Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

Susurros Inmortales

Capitulo 2

Terapia

Seatle – Washington EE.U.U.

POV Carlisle Cullen

- Bueno Bella. ¿Cómo te ha ido esta semana? ¿Volviste a soñar con él? - Pregunté intentando mostrarme paciente.

- Con Edward. Sí. Anoche mismo. - Corrigió mi paciente. Mi única paciente: Isabella Swan.

Mi nombre: Carlisle Cullen. Profesión médico. Naturaleza, vampiro. Edad: más de lo recordable.

Había sido extremadamente difícil lograr que llegara la información del consultorio ficticio a su conocimiento. Gracias a mi hija Alice, habíamos logrado anticiparnos a su intención de buscar un profesional y así hacerle llegar un folleto. A fín de la trampa, parecía que ella me encontró.

Pobre joven. Tan ingenua, delicada y con tantos conflictos que resolver. No parecía más fuerte que una flor. El intenso olor a Fresias que se escurrió en el ambiente, me distrajo una milésima. Ella misma olía como una bella flor. Talvez esa era el terrible pesar que caía sobre la joven: olía demasiado bien.

No es que para mí fuera particularmente difícil resistirme al encanto de su sangre, pero su elíxir era tan terrorífico y obsesivo para mi otro hijo Edward, que ocasionó la desaparición de éste por muchísimo tiempo.

- ¿Y que fue esta vez? - Pregunté volviendo mi atención a ella.

- Solo la misma sensación de que alguien estuvo conmigo, su voz susurrándome la historia de … - Interrumpió la frase. Luego dijo atropelladamente - ¿Puedo preguntarte algo Carlisle? ¿Alguna vez leíste mis historias?

La pregunta me sobresaltó. Si supiera que era por sus historias que nos habíamos acercado tanto.

- En verdad, no soy muy adicto a la lectura de fanfics, pero si crees que es importante para ti. Prometo hacerlo. ¿Porqué? . - Concluí esperando abrir otra ventana que me hiciera referencia, sobre su complicada personalidad.

Isabella guardó silencio por un momento, como meditando lo que iba a decir. Recordé el día en que Edward se presentó en nuestra residencia. Su cara de terror y sus ojos exageradamente negros.

Hacía varios años que vagaba solitario en una etapa de rebeldía, desquitando su sed y su enfado contra delincuentes en cuya mente leía maldad. No es que le culpara por oficiar un castigo a quienes seguro se merecían el calificativo de "monstruos" más que nosotros. Pero también quería que el mismo concluyera ese camino, pues poco nos diferenciaríamos de ellos, al quitar una vida. Con los años compartidos, esperaba sinceramente que volviera y de allí la alegría cuando lo recibí, a pesar de ver sus ojos embebidos de sangre humana.

El me relató que había encontrado una niñita en el bosque cercano al poblado de Forks. La pequeña olía supremamente bien y él casi no resiste la intención de matarla, pero el encuentro le marcó para siempre. Se sintió fuerte para enfrentar sus demonios y regreso a nosotros. Pasaron talvez unos diez años, hasta que decidimos volver a esas tierras.

Teníamos todo armado para que Edward y Alice comenzaran a cursar sus estudios de preparatoria a fin de permanecer algún tiempo; cuando ella se volvió a cruzar en su camino. Por Alice, supimos que parecía haberle reconocido. Por ese entonces, Bella era una joven de casi 17 años, casi la misma edad que Edward, al momento que le convertí.

Tarde comprendí que el destino del volver a encontrar a Bella, ocasionaría que Edward se marchara indefinidamente. Tentado por su sangre se alejó de la familia, avergonzado de su debilidad y ni siquiera Alice, con su don de ver el futuro, sabía su paradero.

Hace apenas unos meses, Alice divisó un sitio de Internet en el que novatos escritores daban vida a sus fantasías. Uno de esos relatos la llevó a seguir los pasos de BSwan21 no más y menos que Isabella Swan. Parte de sus escritos revelaban para nuestro horror, historias muy reales del mundo de los vampiros. Solo fue necesario, seguirle una vez, para notar como la esencia de Edward impregnaba su domicilio. Él seguía tras ella y nos daba una mínima oportunidad de hallarlo antes de que otros lo hicieran.

- Cuéntame sobre tu último sueño. - Sonreí buscando su confianza.

Ella comenzó a describirme a los vampiros rumanos. No pude menos que sonreír ante el relato de ese par de sabandijas. Cuando llegó a la parte de la posible intervención de los Vulturis, es que tragué con dificultad. Corríamos sobre una línea muy delgada en la búsqueda de Edward. Talvez él mismo no sabía en el peligro que había expuesto a la chica, contándole nuestras historias.

- ¿Y como te sientes con respecto a esos personajes? - Indagué.

- Lástima por ellos. Si la historia fuera cierta, nos hemos perdido de conocer el eslabón exhibicionista del mundo vampiro. - Asintió con gracia.

- Y nada de ello tiene relación, con una joven talentosa que purga por salir de la oscuridad, antes de volverse piedra. ¿Verdad? - Aduje a su favor.

- Ya sé por donde vas Doc. Y no es así. Yo estoy cómoda con mi vida reservada. - Suspiró al decir esto último.

- ¿Y Edward? - Consulté esperanzado.

- Pues no mucho. No pude verle, solo sentir su voz susurrándome la historia. Te parecerá una locura y casi me resisto a decirlo, pero a veces parece tan real. - Esta última frase se fundió en un sonido ahogado.

- Aquí estás a salvo Isabella, no tienes que apenarte por nada. - Mentí irremediablemente. La suerte de la chica, ya estaba echada.

- Creo que necesito medicación. Mis fantasías han llegado a niveles que no puedo manejar. Carlisle. El otro día me desperté con un sabor extraño sobre los labios y todo mi ser cree que fue un beso y hoy casi juraría que le sentí al lado de mi cama. No era un sueño … su olor, las huellas de alguien sobre mis sábanas.

Comenzó a llorar de nuevo. No pude menos que entristecerme y horrorizarme. Edward estaba desquiciado. Su comportamiento rayaba la demencia. Si no lo deteníamos pronto acabaría por matarla y le perderíamos para siempre.

- Deja esa decisión a cargo del Doctor. Lo vienes haciendo muy bien. - Concluí para tranquilizarla, aunque yo estaba tan asustado como ella.

- Lo dudo. Los sueños parecen cada vez más vívidos. Al principio solo era el creer que había cerrado mal una ventana, al descubrir los postigos abiertos y cosas simples, como un libro que está ubicado en otro lugar, una página marcada, un cd de música que nunca compré. Me estoy volviendo paranoica, lo sé. Por las noches siento que me siguen y lo más demente de todo, es que espero que me alcance, que sea él. - Sollozó descontroladamente. Quise con todo el resabio de mi humanidad acercarme y consolarla. Pero no podía. Me limité a acercarle una caja de pañuelos, dándole tiempo para que se calmara.

- ¿Quieres continuar Bella? - Pregunté todo lo tranquilo que mis quinientos años me permitían.

- ¿Qué más quieres que te diga? Que estoy tan desesperada de afecto y aceptación que me imagino un ser imaginario, para no sentirme tan sola. Yo lo sé. Tú lo sabes y peor ¿Sabés que lo hace más patético? - Negué con la cabeza, ante su arrebato de furia. - Que tengo que pagarle a un extraño para contarle mis problemas, porque no tengo ni siquiera un maldito amigo que pueda escucharme.

- Este extraño te ha dicho un montón de veces que no le interesa que le pagues un centavo por escucharte. Aunque te prefiero enojada que deprimida, así que anda desquítate conmigo. - Concluí ganándole una sonrisa.

Ella miró el reloj de la pared, ansiosa por irse. Creo que emocionalmente necesitaba un respiro.

- Ya casi llegamos al final de la cita y he meditado la posibilidad de asistir una vez por semana. ¿Puedo abusar de ti, de esa forma? - Consultó con timidez.

- Claro que sí. Y ya que haz aceptado, quisiera pedirte un favor, que creo te favorecería. - Deslice con prudencia la oferta.

- Dime Carlisle. - Dijo Bella con dulzura.

- Pues verás, mi hija ha regresado recientemente a la ciudad, después de estar pupila en el extranjero y tiene intenciones de irse a vivir sola. Yo quisiera que se tomara las cosas con más calma, pero como ella insiste, me preguntaba si no aceptarías que viviera contigo un par de meses. - Le miré directamente a los ojos.

- Vaya. ¿Y no tienes miedo de meterla, con una paciente con un tornillo flojo? - Inquirió con sarcasmo.

- No te ves con claridad. Para mí eres una joven juiciosa, con problemas de sueño, probablemente sonámbula a la que le vendría bien una compañera de su edad.

- Con ese diagnóstico como podría negarme. - Sonrió y la cita llegó a su fin.

La vi partir desde mi ventana. Esme estaba a mi lado, apoyada sobre mi hombro en un gesto reconfortante.

- Debemos llamar a Alice. Quiero que esta misma noche, esté en la casa de Bella.

Volterra – Región de Toscana - Italia.

POV Narrador anónimo

- Maestro ya está la información que me pidió. - La voz aniñada de Jane, llamó la atención del antiquísimo vampiro.

Aro se dio vuelta, arrastrando su capa negra por el polvoriento suelo que daba cobijo al Clan de los Vulturis. La Casa Real.

No hizo falta señal alguna para que se movieran a su lado, tres de los guardaespaldas que pertenecían al séquito más intimo. Jane, Alec y Renatta.

- ¿Apreciaría tu opinión? - Soltó Aro con voz afectada y teatral, dirigiéndose claramente a Jane.

- No es algo nuevo, ni relevante. Pero el hecho que provenga de una humana, lo hace un peligro. - Contestó Jane con corrección.

Aro llegó a una extraña sala, en donde decenas de televisores y ordenadores, seguían información en diferentes idiomas. Algunos reflejaban el estado de la bolsa de valores, otros las últimas novedades de la política y unos menos, los noticieros de distintos países. Con el paso de los siglos, habían apreciado el uso de la tecnología como un arte que debía ser cultivado y siendo vampiros … eran muy buenos en ello.

Miró la página de Internet que estaba desplegada. Por unos segundos, su postura fue rígida, luego para sorpresa de los presentes. Soltó una carcajada sonora y musical.

- ¿Y hay más de esto? - Se volvió hacia Jane, que le miraba reprobadora. Sin contestar se acerco y le mostró. - Esto es fascinante y de lo más … divertido. Casi terapéutico. Oye esto "me inclino a pensar que los vampiros italianos intervinieron. A estos últimos les debemos el secreto orden que hoy disfrutamos" Es un halago. - Exclamó Aro.

- Maestro, no creo que Cayo y Marco, consideren el asunto "divertido". No podemos quedarnos pasivos ante tamaña ofensa. - Respondió Jane con agriedad.

- No insultes mi inteligencia. Mandaremos a buscar el responsable. - Continuó Aro aún ensimismado en la pantalla.

- ¿Porqué traerlo mi señor? Debe ser callado sin contemplación. - Acotó Jane con temeridad.

- Tiempo al tiempo, mi querida. Estos secretos solo pueden tener una fuente y es esa fuente la que quiero. Tremenda osadía no proviene de un patético humano.

- Mándame a mí, maestro. - Solicitó con fervor la pequeña, Jane.

Puede ser que su aspecto engañara, a pesar de su apariencia vulnerable, era tal vez el arma más peligrosa del clan. Aunque todo estaba por cambiar vertiginosamente.

- Eres más útil aquí. He pedido que el mayor Jasper y Rosalie, marchen hacia Seatle. No les será difícil encontrarlo, solo es una marioneta al que pronto cortaremos los hilos. - Concluyó Aro y Jane sonrió.