Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

Susurros Inmortales

Capitulo 5

Seatle – Washington EE.U.U.

Bella – Despertares

Me falta el aire, me falta el aire, me ahogo. La oscuridad me hunde y mi cuerpo da brazadas buscando la superficie. La luz.

- ¡Ahggg! - El alarido salió de mi garganta.

Me senté en mi cama, justo al momento que una luz se encendía en mi cuarto.

- Bella, Bella, ya está, ya está es una pesadilla. - Explicaba Alice, acercándose a mí.

Mis ojos buscaban desorbitados los perfiles de un boscoso paraje en donde el sueño se había disipado. Cuando enfoqué mi vista, solo reconocí a la pequeña figura de Alice parada al costado de mi cama. Era la quinta noche que pasaba conmigo y en todas ellas, me había despertado de la misma forma. Pobre niña, pensé, cuando recobré la conciencia. Estiraba sus manitos delgadas y pálidas hacia mí, intentando calmarme, sin saber bien que hacer. No era justo que su padre la sometiera a esta incomodidad.

- Lo siento, lo siento Alice. - Tan pronto como pude hablar, la pena inundó mis sentidos y comencé a llorar desconsoladamente.

- Bella. ¿Qué puedo hacer? ¿Quieres que llame a mi padre? - Sugirió sentándose en el extremo de la cama, mirándome con aflicción.

Dejé escapar mis lagrimas un poco más, hasta que logré agotarlas en una respiración forzada y entrecortada.

- Solo era un sueño y ni siquiera recuerdo, de que se trataba. Solo siento este dolor inmenso arrasándome el pecho. ¿Qué me pasa Alice? - Gemí perdiéndome en sus ojos dorados.

- ¿Qué te ha dicho Carlisle? - Preguntó con un suspiro.

- Dice que el estrés de los exámenes y la agitada vida de la ciudad, me están pasando factura. He pensado que talvez debería irme a Forks. - Susurré.

- Un cambio de aire, sería bueno. - Sonrió y su carita resplandeció como la de un duende.

- Y unas noches con buen sueño, sin que tu compañera te despierte a los alaridos, también. - Sugerí levantándome para ir al baño. Cerré las puerta tras de mí y tiré agua sobre mi rostro, intentándo calmarme.

- No sean tonta Bella. Si en verdad me molestara ya me hubiese ido. - Su dialogo se cortó por un breve instante.

El silencio al otro lado de la puerta, se me hizo extraño, sobre todo porque Alice era una máquina de hablar que no paraba. Eso era parte de su extrañeza, ya que cuando charlábamos, la sentía cercana, pero mantenía una distancia física que a veces parecía enfermiza. Si nuestras manos se rozaban accidentalmente, ella reuhía de mí como si tuviera una peste desagradable.

Talvez así fuera. La historia de mi vida. Todos me abandonan. Comencé a llorar de nuevo, el sentimiento de pérdida era tan patente. Aunque no sabía qué o quién me había abandonado en estos momentos, para que me sintiera así.

Solo sabía que desperté un día y la sensación me abrumó. Perdí algo, pero no recuerdo que era. Extrañaba una sensación que no podía nombrar, un recuerdo que no podía acercar, aunque me esforzara. Estaba volviéndome realmente loca.

De repente el silencio prolongado se hizo más patente y me obligué a salir del baño, aún con el rostro arrasado por las lágrimas.

- Alice, Alice. - La busqué con la mirada al salir del baño.

La sala estaba a oscuras, iluminada brevemente por la luz que provenía de nuestra habitación y el plateado relumbre de la luna sobre el balcón. En ese momento me percaté que las cortinas se agitaban en la brisa de la noche.

- ¿Alice? - Consulté acercándome hacia la ventana abierta.

- Aquí estoy Bella. - Me sorprendió Alice viniendo de la cocina.

- Me diste un susto de muerte. - Dije entre jadeos, agarrándome el pecho.

- Te estaba haciendo una taza de té. - Contestó poniendo una bandeja con dos tazones humeantes sobre la mesa del living.

- ¿Porque no prendiste la luz de la cocina? - Pregunté con extrañeza.

- Se debe haber quemado la lámpara. Ven toma un poco de té, que yo haré el sacrificio de tomarme una taza y ni te imaginas lo que odio este brebaje. - Encomendó con su voz cristalina y otra vez su sonrisa me llenó de calma.

Talvez era egoísta al aferrarme a una chica que apenas conocía hace una semana, pero en verdad necesitaba alguien cerca. Le dejé acompañarme hasta que el sol comenzó a inundar la habitación. Ella debía de irse a clases a primera hora, así que no tardó en marcharse. Volví a lamentarme, ni siquiera le había dejado dormir.

Sin dejar que la pena, me ganara, decidí volver a mi rutina y encendí el ordenador. No tenía real interés de revisar mis publicaciones en Internet, las historias ya no me parecían atractivas, ni creíbles. Talvez las retiraría por completo del sitio. Así que decidí hurgar en los escritos que tenía almacenados. Pensamientos sueltos, relatos inconclusos, borradores de algunos cuentos que aún no tenían forma definitiva. Deslicé el mouse por algunos viejos archivos, cuando algo llamó mi atención.

- Edward. - La voz se me quebró con solo nombrarlo.

Volterra - Región de Toscana - Italia

POV Jane – Despertares

Vi la fecha del relato. Aro me había pedido que siguiera investigando y con extrañeza, observé que la fecha de publicación era de casi tres años atrás. Debía de ser uno de los primeros escritos. "Los mellizos de Cornxvall ", curioso título. Alex y yo éramos de Cornxvall, solo que no éramos mellizos, aunque muchos lo pensaran. Yo era un año mayor y siempre se lo recordaba.

Volví la cabeza, solo para cerciorarme si estaba. No. Estaba completamente sola para liberar mi morbo. Las historias del humano, me atraían y secretamente, me había convertido en una fanática lectora de sus fics; como le llamaban.

... "Se dicen que eran hijos de un lord inglés. Ilustre familia criada en el lujo de la sociedad acomodada del 1660. Faltos de humildad y sin haber pasado miseria alguna, fueron sorprendidos por la peste negra. Las fiestas se acabaron, la servidumbre partió, los caros adornos fueron vendidos, uno, tras uno. Solo guardaban unas pocas reliquias familiares atesoradas en una bóveda de lo que en hora fuera una de las casas más ricas de la comarca de Cornxvall.

Épocas oscuras corrían por entonces en la neblinosa Inglaterra, la enfermedad diezmaba poblados enteros y lo que no era arrasado por la peste; era devastado por la rapiña. Tiempos demasiado oscuros como para que los inmortales no se aprovecharan para alimentarse con libertad y saquear los tesoros abandonados de las familias de alcurnia. Atraídos por esos valores, recibieron la visita de uno de los antiguos. Adorador de las artes, no resistía la posibilidad de hacerse de alguna de ellas.

El destino oscuro de los mellizos, fue sellado ese mismo día. Como ávido coleccionista que era, apreció en vida el posible don de la joven. Bastó solo ver que cuando ésta lloraba, un instantáneo dolor se instalaba en los presentes, incluso a él, le sometió a un punzante martilleo que le pareció placentero. La promesa de semejante hallazgo fue suficiente para que esa misma noche le convirtiera.

Estando tan lejos de sus tierras y en compañía de un solo edecán de nombre ruso, decidió encerrar al resto de la familia y los escasos sirvientes que quedaban en la residencia, para poder alimentar a su reciente creación.

Tras el despertar sediento de la joven neófita se le permitió acabar con la mayoría de los humanos en los primeros días. Incluso se alimentó de sus propios padres, sin el menor remordimiento. Pero aquí no acaba la tragedia. En medio del aquelarre y por esas cosas del maldito destino, mordió a su hermano que pasó por una conversión dolorosa y larga. Durante más de cinco días, el joven se retorció en un dolor lacerante en el más perfecto silencio. Cosa que llenó de curiosidad al vampiro.

El antiguo se dio cuenta del talento del mellizo. Su conciencia de vampiro arremetió con ferocidad aturdiendo a él mismo y su guardia, despoblándolos de toda sensación durante casi un día. El antiguo se rió complacido por los tesoros conseguidos. Ella sería capaz de doblar de dolor a cualquier ser humano o inmortal, con solo fijar su vista en él y el muchacho podía extender un escudo que privaba de sentidos a sus víctimas. Podrías prenderle fuego sin que se dieran cuenta.

Atesoro sus descubrimientos, entrenándolos en sus fabulosos dones y convirtiéndolos en los favoritos de su corte. Ellos le llamaron maestro y le sirven en perpetuidad.

Este fue el despertar de Lord Alex y Lady Jane de la comarca de Cornxvall" …

Termine de leer el relato, y el universo se volvió un cuarto muy pequeño. Miré mis manos; temblaban imperceptiblemente. Esas mismas manos que seguramente habían arrebatado la vida de mis propios padres. Aro siempre dijo que nos había encontrado muriendo de hambre y que una piadosa acción, nos había convertido. Pero no. ¿Cómo pude ser tan ciega? Sirviéndolo y viéndolo actuar durante tantos siglos, como no reconocer su naturaleza.

Apreté los puños, liberando el sentimiento de rencor y dolor. Cuando me giré buscando mi objetivo, percibí la presencia de tres seres más en la habitación. Félix y Demitri, cerraban mi paso a la figura que se recortaba en el pasillo. Aro. La cara de incertidumbre y sorpresa, se leía en sus rostros. Solo fue un instante hasta que comprendieron que iba a matarlos.

Me tiré como una posesa, con solo el propósito de alcanzarlo. Quería venganza, quería que sufriera. Yo le había adorado, venerado el suelo que pisaba. Había ido al fin del mundo, obedecido ciegamente su palabra. Ajusticiado a quién osara desobedecerlo. Le había amado, si es que existía ese sentimiento para un vampiro.

Félix cayó primero, atravesado por el dolor que mi mente descargaba en su miserable cuerpo. Mi furia era suficiente para que rompiera el abrazo con el que Demitri intentó aplacarme. Aro extendió sus manos como queriendo resguardarse, cuando la ceguera llegó.

Entumecida, sin sensación alguna caí de bruces. Mi cuerpo debió sonar como una maza golpeando el mármol. Me giré a ver a mi hermano. Alex estaba allí. Pero nada podía sentir, solo mi mente colapsando ante el brutal ataque. La muerte no era oscura y silenciosa. Era blanca como el sol que no veía desde hace cientos de años y sonaba como si un enjambre de abejas se colaran por un embudo. Curiosa forma de pagar mi deuda. Yo le había convertido y él ahora me entregaría a la muerte.

- Jane, mi pequeña Jane ¿Porqué? - Escuché decir a Aro y creo que tomó mi mano. - Ah. Entiendo. Que tristeza. - Concluyó en un murmullo.

Algo se removió a mí alrededor. Sentí el aire rasgándose a mis costados y la presión de unas manos sobre mi cabeza.

Quise gritar, pero nada salió de mí.