Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

Susurros Inmortales

Capitulo 4

Edward – Obsesión 2

Abrí los postigos y la esencia conocida se coló por mis fosas nasales, haciendo que se dilataran en un grave gruñido.

- Alice. - Pronuncié en voz baja.

- Hola Edward. Tanto tiempo. - Contestó mi hermana, saliendo desde las sombras.

Parte de mí, se alegro de verla, aunque al mismo momento temí que a Bella le hubiese costado caro. Con desesperación fui a su cuarto. Alice trató de tomarme del brazo, adivinando su intención le bloquee el movimiento y me desprendí de ella. Al llegar al marco de su puerta, el bendito olor de su sangre encendió mi garganta y mi ser respiró en paz.

- Ella está bien. - Anunció mi hermana, detrás de mío.

- ¿A que haz venido, Alice? - Talvez conocía de antemano la respuesta. Yo mismo me la planteaba cada día.

- Debes alejarte de ella. Lo que estás haciendo es innombrable. - Sentenció con voz dura.

Una dureza impropia en su juvenil apariencia veinteañera. Alice, mi pequeña hermana Alice. Se había sumado a la familia hace unos cincuenta años atrás. Aún recuerdo el susto que nos llevamos al verla aparecer con su figura menuda, su cabello corto y sus aires de duende. Se había adaptado a nuestro modo de alimentarnos, con una familiaridad sorprendente. Poco después sabríamos que desde mucho tiempo, nos buscaba, inspirada en sus visiones.

¿Cuántos años tendría? Muchos más que los míos. Era en verdad mi hermana mayor por unos cientos de años. Talvez en esa antigüedad, comprendiera mi necesidad.

- No puedo. Le amo. - Susurré aún mirando hacia la silueta durmiente de mi Bella.

- ¡Ah! - Exclamó Alice en un sonido que murió atragantado en su garganta. El silencio se prolongó interminable, hasta que volvió a hablar. - Eso es imposible. Es humana, Edward. No puedes estar enamorada de una humana. No es natural … es una aberración. - Dijo casi en un graznido.

Lo sabía, claro que lo sabía. Pero no podía contra el sentimiento poderoso que me consumía. Ese poder que atravesaba la razón, que me hacía creer en imposibles y que me arrastraba a un infierno que soportaba solo por permanecer es su cercanía.

- ¿Crees que no lo sé? - Mordí las palabras.

- Esto no puedo continuar. Carlisle me ha mandado a pedirte, que regreses. Esta locura no puede seguir. - Se acercó con sigilo y al ver que no le contestaba, prosiguió. - Estás confundido y aturdido por lo que su sangre provoca. Carlisle dice que es "Tua cantante". - Susurró Alice poniéndose delante de mí.

- ¿Tua cantante? Mi cantante… si eso es. - Murmuré a la vez que me apartaba de ella para avanzar como un mendigo hacia mi amada.

Bella era como una sirena, que cantaba una melodía que solo mis oídos podían escuchar. Las leyendas contaban que esas míticas criaturas, hechizaban a los marineros con sus cantos, haciéndolos encallar en los mares de su dominio.

- Así la llaman los Vulturis. Su sangre canta para ti. Puede que huela bien, para la mayoría de nosotros, pero para ti es perfecta. Nadie se resistiría a su llamado Edward. Bastaría solo …. Para que te libraras de su encanto. - Sugirió Alice.

- No voy a matarla. Cada parte de mi ser lo desea. ¿Lo entiendes? Pero mi corazón Alice. Mi corazón y mi alma, se mueren de solo pensar perderla. Siempre creí que no tenía ninguno de ellos, pero Bella me ha devuelto la esperanza de creer, de vivir. Vivo por ella Alice. Le necesito más que cualquier razón que me indique lo equivocado de mi sentir. No tengo elección. No tengo elección. - Mi voz fue una suplica que se fue apagando, mientras seguía acercándome a Bella.

- ¿Y ella? No tiene elección. Crees que no es justo para ella, hacer una vida normal, fuera de tus ensoñaciones morbosas. - Me reprendió Alice enojada.

La frase hizo que me detuviera. Nunca apliqué mi poder en busca de atormentarla u obligarla. Había sido muy cuidadoso, de no interferir. ¿Porque Alice sugería que no le dejaba elecciones? Giré a mirar a Alice. Sus ojos dorados me gritaban con furia. Me volví sobre mis pasos, mientras ella me seguía.

- ¿Porqué dicen que le impido hacer una vida normal? - Amenacé.

- ¿Porqué crees que hemos llegado a encontrarte? Isabella cree que está perdiendo la razón. En parte es cociente de tus visitas y ha vivido con esa sombra atormentándola. Carlisle está ayudándola mediante algo así como sesiones de terapia. - Contestó aún enojada.

- ¿Ella le habla de mí? - Murmuré maravillado.

- Ella le habla de sus pesadillas. ¿Entiendes Edward? De su falta de sueño, de las historias tenebrosas que se cuelan en su mente noche, tras noche. De la dependencia hacia un fantasma que la atormenta. ¿No ves sus ojeras, su palidez, su falta de contacto con el resto de las personas? - Preguntó Alice, haciendo que una pequeña luz se colara en mi aturdimiento.

- Siempre ha sido así. Yo creí que las pesadillas tenían que ver con traumas de la niñez. La separación de sus padres. ¿No sé? Cuando le hablo, ella se calma, me sonríe. Me nombra Alice. - Gemí aforrándome al recuerdo.

- ¿Te nombra? Por favor Edward. Ni siquiera te conoces o es que planeas presentarte a ella y ser felices para siempre. Creo que tú necesitas más medicación que Bella. - Bufó poniendo las manos en las caderas con un ademán impaciente.

- ¿Carlisle cree que le estoy enfermando? ¿Le estoy haciendo mal? -Pregunté con temor. Siempre creí que bastaba mi autocontrol de vampiro para mantenerla a salvo, aunque el hombre que aún habitaba en mí había sucumbido en el último tiempo. Me pregunté si conocerían como me abandonaba a mis fantasías o peor … si Bella era en algo conciente de mis desahogos. Comencé a temblar y Alice pareció compadecerse de mí debilidad.

Si supiera toda le verdad, le causaría repulsión. Yo mismo me odiaba.

- Edward es hora de alejarse. Tarde o temprano, acabarás haciéndole daño, quieras o no. Vuelve a nosotros. - Dijo Alice, quedamente.

Alejarme. Volver a la oscuridad, desde donde mi inmortalidad perpetuaría la añoranza de su persona.

- No se si puedo. - Contesté aún mirando al umbral de su cuarto.

- Ella acabará muriendo un día. ¿Te has planteado ello? Ella se acabará en la vejez, en una enfermedad, en un accidente. ¿Qué harás entonces? - Aplicó Alice, con toda la razón.

- Iré tras ella. Talvez si existe un Dios que se compadezca de mi amor por ella y me permita estar en un lugar mejor. - Suspiré con melancolía.

- ¿Y como lo harías? - Respondió Alice con cierta ironía.

Mi mente se imagino un escenario desconocido, donde férreas manos heladas, hacían crujir mi cuello en un último recuerdo. Sabía el modo.

- Provocaría a los Vulturis para que me ajusticiaran.

- ¡No! - Gritó Alice con vehemencia.

El alto tono de su voz, debió despertar a Bella, pues se encendió la luz de su pieza. En un suspiro me desaparecí hacia el balcón, mientras Alice retorcía sus manos buscando una explicación a su descontrolada reacción.

- Alice. ¿Qué te sucedió? Escuche que gritabas. - Murmuró Bella apareciendo en un camisón rosa muy corto.

Algo en mí se achico y se agrandó a la vez. Se veía tan bonita en esa prenda, debía ser nueva. ¿Se la había comprado por Alice? Alice, que hermoso sonaba su voz nombrándola. Ella le hablaba a un vampiro, a parte de mi familia, como una igual. Nada en ella rechazaba esa parte sobrenatural que emanaba de su encantamiento vampírico. Conocía a Carlisle y de seguro, también a Esme. También me conocía a mí. Mi mente vago hacia el recuerdo de una Bella pequeña, que tomaba mi mano en el bosque de Forks. Sus mejillas sonrojadas mirándome sin temor.

Me derrumbé en la oscuridad y me maldije mil veces, mientras mi cuerpo se contorsionaba en espasmos de un llanto sin lágrimas. Ni siquiera supe que acabó Alice por contarle. Solo fui conciente de la mano de mi hermana, rozándome la cabeza.

- Eres un caso perdido. Ve, ella está dormida. - Completó Alice, dejándose caer a mi lado.

- Gracias Alice. Gracias. - Y me dejé ir a su encuentro.

… " Hoy te contaré una historia diferente, Bella. La historia de una niña hermosa que una vez se perdió en el bosque. Era una tarde de Octubre, las hojas de los árboles se desprendían de los árboles, adornando el aire con perfume a savia y madera. La niña lloraba porque se había enganchado el bonito vestido azul que llevaba. Miraba el desgarro de su vuelo, como si fuera una catástrofe. Tan ensimismada estaba en ello, que no vio cuando el príncipe se acercaba. El le consoló y le preguntó su nombre. ¿Sabes como se llamaba?

Bella sonrió en su duermevela. Si lo sabes.

Lo que no sabes, es que el príncipe estaba más perdido que ella. Lloraba buscando su corazón que había extraviado hacía cientos de años. La pequeña le tomó en sus manos y él aterrado descubrió que su corazón latía en el cuerpo de la pequeña. Pero ella le dijo que no temiera y el dejó de temer. En ese mismo instante se juró que le esperaría en una noche inmortal, hasta que ella estuviera lista para devolvérselo.

No quiero que me lo devuelvas Bella. Quiero que lo conserves y seas feliz"…

Me acerqué a su frente, ardiendo en llamas. Aspiré su increíble perfume dejándome embriagar por su efluvio una última vez. Busqué en mí el control que necesitaba y deposité un leve beso en su frente.

Mis labios quemaron con el roce.

- Edward. - Jadeó Alice al verme.

¿Por qué no podía entender el profundo sentimiento que me unía a Bella? ¿No habíamos sido todos humanos, al principio de nuestra existencia? Mi humanidad es la que amaba a Bella. ¿Cómo haría para dejarla?

Me levanté y me acerqué a Alice.

- Alice. No la dejes sola por ahora. Yo me marcho. - Dije en voz muy baja.

- Ve con Carlisle. Yo le cuidaré. - Pidió Alice a la vez que me extendía un papel con una dirección.

Yo lo tomé sin mucha convicción y dí un último vistazo hacia donde Bella dormía. Cerré los ojos y me lancé hacia la calle.

… "Esta comenzando a amanecer Bella … debo irme. Sé feliz, olvídame"…


Espero que se acostumbren a este Edward oscuro. Gracias por los reviews. En verdad me alientan. A los lectores silenciosos, gracias por leer.

Bienvenidos siempre Mirna