Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 10
Alice – Rutas del destino
En alguna carretera del estado de Washington EE.U.U.
La incomodidad que sentía por la cercanía con Bella, se había disuelto completamente en esta profunda emoción que solo podía llamar: felicidad. No importaba que estuviéramos huyendo y que los Vulturis, nos dieran caza. Sabía que todo saldría bien al final. Reconocí que al abrazarla, todos mis temores y recelos, habían desaparecido y aceptando la amistad que me uniría a esta delicada humana, podía abrirme a un futuro que yo compartiría.
Cerré mis ojos anhelantes de la visión que acababa de formarse en mi mente. Una Bella, sonriente y plenamente confiada que me pasaba su brazo por el hombro, mientras yo le acompañaba llevándola por la cintura. A su lado Edward resplandecía con un rostro dichoso, como nunca le ví. En otra imagen, ambos se agarraban de la mano, demostrándose un afecto auténtico que desafiaba cualquier otra idea o ley que les prohibiera estar juntos. Los tres caminábamos por un pasillo oscuro, iluminado brevemente por candiles amurados en la roca dura y pelada. Una pesada puerta con alabastros en bronce, se abría a nuestro paso. No reconocí el lugar, pero a pesar que el recinto parecía tenebroso; no pude advertir miedo en nuestra marcha.
¿Cómo sabía que toda esta epopeya no saldría mal? Porque confiaba ciegamente en estas visiones que eran la brújula de mi vida inmortal. Antes de ellas, no recordaba nada. Incluso ignoraba mi verdadero nombre o de donde provenía. Con la conciencia de mi despertar como vampiro, descubrí mi nombre al verme presentando ante otro vampiro de rubios cabellos y rostro amable. Sus ojos dorados me llamaban por ese nombre que adopté: Alice. Desde ese mismo momento, sabía que debía buscarle, porque en sus ojos dorados, encontraba la calma a mi espíritu atormentado. Esas mismas visiones, me ayudaron a no sucumbir ante la sangre de los humanos, indicándome donde conseguir animales para calmar mi sed. Esas imágenes me hicieron sentir en casa, cuando la familia Cullen me recibió. Sus imágenes me alentaron a abrir ese sitio de Internet en donde leí las historias de Bella y después me mostraron la biblioteca donde ella trabajaba.
Ahora reconocía otra visión que no había podido interpretar antes, velada por cientos de decisiones que debían tomarse ante que este destino se pusiera en marcha. La visión de ese ser especial que sería importante para mi vida. Solo tenía presente que la primera frase que le diría era "No lo hagas". La misma oración que le dirigí al francotirador que estaba apuntándonos desde el edificio, enfrente a la biblioteca de la universidad. No había podido percibir mucho más que el alborotado resplandor de su cabello rubio bajo el sol. Él podía haber acertado, atravesando el precario escudo que suponía el paraguas con que nos habíamos tapado. Pero había respondido a mi súplica y no había disparado. Mi sicario, sería mi compañero para el resto de la inmortalidad y poco temía de las acciones que ahora debiéramos enfrentar, porque sabía que el destino me reuniría benévolamente con él.
Con esa esperanza, me bajé del auto, dispuesta a encontrar a Edward y Bella. Lamentablemente, nunca tuve una visión que me alertara sobre la malsana imagen de mi hermano, besándose apasionadamente con ella. Sin querer mi estómago se contrajo ante la impresión, pero al instante me recuperé. Edward giró su cabeza y al verme; su sonrisa de júbilo, desarmó cualquier reproche. Aunque no pude dejar de mover mi cabeza en sentido de negación al ver el notorio desastre que el encuentro había provocado en su cuerpo.
- Alice. Por favor. - Gimió Bella al verme reir.
- Solo digo que tenemos que continuar. He visto una gasolinera como a diez kilómetros con su dependiente, convenientemente dormido. - Sugerí apurándonos a marchar.
En el trayecto hacia el auto; Bella le preguntó como es que yo había visto lo de la estación y escuché como Edward le contaba sobre el don que tenía. Como supuse, Bella se lo tomó de lo más calmada y se sintió curiosa, sobre el talento que él tenía, a lo que mi hermano respondió que su don más extraordinario, era "Amarla eternamente". Puaj enamorados, dije a mis adentros.
Volví al volante, resignada a mi posición de chofer en esta correría y deseando que mi hermano pudiera contenerse por un par de kilómetros más. Mi fino oído, percibió que Bella volvió a dormirse, aunque me ponía extremadamente nerviosa sentir el roce de la ropa y el susurro de besos, que Edward le prodigaba aún dormida. Cuando percibí la luz del cartel de la estación de servicio, suspiré aliviada.
- ¿Qué Alice? ¿Acaso estás cansada de conducir? - Dijo Edward socarrón.
- No. Solo acalorada de las hormonas descontroladas que brotan del asiento trasero, así que después que hagas tu magia, nos largamos de aquí y tú manejarás, así yo puedo charlar con mi amiga. - Largué a la vez que apagaba el motor para dejarnos deslizar con envión del vehículo y no despertar al encargado.
- ¿Amiga? - Replicó Edward con voz baja.
- Si y la estás acaparando. - Dije a la vez que bajamos del auto.
Desperté a Bella y la ayudé a salir. Confiadamente la abracé por la cintura y ella pasó su brazo por mi hombro, con ese gesto que yo había visto en mi visión. Edward sonrió ampliamente por primera vez en años.
Con la sutileza y velocidad que la habilidad vampírica nos dotaba; Edward se escabulló al lado de la figura durmiente de un robusto hombre, que descansaba sobre un viejo sillón de mimbre. Por el rabillo del ojo, observé como Bella se reunía conmigo. Abría y cerraba la boca en busca de decir algo, sin encontrar las palabras, ante lo que veía. Edward comenzó a susurrar algo en el oído del hombre y éste sin abrir los ojos, se dirigió a la expendedora de gasolina y lleno el tanque. También le extendió las llaves de la registradora y mi hermano vació un tanto de las recaudaciones, mientras que yo ni lerda ni perezosa, empuje a Bella hacia las estanterías del shop. Después de todo, poco sabía de lo que podía necesitar una humana.
- Sírvete lo que quieras. - Dije, tomando unos mapas de un exhibidor.
- ¿Lo que le dijo, hace que el señor le obedezca? - Murmuró Bella, trabándose en las palabras.
- Si. Y no recordará nada. - Aclaré a la vez que tomaba varias clases de galletas para meterlas en una bolsa.
Bella al ver mi apremio, se apuró a buscar varios envoltorios de comida y algunas botellas que no pude identificar. Luego sacamos unas camisas, gorras y unos lentes.
- Pobre señor. Cuando despierte se encontrará que le han robado. ¿No deberíamos dejarle una nota? - Expresó Bella con tanta inocencia que no pude contestar. Me sentí culpable y dejé una nota, pidiendo disculpas y diciéndole que en breve le compensaríamos por el saqueo.
- ¿Están listas? - Aplicó Edward desde la puerta.
- Si. Ya vamos. - Contesté y me giré hacia Bella, justo cuando tomaba un paquete de tampones.
En ese momento, fui conciente, de los problemas colaterales que tendríamos y mi ánimo comenzó a decaer. Salimos callados y el encargado volvió a recostarse en su silla, para continuar su siesta. Bella tenía el seño fruncido y el gesto no le pasó desapercibido a Edward, que sin mediar nada, se situó en el lugar del conductor y yo me adentré en el asiento trasero. Distraídamente, comencé a revisar el contenido de las bolsas. Realmente disfrutaba de ir de compras, pero este papel de ratera no era uno de los mejores escenarios para deleitarme.
- ¿Edward? ¿Alguna vez me haz echo a mí, lo que le hiciste a ese pobre hombre? - Consultó Bella.
- Ups. - Solté en plan de broma. Bella se volvió y me fulminó con la mirada. Edward otorgó con el silencio.
- Te prohíbo que lo vuelvas a hacer y tú Alice, vas a contarme con detalles que me obligo a hacer y que es lo que está pasando. - Dijo con voz tan seria y amenazante, que yo por dentro, temblé.
Jasper – Rutas del destino
Seatle – Estado de Washington - EE.U.U.
"No lo hagas". La imagen se coló por la mira telescópica del rifle y la impresión de descubrir que me estaba hablando a mí, hizo que me retrasara un segundo. El segundo suficiente como para que se escabulleran dentro de un vehículo. Miré hacia la calle y entremedio de la bulliciosa acera, la mirada venenosa de Rosalie, me ejecutó.
Rápidamente desmonte el arma y guardé mi Sauer 200 en un bolso alargado. Con premura me aventuré por las escaleras de incendio, sin pretender ser humano, salté hacia el callejón, aterrizando sin problemas en el asfalto sucio. A unos metros observé como Rosalie, acababa con un vagabundo. La miré succionar su cuello con gesto fiero y sensual. Mi estómago gruñó en busca de complacerme y relamí mis labios, pensando en besarla para saborear la sangre fresca. De repente la imagen de unos labios más tentadores, se coló en mi mente. La presión de mi estómago urgió más abajo y me sentí increíblemente alentado a seguir con la persecución. Tenía una presa más suculenta que disfrutar; además conocía la naturaleza desapasionada de Rosalie.
No me daría chance. No había vampiro que hubiera sucumbido a sus encantos, mostrándose en mil formas diferentes. Ella había rechazado a cada uno de ellos e incluso a algunas vampiras que habían querido seducirla.
En cierta forma yo era parecido a ella. Si bien disfrutaba de la naturaleza sexual de nuestra especie, no alentaba a nadie a compartir mi lecho, más de una vez. Era bien sabido que nuestra especie se aparejaba una sola vez y mi corazón inmortal pertenecía a María. Mi despertar había sido al lado de ella y si no hubiese sucumbido en las guerras del sur, aún estaría conmigo. Era mi pareja perfecta, la primer amante, la primera en adentrarme en el oscuro aprendizaje del poderío de nuestra raza. Tras su muerte, recibí el beneplácito de sumarme a la guardia de los antiguos y agradecido, no volví a mirar hacia atrás. Incluso esta era la primera vez que volvía a pisar el continente.
Rosalie terminó y descartó el cuerpo, como una lata vacía, dentro de un contenedor de basura. Era una criatura fría y desalmada. Experta como ninguna, en el arte del camuflaje y con un control extraordinario sobre su sed, al igual que yo. Por eso nos había elegido para esta misión. No teníamos dificultades de mezclarnos con los apestosos humanos. Por eso me extraño su acción, tan poco cuidadosa.
- ¿Ocultaste la mordida? - Murmuré entre dientes, a la vez que revisaba el cuerpo del vagabundo. Su cuello lucía una herida mortal.
- Con un bello tajo. - Susurró Rosalie, lamiendo el rastro de sangre que se colaba por la hoja afilada de su cuchillo de caza.
- ¿Satisfecha? - Pregunté a la vez que intentaba aplazar su furia.
- No lo suficiente. Talvez ni siquiera debía desquitarme con ese maloliente, si mi apoyo hubiese cumplido con su parte. ¿Qué mierda pasó? - Gruñó Rosalie.
Me dí vuelta a verla y la rubia cabellera de la vampira, había cambiado a unas grenchas oscuras de largo desprolijo. Su tez blanca y perfecta, había mudado a un tono moreno oliváceo, como si de una afroamericana se tratara. La ropa negra que ocultaba su voluptuoso cuerpo, era lo único que no había cambiado a igual que el broche de plata con la "V" engarzada. El medallón distintivo de la casa Volturis.
- No era un tiro limpio. Ni siquiera pude distinguir el blanco con claridad, Había dos vampiros y parecía que estaban avisados de nuestra presencia. - Mentí lo mejor que pude.
- Era una humana. Una muchachita insípida y enclenque. No puedo creerlo. Podía haberla terminado allí mismo, pero mi estúpida afición a no matar mujeres, me demoró unos minutos y de repente; él estaba ahí. Te juro que si se me vuelven a poner a tino, no voy a dudar. ¿Por qué dos de nuestra especie, se empeñarían tanto en mantenerla con vida? ¿Qué tiene de especial, esa chica? - Aplicó Rosalie, avanzando a mi lado.
- Y si ellos, estaban avisados. ¿No habrá alguien de nuestro entorno, interesado en que fallemos? Creo que esto es más grande de lo que suponemos. Llamaré a Aro, tú ve a buscar más información de la chica.
Me quedé en una esquina, viendo como Rosalie ingresaba de nuevo a la biblioteca. Rememoraba la escena, una y otra vez, mentalmente repasaba que indicios podía haberle dejado al descubierto para que la vampira se hubiese girado hacia donde yo estaba. El momento exacto de estacionar el auto, de abrir el maldito paraguas. ¿Por qué un paraguas?
De repente recordé el sol, abriéndose en una delgada brecha, justo cuando la escena sucedía y a la pequeña vampira arrojando el paraguas, cuando Rosalie quedaba desprotegida a la vista y como había podido guarecerse con este. Como si hubiese sabido. Como si lo hubiese visto venir. El momento exacto. Sonreí ante el descubrimiento.
Tomé el celular y dizque con precisión los números.
- Necesito hablar con Aro. - Mencioné a mi interlocutor. Tras un breve tiempo, la conocida voz de mi Señor, se puso a la bocina. - Le hemos encontrado Señor. Es una humana, de más o menos unos 20 años. Trabaja en la biblioteca de la Universidad. Rosalie está buscando más información. No pudimos acercarnos al blanco, por la intervención de dos de los nuestros. Una fémina y un masculino. Sí Señor. Estamos en eso, Señor. Sí … hay algo más. Los vampiros eran ojos amarillos, Señor. Claro. Entendido. Lo tendremos informado Señor.
Concluí la llamada con miedo de no haber sido lo suficientemente medido en mis declaraciones. Algo en mí me decía que no debía confiar en nadie más la información de todo lo que había ocurrido. Me propuse buscar la forma de leer las historias que había iniciado todo. Los rumores eran ciertos. Alguien nos había traicionado abiertamente y ahora habíamos sido presentados. Si mis sospechas eran ciertas, la pequeña vampira con el don de ver el futuro, vería mi silencio y talvez me diera la oportunidad de encontrarla.
Alec – Rutas del destino
En algún lugar sobre el Atlántico
Hace dos horas que sobrevolábamos el océano y con hastío, miraba la ventanilla del jet privado que nos trasladaba a América. Destino. El aeropuerto de Anchorage en Alaska.
Mi postura de aburrimiento, era totalmente ficticia. De que otro modo podía ocultar los contradictorios sentimientos que pugnaban en mi mente. Habían ejecutado a mi hermana, frente a mí y yo les había ayudado. Jamás borraría la imagen de mi amada Jane, despedazada brutalmente por Demetri y Félix. Ambos estaban conmigo en esta misión, al igual que Santiago el que desoyendo su propia seguridad, se encontraba con una notebook, leyendo las historias prohibidas. Esas mismas que habían envenenado la mente de mi hermana, haciendo que atacara al maestro.
- No deberías leer eso. - Recalque con dureza.
- Nadie las ha prohibido y son verdaderamente interesantes. - Contesto Santiago desde su butaca.
- ¿Si quieres arriesgar así tu cabeza? - Dije a la vez que levantaba los hombros en señal de lo poco que me importaba si después de hacerlo, enloquecía y acababa como una piedra más en el fondo del mar.
- Talvez todos deberíamos leerlas y cuando encontremos al autor, pedirle que escriba una diferente para cada uno. Sería un fantástico club de lectura. - Expresó Santiago con su amanerada forma.
En verdad, detestaba a ese vampiro marica, que tomaba con total liviandad la seria causa que nos habían encomendado. Si no fuera tan eficiente con los sistemas informáticos y esas cosas, no tendría que soportarlo. Talvez solo bastaría con una advertencia y extendí el telón nubloso de mi mente hacia su figura. Cuando el efecto le pegó, vi como sus manos se engarfiaron en el aire y su boca quedo semiabierta en una queja que nunca llegó. Sus ojos de rojo escarlata, eran los únicos que se movían desesperados. No pude evitar sonreír, al disfrutar el pavor que le ocasionaba mi don.
- Vamos, Alec. Suéltalo - Aplicó Félix poniendo su enorme manaza sobre mi hombro.
Lo solté, solo para mirar la mano de Félix en mí y él la retiró de inmediato. Todos me temían, más aún después de lo de Jane. Creo que presentían el volcán que hervía en mi interior. A unos metros, la afinada voz de Santiago despotricaba insultos en todos los idiomas conocidos. Entretanto Demetri tomó la notebook y la acomodó en sus piernas.
…"El niño apoyaba su nariz contra el vidrio, empañando el cristal de la pequeña ventana. Su mente de 8 años, divagaba en las discusiones que había escuchado de sus mayores. No le sorprendió la aparición de un extraño, pues la humilde casa se había visto invadida de personajes que entraban y salían, preocupaciones de adultos en el que su nombre se repetía cada vez más. Demetri esto, Demetri aquello. Se volvió al sentir la mano helada sobre su hombro. Algo en su interior se revolvió al ver los ojos rojos que no fueron tan terroríficos al ser precedidos por una sonrisa benevolente.
Oficialmente el 15 de Mayo de 1591 en las heladas estepas cercanas al pueblo de Únglich, en la región de Jaroslavl en Rusia, el Zarévich Dimitri Ivánovich, heredero de la Casa Rúrika, hijo de Ivan IV murió apuñalado por las ordenes de Borís Godunov. Años después un joven delgado y de cabellos rubios se plantaba frente al mausoleo de la ciudad de Moscú. El sol alumbraba sobre la plaza y el joven se preguntó si ese día, el astro rey se había mostrado en todo su esplendor para darle la despedida. Volvió a ver la lápida y dejó una pequeña piedra sobre el mármol. Un saludo, una ofrenda al pobre desdichado que ocupaba su lugar. Se volvió hacia las torres de la Iglesia Ortodoxa que estaba a sus espaldas. En el lugar, uno de los antiguos llamado Marcos le esperaba. Durante diez años le había cuidado y adoctrinado en las oscuras vida de los vampiros. Apiadado de su destino o codicioso del poderoso don que emanaba del joven, había sido convidado a degustar la vid de la inmortalidad. Era un elegido y el había aceptado el trato que lo llevaría a la eternidad." …
El silencio y la calma se propagó por unos minutos, hasta que le ví volverse y mirarme de una forma que me resultó extraña y ajena a su habitual arrogancia.
- ¿Qué? - Gruñí.
- Es extraño. Incluso hay una historia sobre mí. - Expresó Demetri.
- ¿Y qué con eso? - Dije con enfado.
- Que cuenta algo que solo yo sé. Nadie estaba conmigo cuando sucedió y jamás lo he mencionado. ¿Cómo lo supo? Está aquí, escrito … tan claro y preciso como pasó ese día. "Volvió a ver la lápida y dejó una pequeña piedra sobre el mármol. Un saludo, una ofrenda al pobre desdichado que ocupaba su lugar." - Aclaró Demetri señalando la pantalla del ordenador.
Demasiado atraído por la reacción del favorito de la corte, me senté a su lado y sucumbí a la lectura con un fervor creciente y adictivo.
Como prometí, aquí está el capítulo y ahora estoy en carrera de nuevo. Espero que les guste esta parte con algo de historia e introducción a las personalidades de otros de los protagonistas de la saga en el nuevo papel de villanos y sobre todo que se sientan curiosas de ver evolucionar esta trama. ¿Cómo se sentirá Bella al conocer la verdad? ¿Qué cosas deberán ocurrir para que Alice y Jasper, se encuentren? ¿Cómo reaccionará Alec al conocer los escritos?
¿Hay alguien más en complot? ¿MEREZCO UNOS REVIEWS?
Bienvenidos. Siempre. Con Cariño Mirna.
