemelo no-tan-perdido de mi entrenadora. Al parecer ella había sufrido un percance que la tendría alejada del Quidditch lo que restaba de temporada y Cormack McLeod, su hermano, la iba a suplir.
Eran exactamente idénticos en todo, excepto en los cromosomas sexuales.
-A mi sí me da vergüenza ver como todos bajaron la guardia. Unos se fueron por las Navidades, y los otros bebieron tanto que no pensaban con la cabeza clara. Esta derrota ha sido la más humillante que han sufrido los Magpies desde 1863. Y la culpa no la tiene un guardián ineficaz o un buscador herido. La culpa la tenemos TODOS.
No había ninguno que se atreviese a sostenerle la mirada.
-Por otra parte, entrenaremos dos horas más todos los días… Sí, Wickham, todos los días. Tú eres la que menos tiene derecho a quejas, habiendo soltado la quaffle más veces de las que metiste gol en todo lo que va de temporada. Quizás pertenecías realmente a los Cannons…
Esa me dolió a mí, pensé.
-He concluido que este equipo se divide en dos: En cansados e inútiles. Lo que queda de la temporada se tienen que superar y si no, haremos una limpieza de filas. Ya lo de "Magpie una vez, Magpie para siempre" no está funcionando, y lo que necesitamos es sangre fuerte y nueva.
Se giró hacia Alasdair Maddock.
-Lo que hiciste este último partido rozó lo imperdonable. Al final de la temporada serás despedido.
La noticia nos pegó fuerte a todos. Maddock podía estar loco, pero seguía siendo un cazador excepcional.
-Tu puesto de titular lo va a tomar Bell, en Junio –Me miró, una casi sonrisa adornando sus inteligentes ojos-. Lo demás se irá viendo. Ahora¿Qué coño hacen todos aquí?. ¡A entrenar!
Muy pronto quedó claro que las similitudes con su hermana habían acabado. No era condescendiente, y creí que eso era lo que necesitaba el equipo para salir adelante el siguiente partido…
Hice un gesto de impaciencia mientras veía a Angelina meter un gol más desde mi banca de suplencia.
-Si hubieses entrado tú hubiese temido. Los Magpies de siempre se están volviendo inútiles de un día para otro.
Consentí en que la gente viniese a mi casa. No tenía ganas de salir a celebrar a Angelina, así que estábamos unos cuantos en mi casa… Angelina incluida. La pobre, estaba cansada y prefería una noche con amigos y su novio, a que una fiesta de puras mujeres donde los hombres las acosaban.
-Tengo que consentir –Zacharías frunció la nariz.
-¡Tú no puedes decir eso! –Susan Bones veía a su novio horrorizada.
Susan no era bonita, pero sí carismática, y su simpleza era interesante. Dos segundos de hablar con ella me habían hecho aprobarla para Zacharías.
-No le resiento. Tiene razón. Pero el entrenador no quiere suplir a Maddock, que es lo que hace que el equipo caiga.
-¿Maddock?. ¿Alasdair Maddock, dices? –George Weasley entró en la conversación. Se sentó en el brazo del sofá, al lado mío-. Está loco. Se lo tengo que presentar a papá.
Su gemelo rió.
-A ver si fundan una sociedad de Amigos de los Muggles…
Nos reímos también los demás. Leanne, en vista de que la habían dejado sola, también se acercó a nosotros.
-¿Y tu prima?. ¿Y Wood?. Falta gente de la que siempre está por estos lados…
-No los esperes –replicó prontamente Angelina-. Últimamente entre el Puddlemere y las Harpies hay una rivalidad muy grande. Dicen que les estamos quitando a todas sus jugadoras –Alzó una ceja-. La mitad de las de reserva fueron del Puddlemere.
-¿Les das la razón?
Se encogió de hombros.
-Gwenog Jones es la que dirige todo lo concerniente al equipo. Yo sé lo que busca hacer y no puedo reclamárselo.
Todos sabíamos lo que Jones quería hacer. La mujer nunca jugó limpio, y resentía estar casi de últimas en la liga. El Puddlemere United estaba de primero, de hecho. Y todos sabíamos que si hubiese metido a Angelina con más frecuencia, le iría muchísimo mejor.
-Se va a meterr en prroblemas –habló Damyan por primera vez-. Sobrre todo porrque Errika Bell no va a cederr, y el futurro del equipo está en ella.
-No creas –Ahí fui yo la que habló-. Para la próxima temporada van a ser solo hombres. Erika ya me insinuó que le viene cambio de equipo. Los Arrows le tienen el ojo echado desde que existe, pero también corren rumores de que los Bats pueden quererla…
-Y también hay rumores de que va a jugar con la Selección Nacional estos mundiales. ¿Alguien tiene idea de cuando se va a conocer la Selección?
-Ni idea. Sabes que siempre entrenan en secreto hasta que…
Me interrumpí a mí misma. ¿Hace cuantas noches Erika no llegaba a casa?
Erika estaba en la selección. Tenía que estarlo.
-¿Tú crrees que tu prrima está en la Selección?
-No hay de otra. Sé que uno de mi equipo está en la Selección porque nunca va a los entrenamientos…
-Murray. No hay otro.
-…Así que es cuestión de sonsacar a Oliver, o sonsacarla a ella. No creo que sea muy difícil, supongo que sabe que debo habérmelo imaginado.
-¡No puedo esperar a que sean los mundiales! –Estalló de pronto Leanne.
Todos la miramos.
-A ti no te gusta el Quidditch –replicamos varios, casi al unísono.
-Cuando el editor de "El Profeta" se enteró que tenía tantos contactos en el mundo del Quidditch me ofreció una paga del doble de lo que gano para que redacte para ellos en su sección de Deportes…
-¿Y tú aceptaste? –La cara de Zacharías era la misma que si le hubieran dicho que quien-anteriormente-no-debía-ser-nombrado decidió interpretar el papel protagónico femenino en el Cascanueces.
-No es secreto que están pagando mal. La Bewitched se está desmoronando. No pudimos con la competencia.
-Pero… ¿Deportes?
-A mí me gustaría escribir farándula. Lo acepto –sonrió-. Tan superficial como suena, creo que me acostumbré a la prensa rosa. Pero por algún lugar se empieza.
-A ti te veo dentro de diez años en un salón de belleza. Hacías los mejores peinados de toda Hogwarts.
-Oh, recuerdo. ¿Por qué te cortaste el pelo? Era divertido –se quejó Leanne.
-Se ve que no recuerdas. Fue Stella Arlens.
-Cómo olvidar… sí, yo sí recuerdo –sonrió George Weasley-. Te chamuscó el cabello.
-¿Arrlens? –inquirió Damyan.
-La misma… ¿No la recuerdas?
Sonreí al hombre, hundida en los ojos más bellos que jamás hubiese visto. De no ser por Arlens es probable que jamás le hubiese conocido.
-Me suena…
Le conté la historia de principio a fin, con agregados de todos. Sonreí al ver que Leanne no se notaba tan afectada por la mención de Lee.
Es la persona más fuerte que he conocido, pensé. Ella y mi mamá.
-Entonces la mujerr logrró su cometido –sonrió Damyan luego de una breve pausa, después de que Angelina hizo un comentario que refería a cazar famosos.
-¿Cómo así?
-¿No saben? –intervino entonces Leanne-. Está ahora con Viktor Krum.
-Estás bromeando –Se exasperó Angelina.
-No veo porr qué no –dijo Damyan-. Es inteligente y prreciosa. Y famosa.
-Típica parejita fachada –Fred arrugó la nariz.
-Algo así –Leanne hizo una mueca-. Pero olvidas que ella es famosa entre muggles y él entre magos. Nosotros la tenemos simplemente por una bruja que modela para los muggles.
-Sigue siendo famosa. Está bien que nunca ha modelado túnicas. Pero todos por estos lados saben quién es.
Hubo un rato de silencio. Yo me dejé caer entre los brazos de Damyan y me invadió una deliciosa somnolencia. En las épocas de partidos importantes no dormía bien, y aunque no había estado un solo segundo en el campo, estaba cansada.
No pensé mucho en eso. Siempre me sentía bien en brazos de Damyan. Últimamente me daba por pensar que era Oliver, tenían el mismo abrazo: Fuerte, seguro, protector.
Sonreí.
-¿Katie? –El acento extranjero invadió mi mente, en aquel ronco susurro.
-Dime…
-¿Crrees que alguna vez volvamos a tenerr algo?
Mi sonrisa desvaneció.
-No lo sé… ¿Y tú, qué crees? –Subí un poco mi cabeza para verlo a los ojos-. ¿Qué quieres?
Antes de que respondiera, oí el crepitar de llamas en la chimenea, un ruido que indicaba la llegada de alguien. Abrí los ojos y traté de moverme, pero Damyan me tenía bien sujeta.
-¡Yo sabía que ustedes iban a volver!
Alexa. Y Alexa significaba…
-Así que los del Puddlemere se dignaron a aparecer –Angelina salvó el momento, con una sonrisa socarrona.
-Esto no me gusta nada –susurró Damyan a mi oído.
Erika, Oliver y Alexa no habían terminado de entrar cuando ya se desencadeno una discusión de Holyhead contra Puddlemere. Yo me zafé de brazos de Damyan, que tenía los ojos cerrados, y me senté junto a Alexa. Parecía afectada por la discusión.
-Mejor que no te metas –advertí.
-No, si Ol ha estado todos estos días bastante enfurruñado por todo lo que ha pasado en la Liga. Créeme que ya entendí que mejor no meterme. Ah –Pareció recordar algo-. ¿Tú y Damyan…?
-No volvimos, y no vamos a volver. La realidad es simple, no le quiero y no puedo quererlo.
-Siempre te tuve por una persona práctica… él te quiere mucho, Katie, y creí que…
-No puedo quererlo –repetí.
-Lo sé… -suspiró-. Te entiendo. El amor no se puede forzar.
La miré con curiosidad, y ella lo notó.
-A veces me da la sensación de que… de que conquisté a Oliver. Pero a veces creo que está conmigo y no me ve a mí.
-¡¿Cómo?!
Corazón, no latas tan rápido.
-Puede sonar extraño… lo sé. Y se que es terrible dudar así de Oliver. Pero tú lo conoces como nadie, y sé que no es el momento, pero quiero hablar de esto contigo.
La miré. Estaba seria, y por un momento me dio miedo de que supiera todo. Miré a Oliver, pero él estaba discutiendo acaloradamente con Angelina.
Los ojos grises estaban helados.
-Te diré algo… -Hasta su voz había cambiado, más seria, sin esa melodía dulce-. No soy idiota. Cuando conocí a Oliver era una persona huraña y arisca. Y de pronto, desde que tú apareciste en escena, no hay quien no me pregunte cómo hice regresar al Oliver de antes. Sé que no fui yo, así como sé que ustedes dos se llevaban bien –excesivamente bien- en sus tiempos de escuela.
-¿Qué insinúas? –pregunté con calma, intentando que la voz no me fallara.
-Nada… de momento.
Sonrió como si nada y fue a sentarse en el regazo de Oliver. Y yo tenía la sensación de que acababa de conocer a Alexa Michaels.
La primera vez que pude verme con Oliver a solas fue un mes después de regresar, una semana antes de San Valentín. Entre nuestras ocupadas vidas y el hecho de que Damyan estaba en desacuerdo con la situación…
Siempre se las ingeniaba para mantenerme ocupada entre una cosa y la otra. Erika, también intuyendo la situación, estaba de su lado… y del de Alexa, por descontado.
Alexa era la de siempre, sin embargo, al recordar la frialdad en sus ojos grises me entraban escalofríos. Cada vez que Oliver y yo comentábamos algo de lo que no tenía ni idea, ella interrumpía. Él no parecía entender, pero yo miraba a la mujer con cada vez más recelo…
Pronto, una callada batalla de un solo lado se convirtió en una guerra declarada.
Ese día estábamos en mi casa. Habíamos tenido entrenamiento fuerte, Erika andaba desaparecida… y entre un cuento y otro, nos conseguimos hablando y tomando de más. Un vaso de brandy no le podía faltar a Oliver, y yo había probado por primera vez esa bebida. Claro que un vaso se convirtió en dos, y luego en tres…
Oliver ebrio era un problema: Equivalía a sinceridad, brutalidad y violencia.
Yo estaba casi dormida en el sofá. Tampoco estaba mejor, y eso agravaba la situación. Cansada, débil… Los entrenamientos, por alguna razón, eran el doble de fuertes últimamente.
Estábamos callados, yo con mis ojos cerrados. Sentí su mirada examinarme, y sonreí. No pensé que algo como sonreír pudiese causarle mayor efecto, pero cuando hablo, lo hizo con una voz fuerte, pero algo vacilante.
-Quiero estar contigo, Katie.
Abrí los ojos, dejando que mi cabeza tomase la decisión.
-No podemos, Oliver. No podemos.
-Pero creí que todo había quedado claro… -murmuró.
-No podemos. Tú estás comprometido, y no puedes…
-Tú no puedes decirme que hacer y que no.
-Te puedo poner a elegir. Mientras estés con ella no intentes nada conmigo.
Pareció captar el sentido de estas palabras, porque calló unos instantes. Yo rogaba por que Erika no llegase a la casa esa noche. Últimamente nunca la veía, y presentía que pronto tendría una habitación deshabitada.
-Tú me quieres… -susurró, y yo lo vi por encima del brazo del sofá, donde yo estaba acostada. Estaba abatido, confundido y enojado. Me estremecí.
-Y por eso te digo todo esto. Tú te vas a casar con ella en Junio. Y la quieres, Oliver…
-No como a ti.
-…y ya tienes que dejar de pensar como un niño. Alexa es tu futura esposa. ¿No te has mentalizado?. Vas a vivir con ella el resto de tu vida y tienes que cimentar la confianza…
-No me interesa.
-¿Por qué le pediste que se casara contigo, entonces?
Se hizo el silencio, y me di cuenta que acababa de cruzar una línea invisible cuando Oliver se levantó de su sillón y se arrojó contra el sofá con tanta rapidez, que no me dio tiempo ni de asustarme cuando su aliento a brandy bañó mi rostro, y sus manos apretaron como hierro ardiente mis hombros.
-Porque… estaba… cómo decirlo. Katie, esa fue la época en que ese búlgaro llegó. Y lo arruinó todo. Yo hubiese podido dejar a Alexa para intentar algo contigo.
-Damyan no…
-¿Te recuerdas aquella noche que te hice recordar?. Bien. Alexa nos vio. Ni siquiera le insistí para que se quedara, pero no tenía a dónde más ir. Tú me pediste que te besara, y en un momento quise creer que lo querías. Pero luego decidiste que querías estar con él. Y para retener a Alexa tuve que pedirle matrimonio. Esa es la verdad.
"La verdad" entró en mí como un trago de agua fría, calando mis huesos hasta que cualquier emoción calurosa parecía vana. El agradable sopor que me invadía ya era inexistente. Mis ojos estaban totalmente abiertos.
-Idiota –murmuré. No sabía si se lo decía a él o me lo decía a mí.
-Culpable –dijo, con una media sonrisa que me hizo darme cuenta que no estaba perdido del todo.
-Odio cuando tomas en exceso –cambié de tema, disfrutando otra vez de la cercanía e incluso del aroma alcoholizado, como queriendo embriagarme y adormecerme también entre esos fuertes brazos. Queriendo volver a sentir calor, que Oliver de pronto me dijera que todo era mentira y que podíamos…
No cedas, anda. Sé fuerte.
-Mereces oír cosas que no diría estando sobrio.
-Podrías.
Acercó su rostro más al mío. Era otra persona, más intenso. Como siempre, sus cambios de ánimo eran bruscos, y podía notar que su cálido cuerpo contra el mío se estremecía al tiempo que yo entreabría mis labios.
Él lo notó también, y fue mi turno de sacudirme en un escalofrío.
-¿Me besarías en este momento, eh, si estuviese sobrio?
-Hm… ¿Desde cuando eres tan seductor?
-¿Soy yo, o este diálogo carece de coherencia alguna?
-A mí no me culpes, tú eres el que está actuando extraño.
-Y sin embargo, tú no me alejas.
-Tengo miedo de un Oliver ebrio y violento.
-Entonces todo lo que tengo que hacer para besarte es beber de más.
-Ya te di mis condiciones.
Él rió.
-Grábate esto en la mente, Katie: Soy tu debilidad. Te he hecho daño, y sigues volviendo a mí. Y tú eres lo que me ha debilitado y me ha fortalecido. No puedes huir de mí.
Y con eso, me besó con tal arrebato que no tuve más remedio que fundirme contra él.
-Katie, Merlín, entra en razón.
La familia entera estaba reunida para el nacimiento de las gemelas. Martin, como buen futuro padre, estaba muriendo de nervios. Mi madre y mis tíos se recargaban unos sobre otros, y creo que era más bien porque lamentaban la ausencia de Claude.
De hecho, mentí. Solamente estábamos ahí mi abuela, tío Alkes, mi tía, mi mamá, Erika, Martin y yo. Dolía tanto ponerse a pensar a dónde se había ido una familia tan numerosa…
Pero mientras los demás no prestaban atención, Erika trataba de hacerme "entrar en razón"
-Tú eras la que me decía que tenía que luchar por lo que quería. Desde que fui pequeña siempre quisiste hacerme ir en contra de lo que me habían enseñado. Lo lograste, y ahora quieres que haga lo establecido…
-Era diferente. No le hacías daño a nadie con jugar… Ahora estamos hablando de que estás intentando quitarle el prometido a otra mujer. A conciencia y a sangre fría.
Ella había tomado el lado de Alexa, intentando hacerme volver con Damyan, y yo por ello estaba mortalmente ofendida.
-No le pienso quitar nada a nadie, pero me niego a perder a Oliver. Perder su amistad. Entiendo que se vaya a casar con ella, y estoy sinceramente feliz por ambos…
"Pero Erika, es que no te hablo de un juego. Te hablo de que es una lección de vida. Luchar por lo que uno quiere, cueste lo que cueste, ya de por sí es una ganancia. No voy a rendirme sin luchar, así lo pierda todo. Y suena cursi, pero es una parte de mí que no estoy dispuesta a perder.
-Idéntica a tu padre –La voz ronca de mi abuela se oyó detrás de nosotras.
Mi abuela Marilyn era una mujer de carácter, algo parecida a mi mamá. A la gente le costaba creer, de hecho, que mi madre no fuese su hija. Y ella quería a su nuera como si lo fuese, teniéndole quizás algo de piedad por "haber tenido que soportar las inconciencias de Rigel".
-Lo cierto es que tu padre siempre lograba lo que se proponía. Quiso ser Auror y lo fue. Quiso a Helena y la tuvo. Te quiso a ti, y procuró compaginar todo para poder velar de ti lo mejor posible. Y nunca le importó a quien se llevase por delante. Tu madre, Marilyn, es una víctima de su inconciencia –Ella siempre me llamó por mi segundo nombre. Era la única-. Y admiro su coraje. Ambos tienen mucho coraje, y no les habrías hecho honor si tú no lo tuvieses.
Mi prima y yo nos vimos a los ojos. En mi vista periférica estaba Martin, observándonos con reproche como si se preguntase cómo podíamos estar tan tranquilas. Era evidente: no lo estábamos.
-Marilyn –siguió mi abuela-, a veces creo que heredaste también lo peor de ambos. Eres testaruda, inconsciente y cerrada, aislada del mundo, con tus parámetros personales…
Traté de no enojarme ante su sermón, que más que severo era cariñoso.
-¿Desde cuándo eso es malo?
Para mi sorpresa, rió. Era una de esas mujeres bastante mayores que aparentan ser más jóvenes, tanto en sus cuidados como en aspecto general. Su risa, algo aullada y bastante jovial, era la de mi padre algunos tonos más aguda.
-…Y el sombrero dijo "Gryffindor".
Las gemelas tenían un par de semanas cuando las pude ver bien por primera vez. Ni siquiera las visité, sino que la esposa de mi primo las trajo a mi casa. Tatiana era una de las mejores amigas de Erika, y aprovechó un día que nos tomamos libre –el cumpleaños de Erika- para venir a casa por la mañana. El cumpleaños de Erika sería todo un evento, y por eso nos tomamos el día.
Las niñas dormían sobre el sillón, necesitando poco espacio. Yo preparaba algo de chocolate, mientras las otras dos comenzaban con sus habituales comadreos.
Cuando llevé las tres tazas de chocolate, Erika me sonrió. Las dejé sobre la mesita sin dejar de observar sus ojos brillantes.
-Les tengo una noticia… a las dos.
Miré a la esposa de mi primo, con la misma curiosidad con la que ella me intentaba analizar a mí. Erika no habló, sino que extendió su mano para tomar el chocolate, y ahí lo vi.
-¡YO SABÍA!
Me lancé en sus brazos cual niña pequeña, haciendo oscilar peligrosamente la mezcla marrón que había en aquella taza.
-Katie, vas a despertar a las niñas –me recriminó la joven madre, sin entender todavía. Yo no le presté atención.
-Eri, qué mala eres por no decir nada. ¿Cuándo? Y más importante… ¿Desde cuando?
-¿Qué pasó? –Tatiana, exasperada, se acercó a las gemelas para comprobar que siguieran durmiendo.
-¡MIRA! –Tomé la mano izquierda de Erika y la levanté. Un anillo dorado con un único rubí la decoraba. La mujer lo observó atentamente.
-Al fin. Iba siendo hora¿No? –sonrió entonces.
-Llevamos juntos desde hacía ya bastante tiempo. Pero hemos estado intentando ahorrar para encontrar un hogar común. Ahora que estoy en la Selección Nacional –no es ningún secreto tampoco- gano lo suficiente para comprar la casa que queríamos.
Qué días estos, cuando una mujer ganaba más dinero que un hombre. A mi mamá no le encantaba la idea. Siempre consideró que ganar más que el hombre era herir su ego, y que invertía los roles de la casa.
-En verdad… el plan, al menos mío, era vivir juntos, sin casarnos. Pero desde mi aumento, por así llamarle, y el hecho de que él pudo ahorrar lo suficiente para comprarme anillo, me encontré planeándome si quiero una boda en invierno o en el verano próximo y…
-¿Cómo piensan hacer con los medios?
-…Justo les iba a pedir cero comentarios a ustedes dos. Queremos que todo sea en secreto, con pocos testigos. Katie, quiero que seas la dama de honor si hacemos ceremonia.
-Prometido –sonreí. Erika se veía radiante, aunque no lo demostraba mucho.
Oímos un pequeño ruido, una de las niñas se había despertado.
-Dejémosle ahí hasta que despierte a la otra. Me conviene que tengan los mismos horarios.
-¿Cómo las diferencias? Son exactamente idénticas…
-Oh, la que se despertó es Addy. Marie se hubiese puesto a llorar en seguida. Y eso me recuerda a que tengo que conseguir niñera para esta noche… si me disculpan, yo me retiro.
Después de las correspondientes despedidas, Erika y yo nos quedamos solas.
-¿Eri?
-Dime…
-¿Desde hace cuanto lo quieres?
Ella sonrió. Podía sentir su alegría debajo de su calma.
-Creo que desde antes de saber que existía.
Justo a donde quería llegar.
-Sé que podrías ir contra todo nada más por él. Y sin embargo, no dejas de reprochar mi actitud.
Ella tuvo que pensar un poco para saber a que me refería, y noté su alegría desinflarse para dar paso a una buena dosis de confusión.
-¿Hablas de… Oliver?
No respondí, y esa fue la mejor respuesta que le pude dar.
-Cielo, no sabía que le querías tanto.
Y se apresuró a cambiar de tema, como para disculpar su pasada actitud.Estuvimos hablando de cosas sin importancia toda la mañana, y a medio día recordó que ya habían pasado diez minutos de la cita que cuadró con el estilista y se fue casi sin despedirse.
Leanne venía no mucho después para hacerme ese favor a mí, pero Erika no quiso oír al respecto. Teníamos que estar en el salón de ceremonias a las seis.
Estaba sola cuando llegó Damyan, al que había avisado de la ocasión. Él me había comentado que llegaba temprano, y yo no tenía problema alguno.
Me saludó, pero en seguida me dio la noticia.
-No estoy aquí parra el cumpleaños de tu prrima. Regrreso a Bulgaria.
No llevaba ni treinta segundos en mi apartamento. Yo me levanté, ofuscada, y lo encaré.
-Oh, no puede ser. Si justo ahora necesito algo de… de apoyo. No sé que hacer.
-No necesitas nada. Erres fuerrte y… si necesitas a alguien no es a mí.
-Lo haces sonar como si te hubiese abandonado. Eres uno de mis mejores amigos y una de las personas de las que dependo.
-Otrra vez. No dependes de nadie. Muchos a tu alrededor dependemos de ti. Todos hemos visto cosas, tú sigues fuerrte.
-Yo he vivido cosas, Damyan. Y te recuerdo que esta pulsera de cuero, que solo me quito para bañarme, era lo que me recordaba tu presencia y me daba fuerzas. Y aún hoy es como un amuleto.
Hubo una pausa. Pausa que marcó cierto peligro.
-No sabía que me tenías tanto aprrecio. Siendo así¿Porr qué terminaste lo que teníamos?
Tuve que haber percibido la alerta roja en seguida, pero en vez de eso respondí con toda naturalidad, sonriendo como para amainar su ego herido:
-Porque no iba a ningún lado.
Él me miró, sus ojos punzando el fondo de mi conciencia.
-Sigues enamorrada de él.
Me sorprendió lo directo que fue. Odiaba el hecho de que tener una fijación tan permanente me anulase. Me tenía completamente impedida y atada.
-Algunos amores duran toda una vida.
-Prrobablemente.
Ese tono de voz. El tono que ya había reconocido, que mi cuerpo antes bloqueaba por instinto: El tono de una confesión, de algo que el hablante pensaba que yo no querría oír.
-Porr eso me voy. Estoy enamorrado de ti.
¡¿QUÉ?!
Lo miré como si lo viese por primera vez. Damyan y yo nunca fuimos francos en lo que se refería a lo que sentíamos por el otro, así que su sinceridad, la desesperanza marcando sus preciosos ojos, hizo que algo en mi interior quebrara.
Mi silencio pareció envalentonarlo.
-Tú no puedes verr lo que está frrente a tus ojos. No me mudé a Reino Unido porr nada más. Sí, en un prrincipio erra solo la sorpresa de verrte jugarr, todo idea de esos gemelos pelirrojos… Perro me quedé y me enamorré. Así son las cosas. Perro ya sé que no tiene caso, y yo no tengo nada que hacerr aquí lejos de familia y otrros amigos.
Tardé un tiempo en digerir sus palabras, entre ofendida, dolida e impotente.
-P-pero Damyan… creí que… Merlín –Me dejé caer en el sofá.
-Erres muy fuerrte y de muy buen corrazón. Es algo impresionante verr como todos arriman a ti parra salir adelante. Y tú los sacas. Lo has visto todo, y ahí reside tu fuerrza. Erres realmente admirrable, como has logrrado levantarrte porr ti misma…
No necesité oír más para saber qué pasaba.
-Tú no me quieres, Damyan, y jamás lo harás.
Ante mis palabras, pude ver su semblante ofendido. Se volteó hacia la ventana, y cuando regresó su mirada a la mía, ya era más dolor que ofensa.
-¿A qué le tienes miedo, Katie?
Me reí. Estaba siendo cruel, pero yo también me sentía herida y engañada.
-No es miedo. No puedes querer algo que no conoces. Creí que te habías dado cuenta que tú y yo compaginamos porque vimos formada nuestra personalidad de la misma manera, lo que llevaba a la comprensión mutua.
El silencio que siguió indicó incomprensión total, por lo que yo seguí.
-Los dos nos sentimos opacados por alguien cercano. Y los dos amamos a personas de forma incondicional… y ninguna de esas personas está presente.
La mención indirecta de la hermana de Viktor Krum, él volvió su vista a la ventana.
-Todo eso me llevó a concluir que, salvando diferencias básicas, tú y yo éramos completamente iguales. Los dos más fuertes de lo que queríamos aceptar, los dos buscando afecto y comprensión. Ambos impredecibles el uno para el otro aunque la respuesta la teníamos en nosotros mismos.
Escuché un suspiro al concluir mi análisis. Otro silencio me indicó que él estaba procesando mis palabras. Aproveché para seguir hablando, con la suavidad con la que mi madre me hablaba a mí al intentar inculcarme sus convicciones.
-Hasta una persona que me conociera por primera vez entendería que yo no tengo real conciencia de los sentimientos ajenos. Lo considero un básico de la supervivencia. Carezco de la bondad requerida para ser modesta. Soy terriblemente leal, orgullosa y valiente, en cierta medida.
"No lo he visto todo. De hecho, no he visto nada. He estado al borde de la muerte, he tenido más fracturas y fisuras de las que podrías contar, pero eso no es verlo todo. Y no soy fuerte, soy inocente. He vivido aislada y he saltado experiencias comunes a toda persona de mi entorno. No, no he visto nada.
"Eso me hace un chaleco salvavidas: Sin conciencia de la situación, carente de toda fuerza, pero con capacidad de ser utilizado para permanecer a flote por sus características especiales. Y el que sirva o no depende de la habilidad del que lo use. No soy fuerte. Estas confundiendo fuerza con lealtad y apoyo. Yo no saco a nadie adelante, ellos nadan por su cuenta.
Creo que reí al final del discurso, pues nunca había hablado tanto tan seguido, y menos de mí misma. Pude notar como algo dentro de Damyan se rompía. No te ofusques, Katie. Es mejor así.
Había sentido la necesidad de explicarle a uno de mis mejores amigos por qué sentía que me desconocía. Y al notar como se encaminaba a la chimenea para decirme un adiós que bien podría durar para siempre, me di cuenta de que algo más se había roto irreparablemente.
-Supongo que no tienes mas que decirr –Era dolor, dolor del puro. Él también sentía que esto marcaba un final. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pese a todo lo que luché toda la discusión para que no pasara.
Él ya había lanzado los polvos al fuego y dicho el lugar a donde quería ir cuando me decidí en hablar.
-Damyan, yo no…
Se volteó, entrando a la chimenea. Una sonrisa suave, perdonadora, adornaba sus labios. Las llamas lo devoraban, pero pudo decirme una última frase:
-Sí 'tú', Katie. Tú. Ese es el prroblema.
Cuando Alexa y Oliver llegaron, la primera con una actitud confiada y agria, y el segundo evadiendo mi mirada, yo supe que todo había llegado a un límite.
El cumpleaños de Erika era celebrado por todo lo alto, como una celebración del Equipo Nacional. Habían aprovechado esa noche para anunciar quién formaba la Selección. Eso quería decir que casi todo el mundo mágico estaba ahí. Estaba ella, más radiante que nunca. Charlie no muy lejos, vigilándola pero guardando apariencias.
Todos nuestros amigos también se encontraban en la celebración. Leanne aparentaba sus veinte años con unos tacones altos y una cola de caballo, su pelo liso por primera vez en la vida… rodeada de hombres, para no perder la costumbre. Angelina, del brazo de Fred, y George hablando con una rubia que debía ser Verity, su asistenta en la tienda. Zacharías con Susan, de la mano y riendo.
Pasando entre la gente me conseguí con mis ex compañeras de habitación en el colegio, Sarah y Aileen. También estaba allí Stella Arlens, atrayendo más miradas que nadie. Estaban todos los Weasley, la familia Wood al completo, Harry Potter, Hermione Granger… un montón de gente que no veía en al menos un año.
Pero nada me impresionó tanto como la expresión de Alexa, que ni siquiera aparentaba dulzura. Era algo de triunfo… Y por el semblante de Oliver, parecían haber peleado.
La pareja intercambió impresiones con la cumpleañera, Alexa y Erika hablando como si fuesen amigas de toda la vida. Entonces, para mi sorpresa, ellas dos se fueron riendo como quinceañeras dejando a Oliver solo.
Mire hacia otro lado, pero él no tardó en notarme. Lo sentí cuando ya estaba cerca, su aroma tan familiar para mis sentidos.
-Ponte de pie, y da una vuelta para mí. Los rumores corren, y dicen que estás más bella que nadie.
El elogio me hizo estremecerme, obedeciendo por inercia. Llevaba un vestido rojo sangre, de esos que una ve en la vitrina y sabe que ha encontrado a su gran amor. Oí a Oliver silbar, apreciando la vista, y yo me sonrojé.
-Esos rumores te subestimaron, Kate.
-¿Y a qué se debe el piropo? –articulé, tratando de evitar que mis mejillas tomasen el color de mi vestido.
-A que cuando el búlgaro venga, no podré hablarte más en toda la noche. Merlín¿Hace cuánto no nos vemos a solas?
Era tan directo que me sorprendió. Sentía su anhelo, su impotencia, y las compartía. Pero sonreí con diplomacia.
-Damyan debe estar en Sofía a estas alturas.
-¿Fue a ver a su familia o algo?
-Aparentemente… estuvo todo este tiempo enamorado de mí.
-Lo dices como si fuera noticia. Eras la única que no se había dado cuenta de que él se había quedado solo por ti. Alexa estaba loca por que volvieses con él…
Me dolía hablar de Damyan, así que aproveché para hacer un cambio de tema.
-Alexa lo que quiere es que te deje en paz –Yo había agarrado un hábito de sonreír con aquella sonrisa leve, una que no quiere decir nada en específico, cuando decía algún comentario de ese calibre.
-Creo que ambos la entendemos.
-Sí… algo así.
Nos quedamos en silencio, viéndonos a los ojos. Ya habíamos tomado la costumbre de ser sinceros el uno con el otro, no importaba cuanto daño nos hiciéramos. Nos heríamos más al mentir.
-Me siento como si la estuviese engañando… sin embargo, ella sabe que no la podré querer lo suficiente.
-Ella cree que sí.
-Kate… -Suspiró, y ahí supe que no se iba a andar con rodeos-…sabes que solo tienes que decir una palabra para que yo me olvide de todo. Si sigo con ella… sí, le tengo afecto. Casi la quiero. Pero quiero estar es contigo.
…Las cosas han cambiado, el daño está hecho, y en este momento si la dejas hasta daría igual.
-Oliver… no puedo permitirte que hagas eso. Piensa en tu familia, piensa…
-¿Sabes en que pienso? En esa niña de diecisiete años que gritaba mi nombre, interna en un hospital. La niña que me rogaba que no me fuera, que no la dejara sola, que me agarraba la mano... Esa niña, Katie, que tenía más valor que la mujer que ahora está en frente mío.
"Si yo no la dejo es porque no quiero comprometer tu moral, porque sé que va en contra de tus principios. Soy sincero cuando te digo que todo lo que pasó entre nosotros me dejó hecho mierda, pero que jamás podré huir de ti. ¿Crees en el matrimonio sin amor, Katie?
-No creo en el matrimonio.
Sonrió de medio lado. La luz de las velas lo hacía ver peligroso, y mi corazón comenzó a latir con violencia.
-Así que es eso. Miedo. Tienes miedo a estar con alguien y luego te rompan el corazón, como le sucedió a tu mamá.
-Te recuerdo que ya lo has hecho.
A eso no pudo responder nada.
-Solamente piensa en esto –dijo después de unos segundos-. ¿Cuáles son tus principios?. ¿Matrimonio sin amor?. ¿Dejar de lado aquello que amas?. ¿Rendirte antes de luchar?. A veces… a veces lo correcto no es lo mejor. Solamente di la palabra, Katie. Di la palabra y jamás me moveré de tu lado.
Me quedé con la boca abierta. Y justo cuando mi decisión había sido tomada, cuando ya el 'tú ganas' y una sonrisa brillante estaba a punto de rodar de mis labios…
-Katie… ¿Puedo robarte a mi novio?
Y pude haberle dicho aquello aún con Alexa ahí, pero noté la valentía abandonarlo. La desesperanza invadiéndolo.
-Oh, así que tú eres la prometida de Oliver Wood –una chica pelirroja, que debía ser reportera, se dirigió hacia Alexa con una sonrisa de plástico. Por su block y bolígrafo, era notorio que estaba cubriendo el evento. Los famosos, algunos deseosos de ser entrevistados, comenzaron a rondar.
-La misma –respondió al gesto, olvidándose completamente de mí.
-¡Entonces es verdad!. ¿Eres muggle? Cuéntanos un poco de ti…
-No hay nada que contar…
-Oh, no seas modesta. ¿Cómo conociste a Oliver?. ¿Cuándo te enamoraste de él?
No quise oír la historia, pero no iba a hacer un espectáculo. No tardé en notar que la mujer era Annie Hitchens, que en tiempos de colegio había sido rubia y había tenido una relación con Oliver.
Alexa habló, breve pero emocionada.
-…Y… cómo olvidarnos de Katie Bell, la nueva recluta de los Magpies esta temporada… todos recordamos los rumores que corrían sobre ustedes dos, en Hogwarts.
-Fuimos buenos amigos.
Sonrió. Se veía dichosa en su papel de reportera, tanto que me hizo sonreír a mí también.
-Dinos, Katie¿Crees que ella sea la chica correcta para el jugador revelación de la temporada? Supongo que aprobaras el matrimonio…
Los miré. Tanto Oliver como Alexa presentaban un rostro ilegible, aunque podía palpar la incomodidad.
"Tienes miedo"
"Quiero estar es contigo."
"A veces lo correcto no es lo mejor"
"DI LA PALABRA"
-Puede que sí sea buena para Oliver. Pero no lo apruebo.
Oí varios suspiros ahogados. No miré a mi alrededor… me sabía observada.
-¿Cómo así, Katie?. ¿Por qué?
-Annie –Usé su nombre, con una sonrisa de póquer ensayada-. No hay que ser genio para adivinarlo.
Y en frente a Oliver, Alexa, todos mis amigos, gran parte de mi familia, mi equipo, los señores Wood, el inflexible padre de Zacharías, ex compañeros de escuela, archirival incluida…
-No es ningún secreto que estoy enamorada de él desde que tengo trece años.
Notas: Mala. Creo que peor que nunca. Merezco que me odien.
Un capítulo más… QUIZAS. No sé, ya con la salida del siguiente sabrán si ese es el último o si queda otro… pero veo las cosas bastante concluidas ya. Igual, va a haber epílogo (juro que no va a ser un epílogo a la JKR). Ah, no sé planificar. Creo que todos ustedes lo prefieren así xD.
Por cierto. La experiencia del vuelo de regreso de Katie… yo la tuve. Y tenía que desahogarla. Cinco horas, diez mil fallos en el avión y yo chillándole a mi padre "¡BAJÉMONOS DE ESTE AVIOOOON!". Cabe decir que mi padre había perdido su pasaporte y que estaba más histérico que yo, que al menos tenía el consuelo de no ir a clase el día siguiente (perdía clase de Química y de Biología. ¡Yay!). El pasaporte apareció y nos llega a casa esta semana.
Y… bueno. No sé que más decir. Perdonen la demora, y espero no haberlas decepcionado. Cualquier cosa, el botoncito de abajo dice "go" y una de las opciones es "submit review" n.nU
Besos, abrazos y demases,
Kayi.
