Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 3
Edward - Obsesión
La vi llegar, casi arrastrando los pies. Todo mi ser deseo ir a su encuentro. Parecía tan cansada y vulnerable, con su rostro pálido en forma de corazón. Se había recogido el cabello en una improvisada coleta que dejaba al desnudo su níveo cuello. Hebras de su cabello caoba, se escapaban del agarre y se alborotaban con la brisa de la noche. Aún desde la altura, el potente efluvio de su sangre llenó mis sentidos. Yo miré más de ella, haciendo que mis nudillos apretados, crujieran.
La ventana del departamento que había rentado, se alzaba a cinco pisos y convenientemente estaba ubicado al frente del suyo. Mi necesidad de tenerla cerca, había llegado a lo absurdo, pero nada podía hacer para resistirme a esta obsesión a la que no quería poner nombre.
Décadas atrás, me arrastraba en la monotonía de una vida, sin opciones, sin oportunidades de ir o ser más allá de la inmortalidad de mi existencia como vampiro. La palabra aún en mi mente, era un coro oscuro que retumbaba en mi pecho vacío. Podían pasar centenares, de años y aún así no me acostumbraría a la extrañeza que suponía el descubrir mi transformación. Llevé mi cuerpo al extremo muchas veces, buscando en el camino, una posible salida de este infierno, pero no. Estaba en la continua noche de la inmortalidad.
Después de un tiempo, perdí el interés de permanecer civilizado y me revelé contra la familia. Jugué a ser Dios arrebatando la vida de seres miserables que casi no podían llamarse personas. Y en esa agónica parte de mi … vida, le encontré.
El sonido de su corazón retumbando en mis sentidos, impidiéndome pensar en cualquier cosa que no fuera alimentarme de ella. Solo que cuando me acerqué a la inocencia de su niñez, el reflejo de mi propia monstruosidad en sus ojos oscuros, como un pozo sin fin; me devolvieron la cordura. De pronto la noche no me cobijaba. Un fragmento de luz descendió a las tinieblas mostrándome un lugar donde podría permanecer iluminado. Isabella Swan, Bella como ella insistía que le llamaran, era esa luz.
Siempre creí que había perdido mi alma, al momento en que fui transformado en lo que soy. Y aún en la pena de mi naturaleza, jamás de los jamases le reprocharía a Carlisle, esta segunda oportunidad que me dio. Un regalo que yo no entendía hasta que le conocí. Por ella, dejé mi desenfreno y me discipliné, logrando controlar mi sed, casi por completo. Abracé la elección de mi familia y nunca más probé la sangre humana. Me sentía casi bendecido por un don del autocontrol; pero un nuevo encuentro con una Bella adolescente, hace casi cinco años atrás me trajo la pena y la vergüenza.
Recuerdo ese día. Acabábamos de mudarnos a una nueva residencia en la localidad de Forks. Por supuesto que sabía que era posiblemente el lugar donde vivía la chiquilla que me había rescatado, pero en la inmortalidad, la conciencia del tiempo corre sin relojes y solo pensaba en que todavía era una niña.
El perfecto perfume de su sangre, me golpeó brutalmente en la explanada del instituto, el primer y único día que fuimos. Le busqué entre la pequeña multitud para reconocer sus maravillosos ojos oscuros, mirándome. Y como la primera vez. No tuvo miedo y yo temblé del terror ante lo que suponía su presencia. De seguro que algo en su cabeza, no estaba bien, sino porque aceptaría mi apariencia con casi diez años de habernos visto por primera vez. No salía de mi asombro, cuando ella levantó la mano en forma de saludo y allí colapse. Si daba un paso más la mataría frente de todos, exponiéndome y exponiéndonos inexorablemente.
Su presencia cegaba todos mis sentidos. Necesitaba beber de Bella y por ello corrí. Dejé a Alice en la casa y partí sin explicaciones hacia ninguna parte. Cuando se acabó la gasolina del auto, seguí corriendo a pie. La cólera que sentía por mi exagerada reacción, se fue consumiendo en la creciente necesidad de enfrentarla.
No se cuanto tiempo necesité, para sentirme lo suficientemente fuerte para volver. La vergüenza por mi debilidad me impedía presentarme ante mi familia, aunque sé que me recibirían con los brazos abiertos. No quería explicarme ante ellos y luego de un tiempo, tampoco importo. La razón ella, siempre ella.
Le volví a encontrar y me juré a mi mismo que sería lo suficientemente fuerte para resistir la tentación. Me volví su sombra, su reflejo. Imperceptiblemente la necesidad se volvió un deseo oscuro, imposible, demente. No sé tras cuanto tiempo, mis sentimientos posesivos comenzaron a tener conciencia de su femineidad. Le contemplé crecer, cambiar, llenar sus curvas en el sutil paso de adolescente a mujer. Ardía en el deseo de sentirla cerca, acariciarla; tanto que su sangre comenzó a ser la segunda tentación de mi lista. Por supuesto que algunos días al mes, me resultaba imposible permanecer cerca y agendaba ese período para ir a cazar. Desahogando mi necesidad con una furia desconocida.
Cuando terminó la preparatoria me mudé con ella a Seatle. Una a una fui derribando las barreras que me mantenían lejos de su presencia. Una noche en que los terrores nocturnos, le hacían delirar, me adentré en su habitación en un loco impulso de contener su angustia. Susurré algunas palabras tranquilizadoras a su lado y ello, le calmó de inmediato. Ese era mi don, era un susurrador que podía entrar en la inconciencia de las personas y predisponerlas a hacer lo que mi voluntad les ordenara. Pero nunca pude usar ese don, contra ella. Bella parecía incluso más tranquila y alegre después de que permanecía con ella. Alargué las veladas en un pecaminoso disfrute de velar su sueño, susurrándole viejas historias que mi creador me había contado. Algunas veces me dejaba llevar por mi imaginación y le inventaba relatos en donde me veía junto a ella.
… "Puedes vernos Bella. El pequeño prado escondido entre el espeso follaje del bosque, se halla cubierto por el rocío de la mañana. Pequeñas flores silvestres se cuelan aquí y allá en su tapiz. No me temes. Estás tranquila y relajada a mi lado. El viento juega con tus cabellos y tú sonríes. ¿Puedes sentir la brisa golpeándote el rostro? ¿La humedad del pasto en la palma de tu mano? Giras tu cara hacia mí. ¿Puedes verme?
- No. ¿Dónde estás Edward? Respondió ella entre sueños. Mi corazón mudo dio un vuelco en mi pecho.
Ella me había nombrado y era la primera vez que interactuaba conmigo. Mi nombre en sus labios era una poesía que nunca me cansaría de sentir. Ella siempre me nombraba en sus sueños, pero nunca me había respondido. Decidí tentar los límites un poco más. Me acerqué a su lado, inhalando el profundo elíxir de su sangre. Hasta sentía el roce de su correr por las arterías de su cuello. Mi garganta ardió por su cercanía, pero mi curiosidad era más intensa.
- Yo estoy aquí mi Bella. Junto a ti. - Mientras le hablaba, imperceptiblemente fui subiéndome a su cama.
- ¿Por qué no te dejas ver? No me dejes. - Gimió dándose vuelta y apoyándose sobre mi frío pecho.
Comencé a jadear por su contacto. El peso de su pierna descansaba sobre mis muslos, con la comodidad de una amante y me volví loco. Mi mente se llenó de los deseos oscuros que había querido refrenar en los últimos años. Los deseos que un hombre siente por una mujer. Deseos carnales, de los que ni siquiera me reconocía tener. Pero yo no era un hombre, era un vampiro sediento por su sangre y lujurioso de su cuerpo. Ella se removió sobre mí y toda mi masculinidad se vio expuesta en el sutil roce.
Me deslicé fuera de su agarré en un movimiento brusco, necesitaba alejarme. Creí que se despertaría pero solo se acomodó hacia el otro lado. Suspiro quedamente y volvió a nombrarme.
- Edward. No te vayas. - Levantó su rostro entreabriendo los labios.
La luz de la luna iluminaba brevemente el cuarto, pero mis ojos captaban las líneas de su cara como si estuviera al sol. Ella era mi sol y yo gustoso me quemaría en sus llamaradas. Me acerqué como si toda ella fuera un imán y me perdí en la cadencia acompasada de su respiración tranquila. Lento, muy lento me arrimé a su boca. Tanto que un pequeño movimiento unirían nuestros labios. Aspiré su aliento como el más placentero néctar y gemí ante el calor del mismo.
- Bella. - Suspiré sobre ella y parte de mi respiración se coló por su boca, haciendo que ella gimiera y pasara la legua por sus labios llenos." …
Como parte del pervertido incubo en que me había convertido, me retiré a las sombras de la pequeña habitación y como llevado por un demonio comencé a acariciarme por encima de la ropa. Miraba sus formas apenas cubiertas por la liviana sábana y acabé masturbándome con violencia, agazapado en un rincón. Era un monstruo, un imperdonable sádico que no tenía perdón. Mi liberación no me hizo sentir más fuerte, sino que me hizo más dependiente de su persona.
Como un total acosador, le miraba tras las cortinas de mi piso y cuando ella salía de día me quedaba apoyado en la ventana, inmóvil y anhelante hasta que Bella volvía. Todas las veces que podía, me colaba en la biblioteca para espiarla. Cada pequeño movimiento de ella, me llenaba de oscuros deseos. Incluso una vez fingí que leía un libro durante casi cuatro horas, solo por el placer de olfatearla a unos metros de mí. Fantaseaba con que ella me reconocería y vendría a mí. Iluso mal parido. Que podría ofrecerle a ella, solo mi inhumana naturaleza y una muerte segura.
Tomé mi rostro entre las manos y clavé mis uñas sobre la dura carne. Mis uñas arañaron mi piel solo por unos segundos, mientras el trazo se disolvía. Quería el dolor, solo para recordarme que no podía seguir tentando al destino con esta conducta demente e inmoral.
Le perdí de vista unos minutos, mientras ella de seguro subía por las escaleras y naturalmente agudicé mi oído para escuchar sus pasos. Le oí abrir la puerta de su departamento. Encendió las luces, cogió una fruta de la heladera y comenzó a desvestirse. Quedó en unas diminutas bragas grises y una camiseta blanca de finos tirantes. Como parte de su rutina, le vi encender la computadora y acariciar las teclas por un interminable tiempo.
A veces la curiosidad me pedía a gritos que espirara lo que Bella escribía, pero suponía que era parte de sus estudios y en el mejor de los casos, llevaba un diario en donde escribiría secretos en los que solo pedía entrar con una descripción más digna de la que mi naturaleza daba.
Así que allí estaba yo. Intentando alejarme imposiblemente. Sabía que en unas horas más ella se dispondría ir a dormir y yo no podría resistirme a la necesidad de entrar en su habitación y acostarme a su lado. Le susurraría alguna historia y seguramente me dejaría fantasear con la posibilidad de acariciarla. El reconocimiento de mi morbo, no alejaba mi intención y ya estaba sobre el tejado del edificio, agazapado, viendo los transeúntes ir y venir, ajenos al extraño mundo que se ocultaba en la oscuridad.
Un mito, una leyenda. Un inmortal enamorado de una humana. Si no fuera parte de mi infierno personal, seguro que reiría por la ironía. De repente algo llamó mi atención en el departamento de Bella.
Como escapando de su rutina, le vi ir y venir, arreglando cosas de un lado a otro con nerviosismo. Cubrió su desnudez con un chándal verde y hasta observé que prendía unas velas aromáticas. ¿Esperaría a alguien? ¿Ese alguien sería un hombre? ¿Cuánto tiempo creería que pasaría hasta que ella encontrara una pareja que acunara su corta vida mortal?
La pensé casada, con hijos, envejeciendo. Teniendo las opciones de elegir, acertar y equivocarse que yo nunca podría ofrecerle. Miré el vació con total gana de inmolarme en el salto. Sería en vano, me curaría al instante y mi alma inmortal seguiría sufriendo por ella.
El viento azotó mi negro sobretodo. Su furioso empujo me trajo al presente, como anunciándome que estuviera atento a lo que sucedía.
Alguien llamó a la puerta y Bella parecía encantada. El recodo de la pared no me dejaba ver lo que sucedía, así que salté hacia otro techo y me resguardé esperando que las horas pasaran.
Mis pensamientos vagaban incoherentes en lo que suponía tener que enfrentar de la vida de Bella compartida con un novio, un amante, un esposo. El tiempo transcurrió y las luces se apagaron sin que pudiera ver al visitante.
Con sigilo y nerviosismo, me deslice a su encuentro, forzando la ventana de su balcón. Abrí los postigos y la esencia conocida se coló por mis fosas nasales, haciendo que se dilataran en un grave gruñido.
- Alice. - Pronuncié en voz baja.
- Hola Edward. Tanto tiempo. - Contestó mi hermana, saliendo desde las sombras.
Esta comenzando a amanecer Bella … debo irme, pero no temas estaré en tus sueños pronto"…
