Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de
Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"
Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.
Solo para mayores de 18 años.
Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor
Susurros Inmortales
Capitulo 11 – Historias
Narrador anónimo
Monte Ararat – Turquía Europa Oriental
… "Sobre las gélidas planicies de Anatolia, se levanta la imponente montaña sagrada. Los turcos llaman al Ararat "AGRIDAGI" (monte del Arca); los persas la conocen como KUHI-NUIH (montaña de Noé) y los musulmanes le dicen "EL JUDI" o "el primer lugar de descanso". Allí donde las antiguas escrituras bíblicas relatan que fue varada la embarcación de Noe después del diluvio y donde Gilgamesh, el héroe de la epopeya, viajó enfrentando a los hombres escorpiones para encontrar a Ut-napistim, y así develar el secreto de la inmortalidad. Existen muchas leyendas que relacionan la montaña mágica como pedestal en donde celosamente se guarda una de las reliquias depositarias de un pacto divino, pero ésta… como otras historias solo es una puerta que se me permite abrir, solo con el deseo que se animen a cruzarla"…
BSwan2: - Creador de 17 historias. "…
No lejos de la cima, dos figuras de riguroso negro avanzaban por las escarpadas laderas del Monte Ararat. A pesar del monumental campo de nieve que se alzaba a su alrededor, ambos se movían con habilidad prodigiosa, sorteando los empinados riscos, como un vendaval retozón. Al llegar a una pared rocosa y donde el sol estaba a punto de hundirse, se elevaba una muralla filosa de colores acerados por donde desaparecieron. Bordeando el brusco recodo se adentraron en las entrañas, hasta llegar a los corredores cavados en roca viva y que metro a metro comenzaba a iluminarse.
En algún punto se detuvieron abruptamente, inclinaron las cabezas sobre el pecho en señal de respetuoso saludo y como escuchando un sonido que nadie más podía oír, levantaron la vista hacia una natural terraza emplazada en el centro de la cueva. Velas y caminos de cera derretida, sembraban el lugar con los tenues matices de una luz robada al tiempo. Irreal y misteriosa.
- Maestros. Ha llegado el tiempo de despertar. - Recitó uno de los personajes.
Hizo un ademán y el otro procedió a treparse a una escalera amurada. Sus ojos recorrieron una extraña veta. Ninguna mirada humana se percataría de las dos figuras enclavadas sobre el oscuro de la piedra desnuda. Levantó la manga para descubrir su antebrazo marmóreo y con la filosa uña de su dedo pulgar, abrió un surco en la carne inmortal. Gotas de un extraño color borgoña se escurrieron por la mano y antes de que el borde cicatrizara, pasó el reguero por la superficie del guijarro. Un grave sonido de rocas trituradas se escurrió en el recinto y el joven sintió temor. No alcanzó a quitar el brazo del lugar, cuando una mano de gris ceniciento se alzó entre la piedra viva y sostuvo su muñeca, haciéndola girar en un ángulo imposible.
La figura se alzó de la superficie y tras quebrar el brazo del joven vampiro, arrojó el miembro a su costado, donde otra estatua, comenzó a tomar vida.
- Mauricio ¿Por qué no has traído una humana? - La voz armoniosa del primero contrastaba contra el fiero rostro.
- Mi señor. Traíamos un tributo, pero no sobrevivió el viaje. Pero en las laderas le espera un campamento. Suculentos y apetitosos excursionistas alemanes. Recuperarán su fortaleza allí. - Prometió el vampiro llamado Mauricio.
- Espero que tu otra tarea haya sido cumplida con mayor prudencia que ésta. - Completó la otra figura que ya totalmente de pie, observaba como el vampiro que había cedido su brazo, se afanaba en reunir sus piezas en un inconfundible sollozo. Los antiguos le miraron con asco y procedieron a bajar con su aire noble y severo.
- ¿Atenadora? - Preguntó uno de ellos.
- Ella ha perecido. Sulpicia ocupa su lugar en la corte. - Completó Mauricio a la vez que tendía dos gruesos sobretodos.
- ¿Y el don? - Consultó el otro personaje.
- Ha despertado como los escritos había predicho. Tengo mucho que ponerles al tanto. - Explicó Mauricio.
- Nuestro amigo Aro. ¿Ya está al tanto? - Inquirió el de pelo oscuro.
- Ha puesto sus alfiles en movimiento, pero no estamos seguros si es conciente de ello. - Respondió Mauricio.
- Apostemos a su ceguera. Vamos Vladimir. Nuestro tiempo ha llegado. - Proclamó el rumano.
- Confío en que así sea, Stefan. Hemos esperado un milenio y medio a que el Ojo de Udyat nos otorgue la victoria. - Dijo el vampiro de cabellos rubios, que de tan claros, parecían gris ceniza.
- ¿Y nosotros Mauricio, ya hemos contactado al vampiro que lo porta? - Consultó Vladimir.
- Ese es uno de los problemas, por lo que me he visto apresurado a despertaros. - Vaciló Mauricio, retrocediendo de sus maestros.
- ¿Qué es lo que sucede? - Rugió Stefan.
- El don aún lo tiene un humano. Los Vulturis le están dando caza.
Edward - Historias
En alguna carretera del estado de Washington EE.U.U.
"Te prohíbo que lo vuelvas a hacer y tú Alice, vas a contarme con detalles que me obligo a hacer y que es lo que está pasando". La voz de Bella, resonaba en mi cabeza.
En vano, Alice había intentado aplacar su enojo, contándole que solo le había sometido al cambio de estilo usando el artilugio de mi don; luego con renuencia le conté sobre las historias que le había susurrado y como ellas nos había puesto en peligro.
- ¿Quiere decir que todo lo que escribí en cierto? - El horror que se reflejaba en su voz, hizo que me estremeciera. Maldita Alice por obligarme a conducir. En este momento solo quería abrazarla. Años le acompañe sin esperanza, sin creer que algún día podía ser correspondido en mi afecto y ahora, habiendo probado la virginidad de sus labios y la tentación de sus caricias, no podía estar alejado de ella.
- Me temo que sí. Pero no temas, ya encontraremos la forma de resolverlo. - Contesté con tranquilidad, intentando que mi registro la calmara.
- Ellos van a … perseguirnos. ¿Verdad? Hasta llegaran a mi padre. Mi padre. No. - Gimió y los sollozos ganaron su semblante. - Edward debemos hacer algo por mi padre. No puedo ni considerar que le dañen por mi culpa. Por favor Edward. - Imploró mi ángel.
- Necesito ponerte a salvo, amor, no me pidas que te exponga. Ese sería el primer lugar al que irán. Seguro que en este momento están registrando tu departamento, averiguando donde vives. - Contesté aferrándome del manubrio con demasiada fuerza. El material se quejó de mi agarre.
- Por favor Edward. - Dijo Bella, aferrándose a mi cuello y su cabellera se apoyo en mi hombro. Su olor adictivo llenó mis fosas y la ponzoña inundó mi boca. También sentí mi bajo vientre apretarse en esa extraña sensación humana que me provocaba su cercanía. Todo lo registré en una milésima de segundo y supe que no sería capaz de negarle nada.
- Iremos a Forks. - Susurró Alice, antes de que lo expresara.
Bella se volvió a verla y descubrió la mirada perdida de mi hermana. Las orbitas de sus ojos, se adentraban hacia arriba, una leve agitación de la piel de sus parpados, eran la señal innegable de que estaba recibiendo una visión. De pronto cerró sus ojos y el rictus de su boca, fue otro gesto que nos alerto de las seguras malas noticias.
- ¿Qué haz visto Alice? - Dije consternado.
- Una guardia de seis, se dirige a Denali. Casi los veo frente a la casa de Carmen. - Explicó Alice con voz temblorosa.
- Tanya. - Susurré.
Bella se removió en su asiento. Seguramente expectante ante nuestra conversación.
- Tenemos familia allí. ¿No entiendo porque le buscan? Ellos no tienen conocimiento alguno de lo que pasa. - Murmuré con furia. Pensé en las frágiles figuras de mis amigas. Sobre todo Tanya había sido mi refugio ante la desesperada busca de identidad, antes de conocer a Bella. Le quería como una hermana, aunque sus sentimientos hacia mí fueran más intensos.
- Debemos de advertirle a Eleazar. - Resopló Alice. Luego se volvió hacia Bella y le tomó las manos. ¿Bella has escrito sobre ellos?
- No recuerdo ninguna historia asociada a los nombres de Eleazar o Carmen, aunque si por Tanya, Irina y … - La voz de Bella se fue apagando.
- Kate. - Completé con seguridad.
- Los ángeles caídos de Alaska. - Meditó Bella en voz alta.
… "Tanya, Irina y Katherina la mayor de las hermanas Shelijov. Perecidas en manos aleutianas, apenas comenzada la colonización rusa en las tierras de Alaska. Katherina estaba prometida a Alexandr Baranov; el imperio de las pieles era el principal motivo de esta unión, pero de seguro había amor entre ellos, pues él nunca ceso de buscarla. La rebelión tlingits, arrasó con el pequeño levantamiento industrial de Nuevo Arcangel, pues así le llamaban al actual pueblo de Sitka. Varias jóvenes fueron tomadas cautivas y desposadas por los distintos clanes, aunque no fue esta la suerte de las hermanas. Ellas fueron exhibidas en un potlaches que era una especie de ceremonia, como culpables por la peste (Viruela) que diezmó las tribus. Supuestamente en sacrificio, fueron abandonadas en las tierras oscuras del devorador de hombres. Una figura mítica que alentaba las más tenebrosas historias, desde un oso de gran tamaño, a un león de montaña o un hombre deforme que se alimentaba de sangre humana. Lo que fuera, les encontró y no con un destino fatal. El ser cayó subyugado por las bellezas de las jóvenes y las transformó en consortes de su lujuria. Adentradas en esa vida y siendo unas neófitas sedientas de los placeres de la carne, no supieron refrenar sus instintos cuando una partida liderada por el mismo Baranov, les halló tiempo después. El final de los fieles no puede haber sido más placentero y sangriento, aunque el resultado del comité finalizara con el descubrimiento de lo que Katherina había echo a su amado. Abrumadas por la pena y enceguecidas por la ira, se volvieron contra su creador. Los Ángeles caídos desde entonces, vagan por las heladas tierras como novias eternas. "…
La voz de Bella era un rezo dulce y apagado, perdida entre sus propios sentimientos.
- Es una forma hermosa de describir la naturaleza de las Denali. Hace unas décadas se le unieron Eleazar y Carmen. Ellos se han vuelto como parte de la familia. Comparten nuestra dieta y si ahora están en peligro, debemos avisarles.- Respondió Alice, sacándonos del trance. Luego agregó. - ¿No sabía que eran hermanas?
- Y yo tampoco sabía de la relación de Kate con Baranov. Supongo que eso le da sentido a su apreciado amor por los humanos. Lo que no llego entender es como lo sabes. - Expresé con atención hacia la reacción de Bella. En verdad me sorprendía la descripción del relato. Yo nunca le había proporcionado tantos detalles.
- Supongo que lo he agregado desde mi imaginación. ¿No sé? Es como si casi pudiera verlo en mi mente y sentirlo. - Explicó llevando su mano hacia su pecho.
- Si ellas han sido nombradas, talvez los Vulturis le buscan para intentar dar con nosotros. - Sugerí con mal talante. Hasta donde había arrastrado a mis amigos, mi familia y mi amor con tal descuido.
- Ir de caza contra los nombrados, supone una terrible afrenta hacia la paz que hemos logrado conciliar en las últimas décadas. Ellos no actuarían de ese modo. - Aplicó Alice con gesto cabizbajo.
- Nos detendremos a dormir en algún motel de la carretera y allí intentaremos dar con ellos. - Concluí aumentando la velocidad.
Solo pasaron algunos minutos hasta que dimos con nuestro cometido. Alice se encargó del teléfono, mientras yo nos registraba y pagaba con el dinero que habíamos robado en la gasolinera. A mi lado una adormilada Bella, se tambaleaba.
- Puedo caminar sola. - Se quejó Bella cuando la volví a tomar por la cintura para dirigirla hacia el cuarto.
- Por favor Bella. No soporto tenerte cerca y no abrazarte. Se que tienes razón de detestarme por lo que te he hecho, pero … - Intenté explicar, cuando ella me corto abruptamente.
- No estoy mal por eso. Solo que no puedo dejar de recordar que ya has aplicado tu … don en mí y lo sé. No me preguntes porque, pero lo sé. Tú me obligaste a olvidarte. ¿Verdad? - Me dirigió Bella.
Sus adorables ojos chocolate se abrían expectantes ante mi respuesta. Mi demora hizo que una cortina mojada comenzara a nublarlos. Me odié aún más.
- Pero no lo hiciste. Nadie puede separarnos. Ni yo mismo. - Le tomé de la barbilla, alzándole el rostro. Necesitaba tanto besarle.
- Promételo. - Susurró mezclando su aliento con el mío. Tragué la ponzoña que inundaba mi boca. Hasta parecía fácil doblegar mi sed, si ella era la destinataria de mi afecto. Mi amor. Mi Bella.
- Nada podrá separarnos. - La seguridad de mi voz, me sorprendía a mi mismo. Era tan fuerte a su lado y a la vez, tan débil.
Fue ese lado débil él que se doblegó, aprontándome al encuentro de sus sedosos labios. Cálidos, suaves, embriagadores. Míos. Me dejé llevar por la sensación de su ser y acomodé su cuerpo, atrayéndolo. Tentativamente exploré su costado, acariciándola con las puntas de mis dedos por la cadera, la cintura y luego bajé por la línea de su espalda. Ella abrió su boca en un jadeo ahogado y mi lengua inundó su cavidad en un desperado intento de beber su esencia. Como había existido sin probar sus besos. Ninguna experiencia de mis cien años de vida, se acercaba al deleite de besarla. La sensación me desbordó y me dejé llevar por mis instintos humanos, abrazándola en un gesto posesivo, cuando le sentí gemir en un tono diferente. El sonido de … dolor.
- ¿Qué te sucede? ¿Te hice daño? - Pregunté con preocupación.
- Imposible. Solo que estoy dura por el viaje. Todo mi cuerpo reclama descanso. - Suspiro, aún entrelazando sus delgados brazos por mi cuello.
- Acuéstate. Yo velaré tus sueños. - Mi mano se negaba a soltarla.
- Creo que me tomaré un baño. Tú duerme. - Respondió Bella soltándose.
- Yo no duermo. - Expresé. Como siempre medí su reacción.
- ¿Porque es de noche o te falta el ataúd? - Inquirió con una sonrisa y yo amé su humor negro.
- Los vampiros no dormimos y si no recuerdas, te rescate de día. - Contesté acompañándola al baño.
- Lástima. - Largó Bella, pasándose la mano por la cien.
- ¿Lástima? - Consulté aún sin distinguir a donde iba con ese pensamiento.
- No podrás soñar conmigo. - Respondió extendiendo su brazo hacia mi rostro. Una caricia lenta y suave, que prendió fuego mi interior. No sabía como sería capaz de refrenar mis impulsos y soportar que ella se bañara a metros de mí, sin intentar algo más.
- Siempre he soñado contigo. - Susurré sobre la palma de su mano. Mi halito frío hizo que ella se estremeciera y yo respondí a su reacción, temblando ligeramente. ¿Será que ella desea, lo mismo? - Déjame revisar el baño. - Murmuré tratando de controlar la situación.
El aire olía diferente, yo me sentía diferente. Tantos años, siendo espectador de los hombres y recién ahora comprendía el sentido de la palabra "Deseo". Eso era lo que se percibía en el ambiente. Era un mal nacido, al disfrutar de su cercanía a pesar del terrible momento que nos apañaba. Un vampiro obsesivo y enamorado.
Recorrí las azulejadas paredes del baño. Toallas limpias descansaban sobre un taburete. Una canasta contenía sobres de Shampoo y pequeños jabones perfumados. Una simple cortina de plástico, separaba la regadera. La pared del fondo que daba a la ducha, tenía un pequeño ventiluz que me apronté a asegurar de un golpe seco.
- ¿Todo en orden?- Preguntó Bella.
- Sí. Solo no habrás la ventana y tampoco tranques la puerta. - Me apresuré a decir. - Voy a buscar a Alice.
Salí con el demonio en el cuerpo. No podía estar en la misma habitación, sabiendo que ella se desnudaría. Solo dí unos pasos cuando Alice me interceptó.
- Les he avisado. Eleazar no puede creer que esto esté pasando, aunque no titubeo y ya se deben encontrar a kilómetros de allí. Convenimos que nos reuniríamos en Forks. Él quiere conocerla. - Dijo con voz calma.
Jasper - Historias
Denali – En alguna parte de la cordillera de Alaska
El frente de la regia propiedad, no demostraba movimiento alguno. Me preguntaba si ya no habían sido advertidos de nuestra presencia. En un acto poco propio de la pericia ejecutora de Aro. Nos había pedido que nos reuniéramos con el resto de la guardia en pos de ir contra el aquelarre de Alaska. Yo insistí en seguir la pista de Seatle, pero Aro insistió que esperáramos a Demetri. Él era su rastreador. Nada podía escapar después de que éste dirigiera su don imbatible. Además suponía que le preocupaba la reacción de Eleazar.
Si alguien podía develar secretos de nuestra existencia, era él. Éste había sido un soldado de los maestros e increíblemente había logrado marcharse. ¿Por qué? Talvez por mantener el favoritismo de alguno de sus pares. Dicen que posee la extraordinaria habilidad de sentir el talento que emanaba en los inmortales y que su extraordinaria visión había logrado salvaguardar algunos dones latentes aún en humanos. Era una parte preciada en la guardia de Volterra, pero cuando encontró pareja en una hermosa vampira española. Pidió irse y le fue concedido. Después de todo, nadie era obligado a ser soldado de los Vulturis. Era un honor. Así lo sentía yo.
- Creo que la casa está vacía. - Dijo Félix que volvía de hacer un reconocimiento por los alrededores. Rosalie a su lado, olfateo el aire, en busca de lo desconocido.
En perfecta sincronía nos adentramos en la residencia. Revolviendo cada estantería o escritorio. Nada. Nada. Incluso las vestimentas completas en los roperos, indicaban que el lugar había estado habitado hasta al menos horas antes. Por dentro sonreí a la pequeña vampira de Seatle. "No lo hagas" resonó en mi cabeza. Con disciplina controlé mis emociones y me dediqué a escanear a mis camaradas que se mostraban más taciturnos que lo habitual.
Santiago estaba ensimismado con la computadora que habíamos acarreado desde el departamento de Isabella Swan. Yo sabía de su contenido. Había leído cada uno de los documentos guardados y yo mismo me sentía descolocado ante la posibilidad que todo lo de allí registrado, fuera real. Con vacilación dirigí mi atención a Alec. Sabía lo que había sucedido con Jane y sentí la perturbación de sus sentimientos: ira, remordimiento, desasosiego. De pronto fijó sus ojos en mí y solo sentí el vació letárgico de su poder.
- No vuelvas a querer leer mis emociones Jasper Witlock. - Retó Alec.
Luego del vació, reconocí el temor. Simple y puro que volvía a ganar mis entrañas. Era la primera vez que sentía el poder de Alec. Nunca habíamos compartido mucho, pero después de esta prueba, de seguro me mantendría más que alejado. La muerte de su hermana le hacía más peligroso todavía. Cuando fui capaz de moverme, me levanté y fui en busca de Demetri, no solo para saber que ordenes esperábamos, sino también con la intención de separarme lo más posible de Alec.
Le encontré leyendo varios papeles, mientras Félix destrozaba algunas cajas.
- Nada tiene sentido. Hay papeles de algún depósito bancario. Contratos. Cuentas. ¿Qué buscamos, aquí? No encuentro nada que indique un plan maquiavélico. - Dijo Demetri agitando los papeles en el aire.
- ¿Dudas de la orden de Aro? - Apliqué al ver su indecisión. Era un pensamiento que se me escapó.
- No, en absoluto. Si hubiéramos encontrado aquí a Eleazar y su familia de rameras amantes de los humanos, los hubiera aniquilado sin duda alguna. Pero le encontraré. Tengo su rastro en mi lengua. - Saboreo Demetri. - Sí lo haremos. Sobre todo ahora que sabemos que los malditos ojos amarillos están metidos en el asunto. ¿Qué otros podían haber sido lo suficientemente tontos para ablandarse con una humana? El mismo Eleazar escogió a Carmen, siendo humana y la convirtió para él. - Contó Demetri con asco.
- No lo sabía. - La sorpresa de su declaración me enmudeció.
Yo había sido elegido por María y aunque no recordaba el transfondo de mi conversión, sabía que le había amado y seguido aún siendo humano. El acto en sí parecía una perversión para la raza vampírica. Sería mejor que nadie más supiera de ello.
- Reconoces a alguien de la foto. - Acotó Félix acercándonos algunas imágenes.
Detuve por unos instantes las impresiones sobre mi mano y rogué por dentro cuando las devolví, para no descubrirme.
- No. - Solté volviendo mi atención al imperceptible ruido que venía de afuera.
- El mismísimo Carlisle Cullen. - Explicó Demetri al tomar la foto. En él se veía a tres vampiros ojos amarillos. Ella era una de ellos. "No lo hagas" La voz pareció salir de la foto y callé.
- Me estabas llamando, Demetri. - Exclamó una voz en la entrada.
Rosalie, venía acompañando a una pareja de vampiros. El hombre de porte elegante y rostro bondadoso, sujetaba a una belleza de frágil complexión y castaños cabellos. Gracias a Dios. Ella no estaba. Sentí un inmediato alivio aunque la tensión del ambiente se reflejaba en el rictus severo de cada uno de nosotros. Increíblemente el rostro del tal Carlisle y su acompañante, no.
- ¿Qué haces por aquí Carlisle? - Recitó Félix. Claramente le conocía.
- Vine a visitar a unos amigos. - Dijo Carlisle Cullen con templanza.
- No es buena época para las visitas. - Respondió Demetri y avanzó hacia ellos.
Espero que les guste como van las cosas. Complicadito ¿No?
¿Merezco algún review?
Bienvenidos Siempre. Con cariño Mirna
