Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

Susurros Inmortales

Capitulo 8

Edward – Protegerte de mí

Seatle – Washington EE.U.U.

Casi nos habían cazado. Casi le habían matado. Idiota irresponsable. De que servían 100 años de patética perpetuidad sino era capaz de reconocer el deber más sacrosanto que reverenciaba nuestra especie: No revelar nuestra existencia. Y yo lo había echo.

Había descubierto el secreto mejor guardado en tal descomunal forma, que parte de ese misterio se publicaba en Internet a una escala inimaginable y a la vista de toda la humanidad.

La contemplé dormir. El temblor de sus parpados, me describió su sueño intranquilo. Cuanto de lo que pasaba, había llegado a entender y cuanto de este horror podía soportar su débil persona. Volví a apretar mi abrazo y a dar pequeños besos sobre su cabeza. Por el espejo, ví a Alice deslizar un gesto de desaprobación hacia mi acción, pero no me importó. No interesaba, cuan equivocado podía ser mi amor hacia esta humana. Lucharía contra toda ley del universo para conservarla a salvo.

- Vamos a Vancouver. - Susurré hacia Alice.

- Si lo crees. Yo sería partidaria de ir hacia el sur. Pero antes tenemos que tomar medidas drásticas con respecto al dinero. Ahora llevamos una humana, que tiene necesidades que no podemos ignorar. Diablos Edward. ¿En que estabas pensando? - Completó la oración Alice con súbito coraje.

- Lo siento. No pensé. Si tan solo hubiese leído lo que escribía. - Respondí apesadumbrado.

Pero como podría pensar que Bella sería capaz de escribir sobre estas historias y cuanto de verdad se reflejaban en ellas, como para que mi familia me hubiese ubicado y peor: que los Vulturis hubiesen tomado partido. No dudaba que eran ellos.

- ¿Sabes que tenemos un mínimo de posibilidad de huir? ¿No sería mejor? - Comenzó a sugerir Alice.

- No pienso abandonarla. Ya te dije que puedes marcharte a tu bien. Yo no pienso dejarla. Es mi culpa, absolutamente mía. Yo nos puse en este peligro. - Repliqué a la vez que en un ademán descontrolado, jalé mi largo cabello.

- Ahora no es tiempo de culpas. Aparcaré en la próxima cuadra, necesitamos comprar algunas cosas. Tú procura pensar que haremos. - Completó Alice a la vez que estacionaba frente a unas tiendas.

Al poco tiempo regreso con unas bolsas e insistió que dejáramos el auto allí. Con poca gana, susurre a Bella, que debíamos marchar a pie y que todo estaba bien, que me siguiera. Ella abrió sus ojos, en un estado de somnolencia, pero hipnotizada por mi voz, reaccionaba a mi empuje sin resistencia. Odiaba hacerle esto a ella, pero en su estado de shock, era lo único que podía hacer.

Habíamos decidido que ganaríamos tiempo, si nos manteníamos en lugares públicos, al resguardo que la multitud de personas podían proporcionarnos. Nos dirigimos a la estación de trenes y allí forzamos la puerta de un cuarto de mantenimiento. Entre medio de tachos y estropajos, Alice comenzó la transformación.

No dudé en guardar silencio ante la imposición de un cambio drástico de apariencia y le dejé tijeretear mi largo cabello en un descuidado corte que me hacia ver más juvenil y desalineado. Mis ropas oscuras, de algunas décadas pasadas, fueron cambiadas por unos jeans demasiados justos, una remera gris, pegada al cuerpo y una camisa de color indefinido.

A Bella también le cortó el cabello. Con la pericia de una estilista, dejó sus suaves ondulaciones en cortas capas de un estilo roquero, aunque conservaba su adorable color. En cambio Alice dejó el cambio más radical para ella, recortando su largo cabello castaño claro, en puntas desparejas que enmarcaban su cara de duende en un corto muy corto peinado. Luego se escabullo por unos minutos al baño de la estación y volvió con su pelo de un profundo negro azulado.

- Edward. Necesito que Bella se cambie. - Dijo Alice.

Con un mínimo de prudencia, me acerqué a Bella, poniendo en mi boca, palabras que reflejaban las fantasías de mis últimos años.

- Bella vas a desvestirte y cambiarte con la ropa que Alice te va a dar. Luego le vas a permitir que te arregle. - Susurre sobre su oído, sabiendo que al instante su voluntad estaría sumida a mi orden. Sin mediar tiempo alguno comenzó a quitarse la camisa blanca que llevaba y mis ojos se llenaron del imperceptible movimiento de su pecho que comenzaba a ser descubierto.

- Edward. - Reto Alice al verme.

No podía negar que deseaba verla sin ropas, pero la educación remarcada durante tantos años, pesaba para bien y el lado caballeroso triunfó. Además estaba mi hermana. No es que fuéramos hermanos de sangre o algo así, pero estábamos emparentados por la crianza que Carlisle nos había ofrecido; así que me giré de espaldas para darles algo de privacidad mientras cambiaban sus vestimentas. Alice se quitó las caras ropas de diseño que siempre usaba y se vistió con un holgado capri lleno de bolsillos y cierres, una remera de horrible estampado y una campera deportiva. A Bella le cedió un jeans lleno de recortes de amplia pierna, tiro bajo y una remera de estridentes colores. Lo completó con una campera de capucha y zapatillas para todos. Tanto ocultaba sus facciones que parecía un muchachito. Hacía mucho que no estaba con Alice, pero suponía que toda la elección de vestuario era un verdadero dolor para su sensibilidad, pero no podía negar que el camuflaje, servía. Parecíamos tres chicos de bachillerato, despreocupados y comunes.

Con disimulo salimos de la estación y a pocas cuadras, robamos otro automóvil que pronto nos llevó a devorar la ruta. En medio de los kilómetros, Bella comenzó a despertarse. Ni siquiera intento librarse de mi abrazo. Solo el acelerado latir de su corazón invitándome, tentándome. Expiré sobre sus cabellos y mi hálito helado pareció sobresaltarla, porque tembló y yo inmediatamente le separé de mí. Bella levantó la vista, clavando su mirada en mí.

- Edward. Eres tú. - Murmuró extendiendo una leve sonrisa.

- Si soy yo, Bella. ¿Cómo te sientes? - Consulté, conteniendo la respiración. Nunca imaginé poder intercambiar una conversación con ella y su cercanía siempre perturbadora, incitaban a mi monstruo.

- ¿Estoy perdiendo la razón? - Susurró Bella mientras sus ojos comenzaban a turbarse con una cortina de lágrimas.

- No. Lamentablemente todo es real. - Contesté en bajo volumen.

Ella estiró su mano hacia la mía. Tuve intensiones de esquivar su gesto, pero estaba atado, con pánico de recibir su toque, verdaderamente asustado de que una Bella conciente respondiera a mi contacto. Ella miraba sus dedos a milímetros de los míos y decidí acortar la distancia, entrelazándolos suavemente, como si de cristal se tratase. Ella cerró los ojos, su frente mostraba el seño fruncido y temí por su respuesta, pero simplemente suspiró complacida y mi cuerpo se agitó ante su hálito tibio y sensual.

- ¿Y tu eres? - Consultó ella, volviendo a fijar su mirada en mí.

- Un vampiro. Sí - Respondí con el temor de que comenzara a gritar o se desmayara.

Ella sonrió y yo le dí un leve apretón como para atraerla en sus pensamientos, hacia mí. ¿Por qué sonreía? Le acababa de confesar que estaba tomada de la mano con un vampiro. ¿Talvez en verdad, estaba mal de la cabeza? Igual que yo. En definitiva ambos estábamos locos y no éramos tan distintos.

- ¿Y Alice? - Dijo Bella con serenidad.

- También. Igual que Carlisle. - Me adelanté, estudiando sus reacciones que de tan apacibles, asustaban.

- ¿Las que nos perseguían? - Interrogó con extraordinaria lucidez.

- También. Lo siento. Bella. Nunca quise esto para ti. - Giré mi cabeza hacia la ventanilla donde refilones verdosos se desdibujaban en la velocidad de nuestra marcha.

Ella permaneció en silencio, varios minutos y se acomodó en el asiento, soltando mi mano y haciendo más notable la separación. Mi brazo aún descansaba sobre el cabecero en un continuo ademán de abrazarla, pero sabía que debía darle tiempo. Cuando parecía haber enmudecido por completo, dijo:

- ¿Todo este tiempo, estuviste conmigo? - Preguntó con la mirada gacha.

- Siempre Bella. Desde la preparatoria. ¿Te acuerdas? - Respondí con cautela. Mi obsesión se develaba igual que los kilómetros que recorríamos.

- ¿Porqué? - Soltó volviéndose a verme de nuevo.

- No hay una verdad absoluta a mi actitud. Solo quiero que sepas que yo nunca te haría daño. Si he permanecido oculto durante todo este tiempo, fue para darte una vida normal. He querido velar por tu seguridad, cuidarte. - Mi voz sonó vehemente y descontrolada. Suspiré quedamente intentando calmarme y no asustarla.

- No entiendo. ¿Por qué yo? - Volvió a consultar.

- Porque hueles demasiado bien. - Soltó Alice desde su lugar.

- Alice. - Gruñí.

- En cierto. Deja de disfrazar la situación con palabras bonitas. Le debes eso y en verdad en este momento, ella me cae mejor que tú y no voy a permitir que le sigas mintiendo. - Dijo Alice, mirándola a Bella por el espejo.

- ¿Van a matarme, por como huelo? - Bella comenzó a híper ventilar y temí que se descompusiera.

- Estarás contenta, Alice. - Reprendí a mi hermana.

- No más contenta que lo que tu estupidez ha logrado sacar. - Acotó mi hermana fulminándome con la mirada. Luego continuó. - No quise asustarte Bella, solo creo que debes saber la verdad y la verdad es, que tu sangre es demasiado tentadora… sobre todo para mi hermano. - Los ojos dorados de Alice refulgieron por el espejo retrovisor y en ellos vi reflejada mi vergüenza.

- ¿Es verdad? - Consultó Bella mirándome con temor. Su mirada era igual a la de un cervatillo asustado; igual a la mirada que tenían mis presas al instante previo a morir.

- No es la forma que yo lo hubiese expresado. Pero no puedo negar que mi primera razón para mantenerme a tu lado, fue el … exquisito aroma de tu sangre. Pero no temas - Me apresuré a decir al verla como comenzaba a temblar ante mi revelación. - Nunca te haría daño, todo es ti despierta mi necesidad de protegerte.

- ¿Protegerme de qué? ¿De quién? Volviéndome loca, intentabas protegerme. - Inquirió Bella con furia.

- De mí. ¿Entiendes? De mí. Para el auto Alice. - Solté al mismo momento en que me arrojaba sin ningún cuidado a la densa vegetación que acordonaba la carretera.

Por unos minutos caminé a paso humano, sin ningún rumbo, mi cabeza era un tumulto de pensamientos que se disparaban en todas direcciones y lo peor; sentimientos. Sentimientos fuertes y encontrados. Emociones tan humanas que por su intensidad no podía catalogar y tan complejas que ni todo mi inmortalidad me ayudaría a desenmarañar. Ella estaba enojada conmigo y parte de mí quería que estuviera conciente del peligro y se alejara de mí e igualmente me desesperaba por abrazarla y decirle que la amaba.

Me recosté sobre una piedra cubierta de musgo y me deje estar, mientras el maravilloso olor a Fresia se acercaba. Mantuve los ojos cerrados, maravillado del tamborileo de su corazón. Estaba tan sincronizado con él que podía oírlo a kilómetros, pero su palpitar estaba tan cerca que sabía que con solo estirar la mano, le encontraría. Me sentí pequeño ante su cercanía. Realmente indefenso. ¿Qué curioso sentimiento es el amor?

- ¿Edward? - Dijo la voz de mi ángel.

- Como quisiera haber echo las cosas diferentes. Pero no puedo Bella. Soy tan egoísta que no vi lo que te hacía. Solo pensé en complacerme a mi mismo con tu cercanía, sin reconocer el daño que te provocaba. Lo siento. - Susurré incapaz de verla a los ojos.

- Yo lo siento. No debí hablarte así. Sé que no me harías daño a conciencia y Alice me contó recién, acerca de tu familia … que no cazan … Aún así no entiendo porque haz permanecido tanto tiempo así… torturándote. - La voz de Bella me trajo recuerdos de las noches que pasé embriagándome en su perfume, consumiéndome en brazas vivas por la sed y las oscuras acciones con las que descargaba mi lujuria, cuando el deseo por su cuerpo me sobrepasaba.

- Porque soy un monstruo. - Gemí escondiendo mi cara con mi antebrazo.

- No eres un monstruo. Eres … hermoso. - Susurró Bella haciendo presión con su mano para que bajara el brazo que me cubría.

Fascinado por su persona, me permití mirarla. Sus enormes ojos marrones, a centímetros de mi cara. Sus labios rojos, llenos y perfectos se curvaban en una sonrisa gentil y un tenue rubor comenzaba a extenderse por sus adorables mejillas, ganando centímetros de su piel, segundo a segundo en un camino que mis manos y mi boca ansiaban reconocer.

- Eres mi perdición Bella. Me estoy yendo al infierno. Rompiendo todos los límites de lo imposible. - Explique con voz ronca.

- ¿Porqué dices que te estoy …condenado? - Volvió a preguntar Bella, acorralándome con sus brazos. Apoyándolos en la misma piedra que estaba recostado, acortando nuestra separación peligrosamente. De repente me sentí una mísera oveja en las fauces de un león.

- Porque estoy perdidamente enamorado de ti y ellos lo saben. - Respondí a la vez que cedía al maravilloso encuentro de nuestros labios.


Hola amigas.

Gracias por continuar con la historia y perdón por poner tan poca acción en éste capítulo, pero quería describir lo del cambio de imagen y dejar en claro los sentimientos entre ellos. Quiero expresar mi cariño por quienes tienen la gentileza de dejar comentarios y por respeto a sus opiniones y a su tiempo: Prometo completar el relato y actualizarlo pronto. Les adelanto que hay un par de Vulturis tocando a mi puerta ... pero no soy de las que corro. Seguiré firme como bandera de lata. ja ja.

Bienvenidas. Siempre con cariño Mirna y Feliz 2011 a todos.