Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 9
Bella – El beso
En alguna carretera del estado de Washington EE.U.U.
Un grado de inconciencia me mantenía rendida entre los gélidos brazos de mi fantasía, pero me sentía inmensamente feliz. Él estaba a mi lado. Perdón… ¿Desde cuando un sueño tenía sensaciones físicas de temperatura? El halito frío colándose por mis cabellos, acarició la piel de mi cabeza y la sorpresa me hizo temblar imperceptiblemente. Desgraciadamente el leve movimiento no paso desapercibido para él y pronto me vi separada de su agarre. Levanté la vista y le ví. ¿Estaba soñando despierta? No … él estaba frente a mí.
- Edward. Eres tú. - Mencioné, sin poder evitar sonreír. ¿Sería ese su nombre?
- Si soy yo, Bella. ¿Cómo te sientes? - Preguntó mi hermosa ensoñación.
Pestañee un instante y mi mente rezongó ante la orden que mi cerebro le daba, de evitar esa acción en perpetuidad. No podía perder un segundo de esa visión, aunque mis ojos se secaran. De ese pensamiento, salte a la percepción de lo diferente que se veía a mis habituales sueños. Su largo cabello lucía corto y endemoniadamente sexy. Alice seguí allí, conduciendo el automóvil, pero había cambiado de apariencia. Su largo pelo castaño claro, ahora era negro y corto, aunque sus facciones eran idénticas y me miraba con preocupación por el espejo retrovisor. Miré hacia abajo y vi mis propias prendas con sorpresa. No recordaba cuando me había puesto y ni siquiera concebía tener este tipo de ropa. Era como despertar en una realidad alterna. En verdad estaba demente.
- ¿Estoy perdiendo la razón? - Dije en voz baja y fue imposible contener las lágrimas que pugnaban salir.
- No. Lamentablemente todo es real. - Respondió Edward en el mismo tono.
Miré hacia afuera. Todo parecía real. El aire que entraba por la ventana. Los colores del paisaje, desdibujados en la velocidad. El perfume dulzón que asociaba a su persona. Estiré mi mano hacia la suya, que descansaba en el asiento. Tenía miedo que se desvaneciera en el aire. Por un segundo pareció dudar y luego entrelazó sus largos dedos con los míos. Solo puedo decir que la emoción me embargo por completo y fui feliz. No importaba cuan demencial fuera la realidad. Edward existía y estaba a mi lado. Talvez siempre lo supe.
- ¿Y tu eres? - Susurré en busca de confirmar mis oscuros conocimientos.
- Un vampiro. Sí - Contestó él, sin perder el contacto con mi mirada.
Repasé mentalmente, esas historias que sonaban en mi cabeza. Cada una era una puerta a un universo sobrenatural que había presentido, aunque el mundo entero me acusara de loca. De repente, caí en cuenta de la presencia de Alice y el parecido de sus ojos. Un color ámbar que por momentos oscurecía hacia el ocre o relucía hacia el dorado. ¿Quién más tendría unos ojos tan increíbles?
Sentí su mano, darme un apretón suave y mi voz disparó la pregunta.
- ¿Y Alice? - Inquirí con serenidad.
- También. Igual que Carlisle. - Aclaró Edward, estudiando mis facciones.
Hice un breve silencio y recordé con increíble lucidez, los acontecimientos recientes. El conocimiento de esta realidad tan extraordinaria, me hacía analizar la persecución con otros ojos.
- ¿Las que nos perseguían? - Interrogué con tono tranquilo.
- También. Lo siento. Bella. Nunca quise esto para ti. - Se lamentó Edward y se separó. Pude sentir su rechazo, su desesperación y por un momento mi mente se llenó de imágenes de un Edward asustado en medio del bosque, llevando de la mano a una niñita, aterrorizado viendo mi rostro en el estacionamiento de mi viejo instituto. En una carrera descontrolada en medio de un paraje nevado. Gritando desencajadamente en un bosque demasiado verde. Agazapado en la oscuridad de un tejado con el gesto contrariado. Su rostro tras una ventana, en el edificio enfrente a mi apartamento y por último… recostado en mi cama, con la respiración jadeante y los ojos de fiero negro.
- ¿Todo este tiempo, estuviste conmigo? - Pregunte sin poder evitar la curiosidad que mi imaginación destilaba. Si lo que percibía era cierto. ¿Por qué permanecía a mi lado, si le causaba tanto dolor?
- Siempre Bella. Desde la preparatoria. ¿Te acuerdas? - Contestó y mi corazón retumbo desbocado ante la seguridad que él había estado conmigo los últimos años.
- ¿Porqué? - Solté. Cada imagen de mi mente, reflejaba su agonía, odio, desesperación.
- No hay una verdad absoluta a mi actitud. Solo quiero que sepas que yo nunca te haría daño. Si he permanecido oculto durante todo este tiempo, fue para darte una vida normal. He querido velar por tu seguridad, cuidarte. - Su voz sonó descontrolada y temerosa. Supuse que había algo más de lo que contaba.
- No entiendo. ¿Por qué yo? - Volví a atacar.
- Porque hueles demasiado bien. - Tiró Alice desde el asiento del conductor.
- Alice. - Gruño Edward.
- En cierto. Deja de disfrazar la situación con palabras bonitas. Le debes eso y en verdad en este momento, ella me cae mejor que tú y no voy a permitir que le sigas mintiendo. - Dijo Alice, mirándome por el espejo.
Todo el rompecabezas, se desarmó y volvió a armarse con un nuevo escenario. Yo era la humana que siendo niña, había descubierto a un vampiro y él se sintió obligado a protegerme del resto de sus iguales. Ahora su familia me había encontrado y debían sacrificarme. Después de todo mi sangre … era su comida. Dios… iban a asesinarme.
- ¿Van a matarme, por como huelo? - Largué y al momento sentí que me faltaba el aire. Comencé a jadear, pensando en cuanto había querido hacer de mi vida, por patética que me hubiese parecido hasta ese momento y que estaba a instantes de perecer.
- Estarás contenta, Alice. - Edward retó a su hermana y mi cabeza giró hacia él. ¿Qué pasaba? ¿Acaso mi sangre se agriaba si estaba asustada?
- No más contenta que lo que tu estupidez ha logrado sacar. - Dirigió Alice hacia Edward y luego continuó. - No quise asustarte Bella, solo creo que debes saber la verdad y la verdad es, que tu sangre es demasiado tentadora… sobre todo para mi hermano. - Acotó desde su lugar y vi como Edward se achicaba ante su comentario.
- ¿Es verdad? - Pregunté. Por fin fui conciente de las veces que la muerte había rondado cerca. El era un vampiro; yo, su comida.
- No es la forma que yo lo hubiese expresado. Pero no puedo negar que mi primera razón para mantenerme a tu lado, fue el … exquisito aroma de tu sangre. Pero no temas Nunca te haría daño, todo en ti despierta mi necesidad de protegerte.
- ¿Protegerme de qué? ¿De quién? Volviéndome loca, intentabas protegerme. - Solté con furia. Tantos años de sentirme perseguida y voluble. ¿Porque no se había presentado antes, porque ahora?
- De mí. ¿Entiendes? De mí. Para el auto Alice. - Gritó Edward y se tiró a la banquina.
- Edward. - Gemí intentando detenerlo.
Alice orillo el auto, metros después de su caída. Inmediatamente abrí la puerta con intenciones de seguirle, pero ella me retuvo apenas me deslicé fuera del vehículo.
- Él está bien. Solo necesita estar solo. - Dijo Alice aferrando mi muñeca, cuando quise bajarme.
Ambas miramos hacia donde nuestra piel hacía contacto. Yo sorprendida por el tacto frío y ella como asqueada. Al instante me soltó y yo volví a acomodarme en el vehículo. Miré con recelo hacia el delgado cuerpo de Alice. Ahora entendí su renuencia a tocarme. Me aborrecía. Yo era una simple mortal, amenazando su mundo.
Ella se contorsiono hasta pasarse al asiento trasero y se sentó con las rodillas cruzadas, enfrente de mí. No pude dejar de mirar fijamente sus delicadas facciones. Recordé a Carlisle y a la recepcionista.¿Como se llamaba? Esme. Ella también tenía el mismo color de ojos y esa asombrosa belleza.
- No quise reaccionar así, Bella. No es fácil para mí, aceptar el camino que eligió mi hermano. - Agregó con la cabeza gacha, como si tuviera vergüenza.
- ¿Qué camino? ¿No haberme comido, antes? - Consulté con temor.
- Creo que el término correcto sería. "Bebido antes" - Sonrió y su extraño humor, calmó un poco mi ánimo. Cuando vio mi semblante más tranquilo, continuó. - Edward cambió desde que te conoció. Y no cambió para mal. Mi familia no es como el resto. Nosotros respetamos a los humanos y en el mejor de los casos, nos complace tratar con ellos, por eso no cazamos … no matamos humanos. Edward no se resistía a nuestra, llamémosle dieta, hasta que te encontró. Tu sangre es de una atracción increíble para él, pero descubrió la fortaleza para resistirse y nunca más volvió a caer, pero …
- ¿Pero? - Apliqué con impaciencia.
- Cuando te volvió a ver, hace unos años. La tentación lo golpeó de nuevo y se rehusó a volver con la familia. Lo dimos por perdido ¿Entiendes Bella? Carlisle insistió en buscarle, pero fue en vano. Hace poco, te hallamos y no tardamos en descubrir que él seguía cerca de ti.
- ¿Volverá? - Pregunté volviendo mi cabeza, hacia donde Edward había desaparecido. La historia en vez de reconfortarme, me sumaba una gran carga. Edward había abandonado a su familia, por estar conmigo.
- Seguro. No hay fuerza en el mundo que le separe de ti. - Dijo Alice con voz apesadumbrada.
- Y ahora, por mi culpa, Tú también te ves separada de tu familia. Me pregunto porque no me matas de una vez y así se acaba el problema. - Respondí con tristeza.
Cuando Alice no respondió de inmediato, me largué a llorar descargando mi agonía. Talvez prefería estar loca, perdidamente demente. Era una catástrofe para el resto de las personas y también para los vampiros. Vaya buena para nada, que había resultado. Responsable de la separación de mis padres, del alejamiento de Edward con su familia y ahora también Alice sufriría. Como para que no me odiara. Yo misma me odiaba.
- Bella no llores. Todo estará bien. ¿No se como? Pero sé que estará bien. Puedo verlo. - Susurró Alice, tomando mi mentón con su pequeña mano. Obligándome a mirarla.
- Yo no debiera existir. No soy nada. - Dije entre hipos y lágrimas.
- Claro que no. Eres un ser extraordinario, capaz de comprender la extrañeza de mi mundo con una templanza nunca vista. Eres una persona hermosa, con un alma tan bella y tan cálida que haces imposible no quererte. Yo también desafiaría al mundo, ahora que te conozco. - Susurró Alice.
Levanté mi cara, alentada por esas cándidas palabras y mire con turbación esos preciosos ojos inmortales.
- ¿Tú me quieres? - Consulté con incredulidad.
- Imposible no hacerlo. - Soltó Alice y obrando con el impulso más humano que le he visto. Me abrazó. Fue un abrazo fuerte y sincero. Hasta doloroso en cierto momento, pero tan reconfortante que no me importo que mis músculos protestaran un poco. Me meció o yo lo hice por varios minutos. Cuando me soltó un atisbo de sonrisa, había asomado en mi cara.
- Esto es raro. - Dije más para mi misma, que para ella.
- Ni que lo digas. Ahora ve a buscarlo. Debemos alejarnos lo más posible de Seatle. - Me alentó Alice.
- ¿Cómo me encontraron, ellos? ¿Por qué … - Quise continuar, pero Alice me acalló.
- Eso debería contártelo Edward. No temas acercártele, él ha velado por ti demasiado tiempo, como para hacerte daño. - Completó Alice.
- Siento como si el estar cerca, le ocasionara un gran dolor y aún así. ¿Por qué lo hace? - Insistí.
- La sed que le provoca tu sangre, es como si le pusieran una plancha candente en la garganta. Tu olor es más terrible para él, que para cualquier otro vampiro. Pero aún así, sus sentimientos son más fuertes que la tentación. - Respondió Alice, mirando hacia donde él había partido.
- ¿Sentimientos? - Pregunté con titubeo.
- Eso también deberías hablarlo con Edward. - Alice sonrió y me dio una palmada en la espalda, empujándome con cariño hacia el rastro de pasto aplastado que dibujaba una senda.
Le seguí con un instinto que no sabía que tenía. Repasaba cada palabra de él y de Alice. Nada tenía sentido, pero como novata escritora sabía que esa era la diferencia entre la verdad y la ficción. La ficción debe tener sentido. La realidad. No.
Le encontré apoyado sobre una saliente rocosa, recostado sobre la pared con los ojos cerrados. Mi corazón retumbó e inconcientemente puse una mano sobre el pecho, como tratando de calmarlo.
- ¿Edward? - Le nombre, buscando su reacción. ¿Sentimientos? Eso había dicho Alice. ¿Qué sentimientos tenía Edward hacia mí?
- Como quisiera haber echo las cosas diferentes. Pero no puedo Bella. Soy tan egoísta que no vi lo que te hacía. Solo pensé en complacerme a mi mismo con tu cercanía, sin reconocer el daño que te provocaba. Lo siento. - Exclamó bajando su cara.
- Sé que no me harías daño a conciencia y Alice me contó recién, acerca de tu familia … que no cazan … Aún así no entiendo porque haz permanecido tanto tiempo así… torturándote. - Agregué acortando la distancia que nos separaba.
- Porque soy un monstruo. - Dijo Edward, levantando su brazo para ocultar su cara. Sentí unas ganas terribles de tomarle el rostro entre mis manos y besarlo. Decirle que todo estaba bien, aunque sabía que nada estaba bien en esta situación imposible. No se cuando la idea se volvió movimiento, pero allí estaba, haciendo presión por bajar el brazo que le cubría.
- No eres un monstruo. Eres … hermoso. - Respondí con su cara muy cerca mío. Su perfil marfileño pareció brillar en el tenuo resplandor del atardecer. Sus ojos dorados me cegaron y su boca se abrió mostrando una hilera de dientes muy blancos. Miré descaradamente sus labios, sintiendo el rubor subir a mis mejillas y pensé que si sus dientes eran tan afilados como suponía, bastaría un solo movimiento para que la muerte me tomara.
- Eres mi perdición Bella. Me estoy yendo al infierno. Rompiendo todos los límites de lo imposible. - Dijo Edward con voz que se me antojó, ronca.
- ¿Porqué dices que te estoy …condenado? - Solté acorralándolo con mis brazos al igual que él lo había echo en la biblioteca. En ese momento pareció querer besarme y decidí que si la parca era tan infinitamente hermosa, caería sin pudor ante sus brazos.
- Porque estoy perdidamente enamorado de ti y ellos lo saben. - Gimió antes de apoyar sus gloriosos labios en los míos.
Si iba a morir, que así fuera. Abrí los míos respondiendo con la calidez de mi aliento en contra el frío de sus bordes llenos. Un gruñido escapó de su pecho y en vez de asustarme, me acerqué más. Totalmente excitada por ese sonido animal y desaforado que lograba sacar de él. Edward dijo que me amaba. Dios estoy en el cielo, logré pensar antes de perderme en un gemido ante la devastadora sensación de su lengua introduciéndose en la mía. Buceaba en mi cavidad como las olas de un mar embravecido, recogiendo mi humedad con embistes furiosos. Sus largos dedos enmarcaron mi rostro con un leve roce, en una caricia electrizante que fue recorriendo mi columna, hasta aflojarme las piernas, haciendo imposible tenerme en pie. Enlace mis brazos tras su nuca y giré un poco mi cabeza sin despegar el contacto de su boca que ahora no me parecía para nada fría. Era cálida, suave y deliciosa. El pareció descubrir un sabor nuevo en esa forma y jadeo en un tono grave y sensual, escurriendo su mano hacia mi cabellera, empujando mi cabeza en una secuencia de movimientos que colocaban nuestras bocas en diferentes posiciones.
No se por cuanto tiempo, prolongamos el beso. Mi amor no protestaba por su posesión, pero mi cuerpo tan humano, como el que lo contenía, se quedo sin aire y tuve que echar mi cabeza hacia atrás para respirar. Lejos de separarse, Edward deslizó su mano a mi espalda y entonces fui conciente de su excitación. De su hombría reclamándome como mujer. Continuó apretándome más contra su cuerpo y su respiración fue tan jadeante como la mía. Me miró largamente a los ojos, buscando no se que respuesta en mi mirada.
- Lo siento. Hace tanto que anhelo esto que casi no puedo contenerme; después de todo soy un hombre. - Dijo con voz temblorosa, soltando su agarre, bajando sus manos en una lenta caricia por los costados de mi cuerpo. El cosquilleo de su suave roce, hizo que cerrara los ojos por unos segundos. Cuando le sentí detenerse, los abrí y desolada solté mis manos de su nuca.
- Y yo una mujer. No te disculpes por algo que los dos deseamos. - Contesté con lo que me quedaba de razón.
- Pero eres una humana. - Expresó a la vez que me tomaba de las manos, con delicadeza.
- Tu, un vampiro … y aún así te amo. - Respondí con seguridad.
Perdón la demora. Para que la disculpa sea convincente., me dispongo a subir el próximo capítulo en dos días. Para quienes me siguen, quiero compartir la visión de Bella ante esta realidad y descubrir un poco más de su forma de ser. Además develar el comienzo de su amistad con Alice, en una charla que se me antojo bonita y que espero les conmueva.
Gracias de antemano a quienes se comunican conmigo y si me permiten, le dedico este capítulo a Deathxrevenge. Gracias por alentarme a seguir escribiendo.
Bienvenidos. Siempre. Con cariño Mirna.
